FLUENCIA TRANSCULTURAL

Culto a la Estridencia

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Aun a costa de no poder formar parte de los comentarios elogiosos del folleto de mano, la música de Marcelo D2 nos ha resultado un canto a la estridencia, de un mal gusto musical rotundo  y de una capacidad de mensaje cero.  Despues de unas piezas, nuestra sensibilidad no pudo resistir más tanto griterío y lo atenuó marchando a otro lugar del parque más sosegado hasta donde llegaban los tumba-tumba El hip hop combinado con salsa parecía prometer, sin embargo el producto abortivo de ambos estilos nos mantuvo patidifusos en los asientos de plástico durante un cuarto de hora antes de poner los pies en polvorosa. Por supuesto, lo mejor del año, dijimos a modo irónico a los guardeses y encargados de puertas al salir. Pero no perdimos el tiempo. Mezclarnos con la marabunta de los juveniles, levantados desde la primera pieza como expertos en ruido y moviendo el cuerpo al ritmo (¿qué ritmo?)de los del escenario, fue una experiencia de exorcismo. Se podía utilizar el espacio para mover culo, caderas y lo que se terciara y poner cara de intergaláctico ido mientras las fragancias de la marihuana te trasladaban a otros tiempos.  El lugar  haría las delicias de un sociólogo armando su tesis doctoral a base de preguntas a unos y a otros lo que entendían y lo que hacían allí, para demostrar que todo mensaje verbal sería imposible en ese contexto  y que la gente va a los lugares por  manipulación y se conduce por mimetismo. Aparentemente los cuerpos y las manos con toda su gestualidad podrían parecer radicales, los vestuarios desenfadados, las caballeras rebeldes, las gentes liberales, las personas críticas. Nada de eso. La sociedad se lo ha sabido montar para dar a cada gremio su caramelo y doparlo con los ruidos que necesita. Si el Rap ha venido siendo una declaración de principios y la nueva manera de predicar el evangelio social del inconformismo, el hipo hop en el Marcelo D2 team es un insulto a la sensibilidad acústica, pero puesto que contra los gustos de la insensibilidad no podemos objetar nada, adelante, que se siga con las veneración a los ruidos.

 

Jane Fonda

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

El titular que trata a Jane Fonda de puta.

Todavía a estas alturas hay quien necesita darnos educación sexual y tildarnos a los demás con vocablos de baja estofa por practicar un tipo de actividad sexual que no sea de su complacencia. No puedo por menos que solidarizarme con Jane Fonda a la vez que apunto en mi agenda personal tirarle un huevo podrido al rostro de Josep Pernau, si hay ocasión de encontrármelo en alguna parte, por su artículo Las memorias de la golfa Jane Fonda[1]. Indistintamente de los pecados de juventud que cometiera la actriz, y que pueda reconocer en su reciente  libro de memorias, ha vivido una época histórica en la que se destacó por  compromisos sociales en una cuota bastante mayor que la de no pocos periodistas y tertulianos de los medios, que vienen a arreglarnos el mundo y a decirnos cómo hemos de ser, sin que se impliquen socialmente en lo más mínimo. Lamento que Pernau se deje contaminar por un tipo de argot sensacionalista para atrapar la mirada potencial de lectores en lugar de promocionar una literatura de calidad o cuando menos noticias desembarazadas de calificativos lesivos. Tiene la suerte de que la Fonda no se detendrá para pisar un neo-mosquito como él por su comentario y no lo llevará de las orejas ante un tribunal para que le sancione por su improperio. Los goces de la actriz y su modo de describirse como plurisexual no autorizan a  que periodistas que no tienen mejores temas de los que hablar metan en un titular una palabra que para muchos sigue siendo un insulto.

A falta de temas el dominicial de El Periódico pone al final de los artículos de opinión la pregunta junto a un email “¿de qué quieres qué escriba el autor  tal?” Propuesta para Pernau ¿Por qué no escribes de los abusos de autor: abusos de poder por gozar de un espacio público al que no se puede rebatir o acceder, abusos estilísticos, abusos personalistas por hablar de temas privados que retroalimentan el morbo? Quizás este tema sirva para desatascar la falta de iniciativa y para recolocar al periodismo en una función que no sea la del espía por el ojo de la cerradura de las puertas de los demás. Ah, una última cosa: para hablar de alguien hay que documentarse algo más y no solo hacerse eco de la edición de unas memorias. Para hablar de alguien hay que armarse de una mínima dosis de respeto.



