FLUENCIA TRANSCULTURAL

Un doble amor

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

 

Ésta es una historia de amor. Un doble amor: amor entre dos personas y amor a lo universal, que para no entrar en complicaciones traduciremos en  amor a la humanidad.

Salimos de Barcelona con la intención de colaboración solidaria. Una colaboración desinteresada que nos  iba a llevar a los Campamentos por la Paz en Chiapas, ese estado  del sur mexicano de indígenas analfabetos e insurrectos  que sorprendió al mundo desde mediados de la década de los 90. Nuestro destino: la comunidad de San José del Río, en la selva Lacandona.

La espera en San Cristóbal de las Casas, en la conocida posada de doña Rosita. Tuvo algo de iniciación a los misterios y realidades que íbamos a vivir como cooperantes. La muchachada a la occidentala catapultada por las ONGs de la movida antiglobalización, a ratos una versión kumbayá postmoderna, nos hacía asistir a un primer contacto con el turismo político.

Amantes de nuestro propio amor y del amor a la vida nos fuimos tras el cielo soñado como rastreadores de ideales perdidos, esperanzas calladas, utopías olvidadas y paraísos prometidos, aunque en voz baja sabíamos antes de tomar el avión de las filigranas endebles de tanto idealismo.

La selva virgen tendría todos los contenidos que podíamos imaginar, los  habidos y por haber; en lo primitivo, lo más auténtico y en lo escondido, lo más inmaculado que nos pondría a todos a salvo de nuestros respectivos infiernos europeos. Así lo mostraba  su concierto permanente de orquestas: animales vivientes junto a la armonía de los  elementos, caída de lluvias copiosas y torrenciales, dulces aguas tropicales  definitivamente agobiantes envueltas en mosquitos y barrizales y por encima de todo la sonrisa inocente de las gentes nativas con recursos comunitarios y sin malicias visibles.

 A orillas del río Dolores los zapatistas  nos visitaban por la noche para compartir mesa y brebajes. Ahí estábamos en  nuestro campamento en paz, un tanto  mugriento con una mesa  mal oliente llena de los signos de otros que nos precedieron.

Nuestros visitantes se presentaban unos con curiosidad y miedo, con timidez y mucho respeto. Nos marcaron el terreno de acción y nos dijeron lo prohibitivo y  las rayas que no podíamos atravesar. Éramos sus invitados con derecho a tortitas de maíz y poco más. Les bastaba nuestra presencia física para su fuerza y confort y les sobraba nuestro discurso de poetas y amantes.

Los dos enamorados  nos unimos tal como se unen  los amantes transhistóricos que hacen de sus rincones fábulas de estallido. A falta de hallar el paraíso perdido nos pusimos manos a la obra para crear de cada rincón nuestro cobijo favorito.

En un reguero de amor por la carretera  panamericana pasajeros de  autobuses de color amarillo crecimos  por momentos bajo cielos azules que nos acompañaron sin traiciones. Vivimos la vida de los caminos y carreteras con los contactos más humanos y hospitalarios que te puedes imaginar: asientos para cuatro donde solo caben dos, frutas frescas y jugosas, maíz cocido  y tortitas con queso fresco y bananas. Ahí nos encontrábamos  los enamorados en nuestra salsa, dándonos los besos más ardientes; con el sudor propio y el de sus gentes mezclados con la magia del ambiente, las cumbias sonando,  los predicadores engañando, los curanderos convenciendo, los niños jugando y llorando y nosotros amándonos siempre.

Al llegar a  las ciudades paseando por sus calles seguíamos amándonos y besándonos, acariciándonos, mirándonos y admirándonos. No nos importaban las miradas inquietadas, sólo la nuestra importaba en ese momento. En los paseos nos sentábamos, hacíamos poemas de lo hablado y vivido así como la crítica de lo observado llenándonos de  las conversaciones más interesantes y tiernas que hayan podido dar dos enamorados. Todas ellas  las he hecho yo con mi amado.

 Así como las caricias en los cuerpos libres de ataduras físicas y mentales dan  la  máxima cuota de placeres y distinciones; trasmitiendo ese amor que sentíamos sabíamos convencidos de que es el mejor antídoto para las guerras de los humanos contra los humanos  y el mejor campamento de la paz que se puede crear  entre hermanos.

El amor que no es sólo cosa de dos es un filántropo universal. Así se da en esta historia entre lo personal y el espacio convivencial, entre lo privado y lo general, entre yo y mi compañero de intimidades.

Pero como toda realidad la nuestra también ha estado dotada de altos y bajos, de momentos duros y amargos: cansados, agotados y a veces crispados  salieron al encuentro todos los demonios acumulados, por todas las frustraciones de los inconvenientes, entre otras cosas, de un país desorganizado. Esto hizo salir lo peor de cada uno de nosotros y dar paso a roces en los que nos arañamos las entrañas para luego curárnoslas con los recuerdos del alma acompañada de nuevas raciones de  besos sabiendo que  el cuerpo no miente y los estallidos de las palabras  a veces sí.

Aquí nos queda el recuerdo organizado de un verano de dos locos enamorados –eso dirán- en medio de las miserias humanas de esos pueblos explotados. Artesanías de indígenas , colores anaranjados, azules limpios, playas blancas sin pescado, milpas verdes y amarillas, ríos de barro ensangrentados, mariposas que pasean sus alas gigantes entre caminos trillados por tanques, camiones , metralletas y soldados vigilando junto a  los paramilitares que vendían su alma al diablo.

El malestar de los mundos al igual que el de los enamorados  es el miedo que se tiene a perder todo lo dado. El miedo a ser poseído/a  es la prisión del amado/a . Ese poder que le damos al que nos tiene en sus manos por el amor que le entregamos  puede ser un corpiño que nos enfaja y oprime. Cuando la  libertad no está del todo en tus manos  sentimos que se escapa la  pasión bajo el palio del encanto. Ser amantes y dejarnos fluir en el amor de todos los miedos nos ha libertado.

La  piedra preciosa del amor tanto del universal como del personal pasa por dejar plena libertad para actuar , libertad para pensar, libertad para andar a tu ritmo y nada más, y que cada pueblo y persona  se atrevan a proyectar deseos y reclamar derechos a ser ellos con la consigna triunfal del ¡ahora ya! con todos los afectos e implicaciones, con el mutuo respeto  escandalizar  si es preciso, respetando la vida, avanzando ante sus impostores, amando las sonrisas, queriendo a los que tengan derecho al querer, dando lo mejor de cada instante en todos lados, allí donde fuimos, aquí  y ahora construyendo el presente que nos toca y así asegurando el futuro de  la gente.

 

Un amor poetizado

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Un amor poetizado  

 

El amor no llama a la puerta como el repartidor postal o la gitana que ofrece mantelerías. No es un contrato griego que prevea todas las cláusulas específicas antes de la comisión de los actos del deseo. No es un guión a repetir de lo que  otros cuerpos y corazones adelantados hicieran en el saber de los sentimientos. Es -como si fuera  preciso definirlo- una historia borbotónica que se hace a si misma beso a beso por un recorrido de intimidades tan conceptuales como matéricas, tan etéreas como bastardas, tan divinas como vasallas.  Es –como si ahora  necesitáramos ilustrar a lectores de letras ajenas- un torbellino de pasiones donde los primeros centrifugados son los propios protagonistas que van siendo conscientes de sí mismos en la medida en que se adentran en sus profundidades mucosas, intercambian sus moléculas y avanzan en el compromiso de las palabras secas y de  las cópulas líquidas.

El amor que aquí os presentamos es el de dos arcángeles adultos decididos a no olvidar sus metáforas emocionales y sus epidermis sacras a pesar de estar envueltos por decorados tristísimos, a veces de entornos protuberantes en unas geografías del subdesarrollo, en los que la sensualidad pública es un crimen, las miradas atrevidas un desacato  y el goce en los rostros un pecado.

Es un amor presentado sobre la hipótesis de que es el proceso emocional el que maneja a los concurrentes y no éstos a aquel. Es el amor el que hace a los enamorados y estos, a su pesar, lo recrean en tal intensidad que viene llenando las literaturas desde hace milenios, convirtiéndose en paradigmas de movimientos, artes y culturas y proponiéndose como la única alternativa de todos los tiempos pasados y venideros.

 Es el amor en minúscula, el de los seres anónimos, el de las parejas, ocasionales o no; que lo fecundan y permiten, el amor de sexo y lascivia, el amor de romance y poesía el que incide poderosamente en el Amor en mayúscula. Éste depende de aquel y si se propone como paradigma su categoría universal no puede ser propiedad exclusiva de las concepciones religiosas que confundieron la figura del  sacrificado que une amor y dolor ni menos aún de las concepciones celosas que esposan con grilletes el objeto amado para que no pueda ser tocado por ningún otro pretendiente codicioso.

Del amor en pequeño nacen las grandes leyendas épicas, lenguaje absolutamente desconocido para quienes necesitan ir a las guerras y vestirse con el rigor de las soldadescas porque los echaron de alcobas y corazones. Si nos fuera dado estudiar a dictadores y mercenarios, represores  y  legionarios (propuesta para tesinandos y confesores) encontraríamos el significado de su adhesión a   las armas por el hecho de sus falos amputados.

Quien tiene y mantiene una historia de amor en todos sus trazos  formales e informales no le queda tiempo para odiar a los congéneres. Quien sigue el  antiguo slogan hippie de la comisión amorosa en lugar de la práctica belicosa hace de su biografía un oasis de riquísimos jugos que aguantan la inclemencia de los desiertos de las ideas convirtiendo lo privado en una fiesta y huyendo de la moral pública: la única indecencia.

Es así que proponemos el permiso general de los besos en público por no mencionar otros tocamientos que aún figuran en la lista de las prohibiciones por quiénes inventaron las túnicas-sábanas-con-ojal a través de las que hacer los coitos aquellos antiguos amantes que jamás accedían a sus cuerpos desnudos. El beso, tan simbólico como útil en el quehacer práctico, es un buen comienzo para proclamar con el gesto lo que pronto puede ser santificado con las descripciones e incluso con tesinas demostrativas de su valor. La cuestión de examen sería: ¿Tienen derecho los amantes a sus besos y goces en medio de realidades externas fatales cargadas de tormentos y cuerpos bloqueados? ¿Es lícita la proclamación de datos pasionales en medio de multitudes desgraciadas?

Los protagonistas de este relato, cooperantes solidarios que se marcharon a la selva lacandona para  alternativizar miserias, no aparcaron su amor. En lugar de eso se comprometieron a su cómputo y a la gimnasia genital diaria, mientras los entornos estaban colonizados por la ignorancia, las enfermedades, la extrema pobreza y militares y paramilitares que estaban a favor de perpetuar todo eso.

Del amor es del  único tratado del que puede hablar todo el mundo. Todos los seres han formado parte de la única legión que ha formado unitaria tras el mismo estandarte: el de ser amados. Quien no tiene amor es un condenado. Y quien lo tiene lo revisa con detenimiento para no perderlo. Tan convencidos estamos de esto que en el atrevimiento  de proclamarlo estamos.

A nadie le es dado ponerse a la defensiva de las tesituras sentimentales y quien opta por no dar crédito a sus sentidos o para frenar el llamado de su selva interior se condena irremediablemente a la austeridad de la carne, la taxidermización neuronal y  la necrosis precoz de los puntos neurálgicos del placer más corpóreo. Hemos asistido a nuestro magma planetario día a día, prosa a prosa para, poseyéndonos, conocernos más sin preguntarnos por el futuro ni comprometernos a ninguna vulgaridad. Y ha sido así que sin quererlo nos hemos  ido haciendo eternautas el uno en el otro.

A diferencia de la vida cotidiana donde los convivientes tienen muchos motivos a lo largo del día que les aleja entre si, la vida viajera les impone una presencia continua que mete dentro de cada día otros cuatro al menos. Cada gesto es multiplicado, cada conversación es potenciada, cada instante se hace sólido y todo lleva a todo: desde los momentos más pasionales a los más brutales, desde el éxtasis a la derrota.

Nos fuimos a Chiapas con el pretexto de los cooperantes de la solidaridad internacional: ser testigos y ayudantes de una revolución en marcha de nombre zapatista, con  pasamontañas de verdad y rifles –en el momento en que llegamos- por decorado. En un paisaje maravilloso se citaban el idealismo de los juveniles de las edades de nuestros hijos o menos y las estructuras rígidas de todo ejército por popular y guerrillero que sea. Se citaba además nuestro corrido de citas con el amor o sea con nosotros como sus representantes.

Con nuestras manos unidas mantuvimos el credo teórico de las utopías  testigos ante un discurso indígena en callejones sin salida, los mismos en los que no dejábamos de gozar de nuestros atributos aunque estuviéramos de vuelta del camino. 

Nuestra historia de amor no era un efluvio de temporada. Un año después terminamos la trascripción y las correcciones de los originales, repasando estrofas y los recuerdos que evocaban.

Los textos están escritos a dos voces lo cual los enriquece sobre  maneras inevitablemente confusas que no dejan fácilmente adivinar quien es quien en cada  instante de habla en una conversación íntima entre dos. Conversación poética en suma  que declara lo que ningún documento acreditativo entre cónyuges podría recoger y que siempre  permitirá con su relectura regresar a aquellos días tan extraordinarios y fantásticos.

 

 

 

El coche-cartelismo

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

La experiencia de practicar coche-cartelismo.  

 

Después de más de  dos años seguidos  de practicar cada día cochecartelismo hemos de admitir que aun no hemos creado escuela. Lo iniciamos el mismo día del atentado del 11 de marzo del 2004 en Madrid y siguiendo nuestro propio criterio empezamos a colgar carteles en los tres costados de nuestro coche. También en las ventanas de casa y de otro vehículo incorporado a nuestros haceres. Sugerimos la propuesta a otras personas que también la siguieron pero es difícil sostener este hábito pues regularmente hay que cambiar el contenido de los carteles en función de los temas de coyunturas y  la actualización de las necesidades reivindicativas.  Además, al hacerlo los compañeros de trabajo, los vecinos, los familiares y la gente más próxima pone cara de interrogante. Puesto que es insólito muchas personas no saben realmente de lo que se trata. Por lo general el personal está acostumbrado a la publicidad del tipo que sea pintada en las carrocerías de coches y furgonetas o a los carteles de venta de algo; no está habituada, para nada, a que los particulares, fuera de manifestaciones reivindicativas concretas, opinemos por cuenta propia. De hecho la opinión política fuera de una sigla de partido o de sindicato parece un mensaje extraplanetario- Hasta ahora alguna gente ha elogiado la iniciativa o nos identifica por el coche encartelado.  Espontáneamente, alguna otra, en las vías de circulación ha hecho gestos de simpatía (uves con los dedos, el pulgar levantado, sonrisas de simpatía, y hasta alguna foto) y en algunos lugares nos han pedido carteles para utilizarlos en sus propios autos o establecimientos. También, claro está, hemos recibido gestos despectivos como cuando llevábamos el cartel de elogio de la nueva disposición legal a favor de la homosexualidad y críticas explícitas contra algún otro como aquel  en que cuestionábamos al triunvirato Bush-Aznar-Berlusconi su ingerencia injusta al Irak que fueron a invadir, y un nigeriano de nuestra zona nos aseguró que sin la intervención manu militari de los USA el mundo sería mucho peor que el que es. Por lo general el cochecartelismo es otra de tantas prédicas ante las que predomina la indeferencia general cuando no la incomprensión. Aún más con el tipo de cartelismo que practicamos que por lo general no es categórico ni impositivo a la usanza de las clásicas consignas políticas que afirman o niegan cosas, sino que son slóganes para reflexionar.

Nos preguntamos como variaría el panorama cromático de nuestras ciudades y carreteras si todos los militantes y simpatizantes de partidos y asociaciones solidarias y reivindicativas tomaran esta idea y la incorporaran a sus coches y a las ventanas de sus casas. Ya sabemos que es más cómodo defender las ideas ante los correligionarios que están de acuerdo con ellas que no ante la heterogénea realidad de desconocidos pero depende de que éstos modifiquen su indiferencia y su conformismo para poder gozar de una mejor realidad en el futuro.

 El cochecartelismo ya viene funcionando en otros países desde tiempo atrás. Pero no es precisamente el publicitario de los taxis mexicanos el que necesitamos (y que últimamente 300 taxis de Barcelona lo habían incorporado a sus carrocerías a cambio de  unos 300 euros al mes por llevarlo promocionando telefonía móvil o adminículos electrónicos) sino el que ya había en la India con mensajes ideológicos o para pensar. Hoy todo el mundo puede imprimir su propio slogan en la impresora de casa o de la biblioteca. No necesita a que se le proporcione un cartel desde la dirección de su grupo si lo tiene o la sigla determinada con la que estandarizar una idea. Lo importante es tener una idea. Te proponemos a que tú instales y hagas circular la tuya a modo de slogan de iniciativa privada bajo el criterio de hacer pensar a quien lo vea para  cambiar los valores de vida hacia el progreso.

 

Tu humo nos ahoga,

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Tu humo nos ahoga, por lógica no fumes en espacios cerrados.

La ley antitabaco en España aplicada a partir de enero del 2006 demostró ser un rotundo fracaso  desde el punto de vista de su vinculación legal aunque a escala de estado sí sirvió para que un porcentaje mínimo de personas se replantearan dejar su hábito y  contraer compromisos con terapias de desadicción.

A diferencia de otras leyes más directivas  en esta ocasión el estado contó con la Sociedad para su aplicación y creó un híbrido en el que daba la opción a locales lúdicos  de pequeño tamaño a que optaran por el permiso de humo en su interior o por la prohibición. La mayoría optaron por lo primero al sospechar o comprobar su pérdida de clientela. Estaría por demostrar si la mayoría de clientes de bares y baretos son fumadores; en todo caso, mayoría o minoría, su peso en el sesgo de éste aspecto de la realidad resulta evidente.

Con o sin ley, nuestra lucha contra el humo, por insalubre, viene desde mucho antes que el estado cayera en la cuenta de que era necesario regularlo. El humo de tabaco a diferencia de otros humos industriales tiene una particularidad: es el producto de una actividad individual multiplicada por algunos millones de personas que infestan espacios comunitarios. A diferencia de otros factores de contaminación, en los que los responsables son minorías y en todo caso amparadas por necesidades de desarrollos empresariales o por la no concurrencia de éticas y respeto social; el humo de tabaco, así como el humo de los motores de coche, implica a una parte de la sociedad considerable que no detiene sus prácticas por mucho que los estudios demuestren que el tabaco está detrás de muchas patologías físicas y en concreto del cáncer.

El humo cargado de toxinas, sea del origen que sea,  es incompatible con la limpieza atmosférica y con la calidad de vida. No sirve el recurso manido que de algo hay que morir. ¡Sí, que los fumadores mueran de sus humos pero que no nos maten a los demás! Y en particular a los más débiles, entre ellos los niños que no tienen recursos intelectuales para hacer valer sus intereses y argumentos, y en general a todos los fumadores pasivos, entre ellos los ex, que quedaron con secuelas graves  por años de práctica inconsciente de sus consecuencias.

El humo ahoga en primer lugar a quien lo expele pero también, por extensión, a quien no está a salvo, en distancia, de su zona de emisión. Prohibirlo supuso una reacción manifiesta del estado de la cuestión y del estado mental del país. Al permitir la optatividad la ley permitió la discriminación entre establecimientos en función de sus estatus económico o posibilidades de reformas dentro del local entre espacios con y los otros sin humo. separados.

Donde la ley si ha funcionado es en el los establecimientos culturales y en los lugares de trabajo porqué ahí sí ha sido ordenativa. Antes y después de la ley la premisa del humo como factor de asfixia  ha sido y es un reconocimiento de algo indiscutible. Quizás para la percepción de la gente más sana o fuerte es una exageración y hay quien aguanta el humo, sea o no fumadora activa, de una manera ritualística y parsimónicamente normalizada. De hecho, entrar en un local apestado de humo, con un buen número de conversaciones en torno a mesas, como la actividad más ordinaria, es una escena estandarizada, absolutamente delirante, pero generalizada; totalmente negativa pero asumida. A todo el mundo le parece, o parecía, correcta aunque los indicadores de alarma estuvieran sacando chispas en el mismo momento.

