FLUENCIA TRANSCULTURAL

La educación o condicionamiento social

 La educación o el condicionamiento social. Walkiria SUMIONDA Niederhofen09ago2011

La educación, que  es o debería ser sobre todo  educación en valores, es básicamente un condicionamiento. Toda educación lo es. La formación instrumental para aprender a manejar herramientas con los que transformar la materia es también un condicionamiento. Si tengo en mi mente la imagen de un útil ya la o las funciones que puede cumplir acudiré en su búsqueda en el panel de herramientas en cuanto sea la más apropiada para un problema técnico dado. Si no la tengo en mi registro mental porque desconozco su existencia o porque no he sido informado de ella ante el problema concreto me quedaré en blanco o acudiré a otra inadecuada que no podrá resolver el tema. Con las cosas sucede lo mismo que con el lenguaje: cuantas más palabras puedas tener en tu haber logístico, en tu vocabulario, más facilidades tendrás para la expresión y para la comunicación de lo que desees. Si careces de palabras suficientes tendrás dificultades para componer las frases que te permitan comunicarte con éxito. Si careces de herramientas (las de taller) para enfrentar una situación planteada o un reto, tendrás dificultades en construir o en arreglar lo que te surja. La educación viene a poner remedio a esta situación: nos dota de información teórica y práctica por lo que hace al manejo instrumental de recursos con los que enfrentar necesidades y situaciones existenciales. Dentro de estos recursos también están los lingüísticos.

El educando es un sujeto virginal, en principio esponjoso y receptivo, de todo lo que reciba, que lo irá moldeando. Esto no es exactamente así ya que nada ni nadie parte de cero sin precedentes que lo hayan configurado ya. El neonato viene con una dote psíquica y unas determinantes genéticas y el alumno antes de ir una primera vez a un espacio con una influencia de un educador ya ha recibido influencias de su entorno. Los procesos de educación que en sí mismos son programas de condicionamiento (llamados de habituación o de pautas formativas) se combinan con otras influencias acondicionadoras previas o paralelas en otros contextos. La educación desde la transmisión de los valores más elementales a los constructos teóricos más complejas se ajustaría a un complejo gradiente de condicionamientos. Si eso es cierto, el ser humano culto no sería más que la resultante de un complejo proceso de condicionamiento. Se diferenciaría del famoso perro pavloviano por tener un mayor repertorio de respuestas precondicionadas además del de la saliva babeante frente al aviso acústico de la comida. Si la educación en sus distintas variantes, grados y niveles es un proceso de condicionamiento es posible también pensar que todo, absolutamente todo sea condicionante, tenga o no tenga una intención expresa para condicionar. De hecho, entre dos hablantes que se ponen a hablar cuando parte de la conversación es para predefinir a lo que se refieren con las palabras que están usando están ya estableciendo unas condiciones mutuas con las que se van a condicionar respectivamente el resto de la conversación. A diferencia de un dogma cerrado con unas definiciones inmodificables la conversación abierta es una constante renegociación de las condiciones de significa de los temas o subtemas que van encadenándose. Es lo que estamos haciendo al tratar de entendernos en lo que estamos diciendo y al hacerlo, en lo que estamos tratando de influirnos mutuamente. Pero lo más importante no es quien tiene más poder de persuasión o más carisma conversacional en un campo temático sino quien hace de canal o puente para conectar con puntos de vista, infos concretas y enfoques no expuestos antes. La diferencia entre alguien que habla resumiendo o exponiendo la lección aprendida o la doctrina que sigue, y alguien que no teniendo doctrina alguna aplica una metodología expositiva es que en el primer caso todo lo que se nos pueda decir se puede consultar en libros fundamentales de su doctrina mientras que en el segundo caso hay un constante estado de genialidad porque no queda otro remedio que improvisar nueva argumentación. Es como la diferencia entre  ir con la videocámara a filmar una estatua o estar filmando un proceso vivo de la naturaleza espontánea.

El educando en tanto que proceso predetermina al educador como concluso lo cual crea un dilema irresoluble al poner la ciencia de un lado como acabada y de otro como su aprendizaje. En realidad todo sigue siendo proceso en distintas fases de su expresión. El educando que se va condicionando y dejando condicionar a su vez reproducirá las pautas recibidas en otros que todavía andan algo a la zaga de ellos. Los mayores enseñan a los pequeños y los sabios a los ignorantes. En la educación como condicionante hay determinados valores mimados y protegidos por la sociedad; entre ellos: la colaboración, la suma de energías para causas comunes y la solidaridad, el respeto a los demás y en particular a los mayores. Pero no todos los valores tienen el mismo valor, valga la redundancia, en cada lugar. Tchejov refiere un pueblo[1] a punto de extinguirse a causa de la rusificación donde los mayores no solo no eran respetados sino que incluso eran violentamente maltratados por los hijos.

