FLUENCIA TRANSCULTURAL

El valor de la propuesta innovadora

 

El valor de la propuesta innovadora. Tener y hacer propuestas como dinamización del discurso creativo.

Las propuestas existen; de hecho, nunca han dejado de existir. Existen propuestas por que hay proponentes. Las propuestas lo son de ideas, de sueños, de relatos, de trabajo, de empresa, de objetivos, de acción y de futuro. Hay propuestas de todas clases y desde todos los ámbitos y hay  iniciativas lúcidas de personas adelantadas a su tiempo y con un gran potencial de creatividad. Una cultura dócil nos había acostumbrado a creer que las propuestas solo se limitaban a ser las que ya funcionaban como vigentes y que lo inexistente no podría llegar a tener la oportunidad de existir nunca. Pues no, hay mas por hacer de lo inexistente que de lo que existe ya, hay más potencialidad que realidad efectiva, más gente esperando su turno de voz y de dedicación energética a implementar novedades en la realidad general que gente que copa los puestos de mando y de control controlando esa realidad. En definitiva, hay una cantera prodigiosa de propuestas que en la medida que se vayan divulgando y ejecutando van a cambiar la faz del planeta y a inaugurar una nueva era de humanismo y concordia (o al menos esa es la hipótesis y nuestro deseo). Pero una propuesta (lo mismo que se decía para los consejos) es fácil de dar, lo difícil es articularla, organizarla, procesarla y en definitiva llevarla a término. Mientras una propuesta no es trabajada no se le conocen sus verdaderas limitaciones y también el alcance de su interés.

Quien tiene una propuesta y la toma como prioritaria seguramente ya está trabajando por ella pero sucede que hay propuestas que pueden ser muy buenas en el diseño mental y no tener la menor capacidad física para llevarlas a cabo. ¿Qué pasa cuando tienes o piensas en una propuesta y sabes que no dispones de la fuerza organizativa suficiente para llevarla a cabo? ¿Debes decirla o no? ¿Tienes el derecho a hacer propaganda de ella para que otro u otros la hagan suya y la lleven a cabo o callarla porque es “tu” propuesta? Pues bien, entiendo que una propuesta tiene un valor por si misma independientemente de si quien la haya pensado se encuentra con fuerza personal para empujarla y dos, su valor no está en función de la coyuntura que aun no esté en condiciones para aceptarla. Así pues, las propuestas tienen un valor aunque sus proponentes se encuentren fuera de juego o sin capacidad suficiente para luchar por ellas. ¿Acaso el desiderátum de que otro mundo mejor es posible no es una macro-propuesta de la que no paramos de hablar aunque esa posibilidad no la vemos a corto ni a medio plazo? Sí, es una propuesta nodriza de la que se derivan otras muchas. El conjunto de ellas en marcha van modificando la realidad, la circulación comunicativa e informativa y va plataformando la aparición de nuevos actores en escena comprometidos por la causa de cambiar las cosas para bien.

La pregunta de todos modos persiste, ¿puedes o no decir tu propuesta aún a sabiendas de que por tus condiciones físicas, intelectuales, recursivas y ubicacionales no vas a poder llevarla a término? Respuesta: por supuesto que puedes. La primera razón de ello es porque las propuestas se hacen en público para encontrar alianzas que las apoyen. Y las propuestas, que forman parte de un discurso proposicionario, se deriva de un derecho fundamental: el derecho a la libertad de expresión y a la de compartir el propio pensamiento. Hay propuestas que por su propia naturaleza nunca podrán ser llevadas a término por una sola persona o por sus proponentes, a no ser de que consigan refuerzos. Ese es el sentido de hacerlas y hacerlas circular, reactivar posibilidades en otras muchas personas. Claro que hay propuestas que quedan en stand by y apenas van más allá de su titulación y enunciado (a veces con la legalización de una entidad más sin miembros que se reúnan nunca y sin agenda de actividades) hasta que alguna otra persona las retoma, sea porque llegan a su conocimiento o porque han sido elaboradas independientemente.

Lo interesante de las propuestas y mucho más si son convenientemente archivadas es que tienen una oportunidad de ser tenidas en cuenta más allá de quien las haya podido enunciar en primer lugar. Hacerlo es lo que confirma su valor independiente de su autoría. Funcionar así es implementar un principio de efectividad para los protocolos de la democracia real. A menudo en las reuniones discursivas a pequeña y gran escala (de docenas de asistentes a cientos o miles) van apareciendo enunciados estupendos y argumentos fantásticos, también aparecen propuestas que pueden pasar tan rápido que a no ser que se pida que se fije la atención general en ellas y se voten, pueden diluirse en el magma de toda la verbalidad volcada y perdidas para el sumidero de las palabras si alguien no la precisa, la esquematiza, y vuelve a ella insistiéndola para trabajarla.

En cada reunión de ejercicio de democracia real además de hablar y de apostar por unas conclusiones no se le puede dar la espalda a otras propuestas colaterales que vayan saliendo y que tengan un interés sino inmediato potencial. Se podrá hablar de democracia real íntegra cuando las propuestas no pasen desapercibidos por minoritarias que puedan ser. En el acto asambleario los presentes no deciden por los ausentes y los que son circunstancialmente ausentes pero que participaron en otros momentos dados y dejaron propuestas, estas deben ser tratadas por su valor en sí mismas independientemente de si su defensor de turno está o no en la reunión. Por lo que hace a los recursos informáticos y a la archivística de propuestas, las herramientas actuales contribuyen a preservar la huella digital como legado de la creatividad expansiva de todos aquellos que tengan cosas a decir y a proponer.

El discurso propositivo pone en evidencia los límites de ejecutividad de cada propuesta ya que está en función del poder real de intervención en la realidad. Durante mucho tiempo las generaciones nos pasamos los deseos y las listas de objetivos de tanda en tanda de las tandas de voluntariados sociales esperando las mejores condiciones para poder conseguirlos. Ese legado de propuestas es importante para  pulsar el estado de los movimientos reinvindicativos y las perspectivas de futuro.

Las grandes propuestas o propuestas-macro dependen de una urdimbre de pequeñas propuestas contributivas en torno a las que se van repartiendo las energías de multitud de personas. Compete a cada persona consciente decidir en qué va a participar y de qué maneras, cuánto tiempo le va a dedicar y como va a hacer fructificar su proyecto. Lo mismo que depende de cada persona siendo una opción totalmente intransferible saltar del estado mental y actitudinal del “no se puede hacer nada ni sirve de nada hacerlo” al estado ilusionado del participar en las causas de superación social pese a todas las adversidades y derrotas.

Cada propuesta va referida a está vinculada en un eje de participación global.1.Atendiendo a su alcance dimensional hay que distinguir los distintos ámbitos geográficos (desde el local y/o barrial al mundial), 2 atendiendo a sus contenidos hay que distinguir entre los meramente sectoriales a los generales (desde el gremialismo y corporativismo al inter-laboral), 3. Atendiendo a su alcance estructural (desde la economía y la infraestructura, a la estructura organizativa del país y de su estado)

Tambien cada propuesta está repartida por categorías según se refiera a: propuestas de acción de protesta, propuestas de modificación política, propuestas de autoorganización o propuestas de innovación de la realidad.

Los movimientos sociales están más encallados en las acciones protestatarias que no en las propuestas de nuevas acciones de autoempresa y de reorganización de la económica y de la existencia colectiva desde la base. En cuanto estas últimas iniciativas se extiendan por nuestras geografías se podrá hablar de un proceso de doble poder.

 

 

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