FLUENCIA TRANSCULTURAL

En el desencuentro

Escrito por jesusricartmorera 07-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

La tesis del desencuentro como constante humana que fatiga el cuerpo y desesperanza el alma  es algo en torno a la que gira no poca elaboración. Propongo dar un par de vueltas de rosca en el tema al tratar tal constante como un hecho vertebral de la vida relacional. Hasta tal punto que las relaciones estarían presididas por el desencuentro y no por la coincidencia.    A diferencia de una explicación anterior que coloca el desencuentro en su expresion episódica entro de una regularidad que organiza el encuentro coordinado y estable, una nueva y radical explicación definiría el desencuentro como el tipo de relación dominante en los seres humanos pero cuya eclosión es contenida por medio de pactos, convenios, congresos, reglas escritas, cortesías y protocolos muy predefinidos que dictan el ejercicio del rol de cada cual. La llamada represión interiorizada es una constante gestión del desencuentro. Este se nota de una forma latente pero se le traba para que no se exprese. Su eclosión puede significar abortar un contacto y no dejar que evolucione la relación ni siquiera mínima. El desencuentro viene determinado por factores perisubjetivos, anteriores y posteriores, al mismo problema en si que pueda surgir en un sitio dado con alguien dado en un momento dado. Hay muchas conductas preinscritas. Las personalidades con prejuicios son  candidatas apropiadas a la desconexión, a la disintonía y por tanto al desencuentro. Las personalidades que se han  acorazado tras estar expuestas a experiencias con el prejuicio desarrollan algo similar al no tolerar la primera actitud discriminativa con que  tropiezan.

El desencuentro no significa una aparatosidad de prosas radicalizadas o gritos. Basta la intuición del mismo para que ya se esté dando. Basta la presunción de ideas opuestas en cuestiones esenciales para que sea un hecho. Basta no estar en disposición de consentir todas las opiniones del otro, sean las que sean, para que pueda surgir en un grado u otro. Su aparatosidad alcanzará unos extremos o no según como se gestionen las palabras. Una palabra tiene el potencial de descolocar al interlocutor tan pronto lo descubre en una verdad que no quiere aceptar o bien en tanto que lo insulta injustamente. Es por eso tan difícil discernir entre dos que se discuten quien puede estar llevando la razón. La discusión es el acto escénico en si mismo, el desencuentro viene desde antes, con las posiciones tomadas y confrontadas aunque sean sutilmente. La vida en sociedad nos coloca constantemente en posiciones de riesgo de multitud de agresiones finas. El desencuentro  ni siquiera predetermina una agresión. En tanto que es una forma dominante de relación la cultura se ocupa de protocolizar lo que se puede decir y lo que no y actuar de acuerdo con los guiones dominantes. Mientras nos vamos relacionando los unos con los otros vamos cargando con un largo itinerario de desencuentros, nos vamos desencontrando. Muchas reuniones son para confirmar que no han servido de nada. Muchos desencuentros son más que predecibles en primeras citas con personas a las que no has visto nunca antes. Recuerdo una entrevista con un imam que dedicó una larga respuesta sin responder a la pregunta que le hice para decirme la consabida tesis de que todo lo que sucede forma parte de los cálculos divinos. ¿De qué se puede hablar a partir de esa premisa? De nada, ya que la conversación posterior estaría dentro de la previsión de tales cálculos y no de mi voluntad ni de la voluntad del entrevistado. Un desencuentro de este tipo entra dentro de la formalidad sin tener ninguna urgencia polémica.  De todas las confrontaciones intuir o constatar un desencuentro en su fase inicial y ni siquiera manifestarlo es la categoría mas baja de desencuentros. La astucia aconseja no convertirlo en una pelea.   En realidad, comparando los encuentros a los desencuentros  aquellos son una ínfima proporción en relación a estos. Lo que pasa con éstos es que se organizan de tal manera en que sean soportables. La mayoría de la gente llama a eso diferencias. Las diferencias son necesarias para el enriquecimiento mutuo pero los desencuentros que ponen en evidencia antagonismos  no tienen porque enriquecer  y además pueden ser un mal trago al experimentar hasta donde puede llegar el ser humano en su estulticia.

