FLUENCIA TRANSCULTURAL

Peleas domésticas.

Escrito por jesusricartmorera 29-11-2007 en General. Comentarios (0)

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La pelea doméstica denomina la expresión del conflicto verbal de una pareja o unos convivientes que comparten un espacio común. La experiencia de confrontación de pareceres en temas de la vida ordinaria es lo más connatural al mismo hecho de la relación. Cuanta más intensa es la convivencia a full time más posibilidades concurren para la diferenciación de estilos y maneras. Un asunto es quererse y otro muy distinto parecerse en todo. En la medida en que la convivencia es más cuantitativa los espacios personales de cada uno se reducen. En la relación consolidada del día  a día los convivientes reparten su tiempo en otros muchos lugares fuera del espacio convivencial. Eso da una oportunidad para la distancia y el descanso mutuo.  La misma relación durante un viaje tiende a hacer  desaparecer los espacios individuales para intensificar el contacto llevándolo en ocasiones a la asfixia. Eso puede crear estados emocionales deplorables y productos verbales  con efectos lesivos y faltas de respeto. Ante el reconocimiento de una tensión creciente y de un estallido inminente lo más razonable es la moderación. Eso significa contenerse, por tanto auto reprimirse, por tanto dejar en un estado de espera unos contenidos que es mejor silenciar. La pelea doméstica cumple un servicio catártico y sirve para flexibilizar la adaptación adaptándose cada parte mutuamente  pero también destapa la caja de los truenos personales y puede revelar las partes menos agradables de la personalidad de cada cual. Si el matrimonio, en tanto que institución, institucionaliza también un campo de conflicto, la casa compartida (más específicamente el apartamento como lugar donde apartarse de la sociedad) puede llegar a representar físicamente el escenario de la desavenencia.

El espacio doméstico organiza y coordina un conjunto de sub-espacios los cuales tienen de un lado una función específica que la tradición arquitectural asigna  y de otro se revisten de un carácter simbólico. La cocina: lugar de preparativos para la comida; el cuarto de baño como reservado para la higiene; el dormitorio lugar de descanso; el patio lugar de contacto con el exterior, el vestíbulo como espacio de espera y distribuidor, el salón lugar de relax y conversaciones, reuniones o visitas o el balcón /terraza lugar de vistas. Los estilos domésticos son múltiples y la historia del cobijo humano demuestra que la diferenciación de los  sub-espacios se ha ido dando según la cultura ha ido cambiando  pasando de la choza o el micro lugar al sentido de casa con suelo propio y la división de su interioridad determinada por los componentes de la familia. La modernidad y las nuevas familias mono parentales además de las personas que eligen vivir solas vuelve a instaurar el espacio privado de mínimos suficientes en lugar de la gran casa cuya infraestructura y mantenimiento exigen una dedicación y coste superiores. La ubicación geográfica donde se vive y el tipo de casa que se tiene son indicados incuestionables de estatus social. Los famosos se van a vivir a no sé que lugar de Beverly Hills y los linajes obreros siguen hipotecándose por pisos minúsculos donde la expansión personal es discutible. Por ahora no hay noticias  acerca de que para dormir la gente tenga que estirar y sacar  sus piernas por las ventanas (aunque los japoneses ya ofrecen hoteles con  nichos-cama para transeúntes para pasar una noche) pero lo cierto es que la noción de apartamento dentro del bloque de pisos ha ido desde el principio en contra de la noción de casa y de hogar en el sentido clásico de la palabra.  Estrictamente al  referirnos a casa cuando estamos hablando del apartamento en el que vivimos cometemos una imprudencia definicional. Expresamos el deseo de un concepto cuando la realidad es que su denominación específica lo traiciona. La casa era el lugar anclado en el suelo con techo propio y un cierto espacio alrededor. La casa adosada acabó con eso pero mantenía al menos un espacio interior ajardinado. La falta de espacio también acabó con eso. Luego llegaron los niveles, uno sobre otro, habitados por vecinos que a la larga terminarían por tener la denominación de desconocidos. El espacio doméstico de privacía ha variado a lo largo de los tiempos en función del propio espacio general a compartir en un asentamiento o en una ciudad. El hacinamiento humano ya  existía antes del capitalismo más feroz y una de las paradojas de la modernidad con la minusculización de la vida humana es que en un mismo bloque de viviendas cientos de personas pueden estar siguiendo hábitos parecidos o estandarizados cada cual en su cubículo.  Las ventanas indiscretas de todos ellos darían cuenta de las diferentes personalidades con el común denominador de los límites tanto del mismo espacio como la de la expresión comunicativa.

