La pelea doméstica denomina la expresión del conflicto verbal de una pareja o unos convivientes que comparten un espacio común. La experiencia de confrontación de pareceres en temas de la vida ordinaria es lo más connatural al mismo hecho de la relación. Cuanta más intensa es la convivencia a full time más posibilidades concurren para la diferenciación de estilos y maneras. Un asunto es quererse y otro muy distinto parecerse en todo. En la medida en que la convivencia es más cuantitativa los espacios personales de cada uno se reducen. En la relación consolidada del día a día los convivientes reparten su tiempo en otros muchos lugares fuera del espacio convivencial. Eso da una oportunidad para la distancia y el descanso mutuo. La misma relación durante un viaje tiende a hacer desaparecer los espacios individuales para intensificar el contacto llevándolo en ocasiones a la asfixia. Eso puede crear estados emocionales deplorables y productos verbales con efectos lesivos y faltas de respeto. Ante el reconocimiento de una tensión creciente y de un estallido inminente lo más razonable es la moderación. Eso significa contenerse, por tanto auto reprimirse, por tanto dejar en un estado de espera unos contenidos que es mejor silenciar. La pelea doméstica cumple un servicio catártico y sirve para flexibilizar la adaptación adaptándose cada parte mutuamente pero también destapa la caja de los truenos personales y puede revelar las partes menos agradables de la personalidad de cada cual. Si el matrimonio, en tanto que institución, institucionaliza también un campo de conflicto, la casa compartida (más específicamente el apartamento como lugar donde apartarse de la sociedad) puede llegar a representar físicamente el escenario de la desavenencia.
El espacio doméstico organiza y coordina un conjunto de sub-espacios los cuales tienen de un lado una función específica que la tradición arquitectural asigna y de otro se revisten de un carácter simbólico. La cocina: lugar de preparativos para la comida; el cuarto de baño como reservado para la higiene; el dormitorio lugar de descanso; el patio lugar de contacto con el exterior, el vestíbulo como espacio de espera y distribuidor, el salón lugar de relax y conversaciones, reuniones o visitas o el balcón /terraza lugar de vistas. Los estilos domésticos son múltiples y la historia del cobijo humano demuestra que la diferenciación de los sub-espacios se ha ido dando según la cultura ha ido cambiando pasando de la choza o el micro lugar al sentido de casa con suelo propio y la división de su interioridad determinada por los componentes de la familia. La modernidad y las nuevas familias mono parentales además de las personas que eligen vivir solas vuelve a instaurar el espacio privado de mínimos suficientes en lugar de la gran casa cuya infraestructura y mantenimiento exigen una dedicación y coste superiores. La ubicación geográfica donde se vive y el tipo de casa que se tiene son indicados incuestionables de estatus social. Los famosos se van a vivir a no sé que lugar de Beverly Hills y los linajes obreros siguen hipotecándose por pisos minúsculos donde la expansión personal es discutible. Por ahora no hay noticias acerca de que para dormir la gente tenga que estirar y sacar sus piernas por las ventanas (aunque los japoneses ya ofrecen hoteles con nichos-cama para transeúntes para pasar una noche) pero lo cierto es que la noción de apartamento dentro del bloque de pisos ha ido desde el principio en contra de la noción de casa y de hogar en el sentido clásico de la palabra. Estrictamente al referirnos a casa cuando estamos hablando del apartamento en el que vivimos cometemos una imprudencia definicional. Expresamos el deseo de un concepto cuando la realidad es que su denominación específica lo traiciona. La casa era el lugar anclado en el suelo con techo propio y un cierto espacio alrededor. La casa adosada acabó con eso pero mantenía al menos un espacio interior ajardinado. La falta de espacio también acabó con eso. Luego llegaron los niveles, uno sobre otro, habitados por vecinos que a la larga terminarían por tener la denominación de desconocidos. El espacio doméstico de privacía ha variado a lo largo de los tiempos en función del propio espacio general a compartir en un asentamiento o en una ciudad. El hacinamiento humano ya existía antes del capitalismo más feroz y una de las paradojas de la modernidad con la minusculización de la vida humana es que en un mismo bloque de viviendas cientos de personas pueden estar siguiendo hábitos parecidos o estandarizados cada cual en su cubículo. Las ventanas indiscretas de todos ellos darían cuenta de las diferentes personalidades con el común denominador de los límites tanto del mismo espacio como la de la expresión comunicativa.
La pelea doméstica está directamente conectada al territorio. Desde el momento en que el hábitat es un territorio compartido, la negociación para hacerlo practicable entre dos o más (en principio la noción de familia implicaba al menos uno más, como resultado del apareamiento) es absolutamente necesaria. La pelea sitúa la verdad entre ellos de los convivientes, compañeros o cónyuges. Es lo que permite –si de ella se desprenden las lecciones oportunas- una relación resituada, descargada de demonios, con margen suficiente para enfrentar a los demonios internos. Es mejor darse permiso para una pelea que callarlo todo y dar por supuesta un consenso y una felicidad totalmente falsos. Pero las lecciones de las peleas no llevan siempre a conclusiones vinculantes. Cuando un año tras otro se repiten inercias antes discutidas y cuando las diferencias personales son tales que el amor inicial se resiente habrá que reconocer que tras una de esas peleas se ponga fin a una relación incluso de muchos años. ¿Por qué los convivientes siguen unidos una década y otra a pesar de haberse reconocido en muchas de sus discusiones que son completamente distintos y que no van a cambiar aunque se quieren? ¿Es el amor lo que explica esa continuidad convivencial o la falta de alternativa a ella? Una separación suele cursar con un coste psíquico –también económico- considerable además de emplazar a una reorganización de lo personal en el sentido más material además del más emocional. Además, está la cultura que aun sigue castigando de alguna manera la os divorciados sin justificaciones públicamente suficientes. Esa misma cultura no entiende que una persona a lo largo de su vida tenga muchas relaciones bipersonales o muchos compromisos matrimoniales. Ese ha sido un asunto del que ha chupado mucho la prensa manchada de rosa que ha venido tirando del filón de los famosos. Ellos se lo pueden –o podían- permitir, la mayoría de gente no. Una pareja es, (más bien, era) para toda la vida y a lo sumo cabía una segunda alternativa para rehacer –se decía- la vida personal. Las neo-generaciones no cambian al menos el concepto. Si eres mía/mío no eres ni puedes ser de otro/otra. El amor sigue montándose sobre un principio de posesión mutua. Así no se llega muy lejos, antes bien a los preparativos de los conflictos de rivalidad. Pero al menso en la actualidad la gente se atreve a disolver su relación convivencial si no les funciona. De hecho la convivencia fijada como proyecto a no compartir con otros es lo que está en cuestión. A su lado el concepto clásico de familia sigue fracasando. Ya estaba anunciado. Las familias que fallan y los nuevos diseños de familia que tratan de ponerse a salvo de su tradición, más clásica no dejan de fallar. Lo privado termina por explotar. No es ya una cuestión elemental de celotipias, una parte de los problemas relacionales tienen que ver con la transformación de la convivencia en algo duro de llevar. En el cuarto de baño propio o de la casa de los amigos que visitas se pueden colgar las pautas explicadas por Bucay en como debe funcionar el amor y decirte: ¡mira qué bien, esta pareja lo tiene muy claro! y al poco tiempo enterarte que se ha separado para siempre. No hay fórmulas ni recetas mágicas para la relación, Ni siquiera la observación externa puede tomar cartas en el asunto y presumir de hacer una intervención terapéutica adecuada. El conflicto es inherente a la relación humana y la pelea doméstica es una de las múltiples formas con que se expresa. Establecidas y aclaradas las posiciones solo queda encontrar la estrategia relajadas suficientemente útil para vivir los años o décadas que quedan sin tratar de cambiar al otro. Esto suena bien pero en la práctica la reacción crítica ante una conducta que no gusta no surge como cruzada pedagógica sino como sinceridad emocional. La dulzura o la delicadeza obligan muchas veces a callar aun no aceptando la escena en la que se está de convidado de piedra. Pero luego la tensión que no es escenificada se vuelve contra las propias vísceras y el intelecto. Es el momento psíquico en que la energia se distribuye entre el decir con el riesgo de incrementar elementos para la confrontación o callar e incrementarlos para la autolesión. Las parejas supervivientes de sus propias tensiones aprenden más a escuchar y callar que no a intervenir y manifestarse. Hay parejas para toda la vida (el amor es una cosa distinta), parejas que incluso se nutren del recuerdo de sus viejos tiempos, parejas que se conocen al detalle lo que son, y que han dejado de cuestionarse la cosas, les basta con el aprendizaje de saber aguantarse. Aguantar es un verbo distinto a sostener y muy distinto al de comprender o querer. Un estudio estadístico interesante de parejas convivenciales, hetero y monosexuales, sería el de establecer dentro de una escala de valores sobre la continuidad relacional el que, específicamente, pesa más. La concordia o la entente vienen a sustituir el amor o la pasión, las caricias ligeras al sexo intenso, los temas fragmentarios a las conversaciones en profundidad, y las zonas tabúes de habla a los deseos de la comprensión universal. Seguramente los gérmenes de diferencias personales en una relación existen al principio de ello sino en el primer mes si en el primer año. 20 o 30 años después confirman las sospechas o hipótesis que se tenían veinte o treinta años antes. Las razones de separación que esgrimen parejas que llevan muchos años juntas es que se han cansado de vivir lo mismo sin excitantes existenciales que vengan a sacarles del atolladero. En cuanto a los motivos concretos para optar por terminar con la convivencialidad pueden perfectamente haber estado en la mente de quien toma la iniciativa durante toda la singladura de la relación. Posiblemente el amor como proceso psicoquímico etéreo lleva tiempo desaparecido y su sustituto ha sido el de la ternura, la sensibilidad y el amparo binomial. Ese mismo estudio propuesto averiguaría el porcentaje de personas emparejadas que viven juntas por terror a regresar a la soledad además de las que siguen unidas -como cualquier otra empresa asociada- por necesidades instrumentales.
