FLUENCIA TRANSCULTURAL

Dejarse ayudar ¿A qué precio?

Dejarse ayudar ¿A qué precio? JesRICART

  Hay dos conjuntos de  posiciones completamente  opuestas  en relación al tema de  la ayuda; el uno, con toda una gama de subconductas,  que la busca y acepta  y el otro,  que  ni la pretende y, cuando la recibe, la rechaza. Ayudar, el hecho de ayudar,  ha formado y sigue formando parte de las acciones humanas indispensables para superar límites y conseguir resultados. (antes la gente se ayudaba a construir sus casas cumpliendo el vecindario una cooperacion fundamental en eso, hay poblados tribales que aún lo hacen). En una definición extremada de lo que es la ayuda se puede extender a toda clase de acciones humanas para beneficiar a otros congéneres que no pueden proporcionarselas a sí mismos. De esta manera estamos incluyendo la práctica totalidad de registros activos incluidos los del mundo laboral y productivo. En una definición factual más implícitamente consensuada por ayuda entendemos la acción desinteresada (no remunerada) de quien la da a favor de quien la recibe de la cual éste depende para salir de un impasse determinado. En realidad el aspecto económico no es lo que determina lo que sea ayuda o no. Hay gente que ni cobrando acepta hacer determinaas cosas para no extralimitarse dentro de su oficio o por los riesgos que le supone. Hay ayudas indispensables siendo secundario incluso si se tienen que pagar (los rescates de avengtureros que quedan atrapados en sus travesias mal preparadas o demasiado temerarias en algunos paises son facturadas por las autoridades de proteccion civil que han de hacer un so breesfuezo para ellos) cuando es la vida la que está en juego.

Comúnmente la ayuda es entendida como la ayuda desinteresada, el altruismo solidario y la entrega de una energia sin esperar nada a cambio. De hecho es prácticamente imposible que una acción de ayuda no desencadene alguna clase de expectativa de devolución aunque pueda ser en un diferente registro.Un tipo de  intervencion de ayuda en Africa durante siglos tuvo por contrapartida la extensión del catolicismo acabando con espiritualidades animistas locales.  Incluso en el caso mas puro de una ayuda totalmente desinteresada hace sentir bien, tal vez más, al que la da que al que le recibe. De acuerdo con el principio de que todo lo que sucede en la naturaleza pasa por la sinergia y todo son transacciones, las ayudas unilaterales se ajustarian también a esa ley de pronóstico.

Si todo es transaccion quien se acerca a ayudar al tipo desarrapado, sin cobijo, indocumentado, sin salud, sin amigos y tal vez en las últimas debe estar recibiendo algo a cambio. ¿qué? Por lo pronto recuperarlo como un igual en el sentido de devolverlo o integrarlo a la sociedad, homologarlo. Despues de siglos de intervencionismo de ayudas de los países ricos a los países pobres y la perpetuación de las desigualdades (aunque ultimas las economias emergentes han demostrado que hay otras formas de desarrollo distintas a las metodologizadas por las primeras potencias) el mismo concepto de ayuda es el que está en crisis. No es posible ayudar a nadie si no quiere ayuidarse a sí mismo y por otro lado, lo que para unos es considerado ayuda para otros puede ser no admitido por considerarlo como intrusionismo, paternalismo y manipulación.  Los estudios sobre las ayudas enviadas a paises necesitados tras catástrofes revelan detalles del trafico que se ha hecho para la venta de los productos donados. A escala individual hay tipos rescatados o intencionalmente rescatados de sus miserias y marginalidades que vuelven a ellas a pesar de despuntar un poco para remontar eso, sea por alcholismo u otras drogadicciones. La tesis de la conexión de la indigencia y de la falta de higiene mental es una posible causa, pero hay más.

El concepto de ayuda es manejado de una manera  u otra según si se ofrece o se recibe. Como criterio general, toda ayuda unilateral que no crea un pacto de compromiso para su devolución a la sociedad  por la persona ayudada termina por crear una bolsa parasitaria y un problema de conexión pero ¿con qué ética quien ayuda puede exigir de la persona ayudada  a que le devuelva a modo de inversion solidaria lo que le ha dado, especialmente cuando esta no pedia la ayuda? Hay un orgullo nato que rechaza la ayuda de todo tipo en quien asume voluntariamente su eleccion de pobreza o su cruz existencial.  A escala de grupos étnicos la dependencia de las ayudas extranjeras lejos de contribuir a la superacion de sus impasses momentáneos los cronificaron.

