FLUENCIA TRANSCULTURAL

Teoria del Rol

Escrito por jesusricartmorera 27-02-2008 en General. Comentarios (0)

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En un determinado juego de roles el jugador debía buscar un prototipo de currante, con un aspecto físico ordinario tirando a mediocre: bajito y rechoncho, y liquidarlo. Así lo hizo el jugador o así saltó a la prensa la noticia de un asesinato gratuito por esa razón. Un rol es una representación de una función personal. En el caso extremo del bastardo que obedeció la orden escrita de un juego comercializado no hay tanta diferencia con el caso real supermultiplicado del que cumple el suyo alegando que es su trabajo, que obedece ordenes de la superioridad, que no puede hacer otra cosa o que es por imperativo nacional que cumple indicaciones. El cumplimiento de las órdenes o del deber es uno de los grandes pecados capitales que mantiene a la humanidad en su tragedia permanente. Es lo que convierte a un ser humano supuestamente racional en un viviente confirmadamente no racional. Cada vez que se suspende el pensamiento que es, repitámoslo, aquello que sirve  para reflexionar acerca de las actitudes propias o ajenas se está pasando al campo de lo no racional y con todas sus consecuencias lesivas para la libertad y la existencia evolucionada. El jugador del juego de roles buscaba su placer particular, sus grabaciones emocionales; el ejercitante de un rol profesional cumple con su obligación o su deber o su cometido o su misión. Disfraza con tantas palabras como necesite su sentido de una actuación. Un rol no tiene nada que ver con la elección personal de una vida en libertad. Es la forma concreta con que se expresa una relación contractual a cambio de la supervivencia o de mantener un lugar posicionado dentro de la sociedad gregaria. Hay distintas modalidades para recolocar a cada persona dentro del mundo en el que vive, reconectándolo con su rol perdido o a falta del mismo con un rol sustituto. Un profesional en orientación profesional o espiritual o del tipo que sea, terminará por convencer a su víctima (su consultante de despacho o confesionario) que no saldrá jamás de su tragedia dramática (la que sea) si no es cambiando sus elecciones existenciales. Deberá convencerlo que su futuro pasa por substituir sus roles anteriores por otros futuros y más exactamente su rol de trabajo por otro. Colocará la primera máxima sobre la productividad y hará valer a una persona por su trabajo remunerado por encima de su elección existencial. El profesional al cargo de la metodología no tendrá el menor sonrojo en recomendar trabajar de mozo de almacén a un licenciado o un magister en algo  y no considerará ni tan siquiera que se pueda vivir sin dinero suficiente en un mundo en el que tener capital y poder adquisitivo es lo primero.  El rol será defendido como la forma fundamental de la integración social. Si no tienes un lugar en el que se te espere cada mañana a las 8 o a las 9 es que no eres nadie. Si no tienes una paga suficiente que te permita pagar los restaurantes, los espectáculos, el alquiler, la luz, el agua, los viajes de vacaciones y hacer regalos es que todavía eres menos que nadie. Los demás te apreciarán y te valorarán por tu capacidad económica. Si tienes dinero eres un triunfador, si no lo tienes un fracasado. Claro que la cultura más adelantada no admitirá esa división basta y clásica para decir que lo primero es la persona y lo segundo sus créditos. No es cierto, se sabe universalmente que lo más valorada es la posición, la ubicación en el mundo, el lugar exacto  mantenido en las correlaciones con los demás, también, desde luego, la independencia lograda, el discurso, la familia, el apellido. Aparentemente la deferencia es reforzada para todos y para todo en todas partes. Todas las personas son iguales ante la ley rezan las constituciones. Y todas las personas deben ser tratadas como tales, proclaman en silencio las personalidades. En la práctica las discriminaciones de los demás son continuas y se tiene muy en cuenta el rol que ejerce cada cual para actuar en consecuencia.

El rol no hace a la persona aunque la presupone. Es un artificio incorporado, un algo más que adopta o a la que se la vincula para permanentizarla en el mismo. Es así que el portero es el portero, el chofer es el chofer, el profesor es el profesor. Luego cada idioma se ocupará de los detalles sutiles en el que los parlantes autóctonos precisaran el valor de cada sílaba en cuanto a mayor o menor deferencia asignada a cada vecino. El don de antes usado para resaltar a las personas más significadas de la comunidad  ha periclitado en parte pero el tú continuo para toda edad y personaje puede abusar de un supuesto concepto de igualdad con ínfulas de familiaridad que no tiene porque corresponderse con las posibilidades de una acción verbal.