La pelea doméstica ordinaria queda lejos de todo esto pero si se desarrolla en unos términos verbales duros y va más allá de las diferencias propiamente convivenciales con respecto al reparto de tareas o mantenimiento de la casa entrando en las cuestiones ideológicas de un lado y tratos relacionales con terceros puede ir minando la propia relación. Es difícil que esta se rompa por abusos internos cuando uno trabaja más que el otro en la organización interna pero no lo es tanto que se rompa por injerencias externas de una u otra familia política. La supervivencia de una pareja es tanto más segura cuanto menos permite injerencias externas (de amigos bien intencionados o de familiares protectores) y más se basa en su verdad y su autoanálisis para llegar a las conclusiones convenientes y reparaciones emocionales necesarias. El amor es la energia primera a la que se acude ya que lo cura todo. De eso tampoco se puede hacer una leyenda fundamentalista. El amor es crucial pero no lo es todo. El amor no puede justificar actos no éticos en la persona querida. El amor, finalmente, enfrenta al enamorado con sus propios principios y conciencia de la vida.
Las peleas domésticas en realidad mantienen en estado micro diferencias que están entre bastidores. No se pueden coartar pero tampoco es demasiado gratificante convertirlas en actos repetidos. Su reiteración hace sospechar que tras las diferencias de comportamiento por un asunto concreto, generalmente de orden menor, se esconde una incompatibilidad mayor, que a antes o despues puede ser causante de una nueva separación. El dolo de tal perspectiva la lleva a ser demorada todo lo que puede. El desamor todavía es un concepto que se presiente como algo trágico. En realidad una nueva cultura de la libertad debería indicar -para que desde una edad prepuberal estuviera claro- que la sentimentalidad, como todo en la naturaleza-, es diversa y plural y que la lógica de las relaciones personales lleva no a uno sino a múltiples acuerdos binomiales e, incluso, no a un solo espacio convivencial sino a más de uno. La familia ha fracaso como concepto y como espacio estanco que impide la evolución de sus partes. Si bien es necesaria en la época del crecimiento se convierte en un lugar de control en la edad de la expansión. La familia como reproductora de valores caducos (entre ellos el sexismo y el machismo) es entre otros una de las causales de la violencia de género en la edad adulta de sus hijos. Su fracaso es tal que la razón fundamental por la que se sigue defendiendo es porque es una empresa funcional y de control. El estado delega en los padres el control de los hijos. Una visión diametralmente opuesta en la preparación para la vida adulta, en lugar de contemplar la perspectiva de una asociación para siempre podría contemplar el acuerdo eventual o la disociación permanente como medidas profilácticas a favor de la libertad personal y del yo soberano. Cuando el amor plural -como criterio sentimental relacional -empiece a ser dominante la humanidad se evitará una enorme cantidad de problemas derivados de formas colisionantes de ocupación del territorio, siendo que este se extiende a la topografía corporal del partner.
Hay una parte de peleas domésticas que se organizan en torno a detalles convivenciales y materiales pero que expresan en el fondo una disintonía con los conceptos y manera de ser del otro. Algunas de las discusiones por algo concreto en realidad no tienen nada que ver con el tema y son un pretexto para descargar una furia generada por otros asuntos y en otros momentos.
El armisticio termina por ser necesario y las partes de una pareja necesitan funcionar en paz si quieren funcionar tanto entre ellos como en todo lo demás. No se puede ir a la jungla del mundo (o a la guerra del todos contra todos del leviatán) con otra guerra en casa cuyo frente se reabre cada dos por tres. Cada contrincante debe medir hasta donde llevar sus palabras en su pelea. La discusión de salón o dormitorio deja lejos el cajón de los cuchillos y a salvo la integridad física de los (enamorados aún) que se discuten. (Aquella se mantiene dentro de la civilidad ésta es injustificable. Solo llega al lenguaje de la violencia quien no tiene inteligencia para el lenguaje verbal). Pero en esa medición puede estar jugándose su castración si deja de decir sus verdades aceptando la imposición dominante de las del otro. Son las peleas y lo que se dice uno de los escenarios que más pone a prueba lo esencial de una historia de pareja. Cuando se banaliza tal fenómeno arguyendo que todas las parejas se discuten se olvida que la ética personal de cada uno cuando más se pone a prueba es en estos momentos y que determinadas posturas que rugen pueden llegar a ser imperdonables para siempre. La pelea, pues, es inevitable pero aun manteniéndola dentro de la suavidad de voz y el sosiego comunicativo tiene el potencial escandaloso de antagonización si pone en evidencia que dos seres completamente distintos decidieron un día ponerse a vivir juntos porque se querían sin sospechar lo muy distintos que eran.
La alta estimulación de los sentidos por los inputs audiovisuales ha ido arrinconado el poder del texto disertativo. En el Medioevo, cuando la cultura letrada no tenía la competencia de otros soportes comunicativos, los libros eran legajos de letras apretadas. Lentamente la caligrafía artística introducía notas de color entre densas escrituras. Con la imprenta se incorporaría la ilustración y desde entonces el espacio gráfico para comunicar ha ideo experimentando una sucesiva perdida de terreno el texto único para conjuntarlo con las imágenes que lo acompañen. La defensa de la imagen es tal que a veces pasa que el texto deja de ocupar el lugar prioritario para ser un agregado a lo fotográfico. Hay revistas donde las imágenes y sus tonos de color son tales que solapan la nitidez de las palabras del artículo con el que comparten páginas. (Escribo para una de ellas). El texto escrito sufre una desvaloración creciente frente al apogeo de los productos visuales o acústicos de más fácil consumo. Lo cual coloca a los consumidores en la categoría de la superficialidad. Al mismo tiempo el alma esencial del encuentro humano sigue pasando por el texto, en tanto que palabra hablada. En las conversaciones, debates, coloquios y todo tipo de escenarios hablados (la gente sigue reuniéndose para platicar) y en tales encuentros quien sabe más suele ser quien se ha documentado más. No me refiero a quien habla más sino a quien, diciendo mucho o poco, lo que dice tiene más sentido o más riqueza argumental. La paradoja de los no-lectores de textos es que tarde o temprano necesitan nutrirse y escuchar a quien no ha perdido la conexión con los sí-lectores de aquellos. Eso se puede comprobar con facilidad y, todo hay que lo, se siguen editando periódicos y libros; además, las bibliotecas no dejan de tener visitantes dedicados a lecturas de sus fondos bibliográficos. La morfología de los periódicos ha ido variando saltando de enormes página-sabana de letras apelmazadas a formatos más pequeños con más zonas dedicadas al gran titular y a la foto. El lector de periódicos y revistas también ha ido variando: de ser un devoto de varias horas seguidas a su lectura a un ojeador. La prensa gratuita cuyo tamaño la hace simplificadora de necesidad viene consolidando el desarrollo de ese ciclo en que interesa el consumo de noticias cortas y con relativa rapidez para ser comentados in situ o al poco rato. La sociedad de la información convierte a su ciudadanía en propagadora de la simpleza. El texto sobrevive como puede y los libros de ensayo siguen editándose, aún para minorías. Posiblemente las fórmulas si no mágicas estupendas para conocer las claves de la felicidad están publicadas pero forman parte del submundo de las ideas en las que la mayoría prefiere no bucear. El psiquismo humano dominante prefiere inventarse hechos que estudiarlos, decidir resultados de experiencias antes de hacerlas, aplicar calificativos a personas aún sin tratarlas, colocarse en contra o a favor de las opiniones de alguien sin averiguarlas y descartar un texto por su longitud en lugar de por su contenido. Quienes escribimos textos y además nos permitimos hacer de la elaboración una espontaneidad disertativa bien lo sabemos. Por otra parte no todos los textos son interesantes ni merece la pena ser leídos. El escritor probablemente es más estricto que nadie en este punto no dando la oportunidad a un articulo ajeno para su lectura tan pronto se va de tema o lleva la atención hacia generalidades o a habitar indefinidamente en le reino de la estereotipia. Hay textos de autor de extensión fija por razones de espacio del soporte y por la cantidad de palabras –o centimetraje cuadrado- pactado cuyo solo formato una semana y la siguiente, y así sucesivamente, por años en el mismo semanario me pone sobre aviso. La convicción de tener un público fiel o que hace un seguimiento de los artículos semanales puede alterar el posicionamiento de autor. Lo he experimentado con Maruja Torres en EPS, cuya vivacidad articulista es envidiable, no diré lo mismo como novelista, pero cuya originalidad elaborativa es incomparablemente menor. Entiendo que cuando un autor establece un débito con su lector de una forma tácita termina por dirigirse a ese apartándose de una metodología creativa. De alguna manera el escritor debe prescindir de su lector si quiere mantener su libertad creativa. De otro modo termina por ser el escriba al mejor postor (siempre hay un editor que interpreta las necesidades del mercado de la lectura y dice sobre lo qué escribir o cómo titularlo). El hecho de tener una sección asegurada de comentarios puede llevar a la diletancia y al merodeo si lo que vende de un autor es ya más su nombre de marco que no su decir renovado. Confieso que hay artículos de articulistas afamados a quienes aprecio de los que no puedo pasar de los primeros párrafos dados unos contenidos que me meten en una gramática inoperante. Otras veces no paso de la frase remarcada que hace el periódico que se supone que es de las más esenciales contenidas en el texto. Tengo mis dudas que quien hace estos resaltados se lo haya leído entero porque a veces son disuasorios antes que determinantes para seguir y terminar con la lectura propuesta. He pasado por esa experiencia con los artículos de última página del mismo magazine de El país Semanal con Julian Marías.
El solo texto lucha contra el cansancio de entrada del lector anónimo que ante mil o dos mil palabras por delante le sobreviene el desasosiego cuando no una crisis de embotamiento repentino. Sabiéndolo, los grandes autores de hoy, a juzgar por el consumo de masas que se hace de ellos, son los productores de eslóganes, entiéndase de titulares. El libro es para los exploradores de literaturas que no pierden el tiempo en debates descafeinados televisados o en tertulias interminables que se empantanan todavía en Sócrates y Platón desconectándose deliberadamente de la enseñanza socrática aplicada para el presente. El libro, en su fase actual a punto de reliquia museística, es, por definición, sólo texto. Los editores conscientes de que la sola letra era más difícil de colocar pasaron al ataque con la ilustración. Esta lo encarece y lo desvirtúa parcialmente. Su función complementaria deja de ser tal cuando se convierte en el motivo central del soporte relegando el texto a una grafía en la que no se entra en detalle. No todo el mundo tiene tiempo o capacidad personal para entrar en una disertación. De hecho, este criterio lo adopta quien tiene una fuerte resolución para la formación autodidacta. El llamamiento a la lectura des de el solo texto necesita una buena dosis de entusiasmo tanto pro parte de quien lo escribe como de quien lo lee. La vida diaria se llena de prácticas rutinarias y de conversaciones estandarizadas entre las que no se encuentra un rato para dedicarlo a la lectura. Dejarse vencer por el mecanicismo cotidiano y no tener el criterio diario de tener un tiempo reservado para la lectura es el principio del fin de la potencialidad intelectual de un sujeto. La lectura de texto a la larga puede ocasionar efectos colaterales indeseables como la presbicia y la necesidad de usar gafas pero sus goces bien pueden compensar ese y otros déficits. Leer es uno de los recursos de la vida que permite vivir intelectivamente lo que no se tiene a mano físicamente. Las razones que apoyan hacerlo son múltiples pero la desidia para no hacerlo acaba venciendo. Cualquier prefiere darse a conocer aún antes detener una formación básica previa con su micro video o con su corto cinematográfico. No importa si el guion que emplee sea una ordinariez absoluta (“nunca creí que sería capaz de hacerme eso, yo no te lo hubiera hecho” le dice el cowboy a su chica cuando la encuentra espatarrada en la cama dejándose acariciar por otro hombre) o no haya ningún mensaje potencial útil. Con tal de divulgar el careto todo lo demás no cuenta.
