FLUENCIA TRANSCULTURAL

Constitución de los pueblos europeos

Por una nueva Constitución europea de los pueblos que garantice la democracia real.

De Grupos de trabajo a Promotoras interasociativas.

Para  que las asambleas ciudadanas constituyentes extendidas por ciudades y localidades sean mucho más que un título político honorífico  y cumplan una verdadera función de debate público por una constitución rupturista con la actual, será necesario que los grupos de trabajo que se plantean preparar las condiciones para que lleguen a existir  entren en una fase de coordinación con el tejido asociativo que quiera apoyar tal perspectiva. Es así que la evolución de los GdT sería hacia  la constitución de Promotoras o gestoras interasociativas que quisieran compartir esa línea de trabajo. Por de pronto sondear la receptividad de esa idea en otros grupos dentro del mapa de movimientos se puede hacer simultáneamente a la del sondeo entre individuos (a fin de cuentas los individuos están/mos asociados en distintos registros).

Explicar el proceso por fases genera susceptibilidades entre quienes siendo partidistas pueden sentirse excluidos en el proceso planteado. Es obvio para la táctica de promoción y propaganda que el orden de los factores de un tema dado sí altera el producto e incluso puede sabotearlo. Sin embargo, decir que vamos a dejar para el final la adhesión de nombres públicos (nombres de marca de acuerdo con mi terminología) de personalidades de amplia reputación es un detalle que puede ser interpretado equívocamente. De hecho, no podemos otorgarnos tal prerrogativa ya que en una lista amplia de adhesión por una ruptura con la constitución actual y por una nueva constitución todo el mundo es libre de apuntarse esté o no asociado, tenga o no un nombre famoso o  reconocido. En consecuencia, propongo limitar la exposición de las tesis proconstitucionalistas a lo fundamental: potenciar un salto cualitativo al movimiento social ayudándole a pasar de los movimientos reactivo-protestatarios a un movimiento de alto contenido político para discutir el código fundamental de coexistencia pacífica del que queremos que se doten los pueblos y territorios de nuestras geografías.

En cuanto a la denominación de Asamblea Ciudadana Constituyente habrá que definir exactamente qué se entiende por ella ya que se hace un tanto inimaginable ahora pensar que una asamblea de residentes de un lugar discuta solamente de leyes generales sin discutir de todo lo demás. Entiendo que una asamblea ciudadana constituyente podría otorgarse el rol de tal si cumpliera esas condiciones:

1. presencia de un porcentaje numérico considerable de una población (más del 90 por cien para las localidades pequeñas de menos de 1000 habitantes) y no menos de  un 20% en las ciudades medias o de un 3 a un 5% en las grandes.

2. que tales asambleas sean resultado de un amplio proceso de discusion y de intercambio de ideas y de propuestas de enunciados. En ningun momento han de tener una función aclamatoria y de soporte a delegados para que se vayan a una reunión coordinadora para decidir.

 3. Que a la discusión de una constitución-marco venga convergiendo la discusión sobre el nuevo tipo de realidad a crear.

Como que los procesos de la realidad y del contacto con las prerrogativas históricas son distintos y desiguales puede suceder que una determinada localidad avanzada pueda estar discutiendo ya de leyes-marco y otra todavía no pase de discutir de problemas urbanísticos, de aceras o de tránsito o de los desfalcos del último corrupto de su ayuntamiento. Las reuniones ciudadanas evolucionaran a partir de intervenciones  pedagógicas  que sepan ligar las intervenciones en lo concreto-local con un plan de lucha política en lo general. Imaginemos mil encuentros ciudadanos en otros tantos puntos y latitudes proponiendo enunciados de nuevas leyes i discutiendo las propuestas circulantes.

Como que los ritmos de las discusiones son asimétricos y sus contenidos desiguales, ya desde ahora se pueden excitar las sensibilidades hacia un proceso de creatividad en el que vayan reuniéndose ideas sobre el tipo de enunciados que debería tener una futura constitución.

Las proposiciones para una nueva constitución forman parte del desiderátum de un eslogan tan consensuado como el de que otro mundo mejor es posible. Pero ese slogan hay que concretarlo proponiendo nuevos códigos que regulen el comportamiento de las comunidades coexistentes. Es enormemente sorprendente que la amplia expectancia generada por un eslogan genérico muy consensuado no la genere para hablar en concreto del futuro al que nos estamos refiriendo. Sucede que el futuro por definir no es definible desde un presente en el que aún no concurren todos los factores que puedan gestarlo. Eso determina el rol militante limitado de los intervinientes de cada coyuntura en tanto que eslabones de un proceso histórico muchos más complejo que es posible que termine después de la colaboración o consistencia de estos.

Si el objetivo de un proceso constituyente es el de una campaña para hacer un proceso constituyente no será tan necesario a priori definir qué constitución se quiere. Si el objetivo es la movilización como parte de una estrategia general se puede postergar para esa movilización en curso la definición exacta del planteamiento histórico tras el que se va. Eso no obstante se convierte en un contrasentido, todas las movilizaciones se preguntan para qué son y qué quieren obtener. La lucha por la lucha carece de sentido tanto como la bronca por la bronca. Si se quiere ir más allá del jaleo por un lado o de las campañas de adhesión en general de otro (llevamos décadas firmas documentos apoyados por cientos de miles de personas y algunos por millones de ellas) y se quiere hablar del futuro habrá que definirlo.