Para que haya ayuda tiene que concurrir la demanda cuando menos implícita ya que no todo el mundo quiere ser ayudado ni todo el mundo puede ser ayudado. Con el camelo de que se necesita ayuda muchos usan lo recaudado para seguir pagando sus adicciones, por ejemplo o su tren de despilfarro(¿Es posible que haya homeless que puedan llegar a gastar y despilfarrar mas en cuanto tienen dinero en mano que quienes llevan una vida organizada y socialmente integrada? Pues por paradójico que sea, sí, es algo posible). Lo cierto es que la demanda desde la solidaridad de que la gente ayudada se compore de acuerdo a la previsión de unas expectativas sean las de comulgar con las creencias de los que ayudan o sea la de aceptar un pacto de ingtegracion social para comportarse como los demás, ocasiona no pocas consideraciones éticas. ¿es ético ayudar a cambio de que uno cambie su estilo de vida? ¿Hasta que punto uno puede intervenir en la vida de otra persona por mucho que aparentemente parezca necesitarla  por no comer, no lavarse,  no cuidarse, no hacer nada? Ese intervencionismo auxiliar tiene cobertura ética en tanto la intervención es determinada por la coexistencia social. El vecindario decidirá intervenir en el apartamento del vecino del cual salen ratas por su síndrome de diógenes o el pasajero se levantara sin un maloliente se sienta a su lado o el del bar no aceptará la entrada en el establecimiento de gentes de apariencia sucia que incomodorán a los demás. Las autoridades por su parte recogerán de las calles a la gente que no se sabe valer por si misma y ocupan espacios que imposibilitan la viabilidad de los demás transeúntes. En casos extremos estas ayudas e intervención emergente quedan mezcladas como autoayudas que la comunidad necesita hacerse consigo misma para ponerse a salvo de los peligros para la salubridad publica de los individuos infestos. ¿qué decir de los mismos individuos que optan por autoexcluirse de la sociedad y buscar sus retiros en zonas no habitadas? Sus elecciones siendo las mismas que los que lo hacen pero no renuncian a ser urbanitas no crean el impacto que estos, ni hieren las miradas las ajenas ni ocupan el espacio por el que puedan pasar cientos o miles de personas por hora. Si las condiciones de exclusion social son las que son como consecuencia del rechazo de los demás y eso produce un impacto de autodisiminucion psicológica considerable cayendo en la mas absoluta debilidad mental y de la voluntad, la intervencion de la ayuda es de un tipo y tiene que concurrir a pesar de no ser solicitada ya que no todo el mundo se atreve a pedirla porque equivale a explicitar el estado al que ha llegado; si lo que sucede es que no h ahbido esa heteroexclusión sino una autoexclusión, lo que para una mirada caritativa externa es una imagen que necesita ayuda para quien detenta tal imagen es una opcion libremente asumida de vida, siendo en este caso lo que para uno es un gesto de ayuda para otro puede serlo de insulto o de humillación. Como que los actos de humillación concretados en comprar a la gente o comparle sus sonrisas o favoritismos es algo tan generalizado en el sistema (la reminiscencia de la propina es un gesto que así l oconfirma) ayudar puede convertirse en una especie de deporte. Si la imagen del limosnero a las puertas de los templos o tirados en el suelo de algunas calles da el dato de  un visible índice de degradación  de una ciudad, la imagen de quien se acerca para darle una moneda o un billete de curso legal (no medio billete como se quejara un cómico circense a bordo de su escalera  en Reykiavick haciendo un gag a la hora de la colecta)  no es menos deplorable. Ambas imágenes se han convertido en tópicas en las grandes ciudades en las que además de expresar la furia de la sociedad competitiva y de un sistema social en el que se valora a la gente por lo que tiene y no por lo que es tambén habrá que convenir que la prototipicalidad del perfil de un limosnerismo o de una marginalidad es el resultado combinado y elocuente tanto de la marginación como de la automarginalidad. Es posible que haya un punto de no vuelta atrás en una fase de marginalidad adelantada en que el divorcio se ha consolidado no solo con las posibilidades materiales de una vida más ordenada y limpia sino también y sobre todo con la gente: ningun contacto con la familia de origen si se la conoce o ningun contacto amical. Posiblemente el propio autoexcluso pase por momentos biográficas de serias dudas de lo que es: si un poeta genial que no puede contaminar su pureza encontacto con los demás mortales viciosos y vendidos al sistema o un tipo que no sabe valerse por si mismo para vivir una vida más  creativa. La opción de la automarginalidad voluntaria como paradigma de la libertad no tiene porque pasar por la indigencia y desde la posición de los protocolos de reinsercion y los profesionales de la ayuda social (tambien la de los espontaneos solidarios y caritativos) para ayudar tiene que concurrir la voluntad expresa de la persona que necesita objetivamente ser ayudada y coherentemente su compromiso de no volverla a necesitar, de otro modo obligarla a recibirla atenta a ella como persona juridica y autónoma. Es por eso que para un tipo de intervencionismo en vidas ajenas en contra de sus voluntades antes es necesario declararlas legalmente incapacitadas. Desde la posicion marginal-excluso (mas que desde su punto de vista expresamente expuesto)  si la ayuda pasa por pagar el precio de la libertad (o de su interpretacion particular de lo que es la libertad) prefieren la calle, la inclemencia, el malestar y su adhesion a esa imagen tan prototipica y repetida en las grandes ciudades de esos individuos que han hecho de las calles bien puestas sus intervenciones contrapuntísticas para que no olvidemos que son excrecencias vivas de nuestro mundo. Desde la posicion humanista no siempre es posible la ayuda y en particular no lo es cuando lamejor ayuda no es de tipo material sino de carácter psicogterapéutico. Esta, de ser implementada, podría servir para reducir cuantitativamente el fenomeno pero no para liquidarlo ya que el combinado heteroexclusión-autoexclusión lleva siendo una constante desde hace siglos y bajo la etiqueta de muchas autoexclusiones tambien estan las de las personalidades que no quieren saber nada, absolutamente nada, con el colectivo humano y no tan solo con el sistema social de turno.

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