La mayor parte de desencuentros vienen determinados por una reiteración en unas diferencias que siguen perpetuándose tras se puestas en evidencia y no resueltas. Hay otros factores externos e internos que garantizan la continuidad del trato de las personas a pesar de su desencuentro latente. Esto se organiza con una política doméstica suficientemente efectiva. Hay algo de performance y de autoengaño en la relación  humana y el interés creado en que siga adelante en su contexto tolerándose mutuamente y no expresando las verdaderas opiniones.

A fuerza de hacer acopio de desencuentros uno limita las relaciones a aquel tipo de citas y maneras que no los ocasionen. La inmensa mayoría de intercambios verbales variados que uno tiene durante toda su vida no pasan de algunos minutos, los menos son los que pasan a marcos mas dilatados de tiempos y el menso de los menos son los que dedican semanas, meses o años a compartir comunicación verbal. Se diría que el habla que todos tenemos esta reservada para unos pocos en sus contenidos mas importantes y para los menos en sus contenidos mas funcionales o superficiales. El hablante se da cuenta que vive inmerso en un mundo de comunicación restringida que tiene que administrar en función de las posibilidades personales de la sinceridad y acercamiento que le proporcionan el mundo de los demás. A fuerza de tachar gente de una posible lista imaginaria con la que tener contacto comunicativo uno se queda solo, Torrente Ballester dijo con razón que la peor soledad que hay es la de darse cuenta que la gente es idiota. Una frase arrogante que nos pone a todos los demás fuera de su alto nivelazo intelectual. Lástima que la idiocia lo alcanzara a él también al reivindicar para Salamanca los papeles apropiados por el nacionalismo español durante la postguerra alegando que eran derechos de conquista. Pero su intención expresiva es rotunda y fuera del idiota que la dijo se puede aplicar siempre que uno se sienta sin sintonía para comunicar en el mundo en que vive.

Una buena parte de las conversaciones son cortas y enmarcadas en una estructura verbal predeterminada de tipo demanda, solicitud de cosas o de información. Se concluyen con un sí o un no y la correspondiente reacción si la respuesta no es la esperada. El corolario del contacto termina con la supresión del saludo o un saludo ad hoc para recalificar el encuentro.

El vocabulario, en todos los idiomas, tiene una vastedad de recursos que se van manejando si el deseo en precisar la cuestión, lo debatido o la situación persiste. El interlocutor va queda al descubierto, palabra a palabra. La escenografía con gritos es totalmente secundaria aunque tampoco hay que desaprovechar esta oportunidad para practicar el gesto espectacular y el grito intenso en clave dramática. Lo mas duro para un interlocutor es quedar al descubierto en su mentira, entrampado en si mismo. En  el desencuentro manifiesto se puede hablar de una guerra no bélica.  Cada guerra es una destrucción del espíritu humano dijo Henry Miller, cada desencuentro me empuja a reconsiderar seriamente el valor del otro como compañero de sociedad o de especie. Si bien vivir para la experiencia es una de las mejores invitaciones que recibimos cuando ya existimos, vivir en el desencuentro es una de las realidades más insoportables. En particular cuando desde el momento cero de una nueva relación se puede esquematizar la zona de diferencias que son potencialmente conflictuales y que lo serán y las probabilidades de perduración y éxito de la otra zona de empatía.

Como ventaja el desencuentro nos relata y revela el tipo de existencia que nos toca, pone al desnudo a las verdades y sobre todo el fin de los aliados que nos engañaron  en ese rol de impostores. En cambio, el encuentro forzado (esa necesidad  que tiene la gente de tener tantos amigos y de tal intensidad) remite a una entelequia teatral insostenible y que en todo caso no responde a la realidad última de fondo. Si se quieren vivir las contradicciones en todo su significado cada acto de desencuentro puede proporcionar una interesante interpretación en sus últimas y mejores lecciones.

