FLUENCIA TRANSCULTURAL

La élite ineludible

 

 

La élite ineludible.JesRICART

El cántico contra los dioses, los reyes y los tribunos tuvo una importancia no solamente política sino también psicológica al centrar las energias y las confianzas en la potencialidad de la sociedad, en las gentes de las bases, en las personas corrientes, en el uno mismo en alianza con los demás. Hasta ese momento, para la historia y para los historiadores quiénes figuraban como personajes clave para los acontecimientos eran los insignes, los nobles, las figuras de abolengo, los nombres de la realea, los ministros religiosos, los jueces, los hombres del poder político; a partir de entender que la realidad se hacía con los brazos y colaboraciones de millones de personas y que cada paso de la historia no había sido autorizado sin su apoyo y consentimiento la perspectiva cambió, las noblezas empezaron a ser superadas y se concibió una noción revolucionaria: superar la necesidad de una clase dirigente y no tener que suplicarle nada para poder vivir bien y en paz.

 Desde entonces, el discurso a favor de una sociedad igualitaria y sin clases se va pasando de unas generaciones a otras y la revaloración del ser individual como origen y destino de la libertad maximizada complementa ese discurso a favor de la felicidad.   La lucha por la libertad por suprema que sea esa perspectiva no dejaria de ser un medio para alcanzar el aún mas supremo de los bienes: la felicidad algo que para conseguirla enteramente además de de tenerla como objetivo y voluntad individual requiere del concurso y aceptación de la sociedad para no restringirla. Es ese doble parámetro que une la felicidad individual a la perspectiva de la felicidad colectiva lo que regenta todo lo demás: la lucha por los derechos básicos, la lucha por la libertad maximizada y evidentemente la lucha por la justicia y la igualdad social de oportunidades.  

En ese macroproyecto en el que con más o menos ahíncos unos porcentajes más o menos significativos de cada generación pelean se pone en evidencia las distintas maneras de combatir por todo ello además de las distintas interpretaciones militantes, sociologísticas, parapolíticas y politizantes, radicales o reformistas. Nunca ha habido una sola manera de luchar ni es matemáticamente posible la unanimidad absoluta para decirla (otro asunto es consensuar la tesis considerada como mejor o la tecnica de presión aceptada tácticamente como la más apropiada a una coyuntura). En ese proceso común y heterogéneo de militancias y luchas (un multiproceso, pues) cada cual desde su puesto o puestito hace lo que puede o como puede aliándose a una voluntad  social difusa y a un clamor general para cambiar el estado de las cosas o la  situacion del país. En la diversa estela  de participaciones hay tantas y de tantos tipos que la metodología crítica no necesita empeñarse en liquidar las menos correctas (si alguien hace de perfectum para distinguir las que lo son de las que no lo son)  sino en encontrar la sinergias y maneras de cooperaciones mutuas tras unos ejes vertebrantes paa que nos den fuerza objetiva sin perder las energias en disensiones internas.

Ciertamente, los mismos movimientos sociales terminan por generar estructuras y modelos demasiado semejantes a aquellas realidades contra las que se levantan. La lucha contra el elitismo de las clases dominantes y de sus sectores más privilegiados no evita que a su turno ese movimiento acuda a nombres de marca o figuras-estrella para que sean los ponentes atrapagentes o busquen con ceño sus firmas de adhesión para que apunten al carro de la protesta a los indecisos. Eso no se desmarca, aunque los detalles del anuncio varíen, de lo que han hecho numerosas marcas comerciales para vender sus wiskies, perfumes, ropas, coches, joyas  o lo que sea contratando a famosos para que los publiciten.