La pelea doméstica está directamente conectada al territorio. Desde el momento en que el hábitat es un territorio compartido, la negociación para hacerlo practicable entre dos o más (en principio la noción de familia implicaba al menos uno más, como resultado del apareamiento) es absolutamente necesaria. La pelea sitúa la verdad entre ellos de los convivientes, compañeros o cónyuges. Es lo que permite –si de ella se desprenden las lecciones oportunas- una relación resituada, descargada  de demonios, con margen suficiente para enfrentar a los demonios internos. Es mejor darse permiso para una pelea que callarlo todo y  dar por supuesta un consenso y una felicidad totalmente falsos. Pero las lecciones de las peleas no llevan siempre a conclusiones vinculantes. Cuando un año tras otro se repiten inercias antes discutidas y cuando las diferencias personales son tales que el amor inicial se resiente habrá que reconocer que tras una de esas peleas se ponga fin a una relación incluso de muchos años. ¿Por qué los convivientes siguen unidos una década y otra a pesar de haberse reconocido en muchas de sus discusiones que son completamente distintos y que no van a cambiar aunque se quieren? ¿Es el amor lo que explica esa continuidad convivencial o la falta de alternativa a ella? Una separación suele cursar con un coste psíquico –también económico- considerable además de emplazar a una reorganización de lo personal en el sentido más material además del más emocional. Además, está la cultura que aun sigue castigando de alguna manera la os divorciados sin justificaciones públicamente suficientes. Esa misma cultura no entiende que una persona a lo largo de su vida tenga muchas relaciones bipersonales o muchos compromisos matrimoniales. Ese ha sido un asunto del que ha chupado mucho la prensa manchada de rosa que ha venido tirando del filón de los famosos. Ellos se lo pueden –o podían- permitir, la mayoría de gente no. Una pareja es, (más bien, era) para toda la vida y a lo sumo cabía una segunda alternativa para rehacer –se decía- la vida personal. Las neo-generaciones no cambian al menos el concepto. Si eres mía/mío no eres ni puedes ser de otro/otra. El amor sigue montándose sobre un principio de posesión mutua. Así no se llega muy lejos, antes bien a los preparativos de los conflictos de rivalidad. Pero al menso en la actualidad la gente se atreve a disolver su relación convivencial si no les funciona. De hecho la convivencia fijada como proyecto a no compartir con otros es lo que está en cuestión. A su lado el concepto clásico de familia sigue fracasando. Ya estaba anunciado. Las familias que fallan y los nuevos diseños de familia que tratan de ponerse a salvo de su tradición, más clásica no dejan de fallar. Lo privado termina por explotar. No es ya una cuestión elemental de celotipias, una parte de los problemas relacionales tienen que ver con la transformación de la convivencia en algo duro de llevar.  En el cuarto de baño  propio o de la casa de los amigos que visitas se pueden colgar las pautas explicadas por Bucay en como debe funcionar el amor y decirte: ¡mira qué bien, esta pareja lo tiene muy claro! y al poco tiempo enterarte que se ha separado para siempre. No hay fórmulas ni recetas mágicas para la relación, Ni siquiera la observación externa puede tomar cartas en el asunto y presumir de hacer una intervención terapéutica adecuada. El conflicto es inherente a la relación humana y la pelea doméstica es una de las múltiples formas con que se expresa. Establecidas y aclaradas las posiciones solo queda encontrar la estrategia relajadas suficientemente útil para vivir los años o décadas que quedan sin tratar de cambiar al otro. Esto suena bien pero en la práctica la reacción crítica ante una conducta que no gusta no surge como cruzada pedagógica sino como sinceridad emocional. La dulzura o la delicadeza obligan muchas veces a callar aun no aceptando la escena en la que se está de convidado de piedra. Pero luego la tensión que no es escenificada se vuelve contra las propias vísceras y el intelecto. Es el momento psíquico en que la energia se distribuye entre el decir con el riesgo de incrementar elementos para la confrontación o callar e incrementarlos para la autolesión. Las parejas supervivientes de sus propias tensiones aprenden más a escuchar y callar que no a intervenir y manifestarse. Hay parejas para toda la vida (el amor es una cosa distinta), parejas que incluso se nutren del recuerdo de sus viejos tiempos, parejas que se conocen al detalle lo que son, y que han dejado de cuestionarse la cosas, les basta con el aprendizaje de saber aguantarse. Aguantar es un verbo distinto a sostener y muy distinto al de comprender o querer. Un estudio estadístico interesante de parejas convivenciales, hetero y monosexuales, sería el de establecer dentro de una escala de valores sobre la continuidad relacional  el que, específicamente, pesa más. La concordia o la entente vienen a sustituir el amor o la pasión, las caricias ligeras al sexo intenso, los temas fragmentarios a las conversaciones en profundidad, y las zonas tabúes de habla a los deseos de la comprensión universal. Seguramente los gérmenes de diferencias personales  en una relación existen al principio de ello sino en el primer mes si en el primer año. 20 o 30 años después confirman las sospechas o hipótesis que se tenían veinte o treinta años antes. Las razones de separación que esgrimen parejas que llevan muchos años juntas es que se han cansado de vivir lo mismo sin excitantes existenciales que vengan a sacarles del atolladero. En cuanto a los motivos concretos para optar por terminar con la convivencialidad pueden perfectamente haber estado en la mente de quien toma la iniciativa durante toda la singladura de la relación. Posiblemente el amor como proceso psicoquímico etéreo lleva tiempo desaparecido y su sustituto ha sido el de la ternura, la sensibilidad y el amparo binomial. Ese mismo estudio propuesto averiguaría el porcentaje de personas emparejadas que viven juntas por terror a regresar a la soledad  además de las que siguen unidas  -como cualquier otra empresa asociada- por necesidades instrumentales.

La pelea doméstica ordinaria queda lejos de todo esto pero si se desarrolla en unos términos verbales duros y va más allá de las diferencias propiamente convivenciales con respecto al reparto de tareas o mantenimiento de la casa entrando en las cuestiones ideológicas de un lado y tratos relacionales con terceros puede ir minando la propia relación. Es difícil que esta se rompa por abusos internos cuando uno trabaja más que el otro en la organización interna  pero no lo es tanto que se rompa por injerencias externas de una u otra familia política. La supervivencia de una pareja es tanto más segura cuanto menos permite injerencias externas (de amigos bien intencionados o de familiares protectores) y más se basa en su verdad y su autoanálisis para llegar a las conclusiones convenientes y reparaciones emocionales necesarias. El amor es la energia primera a la que se acude ya que lo cura todo. De eso tampoco se puede hacer una leyenda fundamentalista. El amor es crucial pero no lo es todo. El amor no puede justificar actos no éticos en la persona querida. El amor, finalmente, enfrenta al enamorado con sus propios principios y conciencia de la vida.

