FLUENCIA TRANSCULTURAL

La fantasía y el fantasma.

Escrito por jesusricartmorera 02-07-2007 en General. Comentarios (0)

 

Mientras el fantasma es una construcción que se aloja en el pensamiento y no está organizada voluntariamente la fantasía es un diseño intencional imaginario para recrear los sentidos. El fantasma es algo a superar para higienizar la mente de temores y condicionantes que la imposibilitan razonar coherentemente. La fantasía es algo a mimar como cantera de deseos pendientes a la espera de que la realidad les dé entrada. No necesariamente tiene porque ser algo que se pueda llevar a la práctica lo cual no quitará que cumpla una función erógena para todo el sistema interactivo si se trata de una producción erótica, o una función estimulativa para interacciones sociales.

Antes que la volición decida crear una con toda clase de detalles  es posible que el inconsciente -por vía onírica- haya aportado un conato de relato con efectos parecidos por lo que se refiere al deseo contenido. La definición más consensuada de sueño es la freudiana de la realización escénica de deseos reprimidos que afloran durante la relajación de la mente algo que no es permitido durante su alerta.

La fantasía habitual, a diferencia del sueño, la produce el consciente. Se llena de un conjunto de escenas concretas investidas de diálogos. Puede haber dos grandes grupos. Aquella que incorpora rostros y cuerpos de la vida real conocida y aquella otra con figuras absolutamente inventadas en las que predomina el valor más de los actos y de lo que se dice que las referencias de personas conocidas.

La fantasía recibe el descrédito. Se suele decir que quien fantasea no es realista o quien pierde el tiempo en ensoñaciones despiertas reduce sus facultades para sacar goces a las cosas tangibles. Cualquiera con practica fantástica continuada sabe que en sus fantasías puede hacer cosas que en la realidad no se permite hacer o la realidad no le permite hacer. El individuo que fantasea puede ser casi todo en sus producciones mientras que en la realidad tal vez no pase de ser alguien melifluo a sus propios ojos. La dimensión fantástica le permite hacer lo que no consigue en la dimensión real. En lo fantástico puede volar, puede decir lo que les restringido en su verdad social, puede tener una potencia sexual envidiable, puede ocupar un centro de atención envidiable y puede imaginar todo un mundo de formas desconocidas para la realidad social. No está demostrado que fantasear sea tan negativo como las primeras objeciones moralistas obligaban a creer. Para el moralista el alumnando absorto era alguien intratable porque se hacia difícil de dominar. Poco importaba si su desatención era debida a que tenia la mente instalada en un concepto profundo o en una escena idílica. Desde el punto de vista del sujeto obligado a aguantar insoportables palizas verbales ¿qué otra salida mejor era que la de entretener el tiempo fantaseando? Fantasear es viajar, es salir del cuerpo carcelario y de los actos concretos del momento para poder imaginar cualquier otro asunto. Es hacer un viaje fantástico por el elenco de imposibles que los límites de la realidad hacen que ni siquiera se mencionen. Se puede fantasear prácticamente sobre todo: ser más alto, ser más rico, tener el compañero o la compañera más bellos, hacer los viajes más exóticos, hacer el amor cada día o hacer determinadas prácticas sexuales no practicadas con el cuerpo físico.

Fantasear, curiosamente, se convierte en una prerrogativa de la libertad personal cuando permite viajes a escenarios inventados por intangibles, impracticables e inconcretables que sean. La fantasía resultante de una decisión voluntaria construye situaciones eventuales que contribuyen a mantener los avatares de la vida material en tanto se le da una coexistencia.

No está descrita una patología segregada por la práctica abusiva del ejercicio mental fantástico. Parece más bien un alegato residual suponer que quien fantasea está menos dotado para el realismo que quien no lo hace. Cuando se trata de indagar en qué piensa o de qué imágenes se vale la gente cuando se masturba el indagador tropieza con un cierto pudor. Las respuestas son de tipo genérico. La espera de las frases termina por condicionar las respuestas. Confesar que se piensa en escenas de sado-maso o en sexo de grupo mientras se está haciendo el amor con la pareja no es una confesión fácil. Se prefiere pensar que en el juego sexual tan solo hay quien está presencialmente en él. Sin embargo la honestidad hace reconocer que se puede acudir a otras imágenes, no solo no presentes, si no además muchas de ellas que nunca se conocerán u otras sacadas del correlograma personal: unavecina,una amiga, el cuñado, el hermano,... Para la opinión que objete esto propongo el siguiente ejercicio: hacer el amor con o sin preparatorios previos, entendiendo por preparatorio el uso de videos-porno, fantasías, revistas o relatos erotizantes. Comprobará fácilmente que cuando concurre un preparatorio de este tipo el potencial de deseo aumenta considerablemente. Es secundario si las imágenes y escenas percibidas están vívidas o latentes, el caso es que incidirán en el acto sexual.