 

 

La sinceridad castigada

Escrito por jesusricartmorera 07-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

La sinceridad es la forma personal con la que se dicen verdades, en particular verdades que informan de otras situaciones personales. Su condición vehicular para uno de los valores supremos –la verdad-  la hace inimpugnable a la vez que es mirada con reserva y a menudo eludida. A nadie le gusta que le digan todo lo que los demás sienten de él/ella. Eso incluyo al mismísimo actor de crítica y de desvelamientos. La sinceridad es un constructo del que se hace apología demagógica ya que de ser negada es tanto como afirmar su contrario. Nadie quiere pasar por insincero. Su tesitura es la de ubicar su comportamiento relacional entre dos campos: el de vivir consecuentemente con la propia conciencia y la de vivir siendo aceptable en su condición social dentro del grupo. Sociabilidad y sinceridad resultan antagonizantes. La sinceridad es  potencialmente propiciadora de un  enfrentamiento brutal, por eso su manera de ser practicada es atenuada o se buscan recursos artísticos para hacerla manejable. Se diplomatiza a cambio de no perjudicar los privilegios de las relaciones.

He podido recoger cuantiosas experiencias que tras el ejercicio directo de la sinceridad le sobreviene un tipo de castigo camuflado que suele traducirse por la exclusión de aquel ámbito en la que ha sido depositado. A menudo el ámbito es el recibo de uno solo: la otra persona que no tolera que la hayas descubierto. Honestamente cuando alguien ejerce lo que considera su honestidad contigo calificándote en una determinada categoría puedes propender a no aceptarla como justa y a castigarlo pasando de discutírsela por la vía de la ignorancia o contraatacándolo con una critica feroz. Además de las verdades de los datos en juego están las reacciones psicológicas de cada cual. No es suficiente con la enumeración de principios y criterios que demuestran que te has aprendido la lección, es necesario demostrar que funcionan en la práctica en medio de los negocios de palabras, ajustes y desajustes de informaciones y las maneras interpretativas mutuamente entregadas.

Los protocolos sociales no suelen permitir demasiadas oportunidades para reparar comunicativamente las cosas. A menudo basta una frase para levantar un muro. A menudo la sutilidad marca el imperio de una relación. La estructura psíquica de las personas se modela, literalmente se pasta, según se haya visto tratando sus experiencias con la sinceridad personal. Un sujeto deviene más reservado o menos según lo más o menos apreciado que haya sido en su comunicación o castigado por ello. Esa compete tanto a sus actos comunicativos ordinarios como a los excepcionalmente sentimentales. La gente termina por inhibirse y callar lo que siente para no ser castigado. La forma mas elemental de castigo es no haciéndole caso. La sinceridad es un parámetro de difícil acceso y de más complicada praxis. Es una curiosidad. De un lado las culturas y las filosofías no paran de proclamar la verdad, de escrutarla, de capturarla o de explicarla, de otro lado los hábitos interpersonales suelen no ejercerla en el ámbito de lo concreto. La gente calla lo que siente. Permítaseme decirlo en primera persona: nos callamos lo que sentimos o para hablar el sentimiento tenemos que acudir a formulas más o menos neutrales tomando distancia de lo personal.  ¿Quien es el valiente que le dice a alguien con quien comparte la mesa la primera vez por una coincidencia del tipo que sea, que no le gusta su manera de estar o de comer o de hablar o de callar? La dosis solidaria pasa por estratagemas sumamente cuidadosas de tolerancia que se justifica en un falso respeto y finalmente en una aparatosa falta de franqueza.

Hablar de verdades es una enojosa conversación. Si no hay modo de eludirlo se tiende a hablar de verdades teóricas, de conceptos claves del tiempo o de la historia, de terceras cosas que pongan a salvo los actores de la conversación para no verse en la tesitura de ser juzgados. La intelectualidad ha desarrollado una cierta forma de tratar las cosas sin tratar a las personas que las han gestado. No siempre. Entre los intelectuales hay el mismo tipo de lobos que dentellean despiadadamente como en cualquier otro ámbito. Hay una cierta inhibición a tratar las verdades personales a cambio de que no traten los propios. Todo el mundo tiene trapos sucios en su haber: errores inconfesables, inconsecuencias máximas, pasados complicados, afirmaciones contradictorias. Todo ello está detrás del miedo a la sinceridad. Este miedo no deja de ser uno de los miedos con los que nos enfrentamos todos. Epicteto recomendaba no tener miedo de nada ni del destierro ni de la pobreza ni de la cárcel ni de la muerte solo tener miedo del miedo. Me gustaría invitar a Epicteto a ser coautor de este artículo tras convivir con él una semana y haber ejercitado la libertad total de opinión entre nosotros. Evidentemente la tesis de no tener miedo a nada (ni a nadie) es la que preside cualquier otra cosa. Quien esta libre de sus miedos puede empezar a hablar de libertad. La cuestión es que las sociedades que han decretado la libertad política siguen facturando los pagos por problemas derivados de una falta de libertad personal real. Los conflictos interpersonales tienen su raíz en buena parte o bien en la falta de ejercicio libertario de la sentimentalidad o bien en su práctica no tolerada. El castigo de quien habla por lo que dice se expresa de muchas maneras pero generalmente tiene el común denominador de silenciarlo. Tanto en la mención de su persona o sus trabajos, como de reprimirlo en la propia memoria personal no recordándolo.