Las peleas domésticas en realidad mantienen en estado micro diferencias que están entre bastidores. No se pueden coartar pero tampoco es demasiado gratificante convertirlas en actos repetidos. Su reiteración hace sospechar que tras las diferencias de comportamiento por un asunto concreto, generalmente de orden menor, se esconde una incompatibilidad mayor, que a antes o despues puede ser causante de una nueva separación. El dolo de tal perspectiva la lleva a ser demorada todo lo que puede. El desamor todavía es un concepto que se presiente como algo trágico. En realidad una nueva cultura de la libertad debería indicar -para que desde una edad prepuberal estuviera claro- que la sentimentalidad, como todo en la naturaleza-, es diversa y plural y que la lógica de las relaciones personales lleva no a uno sino a múltiples acuerdos binomiales e, incluso, no a un solo espacio convivencial sino a más de uno. La familia ha fracaso como concepto y como espacio estanco que impide la evolución de sus partes. Si bien es necesaria en la época del crecimiento se convierte en un lugar de control en la edad de la expansión.  La familia como reproductora de valores caducos (entre ellos el sexismo y el machismo) es entre otros una de las causales de la violencia de género en la edad adulta de sus hijos. Su fracaso es tal que la razón fundamental por la que se sigue defendiendo es porque es  una empresa funcional y de control. El estado delega en los padres el control de los hijos. Una visión diametralmente opuesta en la preparación para la vida adulta, en lugar de contemplar la perspectiva de una asociación para siempre  podría contemplar el acuerdo eventual o la disociación permanente como medidas profilácticas a favor de la libertad personal y del yo soberano. Cuando el  amor plural  -como criterio sentimental relacional -empiece a ser dominante la humanidad se evitará una enorme cantidad de problemas derivados de formas colisionantes de ocupación del territorio, siendo que este se extiende a la topografía corporal del partner.

Hay una parte de peleas domésticas que se organizan en torno a detalles convivenciales y materiales pero que expresan en el fondo una disintonía con los conceptos y manera de ser del otro. Algunas de las discusiones por algo concreto en realidad no tienen nada que ver con el tema y son un pretexto para descargar una furia generada por otros asuntos y en otros momentos.

El armisticio termina por ser necesario y las partes de una pareja necesitan funcionar en paz si quieren funcionar tanto entre ellos como en todo lo demás. No se puede ir a la jungla del mundo (o a la guerra del todos contra todos del leviatán) con  otra guerra en casa cuyo frente se reabre cada dos por tres. Cada contrincante debe medir hasta donde llevar sus palabras en su pelea. La discusión de salón o dormitorio deja lejos el cajón de los cuchillos y a salvo la integridad física de los (enamorados aún) que se discuten. (Aquella se mantiene dentro de la civilidad ésta es injustificable. Solo llega al lenguaje de la violencia quien no tiene inteligencia para el lenguaje verbal). Pero en esa medición puede estar jugándose su castración si deja de decir sus verdades aceptando la imposición dominante de las del otro. Son las peleas y lo que se dice uno de los escenarios que más pone a prueba lo esencial de una historia de pareja. Cuando se banaliza tal fenómeno arguyendo que todas las parejas se discuten se olvida que la ética personal de cada uno cuando más se pone a prueba es en estos momentos y que determinadas posturas que rugen pueden llegar a ser imperdonables para siempre. La pelea, pues, es inevitable pero aun manteniéndola dentro de la suavidad de voz y el sosiego comunicativo tiene el potencial escandaloso de antagonización si pone en evidencia que dos seres completamente distintos decidieron un día ponerse a vivir juntos porque se querían sin sospechar lo muy distintos que eran.

 

Sólo Texto.

