FLUENCIA TRANSCULTURAL

De lo expulso del cuerpo humano

De lo expulso del cuerpo humano. JesRICART

El vocabulario insultante es tanto menos admisible cuanto es empleado por quienes usan el lenguaje como instrumento profesional y ocupan asientos doctos. Es por eso, porque conocen mas que nadie el valor exacto de cada palabra que deben hacer un uso inteligente del mismo. Lo repito de otra manera: el error semántico es tanto mas imperdonable cuanto mas dominio linguïstico tenga quien lo usa. A pesar de todo por bocas hispanas se siguen profiriendo palabras mal sonantes pero sobre todo inapropiadas a situaciones. Examinemos la palabra “mierda” utilizada por el leído Arturo Perez Reverte en contra de Moratinos en su acto de despedida. Pero Arturo, ¡hombre! ¿cómo se te ocurre? Seguro que fue un desliz, un lapsus lingue sin duda, imperdonable pero injustificable en un tiempo en que andamos necesitados de praxis del respeto.  Bueno, 3 cachetes y a rezar 30 padrenuestros (por aquello de “perdóname los pecados…”). En un baremo de usos palabreros posiblemente la susodicha debe estar en uno de los primeros puestos del ranking. Hay que reconocerlo: es una palabra muy agradecida, socorre cualquier situación. Todo mundo sabe a lo que se refiere porque a diario (con suerte, a los restringidos mala suerte) se trasiega con ella. A excepción de los chinos campestres que tengamos noticia, la susodicha ha sido rechazada sistemáticamente en todas partes, cuanto más lejos mejor. Los alcantarillados, gran logro inventado por culturas pretéritas que tuvimos la suerte de heredar y de los que se siguen haciendo mejoras, son las vías de distanciación entre el producto en sí que uno desecha de su cuerpo y vete a saber donde va para intoxicaciones ajenas. Ese producto de deshecho sin embargo no es cualquier cosa. La necesidad expulsativa del organismo no significa que no tenga una mejor utilidad posterior que tirarlo al fondo del mar.¿alguien ha calculado los millones de toneladas por año que suman los excrementos humanos? La de virguerias que se podrían hacer con ellos con otros usos menos despreciativos. Visto así el producto interior bruto del físico humano tiene una importancia potencial que no ha pasado de largo a la vista analítica del economismo futurista. Antes de que los conductores del mañana conduzcan, desde las tazas para culos (hasta donde se sabe todo el mundo tiene uno ¿verdad?) el detritus a plantas de biogás o de compostaje para enriquecimiento de las huertas de quienes puedan disfrutarlas hay que considerar que las exudaciones del cuerpo humano (excedentes pues) son manjares para otros paladares. La historia de la agricultura entiende de eso: el catálogo de cacas ex extenso, supera la carta de colores de la Valentine, va desde el guano a las boñigas de las reses. Hay culturas andinas que sin ellas no tendrían combustible ni, mira por donde, alimento. La tierra adobada con ellas es lo que proporciona el alimento del mañana por la gracia de la naturaleza en pasar los elementos químicos las materias fecales en estupendos frutos comestibles y apetecibles. Resumiendo, aquello que es fétido en las acuosidades intestinales después de una temporada de tratamientos varios pasa a formar parte de alimentos fundamentales para la vida. Filosofemos: lo que sale por el ano vuelve a la boca.

Visto así el producto excrementado, la kk en sí, no es algo tan negativo, forma parte del ciclo trófico. Lo que uno expulsa otro se lo come, aunque ese otro sea un microorganismo, también lo hacen perros hambrientos. Con ese deshecho organísmico todos tratamos cuando fuimos bebés, éramos exploradores.

 Al devenir adultos, cultos y adeptos a códigos de prohibiciones sabemos que hay trasiegos que no podemos hacer con las manos ni, ojo a ese punto, con la boca para ni siquiera mencionarlos.

 El lenguaje despreciativo contra otros, usado para herir,  que acude a ese tipo de palabra en realidad no consigue su cometido. Decirle a alguien que es un mierda es una gran equivocacion de táctica expresiva. Posiblemente es una palabra en la que hemos caído todos los hablantes en un momento u otros de los muchos enfados que trae la vida (es posible que Perez Reverte esté enfadado con Moratinos y en un cruce de cables el uno hizo de capital AlaTriste por considerar que el otro no estuvo a la altura de su gestión diplomática) pero ¿que significa realmente emplearla? No tener ni idea del valor heurístico de lo expulso, como una materia de valor indiscutible en si mismo. Si al substantivo no se le añade palabras indicadores de su falta de valor, decirle a alguien mierda es –girando su sentido por completo- es un gran elogio ya que significa portador de nitratos, fósforos, vitaminas, proteínas, fibra y por si fuera poco color y olor, todo ello útil y hasta potencialmente cotizable en el mercado de los valores. Eso solo lo sabe el econaturalista con lo cual quien maneja la palabra con intención insultante (con o sin uso de su razón, con o sin enajenación mental transitoria) todo lo que hace es demostrar  su ignorancia de la tabla de elementos químicos.

Si es una de las palabras mas usadas, incluso como expresión en si misma. Si a uno le van mal las cosas dice mierda, y en su entorno acústico se sabe que le ha salido mal algo. Es, en este caso, una exclamación autopunitiva. No hay que exagerar, es una palabra vulgarizada, una ordinariez sí, pero falta de toda intencionalidad destructiva porque como acabo de demostrar de las excrementicidades se hace vida y hay muchos negocios pendientes que hacer. La palabra en si misma carece, analizándola a conciencia desde un sillón de la RAE, de poder insultativo. Lo sería si llevara añadidos adverbios y adjetivos, por ejemplo: poca mierda, mierda inútil, mierda gastroenterítica,… pero decir solamente mierda, es como decir hombre, cuerpo, boca o cara…son palabras que en si mismas no tienen una connotación significativa, solo descriptiva. Si te dicen mierda en una discusión, no te alarmes, puedes contestar sí, yo la expulso ¿tú no?  Expulsarla es signo de salud, tampoco tiene que ser en mucha cuantía aunque las plantas famélicas de la huerta estén frenéticas esperándola. Valentín Fuster, cardiólogo, que nos advierte del coste para el sistema sanitario de la longevidad que apunta a los 100 da el más precioso de los consejos para las sociedades del fatura: para vivir bien y más hay que comer poco y hacer ejercicio. Eso de comer poco daría lugar a un producto en sí poco voluminoso, con lo que el insultante debería acudir a decir: mierdecita. Pero ese diminutivo en lugar de ser calificativo es un elogio a quien lo reciba ya que a menor tamaño de su expulso mas predicción de buena vida va a tener.

Como suele pasar con las palabras manejadas como piedras arrojadizas la cultura pensante y con accésit privilegiado a los medios han contestado oportuna y correctamente contra el insultador que en su tentativa insultante –fracasada tal como acabamos de ver- se le ha vuelto en contra autodesacreditándose, algo que debería notar la venta de sus libros. Puestos a expresar opiniones en público hay que hacerlas con seriedad (que no se me siga pues en mi sainete)y si se quiere presentar una critica que se presente con deferencia. Se puede describir el puerco sin mencionar la palabra. De eso se trata la cultura también de hablar sin herir. Las palabras llegan mas lejos cuanto mas razonadas y analíticas sean y se zafen de tempestividades.

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