[1] Dominical del segundo domingo de mayo de este año.

Por las letras clavados.

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Por las letras clavados. Un epílogo.

 

El deseo de todo texto, o mejor dicho, el deseo de toda autoría que está detrás de un texto poético es comunicar lo más fielmente posible un sentir. El sentimiento no es algo etéreo separado de todo lo demás sino que está concretado en un ser y un estar, por lo tanto en una forma de actuar, en una conducta. Cualquier tipo de sentimentalidad es agua de borrajas y un canto demagógico si no va acompañado a una forma de ser. Por tanto cada poema en particular, pero sobre todo una colección de poemas dedicados a alguien  recoge esta pluralidad de registros, desde lo emocional a lo conductual. Tal como dice un slogan que ha hecho fortuna: “the love is not a feeling, it´s a behavior”. Se pide una mirada fina para detectar entre los versos que conectan con un registro y los que lo hacen con otro. De hecho comparten no solo pagina y poema, también estrofa y línea. Eso puede hacer que  una construcción poética deplore su forma por tratar de vehicular una información  o por ser fiel a un hecho referido entre sombras o entre letras. La poesía se hace compleja y hasta contradictoria cuando trata de representar lo sucedido o los eventos mentales que cruzan la escena en el momento de ser creada. Toda revisión posterior que la haga mas amable, o estilísticamente interesante, se enfrenterá al dilema de traicionar su sentir en aras a su forma o mantenerla a pesar de sus dificultades comprensivas o incluso de su falta de atractivo gramatical. He optado  inequívocamente por lo segundo. Los textos a Erotea no han sido escritos sin ninguna intención editorialista si no como confirmación de una relación apasionada. Son los textos que diploman y documentan esa misma relación recogiendo momentos estelares unas veces  y ordinarios otras, completamente felices casi siempre con algunos episodios dolorosos como contrapunto. Para la perfección llamen a la puerta de al lado.

 

 Si de por sí una relación de amor es complicada hasta el punto que para el caso de la heterosexual hay quien la califica de loca como Julio Caro Baroja  “la relación del hombre con la mujer es la ausencia de lógica total” con quien no tengo que estar de acuerdo ni comentar más allá de este par de líneas,  pero sí recoger uno de los fetiches al uso; la relación pasional amorosa se convierte en una pira crematoria de sentimientos de distinta naturaleza en especial cuando se da permiso a la espontaneidad para que se vaya dando. Pero tal espontaneidad, un lujo de la creación, de la que me jacto no siempre ha rodado suavemente. La esencia hamletiana como  encarnación de la duda, ha estado presente una y otra vez en la musa pretexte para estas composiciones. No hay nada tan terrible como estar  poniendo en la duda continua la elección de la historia para vivir o la elección del otro con quien vivirla.  El sujeto objeto de duda por el otro, el autor, deja de ser poeta de la dulzura para ser detective del crimen pasional, no el de la sangre sino el del escepticismo y la hipótesis permanente del rechazo definitivo. Si a fin de cuentas uno se hace poeta para huir  de los fantasmas pasados, los de no haber sido nadie en el seno de quienes le querían, no podrá tolerar que su personalidad y su rol sean puestos en duda por quien se hace de nombre, palabra y hechos su complemento existencial, que no su completud, convertida ya en una quimera idealista de otra parte del pasado con secuelas de inmadurez. En no poca literatura poética predomina más la idea fatalista de Hölderlin en su idea  “¿qué podemos amar que no sea una sombra?que no la del amor como un segurizante sólido e imperturbable. Pero el amor es por definición alteración. Cuenta con otro que hace de alteridad y fuerza de cambio. No hay amor concebible sin inter-influenciabilidad. He querido creer siempre en el otro como referente pero sólo he podido alcanzar tratar de ser yo como una referencia. Ser un referente para el otro también genera una referencia propia para el self. Y en el laberíntico e incierto campo de los sentimientos todo dato estable es una joya. Una historia de amor se abre paso frente a las incertezas e hipótesis de mal agüero para futuros en los que no se piensa y especialmente frente a las murmuraciones y las acusaciones sin dar la cara detrás de las pantallas. El precio de la lujuria es aceptar que la codicia de ella se disfrace con argumentos supuestamente civilizados, que incluso pueden abrazar adjetivismos como el del feminismo o el de otros cultos. Sea como fuere nuestra historia  sentimental, de la que éstas páginas han dado cuenta a fragmentos, ha seguido su curso por años dándonos a los dos protagonistas  parte de nuestras mejores experiencias existenciales. Ha sido una aventura de hechos a la  vez que una aventura con el propio texto al ser escrito a dos lenguas, las dos con las que habitualmente nos hemos manejado en nuestros encuentros. Subscribo la idea de Rosalía de Castro cuando hablaba de la aventura bilingüe. Una historia de amor es también una historia de tensión como la historia de una flecha es el resultado de la fuerza que la propulsa. Recordando a Albert Camus “el arco se tuerce, la madera cruje/ en la curva más alta de la tensión surgirá/el impulso de una flecha recta, del trazo/ más duro y más libre”[1] .