La discusión constitucionalista es tan legítima hacerla ahora como en cualquier otro momento lo que no quiere decir que los resultados de esas discusiones se puedan tomar como la única propuesta a someter a discusión en las asambleas ciudadanas,  La adhesión por la ruptura con un documento obsoleto es insuficiente si no se trabaja por la adhesión por unos ejes mínimos para crear un documento alternativo.

Un proyecto constitucionalista es un proyecto de refundación de las reglas de juego de una sociedad. Necesita de principios rectores y atractivos que haga sentir a la sociedad parte de un protagonismo histórico. Si la adhesión es solamente por la ruptura con un marco jurídico obsoleto y por añadidura ninguneado por los propios demagogos de lo que llamado estado de derecho se reduce la expectancia a un giro en torno a la insuficiencia pero no en torno a la alternativa por una suficiencia.

La discusión por un  nuevo proceso constitucionalista está más centrada en crear o conseguir declaraciones en encuentros estatales que no en asistir creativamente a toda la potencialidad del proceso mismo. Uno o n grupos de trabajo tras un plan en este sentido puede/n hacer aportaciones de praxis organizativa pero no puede ni podrá hacer u otorgarse el rol de decidir la constitución alternativa, sin embargo si puede hacer apuntes, contribuir con análisis de la obsolescencia de la oficial y de otras y proponer enunciados para que se vayan discutiendo.

Un panorama de más de mil ciudades con cientos de personas en cada una discutiendo artículos o enunciados de una constitución alternativa es algo que por sí mismo sería altamente edificante y emocionante. Estas discusiones serían importantes por sí mismas independientemente de su formalismo y de los formatos redaccionales que fueran cobrando (lo menos importante en una carta magna por hacer o en una declaración documental final es quien o quienes la redactan sino los instrumentos para recoger todo lo que  haya sido dicho y consensuado o al menos no descartado por miles de personas en el proceso y que no llegaran ni querrán llegar ante el teclado de la redacción).

Es interesante en cualquier punto del proceso organizativo por el proyecto constitucionalista discutir elementos constitucionales. De otro modo se  cae en la trampa del organizativismo en lugar de priorizar la dotación de contenidos de la energía dedicada a ese proceso. Tampoco se puede caer en lo opuesto al organizativismo que sería estar decidiendo contenidos cuya decisión depende de fases posteriores. En cuanto a la afiliación o adhesión al proyecto es algo prematuro insistir en la pedagogía extensiva o en la sugerencia de conseguir nombres referentes para que la apoyen sin hacer proposiciones de futuro del tipo de constitución que se quiere. El dilema para los GdT en su tentativa de hacer Gestoras interasociativas para ese proyecto es el de limitarse a ser órganos generadores de procesos o ser ya creantes de propuestas de títulos y puntos constitucionales. Si se limitan a ser lo primero  no pasaran de ser la propuesta a la sociedad para que la sociedad haga propuestas de contenidos y si dedican como área temática continuada la discusión de títulos y enunciados constituyentes pueden suceder dos cosas: 1. Que eso ponga en evidencia que los mismos enunciados alternativos sean motivo de escisión (no es nada fácil consensuar textos expresados en ítemes escuetos pero no equívocos al gusto de todos) y 2. Que se implique una gente u otra en esa elaboración según el sesgo que vaya tomando.

En cuanto a esta segunda cuestión, los juristas y en general los profesionales de judicaturas no han de tener ni pueden tener roles de privilegio aunque sí puedan cumplir una función de consultoría y de logística técnica.

En cuanto a la adhesión a un llamamiento de ruptura con la constitución que consideramos obsoleta por la creación de otra  es una fase muy primitiva de todo el proceso mientras el llamamiento no precise a qué nueva constitución o a qué pautas de esa nueva constitución se está llamando. En ese llamamiento a la ruptura un manifiesto de intelectuales  y personajes de nombres conocidos o mediáticos puede jugar un papel importante sin olvidar que en política a diferencia de la aritmética el orden de los factores sí altera el producto. Determinados nombres que se apunten a un proyecto de este tipo al principio podrían abortarlo involuntariamente por los significantes a ellos unidos y que no puedan ser aceptados por sectores de la base social. Esos mismos nombres unidos mas adelante con una cancha de adhesión de decenas de miles de nombres tendrían un valor de apoyo sin ser su eje.

Toda esta discusión irá surgiendo y se irá trasladando a los diferentes espacios de reunión para hablar del tema. Lo que no puede caer ninguna reunión particular es en el subjetivismo inaceptable de creerse que es la primera en inaugurar la discusión y que su discusión es más importante que la de otros posibles espacios que vienen haciéndola por separado y en paralelo sin que haya referencias mutuas ni contactos.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: