Clitoritomía

Clitoritomía. Goudel Niamey 16 may 2008

Moolaadé de Sembene Ousmane

Moolaadé significa en djioula asilo. En un lugar indeterminado del África actual es la historia de un pueblo en el que una mujer no está dispuesta a que el rito de la ablación (La salindé) siga en el cuerpo de su hija. Un grupo de cuatro muchachas que les toca por edad pasar por tal atrocidad acuden a esa mujer buscando el amparo. La película es una historia del poder de la voluntad de esta mujer en concreto y de las vecinas que le dan apoyo en contra del poder masculino y de todo lo que representa: lo retrógrado. Algunas de las muchachas se suicidan echándose al pozo por tener que pasar por ese crimen contra sus cuerpos. El consejo de los hombres obliga al marido de la rebelde a que obedezca, la cual se niega repetidamente a pesar de ser golpeada. Un hombre que es extranjero y que viene de tarde en tarde con su carro de mercancías interviene a su favor. Su ayuda lo convertirá en un rival a los ojos de los hombres y lo asesinarán. Por otro lado el hijo próspero del rey tribal que ha estado de emigrante en Europa vuelve  con muchos bienes, entre ellos un televisor, entra en contradicción con su padre que lo deslegitima. Los hombres en su fanatismo obligan a quemar todos lso radio transistores  para que no haya contacto informativo con el exterior. Una hoguera de ellos simboliza su estupidez. La lucha finalmente es con las mujeres que viste de una manea particular usando unos pequeños cuchillos curvos para la amputación a las cuales se les obliga devolverlos y son quemados. Vence la sensatez por una vez. La película pone en evidencia el gran peso de las tradiciones africanas que mantienen a todo un continente sumido en el atraso mental más absurdo convirtiendo lugares paradisiacos en infiernos convivenciales.

 

Castigo Implacable

 

Castigo sin venganza de Lope de vega.  La relación de un hijastro con la esposa de su padre crea una situación donde el amor es presentado como conflicto. E padre es un todopoderoso que sale a guerrear en cuya ausencia el amor de aquellos se abre paso. A la vuelta de aquel un anónimo le advierte de la situación. Sin interrogar a ninguno de los dos prepara las condiciones para que sea su hijo el que mate a su mujer con un ardid, e inmediatamente después de eso ordena a su soldados que lo maten a él. Lo habitual de la psicología de las relaciones humanas pasa por innumerables vericuetos de sondeos y decires, de tanteos y especulaciones antes de tomar formas sólidas o con apariencia de definitivas. El teatro clásico ha abundado en malentendidos, reconvertidos en la sal y la pimienta de los juegos verbales y de las tentativas sensoriales; algo de lo que el teatro moderno no se ha alejado. Los diálogos suelen ser especulativos y los juegos de múltiples posibilidades excitan la imaginación. Para el cuadro presentado por Lope de vega, el mundo triádico se basa en la imperativa fidelidad pre-supuesta de un hijo hacia su padre que jamás podría suponer que lo traicionara flirteando o enamorándose de la mujer de este. Fidelidad que también es un imperativo para la esposa a la que se le supone que no se irá con otro hombre por mucho que su marido se vaya de aventuras bélicas o esté temporadas ausente. La certeza de esta transgresión es suficiente para el hombre doblemente engañado, por su esposa y por su hijo, entre en cólera y haga los preparativos de sus asesinatos. El resultado es su orgullo restablecido y a la vez la pérdida de los que hasta hace un rato antes de la noticia de su relación eran sus máximos, o únicos, seres más queridos. Por parte de los dos amantes cuyo feeling empieza en el momento en que el chico rescata a ella de un mal paso, viven su historia de amor como una tragedia desde el principio por los imposibles contextuales en los que toca moverse, algo que encontramos en otras historias de amor en el teatro clásico, done el enamoramiento más que un motivo de jolgorio lo es de temor y especulación por las consecuencias que puede derivar. En Lope y en esta obra el precio del amor es el morir y la conducta del que se considera burlado es la de castigar.

Boadella y la Excelencia

De cómo hacer teatro excelente.

En algun lugar de Manhattan, made in Boadella.

Un texto rápido con un doble registro evidente al menos. El de una compañía bajo el mando neurótico de una directora teatral  supuestamente argentina que pierde los papeles a cada rato tratando de ensayar El Quijote al estilo heterodoxo de ésta y el de un par de fontaneros que vienen a reparar una gotera en el escenario de ensayo, residentes de una comunidad psiquiátrica. Mientras aquella va repartiéndo los papeles; éstos, que llegan con curiosos atuendos a bordo  el uno de una moto guzzi, creyéndose el caballero andante de Cervantes con el seso comido a fuerza de haberlo leído, van a su bola ajenos a la tentativa escénica de los otros. El de la guzzi con hablares del siglo cervantino y con una memoria estupenda de las páginas de El Quijote demuestra, sin quererlo demostrar, ser el mejor actor para el asunto, así mismo su operario como pareja de reparaciones lo demuestra ser para la de Sancho, con toda la ideología contenida que le caracteriza y el realismo propio de la figura conservadora. Hay un tercer registro un tanto oculto el de la autocrítica teatral en el modo de hacer puestas en escena, un tanto vaporosas a fuerza de irrealistas, repasando la relación neurótica o ninguneante entre una dirección y sus actores.

Albert Boadella en el artículo de presentación de la obra  destila un toque de humildad y revela una verdad a gritos: la de continuar tratando las cuestiones fundamentales de la cultura después de pasarse cuatro décadas llenando salas de teatro. La cultura es esto: una vuelta de distintas maneras a los mismos conceptos centrales de la vida.

El rito escénico es rápido. Es una obra de texto para no perderse ninguna palabra. Los actores van cumpliendo una a una las indicaciones de la directora cuando es capaz de precisarlas sin evadirse del trabajo y los que van de fontaneros,  ajenos absolutamente a todo, son los que imponen el auténtico discurso quijotesco en un espacio escénico en el que no termina de arreglarse nada salvo el control de la gotera que hasta allí los ha traído.

El guión es el relato de una tentativa escénica de la obra cervantina sin llegar a concretarse y que sin embargo queda expuesta en sus trazos fundamentales.

Quijote y sancho son la metáfora de una dualidad: dos maneras combinadas y seguramente complementarias de enfrentar el mundo social. La aventura del uno y la contención del otro siguen estando presentes en los debates, en los encuentros, en las tentativas y en la lucha por la supervivencia. Cada cual elige su papel. La locura no es privativa de uno sino de cualquier elección. Lo unico que es dado es pre-optar por la dosis de ella.

Se trata de una obra viva y ágil, audaz e inteligente que representa en la práctica una manera de hacer teatro excelente.

 

El cristo femenino

 

La Cuadra de Sevilla con  Salvador Távora   en Imagenes Andaluzas para Carmina Burana nos atrapó los sentidos como si nos hubiera cogido de la mano para llevarnos por su versión particular de la pasión cristiana. Un reparto hierático: 4 monjas de pared de fondo, dos y dos; 4 ángeles de blanco movidas por una noria con poses de inocencia celeste, una cantaora de vestido clásico de pliegues blancos y algunos lunares, dos zapateadores, un rascador de madera de fregadero, otra cantaora en la finura de un vestido de tubo y otra cantaora más, de las de pueblo con vestido negro-gris de hacer faenas, dos caballeros con sus caballos blancos, tres gruitarreros  y una bailaora que puso los pelos de punta al público. La primera parte de la obra fue aguantada por el magnífico equipo sonoro con la banda de Carmina Buranna de Carl Orff. Todo estaba en su lugar: las caras serias, el drama andaluz, los actuantes cada uno en su puesto a punto para el combate.

 El punto de inflexión llegó con los dos toros mecánicos que elevaron su cornamenta sobre el público de las primeras filas de la que colgaron los dos bailaores-zapateadores que acabaron con manchas de rojo en sus camisas. Eso consolidó los gritos desgarradores del jondo y una danza apuñalante de la bailaora  en la cruz tumbada al suelo a la que pateó todo lo que quiso y a la que al fin fue colgada.

Desde 1972 la cuadra ha presentado 14 espectáculos que han dado la vuelta al mundo.Tal como dice Távora intentar dar una explicación al impulso creativo sería una torpeza.

El contenido escénico data de los s XII o XIII hechos por goliardos y clérigos contra los poderosos de la iglesia, de contenidos paganos e irreverentes.

Fue escenificado en el teatro Victoria de Barcelona, donde el publico merece una mención especial: Esta vez supo contenerse a la emoción y no aplaudir al final de cada canción dejando el homenaje sonoro del aplauso para el final.

Tres: el problema de siempre

Tres: El problema de siempre.

Tenim un Problema. Sala Villarroel.

Trepidante, rápida y original. Sirve en bandeja una situación de relaciones humanas trianguladas con una explicación directa al público en diversos momentos por uno de los personajes y una triple situación simultanea: la del apartamento de un homosexual que decide compartirlo con un huésped, la  de su amiga y vecina de al lado, la cual es la amante del hombre de la pareja escénica. Los tres apartamentos comparten el escenario y eso hace rápida y original la representación que en algunos momentos presenta diálogos distintos en paralelo. El marido es presentado como un clásico incapaz de enfrentar su situación con su esposa. Su situación es la que tiene una amante. Por su parte la esposa también tiene su amante. Los dos, esposo y esposa, esconden mutuamente sus relaciones secretas. Por su parte el homosexual espera con su nuevo compañero de piso algo más que una relación de casero-inquilino y su vecina, la amante femenina, espera algo más que pasarse toda la vida escondida.

El problema es la situación de la vida misma, el desajuste entre el deseo y la realidad. Cuando la relación de la pareja constituida está en peligro ambas partes no dudan en consolidarla de nuevo.

Como otras obras del género de comedia, la situación está presentada pero la verdad sobre ella queda enmascarada. En el lugar del enfrentamiento de la verdad rigen los supuestos y los presupuestos aderezados con gagas de coincidencias o casi coincidencias que ponen las tensiones al borde del estallido pero que nunca llegan a producirse del todo.

 

 

 

El asesinato del poeta

 

 

Lorca eran todos. de Pepe Rubianes

En el club Capitol en Ramblas de bcn. Rubianes con esta obra exhibe un valor artístico a su carrera fuera del estilo humorístico que le caracteriza. Teatro-documento, como él mismo la califica en los minutos previos a su escenificación que actúa como presentador, es una indagación rigurosa de los acontecimientos que rodearon el asesinato de Federico García Lorca al principio del alzamiento golpista contra la República en Granada.  García Lorca se había refugiado en casa de su amigo Luis Rosales, la cual era sede de concurrencia de altos cargos de la Falange, frente a intromisiones de patrullas descontroladas que lo maltrataron en la suya. Nadie pensaba en que hubieran intereses homicidas en su contra. Cuando lo arrestaron para llevarlo a Gobernación Civil nadie sospechaba que se tramara su muerte. Uno de los Rosales consiguió la orden de dejarlo libre del Gobierno Militar al día siguiente cuando ya era demasiado tarde  y había sido llevado a Vízmar para ser fusilado en los tristemente famosos paseïllos con que la Guardia Civil  engañaba a sus víctimas. Todo se debió a un rencoroso,   que quiso  hacer méritos propios sobre el cadáver de un poeta que no tenia nada que ver con la contienda pero sobre el que pronto corrieron tintas difamatorias tratándolo de rojo. El gobernador civil de Granada de aquellos años se excedió en su brutalidad hasta el punto en que fue objetado por la propia derecha. Tras la muerte confirmada de Lorca el mundo entero conocedor de su obra interrogó a las autoridades españolas que añadieron más mentiras a su personalidad. Tuvieron que pasar muchos años para que su obra fuera divulgada y  escenificada en suelo hispano.

El formato de la representación es la encarnación de los distintos personajes de aquel contexto que van explicando y entremezclando sus versiones. Luis Rosales fue acusado injustamente durante toda su vida de haber favorecido la muerte de Lorca cuando en realidad había actuado como su protector y a su vez también pudo perder la vida de no haberse intercedido por él.  Su vida fue eclipsada por ser siempre vinculado a la obra de Lorca. Preguntado en todas partes por este en lugar de por su propia obra. También lo fue de su familia ya que el sujeto  encargado por gobernación en ir  a detener a Lorca le guardaba una rivalidad a la Falange por no haber sido admitido en sus filas. Deteniendo a uno y siendo un eslabón crucial en su asesinato también empantanaba a la familia que lo había acogido.

Este trabajo de Rubianes ha sido el fruto de una persistencia desde los tiempos en que fuera estudiante y acudiera a una de las conferencias del propio Luis Rosales saboteada, como solían serlo, por críticos de los acontecimientos que no los indagaron suficientemente.

Dada la figura descomunal de Lorca hacia falta un texto  dramático que le hiciera justicia y que fuera presentado con toda la rigurosidad necesaria.

La escena última donde queda abierto un libro de las letras de Lorca por un lugar indeterminado y con una flor entre las páginas hace, además, de homenaje póstumo. Contra el asesinato de los poetas solo cabe seguir leyendo y escribiendo la poesía.

El gay oculto

 

Currículum oculto gay 23juny2000

La jaula de las locas  (la cage aux folles  de Jean Poiret) versionada y dirigida por Angel Alonso plantea la trama de una relación homosexual  entre dos adultos hombres para ser enmascarada en público pasándola por una relación heterosexual estándar.Todo ello para facilitar la perspectiva matrimonial del hijo de uno de ellos  con una chica de la alta sociedad cuyos padres  vienen a conocer los de su pretendiente para dar el visto bueno a la  boda. En tres actos,el director resuelve estupendamente una situación de  alta complejidad.

en el primero,  El gerente y la vedette principal del night club la jaula de las locas presentan una privacía convivencial con unos valores determinados y unos amaneramiento hiperbólicos .Las neuras de ambos  no han impedido un apareamiento de larga biografía de éxito en lo íntimo y en lo profesional.

en el segundo el enfrentamiento para cambiar de actitud y aparentar lo que no se es por una devoción al filio, criado en un ambiente gay pero que es heterosexual.el hijo solo pide un acto escénico para dar el pego a los padres de su novia, la cual está al corriente de todo pero que se debe a una familia tradicional y de apostolados.

en el tercero, el cambio radical de situación: en la que  todas las apariencias  son disimuladas (cristos en lugar de pinturas de desnudos y vírgenes en el lugar de ligacamas)y donde ambas familias se conocen.Es el acto que borda el trabajo de representación. Todo sale de una manera distinta a la prevista y Joan Pera (la vedette y pareja) en una magistralidad  total, incapaz de representar el papel de hombre,actúa como la esposa-mujer de Paco Morán (el padre de la criatura que es quien promueve todo el cambio de papeles). Innumerables detalles gays no escapan a la observación de los padres de la novia que finalmente se dan cuenta del percal. Cuando todo está a punto de terminar,hay un canto al amor por encima de las formas y lisonjas de la hipocresía y puesto que el suegro potencial es un político público perseguido por periodistas, acaba aceptando la ayuda de sus anfitriones siguiendo su táctica de escapada:trasvistiéndose de mujer para poder salir del atolladero.

Una obra muy recomendable para paladares finolis  y estómagos batientes con capacidad para la risotada continua.

Teatro de masas

 

Si ya sabíamos que el peor día que  se puede elegir para ir a ver un museo es aquel en que vas a coincidir con colegiales en grupo, o el peor  para ir a ver una exposición de arte es el de su vernissage; ahora sabemos que el peor momento para ir a ver una función teatral es el dia en que se ponen de acuerdo institutos y escuelas para llevar a sus estudiantes. Tomemos el Teatro Victoria (en el paralelo barcelonés) como  observatorio. Es un teatro donde se hacen representaciones excelentes ante un aforo de un  millar o más de  butacas.  Hay muchos teatros en el mundo que se guionizan representaciones ante públicos numerosos y son perfectamente seguidas. La del numero, en principio,  no es la cuestión. La cosa es que cuando coinciden grupos pre-formados en un espacio tan grande y denso, incitados por una propuesta de estudio o de curso, y tales grupos están formados por espectadores sí, pero no por espectadores habituales de teatro, sucede que su no adaptación al lugar puede convertir la experiencia de ir con ellos en una pequeña calamidad. A parte del teatro que se desarrolla en escena está el que sucede en la platea y los anfiteatros.  Antes de que se haga el silencio el público ya se ha  perdido parte de la nueva escena `porque otra parte del público insiste en habar o en ar palmas o silbidos. La gente  necesita descargar sus tensiones y aplaude cuando no viene a cuento (en una clara demostración de sus pautas manipuladas por lo que se ve en los reality shows televisivos). Suenan los móviles, se ven sus lucecitas azules, hay encadenamientos de toses simulando el dolby digital.Y cuando hay media parte (en las funciones largas la hay) toda la masa necesita levantarse para ir al vestíbulo, sea para echar humo, darle al pico, y por supuesto consultar  los importantes mensajes dejados en sus buzones acústicos de telefonía portátil.

No hay nada como mezclarse con tal clase de eventos  para observar conductas en condiciones de masividad en las que sigue confirmándose que  el individuo (perdón por quien no se ajuste al perfil) pierde lo poco que tiene de bueno para ser un memo.Pero no hay nada peor que hacerlo si se quiere seguir sin perder detalle una obra escénica. Me pregunto cómo podría sobrevivir Lope de Vega en una época en que la gente estaba menos habituada popularmente a la función escénica.

Lo escénico

 

La mayor parte de espectáculos son escenificados.Es decir hay un lugar llamado escena en el que unos argumentos y unos protagonistas se mezclan para centrar la atención de un público.Eso ha sido posible por la concurrencia de un director que como hacedor de una creación lo ha ordenado todo para presentar un discurso fiable. Posiblemente ese director no es más que un impostor, un intruso en el territorio escénico del que va aprendiendo mientras lo va recorriendo (Peter Brook[1]  1968) . Los componentes son servidos para satisfacer-o zarandear-a un público ávido de pasión, contenidos, aprendizaje o interacción. ¿Pero donde está el público y donde está la escena? En la medida en que la existencia entera ha sido y es teatralizada continuamente y el concepto de imagen ha dejado su feudo selecto para generalizarse en todos los ámbitos de vida colectiva, la frontera entre actuaciones y expectaciones ha desparecido. El actor y el espectador han devenido en uno solo, y todo el mundo tiene sus momentos estelares  ante un  público que le sigue y l otros típicos momentos que se funde anónimamente en un público para seguir  a otras estrellas. Esta asunción,cada vez más popular, no desdibuja la noción tópica de los significados de “ir a un espectáculo”, “ir al cine “o “ir a ver tal  o cual cosa.” El espectáculo todavía sigue siendo circunscrito en unas salas especiales: cines, teatros, danzas, ...En las que un grueso de espectadores gozan con la mirada y la escucha de lo que hacen unos determinados artistas. Pasado un período pre-pactado el público desaparece llevándose su mochila de sensaciones.

Casi siempre hay una escena con coordenadas específicas desde la que unos profesionales  exhiben sus dominios (musicales, circenses, gestuales,cómicos o retóricos)para entretener, divertir,  congratular, satisfacer o colmar a una masa anónima llamada público.Ese público en la platea oscurecida es el motor de todo:el sentido último por el cual exhibir una escenificación.

Lo escénico es la dimensión que crea toda escena sobre lo que reflexionar tras su emisión espectacular. Por lo general los argumentos de cine, teatro, televisión, conciertos, óperas son los temas de la vida misma, que vuelven a la vida. La escena permite la síntesis de lo que la vida refulge dispersa y dilatadamente.La escena es el lugar virtual de las realizaciones que la vida no concede. Es un pacto para la satisfacción del deseo-relativamente barato puesto que se accede a ella con una entrada o boleto de bajo costo. Y por su misma definición no queda circunscrito a los parámetros clásicos de los espectáculos, sino que la espectacularidad ha trascendido a todo terreno que tiene escena. Los debates parlamentarios televisados o las conferencias en círculos de cultura,son también espectáculos en tanto han arribado a categorías escénicas. Todo hablante en público incorpora en su gestualística unidades de actuación con las que se sacar mejor partido a su intervención. Todo hablante es un actor pues, ya que todo actuante es un actor nato que incluye simulacros en su actuación. La diferencia entre unas escenas (las que vienen anunciadas en las páginas de espectáculos) y otras (desde las citas culturales y políticas, a las espontáneas que brinda la calle diaria)es que unas suelen ser de pago y el resto no. Las de pago en tanto que lo son se colocan en la condición de criticables (quien paga tiende a exigir calidad) y las espontáneas se toleran en un magma escénico en que nadie se escapa de escenificar algo: su papel más o menos sabido y/o estudiado. Basta salir de casa y tomar el ascensor para empezar a actuar.Eso no significa que se camine como los/las  modelos recorriendo su pasarela o se imposte la voz como si  se estuviera bajo unos focos y una cámara, pero sí sabiéndose observable/observado por los demás.ser objeto de observación ajena imprime una modificación en la actuación propia. En resumen,lo escénico nos envuelve. Y tanto si codiciamos una postura escenificada haciéndola propia mimetizándola como si encontramos nuestro perfil representado en una escena de la que somos espectadores, es difícil desligar la propia vida de su escenicidad permanente.



[1] Brook,Peter.El espacio vacío,eds Península,2da ed.1990-

Escena y Espectáculo

No todo lo escénico es espectáculo.

Si bien todo pasa por la escena no todo lo escénico constituye un espectáculo. Por error o por un sosiego personal, que se traduce en la autovigilancia baja, unoa puede ser arrastrado a espacios, con taquilla y todo, para asistir a sesiones de estridencias ruidosas o, a veces, a gimnasias de gorgoritos y desinencias gramaticales. Toda propuesta puede entrar en el circuito de los ofertorios, con programa de mano y todo, imprimido y subvencionado por la institución de turno que debe de cumplir con el mandato de lo cultural (¿cuándo  tendremos el valor de redefinir cultura?) y colocado en el centro de atención para cautivar público o al menos para  tratar de tenerlo. El football y los toros y el cine de acción han perdido su poder de dar el pelotazo a todos los públicos. Hay gente que por eso no pasa y va, vamos al jazz, a las conferencias, a los recitales de cantautor y a nuevas versiones del arte no académicaa.  Por su parte, el sistema tendencial ha reciclado cualquier asunto que se preste para concentrar públicos y hacerles creer que son públicos pulidos amantes de la conciencia. Mientras la gente se sigue matando a balazos, o lo ques es peor, con esquirlas de metralla, a unos quilómetros de casa; la gente sosegada de letras quedamos para tomar cervezas e inventar una historia entre todos con la mixtura de palabras de azar. La tragedia humana es la de los otros y los aristócratas contra el aburrimiento nos felicitamos los unos a los otros con el acto escénico como si fuera el peaje indiscutible al cielo de los beatos. Puesto que hay gente para todo, la hay para quien se cree partícipe aportando una palabra para que el poeta estrellado (que no estelar) del momento construya con ella un texto improvisado. Los hay genios medulares que ni siquiera necesitan una calculadora de bolsillo para acertar con la raíz cúbica. Luego, con el ambiente apropiado y el refrito de todas las intenciones concurrentes en una sala, el producto final abrirá las carnes de los adictos y hará orgasmar a los que descubran la poesía por primera vez. Para otros, hartos de tanta performance, y tanto último grito, escribir un texto con palabras de todos para destruirlo en rito final parece una chorrada más en un mundo de déficits de estimulos en los que todo consumidor busca algo original. A fuerza de originalidad como demanda, la gente de la profesión escénica cambia la forma sin alterar el contenido. Para quien necesite palabras oriéntesele al diccionario enciclopédico más cercano o si las quiere espontáneas que aguce el oído en los bares tras jornadas de trabajo o en los locutorios de visitas en las prisiones. Allí encontrará realidad, las palabras pedidas como regalo no pasarán de ser simulacros de texto sin contenido, como el de aquellos poemas por encargo que algunos hacen por radio pedidos por radiooyentes o aquellos destinos radiofónicos transcritos de lectoras de cartas del tarot que se burlan en público de la ihgenuidad de radiooyentes atontadas. En fin,  que cada uno haga lo que quiera y mientras haya un salón de gentes que ponen el oído puede haber un hablante sin decires que ponga el habla para seducción perceptiva de la gente pasmada.

Culto a la Estridencia

Aun a costa de no poder formar parte de los comentarios elogiosos del folleto de mano, la música de Marcelo D2 nos ha resultado un canto a la estridencia, de un mal gusto musical rotundo  y de una capacidad de mensaje cero.  Despues de unas piezas, nuestra sensibilidad no pudo resistir más tanto griterío y lo atenuó marchando a otro lugar del parque más sosegado hasta donde llegaban los tumba-tumba El hip hop combinado con salsa parecía prometer, sin embargo el producto abortivo de ambos estilos nos mantuvo patidifusos en los asientos de plástico durante un cuarto de hora antes de poner los pies en polvorosa. Por supuesto, lo mejor del año, dijimos a modo irónico a los guardeses y encargados de puertas al salir. Pero no perdimos el tiempo. Mezclarnos con la marabunta de los juveniles, levantados desde la primera pieza como expertos en ruido y moviendo el cuerpo al ritmo (¿qué ritmo?)de los del escenario, fue una experiencia de exorcismo. Se podía utilizar el espacio para mover culo, caderas y lo que se terciara y poner cara de intergaláctico ido mientras las fragancias de la marihuana te trasladaban a otros tiempos.  El lugar  haría las delicias de un sociólogo armando su tesis doctoral a base de preguntas a unos y a otros lo que entendían y lo que hacían allí, para demostrar que todo mensaje verbal sería imposible en ese contexto  y que la gente va a los lugares por  manipulación y se conduce por mimetismo. Aparentemente los cuerpos y las manos con toda su gestualidad podrían parecer radicales, los vestuarios desenfadados, las caballeras rebeldes, las gentes liberales, las personas críticas. Nada de eso. La sociedad se lo ha sabido montar para dar a cada gremio su caramelo y doparlo con los ruidos que necesita. Si el Rap ha venido siendo una declaración de principios y la nueva manera de predicar el evangelio social del inconformismo, el hipo hop en el Marcelo D2 team es un insulto a la sensibilidad acústica, pero puesto que contra los gustos de la insensibilidad no podemos objetar nada, adelante, que se siga con las veneración a los ruidos.

 

Jane Fonda

El titular que trata a Jane Fonda de puta.

Todavía a estas alturas hay quien necesita darnos educación sexual y tildarnos a los demás con vocablos de baja estofa por practicar un tipo de actividad sexual que no sea de su complacencia. No puedo por menos que solidarizarme con Jane Fonda a la vez que apunto en mi agenda personal tirarle un huevo podrido al rostro de Josep Pernau, si hay ocasión de encontrármelo en alguna parte, por su artículo Las memorias de la golfa Jane Fonda[1]. Indistintamente de los pecados de juventud que cometiera la actriz, y que pueda reconocer en su reciente  libro de memorias, ha vivido una época histórica en la que se destacó por  compromisos sociales en una cuota bastante mayor que la de no pocos periodistas y tertulianos de los medios, que vienen a arreglarnos el mundo y a decirnos cómo hemos de ser, sin que se impliquen socialmente en lo más mínimo. Lamento que Pernau se deje contaminar por un tipo de argot sensacionalista para atrapar la mirada potencial de lectores en lugar de promocionar una literatura de calidad o cuando menos noticias desembarazadas de calificativos lesivos. Tiene la suerte de que la Fonda no se detendrá para pisar un neo-mosquito como él por su comentario y no lo llevará de las orejas ante un tribunal para que le sancione por su improperio. Los goces de la actriz y su modo de describirse como plurisexual no autorizan a  que periodistas que no tienen mejores temas de los que hablar metan en un titular una palabra que para muchos sigue siendo un insulto.

A falta de temas el dominicial de El Periódico pone al final de los artículos de opinión la pregunta junto a un email “¿de qué quieres qué escriba el autor  tal?” Propuesta para Pernau ¿Por qué no escribes de los abusos de autor: abusos de poder por gozar de un espacio público al que no se puede rebatir o acceder, abusos estilísticos, abusos personalistas por hablar de temas privados que retroalimentan el morbo? Quizás este tema sirva para desatascar la falta de iniciativa y para recolocar al periodismo en una función que no sea la del espía por el ojo de la cerradura de las puertas de los demás. Ah, una última cosa: para hablar de alguien hay que documentarse algo más y no solo hacerse eco de la edición de unas memorias. Para hablar de alguien hay que armarse de una mínima dosis de respeto.



[1] Dominical del segundo domingo de mayo de este año.

Por las letras clavados.

Por las letras clavados. Un epílogo.

 

El deseo de todo texto, o mejor dicho, el deseo de toda autoría que está detrás de un texto poético es comunicar lo más fielmente posible un sentir. El sentimiento no es algo etéreo separado de todo lo demás sino que está concretado en un ser y un estar, por lo tanto en una forma de actuar, en una conducta. Cualquier tipo de sentimentalidad es agua de borrajas y un canto demagógico si no va acompañado a una forma de ser. Por tanto cada poema en particular, pero sobre todo una colección de poemas dedicados a alguien  recoge esta pluralidad de registros, desde lo emocional a lo conductual. Tal como dice un slogan que ha hecho fortuna: “the love is not a feeling, it´s a behavior”. Se pide una mirada fina para detectar entre los versos que conectan con un registro y los que lo hacen con otro. De hecho comparten no solo pagina y poema, también estrofa y línea. Eso puede hacer que  una construcción poética deplore su forma por tratar de vehicular una información  o por ser fiel a un hecho referido entre sombras o entre letras. La poesía se hace compleja y hasta contradictoria cuando trata de representar lo sucedido o los eventos mentales que cruzan la escena en el momento de ser creada. Toda revisión posterior que la haga mas amable, o estilísticamente interesante, se enfrenterá al dilema de traicionar su sentir en aras a su forma o mantenerla a pesar de sus dificultades comprensivas o incluso de su falta de atractivo gramatical. He optado  inequívocamente por lo segundo. Los textos a Erotea no han sido escritos sin ninguna intención editorialista si no como confirmación de una relación apasionada. Son los textos que diploman y documentan esa misma relación recogiendo momentos estelares unas veces  y ordinarios otras, completamente felices casi siempre con algunos episodios dolorosos como contrapunto. Para la perfección llamen a la puerta de al lado.

