FLUENCIA TRANSCULTURAL

La Experiencia colmada

Escrito por jesusricartmorera 15-07-2008 en General. Comentarios (0)

Llamamos experiencia a aquel conjunto de cosas que hacemos que en una buena parte fueron equivocadas o innecesarias. Experiencia es igual a saber sí, pero saber significa también el volumen de fallos y sus consecuencias, cometidos. La experiencia no es el simple paso del tiempo sino su empleo en muchos tipos de conductas y actos, una buena parte de ellos no elegidos voluntariamente y que han sido impuestos por la tradición o por los mandos de los lugares en los que se ha estado. La experiencia empieza a tener sentido cuando forma parte de la voluntad que la elige y no de su imposición por una falta de libertad. Hay experiencias por las que hubiera sido mejor no pasar. Sin embargo la experiencia vivida es lo mismo que decir que la vida vivida y se tiende a justificar lo hecho. La persona necesita vivir con lo que ha sido, entendérselo, justificárselo, autocoherentizarlo, aceptarlo y perdonarlo. Ese esquema vale tanto para el mártir como para el torturador, para el explotado como para el explotador, para el revolucionario como para el delator, para el solidario como para el ególatra, para el trabajador como para el ladrón, para el pacífico como para el violento. Dominado el esquema, cualquiera, haga lo que haga, podría vivir en paz consigo mismo por alejado que esté de la más elemental de las éticas. Una religión conocida perdonaba por anticipado los pecados a cometer. ¿Qué mejor ideología que la que admite no solo la comisión del error a priori sino además su total exculpación? La experiencia sirve para discriminar entre las maneras eficaces de hacer las cosas y las torpes, entre la efectividad y la irrentabilidad, entre lo positivo y lo negativo. La experiencia da un sosiego y supone una cierta garantía de especialización y de dominio sobre un asunto. Preferiré que me opere alguien que lleva años haciéndolo que no que lo haga quien se estrene conmigo. Pondré mi vehículo antes en manos de un mecánico que entiende la mecánica de mi marca que no alguien que es la primera vez que la ve. Elegiré a un profesor de lengua nativo antes que alguien que todavía no domina ni el vocabulario ni la gramática. La experiencia es crucial. De hecho es una condición sine qua non para detentar roles. Las empresas piden a sus futuros empleados que tengan experiencia previa y psicológicamente la gente desea crecer lo antes posible para tener experiencia de la vida. La experiencia que tanto necesitamos como base para el saber llega un momento en que cierra sus puertas y no deja pasar más. No todas las experiencias tienen que ser vividas, basta lo que otros que las vivieron cuentan sobre ellas para no desear sufrirlas. Estar toda la vida experimentando termina por convertirse en una rutina. Puede resultar tan absurdo como la necesidad de estar demostrando siempre. A fuerza de vivir el viviente se hace selecto, deviene un elitista: ya no quiere pasar por todo, no quiere repetirse en lo que ya ha vivido. Reconoce que no lo sabe todo ni lo ha hecho todo pero se queda sin energia o sin ganas para saberlo todo o para hacerlo todo. Asume sus límites y dentro de estos su falta de voluntad en continuar esforzándose, peleando o, incluso, aprendiendo. En lo mejor que se puede emplear el tiempo y los recursos es en aprender y no hay figura más excelsa que la del aprehendiente dispuesto a seguir aprendiendo siempre. El libro ha sido el instrumento por siglos de depósito del saber y su icono sigue representándolo. Cada vez que paso por delante del monumento al libro  de Joan Brossa en Paseo de Gracia/Gran Vía en BCN recuerdo los muchos que me quedan por leer y que es algo que debería estar haciendo en lugar de ir tras la gestión que me lleva al centro de la ciudad. Se hace difícil defender la tesis de la experiencia colmada cuando no existe ni la personalidad realizada ni se tiene el saber suficiente en una biografía en la que a pesar de todo vence el cansancio prefiriendo la ensoñación a la lectura, la invención al estudio o la desidia al trabajo. Desde el momento en que cada día hay algo nuevo que aprender y es necesaria mas de una vida para asimilar toda la experiencia reunida en una, no se puede hablar totalmente de experiencia colmada. Esta seria equivalente a sujeto completo. Se me hace inconcebible que alguien pueda decir que lo ha vivido todo aunque no que afirme que ya ha vivido suficientemente. Es a esta totalidad relativa, la del sujeto, la de la persona que dice basta, que tiene suficiente con lo que me refiero a experiencia colmada. Es la experiencia rebasada con todo aquello que se esperaba vivir y conocer. Eso no quita que se continúen haciendo gestos de solidaridad y de intervención en la aplicación de recursos, del saber y, por añadidura, de las experiencias allí  donde sea posible y por los medios que se puedan. Andrew Carnegie donó a bibliotecas extendidas por el mundo una cifra aproximada  de 4500 millones de dólares actuales. Hay algo del saber, el saber heredado, el saber a priori, que evita pasar por las experiencias innecesarias y que otros ya sufrieron durante su generación. No es necesario acudir a la guerra para saber que las guerras son destructivas, hacen de pretexto para los asesinatos legales y para desatar furias y viejas rencillas. La experiencia o querer tenerla no obligan a que todo el mundo tenga que pasar por lo mismo. Si fuera así estaríamos siempre en el punto de evolución de la primera generación porque no habría dado tiempo a hacer nuevas cosas. La experiencia colmada es la que se refiere más a parar el cuentaquilómetros, a buscar el sosiego o la etapa de la destilación de todo lo vivido. Es el momento de la dignidad biográfica.la experiencia colmada es la que está harta de escuchar los mismos discursos, pasar por las mismas conversaciones, escribir los mismos artículos, asistir a las mismas poses, recorrer las mismas geografías o aceptar las mismas ceremonias. Es la que dice: basta ya de lo mismo pero que se queda sin energia para otras experiencias distintas.