En la praxis de la sinceridad cada relación termina para tratar las verdades personales de una manera sostenible para la misma relación.  Se ha dicho que una amistad es tanto mayor cuanta mas capacidad tiene para sostener la sinceridad. A mayor cuota de franqueza más amistad o al menos esta es la ecuación teórica. Cuando determinadas franquezas son inapropiadas y basadas en la injusticia o son productos de bombardeo más que de aproximación la relación queda minada y suspendida en ese balanceo tan hipócrita como cultural del deseo latente del encuentro que nunca llega a concretarse. Hay muchas formas relacionales basadas en la superficialidad que no para de consolidarse como lo mejor que se puede conseguir del otro.

La mejor praxis de la sinceridad es adoptándola como criterio constante. Hay que prevenir a la persona sincera que puede encontrarse sin interlocutores ya que pueden optar por pasar de ella. O por el contrario generar conductas reactivas que la ejerzan implacablemente y no pueda soportar la reactividad que haya desencadenado. El problema de la praxis y la búsqueda de la verdad es que termina por encontrarse y luego toca vivir con ella.

 

En el  Desencuentro. Mbour 15 juliio 2008

La tesis del desencuentro como constante humana que fatiga el cuerpo y desesperanza el alma  es algo en torno a la que gira no poca elaboración. Propongo dar un par de vueltas de rosca en el tema al tratar tal constante como un hecho vertebral de la vida relacional. Hasta tal punto que las relaciones estarían presididas por el desencuentro y no por la coincidencia.    A diferencia de una explicación anterior que coloca el desencuentro en su expresion episódica entro de una regularidad que organiza el encuentro coordinado y estable, una nueva y radical explicación definiría el desencuentro como el tipo de relación dominante en los seres humanos pero cuya eclosión es contenida por medio de pactos, convenios, congresos, reglas escritas, cortesías y protocolos muy predefinidos que dictan el ejercicio del rol de cada cual. La llamada represión interiorizada es una constante gestión del desencuentro. Este se nota de una forma latente pero se le traba para que no se exprese. Su eclosión puede significar abortar un contacto y no dejar que evolucione la relación ni siquiera mínima. El desencuentro viene determinado por factores perisubjetivos, anteriores y posteriores, al mismo problema en si que pueda surgir en un sitio dado con alguien dado en un momento dado. Hay muchas conductas preinscritas. Las personalidades con prejuicios son  candidatas apropiadas a la desconexión, a la disintonía y por tanto al desencuentro. Las personalidades que se han  acorazado tras estar expuestas a experiencias con el prejuicio desarrollan algo similar al no tolerar la primera actitud discriminativa con que  tropiezan.

