FLUENCIA TRANSCULTURAL

Autoría y Arte

Autoría y Arte. Los derechos de propiedad ante los préstamos de la naturaleza JesRICART

 Mientras los humanos vienen dedicándose a los litigios desde que son humanos en relación a los recuros de los que disponen y las propiedades que amasan, las leyes de la naturaleza siguen ejerciendo imperceptibles su dominio del mundo de lo conocido y de lo desconocido. ¿Qué dirían los árboles y los animales, las piedras y los musgos, el agua y los metales si se les acercara un micro y se les preguntara sobre qué opinan de todas esas disputas de las gentes para otorgarse la propiedad de ellos? Por suerte para los humanos no hay nadie tan iluso como para hacer eso y para suerte de todos los animales no hacen protestas políticas (salvo en la granja orwelliana), la vegetación asume como puede los cambios climáticos, las migraciones animales han cambiado sus ritos tradicionales y las especies  biológicas van desapareciendo por el empuje antiecológico y criminal de la raza humana contra la casa que habita.

Dentro de quienes toman testimonio de la extraordinaria belleza de las especies y las llevan a la horizontalidad de las imágenes, a las fotos y a las pinturas, al cine y a las representaciones artísticas de distintas clases, la tendencia dominante a apoderarse de aquello que han tomado es notoria. Choca la sensibilidad artística en captar imágenes de la naturaleza o a sentirse inducido a crear su obra imaginativa con esa misma sensibilidad subordinada a su practicismo comercialista. Pronto y rápido cada autor pone su firma en aquello que ha hecho y advierte a los demás (por la vía de los protocolos de registro y de parentalismo de aquello que ha creado) que lo suyo no puede ser copiado. Al inicio de la exposición del fotógrafo Helgi Skúlason  que visité en el rúdhús de la capital islandesa  leí su advertencia de que no se fotografiaran sus fotografías. Bueno, son suyas, tiene derecho a pedirlo, ¿o no? Voy a tomar posición por el no, de paso que declaro deberle la siguiente reflexión que voy a  escribir va más allá del hecho expostivio de un autor de lo suyo para extenderlo a la relación conflictiva que existe entre autoría y arte según lo que inmediatamente trataré de demostrar. Si un autor, como en ese caso, de unas fotos tomadas de elementos de la naturaleza pide que no sean refotografiadas a su vez sin dar razones aunque presumiblemente para que nadie se las pueda llevar consigo en otros soportes que no sean el de su memoria biológica está optando por una prerrogativa un tanto contraria a la misma justificación artística de esa exposición. El fotógrafo está indicando que si quieres fotos  o se las adquieras o hagas tú las tuyas en los lugares de las que él sacara las suyas. Si no hay un trazo igual a otro tampoco hay una imagen igual a otra y las maneras de captarlas (incluso con la sofisticación de la aparatologia mas adelantada) son muy personales, por mucho que las herramientas informaticas permitan hacer milagros. ¡Concedámoslo! El autor toma de la realidad esperando las luces oportunas o los momentos más inspirados una multitud infinita de formas que sacan exlamaciones de ¡auh! a quienes las ven en tanto que expectadores. Hay formas llevadas al rectangulo de la foto o de la pintura que no son dadas conseguir para la mayoría de mortales que somos patosos y torpes. El autor se reclama dueño de aquella creación que ofrece, entendido. A su turno las alcas, los alcatraces, los petreles, los pájaros bobo o las golondrinas árticas se miran el asunto sin la menor perplejidad, no piden sus derechos de autoría por haber “posado” para quienes han tomado (copiado en definitiva) sus poses y trasladadas a una galería de exposición tras los convenientes retoques.

Aceptamos habitualmente que la condición autora es la de creante y que arte y creatividad son prácticamente sinónimos pero a la vez hemos de reconocer que no hay absolutamente ninguna creación de la mano humana que haya partido de cero y que todo arte está concatenado con un encadenamiento de procesos artísticos anteriores hechos por otras autorías.  Se decide demasiado a la ligera el creante o el artista se considera dueño y señor de aquello que aporta al cuadro o a la forma en la metodología y técnica que sea olvidando demasiado pronto que no es mucho más que un intermediario o un puentre entre la naturaleza y el público.

De los derechos de autor que cobra un autor creativo en principio en el género que sea un porcentaje de sus impuestos deberian destinarse a la compensación para reinvertir en el cuidado de aquellos lugares de los que se ha valido para ofrecernos imágenes o sensaciones sublimes.  La genialidad artística por elevada que sea está en deuda con la no menor genialidad del mismo hecho de la vida planetaria y de sus variadas e impresionantes formas de vida y de vida de las formas.

Artistas o no, de la naturaleza los humanos estamos en calidad de usuarios viviendo de prestado de todos los recursos que ofrece siendo el placer de la vista al tomar nota de sus bellezas otra vía recursiva más.  Para una posición naturalista consecuentemente defendida, la vida en toda su multivariedad vive sin tener que preocuparse de los reconocimientos particulares de cada lugar y de cada  brizna de vida, un conjunto armónico de toda la biodiversidad proporciona un equilibrio natural dentro del aparente caos. Son los humanos los que necesitan poner por escrito y por ley lo que les pertenece y corresponde a cada cual discutiendo por territorios y elementos que antes de a ellos ya pertenecían al reino animal. 

El instinto de posesividad y de territorialidad es genetico y ancestral, el ser humano se ha sumado a ese principio no lo ha inventado en absoluto, ese es el caso que no ha marcado una diferencia con respecto al comportmamiento de los animales en relación a su hábitat. Lo que ha hecho además el ser humano a parte de clavar su estaca en el suelo marcando las lindes de su propiedad es marcarlas también para practicamente todo lo que hace. La autoria personalizada es esencial para que nadie se atribuya lo que haya sido creado por otro pero pretender con esta autoria impedir su divulgación o reproductividad es tanto como oponerse al placer del objeto artístico. De momento estamos de suerte,  aun nadie cobra por mirar en los estanques como las aves alzan sus vuelos o como los sauces imponen sus imágenes de relax en parques.

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