FLUENCIA TRANSCULTURAL

Interminabilidad y agotamiento

De la interminabilidad analítica al debate agotado.

Atendiendo a que las circunstancias van variando (basta el concurso de nuevos circusntantes para que varíe), a que el caudal de conocimiento aumenta (bastan las contribuciones de nuevas investigaciones) y -tres- a que la performance de la misma materialidad se va transformando, el análisis de lo objetivo es interminable. La supuesta figura del sabio -si la actualidad permitiera elegir a los 7 sabios del orbe mundial- no propondría unas conclusiones terminadas para todos los análisis en curso sino una metodología para seguirlos activando de acuerdo con las circunstancias cambiantes. Puesto que los ítemes de innovaciones por minuto-por no decir por segundo- son cuantiosos a escala planetaria el análisis, como la gran propuesta macro y microobservacional, no puede cesar. Su interminabilidad está poblada de datos pero no inventa a cada momento un método con que interpretarlos. Aplica lo que sabe y los predictores que tiene para confirmar las tendencias de las leyes de comportamiento de la materia, de la sociedad, de las ideas y de los individuos que las generan. Ese cuantioso prodigio de estas tres canteras: hechos, textos y gestos puede confundir al mismo debate al hacerlo inacabable no por las novedades que dice sino por la manera distinta de cada quien que las dice. A diferencia del análisis (propio del trabajo metódico, de equipo e individual, no performántico) el debate busca la audiencia, la interlocución, el impacto y la persuasión. Esa pulsión escénica no va siempre a favor del análisis mismo. La investigación puede quedar paralizada en aras al circo de las palabras. El debate es un espacio de contrastes, también donde se puede destacar el que mas erudición tiene sin tener tanto criterio propio. A diferencia del análisis el debate puede agotar en su forma repetitiva y quedar agotado por eso mismo. Cuando tras una o varias ruedas de intervenciones ya no hay nuevos elementos surgiendo es que no hay suficiente saber en la sala para que los haga aparecer. Seguir tomando una última copa para tararear la cantinela de toda la noche, está de más. La cuestión es ¿quien pone fin a un debate y por qué? ¿cuando se debe dar por terminada una polémica? ¿cuando se pasa a una resolución de grupo? ¿en qué momento están listas unas conclusiones de suficiente solvencia para no continuar repasándolas? A menudo quien pone fin a un debate es quien tiene el instrumento o el poder técnico conferido para hacerlo. Para quien lo estrena y le quedan cosas por decir puede resultar cortante, para quien lo sigue desde el principio lo puede ver como una forma de liberación. En toda sala de reuniones puede suceder y suele suceder que el interés de una de sus minúsculas partes mantenga en vilo al resto por una persistencia mas allá de los límites de la soportabilidad. Lo problemático de un debate viene dado por su extralimitación a otros campos distantes o colaterales que en realidad vienen a compñlicar e ltema sin añadirle complementos de enseñanza a la exposición original. Las discusiones sobre misticismo, animismo, deificación y transmigración anímica son demasiado conexos para separar cada parte de las otras. Por lo general la mezcla de las creencias con los saberes dan por resultado cócteles explosivos. Desde la posición científica no se pide creer para luego saber sino en funcion del saber que verifica verdades creerlas. Esa distinción no es de fácil aplicación. Cuantiosas tesis de envergadura que se han convertido en leyes cruciales para el conocimiento humano (científico y no científico) antes fueron hipótesis y antes de serlo fueron intuiciones. La fe en una posibilidad, incluso irracional, es un factor a favor de ella.

Hay un tipo de discusión o una manera de hacerla que tiende a mezclarlo todo. Del universo correlacionario se hace relativismo de todo y por indirecto y disimil que sea todo dato D tomado al azar tiene o se le encontrará alguna ocasión con otro dato Z que se tome gratuitamente. Pero la discusión no es discutirlo todo sino discutir cada propuesta en si misma. A diferencia de las proposiciones pragmáticas las nociones conceptuales pueden derivar, cuando no patinar, hacia temas muy terceristas y lejanos. Las discusiones que mas se prestan a la mezcla inter-temática es las que combinan las creencias como actos de fe con los argumentos como recursos de la razón. En cierto momento de la conversación (2 horas después por lo general en la mayoría de reuniones temáticas los debates suelen darse por agotados, si no lo son, se conviene en que son agotadores. Ciertamente hay temas de los que no se desengancha la atención humana por siglos que pasen. Lo que estamos discutiendo en el XXI sobre transmigración de las almas ya se tiene noticia de que se hacia en en -VIII. Ante una posición creyente por una hipótesis u otra de la que no necesita demostración alguna no hay mucho que hacer. Una inmensa mayoría de confrontaciones verbales y conceptuales no terminan en consenso sino en la connivencia en un respeto mutuo de la diferencia. Eso también forma parte de la sinergia intelectual. Tener a contrincantes de letras e ideas posicionados en ideas opuestas o muy distintas a las propias es una gran contribución a la causa. Por el contrario, lo monolítico donde todos los opinantes opinan lo mismo es señal de imposición o de manipulación. Si un debate se reduce a creer no creer una determinada existencialidad de algo (desde la suspensión de la ley de gravedad según lo que nos informara Castaneda a la resucitación de un cuerpo postmortem según se nos cuenta de Lázaro) cada cual en funcion de sus virtudes y déficits, según sus necesidades más o menos fantasíacas, podrá creerlo o no a medida de las demandas de su psique. Se sabe que la psicología individual rinde cuentas a las necesidades de un aparato psíquico complejo en el que puede imperar la demanda emocional por encima de la claridad de verdades lumínicas. Lo que es mas, determinados subterfugios se alimentan de verdades para hacer mas creíbles mentiras. Desde la posición del creer se tiende a relativizar mas todo que desde la posición del saber por la vía de la demostración. El relativismo en el conocimiento promueve actitudes de servilismo intelectual. Creer o no creer no es el dilema principal de un debate pero lo zanja. Contra creencias aunque está todo escrito no lo suficiente para terminar con ellas. Además, no hay nadie por su propia constitución bioencefálica que no crea cosas sin saberlas para las que luego viene un saber a demostrarlas. Lo que importa es ver el saldo de cada creencia, para qué sirve y a donde lleva. Si una discusión sobre creencias impide la formación científica el negocio no es muy ventajoso para nadie, y para el creyente el que menos. Si una creencia da lugar a la formulación de una hipótesis clara en la que trabajar para convertirla en tesis, entonces sí es una buena inversión de tiempo, lecturas y dedicación.

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