El desencuentro no significa una aparatosidad de prosas radicalizadas o gritos. Basta la intuición del mismo para que ya se esté dando. Basta la presunción de ideas opuestas en cuestiones esenciales para que sea un hecho. Basta no estar en disposición de consentir todas las opiniones del otro, sean las que sean, para que pueda surgir en un grado u otro. Su aparatosidad alcanzará unos extremos o no según como se gestionen las palabras. Una palabra tiene el potencial de descolocar al interlocutor tan pronto lo descubre en una verdad que no quiere aceptar o bien en tanto que lo insulta injustamente. Es por eso tan difícil discernir entre dos que se discuten quien puede estar llevando la razón. La discusión es el acto escénico en si mismo, el desencuentro viene desde antes, con las posiciones tomadas y confrontadas aunque sean sutilmente. La vida en sociedad nos coloca constantemente en posiciones de riesgo de multitud de agresiones finas. El desencuentro  ni siquiera predetermina una agresión. En tanto que es una forma dominante de relación la cultura se ocupa de protocolizar lo que se puede decir y lo que no y actuar de acuerdo con los guiones dominantes. Mientras nos vamos relacionando los unos con los otros vamos cargando con un largo itinerario de desencuentros, nos vamos desencontrando. Muchas reuniones son para confirmar que no han servido de nada. Muchos desencuentros son más que predecibles en primeras citas con personas a las que no has visto nunca antes. Recuerdo una entrevista con un imam que dedicó una larga respuesta sin responder a la pregunta que le hice para decirme la consabida tesis de que todo lo que sucede forma parte de los cálculos divinos. ¿De qué se puede hablar a partir de esa premisa? De nada, ya que la conversación posterior estaría dentro de la previsión de tales cálculos y no de mi voluntad ni de la voluntad del entrevistado. Un desencuentro de este tipo entra dentro de la formalidad sin tener ninguna urgencia polémica.  De todas las confrontaciones intuir o constatar un desencuentro en su fase inicial y ni siquiera manifestarlo es la categoría mas baja de desencuentros. La astucia aconseja no convertirlo en una pelea.   En realidad, comparando los encuentros a los desencuentros  aquellos son una ínfima proporción en relación a estos. Lo que pasa con éstos es que se organizan de tal manera en que sean soportables. La mayoría de la gente llama a eso diferencias. Las diferencias son necesarias para el enriquecimiento mutuo pero los desencuentros que ponen en evidencia antagonismos  no tienen porque enriquecer  y además pueden ser un mal trago al experimentar hasta donde puede llegar el ser humano en su estulticia.

La mayor parte de desencuentros vienen determinados por una reiteración en unas diferencias que siguen perpetuándose tras se puestas en evidencia y no resueltas. Hay otros factores externos e internos que garantizan la continuidad del trato de las personas a pesar de su desencuentro latente. Esto se organiza con una política doméstica suficientemente efectiva. Hay algo de performance y de autoengaño en la relación  humana y el interés creado en que siga adelante en su contexto tolerándose mutuamente y no expresando las verdaderas opiniones.

A fuerza de hacer acopio de desencuentros uno limita las relaciones a aquel tipo de citas y maneras que no los ocasionen. La inmensa mayoría de intercambios verbales variados que uno tiene durante toda su vida no pasan de algunos minutos, los menos son los que pasan a marcos mas dilatados de tiempos y el menso de los menos son los que dedican semanas, meses o años a compartir comunicación verbal. Se diría que el habla que todos tenemos esta reservada para unos pocos en sus contenidos mas importantes y para los menos en sus contenidos mas funcionales o superficiales. El hablante se da cuenta que vive inmerso en un mundo de comunicación restringida que tiene que administrar en función de las posibilidades personales de la sinceridad y acercamiento que le proporcionan el mundo de los demás. A fuerza de tachar gente de una posible lista imaginaria con la que tener contacto comunicativo uno se queda solo, Torrente Ballester dijo con razón que la peor soledad que hay es la de darse cuenta que la gente es idiota. Una frase arrogante que nos pone a todos los demás fuera de su alto nivelazo intelectual. Lástima que la idiocia lo alcanzara a él también al reivindicar para Salamanca los papeles apropiados por el nacionalismo español durante la postguerra alegando que eran derechos de conquista. Pero su intención expresiva es rotunda y fuera del idiota que la dijo se puede aplicar siempre que uno se sienta sin sintonía para comunicar en el mundo en que vive.

Una buena parte de las conversaciones son cortas y enmarcadas en una estructura verbal predeterminada de tipo demanda, solicitud de cosas o de información. Se concluyen con un sí o un no y la correspondiente reacción si la respuesta no es la esperada. El corolario del contacto termina con la supresión del saludo o un saludo ad hoc para recalificar el encuentro.