 

 Si de por sí una relación de amor es complicada hasta el punto que para el caso de la heterosexual hay quien la califica de loca como Julio Caro Baroja  “la relación del hombre con la mujer es la ausencia de lógica total” con quien no tengo que estar de acuerdo ni comentar más allá de este par de líneas,  pero sí recoger uno de los fetiches al uso; la relación pasional amorosa se convierte en una pira crematoria de sentimientos de distinta naturaleza en especial cuando se da permiso a la espontaneidad para que se vaya dando. Pero tal espontaneidad, un lujo de la creación, de la que me jacto no siempre ha rodado suavemente. La esencia hamletiana como  encarnación de la duda, ha estado presente una y otra vez en la musa pretexte para estas composiciones. No hay nada tan terrible como estar  poniendo en la duda continua la elección de la historia para vivir o la elección del otro con quien vivirla.  El sujeto objeto de duda por el otro, el autor, deja de ser poeta de la dulzura para ser detective del crimen pasional, no el de la sangre sino el del escepticismo y la hipótesis permanente del rechazo definitivo. Si a fin de cuentas uno se hace poeta para huir  de los fantasmas pasados, los de no haber sido nadie en el seno de quienes le querían, no podrá tolerar que su personalidad y su rol sean puestos en duda por quien se hace de nombre, palabra y hechos su complemento existencial, que no su completud, convertida ya en una quimera idealista de otra parte del pasado con secuelas de inmadurez. En no poca literatura poética predomina más la idea fatalista de Hölderlin en su idea  “¿qué podemos amar que no sea una sombra?que no la del amor como un segurizante sólido e imperturbable. Pero el amor es por definición alteración. Cuenta con otro que hace de alteridad y fuerza de cambio. No hay amor concebible sin inter-influenciabilidad. He querido creer siempre en el otro como referente pero sólo he podido alcanzar tratar de ser yo como una referencia. Ser un referente para el otro también genera una referencia propia para el self. Y en el laberíntico e incierto campo de los sentimientos todo dato estable es una joya. Una historia de amor se abre paso frente a las incertezas e hipótesis de mal agüero para futuros en los que no se piensa y especialmente frente a las murmuraciones y las acusaciones sin dar la cara detrás de las pantallas. El precio de la lujuria es aceptar que la codicia de ella se disfrace con argumentos supuestamente civilizados, que incluso pueden abrazar adjetivismos como el del feminismo o el de otros cultos. Sea como fuere nuestra historia  sentimental, de la que éstas páginas han dado cuenta a fragmentos, ha seguido su curso por años dándonos a los dos protagonistas  parte de nuestras mejores experiencias existenciales. Ha sido una aventura de hechos a la  vez que una aventura con el propio texto al ser escrito a dos lenguas, las dos con las que habitualmente nos hemos manejado en nuestros encuentros. Subscribo la idea de Rosalía de Castro cuando hablaba de la aventura bilingüe. Una historia de amor es también una historia de tensión como la historia de una flecha es el resultado de la fuerza que la propulsa. Recordando a Albert Camus “el arco se tuerce, la madera cruje/ en la curva más alta de la tensión surgirá/el impulso de una flecha recta, del trazo/ más duro y más libre”[1] .

 

Sean todos los sucesos entrevistos y los que quedaron fuera, por no contar con letras a incluir,  este libro de poesía se suma a una filosofía de la gratitud de la que  Chesterton[2]  hiciera gala. Solo puedo agradecer la oportunidad de las vivencias, de vivir de acuerdo con la no represión de los deseos legítimos de placer y de amor y de haber encontrado un cómplice coincidiendo en esta tesitura. La vida es un don para el beneficio de sus experiencias. Es un don por partida doble cuando se siguen los impulsos  no solo del alma sino también de la carne.

 

Pero las letras, como todo,forman parte del tiempo y por tanto de los tránsitos. Tienen el valor coyuntural de poseernos pero también apresarnos como si quedáramos clavados para siempre a sus significantes.También tienen el valor oculto de deshacernos de ellas si encontramos las claves escondidas de su condición de  verdades aliadas como provisiones –así como  provisionales- en el duro camino del ser, del amar y, en definitiva, del existir.

 



[1] L´home revoltat.

[2] Devorado por el periodismo y por la pasión dialéctica. Una de las figuras mas enigmáticas y apasionantes de la literatura inglesa.

Erotea

Erotea: la diosa del fuego y Eros.

Colección de poemas apasionados. introducción.

 

Un poeta no se pude resistir a poner nombres personales al amor; Erotea es uno de ellos con el que he tenido la suerte existencial de estar acompañado en mis muchos ratos de lujuria y mis sueños glotones. No se trata de un nombre ancestral con resonancias en la antigüedad griega aunque su grafía pueda inducir a pensarlo. Es el nombre de una mujer musa, medio humana, medio diosa. Con cien momentos  de pequeños desajustes y otros mil de grandes lujos de pasión para compensarlos.

No hay ningún ser perfecto por exquisito que sea. Ni las sirenas ni las sílfides lo son, menos aún los humanos nacidos  desde úteros. Tampoco lo son los creadores de creaciones, los magos ilusionistas que hacen ver lo que no hay o los cabalistas que proponen crípticas fantásticas, pero todo sucede en el misterio de la intelección, del asalto sentido a los hechos y sus soportes, de la voluntad deliberada por hacerse con pasiones hechas carne. La poesía concede a sus figuras amadas los atributos de verdad desde la entelequia de las hipótesis. Una historia de amor es su historiador. Todo lo que sucede ha sucedido dentro de lo especulado. No hace falta nada salvo el otro como pretexto. Basta la vocación de amar para que el amor se de como un torrente incontenible de devaneos. Todo amor es en realidad un ejercicio fundamentalmente unilateral. Todo amor es fantasía que dijo sin lugar a equívocos Antonio Machado[1]  y lo más fantástico de ello es que sea posible por constituirse en el universo concentracionario de al menos un ser fantástico con otro que se deja convencer o no por tal fantasía; la cual, es un nombre para llamar al juego cósmico de la sentimentalidad.

Un amor se sostiene sobre la concurrencia de al menos un enamorado y de un objeto de pasión. Este no es inerme: se va transformando con aquel incluso en situaciones de refracción. No es el caso. Erotea es el nombre que inventé desde la conspiración amorosa y sexual para quien  ha sido parte de mi vida, de una vida con otras partes ocupadas por otra persona. Hemos sido y somos dos vasos comunicantes.

Erotea es la unión de Eros, el sexo, y tea, la antorcha para fuegos y carbones. Amarla forma parte del arte. Gozarla es uno de los premios del vivir. Cada acto amoroso ha sido para mi un acto creativo, el orgasmo es también el nombre de una creación aunque no dé el  fruto germinal dentro de un vientre. Lo tengo en el capítulo de las creaciones de vida y no encerrado en el de las simples relaciones humanas. ¿Qué haríamos sin el orgasmo múltiple o la cita continua con los espasmos genitálicos? El arte, erróneamente, lo vinculamos a belleza cuando en realidad es difícil partir de una patrón de medida de la belleza como un hecho objetivo y consensuado. Joaquim Ruyra lo decía categóricamente, “la bellesa,..no radica en la veritat objectiva, sinò en la veritat percebuda...La ciencia calcula i demostra; l´art no fa mes que mostrar i enamorar.”[2]  De la voz y la reflexión filosófica sabemos que de la vida solo nos podemos escapar por la vía del arte, y mejorarnos a nosotros mismos haciéndonos artistas. Pero un artista no es solo sus papeles, su buhardilla, su titiriterismo, sus exposiciones o su canto; es antes que nada, el sujeto que sabe vivir, el bon vivant que saca tajada particular a cada cosa y antes que a ninguna otra a sí mismo, a su cuerpo, a su libido, a su pasión. El sexo es arte y lo es porque escenifica continuamente el rito del amor. Es una obra de arte preciosista especialmente pensada y dirigida para dos que hacen de actores y hacen de todo metidos en sí mismos y ajenos a lo externo  son coreografías involuntarias para que otros tomen nota o no. Aunque ciertamente al darse publicidad en forma de gestos y poemas se  construyen y se convierten en producto  que pide una atención, en acto público que pide una platea. Claro que el acto sexual que se convierte en acto público puede sufrir percances. Cuandos sales de tu nido de amor pueden apedrearte. Manuel de Pedrolo lo aclara más:“quan surts del cau t´exposes a les perdigonades”[3].

Tal conexión de quien se exhibe en escena (y quien confiesa en alguna parte sus intimidades más inconfesables está en una escena) ante una platea supuesta se salva de tenerse que pasar la vida preguntándose sobre el posibilismo vital y los límites existenciales, sobre medias botellas llenas o vacías. Ya no necesita formar parte de las prédicas monocordes de la desesperación y el desaliento porque la cita continua con la pasión hace del amor la conspiración permanente  con buena carga de veleidad ante el entorno inadmisible. Chesterton[4]  no nos encontraría en la fila de los desesperados aunque podamos ir a los ambientes artísticos y mezclarnos con otros atrapados en sus miserias intelectuales.

Erotea es el nombre de mi pasión que ocupa ya una buena parte de mi biografía y a la que me debo como analista de sexo y poeta de declaraciones por la que espontáneamente sueña mi inconsciente y apalabro desde mi consciente con los textos que quisiera más bonitos y que propongo para la memoria en primer lugar de ella y en segundo y siempre lugar de todos y todas quienes quieran hacer de su vida un goce permanente y de sus pecados la mejor de las virtudes. 

 

 



[1] en Canciones a Guiomar. “Todo amor es fantasía/el inventa el año, el día/la letra y la melodía;/inventa el amante y, más,/la amada. No prueba nada/contra el amor, que la amada ,/no haya existido jamás.”

[2] Ruyra,Joaquim. Art i Moral. 1928

[3] Pedrolo,Manuel de.; Arreu on valguin les paraules, els homes. Edicions Proa .  Barcelona 1975 p.9

[4] “Nosotros vamos a los tés artísticos para descubrir pesimistas”   hace decir Gilbert K.Chesterton  en El hombre que jueves.

Custodia de los poemas declarados

 

 

Pasar en limpio, y en este caso a un ordenador, antiguos textos mecanografiados de intencionalidad y formato poéticos de propia creación no se limita a una actividad mecánica y  correctora. Hay un trabajo aparente,  a vista de pájaro, de alguien bregando con una antigua carpeta, con cuartillas y folios sueltos, con distintas grafías, tintas y colores de papel.  Hay alguien metido en un despacho, siguiendo un horario de oficina, cumpliendo con el ritual del empleado metido en la tarea oficinesca. Si la mirada se aproxima más a los materiales que maneja, verá sobre la mesa, junto al teclado, unas caligrafías más homogéneas y cuidadas, otras más caóticas y feas. Verá, si afina un poco más con la vista, algunos títulos que elogiarán a  un ser desconocido que pasará por exquisito,  a una historia de amor pasada que parecerá única. Pero sobre todo verá a alguien buceando en su pasado a ratos alegre a ratos consternado.

 Fuera de estos detalles el hecho de escribir originales poéticos  lo que deja por balance es una experiencia poética en sí misma. En particular cuando los objetos de los que habla cada poema quedan lejos en el tiempo y están disociados del repertorio de intereses actuales del autor. Los originales de Poemas a Elvira los he conservado por más de 20 años en una legajo, sin más cuidado que el de tenerlo a disposición cuando un día quisiera trabajar con ellos, repasarlos o rescatarlos  para darles forma de libro. Y digo trabajar porque enfrentar conductas de una personalidad pasada, desde el podio de un momento muy avanzado en el futuro, es una tarea intelectual e introyectiva de envergadura superior a la gramatical o formal en el traspaso de las caligrafías a los dígitos.

En este intervalo, nunca fui a mirarlos, nunca pensé en ellos, nunca los cité, nunca se me ocurrió sacarlos para dárselos a leer a alguien. Solamente supe en todo momento que los tenía y nada más. Esto no es un motivo de orgullo, es un hecho que confieso -no sin un cierto terror por mi parte- de mí mismo. ¿Si tanto quieres a alguien a juzgar por las confesiones escritas en textos cómo es que resulta tan sencillo no volver nunca a los restos que deja el naufragio relacional con su persona? En mi caso hablo de los restos en textos con formas poéticas. Hay otros más: cartas y fotos, de los que no voy a hablar porqué no viene al caso, pero sí diré que tampoco he acudido a su relectura y la vista de sus imágenes sólo ha sido de paso y por casualidad. 

Ese coleccionario breve de estrofas formaba parte de una historia terminada y con ella también habían dejado de tener sentido como un dosier abierto. El libro en bruto quedó cerrado en 1984 con otras muchas cosas de mi vida.  1984 había sido tomado por título de la consumación del averno social entre los humanos. Yo viví mi infierno particular con la pérdida de mi compañera como tal entregándome a otro tránsito hacia nuevas aventuras y encuentros con el cosmos y con los demás.

Siempre supe, o tuve la intención en espera, de ordenar los textos para hacerlos presentables a la lectura ajena, o simplemente para tenerlos en mejores de condiciones de conservación para el memorándum de mi mismo. Supongo que tengo una imagen cinematográfica en mi inconsciente: la de alguien contando lo más esencial de su vida junto a la vitrina en la que guarda sus secretos y tesoros. Había quien lo hacía junto a los trofeos de caza y miradas muertas de cabezas de ciervos o jabalíes. Hay quien lo hace con el hallazgo de sus esculturas y recogida de objetos por las geografías que ha visitado. Y hay, predominantemente,  quien lo hace junto a una cierta cantidad de fotos enmarcadas de sus hijos y sus parientes o las celebridades con las que ha compartido una instantánea. Yo lo haría junto a este libro impecablemente encuadernado, metido entre otros también surgidos de la efervescencia de mis dedos, entre unas cuantos objetos materiales guardados más por su curiosidad y significados simbólicos que por sus valores materiales.

Todo eso es un decir. Mi vitrina no tiene trazas de exhibición y no pasa de ordinaria guardando una vajilla para ocasiones especiales, una colección de copas  y mantelería y poco más. Por otro lado  la  mayor parte de los libros de los que soy autor no han llegado ni a editoriales ni  menos aún a las imprentas. Esa imagen queda pospuesta y sirve de bien poco. Además no es mi estilo anecdotizar ni de mi mismo ni aún menos la de guardar medallas o trofeos. Un libro es cualquier cosa menos eso. Y un libro de poemas es, poco o mucho, confesiones personales por no decir tests representativos de personalidad. Tiene el  valor de los diarios íntimos sólo que expresado con la metáfora y el símbolo y el estilo del protagonista llamado a escena tocado por el fuego de los versos. Por lo que hace a los diarios y a los poemas mucha gente los escribe pero no se atreve a difundirlos. Incluso autores celebérrimos como Thomas Mann[1] fallecido en 1955, no solo se opuso a darlos a conocer en vida sino que dejó  indicado para  tras su muerte, que sus escritos intimistas, los de sus diarios, no fueran publicados hasta 20 años después de su deceso. Pasado este plazo se comprobó que no había ninguna verdad revelada que fuera escandalosa. Eso ilustra la disociación perceptiva que hay sobre las cosas de uno por uno mismo de las que puedan apreciar los demás. También hay otra disociación  más sutil, la de uno con lo suyo propio pasado una etapa biográfica considerable.

Las palabras del siempre o del nunca que se cuelan en versos categóricos (siempre te querré- nunca te olvidaré..) releídos un tiempo después son reevaluados como productos de momentos fantásticos por no decir exagerados, en todo caso distorsionados y escasamente futuristas.

La tarea de re-conocimiento de unos textos viejos es el de la comprobación del estado del enamorado  en aquel tiempo y con aquella persona. El amor pedía el testimonio de los hechos en la convivencia y de la palabra en los versos. Ahora, con el deseo de la compilación en marcha,  hago como Leopold Vloom[2] como si recorriera los iconos de una topografía sentimental. Pero sin resultados ni pretensiones. Ni hay encuentro festivo con la persona a la que necesariamente están dedicadas las paginas de este poemario, ni hay un rescate integral de los detalles de cada escenario que las acunaron. Hay cosas que se han perdido en alguna parte de mi cabeza. La memoria es traidora. Y a mi ya me parece bien que lo sea. No quiero recordarlo todo. En el lugar de los detalles he preferido los predicados. Abstraído por los frases me he librado de los daños concretos aunque también de la reprografía de sus goces. No importa, el olvido de partes de una historia es motivo suficiente para que nos veamos empujados a llenarla con experiencias que la completen, si aquello quedó truncado, o que la reproduzcan si aquella fue sublime pero terminada. Inconscientemente hay una búsqueda de los tiempos idos y de las escenas voluptuosas del antes aunque cambiando de figuras compañeras con las que compartir la odisea del amor como tema central. Tal tendencia choca contra el consciente represivo que tiene por consecuencias nefastas el olvido absoluto, una de las manifestaciones del castigo y de la ausencia de perdón.

