FLUENCIA TRANSCULTURAL

Atrezo en público

Algo más sobre el atrezo en publico.Walkiria SUMIONDA

 

La estética es una de esas palabras (entre miles de ellas) que ha ido siendo deteriorada por un uso perverso de su significado inicial, llegando hasta tal punto que se la hace equivalente a un tipo de medidas, de cuerpazos, de look y de estilo en el vestir olvidando  que no hay nadie ni nada que no  tenga su propia estética por el solo hecho que todo volumen pasa por una forma y evidentemente cada anatomía, desnuda o envuelta, tiene la suya. Ciertamente, la sociedad del consumo ha hipervalorado unas formas en detrimento de otras y las consignas lanzadas de temporada para cada nueva forma en el vestir, en el peinado y en las poses han servido a una sola causa: al adoctrinamiento de las conductas al servicio del espectáculo social previo paso por boutiques y tiendas para pagar su pedido. Eso puede llegar a extremos demenciales: sujetos incapaces de salir a la calle sin pasar por largas sesiones de acicalamiento ante su espejo o sin tener algo nuevo que ponerse.

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La historia del vestido –y del vestir- como demuestran los museos textiles y de esa parte de la performance que consiste en tapar y, de paso, decorar el cuerpo ha ido estrechamente relacionada con la historia de las clases sociales y obviamente de los recursos de las personas en sus atuendos. Estos atuendos nunca han dejado de ser atrezos para presentarse en público, en el teatro social. La fuerza de la costumbre y la dureza del paño han aconsejado unos y otros y ciertamente hubo una época en que por la forma de vestir se prejuzgaba el tipo de origen social de una persona. El sistema no ha parado de producir nuevas modalidades. Es conocida la ecuación de que a menor centimetraje cuadrado de tela para vestir más cara es. La industria que ha explotado la relación de equilibrio/provocación entre el cuerpo a cubrir y la ostentación de las formas no se puede decir que sea la más importante de los sectores capitalistas, aunque desde luego mueve enormes capitales. Hay gente que sueña en vestir de marca y de determinadas marcas, de no hacerlo no es feliz. Otra, pasa de hacerlo y le resultaría demencial gastarse el salario de un año (o varios años) para comprar un vestido. En el otro lado de la balanza hay quien paga más de 2millones de euros por un traje, como el que llevaba nuestra querida y desafortunada Marylin en La tentación vive arriba, el vestido insuflado por una racha de aire en vertical saliendo de una reja del suelo. Que el sistema permita este tipo de transacciones comerciales en un mundo en el que todavía se muere por enfermedades curables y por inanición sigue siendo una vergüenza. Pero de qué lado está más la vergüenza del comprador que le sobra la pasta o del código legal que permite estos precios. Como que la llamada  sociedad de libre mercado hace posibles todas las transacciones, seguiremos asistiendo a este tipo de indignaciones.

La cuestión de la estética no queda limitada a una sola. De hecho en la actualidad de la diversidad no se puede hablar de una sola estética dominante. El glamour de las pasarelas de las famosas colecciones de temporada, no tiene una traducción en una avalancha en masa de toda la ciudadanía para su compra. Además los conjuntos más caros son expresamente para quienes pueden pagarlos. La mayoría de la gente puede/podemos vivir sin hacer grandes gastos en ropa y no pasando de hacerlos en grandes almacenes sin pisar casi nunca las boutiques chic. Hay quien encarga  su primer traje a medida para ir a su propia defunción (el personaje de Clint Eastwood en Gran Torino), hubo quienes nos hicimos varios en las edades de estreno para ir de monos en una época en que hacerse trajes no era exclusivo del poder adquisitivo de la clase alta. El imperio del pret a porter nos uniformó a todos mucho antes de ser obligados a vestir la estética caqui de los soldados del supuesto ardor guerrero por la patria. La estandarización de la forma estética sin embargo nunca, en ninguna época conocida, ha sido total, ya que cada vestido informaba visualmente de los atributos de su portador. Desde la segunda parte del siglo veinte, distintas modalidades han ido coexistiendo las unas con las otras: desde personajes con chistera y puro a tipos con los pantalones troceados. No olvidamos que los lewis jeans que empezaron como prenda dura para trabajadores que se exponían a las durezas de sus trabajos se convertirían con el tiempo en una prenda emblemática de la rebeldía. Ahora en un dia ordinario de oteos urbanos se puede ver como coinciden en un mismo establecimiento o calle neurálgica  distintas estéticas: góticos, punks, despantaloneados filigranescos que superan a funámbulos de acuerdo manteniéndose en equilibrio en su vertical para no tropezarse con sus pantalones en caída libre, tipos clásicos con jeans y suéter, y formulas de elegancia mirando el mundo desde las atalayas de sus tacones. El sistema capitalista se distingue mas como productor de formas variadas que mantengan abiertas las distintas opciones de consumo que no como impositor de un solo tipo de estética, algo que sí se ha notado mas en el pasado (el tipo de corte de pelo de los césares y cortesanos del imperio romano, o el traje Mao en la China de la revolución cultural) pero ciertamente el manejo conceptual de la estética en el sentido de una determinada forma estética viene siendo priorizada por una sociedad de la forma hipervalorada por encima de los contenidos de naturalidad, sinceridad y belleza sentimental.