Las tecnologías de la imagen no paran de envolvernos y el tiempo para las lecturas, mucho más para los apuntes y las reflexiones, es escaso. El servo automatismo existencial va acabando con ellas. Afortunadamente una parte de la población, los autoelegidos (si se me permite esta irónica denominación) valoran la cultura de las profundidades, la analiticidad dato a dato, la letra pequeña de los eventos, la confidencialidad de la teoría y en definitiva los secretos de la sociedad y de la vida. En mi vida relacional e intelectual me he llevado sorpresas curiosísimas: la de profesores universitarios que no leen o no conocen autores clave; la de maestros de escuela que, esgrimiendo su síndrome de saturación, no quieren saber ya nada más de ningún tema, la de prologuistas que te recomiendan que en un libro de poemas (la poesía suele ocupar la menor cantidad de espacio contenido en la página de una libro) acompañes cada título con una foto, la de estudiantes solo preocupados por lo que entra en examen o la de lectores –incluso- únicamente de narrativa acorazados en contra de todo lo ensayístico. Hay lo que hay y es científico reconocerlo tal cual es.
Ese reconocimiento de las dificultades que experimenta el solo texto no impedirá que siga prevaleciendo en determinados circuitos lo mismo que la palabra oral discursiva. La palabra desarrollada seguirá siendo la depositaria más precisa de las verdades últimas intrínsecas del ser humano mientras sobreviva como especie. Se hace difícil pensar que la telepatía funcional pueda superarla en especificidad y precisión aunque esta se potencie y sea útil para mensajes básicos.
Mientras haya temas que desarrollar y cosas que pensar el texto seguirá siendo una necesidad intelectual insubstituible. Tratar de amenizarlo con videos o fotos fijas o bandas musicales en el fondo es un chantaje que se hace a los sentidos del receptor para que admita entrar y decir atención a la lectura con todas sus consecuencias. Personalmente me siento algo estúpido cada vez que subo una foto para acompañarlo de uno de mis artículos –criterio que he incorporado reciente y que trataré de sistematizar-. Sin duda un texto acompañado de una foto queda vialmente mas identificado, antes el título bastaba para personalizarlo. Lo cierto es que tardo un precioso tiempo en la inserción de una foto que lo quito del sol o texto. El detalle ejemplifica una especie de rendición ante la imagen. Si lo hablado siempre estuvo contextuado en el look del hablante, lo escrito también es juzgado por las imágenes que lleva. Un error, evidentemente pero sus victimas conscientes seguiremos insistiendo con la decisión del mensaje puro.
La polémica acerca del valor superior o inferior de la imagen no está cerrada del todo.
Hay posiciones a su favor y posiciones en contra. Desde la psicolingüística es pensable que unas pocas palabras pueden multiplicar imágenes mentales mientras que desde la documentación gráfica se pensará que una imagen es suficiente por sí misma y hace superfluas las palabras. No tengo prisa por dominar los recursos que me permitan instalar videos en el you tube a los que enlazar desde los textos. Hacerlos trasladando speechs breves al video tampoco suplantará la necesidad del solo texto. Otro asunto es que este se tenga que buscar en lupa en los lugares más marginados y gozar en secreto.
Activismo Solidario y Autocompensación Personal.
El entusiasmo por la organización de proyectos reporta una excitación psicoemocional cuyo primer beneficiario es el activista. Tomando la figura luchadora en sí misma la instancia por la que termina luchando es por su supervivencia de rol en el mundo. La lucha por los demás nace como un proceso reactivo a un deplorable panorama de miserias e injusticias. Luego, en la medida que se va asentando como forma de vida personal y compromiso ideológico, el luchador termina por confundir sus papeles entre la lucha por su auto perpetuación como tal y la del objeto social de su dedicación. Ante el abanico de posturas conductuales en la extensísima gama de compromisos por cambiar el mundo no se puede dejar de estudiar las recurrencias, en el seno de las organizaciones, de los tics y atributos de ese mundo al que se quiere cambiar. Los Sindicatos ya cayeron en el economicismo, los Partidos Políticos se organizaron en torno a estructuras rígidas piramidales y las Ongs actúan en tanto en cuanto adoptan un perfil empresarial. La impresionante eclosión de éstas y los millones de personas que colaboran/colaboramos con ellas, en distinta cuota de compromiso, nos hace asistir a un fenómeno sociológico, que si bien no es nuevo, ha desbordado totalmente las previsiones iniciales. Pensemos en un supuesto que jamás se cumplirá pero que alguien podría novelarlo desde la ficción: tomemos los millones de voluntarios oenegeros con sus ideas claras sobre solidaridad humana, justicia e igualdad social, ubiquémoslos en un territorio donde haya recursos de explotación para poder vivir con el compromiso de hacer una sociedad nueva. Vayamos al cabo de unos años y hagamos un re-test. Nos encontraremos con una sociedad tan rota como la que hayan dejado atrás. Eso no sucederá nunca aunque hay precedentes de tentativas icarianas que no llevaron ni total ni parcialmente sus ideas fundamentales a término aunque pudieran quedar muescas de sus deseos. Eso ya pasó en Philadelphia/Pensylvannia. Eso hace pensar que el juego social genera confrontaciones que tienen una deriva a enfrentamientos, no siempre reconciliables, colocando las bases para nuevas hornadas de desigualdades, peleas, destrucciones y clases sociales. El nudo central de la utopía es cuestionar que esto sea una determinante antropológica de las que el ser humano no pueda librarse nunca. No pocos apostamos por ella como una instancia teorética aunque hemos de reconocer en el campo concreto que mientras con una mano se está luchando por un futuro ideal con la otra se esta consolidando una posición material segura dentro de un estilo de pasado despreciable. Somos seres humanos, contradictorios y mezquinos, y parece que con esto lo decimos todo. No, con esto no queda dicho todo. El valor de una persona no es solo la de sus actos, también está en la de sus no-actos. A veces no hacer es hacer más a favor de una causa que haciéndolo.
El fenómeno de la cooperación internacional desde la sociedad civil viene a hacer lo que los estados no hacen a pesar de estar comprometidos a ello. Ya esta bien que con el 0,7% del PIB de un país se pongan en marcha proyectos de recuperación de áreas devastadas del planeta. Pero mientras esta es una colaboración social subsistencial, la lucha anticapitalista pasa por impedir que ningún porcentaje de este mismo producto interior bruto tenga que estar manchado con los negocios de las armas o con los negocios anti ecológicos, tras los cuales se esconde la doble causa de las mayores mortandades planetarias. La lucha por el desarrollo en el tercermundismo ocasiona una paradoja: dar las espaldas a los problemas primermundistas, tanto por las bolsas de pobreza crecientes en sus ciudades punta como por el imperio de sus valores utilitaristas y mercantilistas.
Las Ongs, en tanto que empresas dedicadas a la solidaridad (un sector del mercado de inversiones que mueve considerables sumas de capital), funcionan con un estudiado paralelismo al de cualesquiera otras empresas con ramificaciones en el extranjero y con intereses concretos. Si bien una empresa clásica pretende el lucro de quienes la montan, la ONG es una empresa de nuevo cuño que su objetivo es dedicar los beneficios a la zona y temas parcelados para su atención. La solidaridad es un mercado creciente y hay que decirlo con esta palabra. Ciertamente salva vidas, levanta escuelas, orfanatos, casas de acogida; reparte medicinas y en general recicla material sobrante de los países ricos para que sea aprovechado por los países pobres. ¡Qué mejor que una reutilización directa de productos: vehículos, ordenadores, ropa, alimentos que no un reciclaje por sus componentes y piezas sueltas! Esa actividad tiene el visto bueno social pero la reflexión sería mediocre si se quedara solo en ella. Además del pescado hay que evaluar el estado de las cañas o de las redes y la dedicación de sus pescadores. No hay que olvidar que las zonas depauperadas del planeta deben su actualidad todavía a un pasado colonialista de los blancos que fueron a imponer sus ritmos, sus normas y sus imperios. Aquel colonialismo pre y decimonónico dio paso a otras formas de ocupación de los mercados sin que unos estilos made in Usa y made in UE hayan desaparecido. Actualmente la palabra nos es útil para denominar un neocolonialismo solidario. Sus resultados no se hacen esperar: se higienizan zonas, se salvan vidas, se reconstruyen lugares devastados, se levantan nuevas fuentes energéticas, se generan lazos de devoción permanentes e indestructibles por la vía de la ayuda. Estos registros son altamente satisfactorios para las zonas pero también para los cooperantes: tienen causas justas a las que dedicar sus biografías. Ya que los estados nativos ni los extranjeros resuelven los problemas cruciales, a veces contra las epidemias y la subsistencia elemental, lo justo es intervenir para ayudar y salvar situaciones. Eso crea un estilo de hacer cosas y una satisfacción personal inigualable. Un cooperante puede concentrar el perfil en una sola pieza de Sta Clous-Reyes Magos de Oriente y Aladino en un mismo pack. Otra cosa es que su intervención sea efectiva para dar las herramientas para la soberanía personal de sus asistidos. El mismo método nos toca aplicar en nuestras realidades autóctonas en nuestras zonas origen o de residencia. El trato con la marginación social y con el cuatrimundo da cuenta de unos subproductos y subculturales del sistema del capital que éste no puede evitar y cuyos paliativos no hace más que engrandecerlo. La intervención en cualquier sujeto y área depauperados pasa por instrumentar recursos autónomos que les permitan salir del atolladero y auto gestionar sus recursos para finalmente autofinanciarse. Eso el estado no lo hace. (Es desde el despacho particular o de la agencia privada de intervención que se establece la dialéctica a favor del yo autónomo.) Las Ongs tampoco. Siempre encuentran zonas en las que invertir en solidaridad, proyectos pensados desde fuera, lo mismo que los canales de Suez o de Panamá fueron pensados desde afuera. Invertir en solidaridad significa llevar un montón de productos pagados por un descomunal movimiento solidario de particulares con sus aportaciones regulares o espontáneas además de los presupuestos para la subvención que están previstos por las múltiples administraciones. El hermano solidario dice al pequeño hermano envuelto de moscas y pústulas lo que debe hacer para tener una calidad de vida. Hasta aquí el gesto es impecable, deja de serlo cuando involuntariamente inocula en sus zonas auxiliares los principios del capitalismo, que es la sociedad de su pertenencia. La ayuda llega con sesgos desde el principio. Los invasores españoles en el continente americano sur diezmaron la población llevando hasta allí la gripe y enfermedades venéreas. Toda Latinoamérica todavía esta pagando la intervención nada civilizada de culturas armadas superiores que la colonizaron. El movimiento oenegero actual también transpola, aunque esta no sea su intención, los valores de funcionamiento de la sociedad capitalista. En otro supuesto imaginario: el de igualar el nivel de vida de los países africanos y asiáticos aun no de economía emergente a los niveles europeos y norteamericanos y de los otros países punta como Japón, China ya empieza a serlo también; lo más que es esperable con la ideología de esas ayudas es reproducir una sociedad a semejanza de la que se esta enviando toda la ayuda: un capitalismo salvaje de voracidad incontenible en el que lo que menos importa son los valores humanos. La segunda paradoja de la ayuda en acción es la de que la solidaridad se puede convertir potencialmente en un revulsivo en contra de ella como concepto.