Me encuentro con que la experiencia de trato con los papeles del ayer me da un perfil de ingenuidad mayor del que me sospeché de mí en aquel momento y una banalidad estilística muy por debajo de la autoexigencia poética que un amante de las letras debe pedirse a sí mismo.

Confieso que la transcripción ha llevado asociada una corrección estilística. Algo que es intrínseco a toda traslación de un manuscrito a su forma mecanoescrita.

Por último quiero comentar que un pliego de poemas escritos por y para una persona tiene fundamentalmente a ella por destinataria. Dado el paso de los años y la desconexión total con que nos re-configura la vida a gentes que nos hemos amado estrechamente, sólo puedo dejar para el azar de los productos de mercado y el trasiego de los libros en las librerías que mi amor de ayer pueda ser algún día mi re-lectora del mañana.

 



 

[2] Joyce,James. El escritor irlandés de fama internacional. Su Ulises revolucionó la narrativa e inmortalizó las calles y plazas de Dublín. Su protagonista Leopold Vloom recorre durante 18 horas seguidas los iconos de la ciudad revelando el costumbrismo vital.  Se celebra una fiesta de 8 horas en la que los incondicionales de Joyce rememoranm los personajes del Ulises.

 

Un doble amor

 

 

 

Ésta es una historia de amor. Un doble amor: amor entre dos personas y amor a lo universal, que para no entrar en complicaciones traduciremos en  amor a la humanidad.

Salimos de Barcelona con la intención de colaboración solidaria. Una colaboración desinteresada que nos  iba a llevar a los Campamentos por la Paz en Chiapas, ese estado  del sur mexicano de indígenas analfabetos e insurrectos  que sorprendió al mundo desde mediados de la década de los 90. Nuestro destino: la comunidad de San José del Río, en la selva Lacandona.

La espera en San Cristóbal de las Casas, en la conocida posada de doña Rosita. Tuvo algo de iniciación a los misterios y realidades que íbamos a vivir como cooperantes. La muchachada a la occidentala catapultada por las ONGs de la movida antiglobalización, a ratos una versión kumbayá postmoderna, nos hacía asistir a un primer contacto con el turismo político.

Amantes de nuestro propio amor y del amor a la vida nos fuimos tras el cielo soñado como rastreadores de ideales perdidos, esperanzas calladas, utopías olvidadas y paraísos prometidos, aunque en voz baja sabíamos antes de tomar el avión de las filigranas endebles de tanto idealismo.

La selva virgen tendría todos los contenidos que podíamos imaginar, los  habidos y por haber; en lo primitivo, lo más auténtico y en lo escondido, lo más inmaculado que nos pondría a todos a salvo de nuestros respectivos infiernos europeos. Así lo mostraba  su concierto permanente de orquestas: animales vivientes junto a la armonía de los  elementos, caída de lluvias copiosas y torrenciales, dulces aguas tropicales  definitivamente agobiantes envueltas en mosquitos y barrizales y por encima de todo la sonrisa inocente de las gentes nativas con recursos comunitarios y sin malicias visibles.

 A orillas del río Dolores los zapatistas  nos visitaban por la noche para compartir mesa y brebajes. Ahí estábamos en  nuestro campamento en paz, un tanto  mugriento con una mesa  mal oliente llena de los signos de otros que nos precedieron.

Nuestros visitantes se presentaban unos con curiosidad y miedo, con timidez y mucho respeto. Nos marcaron el terreno de acción y nos dijeron lo prohibitivo y  las rayas que no podíamos atravesar. Éramos sus invitados con derecho a tortitas de maíz y poco más. Les bastaba nuestra presencia física para su fuerza y confort y les sobraba nuestro discurso de poetas y amantes.

Los dos enamorados  nos unimos tal como se unen  los amantes transhistóricos que hacen de sus rincones fábulas de estallido. A falta de hallar el paraíso perdido nos pusimos manos a la obra para crear de cada rincón nuestro cobijo favorito.

En un reguero de amor por la carretera  panamericana pasajeros de  autobuses de color amarillo crecimos  por momentos bajo cielos azules que nos acompañaron sin traiciones. Vivimos la vida de los caminos y carreteras con los contactos más humanos y hospitalarios que te puedes imaginar: asientos para cuatro donde solo caben dos, frutas frescas y jugosas, maíz cocido  y tortitas con queso fresco y bananas. Ahí nos encontrábamos  los enamorados en nuestra salsa, dándonos los besos más ardientes; con el sudor propio y el de sus gentes mezclados con la magia del ambiente, las cumbias sonando,  los predicadores engañando, los curanderos convenciendo, los niños jugando y llorando y nosotros amándonos siempre.

Al llegar a  las ciudades paseando por sus calles seguíamos amándonos y besándonos, acariciándonos, mirándonos y admirándonos. No nos importaban las miradas inquietadas, sólo la nuestra importaba en ese momento. En los paseos nos sentábamos, hacíamos poemas de lo hablado y vivido así como la crítica de lo observado llenándonos de  las conversaciones más interesantes y tiernas que hayan podido dar dos enamorados. Todas ellas  las he hecho yo con mi amado.

 Así como las caricias en los cuerpos libres de ataduras físicas y mentales dan  la  máxima cuota de placeres y distinciones; trasmitiendo ese amor que sentíamos sabíamos convencidos de que es el mejor antídoto para las guerras de los humanos contra los humanos  y el mejor campamento de la paz que se puede crear  entre hermanos.

El amor que no es sólo cosa de dos es un filántropo universal. Así se da en esta historia entre lo personal y el espacio convivencial, entre lo privado y lo general, entre yo y mi compañero de intimidades.

Pero como toda realidad la nuestra también ha estado dotada de altos y bajos, de momentos duros y amargos: cansados, agotados y a veces crispados  salieron al encuentro todos los demonios acumulados, por todas las frustraciones de los inconvenientes, entre otras cosas, de un país desorganizado. Esto hizo salir lo peor de cada uno de nosotros y dar paso a roces en los que nos arañamos las entrañas para luego curárnoslas con los recuerdos del alma acompañada de nuevas raciones de  besos sabiendo que  el cuerpo no miente y los estallidos de las palabras  a veces sí.

Aquí nos queda el recuerdo organizado de un verano de dos locos enamorados –eso dirán- en medio de las miserias humanas de esos pueblos explotados. Artesanías de indígenas , colores anaranjados, azules limpios, playas blancas sin pescado, milpas verdes y amarillas, ríos de barro ensangrentados, mariposas que pasean sus alas gigantes entre caminos trillados por tanques, camiones , metralletas y soldados vigilando junto a  los paramilitares que vendían su alma al diablo.

El malestar de los mundos al igual que el de los enamorados  es el miedo que se tiene a perder todo lo dado. El miedo a ser poseído/a  es la prisión del amado/a . Ese poder que le damos al que nos tiene en sus manos por el amor que le entregamos  puede ser un corpiño que nos enfaja y oprime. Cuando la  libertad no está del todo en tus manos  sentimos que se escapa la  pasión bajo el palio del encanto. Ser amantes y dejarnos fluir en el amor de todos los miedos nos ha libertado.