Casi todas las personas se sitúan en un rol u otro. Durante una temporada biográfica pueden migrar por algunos de ellos pero la eficacia de su posición e n la vida aumentará con su persistencia en una especialización. Es así que la mayoría de gente es conocida por sus roles más que por sus nombres y a menudo el origen  etimológico de muchos nombres tiene que ver con oficios y roles.

La falta de rol se corresponde con los periodos de crecimiento por un lado cuando el sujeto todavía no ha tenido tiempo de elegir uno. También con los periodos de indigencia, confusión o crisis de identidad por otro cuando tras impugnar el o los roles tenidos se ha quedado sin ninguno. La falta de rol suele esconder algún tipo de inadaptación. El parámetro de la inadaptación  no tiene buen recibo sin embargo dentro de un inadaptado respira un artista, un rupturista o un revolucionario en potencia, un innovador en definitiva que contribuirá al cambio de las cosas de su entorno ya que es incapaz de vivir como súbdito de ellas. A los inadaptados en general los estados modernos los debería regar y mimar como canteras potenciales de nuevas ideas. Muchos de ellos que no sucumben a los registros manicomiales cursan hacia los oficios más dignos de la condición humana relacionados con el arte o la filosofía.

Las prisas de la instrucción pública en asignar a las criaturas a sus roles lo antes posible es la forma industrial de alienar en masa a toda una generación o una sociedad. Claro que la tesitura urgente de primero vivir lleva a la gente a elegir roles antes que elegir ser personas. Se hacen comerciantes, jornaleros, limpia zapatos, limosneros o lo que sea con tal de calmar las demandas estomacales y poder continuar siguiendo en vida.

La sociedad postindustrial ha asistido a otra clase de personas que han conseguido vivir sin rol o al menos sin rol público conocido y  reconocido mientras han vivido. La sociedad del bienestar por una parte y las cuantiosas posibilidades de reciclajes materiales por otras han generado perfiles biográficos a medio camino entre vivir en la improductividad material permanente y permitirse unas vidas ociosas de lujo. Los subsidios estatales para amordazar sus bocas a cambio de llenar sus panzas han generado un fenómeno consolidado de parasitismo social. La sociedad tecnología puede seguir adelante con una minoría dedicada a ser población activa y una mayoría a ser población pasiva, ambos términos elegidos según la inserción o no inserción dentro de los circuitos de producción y consumo. La única diferencia entre un sujeto subsidiado neutralizado por su estado para que coma y calle y un sujeto asalariado contratado por el estado o por la industria privada para que coma más y calle más, es que este a parte del mayor ingreso económico que le permitirá una mayor participación  en el consumo de las cosas mientras que aquel lo que reciba también lo revertirá al circuito de la economía del país para cubrir sus necesidades básicas aunque comparativamente sea una contribución menor. La gran diferencia más que económica en montos absolutos será la significación psicológica para cada cual. El subsidiado siempre quedará relegado a un estado de favor mientras que el profesional  de lo que sea (aunque cada profesión tenga y tiene sus objeciones deontológicas) siempre será reconocido por el lugar que ocupa en su comunidad sea como doctor, arquitecto, basurero, comerciante, librero, gendarme, profesor o traductor. Otras ocupaciones que durante una buena parte de su vida, por no decir toda, se mantienen en la insistencia pero no son reconocidas tales como pintor o escritor serán cuestionadas como extrañas o imposibles. Es difícil mantenerse toda una vida sin un rol univoco consensuado por lso demás y por el cual se cobra un dinero. ¡Cuantos artistas se han perdido tras intentarlo durante unos años de su vida y no conseguir los pagos a sus obras!  Los estados reconocen una parte del fenómeno pero no todo. Debería pensarse en la oportunidad de invertir en futuros artistas, en facilitarles los medios creativos y los créditos o becas de maintenance necesarias para que siguieran con su labor si realmente la llamada artística fuera su tesitura fundamental y en lso centros de trabajo no pudieran ser otra cosa que estorbos para sus compañeros de  empleo más diestros en su asignación de operarios a los procesos de montaje. En ese supuesto institucional no todos recibirían ni seguirían la llamada artística, la mayoría de gente admite haber nacido para la esclavitud de por vida y para recibir órdenes, una minoría se sigue creyendo ser la elegida para investigar otras originalidades.

¿Cuántos padres han frustrado las elecciones biográficas de sus hijos/as porque eligieron el arte en lugar del rol asalariado para sus vidas? ¿Cuántas vidas han sido empujadas a la autodestrucción, incluso algunas por la vía de la sumisión y del triunfo económico-profesional, por no permitírsele seguir sus impulsos creativos?