Hay una tercera curiosidad del movimiento solidario de los países ricos: después de tantas décadas de práctica creciente, de aparición de nuevas organizaciones y nuevas siglas, de aumento de capitales, de asociacionismo múltiple, de coordinadoras y congresos; la dinámica de parcelación de cada una por separado le hace perder de vista el fin último de la lucha social. La intervención en una lucha y un tema particular entra en colisión con otras luchas particulares sin compartir una perspectiva común de alternativa al sistema. Lo que ya viene ocurriendo dentro del movimiento social en cuanto a la profunda escisión que hay entre acciones reivindicativas sectoriales; entre el obrerismo y el ecologismo, o el feminismo y el igualitarismo, también seguirá ocurriendo dentro de Ongs que entran en relaciones de competencia mutua para obtener la mayor parte de tajada de la financiación y poner en marcha lo que sea con tal de mantenerse en el candelero. El paralelismo entre las pyme y las coordinadoras oenegeras salta a la vista.
Todo esto no quita el valor concreto de cada acción concreta. Detener una epidemia, salvar la vida a alguien o luchar por sus derechos son actividades dignas en quien las hace. Son mas dignas si no pierde la consciencia que junto a ellas puede propagar involuntariamente la ideología atroz que está detrás en la responsabilidad de los crímenes de un sistema mundial.
Subjetivamente quien presta una colaboración financiera o activa, desde sus cuarteles forrados en su país, donde tiene una buena posición adquisitiva, está pagando simbólicamente la cuota de sus privilegios. Sabe, por poco que sepa, que el estatuto social del que goza es por una larga trayectoria detrás que ha posicionado su país en el lugar predominante donde está. Es el beneficiario indirecto de atropellos y faltas de ética al por mayor. Justo es que pague por ello. A la sensibilidad social hay que añadirle este sentimiento de vergüenza por haber nacido en el lado favorable del planeta. Lo mismo pasa en una sola ciudad. Nacer en un barrio u otro predetermina la biografía. Las clases pudientes tienen una coartada para serlo: aducir que son más sibaritas, más listas o que tienen más derechos adquiridos. Las clases desposeídas saben que son eso, que nacen marcadas por la desposesión de lo que otros les quitaron.
La solidaridad económica así como la prestación de tiempo de voluntariado indirectamente es una manera de lavar culpas, sino las propias las de los ancestros. A la postre proporcionan un ticket directo a algún cielo si se cree en él o cuando menos induce a una autoexcitación compensatoria por ese sentimiento adquirido de la tarea altruista bien hecha,.
La negociació amorosa.
Els episodis d’amor i desamor que es viuen a l’edat adulta estan influïts des de la infantesa i el tipus de configuració cerebral que tenen els individus. Hi ha quelcom d'ordre biològic i quelcom d’ordre adquirit. Janov sosté la idea del trauma prenatal. L’ésser humà no comença al néixer sinó que ja ho es en la seva etapa uterina. Pel que fa a la infantesa segons la visqui queda dotat o no per enfrontar les tessitures biogràfiques posteriors. Un nen estimat –diu- desenvolupa el cervell de tal manera que pot detenir l’agitació interior, calmar l'ansietat i mantenir el ritme cardiac a uns nivells sans. Es fa ressò de la tesi d´Allan Schore a l’afirmar la capacitat del córtex orbito frontal per desconnectar l’excitació del sistema, canviant els impulsos estimuladors simpàtics per un metabolisme ralentitzador parasimpàtic. El sistema nerviós autònom governa les funcions automàtiques que es composen de dues parts: la parasimpàtica és activada per l’oxitocina i la simpàtica ho es per la vasopressina. El simpàtic proporciona l’alerta. Un alt nivell de vasopressina es correspon amb més agressivitat. La conducta obsessiu compulsiva que s podria correspondre amb idees inamovibles que sostenen una cuirassa sentimental té al rere un desequilibri químic. Un sistema nerviós amb les gravacions d’amor oportunes a les èpoques en que més s’han necessitat dona poder al subjecte per adaptar-se a les diverses situacions existencials amb les que es vagi topant. En particular a totes les que la dinàmica interactiva del joc amorós comporta: des de els moments més apassionats de la relació fins els moments d’enfrontament sever i ruptura.El trencament d’una relació amorosa pot ferir a les dues parts encara que sigui de manera desigual. No és possible ni convenient negar el dolor des d´una posició intel.lectualtizadora.”Sempre que s’ignora un profund dolor equival a negar la pròpia fisiologia”. La primera condició per superar una adversitat o/i un trastorn és fer-ne la reconeixença del seu pes trasbalsador. Un curiós concepte de la civilització que ens influencia és la d’acatar l’adversitat amb duresa d’acer tot aplicant el patró de la pèrdua probable sense lluitar perquè no es consolidi. Encara avui els ex s’afanyen en puntualitzar que han sigut els que han abandonat enlloc de ser abandonats com si això demostrés alguna cosa. El caràcter de la pèrdua és diferent en el cas d’abandonar que al de ser abandonat, però el resultat és equivalent: el retorn a l’aïllament sentimental, si més no, per una temporada. Interessa senyalar la dotació argumental per una fractura amorosa com substrat d’un autoengany de per vida. Això potser només és una reminiscència d’un autoengany anterior. Janov refereix l’observació clínica que ha fet de no poca gent que a una edat preintelectual ja estava al corrent que no podia confiar amb els seus pares al no sentir un amor veritable i que a l’edat adulta va suportar aquest dèficit amb algun raonament falsari ad hoc. L´autoengany –diu- es converteix en una eina clau per suportar aquest dolor interior.
La negociació amorosa és inherent al procés amorós. Un desenllaç de trencament és una falla en l’ intercanvi d informacions i postures que es puguin consensuar i no sols acceptar condicionadament o a la força.
L’amor és una producció sentimental, és a dir químic-organísmica, que no parteix del cor com una literatura falsejant continua insistint, sinó del cap que altera el sistema hormonal i en el torrent sanguini. El gradient amor-desamor passa pel psiquisme dels enamorats-desenamorats amb impactes severs en la resta de la seva estructura somàtica.
Esbiaix dels significats amorosos.
El llenguatge del camp de l’amor encara no té resolt dues classes d´esbiaixos: el masclista, dit també sexista, i l’heterosexual. Quan es parla de parella es pressuposa que es la d’un home i una dona i quan es diu l´amant es pensa més en un baró que en una fèmina. Des que Leo Abse, un diputat laboralista del 1962 que al referir les dades de la homosexualitat a la càmera dels comuns, oblidant la menció al lesbianisme encara en sense ressó a la legislació britànica parlava d’un 1 sobre 25 en el cas dels barons, fins l’actualitat en el seu reconeixement obert i estadisticament molt major, ha passat una colla de temps i d’evolució que permet a hores d’ara, anomenar les coses pel seu nom donant-se una ampla reconeixença de totes les possibilitats de relació amorosa. Totes, totes, no. L’incert i la pederàstia son encara grans tabús de la relació humana dels que no es parla o si es fa és de s de la seva criminalització.
Una parella significa dos. Una parella amorosa significa la relació especial entre dos humans. Caben diverses possibilitats. Les adultes: home-home dona-home, dona-dona. Les mixtes adult baró-nen adult baró-nena adulta dona-nen adulta dona-nena. Les no adultes també en les seves tres variants. La parella amorosa estrictament pressuposa, o més ben dit, fa pressuposar, la dels adults. La zona especial d’observació entre adult-criatura sense condemnar-la directament a l’ostracisme per l'enfoc en contra de tota mena de pederàstia la deixo fora d’aquesta reflexió d’ara. Pel que fa a la relació d’intimitat entre adult i adult en ple consentiment i atracció per les dues bandes cada vegada que es mencioni la paraula parella s’haurà d’entendre que comporta el triple significat. La cortesia o el protocol de la conversa ja donarà la pauta per aclarir de quin tipus exactament es tracta. Serà necessari tenir aquest criteri despert i actiu, d’una altra manera el cervell amb tota la càrrega de gravacions portarà a creure que es tracta d´una parella hetero. Pressuposar-ho així significa incórrer en un vocable lesiu per totes aquelles altres parelles que no son hetero. La poesia amorosa prescindeix d'això. La condició sexual de l´objecte amorós queda en l’equívoc. Els texts que canta la Rosa León en l’àlbum ¡Ay amor!amb lletres de diversos autors i compositors (entre ells David Trueba, Silvio Rodríguez, Vinicus de Moraes, Jose Maria Cano, Luis Eduardo Aute,Pablo MIlanés,..) predomina el neutre encara que certament la referència a la paraula amor es fa en singular i en masculí i es pot sobreentendre erròniament como lletres dedicades a un home. No fa pas tant que al parlar d’un conegut aparellat amb algú del mateix sexe concorria l’afegitó “és gay”.Es tant absurd senyalar aquest atribut com a l’hora de referir algú remarcar el seu color de pell o la seva minusvàlua aparent com a dades absolutament supèrflues per la conversa. Son rèmores d’un morbo capritxós de control del detall secundari per avant posar-lo al missatge principal que dimana de l’altre referit.