 

Sean todos los sucesos entrevistos y los que quedaron fuera, por no contar con letras a incluir,  este libro de poesía se suma a una filosofía de la gratitud de la que  Chesterton[2]  hiciera gala. Solo puedo agradecer la oportunidad de las vivencias, de vivir de acuerdo con la no represión de los deseos legítimos de placer y de amor y de haber encontrado un cómplice coincidiendo en esta tesitura. La vida es un don para el beneficio de sus experiencias. Es un don por partida doble cuando se siguen los impulsos  no solo del alma sino también de la carne.

 

Pero las letras, como todo,forman parte del tiempo y por tanto de los tránsitos. Tienen el valor coyuntural de poseernos pero también apresarnos como si quedáramos clavados para siempre a sus significantes.También tienen el valor oculto de deshacernos de ellas si encontramos las claves escondidas de su condición de  verdades aliadas como provisiones –así como  provisionales- en el duro camino del ser, del amar y, en definitiva, del existir.

 



[1] L´home revoltat.

[2] Devorado por el periodismo y por la pasión dialéctica. Una de las figuras mas enigmáticas y apasionantes de la literatura inglesa.

Erotea

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Erotea: la diosa del fuego y Eros.

Colección de poemas apasionados. introducción.

 

Un poeta no se pude resistir a poner nombres personales al amor; Erotea es uno de ellos con el que he tenido la suerte existencial de estar acompañado en mis muchos ratos de lujuria y mis sueños glotones. No se trata de un nombre ancestral con resonancias en la antigüedad griega aunque su grafía pueda inducir a pensarlo. Es el nombre de una mujer musa, medio humana, medio diosa. Con cien momentos  de pequeños desajustes y otros mil de grandes lujos de pasión para compensarlos.

No hay ningún ser perfecto por exquisito que sea. Ni las sirenas ni las sílfides lo son, menos aún los humanos nacidos  desde úteros. Tampoco lo son los creadores de creaciones, los magos ilusionistas que hacen ver lo que no hay o los cabalistas que proponen crípticas fantásticas, pero todo sucede en el misterio de la intelección, del asalto sentido a los hechos y sus soportes, de la voluntad deliberada por hacerse con pasiones hechas carne. La poesía concede a sus figuras amadas los atributos de verdad desde la entelequia de las hipótesis. Una historia de amor es su historiador. Todo lo que sucede ha sucedido dentro de lo especulado. No hace falta nada salvo el otro como pretexto. Basta la vocación de amar para que el amor se de como un torrente incontenible de devaneos. Todo amor es en realidad un ejercicio fundamentalmente unilateral. Todo amor es fantasía que dijo sin lugar a equívocos Antonio Machado[1]  y lo más fantástico de ello es que sea posible por constituirse en el universo concentracionario de al menos un ser fantástico con otro que se deja convencer o no por tal fantasía; la cual, es un nombre para llamar al juego cósmico de la sentimentalidad.

Un amor se sostiene sobre la concurrencia de al menos un enamorado y de un objeto de pasión. Este no es inerme: se va transformando con aquel incluso en situaciones de refracción. No es el caso. Erotea es el nombre que inventé desde la conspiración amorosa y sexual para quien  ha sido parte de mi vida, de una vida con otras partes ocupadas por otra persona. Hemos sido y somos dos vasos comunicantes.

Erotea es la unión de Eros, el sexo, y tea, la antorcha para fuegos y carbones. Amarla forma parte del arte. Gozarla es uno de los premios del vivir. Cada acto amoroso ha sido para mi un acto creativo, el orgasmo es también el nombre de una creación aunque no dé el  fruto germinal dentro de un vientre. Lo tengo en el capítulo de las creaciones de vida y no encerrado en el de las simples relaciones humanas. ¿Qué haríamos sin el orgasmo múltiple o la cita continua con los espasmos genitálicos? El arte, erróneamente, lo vinculamos a belleza cuando en realidad es difícil partir de una patrón de medida de la belleza como un hecho objetivo y consensuado. Joaquim Ruyra lo decía categóricamente, “la bellesa,..no radica en la veritat objectiva, sinò en la veritat percebuda...La ciencia calcula i demostra; l´art no fa mes que mostrar i enamorar.”[2]  De la voz y la reflexión filosófica sabemos que de la vida solo nos podemos escapar por la vía del arte, y mejorarnos a nosotros mismos haciéndonos artistas. Pero un artista no es solo sus papeles, su buhardilla, su titiriterismo, sus exposiciones o su canto; es antes que nada, el sujeto que sabe vivir, el bon vivant que saca tajada particular a cada cosa y antes que a ninguna otra a sí mismo, a su cuerpo, a su libido, a su pasión. El sexo es arte y lo es porque escenifica continuamente el rito del amor. Es una obra de arte preciosista especialmente pensada y dirigida para dos que hacen de actores y hacen de todo metidos en sí mismos y ajenos a lo externo  son coreografías involuntarias para que otros tomen nota o no. Aunque ciertamente al darse publicidad en forma de gestos y poemas se  construyen y se convierten en producto  que pide una atención, en acto público que pide una platea. Claro que el acto sexual que se convierte en acto público puede sufrir percances. Cuandos sales de tu nido de amor pueden apedrearte. Manuel de Pedrolo lo aclara más:“quan surts del cau t´exposes a les perdigonades”[3].

Tal conexión de quien se exhibe en escena (y quien confiesa en alguna parte sus intimidades más inconfesables está en una escena) ante una platea supuesta se salva de tenerse que pasar la vida preguntándose sobre el posibilismo vital y los límites existenciales, sobre medias botellas llenas o vacías. Ya no necesita formar parte de las prédicas monocordes de la desesperación y el desaliento porque la cita continua con la pasión hace del amor la conspiración permanente  con buena carga de veleidad ante el entorno inadmisible. Chesterton[4]  no nos encontraría en la fila de los desesperados aunque podamos ir a los ambientes artísticos y mezclarnos con otros atrapados en sus miserias intelectuales.

Erotea es el nombre de mi pasión que ocupa ya una buena parte de mi biografía y a la que me debo como analista de sexo y poeta de declaraciones por la que espontáneamente sueña mi inconsciente y apalabro desde mi consciente con los textos que quisiera más bonitos y que propongo para la memoria en primer lugar de ella y en segundo y siempre lugar de todos y todas quienes quieran hacer de su vida un goce permanente y de sus pecados la mejor de las virtudes. 

 

 



[1] en Canciones a Guiomar. “Todo amor es fantasía/el inventa el año, el día/la letra y la melodía;/inventa el amante y, más,/la amada. No prueba nada/contra el amor, que la amada ,/no haya existido jamás.”

[2] Ruyra,Joaquim. Art i Moral. 1928

[3] Pedrolo,Manuel de.; Arreu on valguin les paraules, els homes. Edicions Proa .  Barcelona 1975 p.9

[4] “Nosotros vamos a los tés artísticos para descubrir pesimistas”   hace decir Gilbert K.Chesterton  en El hombre que jueves.

