FLUENCIA TRANSCULTURAL

Control o la vida organizada.


Control o la vida organizada. Control de variables.

Control es una de esas palabras que se presta a confusión, esta emparentada con dominio, supervisión y poder (otras igualmente equívocas, en tanto nos han sido enseñadas desde posiciones a las que nos obligaban subordinarnos (la de la autoridad en cualquiera de sus versiones: la del padre, la del sacerdote, la del alguacil, la del sargento, la del marido....) pero control estrictamente quiere decir conocer los entresijos de un fenómeno o acto o conducta. De hecho no se limita a la interacción con los demás sino que forma parte de los procesos propios del vivir, por tanto de lo intra-activo, por tanto del contacto con todo. Una persona, en cualquiera de sus edades ,experimenta en distinta intensidad la necesidad de controlarse. Expresado asi parece un esfuerzo estoico o de automartirio. De hecho, su sentido se emplea en una versión más suave: la de equilibrio. El tipo descontrolado tiene una doble lectura, la del que esta fuera de ley y orden y de control del poder, y el que está fuera de si mismo haciendo no sabe qué, victima de sus alucionaciones y pulsiones. Ian Curtis cantó una canción crucial en su corta carrera: ella ha perdido el control. Perder el control desata furias internas, es la crisis de equilibrio, la ruptura de estabilidad en un momento dado. Pero control tiene otra acepción completamente distinta: la de conocer un mecanismo, las leyes que gobiernan un fenómeno determinado, significa también conocer a lo otro y, consiguientemente, al otro. A diferencia del objeto de laboratorio, inerte o sin posibilidades de reclamar daños y prejuicios (la asociación de defensa de animales todavía no ha conseguido un ministerio para que a las cobayas no les claven electrodos en el cerebro) el ser humano como objeto de curiosidad, contacto, intercambio y placer pasa a ser mas controlado (en el sentido de observado, advertido, tenido en cuenta, relacionado) según el interés que te despierta, también según la prevención o miedo que produce. De otro lado, cada cual que es preguntado hasta la saciedad (más allá de los protocolos de auto y heteropresentaciones como introducciones a la conversación o no a los que puedan dar) promueve frialdad y distancia, claro que eso es según el subcódigo implícito que opere en un encuentro. Cuando una persona quiere a otra tambien desea saber mucho, si no todo, de esa otra sin que esa indagación se convierta en un interrogatorio. Las relaciones fluidas ya traen espontáneamente la comunicación que va explicando el pasado mutuo. Eso tampoco es lo más relevante. No siempre un acto de amor pasa por dedicar a la confidencialidad de lo sucedido el máximo de atención y no deja de ser amor optar por hablar del presente desvinculándose de los lastres pasados. Unas mismas preguntas sobre el otro pueden ser tomadas como control o no según dos circunstancias: la psicología de personalidad del preguntado y según la intencionalidad en obtener esos datos del preguntador. Conversaciones que se consienten y desea hacer con unos interlocutores se descarta hacerlo de otros. La confidencialidad en tanto que una forma de transparencia que no se puede ejercer por sistema con todo el mundo es un comportamiento que suple la pulsión interrogadora para controlar en el otro. Si la disyuntiva es preguntar para conocer o dejarse llevar espontáneamente en una conversación, la elección es evidente. Las condiciones para una fluencia comunicativa terminan por proporcionar todo lo que se necesita saber del otro. Pero eso requiere una circunstancialidad madura y unos hablantes suficientemente adultos, no por edad sino por disposición. Cuando no concurre esa madurez es necesario preguntar. Con eso se pretende librar a una situacion colectiva de los posibles daños que la revelación de una información privada pueda evitar.

El control en las interacciones verbales sondea todo el espectro de intencionalidades, actos y pensamientos de un humano. Pero aquí ese substantivo se emplea como constancia de un conocimiento, de unos hechos. Tener controlado algo es saber de qué va, y controlado a alguien es conocer igualmente de qué va o donde está. No es la palabra mejor y emplearla es como tener una piedra caliente en las manos. El control es un fenómeno social creciente vinculado a la vertebración de una sociedad altamente jerarquizada que se concreta en una vigilancia permanente de todos con todos pero que pasa particularmente por especialistas uniformados y armados profesionalizados en ese control. Se nos controla en todo: desde los pagos fiscales al currículum. Pero a nuestro turno cada uno de nosotros no paramos de controlar la variables existenciales: desde que no se estrelle contra nuestro coche el conductor que viene por el carril de dirección contraria a que no nos roben el domicilio mientras dormimos.

Esa acepción más general de los gestos e instancias derivadas del controlar nos implica a todos los sujetos en multitud de nuestros actos existenciales. Para vivir se pasa por el doble papel de ser controlado y ser controlador. Las pautas educativas dadas en la escuela que quieren invertir en responsabilidad individual exigen de sus alumnandos que controlen las consecuencias de sus actos. No olvidamos que el salto del bebé al niño pasa por el autocontrol de sus esfínteres.

El sistema a través del estado y del aparato institucional ejerce un férreo control que va a más en toda la ciudadanía restringiéndole sus márgenes de maniobra libertaria por lo que hace a querer minimizar la disidencia. La industria y el comercio protegen sus intereses para que sean pagados sus productos a los precios mas altos. Las zonas residenciales ponen sus edificios tras vallas con equipos de vigilancia para garantizar su seguridad. Y en las constelaciones directas e interpersonales necesitamos saber quien es aquel con quien estamos hablando

Querer saber lo que mueve o explica un fenómeno es en el fondo tener un poder de control sobre ello. Querer saber mas de los tornados, los seísmos o los estafilococos aureus es para controlar en la medida de lo posible su irrupción como daños lamentables. Trasladada la voluntad de saber del otro al trato interpersonal: quererlo saber todo del otro para el propio archivo es un actitud un tanto policíaca. Lo importante de cada sujeto no son tanto sus datos materiales (patrimonio, curriculum académico y profesional, nacionalidad, edad o figura) como sus vibraciones intelectuales, su onda sentimental y su potencial de discurso. La mayoría de semántica gira en torno al primer grupo de temas. Lo cierto es que priorizar la fluencia de inter-información y la espontaneidad de la declaración sentimental e intelectual dice mas de una persona que el relato de la novela de su vida. Los controladores en el sentido de evaluadores de lo superficial se pierden la oportunidad de sentimentalizar con esa otra parte personal mas íntima y auténtica. El valor de los protocolos está fuera de duda, pero la necesidad de la critica de las convenciones para no profundizar los contactos sigue siendo necesaria. Para que haya intercomunicación tiene que concurrir una sintonía en el discurso, no en la identidad de opiniones, sino en el amor al discurso como creatividad y hallazgo de ideas y maneras de concebir una vida mas feliz y plácida.

La intelección con el entorno y sus habitantes pasa por el control de sus variables, de sus contenidos y modificaciones,de su circunstancialidad en marcha. Controlarlas significa preverlas y entenderlas y con eso enfrentarlas y asumirlas. Lamentablemente, del control se hace dominio implacable contra la libertad de variabilidad. Es muy distinta la pregunta que se interesa por como se está, donde se vive y cual es el motivo de tu viaje o tu fuente de ingresos dentro de una conversación fluida de aproximación mutua al interrogatorio que va a usar todo esto en contra de quien informa de sí mismo. El problema no es la curiosidad sino el plan de imposición sobre el otro al conocer sus vulnerabilidades.

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