FLUENCIA TRANSCULTURAL

La construccion del relato.

En la ideación fantástica el tren que transforma un deseo en realidad corre tanto que llega a destino antes de que los dedos produzcan un solo chasquido. Los relatos se ajustan a un patrón de recurrencia en el que lo que se quiere se presume como la instancia que la suerte o poderes mágicos van a conceder. Hay genios con una voluntad descomunal que concretan las demandas mas ambiciosas, hadas que hacen cosas excepcionales, ángeles que ejecutan prodigios, además de magos que sacan conejos de chisteras y niñas que atraviesan espejos y platican con todo el reverso imaginario.

En la historia del chico que vive junto a un container y se alimenta de lo que recicla de basura orgánica que decide cambiar el mundo y que conversa con un indigente que vive fuera del asfalto hay una posición prepotente: la convicción del idealista, la de quien no ha tenido tiempo por edad ni por formación de contemplar todas las variables, la del inexperimentado que pretende dar la lección a quien lo es, marcado éste por la marginalidad exclusión al que se atreve tildar de cobarde. Ese hombre calificado de vagabundo es el único que ostenta una sabiduría natural, o experimentada, algo que demuestra cuando sostiene que un solo hombre no puede cambiar al mundo, pero sí cambiar a una persona, que esta lo hará con otra y así sucesivamente siguiendo un cadena de influencias. A la vez es un protector que se ocupa por el desamparo del chico. Éste, resuelto a su heroicidad, decide seguir hacia adelante aunque no sepa adonde ni porqué. Un deseo de justicia lo anima pero no tiene mas aliados que su ilusión. El relato sin argumento construido necesita un golpe de efecto para ser sostenido introduciendo un factor mágico: el hallazgo de un objeto con poder. Un segundo encuentro con otra persona transcribe el diálogo de la anterior.

La vida es un itinerario en círculos. Incluso en el concepto extremista mas puro de una línea recta, ésta trazada en el globo terráqueo vuelve al primer punto de partida desde la que se trazó. A esa linea imaginaria en el espacio cósmico le sucedería lo mismo. El itinerario biográfico no sigue una linea recta jamás, se parece mas a una linea que enlaza múltiples curvas con estados pasionales que se parecen a una sinoide. Los pasos se van dando sin dejar atrás los temas hablados. De hecho, los temas, unos mismos temas, se repiten una y mil veces. Las conversaciones no quedan cerradas con la despedida ni con el último que pone la ultima frase. De hecho la última frase no ha sido pronunciada y presumiblemente no lo va a ser mientras sigan existiendo hablantes.

En la ensoñación idealista del aventurero que descubre un mundo por cambiar también descubre en paralelo las distintas razones de quienes han renunciado a cambiarlo o de cambiarlo tienen otra idea distinta de como hacerlo. El no hacer sin militancia alguna no es un hacer menor que el del abanderado partidista por una causa. El vagamundo que ha visto por repetidas las secuencias relacionales con los demás en todos los lugares que ha estado tiene mas razones que el recién visitante de las penas existenciales para saber de qué va el mundo y sus habitantes, La diferencia entre el sosiego de uno y la energía de otro es que el otro es ya un veterano de la fatalidad mientras que este tiene que recorrer aun mucho trecho para adquirir el pleno derecho de la misma etiqueta. El relato que pone la opción recursivo en una irrupción de lo mágico se evita desarrollar el encuentro entre discursos. El indigente hastiado bien podría ser el maestro que iniciara a la sabiduría existencial al muchacho heroico con prisas a cambiarlo todo olvidando que esta es una carrera de fondo que lleva mucho iniciada y con muchas etapas recorridas.

Los relatos que describen los inicios son complicados. La toma de conciencia es algo complejo tanto de adquirir como de transcribir. Nadie termina en toda su vida la completud del conocimiento a no ser de que la hipótesis de maestros iluminados la demos por válida. Ni siquiera el adivino de lo que haya sucedido en el pasado y lo que vaya a suceder en el futuro tiene porque ser uno.

En toda historia literaria hay un encuentro entre discursos. El encuentro físico entre personajes, las coincidencias y reuniones no hacen mas que ponerles escena a distintos grupos de palabras que se juntan. El discurso narrativo que novela situaciones imaginarias es un pretexto para repasar ideas y estados sentimentales de las posiciones perceptivas ante el mundo y ante el otro. Un chico recién iniciado a sus andaduras por la vida no tiene las conclusiones tan taxativas para no conceder mayor atención al adulto desgajado y si las tiene es porque ya ha surgido una experiencia anterior de ruptura con ese otro mundo de los vencidos. La diferencia entre ser vencido ahora o serlo después, dentro de 20 o 50 años es un intervalo de tiempo que conoce cada cual como una de sus verdades subjetivas atribuidas. El relato que salta rápidamente de un deseo de cambio sin detenerse en los pasos con sosiego y atención prioriza el fin al proceso. El mundo no es algo tan abstracto, es, lo integra, lo encadena y lo levanta persona a persona, por tanto todas las que uno se va encontrando. Si de cambiar el mundo es de lo que hablamos salir fuera del lugar donde se esta para ir a cambiarlo a otras coordenadas tiene algo de contrasentido, a pesar de que muchas revoluciones vinieron inducidas desde un afuera. Cambiar significa cambiar in situ, cambiar significa cambiarse a uno mismo, cambiar es cambiar el entorno, al otro cercano.

La figura épica del predicador de prédica brillante que consigue gran escucha y seguimiento es un retrato robot de una experiencia inactual y de una evocación en desuso. La del viajero explorador que va absorbiendo experiencias ahí donde va es más plausible. E n su itinerario un mismo tipo de enseñanza se le repetirá dada por distintos personajes desde distintas latitudes. La necesidad de auto confirmación por un lado de despertar a la vida y de otro de amparo para que los avatares de esa vida no pasen factura demasiado pronto se juntan a protagonistas aventureros lo suficientemente decididos para lanzarse al mundo y aun inseguros de su saber para comprenderlo. Resulta que el mundo no es lo que capturan los sentidos, o no es solamente lo que entra dentro de su captura, sino sobre todo su interpretación. La sabiduria no rinde homenaje al dominio y a las conquistas sino a la comprensión. Es así que el sosiego de la quietud puede hacer más por su iluminación que las prisas del inquietismo que quiere llegar pronto a no se sabe dónde por no se sabe qué.

El relato literario de la aventura de ficción en pos a un honor para salvar el mundo no difiere tanto del de la novela de aventuras en el que los héroes se pelean por las nobles causas. La dialéctica del héroe y del villano no funciona en la vida real, tampoco en la novelística creíble, en la que inevitablemente todos los personajes son protagonistas contradictorios y limitados. El relato que presenta un héroe principal, el neoiluminado, genera una estructura descriptiva tópica que no se aparta de lo esperable. Una fantasíada en toda regla no explica desde el principio la carta de intencionalidades. De hecho un autor no tiene porque conocer la trama de la que escribe hasta que no se mete en ella y se va documentando para darle cuerpo. Si el primer sorprendido del personaje creado es el autor que crea es que entonces aquel tiene un poder de atractivo que seducirá para la lectura. Desde esta perspectiva escribir no es poner por escrito lo que se sabe a priori sino encontrarlo mientras se va escribiendo. El relato que intenta contar un cuento estereotipado no ayuda a emocionalizarlo.

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