Tener un valor de vida es como tener un talismán, pero hay valores que pueden llegar a volverse en contra de su enfoque originario. El de la solidaridad como principio activo tiene connotaciones que se vuelven en contra tanto de la persona solidaria como de la persona objeto de la solidaridad, cuando la una la utiliza como una forma de cambalache para encontrar su sentido existencial o  tener garantizado su cielo y la otra se aprovecha de ese regalo para seguir en su inmovilismo y en su cronicidad de la dependencia permanente. Atender las razones por las cuales los altruistas practican su altruismo da cuenta de una estructura argumental sumamente ególatra convirtiendo su dedicación en una paradoja.  La gran varianza de valores  es lo que hace tan difícil poder definir en frases escuetas una lista de valores que sirvan para todo momento, toda persona y toda situación.

Lo que consideran la belleza del saludo unos para otros es tomado como una cantinela hipócrita, lo que para unos es dar para otros es tomado como una inversión o un tipo de favor que genera deuda, lo que puede ser entendido desde un punto de vista como apoyo desde otro puede ser interpretado como manipulación. A veces dan ganas de decir: no me ayudes, no intervengas, olvídame cuando una excesiva omnipresencia del otro en su calidad de solidario, de suegra o de tutor coarta la  elección de libertad de quien es tomado como pretexto de intervención.

Las pautas educativas de los educandos más vulnerables (por su edad y su no-producción aun de ideas propias) es una enorme responsabilidad pedagógica y social. La sociedad adulta transmite sus formas de ver las cosas, tanto expresamente como sutilmente. Es posible que sea la información sutil, la que se da con los gestos y con las inercias verbales, las que más marcan a los demás. La sociedad organiza estamos de enseñanza y delega en los enseñantes esa ingente tarea de ser transmisores de información y formativos además de educadores en valores, pero no siempre los filtros de acceso a esa profesión neutralizan a terribles ideologistas que pueden hacer más daño del que se  puede estimar en su momento.

Tradicionalmente la capacidad organizativa de algunos establecimientos (especialmente religiosos)  para proporcionar datos bancarios y formación técnica instrumental ha pasado por alto su poder de manipulación ideológico mental convirtiendo los establecimientos en centros de lavado cerebral.

Hay pues un concepto de reconocimiento evidente que la educación lleva en sí misma  manipulación por el moldeamiento que quiere conseguir en las conductas infantiles y una interpretación de unas manipulaciones añadidas para dejar marcas neuronales indelebles de una ideología dada. La pedagogía correcta es la que separa las creencias del tutor o pedagogo de su función de canal de las ideas de sociedad, la historiografía y la ciencia. La falta de filtros ha hecho que profesionales no vocacionales ni preparados psicológicamente para la enseñanza estén ejerciéndola. Los impactos de ellos nunca han sido evaluados del todo, pero algo tienen que ver en ese 30% de fracaso escolar que se ha cronificado.

A pesar de la ridiculización de un tipo de enseñanza ideologista (ha saltado a la cinematografía y al teatro) sigue persistiendo como actividad pública. La verificación de la calidad de la enseñanza por AMPAs no garantiza totalmente la transmisión pedagógica de valores. El problema de fondo es definir lo que es un valor y hasta donde se tiene que implicar el docente en su defensa. La educación se mueve entre dos parámetros: el de la instrucción y precondicionamiento para que el alumnando actúe de acuerdo a las expectativas de la sociedad  y el de proporcionar formación y metodología para que por sí mismo pueda elegir correctamente las acciones a hacer y en definitiva el circuito de su vida.

Al hablar de transmisión de valores se tiende a considerar que los valores son los mismos para todos y que hay una sola manera de transmitirlos. No es tan fácil: los valores pueden entrar en contradicción entre sí (solo los dogmas no lo hacen) y lo que los decide es la capacidad de elegir lo correcto en cada momento. Es así que principios fundamentales como los de honestidad, dignidad y verdad se combinan con variables en cada situación dada empujando a unas actitudes u otras. Eso es lo que hace tan complicado transmitir unas pautas de existencialidad basada en la nobleza y la integridad.



[1] Los shikiliaks en la isla de Sakhalín

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