Hace mucho tiempo que alguna gente dejamos de entrar en locales por esta razón eligiendo otros más sanos como alternativos donde ir o simplemente prefiriendo paseos por el parque en lugar de sucumbir a consumos de bebidas, generalmente robotizados e innecesarios, y a respiraciones de humos, indefendibles.  No poder entrar en un lugar, en virtud de su infestación, era un factor no expreso de discriminación ante el que los fumadores no eran conscientes y, por lo que parece, siguen sin serlo. Ahora se sienten prohibidos porque no pueden fumar en espacios públicos sin que recuerden que gracias a su humo han prohibido por décadas  que mucha gente no pudiera entrar en sus espacios contaminados.

A parte de si la ley es reformada, más operativamente o no, hay que apelar a su lógica: la de no expeler humo que no tiene salida en locales cerrados y donde puede molestar a otros. Así de simple. Eso incluye los locales públicos y privados, los culturales y los laborales. Es también un atentado a la salud comunitaria la de papás ignorantes fuman convirtiendo en adictos a sus hijos que comparten la casa y a futuras mamás que no dejan de hacerlo a pesar de estar muy contraindicado durante sus embarazos. El humo crea piruetas curiosas en los ámbitos sociales.

La escena de unos comensales de la mesa de al lado de ponerse a fumar tras terminar su comida sin preocuparse de si su humo molesta a los otros comensales es de un tipicidad que demuestra el egoísmo de todo fumador, lo mismo se puede decir de los adultos en general que no tienen en cuenta los pulmones vírgenes de los niños pequeños o  que no respetan a otros adultos en las mismas unidades convivenciales. Claro, el fumador es un adicto, es decir un enfermo, un enfermo social, tolerado, no reconocido como tal, y en consecuencia habilitada y hasta prestigiada. La palabra está cuidadosamente buscada y por insultante que pueda ser no tiene nada de exagerada.   El humo está asociado a los grandes gestos de las grandes imágenes. ¿Qué hubiera sido  de la historia del cine sin Humphrey Bogart fumando y así todos los demás?

El slogan de no humo en espacios cerrados apela a la lógica, es decir al reducto de razonamiento que le quede a cualquier adicto y que le permita reconducir su adicción a otra parte que al menos no haga daño a quien no la comparte. Así de simple. Desde el punto de vista reivindicativo de los no fumadores es la exigencia de la solidaridad hacia nosotros no hacia los fumadores mismos. Allá ellos. Cada cual tiene derecho a suicidarse como le plazca,

 Del mismo modo que los fumadores han interiorizado no serlo en espacios compartidos como las plataformas del metro o en el interior de los cines y de los aviones, aunque en esos lugares se fumaba y no hace tantos años de ello, también lo puede interiorizar en todos los espacios públicos incluyendo, los halls de los grandes almacenes y las áreas peatonales densas de las zonas urbanas comerciales. Efectivamente hacerlo irá a favor de la salud comunitaria y también a favor de los propios fumadores aunque por su falta de respeto no son precisamente el objeto de cariño de éste articulo y cuya evidente incapacidad personal para evolucionar por sí mismos y para dejar la adicción exige que otros se ocupen de ellos, dado los inmaduros que son, dándoles un empujoncito en las decisiones que muchos ya hemos tomado. Si, no admiten prohibiciones, que elijan la mejor opción para ellos, sus familias y para todos los demás: no fumar nunca y si lo hacen que no sea en los lugares cerrados o estancos (incluidas las áreas peatonales comerciales, galería  y calles cerradas)- Fumadores: no nos prohibáis a los demás acceder al aire, cuestión esencial para la vida. ¡Desengancharos de una vez, oleréis mejor!

Leer las paredes

Escrito por jesusricartmorera 13-05-2008 en General. Comentarios (0)

Leed las paredes.