Escrito por jesusricartmorera 28-11-2007 en General. Comentarios (0)
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La alta estimulación de los sentidos por los inputs  audiovisuales ha ido arrinconado el poder del texto disertativo. En el Medioevo, cuando la cultura letrada no tenía la competencia de otros soportes comunicativos, los libros eran legajos de letras apretadas. Lentamente la caligrafía artística introducía notas de color entre densas escrituras. Con la imprenta se incorporaría la ilustración y desde entonces el espacio gráfico para comunicar ha ideo experimentando una sucesiva perdida de terreno el texto único para conjuntarlo con las imágenes que lo acompañen. La defensa de la imagen es tal que a  veces pasa que el texto deja de ocupar el lugar prioritario  para ser un agregado a lo fotográfico. Hay revistas donde las imágenes y sus tonos de color son tales que solapan la nitidez de las palabras del artículo con el que comparten páginas. (Escribo para una de ellas). El texto escrito sufre una desvaloración creciente frente al apogeo de los productos visuales o acústicos de más fácil consumo. Lo cual coloca a los consumidores en la categoría de la superficialidad. Al mismo tiempo el alma esencial del encuentro humano sigue pasando por el texto, en tanto que palabra hablada. En las conversaciones, debates, coloquios y todo tipo de escenarios hablados (la gente sigue reuniéndose para platicar) y en tales encuentros quien sabe más suele ser quien se ha documentado más. No me refiero a quien habla más sino a quien, diciendo mucho o poco, lo que dice tiene más sentido o más riqueza argumental. La paradoja de los no-lectores de textos es que tarde o temprano necesitan nutrirse y escuchar a quien no ha perdido la conexión con los sí-lectores de aquellos. Eso se puede comprobar con facilidad y, todo hay que lo, se siguen editando periódicos y libros; además,  las bibliotecas no dejan de tener visitantes dedicados a lecturas de sus fondos bibliográficos. La morfología de los periódicos ha ido variando saltando de enormes página-sabana de letras apelmazadas a formatos más pequeños con más zonas dedicadas al gran titular y a la foto. El lector de periódicos y revistas también ha ido variando: de ser un devoto de varias horas seguidas a su lectura a un ojeador. La prensa gratuita cuyo tamaño la hace simplificadora de necesidad viene consolidando el desarrollo de ese ciclo en que interesa el consumo de noticias cortas y con relativa rapidez para ser comentados in situ o al poco rato. La sociedad de la información convierte a su ciudadanía en propagadora de la simpleza. El texto sobrevive como puede y los libros de ensayo siguen editándose, aún para minorías. Posiblemente las fórmulas si no mágicas estupendas para conocer las claves de la felicidad están publicadas pero forman parte del submundo de las ideas en las que la mayoría prefiere no bucear. El psiquismo humano dominante prefiere inventarse hechos que estudiarlos, decidir resultados de experiencias antes de hacerlas, aplicar calificativos a personas aún sin tratarlas, colocarse en contra o a favor de las opiniones de alguien sin averiguarlas y descartar un texto por su longitud en lugar de por su contenido. Quienes escribimos textos y además nos permitimos hacer de la elaboración una espontaneidad disertativa bien lo sabemos. Por otra parte no todos los textos son interesantes ni merece la pena ser leídos. El escritor probablemente es más estricto que nadie en este punto no dando la oportunidad a un articulo ajeno para su lectura tan pronto se va de tema o lleva la atención hacia generalidades o a habitar indefinidamente en le reino de la estereotipia. Hay textos de autor de extensión fija por razones de espacio del soporte y por la cantidad de palabras –o centimetraje cuadrado- pactado cuyo solo formato  una semana y la siguiente, y así sucesivamente, por años en el mismo semanario me pone sobre aviso. La convicción de tener un público fiel o que hace un seguimiento de los artículos semanales puede alterar el posicionamiento de autor. Lo he experimentado con Maruja Torres en EPS, cuya vivacidad articulista es envidiable, no diré lo mismo como novelista, pero cuya originalidad elaborativa es incomparablemente menor. Entiendo que cuando un autor establece un débito con su lector de una forma tácita termina por dirigirse a ese apartándose de una metodología creativa. De alguna manera el escritor debe prescindir de su lector si quiere mantener su libertad creativa. De otro modo termina por ser el escriba al mejor postor (siempre hay un editor que interpreta las necesidades del mercado de la lectura y dice sobre lo qué escribir o cómo titularlo). El hecho de tener una sección asegurada de comentarios puede llevar a la diletancia y al merodeo si lo que vende de un autor es ya más su nombre de marco que no su decir  renovado. Confieso que hay artículos de articulistas afamados a quienes aprecio de los que no puedo pasar de los primeros párrafos dados unos contenidos que me meten en una gramática inoperante. Otras veces no paso de la frase remarcada que hace el periódico que se supone que es de las más esenciales contenidas en el texto. Tengo mis dudas que quien hace estos resaltados se lo haya leído entero porque a veces son disuasorios antes que determinantes para seguir y terminar con la lectura propuesta. He pasado por esa experiencia con los artículos de última página del mismo magazine de El país Semanal con Julian Marías.

El solo texto lucha contra el cansancio de entrada del lector anónimo que ante mil o dos mil palabras por delante le sobreviene el desasosiego cuando no una crisis de embotamiento repentino. Sabiéndolo, los grandes autores de hoy, a juzgar por el consumo de masas que se hace de ellos, son los productores de eslóganes, entiéndase de titulares. El libro es para los exploradores de literaturas que no pierden el tiempo en debates descafeinados televisados o en tertulias interminables que se empantanan todavía en Sócrates y Platón desconectándose deliberadamente de la enseñanza socrática aplicada para el presente. El libro, en su fase actual a punto de reliquia museística, es, por definición, sólo texto. Los editores conscientes de que la sola letra era más difícil de colocar pasaron al ataque con la ilustración. Esta lo encarece y lo desvirtúa parcialmente. Su función complementaria deja de ser tal cuando se convierte en el motivo central del soporte relegando el texto a una grafía en la que no se entra en detalle. No todo el mundo tiene tiempo o capacidad  personal para entrar en una disertación. De hecho, este criterio lo adopta quien tiene una fuerte resolución para la formación autodidacta. El llamamiento a la lectura des de el solo texto necesita una buena dosis de entusiasmo tanto pro parte de quien lo escribe como de quien lo lee. La vida diaria se llena de prácticas rutinarias y de conversaciones estandarizadas entre las que no se encuentra un rato para dedicarlo a la lectura. Dejarse vencer por el mecanicismo cotidiano y  no tener el criterio diario de tener un tiempo reservado para la lectura es el principio del fin de la potencialidad intelectual de un sujeto. La lectura de texto a la larga puede ocasionar efectos colaterales indeseables como la presbicia y la necesidad de usar gafas pero sus goces bien pueden compensar ese y otros déficits. Leer es uno de los recursos de la vida que permite vivir intelectivamente lo que no se tiene a mano físicamente. Las razones que apoyan hacerlo son múltiples pero la desidia para no hacerlo acaba venciendo. Cualquier prefiere darse a conocer aún antes detener una formación básica previa con su micro video o con su corto cinematográfico. No importa si el guion que emplee sea una ordinariez absoluta (“nunca creí que sería capaz de hacerme eso, yo no te lo hubiera hecho” le dice el cowboy a su chica cuando la encuentra  espatarrada en la cama dejándose acariciar por otro hombre) o no haya ningún mensaje potencial útil. Con tal de divulgar el careto todo lo demás no cuenta.