La defensa de la teoría del rol para concluir con las inadaptaciones y las faltas de ingresos es la que defienden supuestos orientadores que proponen supuestas soluciones alternativas a inadaptados reales; parte de los cuales admitirán cumplir con cualquier función social con tal de ser aceptados por la manada y parte de los cuales, los convencidos de que su inadaptación es el resultado de una colisión entre su ser y el imperativo social para que sean otra cosa, preferirán una menor cantidad de ingresos y poder seguirse costeando su libertad que una mayor cantidad de ellos y perderla.

Paraísos Terrenales

Escrito por jesusricartmorera 13-02-2008 en General. Comentarios (0)

 

Afrique a, encore, les paradises; l Europa,est condamnée au la follie de l’ argent.Cartel de pizarra que hemos llevado expuesto por algunos países africanos. La idea de un paraíso terrenal que fue perdido por la desobediencia del hombre al mandato divino tiene un fondo de advertencia para rescatar. Si cambiamos esta desobediencia a los supuestos caprichos de un todopoderoso, tras cuyo incumplimiento la primera  pareja humana fuera condenada a vagar con su sufrimiento,  por la de una falta de respeto a las leyes naturales nos encontramos exactamente con el mismo resultado. Ni la omnipotencia falsamente atribuida al dios hebraico pudo evitar que los humanos actuaran por su cuenta, ni la lógica de la Naturaleza ha podido impedir que los humanos como hijos de la tierra y de la evolución animal se vengan comportando cada vez más en contra de ella.

En otras referencias a la manzana prohibida he  preferido la apuesta a su simbología como la necesidad de la desobediencia para alcanzar al conocimiento enfrentando toda prohibición que lo limite, mucho mas, como es el caso, con el arbitrio gratuito de un dios un tanto neurótico. La manzana de Eva como el fuego de Prometeo no serían más que formas distintas que comparten la idea de enfrentarse a lo superior que actúa de restrictivo para alcanzar por otra vía lo sublime. Sin embargo , los huéspedes del paraíso terrenal lo pierden por su lado y la humanidad entera está condenada a recibir el odio de los dioses por siglos o bien  a pagar las consecuencias de  la naturaleza desbocada que le hace sufrir las consecuencias de sus insolencias  antiecológicas y repetidas.  Todas las geografías del mundo sufren de manera desigual las consecuencias de los desastres. Sus estudios demuestran que una parte de ellos son atribuibles a causas humanas. En realidad la naturaleza física del planeta choca contra la naturaleza humana de las ambiciones y las irracionalidades. Las especies menso inteligentes son mas cuidadosas con el entorno y con los recursos que la especie humana que corre en su frenética carrera de destrozarlo todo. El futuro, sea el que sea, va a ser el resultado de una suma aritmética simple, por un lado, juntando la gente cuidadosa con la tierra, y por otro, restándola de la gente que actúa como destroyer del bien común. Ese doble comportamiento ha sido recurrente a lo largo de la historia. El proceso disparado de una vida material y enriquecida en Europa h llevado a idealizar otros sitios más remotos donde el industrialismo está por hacer y las prisas por la acumulación son menores.

El texto del slogan tiene una deliberada carga de idealismo al presuponer que un continente por sus etnias y sus ritmos legítimos conserva aún los paraísos. Ciertamente los lugares paradisiacos lo son tanto menos han pasado por la especulación humana y la codicia de explotarlos pro encima de lo que podían dar sus recursos. Dividir los continentes en términos de los que tienen todavía espacios naturales de aquellos otros que los han perdido o los tienen más destrozados se hace difícil. En prácticamente todas las partes del planeta humano ha llegado la zarpa de la especie dominante para explotar sus materias primas a menudo a costa y en contra de sus habitantes y poseedores legítimos. Pero el desarrollo o infra desarrollo en términos de renta per cápita y de política estatal económica no significa que el capitalismo sea menos esencialmente capitalista en los países pobres, en los que por tanto el móvil dinero hace también de dios atrapa creyentes y genera todo un proceso de acumulación tanto a escala de país como a escala individual o de familias. En realidad la locura del dinero es universal  salvo minorías etnias muy asiladas y no está parcelada por territorios continentales. El slogan peca doblemente de triunfalista al suponer que en Europa todo el mundo padece de la alienación tras el Money-money cuando en realidad en África también la mayoría de africanos sucumben a ese objetivo o necesidad.

Es difícil concebir en términos de paraíso natural lugares que reciben distintas presiones especulativas para sacar a bajo precio lo que contienen sin planificar su reposición. Los paraísos que le quedan a África además de las reservas intocables para la reproducción animal salvaje son debidos al infra desarrollo continental. Su previsible progreso acabará con ellos. La tesitura de los países que van al carro de la historia capitalista es que no renuncian a lso derechos que se han tomado precisamente  los países que se han adelantado en cuanto a consumos exagerados. La tesitura es que el mismo ritmo de vida de todos los ciudadanos del planeta sería insoportable para este y para toda la humanidad. Hay algo de la codicia colectiva y no solo de la especulación de financieros y patrones que está detrás de la responsabilidad del malbaratamiento de lso espacios y de los recursos. Lo que hace un lugar en espacio paradisiaco es unos cuantos árboles, fuentes de agua, el sosiego y respeto humano a todo esto, recursos alimentarios y de desarrollo para todos, ausencia de violencias y enfermedades. La lista no es tan larga pero a fuerza de repetirla y no conseguirla se nos antoja cada vez como más imposible.

Otro mensaje críptico del slogan es el de desautorizar las supuestas virtudes europeas. Su vida manicomial abre las puertas a las avalanchas de inmigrantes dispuestos a renunciar a sus miserias relativas pero también a sus ocios a cambio de sumergirse en biografías estresantes apuntándose a otro registro de miserias a la occidental. Especialmente interesante este segundo  concepto en un momento en que muchos africanos miran a Europa como el nombre de su salvación personal en una época en que su entrada en términos absolutos está ya decidida y controlada.

Toda idea de paraíso se agoto con las sagas literarias de aventuras, islas formidables, tesoros escondidos en cuevas, barcos piratas o gente que no vestía sus cuerpos en la Polinesia. A fuerza de buscar y recorrer todos estos sitios el blanco ha dejado sus improntas y sus marcas que en el mejor de lso casos no ha podido evitar su personalidad frustrada de hombre huido de sus orígenes. Los nombres exóticos de la colección imaginaria que suspira en la cabeza de todo aventurero no pueden evitar que se encuentre con los paraísos etiquetados a gusto del consumidor. En el lugar más remoto también habrá quien ofrezca una cerveza embotellada y quien quiera saborearla a pesar de estar rodeado de zumos de frutas exóticas.

Entre Subculturas

Escrito por jesusricartmorera 13-02-2008 en General. Comentarios (0)

De la Contracultura a la Infracultura. Entre subculturas.

Subcultura no es el apelativo ideal para retratar un montonazo de conductas festivo-artísticas que han ido surgiendo. El sujeto subculto se arroga de un desinterés por las culturas conocidas, no solo por la suya de origen  cargada de tradiciones oficializadas altamente deplorables, sino también la de otras de las que no tiene idea .A diferencia de la contracultura, un período de provocación en contra de una cultura pública que legitimaba el clasismo social, la explotación del  trabajo en condición indignas, el acceso privilegiado a la universidad y la música moralista; la subcultura tiene más que ver con estados infraculturales que no con propuestas neoculturales. Es posible que la propia palabra de cultura genere muchos equívocos. Durante un tiempo ser culto era sinónimo de poseer un saber y ocupar un espacio correcto en el mundo de relación armónica y de respeto a los demás. A fuerza de hablarnos de cultura se ha hecho auténticos  lavados de cerebro en los que las prácticas asumidas por un pueblo, que les venían de tradición y que por la fuerza de la costumbre no eran o no son impugnadas  y son o han de ser de recibo. No es así, la primera confusión que nos  plantean las culturas, así como  los cultos y  los no cultos, es de la de su aceptabilidad total. Esto es un imposible o un antagonismo con la sensibilidad social. Es difícil que todo lo que haga un pueblo sea aceptado por los demás pueblos pero tampoco por todos sus miembros . Otro asunto es que el hecho de haberlo vivido desde la infancia quien más quien menos haya quedado marcado por una iconografía, unas formas de hacer y de ser. Los pueblos, todos sin excepción, tienen motivos para sus vergüenzas, sus tradiciones no las justifican. La tauromaquia en España o la ablación clitoriana en el África subsahariana mueven a espanto .Establecida la cultura, en  su plural, las culturas como formas colectivas con que se dotan los pueblos para celebraciones, algunas de ellas, antiquísimas de las que a nivel vulgar no se sabe tanto de su porqué, valiéndole la oportunidad que da para el hedonismo, hay que ver con que partes de ella nos podemos quedar y con que otras no. Una cultura no es algo fijo, es un proceso en transformación, Los nuevos tiempos tecnológicos y telemáticos vienen incorporando nuevas formas culturales de manifestación y comunicación. El lenguaje sms y hablar a un aparato por la calle han transformado la faz de las relaciones humanas y el modo de estar en público. El botellón es otra forma cultural que no pasa por el espacio cerrado de las discos ni por sus precios de taquilla. El grafitismo pone a nivel de consumo visual, socializado e inmediato formas de expresión plástica y mensajes. Todo eso son  formas más neoculturales  que no subculturales. La subcultura es una apología nazi contra el libro, a favor de la ignorancia y por la promoción del analfabetismo. En las razias previas al genocidio judío, algo que no soportaban los alemanes de los judíos de su propio país y de otras partes es que poseyeran los negocios, el dinero, pero tampoco que poseyeran la finura, la elegancia, la intelectualidad. La forma denominacional de subcultura para apelar a lo primitivo, a la autenticidad salvaje o a un tipo de músicas radicales ha sido un infortunio verbal. Quiere desmarcarse tanto de la cultura de oficio y oficial como de la contracultura que puso en circulación el cuestionamiento de los patrones dominantes pero sin crear una alternativa a la una ni a la otra.

El perfil del subculto en circulación es el de alguien que ha substituido el icono cambiable por el tatuaje, el argumento por el taco verbal, la ingeniería de la prosa explicativa por el minimalismo oral, el significado claro por la onomatopeya, el piropo por el exabrupto. Ha hecho de sus pies un pretexto para llevar toda clase de botas de parafernalia militar, su nariz para atravesarla con hierros, sus oídos para destrozarlos con ritmos pim-pam-pum. En medio de todo eso las  nuevas músicas cargadas de textos como el hip hop, el rap, son llamamientos a la lucha, oposiciones al mundo blanco que está en blanco. En su impugnación al entorno hay algo a rescatar la crítica desde el desconsuelo y algo a reprobar el supuesto de que antes de esta no hay otros linajes críticos de otros desafortunados llamados y forzados a vivir en un mundo que no es el suyo.

Pero lo que lo va a cambiar no es distorsionando palabras recargándolas con k (una cursilada más)o gritando más alto sino creando relaciones más sabias buceando en los huesos y almas ajenas además de husmearles los anos y los genitales tomando buena nota del olfato de los perros.

El Otro Efímero

Escrito por jesusricartmorera 13-02-2008 en General. Comentarios (0)

 

La psicología de las relaciones pasa por una sólida teoría del otro. No depende tanto del yo como de los protagonistas de los panoramas. No es una cuestión resultante de la mismidad como  de un análisis de la externalidad.  Hay un factor propulsante de toda relación que pasa por un interés existencial en cubrir una necesidad dada, sea la huir de la propia soledad o la de conseguir una colaboración para una asunto determinado. El futuro de cada relación queda determinado desde el primer momento por el móvil que lleva a ella. Una vez queda satisfecho queda también condicionado el potencial de otras relaciones posteriores. Una fórmula de cálculo de las relaciones por venir tiene que contemplar una división en la que el divisor contemple las relaciones consolidadas. La existencia de estas, por tanto la consolidación gregaria dentro de un grupo o un tándem, minimiza el potencial de las siguientes. El otro en general es tanto más efímero u ocasional cuantas más relaciones previamente constituidas y aseguradas haya.

La condición congregacional del ser humano, por sus distintos registros de inserción en espacios colectivos, le lleva a estar en contacto con múltiples posibilidades de relación. De hecho, las relaciones vienen y van con una fluidez pasmosa, mucho más cierto en las extensiones urbanas. Los aislamientos extremos son casos raros, dados por catástrofes, accidentes o eremitismos voluntarios. En los rincones climáticamente más duros hay colectivos humanos que permiten un abanico de posibilidades relacionales alto. La constatación de ese flujo abierto de relaciones deja en el lugar de lo efímero cualquier otro potencial que no termina de concretarse en una relación continua. Una relación supone una serie de contactos en distintos contextos. Aunque estrictamente un solo contacto humano puede ser de una riqueza tal que procesa en un periodo intenso y único  partes de una relación.  Se suele decir que hay personas que conoces de toda la vida con las que nunca estableces una comunicación y otras, que sin conocerlas, puedes establecer una intensa. Prefiero el segundo tipo que el primero. Lo primero forma parte del decorado, lo segundo de lo creativo. Es la diferencia entre lo que está y lo que es. Hay personas que están donde tu y otras que son seres con los que te comunicas. Una mayoría de gente que forma parte del campo visual y sensorial son Otros efímeros que a menudo ni siquiera son reconocidos o cuando lo son apenas si pueden dárseles atributos concretos. Es una casi insignificante minoría la parte deferente con la que se establece contacto, comunicación con las palabras y con los sentidos. La vida relacional sondea continuamente esta posibilidad. Las cartas de sondeo son instrumentos en esa dirección. Puesto que nadie está psicológicamente preparado para recibir cartas confidenciales y si antes no pasaba de la postal de viaje ahora no pasa del email escueto y generalmente técnico, cuando se encuentra con una de ellas sencillamente no sabe lo que hacer o se encuentra desnudo o sin respuesta. Para mi tipo de escritura he llegado a pensar que produzco complejos de inferioridad sin quererlo.