Los manifiestos de los intelectuales y académicos y artísticos que por una curiosa razón terminan teniendo por comun denominador no tanto sus trayectorias profesionales, ni siquiera sus ideas sino la condición de sus famas y sus apariciones intermitentes en los medios de comunicación cumplen una función a veces más decorativa que referencial para los hitos de los movimientos reinvindicativos. Lo vimos con el compromiso y el uso de u nescenario público de galas y fatos por lo de la oposición a la invasión de Irak, lo hemos visto en otras muchas ocasiones. Pero la cara-pública no sustituye en absoluto ni nunca los millones de rostros anónimos diluidos en las calles urbanas de cada día y que no tienen acceso a pantallas y paginas multireprografiadas. Eso irá cambiando y un día la condición del anonimato total ya no será sostenible por nadie porque poco o mucho a lo largo de su vida su imagen y sus opiniones serán o podrás ser conocidas por todos los demás acudiendo al archivo general de los recursos de conocimiento y memoria colectiva. Entretanto no llegue eso seguirá habiendo gente interesada en autopromocionarse como individuos-clave para las efemérides sociales o para las cúspides organizativas y otrs que necestarán encumbrarlos y promocionarlos. Los unos y los otros demuestran que la necesidad de tener figuras públicas quehagan de portavoces remite a una necesidad psicológica de reparentalización o lo que es casi lo mismo a una debilidad evidente por aceptar el valor de las cosas y de las ideas y de las demostraciones por si mismas sin necesidad de que uno nombre las apoye, las valide o las propague. Cuando se necesita un nombre de marca para hacer más creible una tesis en el fondo es que la demanda de eso sale de la postura obediente de la manada que necesita que un liderazgo le ilumine el camino. Ese solo hecho contradice la singularidad del pueblo en marcha y su hipotetica no necesidad de tribunos.

El ideal de sociedad autoorganizada en la perspectiva de una comunización cooperativa de recursos y bienestar no podrá caer como ha sucedido en todos los modelos historicos conocidos en una división entre los gobernantes y los gobernados, los que mandan y los que obedecen. La figura de poder pública tendrá que ser cuestionada en su condición prácticamente vitalicia haciendo de su rol ejecutivo algo parecido a un secretariado social transitorio y delimitado. Si eso puede tener rango de principio-eje para concebir la estructura política de un sistema de futuro en el que el ejercicio político no sea tomado como un oficio sino como una funcion representacional de temporada ¿cómo no empezar a resolverlo en el seno del asamblearismo y de los cientos de organizaciones cívicas y reinvindicativas que en sus senos reproducen roles de poder y de supeditación?

Las luchas sociales son diversas y van surgiendo y rugiendo con arreglo a las injusticias y agravios en multitud de sectores de una sociedad. Ni todas pretenden o conciben el futuro de manera igual ni existe una organización polarizadora de todas ellas. Según de qué movimiento se trate se tiene una perspectiva histórica de mayor alcance o se limita a resolver las problemáticas de un coyunturalismo circunstancial.  No confundiremos la escenografía de un movimiento por la cantidad de gente que sale a la calle y la ocupación continuada de los espacios neurálgicos publicos con su supuesta radicalidad, lo que determina si un movimiento es o no revolucionario no es la cantidad de manifestantes que se sumen a él sino los contenidos de radicalidad transformadora de los que se dote.

Desde la segunda década del 2000 aún concurriendo movimientos coincidentes de importancia crucial en países de distintos continentes  predominan los objetivos de reforma a los de la revolución. El dilema reforma-revolución es un hueso roído y raído, viejo conocido de la teoría política y recogido por los anales de la historia en diferentes contiendas. Ni siquiera los objetivos de persecución criminal contra los defraudadores y los responsables directos de una crisis económica de una envergadura importante es en si mismo un objetivo revolucionario como tampoco lo es el griterío pidiendo soluciones a los mismos que han formado parte co-causal de los problemas. Son actos de protesta importantes pero distan de formar parte de un proceso revolucionario que prevea unaestrategia hasta sus ultimas consecuencias. Ni siquiera la toma del poder de una manera violente en lo que se dio llamar revoluciones con fechas reconocidas de esas tomas reran revoluciones, estas no se dan por ciertas y acabadas cuando el cambio de poder de unas manos a otras sirve para inaugurar una nueva época de participaciones y recreación del humanismo delas gentes lo que las lleva a ponerse envalor de equivalencia al de utopía.