Las tecnologías de la imagen no paran de envolvernos  y el tiempo para las lecturas, mucho más para los apuntes y las reflexiones, es escaso. El servo automatismo existencial va acabando con ellas. Afortunadamente una parte de la población, los autoelegidos (si se me permite esta irónica denominación) valoran la cultura de las profundidades, la analiticidad dato a dato, la letra pequeña de los eventos, la confidencialidad de la teoría y en definitiva los secretos de la sociedad y de la vida. En mi vida relacional e intelectual me he llevado sorpresas curiosísimas: la de profesores universitarios que no leen o no conocen autores clave; la de maestros de escuela que, esgrimiendo su síndrome de saturación, no quieren saber ya nada más de ningún tema, la de prologuistas que te recomiendan que en un libro de poemas (la poesía suele ocupar la menor cantidad de espacio contenido en la página de una libro) acompañes cada título con una foto, la de estudiantes solo preocupados por lo que entra en examen o la de lectores –incluso- únicamente de narrativa acorazados en contra de todo lo ensayístico. Hay lo que hay y es científico reconocerlo tal cual es.

Ese reconocimiento de las dificultades que experimenta el solo texto no impedirá que siga prevaleciendo en determinados circuitos lo mismo que la  palabra oral discursiva. La palabra desarrollada seguirá siendo la depositaria más precisa de las verdades últimas intrínsecas del ser humano mientras sobreviva como especie. Se hace difícil pensar que la telepatía funcional pueda superarla en especificidad y precisión aunque esta se potencie y sea útil para mensajes básicos.

Mientras haya temas que desarrollar y cosas que pensar el texto seguirá siendo una necesidad intelectual insubstituible. Tratar de amenizarlo con videos o fotos fijas o bandas musicales en el fondo es un chantaje que se hace a los sentidos del receptor  para que admita entrar y decir atención a la lectura con todas sus consecuencias. Personalmente me siento algo estúpido cada vez que subo una foto para acompañarlo de uno de mis artículos –criterio que he incorporado reciente y que trataré de sistematizar-. Sin duda un texto acompañado de una foto queda vialmente mas identificado, antes el título bastaba para personalizarlo. Lo cierto es que tardo un precioso tiempo en la inserción de una foto que lo quito del sol o texto. El detalle ejemplifica una especie de rendición ante la imagen. Si lo hablado siempre estuvo contextuado en el look del hablante, lo escrito también es juzgado por las imágenes que lleva. Un error, evidentemente pero  sus victimas conscientes seguiremos insistiendo con la decisión del mensaje puro.

La polémica acerca del valor superior o inferior de la imagen no está cerrada del todo.

Hay posiciones a su favor y posiciones en contra. Desde la psicolingüística es pensable que unas pocas palabras pueden multiplicar imágenes mentales mientras que desde la documentación gráfica se pensará que una imagen es suficiente por sí misma y hace superfluas las palabras. No tengo prisa por dominar los recursos que me permitan instalar videos en el you tube a los que enlazar desde los textos. Hacerlos trasladando speechs breves  al video tampoco suplantará la necesidad del solo texto. Otro asunto es que este se tenga que buscar en lupa en los lugares más marginados y gozar en secreto.

Activismo Solidario

Escrito por jesusricartmorera 26-11-2007 en General. Comentarios (0)

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Activismo Solidario y Autocompensación Personal.

El entusiasmo por la organización de proyectos  reporta una excitación psicoemocional cuyo primer beneficiario es el activista.  Tomando la figura luchadora en sí misma la  instancia por la que termina luchando es por su supervivencia de rol en el mundo. La lucha por los demás nace como un proceso reactivo a un deplorable panorama de miserias e injusticias. Luego, en la medida que se va asentando como forma de vida personal y compromiso ideológico, el luchador termina por confundir sus papeles entre la lucha por su auto perpetuación como tal y la del objeto social de su dedicación.  Ante el abanico de posturas conductuales en la extensísima gama de compromisos por cambiar el mundo no se puede dejar de estudiar las recurrencias, en el seno de las organizaciones,  de los tics y atributos de ese mundo al que se quiere cambiar. Los Sindicatos ya cayeron en el economicismo,  los Partidos Políticos se organizaron en torno a estructuras rígidas piramidales y las Ongs actúan en tanto en cuanto adoptan un perfil empresarial. La impresionante eclosión de éstas y los millones de personas que colaboran/colaboramos con ellas, en distinta cuota de compromiso,  nos hace asistir a un fenómeno sociológico, que si bien no es nuevo, ha desbordado totalmente las previsiones iniciales.  Pensemos en un supuesto que jamás se cumplirá pero que alguien podría novelarlo desde la ficción: tomemos los millones de voluntarios oenegeros con sus ideas claras sobre solidaridad humana, justicia e igualdad social, ubiquémoslos en un territorio donde haya recursos de explotación para poder vivir con el compromiso de hacer una sociedad nueva. Vayamos al cabo de unos años y hagamos un re-test. Nos encontraremos con una sociedad tan rota como la que hayan dejado atrás. Eso no sucederá nunca aunque hay precedentes de tentativas icarianas que no llevaron ni total ni parcialmente sus ideas fundamentales a término aunque pudieran quedar muescas de sus deseos. Eso ya pasó en Philadelphia/Pensylvannia. Eso hace pensar que el juego social genera confrontaciones que tienen una deriva a enfrentamientos, no siempre reconciliables, colocando las bases para nuevas hornadas de desigualdades, peleas, destrucciones y clases sociales. El nudo central de la utopía es cuestionar que esto sea una determinante antropológica de las que el ser humano no pueda librarse nunca. No pocos apostamos por ella como  una instancia teorética aunque hemos de reconocer en el campo concreto que mientras con una mano se está luchando por un futuro ideal con la otra se esta consolidando una posición  material segura dentro de un estilo de pasado despreciable. Somos seres humanos, contradictorios y mezquinos, y parece que con esto lo decimos todo. No, con esto no queda dicho todo. El valor de una persona no es solo la de sus actos, también está en la de sus no-actos. A veces no hacer es hacer más a favor de una causa que haciéndolo.