Un segon i crucial esbiaix és el de referir el desamor com destrucció, catàstrofe, eliminació, final; en lloc d’associar-lo a la idea de deconstrucció. Desenamorar-se es resituar-se davant l’univers sentimental i davant la persona concreta que s’ha tingut per confident sentimental a unes coordenades rellevants de la biografia. El desamor té una lectura alternativa fora de la tragèdia humana, el duna forma d’estimar l’altre prenent la distancia que calgui per no continuant-se ferint. Els processos de separació que queden penjats de la conclusió final de que l´ex ha traït el projecte comú es troben amb dues conseqüències:
Una/ no fan mai net del tot perquè queda un rerefons de recança per aquella dissolució unilateral de compromís. Segona/ Resta una por residual per adquirir un nou compromís amorós amb totes les implicacions. La primera comporta una giragonsa extenuant culpant el passat i l’altre extingit com figura d’actualitat i aquesta generant una demanda no clara d’aparellament al que s’impugna per no tornar a repetir un nou fracàs. Els dos factors deixen les perspectives comunicatives mal parades i fan pensar en que la tempativa de comprensió total ha de comptar amb el fracàs de les paraules. El desamor preconcebut com la part lògica d’una acaballa amorosa permetria el ple desenvolupament de la historia. El pressupòsit contrari l’ofega. Desenamorar-se no té perquè carregar amb els implícits amb els que la cultura ho enfarfega: odi, baralla pels béns, fòbia a tot el gènere de pertinença del cònjuge abandonat o que t’abandona. Ningú pot prometre a ningú un amor etern i per sempre. Acceptar-ho és tant com pressuposar el contrari que hi ha un càlcul de probabilitat de que l’amor sigui temporalitzat. Convé reactualitzar l´informació de tant en tant si aquell amb qui vius per amor et continua estimant i el/la continues estimant.
La parella presonera i la solteria independent.
La relació amorosa està dins del camp del conflicte, Una revista feminista dels 80 es deia Dones en Lluita, la doble lluita femenina ha estat tant per la condició de formar part de la classe desposseïda com per tenir la part subordinada dins el tàndem home-dona. La lluita pel canvi del concepte d’esposa pel de companya ha estat crucial en el moviment per la igualtat de drets. Posteriorment aquest primer feminisme ha estat substituït per la reclamació de les diferències. En l’actualitat a aquesta doble lluita de les dones se li ha afegit la distancia dels homes des d’una actitud auto defensiva que ha fet furor: el del no-compromís.
La parella amorosa, generalment concretada en un espai convivencial compartit, té derives cap al control mutu. Qualsevol gest que surti del tarannà habitual és interrogat per l’altre. L’interés pel que es fa i es deixa de fer es barreja amb la inspecció de si allò fet és perillós per l’estabilitat de la relació. Viure en parella o tenir una parella preferent comporta avantatges i desavantatges, drets i deutes. El seu fet constitutiu compta amb l’altre preferent com primera condició per projectes i conductes. Això col·loca les premisses perquè la parella sigui un recinte que empresoni a cada part prohibint-li altres desitjos. Aquesta característica serà negada però s’anirà configurant amb el pas del temps. No és estrany que la solteria sigui un bé preciós. Andy Warhol, Mick Jagger, Carmen Alborch eren lligats,al menys els dos primers, a la avantguarda sexual pel seu afany de solteria i de no compromís amb un sol partner. Comprometre’s amb una persona com parella va en contra de les coincidències puntuals o compromisos fragmentaris amb moltes d´altres. Tot aquest bast camp es contínuament insinuat però permanentment castrat. Un 36 milions i mig d espanyols tenen mes de 18 anys, el 40% nomes ha tingut sexe amb una sola parella,els homes es declaren més promiscus havent tingut 10 o mes relacions i les dones menys, tenint-ne 4.
L’amor lliure, expressió que va fer furor el temps de la revolució sexual, a ser un neologisme no recolzat per la realitat intrínseca amorosa que tendeix a tallar la llibertat del cònjuge. La mateixa paraula ja ho diu.
L’origen etimològic de matimoni ve de matri-monium. Denomina la institució que permet una praxis jurídica emparada en del dret romà que li concedia a les dones el dret a tenir fills dins la legalitat. La dona soltera estava sota l’empara del pare. L’acte matrimonial era una transferència de la seva custodia d’un home a un altre.
La successió d’actes d’alliberament de la dona al llarg de segles, La primera dimensió pro creativa de la tal associació marital ha anat donant lloc a la dimensió del gaudi. No es pot parlar estrictament de que el matrimoni sigui majoritàriament organitzat fora de la perspectiva de ser el fonament d’una família. La reproducció humana és imparable i és el fenomen de supervivència més evident a escala planetària. La relació d’una parella heterosexual encara té per objectiu -amb insistències desiguals- el fet reproductiu. El nounat ve a introduir el tres i una variació en el discurs de la parella. Cada partner pot passar a un segon lloc enfront l’ urgència atencional que demana el fill. Això es perllonga més enllà dels anys primerencs d’indefensió total de la criatura per portar-ho fins a la seva edat adulta donant pas a neurosis de relacions a tres bandes la dels pares entre ells, la de cada un d’ells amb el fill, i la d’aquest amb els pares com a tàndem i amb cadascun d’ells, fent del cau compartit el de la família, una olla complicada. La crisi desatencional que acostuma a patir el pare porta a un enfrontament sots velat amb el fill que li ve a ocupa el lloc dels mims. La nostra cultura no ha resolt la garantía del principi d’igualtat afectiva ni hi ha perspectiva que es resolgui mai. Es discutible que pugui prendre’s com un propòsit. L’amor és desigual per sistema. La terrible veritat d’això porta a fer categories universals del tot inversemblants: Estimar a tothom per un igual. No hi ha una estima igual a una altre i dins de la parella consolidada l’amor oscil·la segons la compenetració. Les crisis de parella que es tenen amb un primer partner tenen menys probabilitat de que es tinguin amb el següent, no perquè la segona companyia sigui especialment diferent, que ho pot ser, sinó perquè la persona enamorada té modificada la seva perspectiva amb la experiència anterior. El subjecte enamorat sap que passa per una follia d’amor. Segueix un procés transferencial de tots els seus anhels a la persona que estima. A la que es descuri li està demanant que faci tot allò que ell o ella espera que faci. L’amor és un ancoratge des del primer moment, la seva elaboració posterior el convertirà en més realista.
La parella tancada s’estanca i va desenvolupant un registre presoner. Els dos que s’estimen es converteixen en una exclusiva l’una de l’altre, no sols això, també en una vigilància recíproca. La supervivència d’una parella rau en la gestió d’aquest control, en la manera subtil de fer-lo, en la cura de les formes en les indagacions per no convertir-les en interrogatoris. Quan un/a enamorat/da posa en dubta la fiabilitat amorosa del seu company/a d’amor, s’obra un procés de desconfiança que pot acabar en la degradació extrema. Cadascú tria si viure sol o acompanyat. La solteria és el paràmetre de la llibertat. L’amor diversificat, l’experiència oberta en intimitats diverses però en contrapartida la falta de seguretat. La vida compartida és el paràmetre de la concessió mútua, de l’acord consensuat, de la renuncia a segons quins hàbits personals a favor de l’altre. Compartir es sumar, encara més, és multiplicar. La suma de les possibilitats d’un més de les altres per separat son d’un resultat inferior al sumatori dels dos conjuntats.
El company o companya de vida sap que la relació és una empresa complexa, una aventura complicada, el futur de la qual depèn de tenir espais de descàrrega, de baralla i confrontació, on la relació no es consolidi en el domini d’una part sobre l’altra.
No es pot assegurar que la vida de parella sigui millor o pitjor que la independent. La tendència associativa fa que aquella predomini, si més no en diverses temptatives sota la classificació dels duets privats, però la frustració epidèmica porta a les temporades individuades. El fet estadístic de la mortaldat masculina prematura porta a que moltes vídues visquin soles.
Mantenir-se al marge del procés d’aparellament en exclusiva, premissa central de la fundació de família, optant per la solteria crea un simulacre de major llibertat. La persona que viu sola té força motius argumentals per continuar-ho fent. Si necessita quelcom o a algú té al seu abasta un immens camp de relacions fora de l’àmbit domèstic. Aquest queda com santuari per prendre distancia del món. La configuració de nous tipus d’apariament en la industria de l’habitatge tendeix a hàbitats reduidíssims. Els equipaments exteriors adientment usats fan innecessari tenir patis, despatxos. Potser a la llarga faran supèrflues les habitacions de convidats i la de les criatures que mai vindran. Un petit espai per anar a dormir i dutxar-se seria suficient si els llocs d’esbarjo ,creativitat i relacionals els proporciona la societat de l’abundància. Una casa amb tot el necessari es una imatge lligada una vida separada i plenament autosuficient. Un microespai d’habitatge fa que una bona part del necessari passi per utilitzar els recursos públics.
L’opció de la solteria o emancipació permanent de tota parella de compromís, sigui com primera elecció o rere un fracàs amorós és perfectament legitima, encara que deixa el conflicte del discurs amorós fora d’elaboració i de solució. Pren distancia del camp convivencial que és el del conflicte. Teòricament és o seria la millor opció (la de viure sols i soles). Entenent que la solitud escollida seria una manera de reparació i descans del contacte íntim amb els altres que porta a fregaments i incomprensions. Aquesta necessitat de reparació també es dona a l’espai compartit. Cada part d’una parella necessita dels seus moments zelosament guardats i dels seus propis espais per continuar amb la continuïtat amb l’altre. El futur convivencial depèn del respecte d’aquest criteri. La vida soltera tampoc implica que sigui solitària i encara menys cèlibe. Tampoc significa que sigui l’esglaó necessari cap una societat de sobiranies individuals. Hi ha molts factors pels quals s’opta per viure sol/a sense que la major prescindibilitat de l’altre sigui el factor decisiu. Més aviat pot tenir a veure amb dos fenòmens: el de l’auto exclusió per por a no repetir els mateixos errors del passat i el de l´hetero exclusió per no ser triat per ningú. Moltes dones separades deixen la perspectiva d’un retorn a la vida de parella amb una nova figura candidata a la hipòtesi de trobar-lo sense fer res per cercar-lo. És una manera de deixar el propi destí en mans de factors aliens sense intervindri personalment.
