FLUENCIA TRANSCULTURAL

El cuerpo exhibido

El exhibicionismo ha sido tratado como una enfermedad. Una referencia como tal sigue figurando en algunos manuales de psiquiatría. Mientras tanto, la cultura hiperconsumista ha hecho de la proposición hedonista algo crucial para vincular la posesión de los objetos a la posesión del placer o de la felicidad. Una gran parte de lo hedónico pasa por el espectáculo y su disfrute. Casi toda la sociedad se ha convertido en una platea y los espectadores en individuos expectados ante imágenes atractivas. Una buena parte de ellas pasa por la exhibición del cuerpo y sus detalles. No es necesario ser una streper o un atleta para exhibirlo, cualquiera lo hace. Antes de salir a la calle pasa por el ritual de maquearse. En la tienda o grandes almacenes de compras de objetos de uso personal como ropa o tintes o desodorantes o perfumes ya están organizado un código o criterios de predisposición para vestir y preparar el cuerpo para la exposición. Según el valor que cada cual conceda a su figura o look puede dedicar mas o menos dinero al cabo del año a artículos con los que vestirse y complementos o mas o menos tiempo para pasar por delante de espejos en los que autoobservarse. Poco o mucho todo el mundo trata de controlar su imagen ya que se la pone en circulación y es lo primero que representa de su figura. Quiere salir bien en la foto y sonríe o ríe a carcajada limpia. Trata de vestir de marca o algo que se le parezca para ponerse sedas y crear la hipnosis del olvido de la mona que es.

Las instrucciones son claras: no dejar traslucir las posibles desgracias o malestares, sacarle el mayor partido a la silueta y a la cara. Para un estilista no hay/habría nadie realmente feo. Todo el mundo puede aparentar, es decir puede constituirse en apariencia mas o menos agradable. No hay nadie que no tenga un semblante, para no tenerlo habría que acudir a situaciones postmortem en lo que todo que queda del difunto son cenizas. Vestirse para la ocasión forma parte de los hábitos culturales. El personal incluso se viste para irse a la cama con pijamas o lo que toque. Aún las luces apagadas o atenuadas acompañan los sesentaynueves.

Cubrir el cuerpo por motivos de inhibición o vergüenza dio lugar a una poderosa industria del textil. Desde que los telares se han puesto en marcha no han parado de tejer noche y día a pesar de los reajustes de máquinas y plantillas del sector. De ropa es de lo que menos falta en el planeta entero. En las etnias más recónditas se usan vestidos pret a porter viniéndoles a alterar sus formas tradicionales de vida que contemplaba la desnudez. Los padres blancos en África chantajeaban a los negros atemorizándoles con que se pudrirían en el infierno si no acudían a los actos religiosos vestidos tapando sus atributos de género.

Los animales no se visten. Su piel y pelo les protege de las inclemencias. El ser humano que ha pretendido ir perdiendo su animalidad ha ido cubriendo su piel siendo que con el arte del vestir ha venido a realzar su figura para exhibirla. El exhibicionismo es algo tanto mas inherente a un tipo de psicologías que necesitan imperiosamente ser vistas y se visten en consecuencia para ser llamativas aunque sea por la via de esconder lo esencial. El nudismo, en las sociedades contemporáneas, no se ha generalizado lo suficiente como para cotejar si el cuerpo desnudo es mas exhibicionista que el vestido. De hecho, la desnudez integral masificada en playas o campings nudistas no mueve tanto a la excitación o a la curiosidad como el cuerpo vestido. Este se esconde detrás de una dosis de misterio. En las maneras de vestir hay formas de mensaje explícitos y directos. La ropa se convierte en una extensión de la personalidad. Raramente se comparten prendas de vestir y de hacerlo suelen ser externas. Vestirse según el estilo de otro es como desear parecérsele. El fenómeno del imitacionismo que han generado algunas celebrities pasa por emular por parte de los fans los looks y semblantes de sus ídolos. Hay un tipo de looks que preceden a la presentación. Se distinguen las parejas de promotores de los mormones sin necesidad de preguntarles o que digan algo, basta verlos de lejos. A las prostitutas se las distinguía por su forma de vestirse. Lo mismo pasaba con la mayoría de oficios. El vestido además de cumplir una funcion intermediaria con el clima o el ambiente también la cumple como forma de indicativo o mensaje. Aunque en el vestuario femenino la tendencia es a minimizar el peso y volumen del tejido necesario para taparse eso no se ha correspondido con una bajada de los precios si no todo lo contrario. En la manera de vestir ya hay implícita una manera de exhibirse. Un tipo de vestido va con un tipo de personas y al revés. No se entiende el mal gusto de estilistas y usuarios de un tipo de tejidos, estampados y diseños pero bajo el grito de “la moda es la moda” sucumbe el buen gusto. Mientras los estilistas se denuncian mutuamente por plagios los usuarios de marca hacen girar a sus prendas toda una gestualística muy calculada.