Una carta por su condición dice varias cosas, puede plantear distas variantes de un tema. Es difícil que no haya algo de todo ello a lo que replicar o por lo que protestar. A menudo he oído decir que mis cartas han provocado respuestas o borradores de respuestas pero que no se terminaron de enviar. No importa. Las cartas de sondeo son las que sondean las posibilidades de un interlocutor. Lo hay o no. Existe o no. Es o no es. Si la respuesta es no a las tres cosas lo mejor es no esperar nada y dejar  una carta en el lugar de única. La no respuesta o la no-continuidad de ellas no significan que no haya alguien valioso al otro lado. Simplemente no hay una disposición, un entreno, una prioridad por la otra parte para entrar en el juego de la correspondencia postal.

Hasta ahora no ha habido mes de mi vida adulta que no haya experimentado la necesidad de escribir(me) con alguien que no lo había hecho con anterioridad. La verdad es que encontrar a alguien que me mueve al habla escrita es un pretexto también para hablarme a mi mismo. Escribir una carta es una forma de escribir un diario con la garantía de que como mínimo siempre hay alguien, aunque sea una sola persona, que te va a leer. La continuidad está reservada para unos pocos. Y una continuidad de por vida resulta muy hipotética. Si todo nace, se desarrolla y muere, las relaciones postales no son una excepción. A veces es suficiente en mostrar las credenciales en una primera para que no tenga la oportunidad de una segunda. He advertido que hay gente de notas cortas que no contesta porque se autodescarta para esa contestación o no desea ponerse a prueba en sus propios límites discursivos.

A diferencia del habla donde hay subterfugios para disimular los límites propios y disculpar los ajenos, cuando el protocolo exige tapar las faltas del otro, en la comunicación escrita la evidencia de lagunas, autocensuras, incoherencias y miedos es evidente. El hecho de una no-respuesta también es una clase de respuesta. El silencio o la callada por toda respuesta han sido argumentados con dos clases contrapuestas de razones. Las unas que hacen referencia a la ética silenciosa cuando lo mejor es callar ante la insolencia ajena y las otras que hacen referencia a la idiocia o falta de recursos intelectuales para replicar cuando lo que se propone es demasiado enojoso o complejo como para contestarlo. La observación práctica de las no-respuestas, tanto en los vínculos escritos como en los ámbitos orales, hace pensar más en la desidia o la prioridad al no esfuerzo en lugar de aceptar una invitación a la dinamia conversacional. No hay que olvidar que una buena parte del esfuerzo humano está compensado económicamente por dádivas de algún tipo o por salarios remunerados. El esfuerzo laboral es el que encuentra un correlato más claro en este sentido. Todo esfuerzo que no pase por eso tiende a caer en alguna clase de desconsideración.

La relación verbal que examina conductas y reflexiona sobre ideas y valores tiene algo de revisión del síntoma o de propuesta implícita de la cura. Si Sol L.Garfield definió el marco psicoterapéutico como la interacción personal sistemática a través de la que el profesional podía ayudar a la modificación conductual del cliente, la relación comunicativa humana en profundidad cabe ser definida como una interacción no cerrada que se aparta de las reglas de juego convencionales para aceptar  los riesgos de la comunicación y sus consecuencias alterando la autoimago además del mismo sentido comunicativo de los usos verbales. En las propuestas comunicativas hay algo muy arraigado que bloquea la producción de intimidad, De alguna manera el sujeto intimista desvela y revela su verdad den total desnudez y se expone a ser vulnerable. Eso oculta un terror a la fragilidad que puede tener algo a ver con lo que teorizó Spitz con L´hospitalisme. En cuanto a que todo abandono puede provocar  déficits fisiológicos. Un sujeto con su ecce homo al descubierto se arriesga a confiar en el depositario de sus confidencias verdades para las que no está preparado sostener. Las dificultades con los manejos de la intimidad es lo que resitúa y consolida a cada cual en la distancia conveniente de los demás. A menudo nos asalta la idea de que tras unas cuantas frases de saludo ya damos por terminada la necesidad de ese otro cuya cuota de transitoriedad ha sido más que rebasado. Cualqueir otro del panorama es un transeúnte instantáneo en nuestra idiosincrasia. Apenas es un instante en nuestra retentiva.