El vocabulario, en todos los idiomas, tiene una vastedad de recursos que se van manejando si el deseo en precisar la cuestión, lo debatido o la situación persiste. El interlocutor va queda al descubierto, palabra a palabra. La escenografía con gritos es totalmente secundaria aunque tampoco hay que desaprovechar esta oportunidad para practicar el gesto espectacular y el grito intenso en clave dramática. Lo mas duro para un interlocutor es quedar al descubierto en su mentira, entrampado en si mismo. En  el desencuentro manifiesto se puede hablar de una guerra no bélica.  Cada guerra es una destrucción del espíritu humano dijo Henry Miller, cada desencuentro me empuja a reconsiderar seriamente el valor del otro como compañero de sociedad o de especie. Si bien vivir para la experiencia es una de las mejores invitaciones que recibimos cuando ya existimos, vivir en el desencuentro es una de las realidades más insoportables. En particular cuando desde el momento cero de una nueva relación se puede esquematizar la zona de diferencias que son potencialmente conflictuales y que lo serán y las probabilidades de perduración y éxito de la otra zona de empatía.

Como ventaja el desencuentro nos relata y revela el tipo de existencia que nos toca, pone al desnudo a las verdades y sobre todo el fin de los aliados que nos engañaron  en ese rol de impostores. En cambio, el encuentro forzado (esa necesidad  que tiene la gente de tener tantos amigos y de tal intensidad) remite a una entelequia teatral insostenible y que en todo caso no responde a la realidad última de fondo. Si se quieren vivir las contradicciones en todo su significado cada acto de desencuentro puede proporcionar una interesante interpretación en sus últimas y mejores lecciones.

 

 

 

La cola de los comentarios

Escrito por jesusricartmorera 07-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

Todo texto puede ser una plataforma de la discusión. Toda opinión puede generar otras por la vía del disenso. Una opinión aceptable por todo el mundo no es una opinión, es un piropo a todo desde la incondicionalidad ciega. Es inconcebible un discurso sin que genere discrepancias. Si no las produce es que la sala está durmiendo. Otro asunto es que alguien se atreva a tomar la palabra para decir las suyas. El blog interactivo que articula la posibilidad de recibir comentarios de todo tipo, incluidos los anónimos y agresivos, es una forma moderna de permitir que un relato o un argumento genere una cola de comentarios. No necesariamente tienen que predominar los estupendos. Mis experiencias de visitante primero y residente después del planeta digital me dicen que genero dos clases de reacciones más o menos por un igual, las que están muy de acuerdo con lo que escribo y las que están muy en contra. No se puede pensar que todo lo que digas o escribas pueda complacer a todo el mundo. Si lo hace es que no dejas de reproducir lo ya sabido y consensuado, apartarse de lo dicho y aceptado e incursionar por un discurso distinto ge era necesariamente reacciones adversas. Estas son indispensables para mover el pensamiento. El efecto colateral de la adversidad es que puede emplear tal clase de artillería insultante o descalificadora que al autor no le queden ganas de seguir opinando o escribiendo sus opiniones en plataformas públicas. Hay una clase de reacciones pretendidamente meditadas e intelectualizadas que lo que pretenden es castrar la libertad de sentimiento y la libertad de palabra. Mantenerse en una posición critica ante las cosas de la vida y no pocos de los comportamientos que se ven cada día implica a su vez ser criticado por quienes las hacen o tienen esos comportamientos. De eso va la noria existencial. Esas reacciones pueden ser perfectamente la cantera para enemistades y enemigos. Autores controvertidos como Sartre en el s XX median su proyección internacional y el impacto en la cultura de su tiempo por la cantidad de enemigos que generaban. Para él escribir era un modo de trascender ya que no creía en ninguna continuidad espiritual postmortem.

Cada tesis en la forma expresada que sea: articulo, libro de ensayo, novela, poema, escena dialogada, acto artístico u opinión oral genera reacciones de dos clases: de signo complementario y de signo opuesto. El protocolo de la oralidad es muy distinto al de los materiales escritos. Mientras aquel puede contar con maneras sutiles que van renegociando la forma expresiva en la medida en que va siendo manifestada, estos ponen en contacto personajes que no tienen porque tener o buscar un encuentro presencial común. Ante la forma escrita cabe más radicalidad que ante la forma verbal. La presencia siempre tiene una fuerza intimidatoria básica mientras que el soporte escrito en la forma que sea deja al autor entre bastidores.