Custodia de los poemas declarados

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

Pasar en limpio, y en este caso a un ordenador, antiguos textos mecanografiados de intencionalidad y formato poéticos de propia creación no se limita a una actividad mecánica y  correctora. Hay un trabajo aparente,  a vista de pájaro, de alguien bregando con una antigua carpeta, con cuartillas y folios sueltos, con distintas grafías, tintas y colores de papel.  Hay alguien metido en un despacho, siguiendo un horario de oficina, cumpliendo con el ritual del empleado metido en la tarea oficinesca. Si la mirada se aproxima más a los materiales que maneja, verá sobre la mesa, junto al teclado, unas caligrafías más homogéneas y cuidadas, otras más caóticas y feas. Verá, si afina un poco más con la vista, algunos títulos que elogiarán a  un ser desconocido que pasará por exquisito,  a una historia de amor pasada que parecerá única. Pero sobre todo verá a alguien buceando en su pasado a ratos alegre a ratos consternado.

 Fuera de estos detalles el hecho de escribir originales poéticos  lo que deja por balance es una experiencia poética en sí misma. En particular cuando los objetos de los que habla cada poema quedan lejos en el tiempo y están disociados del repertorio de intereses actuales del autor. Los originales de Poemas a Elvira los he conservado por más de 20 años en una legajo, sin más cuidado que el de tenerlo a disposición cuando un día quisiera trabajar con ellos, repasarlos o rescatarlos  para darles forma de libro. Y digo trabajar porque enfrentar conductas de una personalidad pasada, desde el podio de un momento muy avanzado en el futuro, es una tarea intelectual e introyectiva de envergadura superior a la gramatical o formal en el traspaso de las caligrafías a los dígitos.

En este intervalo, nunca fui a mirarlos, nunca pensé en ellos, nunca los cité, nunca se me ocurrió sacarlos para dárselos a leer a alguien. Solamente supe en todo momento que los tenía y nada más. Esto no es un motivo de orgullo, es un hecho que confieso -no sin un cierto terror por mi parte- de mí mismo. ¿Si tanto quieres a alguien a juzgar por las confesiones escritas en textos cómo es que resulta tan sencillo no volver nunca a los restos que deja el naufragio relacional con su persona? En mi caso hablo de los restos en textos con formas poéticas. Hay otros más: cartas y fotos, de los que no voy a hablar porqué no viene al caso, pero sí diré que tampoco he acudido a su relectura y la vista de sus imágenes sólo ha sido de paso y por casualidad. 

Ese coleccionario breve de estrofas formaba parte de una historia terminada y con ella también habían dejado de tener sentido como un dosier abierto. El libro en bruto quedó cerrado en 1984 con otras muchas cosas de mi vida.  1984 había sido tomado por título de la consumación del averno social entre los humanos. Yo viví mi infierno particular con la pérdida de mi compañera como tal entregándome a otro tránsito hacia nuevas aventuras y encuentros con el cosmos y con los demás.

Siempre supe, o tuve la intención en espera, de ordenar los textos para hacerlos presentables a la lectura ajena, o simplemente para tenerlos en mejores de condiciones de conservación para el memorándum de mi mismo. Supongo que tengo una imagen cinematográfica en mi inconsciente: la de alguien contando lo más esencial de su vida junto a la vitrina en la que guarda sus secretos y tesoros. Había quien lo hacía junto a los trofeos de caza y miradas muertas de cabezas de ciervos o jabalíes. Hay quien lo hace con el hallazgo de sus esculturas y recogida de objetos por las geografías que ha visitado. Y hay, predominantemente,  quien lo hace junto a una cierta cantidad de fotos enmarcadas de sus hijos y sus parientes o las celebridades con las que ha compartido una instantánea. Yo lo haría junto a este libro impecablemente encuadernado, metido entre otros también surgidos de la efervescencia de mis dedos, entre unas cuantos objetos materiales guardados más por su curiosidad y significados simbólicos que por sus valores materiales.