Las parejas más adelantadas introducen las referencias a sus ideaciones sexuales en el momento de sus prácticas sexuales.  Esto es anterior a la existencia de la tecnología moderna con soportes magnéticos. Históricamente las escenas eróticas han formado parte de las pinturas y las esculturas que rodeaban los encuentros de los hombres y las mujeres con sus gustos. Los espacios de encuentros y acoplamientos disponían de iconos y determinadas decoraciones que propiciaban la conexión

Podemos comparar la fantasía volitiva de la onírica inconsciente. Esta existe y sin embargo muchas veces no es memorizada. Aquella existe y generalmente no es confesada. Una relación sincera al completo las incluirá en sus referencias verbales en el protocolo amoroso cuando no hay ningun temor a su corte represivo. Cabe advertir que el recurso a lo fantástico no es ilimitado. Tras explorar todas las posibilidades imaginarias el potencial erotizante de ellas tenderá a decrecer a fuerza de sobreusarlas. Eso no hace sino remitir a un proceso de decaimiento general. También el desnudo erótico del streptease tenderá a perder potencia excitante y la desnudez del cuerpo deseado ira perdiendo función estimulativa en la  medida que el cuerpo receptivo se haya ido llenando de todo lo deseado. La fantasía es una operación mental del deseo que permite servirse de la hipótesis imaginaria cuando los límites de la realidad personal frustran la perspectiva de la escena real. La fantasía erótica quiere concretar el deseo con la belleza y sus oportunidades pero también hay un deseo opuesto, el del trueque de la belleza por la sabiduría. Alcibiades[1] coprotagonista en la tertulia de El banquete  de Platón donde le plantea a Sócrates un cambio de su juventud y belleza por su sabiduría a lo cual le replica que no le puede cambiar nada. En efecto la sabiduría no es una moneda de canje, no es un depósito trasvasable de mente a mente.

Si los deseos son múltiples las fantasías también lo son. El fantasma es un asunto completamente distinto. Es una construcción íntima de una convicción que no tiene nada que ver con la realidad. El fantasma es una obsesión. Es una figura psíquica que empaña todo el aparato y domina el sujeto, la fantasía es manipulada por el sujeto al gusto de su libido. El sujeto libre puede elegir un repertorio de fantasías como modos de concreción en imágenes de sus deseos. El sujeto no libre está condicionado por los fantasmas segregados por su inconsciente.


[1] . (450-Frigia 404) educado por su primo Pericles y alumno de Sócrates. Estratega y estadista. Luchó en Potidea donde salvó  la vida gracias a Sócrates salvándosela a él en otra parte. Fue democráta contra Nicias. Rompió la tregua con Espareta fue estratega de las costas del Peloponeso luego arrastró a Atenas a la desgraciada aventura siciliana (415).Luchó en varios bandos.

Lo profano y lo sagrado.

Escrito por jesusricartmorera 02-07-2007 en General. Comentarios (0)

 

Todo encuentro con lo mistérico no se hace al margen de lo profano. Los espacios  del rito, de la meditación, de la concentración congregacional o de la contemplación son otros tantos lugares de representación, de cita física con las formas, de performance. La oración va unida a la forma, al mantra a una sonoridad, la canción devocional a una rítmica reiterativa. El encuentro sagrado, propiamente dicho, no es el del rito compartido por los fieles de una confesión sino la interiorización mística que cada uno pueda hacer de su noción de lo divino. La solemnidad pedida en el interior de los templos, argumentada por la reverencia debida a la casa deífica, nos enfrenta a una primera contradicción: la de elegir un domus dei cuando lo divino totaliza las presencias y lugares. Las religiones están plagadas de predicados que se contradicen a cada momento. El veto de entrada de los no-musulmanes a las mezquitas del Islam antepone la infidelidad de los que no practican sus formas a la tesis de que todo es dios.

Si todo es dios también lo es quien no cree en esa interpretación deísta. Lo sagrado es una forma de nombrar lo innombrable. Lo profano es todo lo demás. Pero la invitación a lo sagrado pasa por lo profano. Desde las vestiduras sacerdotales a los cánticos religiosos todo es profanable. No hay nada del orden de la forma que no pueda serlo. El boato con el que se invisten los profesionales del rito no les quita que sigan limitados por sus cuerpos, sus  dimensiones corpóreas, sus obediencias a las leyes de la naturaleza fisiológica.

De la totalidad de espacios de los que podamos hacer inventario los específicamente religiosos no están exentos de contradicciones, dolor, suciedad, especulación y luchas por el poder. Los campos santificados para los cadáveres de católicos o las iglesias no son especialmente lugares más sagrados que  otros lugares proporcionados espontáneamente por la naturaleza. Donde sigue habiendo catedrales magníficas es en los reinos mineral y  vegetal. Las góticas han constituido un ejercicio de orgullo del humano pre-renacentista resuelto a salir de los oscuros rincones del románico. La elección misma de un lugar asignado para lo sagrado se rige por un criterio profano que contradice el mismo sentido de la totalidad. La humanidad ha  necesitado de recursos de contacto con el más allá: desde el oráculo al lugar de la ceremonia episódica, desde el altar de los sacrificios al lugar del sosiego. Un templo como espacio de concentración y silencio puede ser un buen sitio, desde el punto de vista material más utilitarista, para la calma. Los templos están por todas partes mientras que las cuevas de retiro no lo están tanto. No creo que haya ningún inconveniente en utilizarlos para encontrar un momento de calma y mantener contigo mismo una sesión de silencio. Los devotos de Guadalupe en México utilizan las iglesias para todo: incluidas las siestas.