 

Buzón de Sugerencias

Escrito por jesusricartmorera 15-07-2008 en General. Comentarios (0)

 

El buzón de sugerencias choca con siglos de unidireccionalidad, dirigismos de las alturas, dictados de mando y capos al cargo en exclusiva con sus bandos  de un asunto o un establecimiento. De pronto todo edificio moderno que se precie tiene un buzón para recoger ideas: propuestas y críticas incluidas. Algunas veces los he usado y hasta he conseguido acuses de respuesta. Es así que dejé una nota en uno de la Tesorería de la Seguridad Social felicitándoles por su diligencia (algo impensable unas décadas atrás cuya la sola mención del sitio movía a espanto por las colas que había que hacer) y otra en Hacienda proponiendo una rampa en un lado de sus escaleras para accesibilidad de minus. Ambas fueron gentilmente contestadas. Sigo viendo buzones de sugerencias por muchos sitios. No sé si alguien ha hecho algún peregrinaje por ellos o toma por costumbre hacer de granito de arena poniendo una nota aquí otra allá, También los he visto en bares y nuevos locales. Es una deferencia del establecimiento para con sus usuarios y clientela en general.

Buzón de sugerencias implica también análisis y criticas. De hecho la posibilidad de la critica esta implícita en toda propuesta. Por el solo hecho de hablar o de hacer nos exponemos a ser criticados incitemos o no explícitamente a que se practique eso. Los artículos escritos suponen también propuestas para el pensamiento y su recibo no tiene porque ser consensuado siempre. Cuanto más explícitamente comprometido es un texto más provocativo es y más puede mover a una respuesta de adhesión o de rechazo. Suelo escribir de una forma comprometida. Me gusta el campo de abstracción y me muevo tranquilamente en él pero aterrizo cíclicamente en el campo de lo concreto y denomino situaciones y conductas que valoro en ellas mismas sin dejarlas bajo la nebulosa de no tomar partido. No me extraña que mis artículos expongan motivos más que suficientes para ser criticados. De hecho, la critica no es mas que una fase en el desarrollo de las mutuas contra criticas a partir de las cuales, supuestamente,  se llegue a conclusiones si no consensuadas al menos dominantes. De tarde en tarde, recibo dos tipos de notas, unas de elogios y otras de descalificación absoluta. Cuando recibo una conclusión sobre lo que soy yo y no sobre la criticabilidad de mi artículo no puedo atenerme a nada. A mi me cuesta enormemente proponer o basar los textos en conclusiones tomadas y difícilmente derivo de cada texto una conclusión. Más bien rodeo la fluidez argumental en torno al tema y sugiero un método de deducción racional para sacar una enseñanza. Cuando me enfrento a una conclusión definitiva sobre mí de alguno de mis lectores sin citarme a qué texto o textos se refiere no puedo por menos que quedarme perplejo. Suelo contestar con unas líneas por deferencia pero creo que voy a dejar de hacerlo. Mi tipo de respuesta es más o menos la siguiente: muy bien ya te has descargado con lo que querías decirme ¿eres más feliz que antes? Como que no sé a que aplicas tu conclusión sobre mi (he escrito miles de títulos de temas a estas alturas de mi vida elaborativa) ni me ayudas en mejorar aquello de mi en lo que estas de acuerdo, en el supuesto de que tenga que ser mejorado, ni te ayudas a ti mismo haciendo una critica fundamentada manteniendo tu conclusión en el campo de las palabras acabadas, es decir de las pedradas simbólicas tiradas.

Si pones un buzón de sugerencias en tu negocio o en tu blog o publicas tu email corres el riesgo de recoger comentarios absurdos. Siempre hay una cierta parte del ruido verbal en las conversaciones que es superfluo y una cierta parte de la información anónima recogida igualmente falta de todo interés. Prefiero una carta o un articulo elaborativo que me despanzurre en toda regla que no una pequeña estrofa que me diga lo grande que soy o lo miserable que soy.

Las formas de hablar dominantes siguen siendo conclusivas e imperativas más que argumentativas y lógicas. Cuando alguien sin conocerte sabes, o sospecha, que eres de tal o cual manera y te adjunta los vocablos determinativos de eso cuando todavía no ha dedicado suficiente atención a tu proceso es mejor pensar que está fuera de lugar y no merece la pena corresponderle con la atención. Sin embargo este criterio te aísla aún más de lo que estás ya que el lenguaje dominante conclusivo tiene más prisa por llegar a la clasificación de alguien o de algo que no en comprenderlo en su trama. Esto es así porque el mecanismo mental que lo explica se pregunta antes por el rol del que va que no por el sujeto en su qué hacer y en su ser. No me preocupa ni mucho ni poco que se pueda pensar cualquier cosa de mí que no sea. Basta una presencia, un color, un aspecto, una imagen, una palabra para que todo esto en forma de sucesivos ítemes excite la toma de posición del otro. La interpretación ajena está anegada de formas procedimentales injustas. Nadie es tan correcto en su metodología mental como para no caer en apreciaciones injustas de lo que ve y de a quien trata. No emitir juicios tampoco las evita. La técnica ideal es la de emitirlos tras procesos de estudio y razonamientos secuenciales lógicos.

Como idea-eje se puede añadir que un texto parcial no hace al autor, aunque desde luego es un poderoso indicativo de su línea de reflexión, con lo cual puede ser la base para su objeción rotunda, el del texto, pero no el de toda su producción elaborativa. Cuando, además, la simplificación critica es la de señalar el carácter o personalidad del autor sin cuestionarle en concreto el error o acierto de su obra, la contribución al esclarecimiento de todo el asunto es nula.