El fenómeno de la cooperación internacional desde la sociedad civil viene a hacer lo que los estados no hacen a pesar de estar comprometidos a ello. Ya esta bien que con el 0,7% del PIB de un país se pongan en marcha proyectos de recuperación de áreas devastadas del planeta. Pero mientras esta es una colaboración social subsistencial, la lucha anticapitalista pasa por impedir que ningún porcentaje de este mismo producto interior bruto tenga que estar manchado con los negocios de las armas o con los negocios anti ecológicos, tras los cuales se esconde la doble causa de las mayores mortandades planetarias. La lucha por el desarrollo en el tercermundismo ocasiona una paradoja: dar las espaldas a los problemas  primermundistas, tanto por las bolsas de pobreza crecientes en sus ciudades punta como por el imperio de sus valores utilitaristas y mercantilistas.

Las Ongs, en tanto que empresas dedicadas a la solidaridad (un sector del mercado de inversiones que mueve considerables sumas de capital), funcionan con un estudiado paralelismo al de cualesquiera otras empresas con ramificaciones en el extranjero y con intereses concretos. Si bien una empresa clásica pretende el lucro de quienes la montan, la ONG es una empresa de nuevo cuño que su objetivo es dedicar los beneficios a la zona y temas parcelados para su atención. La solidaridad es un mercado creciente y hay que decirlo con esta palabra. Ciertamente salva vidas, levanta escuelas, orfanatos, casas de acogida; reparte medicinas y en general recicla material sobrante de los países ricos para que sea aprovechado por los países pobres. ¡Qué mejor que una reutilización directa de productos: vehículos, ordenadores, ropa, alimentos que no un reciclaje por sus componentes y piezas sueltas! Esa actividad tiene el visto bueno social pero la reflexión sería mediocre si se quedara solo en ella. Además del pescado hay que evaluar el estado de las cañas o de las redes y la dedicación de sus pescadores. No hay que olvidar que las zonas depauperadas del planeta deben su actualidad todavía a un pasado colonialista de los blancos que fueron a imponer sus ritmos, sus normas y sus imperios. Aquel colonialismo  pre y decimonónico dio paso a otras formas de ocupación de los mercados sin que unos estilos made in Usa y made in UE hayan desaparecido. Actualmente la palabra nos es útil para denominar un neocolonialismo solidario. Sus resultados no se hacen esperar: se higienizan zonas, se salvan vidas, se reconstruyen lugares devastados, se levantan nuevas fuentes energéticas, se generan lazos de devoción permanentes e indestructibles por la vía de la ayuda. Estos registros son altamente satisfactorios para las zonas pero también para los cooperantes: tienen causas justas a las que dedicar sus biografías. Ya que los estados nativos ni los extranjeros resuelven los problemas cruciales, a veces contra las epidemias y la subsistencia elemental, lo justo es intervenir para ayudar y salvar situaciones. Eso crea un estilo de hacer cosas y una satisfacción personal inigualable. Un cooperante puede concentrar el perfil en una sola pieza de Sta Clous-Reyes Magos de Oriente y Aladino en un mismo pack. Otra cosa es que su intervención sea efectiva para dar las herramientas para la soberanía personal de sus asistidos. El mismo método nos toca aplicar en nuestras realidades autóctonas en nuestras zonas origen o de residencia. El trato con la marginación social y con el cuatrimundo da cuenta de unos subproductos y subculturales del sistema del capital que éste  no puede evitar y cuyos paliativos no hace más que engrandecerlo. La intervención en cualquier sujeto y área depauperados pasa por instrumentar recursos autónomos que les permitan salir del atolladero y auto gestionar sus recursos para finalmente autofinanciarse. Eso el estado no lo hace. (Es desde el despacho particular o de la agencia privada de intervención que se establece la dialéctica a favor del yo autónomo.) Las Ongs tampoco. Siempre encuentran zonas en las que invertir en solidaridad, proyectos pensados desde fuera, lo mismo que los canales de Suez o de Panamá fueron pensados desde afuera. Invertir en solidaridad significa llevar un montón de productos pagados por un descomunal movimiento solidario de particulares con sus aportaciones regulares o espontáneas además de los presupuestos para la subvención que están previstos por las múltiples administraciones.  El hermano solidario dice al pequeño hermano envuelto de moscas y pústulas lo que debe hacer para tener una calidad de vida. Hasta aquí el gesto es impecable, deja de serlo cuando involuntariamente inocula en sus zonas auxiliares los principios del capitalismo, que es la sociedad de su pertenencia. La ayuda llega con sesgos desde el principio. Los invasores españoles en el continente americano sur diezmaron la población llevando hasta allí la gripe y enfermedades venéreas. Toda Latinoamérica todavía esta pagando la intervención nada civilizada de culturas armadas superiores que la colonizaron. El movimiento oenegero actual también transpola, aunque esta no sea su intención, los valores de funcionamiento de la sociedad capitalista. En otro supuesto imaginario: el de igualar el nivel de vida de los países africanos y asiáticos aun no de economía emergente a los niveles europeos y norteamericanos y de los otros países punta como Japón, China ya empieza a serlo también; lo más que es esperable con la ideología de esas ayudas es reproducir una sociedad a semejanza de la que se esta enviando toda la ayuda: un capitalismo salvaje de voracidad incontenible en el que  lo que menos importa son los valores humanos.  La segunda paradoja de la ayuda en acción es la de que la solidaridad se puede convertir potencialmente en un revulsivo en contra de ella como concepto.