Sus imágenes y su arquitectura pueden ser obviadas. Lo principal es el sosiego que proporcionan lo de menos sus zonas escasamente iluminadas, la distribución del espacio interno o incluso su belleza escultural. Dejé de ser católico con la crisis de adolescencia tras reconocer la estafa socio-cultural a la que me habían llevado mis instructores desde la infancia.  Nunca más me he visto empujado a reconsiderar la posibilidad de volver al catolicismo. Eso no me ha impedido visitar y usar, en la medida en que sus horarios restrictivos lo permiten, los templos en el curso de mis viajes. Una parte considerable de las visitas del viajero internacional se las sigue llevando el recorrido por los centros religiosos. Aparentemente tal avalancha puede ser interpretada como devocional. No es así, hay motivaciones artísticas para visitar los sitios e  indagatorias para explorarlos y estudiar  las formas adherentes a los ritos y al hecho congregacional. La solemnidad, es decir, el silencio en el que suelen estar les inviste de una función añadida. Cualquier espacio  definido como lugar sagrado es un sitio con unas coordenadas y características materiales muy concretas. En tanto que recurso material puede cumplir otras funciones distintas. En las primeras discusiones religiosas en lasque participé, nos preguntábamos qué hacer con las iglesias o como reciclarlas  tras  las revoluciones, en las que se supondría que las gentes se librarían de sus neurosis colectivas con la fe. Parecía claro que su conservación estaba fuera de toda duda como sedes asamblearias o de reuniones culturales. Era evidente que su destrucción no  facilitaría ninguna comprensión social además de ocasionar la pérdida de patrimonio histórico. Los actos vandálicos en los que participaran ácratas españoles en destrucciones de conventos no tuvieron ninguna razón de ser para la revolución que pretendían. Hubiera habido más carga simbólica en el intento de superación de las religiones devolviendo los espacios religiosos al control de la sociedad.

La división de lo profano y lo sagrado es del todo artificial. Obedece a los intereses del gremio profesional que se adueña de las instalaciones de las que excluye a los que no pertenecen a su confesión. Lo sagrado no tiene nada que ver con el rito ni con el lugar donde éste su ubica. Todavía ahora hay algún párroco disidente con una visión distinta de la praxis  de la caridad y de la trascendencia, que ha sido  excluido por su superior eclesial viéndose  obligado a hacer sus ritos en un espacio abierto fuera de su parroquia. No hay religión que no  tenga  sus disidencias y  sobre todo, sus luchas intestinas por el poder. La religión se ha  apoderado de lo sagrado y sus profesionales gremiales son los que determinan lo que es y lo que no es sagrado. A fuerza de utilizar un lenguaje altamente ambiguo e incomprensible generan una adhesión acrítica más concentrada en el sentir y lo intuicional que no en la comprobación y el viaje por la verdad. En el campo de lo profano, la realidad en su conjunto, lo sagrado queda muy lejos de lo que las  religiones explotan bajo su denominación. De lo que entiende la sociedad es  de lo que ve y comprueba en lo que hacen pastores y administradores de templos. Por encima de lo que pueda decir cada ministro o imán, la atención de su vecindad se centrará en lo que hace, en su consecuencia en los actos o no. Desafortunadamente la necesidad de amparo (una demanda neurótica masificada) es tan masificada que desde el punto de vista del fiel a una idea se tiende a disculpar todo decir y hacer de los profesionales de la religión con tal de que sigan manteniendo abiertos los templos de plegaria y la acogida y sobre todo la garantía del paraíso. El absurdo es total cuando para el rezo se acude a una imagen y luego se vive sin el menor respeto a los demás y al planeta. Es así que la religión hace de coartada y el vínculo con los ritos sagrados hace de alelamiento para no plantearse cambios personales. La explicación de fondo del por qué las religiones siguen existiendo en todo el orbe conocido es porque no son realmente exigentes en la transformación de lo personal, antes bien disculpan todo tipo de personalidad porque todo es perdonable.

Ante el templo privatizado para un determinado credo de una confesión en concreto caben dos consideraciones: una, ponerlo al servicio de todos, seglarizandolo y multiculturalizándolo, otra socializándolo fuera del control de cada. Se viene hablando desde hace tiempo del poder de la iglesia pero no hay nadie en los modelos parlamentarios que se plantee la recuperación de sus bienes y su paso al poder civil. Esa forma particular de profanación del patrimonio eclesial proporcionaría la posibilidad histórica de su función pendiente de ser patrimonio de todos.