La  piedra preciosa del amor tanto del universal como del personal pasa por dejar plena libertad para actuar , libertad para pensar, libertad para andar a tu ritmo y nada más, y que cada pueblo y persona  se atrevan a proyectar deseos y reclamar derechos a ser ellos con la consigna triunfal del ¡ahora ya! con todos los afectos e implicaciones, con el mutuo respeto  escandalizar  si es preciso, respetando la vida, avanzando ante sus impostores, amando las sonrisas, queriendo a los que tengan derecho al querer, dando lo mejor de cada instante en todos lados, allí donde fuimos, aquí  y ahora construyendo el presente que nos toca y así asegurando el futuro de  la gente.

 

Un amor poetizado

Un amor poetizado  

 

El amor no llama a la puerta como el repartidor postal o la gitana que ofrece mantelerías. No es un contrato griego que prevea todas las cláusulas específicas antes de la comisión de los actos del deseo. No es un guión a repetir de lo que  otros cuerpos y corazones adelantados hicieran en el saber de los sentimientos. Es -como si fuera  preciso definirlo- una historia borbotónica que se hace a si misma beso a beso por un recorrido de intimidades tan conceptuales como matéricas, tan etéreas como bastardas, tan divinas como vasallas.  Es –como si ahora  necesitáramos ilustrar a lectores de letras ajenas- un torbellino de pasiones donde los primeros centrifugados son los propios protagonistas que van siendo conscientes de sí mismos en la medida en que se adentran en sus profundidades mucosas, intercambian sus moléculas y avanzan en el compromiso de las palabras secas y de  las cópulas líquidas.

El amor que aquí os presentamos es el de dos arcángeles adultos decididos a no olvidar sus metáforas emocionales y sus epidermis sacras a pesar de estar envueltos por decorados tristísimos, a veces de entornos protuberantes en unas geografías del subdesarrollo, en los que la sensualidad pública es un crimen, las miradas atrevidas un desacato  y el goce en los rostros un pecado.

Es un amor presentado sobre la hipótesis de que es el proceso emocional el que maneja a los concurrentes y no éstos a aquel. Es el amor el que hace a los enamorados y estos, a su pesar, lo recrean en tal intensidad que viene llenando las literaturas desde hace milenios, convirtiéndose en paradigmas de movimientos, artes y culturas y proponiéndose como la única alternativa de todos los tiempos pasados y venideros.

 Es el amor en minúscula, el de los seres anónimos, el de las parejas, ocasionales o no; que lo fecundan y permiten, el amor de sexo y lascivia, el amor de romance y poesía el que incide poderosamente en el Amor en mayúscula. Éste depende de aquel y si se propone como paradigma su categoría universal no puede ser propiedad exclusiva de las concepciones religiosas que confundieron la figura del  sacrificado que une amor y dolor ni menos aún de las concepciones celosas que esposan con grilletes el objeto amado para que no pueda ser tocado por ningún otro pretendiente codicioso.

Del amor en pequeño nacen las grandes leyendas épicas, lenguaje absolutamente desconocido para quienes necesitan ir a las guerras y vestirse con el rigor de las soldadescas porque los echaron de alcobas y corazones. Si nos fuera dado estudiar a dictadores y mercenarios, represores  y  legionarios (propuesta para tesinandos y confesores) encontraríamos el significado de su adhesión a   las armas por el hecho de sus falos amputados.

Quien tiene y mantiene una historia de amor en todos sus trazos  formales e informales no le queda tiempo para odiar a los congéneres. Quien sigue el  antiguo slogan hippie de la comisión amorosa en lugar de la práctica belicosa hace de su biografía un oasis de riquísimos jugos que aguantan la inclemencia de los desiertos de las ideas convirtiendo lo privado en una fiesta y huyendo de la moral pública: la única indecencia.

Es así que proponemos el permiso general de los besos en público por no mencionar otros tocamientos que aún figuran en la lista de las prohibiciones por quiénes inventaron las túnicas-sábanas-con-ojal a través de las que hacer los coitos aquellos antiguos amantes que jamás accedían a sus cuerpos desnudos. El beso, tan simbólico como útil en el quehacer práctico, es un buen comienzo para proclamar con el gesto lo que pronto puede ser santificado con las descripciones e incluso con tesinas demostrativas de su valor. La cuestión de examen sería: ¿Tienen derecho los amantes a sus besos y goces en medio de realidades externas fatales cargadas de tormentos y cuerpos bloqueados? ¿Es lícita la proclamación de datos pasionales en medio de multitudes desgraciadas?

Los protagonistas de este relato, cooperantes solidarios que se marcharon a la selva lacandona para  alternativizar miserias, no aparcaron su amor. En lugar de eso se comprometieron a su cómputo y a la gimnasia genital diaria, mientras los entornos estaban colonizados por la ignorancia, las enfermedades, la extrema pobreza y militares y paramilitares que estaban a favor de perpetuar todo eso.

Del amor es del  único tratado del que puede hablar todo el mundo. Todos los seres han formado parte de la única legión que ha formado unitaria tras el mismo estandarte: el de ser amados. Quien no tiene amor es un condenado. Y quien lo tiene lo revisa con detenimiento para no perderlo. Tan convencidos estamos de esto que en el atrevimiento  de proclamarlo estamos.

A nadie le es dado ponerse a la defensiva de las tesituras sentimentales y quien opta por no dar crédito a sus sentidos o para frenar el llamado de su selva interior se condena irremediablemente a la austeridad de la carne, la taxidermización neuronal y  la necrosis precoz de los puntos neurálgicos del placer más corpóreo. Hemos asistido a nuestro magma planetario día a día, prosa a prosa para, poseyéndonos, conocernos más sin preguntarnos por el futuro ni comprometernos a ninguna vulgaridad. Y ha sido así que sin quererlo nos hemos  ido haciendo eternautas el uno en el otro.

A diferencia de la vida cotidiana donde los convivientes tienen muchos motivos a lo largo del día que les aleja entre si, la vida viajera les impone una presencia continua que mete dentro de cada día otros cuatro al menos. Cada gesto es multiplicado, cada conversación es potenciada, cada instante se hace sólido y todo lleva a todo: desde los momentos más pasionales a los más brutales, desde el éxtasis a la derrota.

Nos fuimos a Chiapas con el pretexto de los cooperantes de la solidaridad internacional: ser testigos y ayudantes de una revolución en marcha de nombre zapatista, con  pasamontañas de verdad y rifles –en el momento en que llegamos- por decorado. En un paisaje maravilloso se citaban el idealismo de los juveniles de las edades de nuestros hijos o menos y las estructuras rígidas de todo ejército por popular y guerrillero que sea. Se citaba además nuestro corrido de citas con el amor o sea con nosotros como sus representantes.

Con nuestras manos unidas mantuvimos el credo teórico de las utopías  testigos ante un discurso indígena en callejones sin salida, los mismos en los que no dejábamos de gozar de nuestros atributos aunque estuviéramos de vuelta del camino. 

Nuestra historia de amor no era un efluvio de temporada. Un año después terminamos la trascripción y las correcciones de los originales, repasando estrofas y los recuerdos que evocaban.

Los textos están escritos a dos voces lo cual los enriquece sobre  maneras inevitablemente confusas que no dejan fácilmente adivinar quien es quien en cada  instante de habla en una conversación íntima entre dos. Conversación poética en suma  que declara lo que ningún documento acreditativo entre cónyuges podría recoger y que siempre  permitirá con su relectura regresar a aquellos días tan extraordinarios y fantásticos.

 

 

 

El coche-cartelismo

La experiencia de practicar coche-cartelismo.  

 

Después de más de  dos años seguidos  de practicar cada día cochecartelismo hemos de admitir que aun no hemos creado escuela. Lo iniciamos el mismo día del atentado del 11 de marzo del 2004 en Madrid y siguiendo nuestro propio criterio empezamos a colgar carteles en los tres costados de nuestro coche. También en las ventanas de casa y de otro vehículo incorporado a nuestros haceres. Sugerimos la propuesta a otras personas que también la siguieron pero es difícil sostener este hábito pues regularmente hay que cambiar el contenido de los carteles en función de los temas de coyunturas y  la actualización de las necesidades reivindicativas.