FLUENCIA TRANSCULTURAL

Gestionar la sinceridad

Gestionar la sinceridad.

La verdad necesita de la sinceridad para ser dicha y ésta de una resolución de carácter y de una personalidad decidida para expresarla, independientemente de sus efectos colaterales. Pero ni toda verdad empuja a la sinceridad militante ni por mucha sinceridad que se tenga se pueden expresar todas las verdades. Ese no poder hacerlo es por dos tipos de razones: una, porque todas las verdades no son conocidas por sujeto alguno, y dos, porque parte de las verdades conocidos por deferencia y cuidados no son dichas para no dañar. La conducta sincera rotundamente sistemática es un anacronismo o una locura. Ese posicionamiento argumental (esa ambivalencia) lleva al conflicto consigo mismo de cada hablante viéndose emplazado a dosificar su decir ahí donde vaya y según donde y con quien esté. En el proceso intelectual las verdades a las que llega la investigación científica básica tarda tiempo, (a veces siglos, algunas siguen aguardando) antes de ser traspasado al grueso de la sociedad para que sea asumido como un valor cultural colectivo. De hecho, sabidurías de hace más de un par de milenios siguen sin ser asumidas por el conjunto de la sociedad ¿o acaso creemos en la ingenuidad de que por el hecho de que hayan pasado siglos el sapiens es mas culto ahora que en épocas pretéritas? Mas bien es lo contrario, en algunas cosas no ha evolucionado.

El otro factor psico-caracterial en la gestión de la verdad (de las verdades, dada su variabilidad y multitematicidad) es que el sujeto que es sincero ante los demás con ella(ellas) si bien lo dignifica por el lado de su honestidad lo hace vulnerable ante zarpas ajenas que aprovechen las informaciones dadas para utilizarlas con pretensiones fraudulentas. La ecuación aunque terrible es simple: sinceridad=vulnerabilidad aunque eso no se puede traducir en suponer lo contrario que insiceridad sea igual a fuerza. El más poder en los correlogramas de fuerzas personales lo proporciona actitudes manipulación y de tergiversación, pero también lo que hace crecer, intelectual y psicológicamente a un ser humano en su aventura sentimental en la vida, es su capacidad de ser él mismo, por tanto de expresarse en lo que siente y como es, aun corriendo el riesgo de ser tomado como diana por sus rarezas. Entonces, ciertamente un individuo ante su crecimiento se enfrenta al revival de un dilema permanente a lo largo de sus años de consciente en el planeta de los simios: ser o no ser en el formato escénico de hablar o no hablar, comunicando sus sensaciones y sentimientos. Metafísicamente lo que le da poder es su espiritualización maximizada, por tanto la honestidad consigo mismo, por tanto poder decir lo que cree. Poder decir es ya una forma de expresar poder -y carisma- personal. En la practica social no es así: se calla innumerables veces en innumerables situaciones, no porque no se tengan cosas a decir sino porque se descarta decirlas en esos contextos, o porque un imperativo mayor lo impide. En tanto que individuos protocolizados representamos roles. La sociedad ideal sería la de la libre espontaneidad que permitiera volver al sujeto a su seidad por encima de su rol. El mundo actual nos hace callar, no en el sentido de una orden expresa que te dice: “¡calla!” (que también, sucede, basta llevar una conversación mas allá de lo aceptable por otra, sea el policía de tráfico o sea el vecino, para que se inquiete y termine por imponer el silencio que es una forma de escapada del tema) sino de maneras sutiles que enseñan la inconveniencia de hablar. Es así que se opta por callar temas cuando hay ropa extendida (niños, pequeños u otros que no deban enterarse de lo que se dicen o que no están en la madurez suficiente para entenderlo), asuntos de negocios de los que no se puede enterar la competencia, o temas sentimentales que harían entrar en rivalidad a unas personas u otras. Mientras el sujeto humano no pueda ser íntegramente sincero (por mucho que ese sea su deseo íntimo) la filosofía de la existencia seguirá chocando con impedimentos prácticos para que su contribución de el espaldarazo total que necesita el sapiens para dejar de ser la criatura atemorizada que aún es. Desentrañar este mecanismo no significa que esté de acuerdo con él. El balance de la insinceridad contable demuestra que el mundo es tanto mas difícil de vivir cuanto mas engaño existente concurra. Pero dadas las relaciones comerciales e industriales, dados los intereses de lucro y dado el gran temor a la libertad reinante la mentira sigue prevaleciendo frente a la transparencia convirtiéndonos en aves raras a los que queremos seguir practicando la sinceridad como criterio regular por extempóreo que sea. Es una batalla en la que estamos derrotados. Antes o después se opta por callar o por no entrar en según que temáticas cuando se admite que el instrumento verbal de la expresión es insuficiente para la expresion de neustras totalidades íntimas. Por eso acudimos a otros lenguajes artísticas en los que afirmar secretos que desde la voz no pueden ser entendidos. Científicamente el debate sigue por su lado mientras la sociedad va por el suyo. El coraje científico pasa por sacar a la luz todos los descubrimientos por duros que sean. Las previsiones fatídicas del cambio climático se vienen haciendo desde hace medio siglo sin que hayan evitado cambios actitudinales tan contundentes, aún hoy, como para frenarlo radicalmente. Eso ilustra como no siempre las verdades por agoreras que sean ponen freno a las inercias autodestructivas. Las verdades e imputaciones delictivas tampoco han exterminado las acciones criminales. Y en lo particular la confesión de lo íntimo ante los más cercanos puede generar reacciones adversas. ¡Cuantas veces un partner le dice al otro: si intimas con otra persona, solo tienes que decírmelo, y en cuanto sucede el doble evento, el de ir con otra persona y decirlo, la artillería reactivo-lesiva esta preparada para castigar esa libertad que es tomada como sabotaje y de paso castigar la sinceridad misma!

Las dificultades para la sinceridad son analizadas en infinidad de situaciones interrelacionales. Tratar de encajonar la propia biografía en la sinceridad permanente en todo momento y lugar y ante todo personaje deviene en una convivencialidad imposible, en la práctica se hace inmanejable. Lo mas que podemos concienciar y advertir con auto critica en el momento actual, es aquello de lo que sí hay que ser y se debe continuar siendo sincero con radicalidad y de aquello que es menos importante no hacerlo. De alguna manera la sensibilidad (la deferencia de trato, el mimo en decir las cosas) se opone a la sinceridad continua. A mi pesar descubrí a una cierta edad que la gente del entorno, desde tus necesidades subjetivistas, se dividía en dos clases de personas, aquellas depositarias del máximo de ti (una minoría microscópica) y aquellas que no lo eran ni lo serían ni les interesabas en lo más mínimo. Obviamente esas categorías predeterminan la cantidad y profundidad del discurso dado. Margie Igoa refiere que hay dos clases de personas: aquellas que les pasan cosas y las que hacen que pasen. A .los perfiles de talante sincero están colocadas en el primer grupo, sin ignorar que en sus roles sumisos de existencialidad inercial sufren el mundo tal como viene dado soportándolo desde la herida de su sensibilidad.

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