El otro efímero es la mayoría de otros que se concretan en un contacto puntual que no es seguido o alimentado a continuar.  El mundo de las telecomunicaciones y los contactos entre grandes distancias también facilita ese tiempo de eventualidades. Escritores de cartas o no todo el mundo recala en la condición de sus sondeos de los demás. De algunos contactos de sondeo pueden quedar bellas anécdotas y hasta lecciones lo cual resuena a brillante mientras que de otros con continuidad pueden estar girando en torno al mismo tema sin dar la oportunidad a variaciones creativas o a la genialidad. Hay cartas únicas que pueden ser extraordinarias y también correos continuos que pueden ser insoportablemente monotemáticos.

 

Fracaso de la Unilateralidad

Escrito por jesusricartmorera 13-02-2008 en General. Comentarios (0)

El fracaso de la Unilateralidad. Futura crisis del voluntariado social. Nyakatarire (Niger) 5 febrero 2008

He tenido y sigo teniendo por criterio estar voluntariamente dispuesto a los actos de solidaridad como parte estable de mi conducta personal. He creído y creo que si está dentro de tus posibilidades ayudar, no tienes que dejar de hacerlo. Este santo predicado entra en conflicto consigo mismo cuando la concreción de ayudas puede generar desayudas o agravios potenciales.  La calle me ha ido enseñando que la solidaridad sistemática genera efectos perversos y que no siempre obedece a razones altruistas. He tenido que reconocer que vivo un conflicto entre mi deseo de ayuda y las consecuencias adversas que ésta puede llegar a producir. En la catedral de Burgos leí un panfleto distribuido por la administración que alentaba severamente a no dar dádivas a los indigentes de calles ya que esto estropeaba un programa organizado de ayuda social. Muchas calderillas limosneras pueden ser empleadas para otros asuntos fuera de lo supervivencial o incluso generar una cadena de explotación de capos que ponen a sus hijos o mujeres a pedir como fuentes de ingresos. Posiblemente se puede transpolar esta idea a otras muchas situaciones en las que el ciudadano de buena posición económica  afligido por la pobreza que ve a su paso se siente empujado a ayudar sin pensar por un rato en las consecuencias adversas de su ayuda.  Hay un paralelismo entre la ayuda personalizada y un tanto espontánea que alguien con mi criterio practica; con la ayuda, un tanto regular con criterios mas organizativos, desde el potencial de asociaciones para la cooperación impulsan. En ambos casos el principio que preside los comportamientos es el de la unilateralidad. El que puede da lo que tiene o lo que le sobra a quien pone la mano: sea la de un menesteroso que se refugia en un pasillo del metro de una gran ciudad, o sea a una aldea entera de gente malnutrida y mal vestida en el Sahel nigeriano. En ambos casos el sujeto de economía resuelta sabe o sospecha que indirectamente su tren de vida se lo está debiendo a un mundo catastrófico donde la mitad de la población lo sigue pasando bastante mal. Con este razonamiento referencial bastaría que desde la otra mitad nos  desprendiéramos de una parte de nuestros recursos para que la humanidad entera resolviera su fatalidad. No tan rápido. No es así de sencillo. La relación interactiva con los recursos, es decir, pasando por un coste en trabajo y energia empleados para su obtención garantiza en parte la conservación de estos recursos, mucho más, comparativamente,  si los recursos son entregados sin intercambio alguno. Espontáneamente la calle es una cantera de lecciones en las que se aprende entre otras cosas que los objetos regalados suelen ser menos apreciados que los que se paga por ellos o los que presupone un trabajo conseguir. Una perversidad comercial de signo opuesta basada en esto es el de incrementar exageradamente precios para hacer creer que son mas buenos por ser más caros. No entraremos en esa clase de manipulación de los credos populares.