En esa llamada a cambiar las cosas nadie queda fuera del auditorio y cada cual decide cómo, dónde, en que circunstancias y con quiénes participar.  Mientras se van dando los procesos de lucha la socialización del conocimiento, la praxis de las experiencias y las sintonías entre participantes van variando lo que da lugar a distintos grados de compromiso o entrega. Es lógico que quienes se impliquen más en una realidad determinada en la que se organiza la palabra crítica  (asociativa o asamblearista) destaquen y terminen siendo, a su manera, un nuevo registro elitista. La lucha  anticapitalista mas que levantarse contra las élites por tener puestos destacados lo hace contra una estructura que ha favorecido que la idiocia y la negligencia se alien para tomar los puestos del poder a cambio de beneficiarse de sus cuentas económicas (tampoco son tan tontos). La critica no es la diferencia cuando esa diferencia es legítima sino cuando alguien se aprovecha de ella desde su rol de fuerza para aplastar a la de quien  siendo distinto carece de la suya para defenderse.

En la lucha por un mundo mejor, igualitarista y justo, digno y habitable, equilibrado y ecologicamente seguro, el enfrentamiento no se limita a los que están “arriba” en los privilegios y dominios de sus respectivos paises sino contra toda clase de actitudes reproductoras del clasismo y de las injusticias, actitudes que también están “abajo” y paradójicamente en las mismas organizaciones de lucha. Uno de los caballos de batalla continuados, troncalmente regulares a lo largo de todas las épocas es el ejercicio de la libertad de expresión con todas sus consecuencias, algo que no acaba de ser encajado siempre ni siquiera por quienes la reclaman desde sus propagandismos y agitaciones. No en vano esa li bertad de expresión fue desesencializada al confundirla con la opinión pública y ésta con la libertad de prensa, a la cual también Corazón Aquino se  precipitaba conundiendo co,mo la participacion popular en las decisiones gubernamentales garantizando la democracia. Como sabemos  el elitismo periodistico junto a otros elitismos (los academicistas, los gremialistas y los de los oráculos financieros) no solo no garantiza la participación social sino que la amordaza cortando lasvías directas para que el gran opinatorio llegue a todas partes.

En las luchas generales, las habidas y las que nos esperan y les esperan a nuestros herederos (en parte de nuestras ideas pero con toda seguridad de la totalidad de los espacios y recursos que les dejemos) la imagen de millones de individuos tomando calles y manifestandose no puede ocultar el hecho de que tras cada una hay una persona que deberia constituirse en pensante y reflexionar por si misma más allá de cada eslógan del momento. El peso específico de la importancia  de un ser humano no es igual al del otro pero la capacidad así como el sufrimiento  ajeno nunca dejan de ser referentes comparativos para el propio. No hay nadie que quede fuera de la gran convocatoria para cambiar de verdad las cosas por la vía de una gran alianza social para hacerlo.El panorama de individualidades desiguales, aún perteneciendo a conjuntos o subconjuntos poblacionales marcados por el padecimiento, por la represión, por los límites y por la falta de perspectivas de futuro, da y seguirá dando nombres concretos y caras conocibles y reconocibles, cada una con su contribución específica diferencial. Cada una de esas colaboraciones a favor de un mundo limpio de antihumanismos va a contar si queremos creer en el realismo de tal perspectiva.

Por eso lo grave de la élite destacada no es que lo sea (siempre las ha habido y siempre las habrá) sino que lo sea a costa de impedir a otros su propia significatividad particular, su diferenciación, su eliticidad. No así con la clase social dominante y las castas privilegiadas que lo son a costa del expolio de las otras que tienenbloqueado el acceso a la decision de sus destinos. Evidentementeel concepto élite tal como lo manejo no incluye la propiedad de dominio político o económico, pero sí puede tener el de dominio de un conocimiento de cuyo acceso no priva a nadie.

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