The best way to predict the future is create it.
El futuro no es una imposición preestablecida pero sí el resultado de unos factores que lo anteceden. Se habla de él como si fuera a ser según se conciba cuando en realidad es una hipótesis sometida a muchas variables. Eso es lo que lo hace interesante. A diferencia del concepto de un destino impuesto que hipoteca toda libertad y poder la voluntad el futuro se nos antoja como una construcción. Eso no significa que no sea predecible. Lo es, y mucho, dado el conocimiento de la trayectoria histórica. La probabilística de cálculo en función de los datos de los que disponemos nos permite apostar por un futuro oscuro o más aún, por un no-futuro. La creciente suma de voces señalando los peligros existentes hace temer catástrofes antes no conocidas. La magnitud descomunal de algunos problemas (cambios climáticos, reducción de las reservas petroleras, guerras por el poder,…) es tal que desborda la capacidad intelectual para asumirlas y la vida diaria sigue discurriendo de espaldas a las grandes consideraciones para seguir priorizando las cuestiones de la vida inmediata, en la pugna cotidiana por la existencia, en la reproducción humana, en el consumo. La predicción del futuro se deja para estrategas, ecologistas, científicos, dirigentes, analistas o magos. A fin de cuentas hay distintas clases de posicionamientos y tampoco hay una visión estrictamente unitaria de lo que va a ser. A decir verdad desde hace décadas se nos advierte que es necesario un profundo cambio de hábitos para preservar a la humanidad y al planeta. En el comienzo del tercer milenio tan solo nos estamos encontrando con lo que ya se predijo desde la tercera mitad del anterior o incluso antes. Aun con una avalancha de datos al respecto la conciencia social sigue pivotando más en torno a las políticas domésticas, a los localismos, a los fundamentalismos ideológicos y deja algo tan descomunal y desbordante como el replanteamiento del futuro en términos de antropología humana. De las variables del futuro la cantidad de comportamientos es decisiva. Se ha demostrado que no es suficiente con que los análisis más clarividentes avisen de que andamos hacia un mayor número de tragedias. Si no hay una interiorización de esto como premisa existencial a escala de especie, los implícitos dominantes de las mayorías aplastarán a los de las minorías por muchos que aquellos sean los erróneos y estos los correctos.
La tesis de creación de futuro se enfrenta a los postulados de la predeterminación o de la historia como ciclo repetido. Guarda un eco con el de creación de sentido de vida de Víctor Frankl. La vida se puede vivir de acuerdo con un guión impuesto y con inercias mecánicas o con la espontaneidad de vivirla de una forma única. Según se vaya haciendo como una creación propia se va configurando el futuro como una creación en proyecto. De todas las artes que tenemos noticia la que se pasa más por alto es el arte de vivir, un arte que no necesita de cuadros, fotos, literaturas o cortos para ser expuesta y que se va artistificando detalle a detalle para gozar de los resultados a cada maomentro sin pasarla por la exposición o la galería.
El futuro es algo íntimamente conectado con el uno mismo aunque las variables sociales sean mayoritariamente las que lo determinen en un espacio y en un tiempo. Uno es, en parte, en el futuro lo que quiere ser a pesar de los condicionantes externos que lo envuelven a lo largo de su vida. El mejor futuro a vivir es el que se crea a medida de los objetivos que se tengan a transformarlos en atributos que lo configuren para ese momento histórico y biográfico en que deje de ser proyecto para ser realidad. El valor del slogan testimonial es colocar su perspectiva en la vida cotidiana pero no como la losa con la que no apartarse de un camino rígido sino como el parámetro que nunca se puede olvidar.
Hay que considerar que no siempre tener objetivos permite la total libertad de vivir en la espontaneidad creativa. La conciencia humana se debate y oscila entre su necesidad de habitar el mundo a imagen y semejanza de los predicados de justicia, libertad y felicidad y de otra la de vivir en la flexibilidad que le permita ajustar sus ideas a cada etapa existencial. Las conversaciones lacrimógenas y nostálgicas de lo que va a ser el mañana son poco operativas si desde el hoy, cada actualidad, no se le concibe y retrata de acuerdo con los deseos universales de paz, amor y respeto. No hay ningún futuro seguro que nos espere. Habitualmente la gente concluye sus biografías sin poder decir que lo ha alcanzado. Hay una colisión da entre biografía personal e historia compartida.
La creación de futuro ha tenido mala prensa por la implicación especulativa que supone. La vida es la de cada momento presente. El hedonismo ha hecho escuela de este principio ampliamente consensuado. Y el mañana o el despues generan demasiadas distracciones del ahora y disquisiciones enlaberintadas. Tener el futuro como una construcción es una idea relajante que no está en oposición a la vida como una sucesión de momentos en estado presente. El único debito que tiene cada presente es que lo vive como un préstamo de la naturaleza y del tiempo. Se puede vivir todo sin malbaratar los recursos y la potencialidad de que una mañana pueda ser para los que nos sigan en el discurso de la existencia.
Lo que hay detrás del nombre
La autopresentación superflua.
Lo que hay detrás del nombre no es lo que queda de él. La curiosidad pide conocer quien está detrás de un nombre, de un pseudónimo o de un heterónimo; como se lo monta quien piensa de una determinada manera, porque alguien dedica su energía a crear o a escribir y encima se permite la soberbia de publicarlo o de compartirlo. Lo de menos es lo identificativo y lo de más es la identidad. A veces me han preguntado que me presente por haberme atrevido a enviar una carta de opinión o un texto de crítica aún siguiendo la invitación de una plataforma o una revista a participar. Se quiere saber a quien se divulga. No entiendo el por qué de esta necesidad. Lo que importa de alguien es lo que dice y lo que hace, lo que piensa y lo que sabe, lo que enseña y lo que modifica. Lo de menos es su aspecto físico, su origen social o de clase, su código lingüístico o su inserción social. No es que todos esos datos no den pistas o no sean importantes, lo que en todo caso no son indispensables para evaluar su dictum. Conozco mucha gente por su forma de pensar y hablar al participar en unos mismos espacios de coincidencia para el debate, sin embargo sé menos de su intimidad. Por sorprendente que sea (el primer sorprendido fui yo mismo) he pasado años coincidiendo en un aula de tanto en tanto sin aprenderme todos los nombres de los compañeros de sala y mucho menos sus cuadros personales. A voz de pronto parece un indicativo de indiferencia. No debe serlo tanto cuando muchos años despues sigo acordándome de detalles conceptuales de los mismos o formas verbales concretas que usaron que ellos mismos han olvidado. Como fenómeno tengo mis posiciones ante indiferencia: la deploré por principio durante siempre hasta que su predominio me derrotó. Siempre me ha costado entrar en los formulismos protocolarios un tanto cortesanos e hipócritamente corteses del yo estoy bien-tu estás bien; desde que valoro el pensamiento y la acción por encima del curriculum y las etiquetas escucho y vibro con el pensar y el hacer ajenos más que con el autobombo y los iconos. Seguramente por eso pregunto poco sobre la privacidad y en todo caso me mantengo en clave de apertura para irla recibiendo en la medida en que me va siendo comunicada en un feed back de reciprocidad con la mía.
Es por eso que me resisto a las presentaciones primero lo que se es antes de lo que se piensa. En los programas de intercambios de opiniones lo que me resulta más plasta es la rueda de pedigríes en las que el presentador abunda antes de la rueda de intervenciones. No quito el mérito de esta información para el espectador que va tras el libro de uno de los invitados, pero se lo quito todo como premisa para pedir una atención extra .De hecho los oyentes tomamos posiciones ante los demás, ante los hablantes, en función de la consistencia argumental de lo que dicen, no porque tengan tal o cual apellido o tal o cual titulo o porque hayan nacido en Sebastopol. Más allá de los cum laude y de las investiduras el crédito intelectual es algo que concede cada persona a cada otra por una interacción específica que tiene con esta o con su obra.
Si hay una tarjeta de presentación es el ejercicio de la razón, el habla expuesta, el desiderátum de un saber. Todo lo demás del quien y del cómo es bastante más irrelevante. Cuando recibo un email anunciando un nombre que ha publicado algo o lleva tanto publicado siento que algo del mensaje me ofende. En lugar de decir el qué se dice el quien, y en lugar de decir el sentido se menciona la audiencia. Un compañero de debates lo primero que pregunta sobre otras conferencias es su asistencia, supeditando el valor de lo que se hizo o dijo a la cantidad de asientos ocupados en la platea. Parece que la intelectualidad, o alguna, no está exenta de caer en las contaminaciones de las audiometrías. El número siempre impone cuando lo que debería llamarnos a respeto y llenarnos de reverencialidad es la consideración de cada saber en estado puro, si así se puede denominar, venga de la mano de quien venga.
Desde que formamos parte del mayor de los colegios mayores, el de socializar nuestras disertaciones, análisis en un fondo digital que puede ser mundialmente compartido, el nombre no tiene mayor valor que el del título de referencia de un tema.
Su anonimato es una discreción respetable. No hay información mayor de una persona que la que da de si misma por sus trabajos, sus creaciones, sus opiniones. Indagar su cuadro familiar o personal, su itinerario de colaboraciones o militancias, satisface más el morbo que la necesidad intelectual de comprenderlo.
En el fondo, la curiosidad por saber quien es quien detrás de las opiniones, en cuanto conocer su afiliación, su itinerario biográfico, su ocupación profesional, su peso específico en la constelación –o en las galerías más nombradas- remite a un morbo insano. Es acudir a informaciones complementarias para decir qué hacer con las principales. Un texto o una obra del registro artístico que sea tienen un valor por ella misma, independientemente – e incluso a pesar y por encima- de quien la ha hecho. Lo más objetivo de una valoración de algo es la que no está contaminada por influencias nominalistas. Lo mismo pasa con los objetos que llenan la vida cotidiana, hay que valorarlos por si mismos, por su valor intrínseco no por su imagen extrínseca.
La auto presentación en el campo de la teoría resulta superflua aunque en la rueda de psicodrama de intimidad sea indispensable o a las salas de juntas para tratar un determinado negocio no sea posible acudir sin ella. En un espacio asambleario o en un coloquio tras una conferencia resulta inaguantable quien en su turno de intervención dedica un tiempo excesivo a la auto presentación antes de expresar la opinión por la cual en principio interviene. Lo máximo es un intro con el nombre y la profesión o poco más. La misma objeción se puede trasladar a los artículos y a los foros. El seguimiento de los cuales va dando las claves del retrato de autor como analista o disertativo. La prevalencia del nombre y la dedicación a decorarlo se convierte en un lastre más que en una necesidad y una manera de girar en torno al centro de gravedad egoico.