Hay una tercera curiosidad del movimiento solidario de los países ricos: después de tantas décadas de práctica creciente, de aparición de nuevas organizaciones y nuevas siglas, de aumento de capitales, de asociacionismo múltiple, de coordinadoras y congresos; la dinámica de parcelación de cada una por separado le hace perder de vista el fin último de la lucha social. La intervención en una lucha y un tema particular entra en colisión con otras luchas particulares sin compartir una perspectiva común de alternativa al sistema. Lo que ya viene ocurriendo dentro del movimiento social en cuanto a la profunda escisión que hay entre acciones reivindicativas sectoriales; entre el obrerismo y el ecologismo, o el feminismo y el igualitarismo, también seguirá ocurriendo dentro de Ongs que entran en relaciones de competencia mutua para obtener la mayor parte de tajada de la financiación y poner en marcha lo que sea con tal de mantenerse en el candelero. El paralelismo entre las pyme y las coordinadoras oenegeras salta a la vista.

Todo esto no quita el valor concreto de cada acción concreta. Detener una epidemia, salvar la vida a alguien o luchar por sus derechos son actividades dignas en quien las hace. Son mas dignas si no pierde la consciencia que junto a ellas puede propagar involuntariamente la ideología atroz que está detrás en la responsabilidad de los crímenes de un sistema mundial.

Subjetivamente quien presta una colaboración financiera o activa, desde sus cuarteles forrados en su país, donde tiene una buena posición adquisitiva, está pagando simbólicamente  la cuota de sus privilegios. Sabe, por poco que sepa, que el estatuto social del que goza es por una larga trayectoria detrás que ha posicionado su país en el lugar predominante donde está. Es el beneficiario indirecto de atropellos y faltas de ética al por mayor. Justo es que pague por ello. A la sensibilidad social hay que añadirle este sentimiento de vergüenza por haber nacido en el lado favorable del planeta. Lo mismo pasa en una sola ciudad. Nacer en un barrio u otro predetermina la biografía. Las clases pudientes tienen una coartada para serlo: aducir que son más sibaritas, más  listas o que tienen más derechos adquiridos. Las clases desposeídas saben que son eso, que nacen marcadas por la desposesión de lo que otros les quitaron.

 La solidaridad económica así como la prestación de tiempo de voluntariado indirectamente es una manera de lavar culpas, sino las propias las de los ancestros. A la postre proporcionan un ticket directo a algún cielo si se cree en él o cuando menos induce a una autoexcitación compensatoria por ese sentimiento adquirido de la tarea altruista bien hecha,.

Negociació Amorosa

Escrito por jesusricartmorera 24-11-2007 en General. Comentarios (0)

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La negociació amorosa.

Els episodis d’amor i desamor que es viuen a l’edat adulta estan  influïts des de la infantesa i el tipus de configuració cerebral que tenen els individus. Hi ha quelcom d'ordre biològic i quelcom d’ordre adquirit. Janov[1] sosté la idea del trauma prenatal. L’ésser humà no comença al néixer sinó que ja ho es en la seva etapa uterina. Pel que fa a la infantesa segons la visqui queda dotat o no per enfrontar les tessitures biogràfiques posteriors. Un nen estimat –diu- desenvolupa el cervell de tal manera que pot detenir l’agitació interior, calmar l'ansietat i mantenir el ritme cardiac a uns nivells sans. Es fa ressò de la tesi d´Allan Schore a l’afirmar la capacitat del córtex orbito frontal  per desconnectar l’excitació del sistema, canviant els impulsos estimuladors simpàtics per un metabolisme ralentitzador parasimpàtic[2]. El sistema nerviós autònom governa les funcions automàtiques que es composen de dues parts: la parasimpàtica és activada per l’oxitocina  i la simpàtica ho es per la vasopressina. El simpàtic proporciona l’alerta. Un alt nivell de vasopressina es correspon amb més agressivitat.  La conducta obsessiu compulsiva que s podria correspondre amb idees inamovibles que sostenen una cuirassa sentimental té al rere un desequilibri químic. Un sistema nerviós amb les gravacions d’amor oportunes a les èpoques en que més s’han necessitat dona poder al subjecte per adaptar-se a les diverses situacions existencials amb les que es vagi topant. En particular a totes les que la dinàmica interactiva del joc amorós comporta: des de els moments més apassionats de la relació fins els moments d’enfrontament sever i ruptura.El trencament d’una relació amorosa pot ferir a les dues parts encara que sigui de manera desigual. No és possible ni convenient negar el dolor des d´una posició intel.lectualtizadora.”Sempre que s’ignora un profund dolor equival a negar la pròpia fisiologia”[3]. La primera condició per superar una adversitat o/i un trastorn és fer-ne la reconeixença del seu pes trasbalsador. Un curiós concepte de la civilització que ens influencia és la d’acatar l’adversitat amb duresa d’acer tot aplicant el patró de la pèrdua probable sense lluitar perquè no es consolidi. Encara avui els ex s’afanyen en puntualitzar que han sigut els que han abandonat enlloc de ser abandonats com si això demostrés alguna cosa. El caràcter de la pèrdua és diferent en el cas d’abandonar que al de ser abandonat, però el resultat és equivalent: el retorn a l’aïllament sentimental, si més no, per una temporada. Interessa senyalar la dotació argumental per una fractura amorosa com substrat d’un autoengany de per vida. Això potser només és una reminiscència d’un autoengany anterior. Janov refereix l’observació clínica que ha fet de no poca gent que a una edat preintelectual ja estava al corrent que no podia confiar amb els seus pares al no sentir un amor veritable i que a l’edat adulta va suportar aquest dèficit amb algun raonament falsari ad hoc. L´autoengany –diu- es converteix en una eina clau per suportar aquest dolor interior[4].