En cierta ocasión una persona[1] a la que le di a leer un numero de una revista[2] -que yo  preparaba casi en su integridad con distintos pseudónimos- ante el desarrollo temático de uno de ellos  sobre sexología, que proponía el sexo anal y oral como practicas de placer, repuso algo asi como quien era tal autora para decir tales cosas poniendo en duda su autoridad científica. Suele ser una tendencia que continúa la de deslegitimizar un texto por vincularlo a un autor desconocido, sin pedigrí o marca. Traslada al mundo de lo escrito lo que ya se duda en el mundo comercial: las cosas de marca desconocida o copiadas suelen estar bajo la duda permanente de su funcionamiento. Para el punto de vista de la creación un objeto es un objeto y hay que valorarlo por si mismo por encima de su procedencia y su nombre de fabricación. Mucho más con los objetos teóricos donde es más fácil examinar su coherencia y su trama argumental, sea quien sea quien lo haya  elaborado. Lo cierto es que cuando no se está de acuerdo con un texto tiende a impugnarse a la persona que lo haya hecho en lugar de limitarse a impugnarlo en si mismo.

Para el desarrollo teórico la cola de comentarios que genere una iniciativa creativa con permanentes aportaciones es casi inevitable. En todo caso, la tal cola es un indicativo concreto de que hay lecturas y aunque algunas no hayan llegado a termino estallando nitroglicerínicamente antes de ser concluidas forma parte del necesario alboroto que a lo largo de la historia siempre acompaña las innovaciones.

La construcción y el desarrollo de una mayor  conciencia universal por la vía de la ciberconsciencia pasa ineludiblemente por el arsenal reactivo de la oposición al crecimiento. El poder fáctico del costumbrismo prefiere el quietismo social y de las ideas a bucear en los nuevos planteamientos que se digan. Las tradiciones siguen siendo lo intocable para muchas personas. Una nueva forma de pensar que revise incluso otras alternativas de pensamiento recientes que fracasaron al tomar modelos sociales basadas en burocracias de estado como clases dirigentes está condenada a la crucifixión si lo que sostiene no es comercializable.

Los innumerables blogs abiertos que vienen generando colas de comentarios representan una nueva técnica de medición de las distintas líneas de opinión sobre los temas. A menudo las opiniones llamadas de derecha que antes se juzgaban minoritarias y manipuladas tienen ahora una envergadura numérica consistente. Por encima de las opiniones que no comprendan y los comentarios que prefieran reenviar las posiciones criticas a las cárceles del sufrimiento o a los reductos del silencio, una dinámica renovada de pensamiento lucido y valeroso se va abriendo paso en medio de un ofertorio planetario de imaginería sensorial para devotos y creencias incondicionales para psicologías de la fe. En este sentido la opinión del otro, de cualquier otro anónimo, ante la tesis que defiendas tiene un interés pero no siempre por su contenido sino por su referente estadístico y su forma expresiva. Es lamentable, claro está, que no pocos comentarios sean para comentar que tu argumento no deberías haberlo escrito. Antes los que publicaban libros en contra del pensamiento dominante se jugaban la vida y eran quemados en la hoguera, ahora nos arriesgamos al ostracismo de un sector numéricamente no despreciable de personas que prefieren el analfabetismo de las letras o la osadía intelectual.

 



[1] Una mujer todavía en el shock postseparacion despues de mucho tiempo que seguía objetando a su ex haber sidio el ar´tifice de la disolución del proyecto personal compartido.

[2] Fluencia Transcultural, claro.

El blog como borrador

Escrito por jesusricartmorera 07-08-2008 en General. Comentarios (0)

 