Es innegable que un nombre es necesario para detallar un pronombre personal y diferenciarse de los otros nombres. Pero un nombre es también una carga, más exactamente una marca que nos antecede. El apellido nos ubica en un linaje, en una geografía, el nombre en un tipo de influencia. Establecido esto es simplemente una referencia. El mío –y los heterónimos empleados- me sirve tras escribirlo en el campo de búsqueda del Google rastrear lo que llevo insertando en la red desde que tomé la costumbre de trasladar todo lo que escribo al espacio público aún estando en proceso de elaboración. Lo tomo como un semantema diferenciador para desmarcarme del pasado familiar que tuvo. Por eso escribo mi nombre y dos apellidos sin pausas y de una tirada como si fuera una sola voz. Además lo miniaturizo todo lo que puedo minusculizándolo dando a entender que lo importante de mi no es mi nombre sino mi conexión con los temas de los que hablo, que ocupan mi pensamiento y mi vida. Son esos temas y no los nombres más o menos afortunados del gran mundo de los otros, lo que nos acerca o nos aleja. La minusculización, además, aboga tácitamente por una dosis de humildad, algo que puede servir para contrabalancear el exceso de pedantería en no pocos ámbitos dedicados a la palabra y la retórica.
Los estados prehistóricos de la humanidad han necesitado dioses (para algunas tesis seguimos en la prehistoria y para otras ya hemos llegado al final de la historia). Ellos representaron la encarnación de padres superiores con los que enfrentar la papeleta del destino. Creer era una garantía o al menos lo era para quien hacia del credo religioso lo principal. Paralelamente la mitología proporcionó héroes de todo tipo, modelos a seguir, personalidades completas, guerreros valientes, libertadores. Desde los tiempos documentados, el plantel de deidades y héroes-leyenda ha ido dando paso a personas de cuya existencia hay más o menos constancia o demostración. Varias de las corrientes mundiales se han originado en su existencia. Son o han sido los fundadores de religiones o de planteamientos políticos. Sus imágenes y textos han contribuido a la toma de conciencia y sus argumentos han sido tomados como propios coincidiendo con sus causas. Todo eso iba sobre ruedas y parecía lo lógico hasta que la caída de los ídolos demostró, ha ido demostrando, uno a uno, que no hay referentes posibles a seguir. Tras pasar por el cristianismo, el marxismo y el anarquismo terminas estrellándote en el nihilismo, no el de la negación total sino la negación de la realidad impuesta i las explicaciones dominantes del todo. La necesidad del héroe ha tenido por sostén la necesidad del amparo, del dirigente, del patriarca, del que sabe. A falta de héroes heredados se han inventado para cubrir necesidades de épocas, ritos o batallas. Sin embargo los grandes héroes son cosa del pasado, preguntar por alguno del presente me coloca en un grave aprieto. Podría citar a la tun tun a Mónica Belluci para salir del paso, pero ella no sería más que una heroína de la imagen y de la estética física lo cual no cumple la condición atributiva fundamental del héroe, el de estar por encima de las necesidades de los mortales promedio y sacrificar la propia vida a favor de la de los demás. ¿Hay alguien que lo haga y si alguien lo hace es verdaderamente consciente de ello? Históricamente ha habido muchos personajes que sacrificaron sus existencias o hicieron pivotar sus biografías en torno a causas humanistas; desde Espartaco a Gandhi, desde Milarepa a Malcolm X. Tomar alguno como modelo es tan arriesgado como elegir a alguien de la actualidad y creerte que es la encarnación de la nobleza. Si en la actualidad en la que disponemos de fuentes de info y de comprobación se corre el riesgo del error en apostar por alguien, mucho más con los personajes muertos cuya documentabilidad no está exenta de leyenda y de intereses creados. Por lo general las religiones han explotado a sus fundadores a conveniencia del desarrollo organizativo y expansivo de ellas. Todo lo que tenemos de nuestros antepasados de renombre son imágenes estereotipadas que han quedado como legado no unívoco pero dominante. Profundizar en ellos lleva a la controversia y a la perplejidad cuando se encuentra a personalidades tortuosas e incompletas. El mejor maestro es el que incita a ser discutido en lo que sostiene. Su maestría reside en este criterio, toda una filosofía, más que en lo que enseña. Freire en una de sus sesiones de trabajo con pedagogos discutiendo parte de su tesis de la pedagogía do oprimido declaró o hizo inferir: prescindan de Freire.
Es complicado elegir del memorándum de nombres históricos uno que sea polar. En una época puedes sentirte seducido por una determinada gesta de alguien y a la siguiente, con más información en la mano de la historia, relativizar su valor y desmarcarte de sus adeptos. De otro lado la búsqueda del héroe tiene bastante de infantil. Uno hace de Búfalo Bill o de Jessy James de niño en sus juegos de cow boy antes de saber que el uno se prestó al espectáculo de poca monta y el otro fue traicionado y asesinado. Lo que mueve la mentalidad impresionable a buscar un héroe es unos cuantos trazos de carácter: decisión, dominio, coraje, resolución, carisma,…Otros atributos como el de la elocuencia o la literatura no son los más destacables. Poco importa si alguien dice que es un admirador de Napoleón (el que se autoproclamó emperador) o de Gengis Khan. Cada persona destacada que ha trascendido a su país y a su época pasa a formar parte de las citas obligadas en el conocimiento de la Historia y de las sutilezas humanas. De esto a convertirlo en figura de devoción va un abismo. Posiblemente podemos aprender todoas de todoas y eso incluye a los grandes nombres. No me comprometo con ninguno ni de los históricos ni aún menos de los actuales. Con aquellos, no todos, claro, queda la pátina de creer que lo que hicieron fue bueno sin entrar en detalles con los del presente sabemos ya demasiado de éstos para reconocer que vivimos una orfandad de héroes. Solo hago de eco de W.Bilder. Buscarlos o esperarlos tiene algo del orden de la indefensión. Traslada a escala de la materialidad lo que antes se esperaba de la zona de los dioses. Los verdaderos héroes son sujetos sin nombre. Son los muertos de todos los batallas enterrados en la fosa común, son los prisioneros ahora de Guantánamo, los que se ahogan en el Atlántico buscando un continente mejor para sobrevivir, los que pintan un slogan de protesta en una pared a costa de jugarse la vida. Muchos de los que han adquirido nombre y notoriedad han sido la redimensionalización de su síntoma. Averiguarlos en su intimidad puede llevar sorpresas.
No, decididamente no tengo un héroe o maestro que seguir. Me frustró demasiado haber pensado en que el mensaje altruista de Jesús el nazareno se correspondía con el movimiento cristiano que generó y que desde sus principios fue clasista o que el de Marx se correspondía con una praxis personal igualitarista. Hay una diferencia crucial a hacer entre el legado que deja un hombre y las contradicciones en las que incurre en su vida personal. La heroicidad no obliga a ser consecuente con perpetuidad. De hecho los héroes pueden permitirse serlo y ser conservados en la memoria popular porque mueren antes de ser corrompidos por su adaptación a las circunstancias cambiantes. De otra parte su actuación destacada, su acción épica, les libra de la autocrítica y del análisis de sus implicaciones. Eso queda para observadores y estudiosos cuya persistencia analítica e inteligencia crítica no será reconocida nunca como heroica.
Me gustaría tener un héroe para los momentos de dudas, alguien que hiciera de algo, de talismán del que chupar energia a modo de cristal mágico para enfrentar otra tanda de avatares. Me gustaría flipar cada vez que viene Amma a Barcelona, y acudir a su encuentro para presentarle mi respeto y recibir su abrazo y así sentirme reconfortado para otra temporada de años. No tengo tanta suerte. No creo en esos protocolos. Ya tuve suficiente cuando asistí a un concierto de Sri Chimoy y consideré una pamplina los que formaron fila para el om shanti. Hubo héroes aunque no creo que puedan ser desenterrados para que nos sirvan en el presente. A lo sumo pueden ocupar el rato en leer una biografía o el tiempo en hacer una filmación. En ambos casos una determinada visión de autor o director influenciará en el lector o espectador para ser más impresionado en unos aspectos. Es inevitable el acto creativo que no incurra en sesgos. La objetividad total en la interpretación de las conductas no existe. Por eso cada devoto de su icono tendrá que repasarlo con otras lecturas para pulirlo o precisarlo.
Creo que lo que más nos envuelve de los héroes son actos heroicos puntuales, gestos precisos, anécdotas cruciales dentro de toda una vida más o menos ordinaria. Una vida permanentemente extraordinaria es algo insólito. Es así que valoro más los actos heroicos, tampoco todos, que no los héroes como oficiantes permanentes. El de Sócrates dejándose matar en cambio no el de Cristo dejándose crucificar.
La discusión de la necesidad de héroes en cualquiera de sus versiones: ídolos, maestros, gurús, líderes forma parte del temario de madurez. Mientras se sigan necesitando modelos a seguir la gente no estará buscando comprometiendo con su propio, personal e intransferible destino a crear según su voluntad.
La diferència entre una intervenció reactiva al speech d´un ponent i la ponència mateixa és que aquesta té la responsabilitat d´esgotar el més destacable del tema que intitula i aquella es pot lluir burxant els dèficits expositius dels seus aspectes concrets. El dictum d´una conferència té el favor d´un públic atent que ja sap a on va o a què i a qui s´exposa mentre, que des de la sala hi ha protocols no exhaurits que obliguen a una deferència a l´hora d´opinar. El debat però no funciona sense una transgressió de l’elogi. Perquè dansi i dongui una riquesa es té que donar una diferencia encara que sigui lleu en el plantejament del tema en curs. De fet, una conferència queda composada per dues coses, el que diu el discurs de qui la proposa i el que es descura de dir sent completat o discutir per aquestes intervencions. El col.loqui i el debat compartit són modernes formes de l´àgora, el programa de conferències de jornades, les inauguracions i el desfilader de ponents per les taules forma part de l´organització però es queda coix sense el debat. És trist assistir a fòrums presencials de paraules, tan apretats en els que es prioritza el temps dels conferenciants i gaire bé no es contempla el temps dedicat a la sala, convertint-la en un espai mut al que se li suposa l´aprenentatge, l´atenció i la submissió.