En las pautas educativas infantiles se insiste también en esta interacción. La misma naturaleza ha aleccionado antes a todos los seres vivos en cuanto a ella demostrando que es con la sinergia de procesos que unos entes pueden desarrollarse y seguir adelante. El indigente crónico, sea el residente de una bolsa de cuarto mundo excluido de los estatutos mayoritarios en su ciudad o el de un pueblo entero determinado para la indigencia, se acostumbra a la cita con el sustento sin hacer nada a cambio. En realidad sí hace algo: justificar con su presencia que otros organicen la empresa caritativa o solidaria. Es fácil distinguir entre los indigentes que lo son por sus condiciones físicas incapacitantes a los que lo son por sus elecciones preparando la mejor estrategia para vivir de aportaciones de otros. La producción de anécdotas de gente de todas las edades y fuerzas dispuesta a recibir ayuda pero no a hacer una contraprestación es continua. A pesar de ello el voluntariado no deja de ser creciente. En no pocas situaciones el voluntario hace el trabajo de su ayudado: él pinta la cerca, le levanta la escuela, le perfora el pozo o le trae la comida, el medicamento y la ropa. Y al hacerlo no se da cuenta que hace un flaco favor a su auxiliado que se perpetua en la postura de recibir y no en la de actuar. Si para algo sirve un voluntario puesto, llegado, trasladado o enviado, en un lugar remoto no es para hacer con sus manos de afuera lo que otros pueden hacer con las manos que tienen sino en dar pautas de aprendizaje para ganar en autonomía. Ponerle a alguien  el plato en la mesa es una ayuda puntual, enseñarle como conseguirlo siempre es una ayuda permanente. Evidentemente hay multitud de razones por las que ayudar y también por las que dejarse ayudar. Es por eso que la discusión no pasa tanto por cuestionar programas concretos de intervención en las ayudas contra el hambre y la enfermedad sino en cuestionar la postura  de la dependencia que generan. La solidaridad internacional hace involuntariamente lo que las grandes empresas que tratan con transgénicos y con el control  de semillas han hecho antes: impedir que la gente sea autárquica y viva de sus propios recursos. El criterio del negocio permanente es tener consumidores que dependan de tus ofrecimientos tras generarles su necesidad. Es así que ni siquiera en el primer mundo somos capaces de garantizar el confort si las empresas que nos suministran la luz eléctrica en nuestros domicilios privados en lugar de buscar tecno soluciones alternativas que no dependan de las grandes industrias. Si la ayuda sectorial no crea soluciones, antes bien puede producir problemas potenciales mayores por ese acostumbramiento a la negligencia crónica, es porque descansa en algo propio del primer mundo: la arrogancia de su intervención unilateral. Los USA generaron una deuda importante, cuando menos moral, a Europa con el plan Marshall y siguen haciéndolo con su incidencia en todas partes del mundo que se les deja para interferir en la soberanía ajena. La unilateralidad genera un flujo de entradas en un solo sentido terminando por cerrar las vías para flujos de salida.

Tan pronto el ejercicio de la unilateralidad sea cuestionado desde la posición individual de cientos de miles o millones de voluntarios la crisis del voluntariado será dada. Comparativamente es mejor tener a millones de jóvenes preocupados por ayudar al tercer mundo que en doparse con drogas insanas o matarse en las carreteras probando la máxima  velocidad de sus coches o chiflándose por la liga futbolística. Todas esas comparaciones no quita que la idea solidaria sea poco más que un justificativo para sus viajes o su interés por el mundo ajeno sin realmente desear cambiar el propio.

En los compromisos institucionales entre estados: La UE invirtiendo en la carretera asfaltada entre Níger y Burkina por ejemplo, cabe pensar en la exigencia de contraprestaciones no necesariamente económicas. Quien entrega una ayuda puede exigir formar parte de la fiscalización de sus resultados y pactar una contrapartida: cambios de actitudes burocráticas por ejemplo y minimizar la discriminación del visitante blanco, algo  absolutamente grotesco en muchas partes de África.

La futura crisis del voluntariado social se resiste porque la gente en masa que lo compone  necesita creer en algunas causas para justificar sus vacías existencias o pagar las deudas heredadas de las salvajadas de sus antepasados colonialistas. A falta de revoluciones europeas y del vacio enfermizo del hombre blanco se cree que el potencial está en otras partes. Basta que surja una revolución poética, la del zapatismo reactualizado, para que una pequeña multitud inquieta y sensible, en lugar de poner sus visitas en el Machu Pichu o en Nepal las pongan en Palenque. La alternativa al intervencionismo unilateral sea de los grandes o pequeños grupos, de los mecanismos gubernamentales o no gubernamentales, de individuos asociados o no, es la de enseñar dinámicas de intercambio, es decir, procesos de colaboración mutua. La significación al completo de cooperación y desarrollo pasa por la colaboración como protagonistas de los más interesados en su desarrollo y la inversión en este de la energia potencial que se mantiene en stand by en la diversa amalgama de la ociosidad.