Todo eso es un decir. Mi vitrina no tiene trazas de exhibición y no pasa de ordinaria guardando una vajilla para ocasiones especiales, una colección de copas  y mantelería y poco más. Por otro lado  la  mayor parte de los libros de los que soy autor no han llegado ni a editoriales ni  menos aún a las imprentas. Esa imagen queda pospuesta y sirve de bien poco. Además no es mi estilo anecdotizar ni de mi mismo ni aún menos la de guardar medallas o trofeos. Un libro es cualquier cosa menos eso. Y un libro de poemas es, poco o mucho, confesiones personales por no decir tests representativos de personalidad. Tiene el  valor de los diarios íntimos sólo que expresado con la metáfora y el símbolo y el estilo del protagonista llamado a escena tocado por el fuego de los versos. Por lo que hace a los diarios y a los poemas mucha gente los escribe pero no se atreve a difundirlos. Incluso autores celebérrimos como Thomas Mann[1] fallecido en 1955, no solo se opuso a darlos a conocer en vida sino que dejó  indicado para  tras su muerte, que sus escritos intimistas, los de sus diarios, no fueran publicados hasta 20 años después de su deceso. Pasado este plazo se comprobó que no había ninguna verdad revelada que fuera escandalosa. Eso ilustra la disociación perceptiva que hay sobre las cosas de uno por uno mismo de las que puedan apreciar los demás. También hay otra disociación  más sutil, la de uno con lo suyo propio pasado una etapa biográfica considerable.

Las palabras del siempre o del nunca que se cuelan en versos categóricos (siempre te querré- nunca te olvidaré..) releídos un tiempo después son reevaluados como productos de momentos fantásticos por no decir exagerados, en todo caso distorsionados y escasamente futuristas.

La tarea de re-conocimiento de unos textos viejos es el de la comprobación del estado del enamorado  en aquel tiempo y con aquella persona. El amor pedía el testimonio de los hechos en la convivencia y de la palabra en los versos. Ahora, con el deseo de la compilación en marcha,  hago como Leopold Vloom[2] como si recorriera los iconos de una topografía sentimental. Pero sin resultados ni pretensiones. Ni hay encuentro festivo con la persona a la que necesariamente están dedicadas las paginas de este poemario, ni hay un rescate integral de los detalles de cada escenario que las acunaron. Hay cosas que se han perdido en alguna parte de mi cabeza. La memoria es traidora. Y a mi ya me parece bien que lo sea. No quiero recordarlo todo. En el lugar de los detalles he preferido los predicados. Abstraído por los frases me he librado de los daños concretos aunque también de la reprografía de sus goces. No importa, el olvido de partes de una historia es motivo suficiente para que nos veamos empujados a llenarla con experiencias que la completen, si aquello quedó truncado, o que la reproduzcan si aquella fue sublime pero terminada. Inconscientemente hay una búsqueda de los tiempos idos y de las escenas voluptuosas del antes aunque cambiando de figuras compañeras con las que compartir la odisea del amor como tema central. Tal tendencia choca contra el consciente represivo que tiene por consecuencias nefastas el olvido absoluto, una de las manifestaciones del castigo y de la ausencia de perdón.

Me encuentro con que la experiencia de trato con los papeles del ayer me da un perfil de ingenuidad mayor del que me sospeché de mí en aquel momento y una banalidad estilística muy por debajo de la autoexigencia poética que un amante de las letras debe pedirse a sí mismo.

Confieso que la transcripción ha llevado asociada una corrección estilística. Algo que es intrínseco a toda traslación de un manuscrito a su forma mecanoescrita.

Por último quiero comentar que un pliego de poemas escritos por y para una persona tiene fundamentalmente a ella por destinataria. Dado el paso de los años y la desconexión total con que nos re-configura la vida a gentes que nos hemos amado estrechamente, sólo puedo dejar para el azar de los productos de mercado y el trasiego de los libros en las librerías que mi amor de ayer pueda ser algún día mi re-lectora del mañana.

 



 

[2] Joyce,James. El escritor irlandés de fama internacional. Su Ulises revolucionó la narrativa e inmortalizó las calles y plazas de Dublín. Su protagonista Leopold Vloom recorre durante 18 horas seguidas los iconos de la ciudad revelando el costumbrismo vital.  Se celebra una fiesta de 8 horas en la que los incondicionales de Joyce rememoranm los personajes del Ulises.