Las paredes son una gramática abierta de miles de páginas.  En una ciudad dada basta ir siguiendo sus rótulos públicos, espontáneamente,  para hacer inferencias significativas de la cultura del entorno. Esto ya es mucho pero, por si fuera poco, hacerlo,  permite aprender lo básico del idioma que se habla en ella. Leer las paredes es acudir a una fuente primaria, no menos reveladora por anónima que sea. Leer las paredes es leer los gritos del silencio, cosas de lo marginal que a menudo calla la prensa y contactar con lo más prohibido o excluido. Las paredes contienen una impresionante policromía de tonos de mensajes y una amplia variedad de ellos: desde los más legales y coloridos de los establecimientos comerciales a los más secretos y monocromos de las pintadas reivindicativas. Una pared es el soporte ideal para dar una noticia escueta de una manera impactante que, de ser colocada estratégicamente, invade el campo visual de la gente antes de que se dé cuenta. Su fuerza está en su exiguïdad y requiere de ingenio para decir en una sola frase corta, a veces en una sola palabra, el deseo público de un colectivo determinado.

 Las paredes como páginas, a diferencia de las páginas reales de los libros, no pueden aguantar todas las longitudes de texto. Por razones obvias sólo pueden admitir la precisión, hasta el punto que una leyenda en una pared es una invitación a descubrir el silencio que está detrás. Una pintada es el resultado de un canto o de un llanto para despertar una atención. Es una pequeña señal de náufrago de un pueblo silencioso que teniendo mucho por decir vive una historia en la que calla demasiado. Parodiando a Mahatma Gandhi  cuando dijo que  El hombre silencioso es aquel que, teniendo la posibilidad de hablar, no dice nunca una palabra de más” [1] se puede comparar a las sociedades de hoy en día como aquellas, que gozando de democracias, en el mejor de los casos,  todos sus medios públicos no son suficientes para expresar todo su sentir.

Aparentemente acudir a medios tan primitivos y rudimentarios como las paredes, para reflejar  una protesta o un deseo, en un tiempo en que la imagen ha penetrado medularmente a la sociedad resulta absurdo o trasnochado e inútil. No es así. Las paredes  han sido, son y seguirán siendo soportes de multitud de mensajes aún en el tiempo de la telemedia, la digitalización e internet. Es la forma rápida y contundente de anunciar algo. En las paredes encontramos casi de todo. Hay lo que no está registrado en otros medios y confirma lo que están en estos con otro tono.

Ciertamente la polivalencia de las fachadas da lugar a toda clase de eventos: desde quien ha heredado la tradición de las pancartas para informar que son recién casados y piden no ser molestados a los que anuncian clases particulares. La orden de leed las paredes no es tanto para prestar atención a las propuestas comerciales que sostienen sino a las propuestas culturales y reivindicativas. En la  Francia de los años 70 había pintadas enormes proponiendo lecturas de plataformas editoriales que no tenían otro modo de costearse la publicidad. Tal era el caso de liberation[2].O incluso teniendo otros medios la pintada en el muro tenia un valor simbólico distinto al del spot recuadrado.

La propuesta leed las paredes contiene varios matices. Emula las sugerencias de leer tal o cual cosa. Recuerda que las paredes también están para ser leídas y  puede escocer el texto si se entiende que lo que pide es que se lea, y cuando menos que se lean las paredes. Su deliberado formato ambiguo permite un rato de reflexión y provoca alguna perplejidad en caras que necesitan una segunda lectura para entender que va la cosa.

Es una demanda que admite varios sentidos. Induce a preguntar qué significan las paredes. Hay quien cree que las paredes sólo son formas arquitecturales. También son los soportes de los textos urbanos: no sólo los comerciales de las tiendas sino sobre todo los de las pintadas. Las paredes son las páginas de una ciudad. Antes de enterarnos de alguna noticia por los periódicos o del impacto social que está teniendo lo encontramos reflejado en las paredes. Proponer una lectura de paredes es pedir que se tenga una mirada atenta, cuando menos, a lo que en una ciudad escriben sus ciudadanos, o parte de ellos, y particularmente aquellas consignas que no tienen otros medios.

Aparte de las razones que cada grupo, o cada mano equipada con un spry, puedan tener para pintar algo en una pared, parece notorio que se trata de una práctica que no sólo no cesa, sino que con la época del graffitti ha ido en aumento. Nos queda mucho por seguir leyendo y seguirá habiendo motivos para seguir llevando las palabras a las paredes verticales de los edificios.



[1] Todos los hombres son hermanos. Recopilación de textos de Gandhi por  Sarvepalli  Radhakrishnan  Editorial Aternas. Madrid 1988  p.161

[2] Lisez Liberation