FLUENCIA TRANSCULTURAL

El porcentaje de los que mandan

El porcentaje de los que mandan.

Hablar del 99% de la población a favor de la causa del cambio de sociedad y solo de un 1% que se opone por ser la perteneciente a una clase dominante es una falacia numérica inconsistente que ha sido y es  reproducida hasta la saciedad por mimetismo sin hacer los cálculos matemáticos pertinentes y mucho menos el rastreo económico de todas las fortunas y de los lobbies que las controlan. Veamos: el 1% de la población mundial arroja cuando menos 70 millones de personas. Un censo que supera la población de muchos países. Es una cifra descomunal. Así de entrada parece una exageración y diremos que no es tanta gente la que manda en el mundo aunque sí puede pertenecer al gran bloque dominante. Si habláramos del uno por mil (es decir del 0,1%) nos estaría dando todavía un bloque impresionante de gente: 7millones de personas. No, no es tanta gente la que ocupa los puestos centrales del poder y la que mueve los hilos de la economía mundial.  A ese 1 por mil sí pueden pertenecer  los más ricos del planeta, incluyendo las distintas formas de dominio y de privilegios económicos de los distintos países, pero con respecto al poder real la cifra es incluso mucho menor .Para Paul Krugman (cuya referencia emplea Josep Fontana y de quien la tomo) habla del enriquecimiento considerable de un 1% de los más ricos para el caso estadounidense que recibiría más del 50% de ingresos de toda esa clase. Si este porcentaje lo transpolamos a nivel internacional son 70mil individuos.

 Como que la denominación “los más ricos” no es una terminología economicista válida por los equívocos a los que da a lugar debemos tomarla con suma precaución. De momento  podemos convenir que ese porcentaje se trata de esos siete millones de personas. Pues bien solo su 1% (lo que arroja unas 70mil personas de toda la humanidad según lo dicho) sería el quantum de los que acceden a los puestos clave de control de las finanzas, de las grandes transacciones económicas y de los resortes militares. Incluso esa cifra sigue pareciéndome muy elevada. (No podemos confundir a las clacas del poder con el poder mismo. Sería tanto como cometer el error  de confundir la estructura de mando del estado con toda su aparatología en la que intervienen millones de funcionarios en cada país.). A la cifra real de la gente de poder y con poder se llega o se va llegando enlistando los nombres de los individuos con más altos ingresos en el planeta. Pero esa no es la única lista necesaria. Estamos hablando de poder y no solo de tener dinero. Hay empresarios que tienen mucho poder económico y que Forbes los presenta como primeras fortunas en sus países (Mercadona y Zara en España) lo que no quiere decir que ejerzan  poder político directo. Lo que si demuestran las estadísticas es que las fortunas tienden a concentrarse en menos volumen de gente y las manos que pueden apretar los botones o resortes del panorama mundial, también. Pierre-Antoine Delhommais[1] sostuvo que la diferencia entre los ingresos de un director general y el de un trabajador en los USA era de 40 a 1 en 1980, pasando a una ratio de 411 a 1 en el 2005. Las previsiones son de una mayor concentración de poder económico en unas pocas manos pero el poder político sigue estando dividido en facciones, tanto en lo que se refiere a los grupos de poder de cada país con sus intereses particulares y distintos a los de los imperios y los poderes concurrentes en la correlación mundial. Esas intradiferencias del poder salvan al mundo paradójicamente de no ser peor de lo que es, ya que al no haber un único poder unicéntrico mundial cada imperio tiene que jugar sus prerrogativas contando con las fuerzas de estados que se oponen parcialmente a su dominio.

Esa discusión numericista puede hacer perder de vista la perspectiva de la verdadera discusión política. Sea cual sea el cómputo numérico de los que mandan a escala planetaria, lo cierto es que consiguen que una parte mayoritaria de la sociedad siga aceptando aún sus reglas de juego. La cuestión histórica de las luchas de clases y de los esfuerzos por acceder a los recursos de la existencia no ha estado tanto por las pugnas entre ricos y pobres como por las alianzas de los unos y de los otros. Resulta que una gran parte de la población víctima del sistema sigue siendo aliada inconsciente indirecta de sus victimarios. En las praxis de las luchas concretas y de las denuncias de las verdades sociales los llamamientos a los movimientos  y concentraciones reinvindicativas no es contra los más ricos en el sentido aritmético de la expresión sino contra un sistema que sigue haciendo posible la gestación de tantos problemas y miseria. La lucha es por cambiar el sistema y por una nueva matemática de la redistribución de todos los recursos entre todos quienes los necesitan sin permitir nunca más que reaparezcan grupos dominantes que siendo los menos se quedan con lo más de los demás. La lucha en última instancia es la lucha contra los mismos que luchan lo que convierte las protestas en una especie de circo empírico y de círculo cerrado. Eso no significa que no deban hacerse pero sí reconocer sus faltas de conciencia en sus auto convocatorias cuando colocan el problema fuera de ellas. Hasta que no se acepte y generalice el predicado de que el sistema es la sociedad, por tanto toda la gente que participamos en ella, es decir, toda; no se aprenderán estrategias coherentes para proponer otro. Para ese otro sistema postcapitalista no es suficiente con tomar el poder político desde el que decretar nuevos edictos de nacionalizaciones y reorganización de la economía, es y será necesario el plan de modificación personal de cada uno de nosotros. Presuponer que el rescate de las riquezas de ese 1% para repartirlas equitativa y extensivamente al resto de la sociedad será la condición suficiente para una revolución de éxito es no ya sumamente idealista sino que remite a una ignorancia extrema sobre la verdad psicológica del ser humano y la verdad de las leyes del mercado.