La estética es anterior y posterior a la industria de sus atrezos, anterior pues al hecho mismo de vestir la forma corporal. En unas condiciones climáticas benignas nadie debería acudir a vestir su cuerpo y a destacarse del de los demás en la forma de decorarlo. El nudismo ya expresa el orgullo de una estética natural. Sin embargo hay razones higiénicas y de comodidad que piden determinados cubrimientos. Los ensayos de practicar la estética natural nudista en los espacios públicos, no pasan de hacerlo en el espacio viario. Tratar de llevarlo al interior de restaurantes o dentro de autobuses y metros suele no llegar muy lejos a no ser que se vaya a hoteles o recintos o campings que ya tienen una infraestructura pensada para su ejercicio.

La cuestión es que todo el mundo se apunta a una estética y no siempre es la suya personal sino la de su clase, la de su grupo, la de su momento, haciendo que haya varios niveles de uniformización. Es así que las rastas son indicativas de un tipo de adhesión religiosa en África y de otra en Jamaica, los cabellos largos masculinos lo fueron de un hipismo originario y la ralla del cabello perfectamente marcada de un tipo de señoritismo. En la actualidad la eclosión de formas permiten la coexistencia de rasurados de cabezas  (rehabilitando de paso la imagen de  los alopécicos) con tipos con cabellos encolados. Ya no se puede hablar de una estética burguesa contra una proletaria o al revés. Los week end son el espacio temporal de dilución en que todos pueden coincidir con unas mismas formas de vestir.

A la filmografía no le fue difícil desmerecer un tipo de vestidos y de quienes los llevaban puestos haciéndolos pasar por pobres. Ninotska es uno de esos films emblemáticos que tiene dos lecturas distintas: una cuando fue editado como film y otro tras 1989.En la primera lectura se podía traducir como una intencionalidad desacreditar de la zona soviética con tipos que se les caía la baba al cruzar el telón de acero, en la segunda lectura no pasaba de ser una comedia perfectamente representativa aunque desde luego exagerada.

Las conversaciones sobre lo qué llevar puesto no son pocas y las miradas y juicios de los demás según como visten y lo qué visten siguen formando parte de uno de los tests mas inmediatistas que existen. Tan pronto alguien te mira primero a los zapatos antes que a los ojos lo puedes tachar de la lista de tus prosélitos. Lo importante es que cada cual se sienta cómodo dentro de sí, es decir con su cuerpo y con aquello que se vista, sea lo que sea. Si la seguridad personal pasa por el atrezo esta seguridad debe tratarse de una anécdota puntual poco fiable. Pero lo cierto y esa es una comprobación continuada tanto por hecha por  las confidencias ajenas como por experiencia propia la forma de vestir influye en la personalidad. El mismo actor que encarna un personaje en escena se lo cree más cuando se inviste con el atrezo del mismo que cuando lo hace en chándal, y esa variación también es percibida por el público. Lo que pasa en el teatro de tarima pasa en el resto del teatro de la vida. En la mayoría de espacios en los que participamos todo lo que sabemos de los demás que ocupan las otras mesas sumidos en sus conversaciones de parejas o de pequeños grupos, no es lo que nos dicen o aquello que no les oímos, sino la información que nos dan sus atuendos, su gestualística, el tipo de consumiciones que están haciendo. La estética, sea la que sea, incluida la autogestionada o decidida por diseños propios,  o la tomada de  diseños incorporados de otros países (pantalones abombachados o los de máxima aireación en la zona genital importados desde Pakistán y otras zonas) informa de la psicología de quien la lleva puesta.

Hay ideologías que una vez en el poder trataron de terminar con toda clase de singularización de look y uniformaron a sus poblaciones lo mismo que también se uniformaban a sus bastiones armados. Lo que no ha conseguido todavía ningun poder es estandarizar de tal manera a su sociedad para conseguir que todos los rostros y rictus y tonos de voz, además de las opiniones sean iguales. (En una sociedad de ficción abordada por la literatura más imaginativa un poder malévolo conseguiría tal cosa, pero a costa de sacrificarse a sí mismo sin poder disfrutar de las diferencias). La estética más excelsa es la estética de la ética haciendo de esta el substrato de aquella. La figura más fea puede ser la más ética y las bella la menos. Si bien la estética en su esplendor `puede ser el primer atractivo de una figura cualquiera es la ética la que la convierte en habitante repetido de tu mundo o no. No hay estética por maravillosa que sea que justifique la falta de ética, mientras que la ética termina por justificar cualquier clase de estética.

En la forma de andar y de vestir se ha dicho sobradamente que se está haciendo propaganda no solo de uno mismo sino de un tipo de visión del hacer y del vivir. Hay multitud de formas visuales que no son compartidas por otros y que son estigmatizadas como asi lo son quienes las adoptan. En el fondo, cuestionar a alguien que use rastas no está tan lejos de cuestionarlo por ser de etnia gitana o tener el color de la piel negro. Cualquier discusión de la forma y/o del look que no pase a centrarse en los contenidos de las personas es una material verbal de relleno que no pasa de ruido acústico no contributivo en nada ante el que solo cabe la evitación, la escapada o la negación frontal. ¿Quiere decir eso que  caben todas las formas visuales posibles? Esa pregunta se responde con otra: ¿acaso no hay ya una profusión de formas de atrezo callejeras en crecimiento independientemente de las modas de pasarela? En esa eclosión no todo vale y llevamos mal quienes ocultan sus caras (sean mujeres con burka o policías especiales con escafandras y cascos, pero incluso en estos dos casos quienes las emplean dan mucha información de lo que son aun sin mostrar sus carahttp://jesusricartmorera.blogdiario.com/img/cactuspatio.jpg

 

 

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