La negociació amorosa és inherent al procés amorós. Un desenllaç de trencament és una falla en l’ intercanvi d informacions i postures que es puguin consensuar i no sols acceptar condicionadament  o a la força.

L’amor és una producció sentimental, és a dir químic-organísmica, que no parteix del cor com una literatura falsejant continua insistint, sinó del cap que altera el sistema hormonal i en el torrent sanguini. El gradient amor-desamor passa pel psiquisme dels enamorats-desenamorats amb impactes severs en la resta de la seva estructura somàtica.



[1] Arthur JANOV La biología del amor  eds Apóstrofe, Barcelona 2000

[2] Op.cit., p.224

[3] Opcit p.145

[4] Op.cit 322

 

Significats Amorosos

Escrito por jesusricartmorera 24-11-2007 en General. Comentarios (0)

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Esbiaix dels significats amorosos.

El llenguatge del camp de l’amor encara no té resolt dues classes d´esbiaixos: el masclista, dit també sexista, i l’heterosexual. Quan es parla de parella es pressuposa que es la d’un home i una dona i quan es diu l´amant es pensa més en un baró que en una fèmina. Des que Leo Abse, un diputat laboralista del 1962 que al referir les dades de la homosexualitat a la càmera dels comuns, oblidant la menció al lesbianisme encara en sense ressó a la legislació britànica parlava d’un 1 sobre 25 en el cas dels barons, fins l’actualitat en el seu reconeixement obert i estadisticament molt major, ha passat una colla de temps i d’evolució que permet a hores d’ara, anomenar les coses pel seu nom donant-se una ampla reconeixença de totes les possibilitats de relació amorosa. Totes, totes, no. L’incert i la pederàstia son encara grans tabús de la relació humana dels que no es parla o si es fa és de s de la seva criminalització.

Una parella significa dos. Una parella amorosa significa la relació especial entre dos humans. Caben diverses possibilitats. Les adultes: home-home dona-home, dona-dona. Les mixtes adult baró-nen  adult baró-nena adulta dona-nen adulta dona-nena. Les no adultes també en les seves tres variants. La parella amorosa estrictament pressuposa, o més ben dit, fa pressuposar, la dels adults. La zona especial d’observació entre adult-criatura sense condemnar-la directament a l’ostracisme per l'enfoc en contra de tota mena de pederàstia la deixo fora d’aquesta reflexió d’ara.  Pel que fa a la relació d’intimitat entre adult i adult en ple consentiment i atracció per les dues bandes cada vegada que es mencioni la paraula parella s’haurà d’entendre que comporta el triple significat. La cortesia o el protocol de la conversa ja donarà la pauta per aclarir de quin tipus exactament es tracta. Serà necessari tenir aquest criteri despert i actiu, d’una altra manera el cervell amb tota la càrrega de gravacions portarà a creure que es tracta d´una parella hetero. Pressuposar-ho així significa incórrer en un vocable lesiu per totes aquelles altres parelles que no son hetero. La poesia amorosa prescindeix d'això. La condició sexual de l´objecte amorós queda en l’equívoc. Els texts que canta la Rosa León en l’àlbum ¡Ay amor!amb lletres de diversos autors i compositors (entre ells David Trueba,  Silvio Rodríguez, Vinicus de Moraes, Jose Maria Cano, Luis Eduardo Aute,Pablo MIlanés,..) predomina el neutre encara que certament la referència a la paraula amor es fa en singular i en masculí i es pot sobreentendre erròniament como lletres dedicades a un home. No fa pas tant que al parlar d’un conegut aparellat amb algú del mateix sexe concorria l’afegitó “és gay”.Es tant absurd senyalar aquest atribut com a l’hora de referir algú remarcar el seu color de pell o la seva minusvàlua aparent com a dades absolutament supèrflues per la conversa. Son rèmores d’un morbo capritxós de control del detall secundari per avant posar-lo al missatge principal que dimana de l’altre referit.

Un segon i crucial esbiaix és el de referir el desamor com destrucció, catàstrofe, eliminació, final; en lloc d’associar-lo a la idea de deconstrucció. Desenamorar-se es resituar-se davant l’univers sentimental i davant la persona concreta que s’ha tingut per confident sentimental a unes coordenades rellevants de la biografia. El desamor té una lectura alternativa fora de la tragèdia humana, el duna forma d’estimar l’altre prenent la distancia que calgui per no continuant-se ferint. Els processos de separació que queden penjats de la conclusió final de que l´ex ha traït el projecte comú es troben amb dues conseqüències:

Una/ no fan mai net del tot perquè queda un rerefons de recança per aquella dissolució unilateral de compromís. Segona/ Resta una por residual per adquirir un nou compromís amorós amb totes les implicacions. La primera comporta una giragonsa extenuant culpant el passat i l’altre extingit com figura d’actualitat i aquesta  generant una demanda no clara d’aparellament al que s’impugna per no tornar a repetir un nou fracàs. Els dos factors deixen les perspectives comunicatives mal parades i fan pensar en que la tempativa de comprensió total ha de comptar amb el fracàs de les paraules. El desamor preconcebut com la part lògica d’una acaballa amorosa permetria el ple desenvolupament de la historia. El pressupòsit contrari l’ofega. Desenamorar-se no té perquè carregar amb els implícits amb els que la cultura ho enfarfega: odi, baralla pels béns, fòbia a tot el gènere de pertinença del cònjuge abandonat o que t’abandona. Ningú pot prometre a ningú un amor etern i per sempre. Acceptar-ho és tant com pressuposar el contrari que hi ha un càlcul de probabilitat de que l’amor sigui temporalitzat. Convé reactualitzar l´informació de tant en tant si aquell amb qui vius per amor et continua estimant i el/la continues estimant.