La repetición de la noción del 1% como la evidente no-mayoría o la minoría tan exigua que algunos puntos de vista sostienen que no merece la pena considerar crea el simulacro de una falsa mayoría de un 99% como si tal  mayoría fuera única, compacta y homogénea. No es verdad o por poco que se piense se averigua que no es verdad. Cualquier muestra tomada al azar en no importa qué sector geográfico, social, cultural y económico para ser estudiada en sus posiciones y en sus ideas dará cuenta de interdiferencias importantes entre sus individuos que les llevarán a tomar así mismo posturas activas y políticas diferentes ante la realidad. Ni  siquiera hace falta que esa muestra tuviera en cuenta gente de distintas latitudes, clases sociales, estatutos, ideologías y niveles formativos para demostrar que la homogeneidad no existe al nivel con que a sus deseantes se les antoja describir. Ese 99 por ciento tampoco es el de la pobreza en todos sus extremos. Actualmente, pertenecer a la clase obrera activa (la clase tradicionalmente considerada de los explotados junto a los jornaleros no propietarios de tierras en el campo) ha pasado a ser un lujo en comparación a quien no tiene nada. Lo que se llamara lumpen o las bolsas excluidas de las oportunidades laborales y de los salarios, que caen en la indigencia o bien en subsidios que para tenerlos viven bajo el chantaje institucional de hacer cursos y piruetas de reciclaje de las que no acaban de salir, pertenecen a una mayoría disgustada y frustrada pero están más cerca de la desposesión total.

El concepto de mayoría social interesada en el cambio no significa ya absolutamente nada.  Es un concepto heredado de generación en generación desde hace siglos y que se aleja de una comprensión de la estratificación clasista y de las correlaciones de fuerzas sociales y políticas. No basta con tener la condición de la pobreza ni la de la exclusión del poder político para que pobres y exclusos estén de acuerdo en unos mismos objetivos. En realidad, los movimientos sociales se distinguen históricamente mas por la oposición a la actualidad o a la realidad social que por la conciencia y visión clara del objetivo que quieren, eso se traduce en que el potencial revolucionario de estos movimientos sea encauzado por minorías (distintas a las del poder y clase dominante sí, pero minorías al fin y al cabo) que tienen claro hacia dónde dirigir su descomunal fuerza.

En un país de la magnitud de España, el 1% de la minoría dominante (distinguida –repito- de una minoría aún menor de la que manda realmente) da medio millón de individuos. El hecho de que se pueda estimar en esta cifra quienes vivan mejor tampoco significa que estén de acuerdo íntegramente con la realidad. Tendremos que estudiar el verdadero significado de la mentalidad conservadora y diferenciarla de la retrógrada para distinguir la cultura continuista del statu quo a la que desea dar pasos atrás en el proceso histórico quitando grados de libertad a lo ganado. Entretanto no se puede caer en banalidades y tópicos como que quien tiene dinero pasa a ser ya el enemigo automático por su condición minoritaria. No hay que olvidar que las clases trabajadoras y todo aquel que tiene una entrada regular de dinero que le deja un excedente tiene por modelo de consumismo justamente las formas habituales de la otra clase a la que le entrega sus plusvalías. Las antiguas divisiones de las correlaciones de fuerzas acerca de explotadores y explotados no se pueden aplicar de una forma tan mecánica a todas las situaciones como ya se dejó de lado hace tiempo la división de ricos y pobres para decir quiénes iban a ser los enemigos objetivos así como los aliados interesados encausados en revoluciones para el reparto general.

El concepto de alianza intersectorial (tambien se puede decir interclasista) como bloque histórico interesado en el gran cambio pendiente que necesita el planeta social o la sociedad a escala planetaria está pendiente de ser desarrollado, las antiguas nociones de clase obrera contra burguesía han dejado de servir o incluso el de irreconciliabilidad entre clases (¿irreconciliabilidad después de tantos siglos compartiendo centros de trabajo y unas mismas ciudades?). El antagonismo está ubicad ente cada individuo y sus servidumbres, parte de las cuales pero no todas pasan por servir a amos políticos y amos económicos, a dictums represivos y a patrones que les pagan por ese servilismo. En su tesitura por la liberación como esclavo para optar a ser persona soberana el individuo alienado tiene que romper y superar su alienación con el sistema del que es parte y con su alienación de grupo (su clase de pertenencia) para desmarcar su propio y particular destino del destino difuso de la sociedad. En definitiva pertenecer  a ese famoso 99% no es una suerte precisamente pero tampoco lo es la condición de pertenencia al 1%, los pertenecientes a una mayoría como los que pertenecen a esa minoría tienen el común denominador de enfrentarse a sus tesituras para realizarse como personas. Ni por el hecho de ser rico uno tiene que aprovecharse de quienes no lo son, ni por el hecho de ser pobre (exagerando, la mayoría social tiene estamentos y diversidad de estatus como sabemos) uno puede justificar sus avatares porque hay una clase por la que es sojuzgado. Tanto en un grupo como en otro la habilidad o no para el juego de oportunidades y combinaciones que ha presentado la vida ha tenido máxima importancia.



[1] Cita que tomo de David Rabadá i Vives

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