Evidentemente el mismo tipo de ropa no viste por un igual a toda clase de personas. Cada corpórea tiene su naturaleza. Hay quien le sienta todo fatal por chic que sea y hay quien la prenda mas elemental le sienta de maravilla. En determinados climas y momentos un simple foulard o tela sirve para vestir por completo siendo superfluos los sostenes y las bragas. Los hombres lo tienen mas difícil. La asignación del rol de ser el genero más musculoso y con más fuerza ha llevado a que los tejidos tambien sean mas ásperos y duros. Hasta que sus slips no se fabricaron con telas finas tuvo que pasar mucho tiempo. Claro que en otras latitudes la elegancia masculina en el vestir de los hombres como en Japón con kimonos de una sola pieza no tuvo que pasar por tantos diferenciadores de los que se sintió mas necesitado Occidente. La tradicional diferencia entre pantalones y faldas (Escocia como excepción) dio lugar a una enorme parafernalia lingüística sobre lo que simbolizaba lo uno y lo otro. Las mujeres tuvieron la habilidad de adaptarse a la prenda del pantalón pero no al revés. La falta de igualdad social de la intersexualidad sigue notándose tambien en la forma de vestir. Las mujeres consumen mucho mas ropa que los hombres, cambian de ajuar mas a menudo, introducen mas innovaciones en sus looks, los hombres en cambio están fijados a estilos mas estáticos.

En la forma de vestir, andar y mirar el cuerpo humano cursa y se exhibe. No siempre el mensaje que dice el cuerpo vestido va de acuerdo con la personalidad real de fondo de su usuario. Hay un tipo de colores y cortes que inducen a creer que concurre un desparpajo y liberalismo que no se corresponde con la persona así vestida, siendo de alguna manera impostora de si misma aparentando lo que no siente o es. Para vestirse con elegancia no hace falta ir de 21 botones ni ponerse en manos de estilistas que han decidido especializarse en algo tan delicado como vestir a lo demás, en principio una opción personalísima. Puesto que el consumo de demanda de su intervención es alta y los mismos usuarios no están entrenados para cuidar de si mismas, existe toda una industria de la psicoestética que pasa por el trato del look por peluquerías y estheticistas hasta la gestión de las telas intermediarias entre sujeto y mundo. En la educación básica debería concurrir saberse confeccionar prendas de vestir y no dejarlo como especialidad de corte y confección, tambien la enseñanza de los cuidados corporales ajenos incluyendo el cuidado de los cabellos y la manicura. Excepcionalmente personalidades que desean destacar crean sus propios looks completamente fuera de la estandarización. La sombrerería ha contribuido a ello. Se quiso relacionar la esquizofrenia con esa necesidad de destacar, lo cierto es que en un mundo de vulgaridad sobrante muchos deciden a inventar sus propios trajes de luces, simbolicamente a saltar sobre su propia sombra diciendo al publico en general: “¡yuhú...estoy aquíiiiiii!”


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