Hem passat per la doble experiència des del temps del gust i regust per la conversa pública, per sales silencioses i inhibides enfront la sapientia immaculada de professionals de la paraula o especialistes de sabers i també hem sigut autors a sales amb prou salut dinàmica per opinar i argumentar cadascú des del seu saber particular i de la seva gestió en el compartir el que sap.
Tinc una experiència limitada en parlar des del privilegi de tenir al càrrec un tema que exposar i una mica més des de la intervenció puntual d´un minut des de les platees a les que m´he assegut. Segons quin sigui el lloc d’ubicació: la taula o faristol del ponent, o un seient del públic, dona lloc a formes diferents de parla. Algú m´ha dit que sóc millor intervenint des de la platea que des de la taula, i millor des de la improvisació verbal que des de la lectura escrita. L’espontaneïtat va a favor de l’ocurrència i la creativitat, mentre que la preparació des del principi al final d´un text o un tema a dir va més a favor de la completut i de la cosa acabada.
El ponent és qualsevol parlant que concerta un espai per exposar un tema amb el beneplàcit de l´atenció prestada per qui li pugui interessar. La parla del ponent no és paraula de cap déu ni necessàriament de cap mestre. El conferenciant a diferència del professor presenta idees personals, una interpretació dels fets o el resultat d´una indagació que porta entremans. No ve a donar una classe magistral sobre coses consensuades sinó sobre reflexions que ni tan sols tenen perquè presentar una forma de proposta i encara menys constituir-se en desig de consens. Es per això que una ponència no comença mai en el moment de ser exposada doncs té al rere diferents cites expositives del mateix ponent o d´altres i no acaba en el moment de concloure l´exposició. El col.loqui l´enriqueix i quan es posa fi, generalment per ritus o esgotament (rarament una conferencia i el seu debat sobrepassa les 3 hores, encara que recordo alguna de la que vaig ser ponent que sí les va sobrepassar) una cantera de nous ítems floten a les ments per continuar-los repensant.
La parla del ponent es abans que res una posada en escena d´una actuació. No és només teca teòrica però tampoc és el principal el gag o el cop d´efecte. Qui està interessat en un tema anunciat es per treure-hi algun suc. A part de les raons personals que pugui tenir que li portin al lligam amb un espai ja que hi va i hi dedica un temps al menys que serveixi per recollir una informació, contactar amb un altre punt de vista i participar d´un contrast de parers o d´un debat. Hi ha moltes raons per donar conferencies i una es la d´engreixar el currículum, però per sobre de totes el més apassionant és el seu significat en quant a preparatius, a la indagació que suposa i a la reflexió personal. Tot comença per proposar un enunciat que acota un tema. Immediatament després les neurones es posen a treballar com un exèrcit de minyons enfilant el senderi per trobar dades i conjuntar frases amb sentit. El millor conferenciant és aquell que interpreta l´estat d´ànim de la sala i combina endreçadament l´anècdota –per tant coses del seu jo- amb la transmissió més o menys feixuga del que vol comunicar. No n´hi ha prou en parlar bé i en dir-ho tot o en dominar allò del que es parla, també és necessari fer jugar intel.lectual i sentimentalment a qui presta el seu temps i la seva escolta al tema. El conflicte intern del parlant en públic es que s´ha de barallar amb els seus límits en la comunicació. Sovint la didàctica no acompanya a un saber i no tothom és un crack per excitar prou a un públic assegut. Les conferencies són inductores a eixamplar els límits del coneixement i de la consciència, rarament endeguen una pràctica conseqüent amb elles. Recordo que una de les de Sartre va acabar al carrer en forma de manifestació pública.
L´habitual i el més lògic, en especial en el camp de la reflexió sobre conceptes, és que un tema no passi de la dissertació més o menys brillant amb un estil interpretatiu diferent sobre qüestions de les que ja es té referència.
El paraíso en llamas.
El paraíso terrenal habría sido arrebatado por la desobediencia humana ante el mandato deífico. El relato de Eva invitando a probar el fruto prohibido tiene una capacidad alegórica de la cual todavía nos nutrimos tanto para la poesía como para la filosofía. El árbol de la vida ha sido emparejado con el manzano interdicto y la indisciplina ante una orden superior con la condición indispensable para alcanzar el saber. El mismo esquema lo encontramos con Prometeo y su divulgación del dominio sobre el fuego, el recurso técnico excepcional para la época. Zeus todopoderoso como cualquier otro dios con atributos extrahumanos castigó su insolencia. El esquema se ha perpetuado por los siglos y por las culturas. Pervive de formas sutiles en los modelos de sociedades humanas donde el control del saber, (entiéndase, la garantía para la perpetuación de la ignorancia) se sigue prodigando. Las sociedades coexisten con sus miserias y sus evoluciones son tanto más ficticias cuanto menos alternativas quieren articularse para vencerlas. La historia del paraíso perdido encuentra otros paralelismos. En resumen proporcionan el eco de aquello que fue prometido y que fue arrebatado. No podemos saber por quien o como o bajo que condiciones fue hecha la promesa o la entrega de una vida estupenda en la tierra. La mitología y las leyendas satisfacen la curiosidad al respecto y a la vez despiertan muchas dudas. Podemos considerar, con mucha dosis de imaginación idealista, el supuesto de este tiempo en el que la humanidad disponía de todo. Tendría la comida al alcance de la mano y sus necesidades fundamentales cubiertas y todo esto fue arrebatado por una instancia superior por la comisión de pecado, la de desobedecerle. Traslado este supuesto a términos más razonables podemos pensar en algún tiempo en que un desarrollo de la humanidad le llevó a la crisis de respeto de las leyes naturales y la rebelión de la naturaleza contra sus huéspedes quitándoselos de encima y devolviéndolos al atraso. Situación hipotética que podría guardar un enorme parecido con la actual en la que a medio siglo vista los humanos se enfrentan a catástrofes crecientes que afectarán profundamente el hábitat y quizás sean el principio del final de la civilización tal como la conocemos. Obviamente esta civilización no tiene nada que ver con el paraíso terrenal ni el paraíso de Adán del que da referencia el Génesis. Esta civilización no es precisamente paradisiaca pero sí es hedónica para sus clases más adquisitivas. Hay una clase media extensa y una clase alta colindante a las oligarquías con poderes adquisitivos, en esos tres bloques, que permiten pagar si no todos casi todos los caprichos. El problema existencial para ellos es el de qué hacer con el dinero y con las cosas más que el de sobrevivir. La sociedad mundial está escindida entre una buena parte cuyo futuro es un enigma y otro grueso mayor cuya lucha diaria por el vivir ni siquiera le hace tratar con el futuro cuando apenas tiene la garantía del presente. Su común denominador es que el paraíso de la tierra está privado tanto para unos como para otros. Para los más ricos porque con el dinero no se puede comprar la felicidad y la protección in crescendo de éste crea un estado de paranoia tal que socava la salud física y mental; para los más pobres porque la falta de él y la urgencia de escapar de terribles situaciones les empuja a caer en las garras de otras sino peores no significa que sean alternativas.
Se ha hipotetizado desde distintos ángulos sobre la posibilidad de que existiera una pre humanidad que alcanzó un máximo desarrollo y después sucumbió. Se está hipotetizando también la posibilidad de que de la actual no quede ni rastro si sigue con el avatar autodestructivo como patrón insostenible de su desarrollo.
Hay otra versión del paraíso, el de la supuesta celestialidad postmortem, en el que los seres desencarnados vivirán en una suprema concordia sin verse movidos por los continuos condicionantes de la existencia material. Lo paradisíaco escapa al potencial imaginario. Un lugar sin condicionantes biológicos pero tampoco sin pasiones humanas, sin la pulsión creativa, sin el reto intelectual, sin el eros del goce, ¿podría ser realmente un paraíso? Por su parte un paraíso físico con todos las necesidades cubiertas, todas las garantías existenciales dadas, todos los goces permitidos ¿sería un paraíso –en la escala tridimensional- permanentizable? La tierra como paraíso ha movido a leyendas y especulaciones no sólo las que han venido de manos de las mitoleyendas sino también surgidas desde las canteras de la utopía social. Un mundo fraterno, una sociedad no clasista, una humanidad con la justicia estable, un mundo sin expoliadores ni criminales,… han sido ideas que han enriquecido y siguen proporcionando imágenes a las literaturas revolucionaria y reformista. Eso ha hecho que se establezca una concomitancia entre los que difunden promesas de vidas espirituales más allá de las vidas terrenas y quienes, desde las canteras de utopía social, hablen de mundos reales en los que la humanidad habrá consolidado su justicia y la fraternidad suplantará las tragedias de la violencia en todas sus versiones. Esa concomitancia crea una paradoja: la convergencia en un mismo tipo de proyecto de un mismo tipo de sueño. En realidad la teoría paradisiaca del más allá está escasamente elaborada. Contiene supuestos genéricos. Hay mucha más literatura con respecto a la sociedad por engendrar. La visión materialista considera que los creyentes de paraísos externos a la vida tal como la conocemos están embriagados de ingenuidad mientras que estos compadecen a los pobres materialistas que limitan todo su potencial a una precaria y limitada vida terrena en la que difícilmente se pueden resolver todos los deseos y comprender todas las cuestiones.
Nos encontramos con que el paraíso está ardiendo por partida triple. Primero, por lo que hace a las idea del más allá como hipótesis poco versátil, no la del más allá en si mismo sino que éste sea o pudiera ser un paraíso. Segundo, como hipótesis de las excelencias de un mundo con una humanidad creativa y esplendorosa como civilización sinérgica que dejó de desarrollar debido a sus continuos tropiezos consigo misma y Tercero, como hipótesis más que probable de una especie que acabará consigo mismo y con el planeta que le da cobijo.
La falta de dioses segurizantes y la falta de una ciencia potente que está supeditada a las primeras instancias de poder, las políticas y económicas, convierten el viaje existencial de los humanos en la tierra en una partida de dados. No es que no puedan/podamos decidir sus/nuestros destinos con los razonamientos y energías más sólidos, es que no hay una voluntad de las culturas ni de las mayorías en que eso fuera así. La voluntad dominante tácita es la de la contribución piro maníaca -más o menos inconsciente como justificación personal de cada persona- en el holocausto general en preparación. Todo discurso de corte alarmista en esta dirección es poco aunque conviene no olvidar que las apologías del catastrofismo son muy anteriores a la época plusmoderna de más atentado a la ecología de la naturaleza y siempre hubo agoreros pronosticando el fin del mundo. La diferencia entre la prédica de púlpito basada en la amenaza y la previsión científica basada en los datos –materiales- es el rigor de las observac