Los blogs están organizados para la interacción continua. Cuentan con instrumentos para facilitar comentarios y criticas sobre lo que se va insertando. Son o pueden ser procesos criticados, cuestionados y recibidos en tiempo real de su inserción. Eso tiene la enorme ventaja de recibir inmediatos acuses de recibo y opiniones y la enorme desventaja de abrir canales de influencia o de  distorsión indeseables. A diferencia de un libro terminado en el que el lector puede escribir glosas marginales o en páginas aparte sus objeciones o admiraciones de las que el autor no se entera, en el blog el autor se puede enterar de inmediato y verse emplazado a reaccionar a ellas modificándole el curso ordinario de su elaboración textual. Despues de unas cuantas experiencias creativas de blogs además de la participación en fórums de otras plataformas digitales creadas por otros he llegado a la conclusión que la cola de comentarios que puede generar una forma de escribir y unas ideas expuestas más que ayudar a la elaboración pueden  dañarla. A menudo los comentarios son expresiones conclusas no argumentadas sujetas al binario de me gusta/no me gusta o eres/no eres. Despues de un cierto tiempo he optado por no leerlos. En algunos blogs mantengo la opción de su discusión abierta y comentarios libres.  En otros he optado por no tenerla. Aparentemente esto es estar en contra de la discusión. Nada de eso. Cualquiera puede y debe discutir a cualquiera si considera que su voracidad intelectual o su pulsión reactiva pasa por eso. Puede hacerlo a distancia y en otros lugares.  Me he llevado suficientes chascos en suficientes lugares como para preocuparme más por la dinámica de una disertación en la que me meto que por exponerla de tal manera que pueda complacer a todas las lecturas. No olvido que un blog no es más que una plataforma de información y de exposición provisional de temas que no tienen porque ser definitivas. Las informaciones son reactualizables y las elaboraciones pasan por el estado de borrador antes de darlas por buenas. Insertar un texto solo necesita pasar por el visto bueno de quien lo inserta no del congreso de academias que fallen a su favor. Compete a los internautas discriminar entre los textos interesantes y actualizados de los que no lo son y no lo están.

Para la autoría de un blog su reactualización viene empujado por el campo temático del que va hablando o informando. Inevitablemente sus análisis y posiciones pueden generar reacciones de todo tipo: desde elogios incondicionales a opiniones anónimas insultantes a envidias. Detenerse en la lectura de todo ello quita bastante tiempo  y además  provoca una cierta necesidad de réplica autodefensiva con lo cual se quita energia al plan de elaboración inicial o la atención suficiente a los textos pendientes. No se puede escribir al gusto de todos. La idea de Bernard- Henri Lévy es interesante: todo escritor tiene enemigos. Añado que al escribir se desarrollan las opiniones mas allá de los protocolos verbales conde la microgestualística atenúa las diferencias si las exigencias coyunturales piden una entente. En el texto escrito se dan cita dos desconocidos que no tienen porque encontrarse nunca en el espacio presencial y no tienen porque guardar determinadas formas. En primer lugar el escritor se auto obliga a desarrollar un análisis hasta el final  en el tema que aborda y de su lado el lector puede sentirse la diana del tema tratado y descubierto en una interpretación que no le complazca. Es más fácil para este declarar su indisposición a la lectura que no decir  sus razones. Es mas habitual la descalificación e impugnación a un texto en su totalidad y a su autor aunque sea por la indisposición a alguno de sus fragmentos o partes que no a hacer un contraanálisis de estos.

La crítica y el debate son, desde luego, necesarios. Solo que las habilidades verbales para la discusión no siempre presentan una posición critica ni una participación protagonista en una metodología polémica. De la crítica se han derivado praxis no precisamente críticas. La profesión del crítico literario y artístico puede ir en contra del mismo desarrollo del arte. Rosa Montero optó por no leer las críticas a su obra. Aparentemente es una medida narcisista, en la práctica una forma útil para no convertirse en el títere de los críticos de uno. ¿Que se supone que tiene que hacer el escritor? ¿Escribir para complacer o escribir para ser? Desde que escribo con maneras distintas y vehículos distintos he aprendido que el texto escrito es un arma que no todo el mundo esta dispuesto a aceptar. De todas las artes aplicadas la de la escritura es la más incisiva, la mas explicita, la más inaceptable si lo que sostiene no es del agrado del canon dominante. Las otras: la fotografía o la pintura pueden disgustar pero no dejan de ser imágenes que personalizan de una manera más difusa.

En la blogosfera empiezan a darse cita  y a concurrir los textos de las voces calladas. Es el universo paralelo de las literaturas de edición en papel cuyos marcos de selección y aceptación siempre han necesitado de otros padrinazgos y medios. En la blogosfera el silencio tradicional se hace verdad y cualquier puede escribir como una apuesta personal para formar parte de la conciencia colectiva. Pretenderla es el mayor de los crímenes para quienes prefieren dejar las situaciones en el lugar del inmovilismo.

De los blogs que he creado hasta ahora no estoy completamente satisfecho pero proporcionan la oportunidad de presentar textos aunque  no estén completamente depurados, textos que forman parte de proyectos más ambiciosos como libros terminados. En el futuro otros blogs o webs mejor construidos pueden recoger los textos anteriores para dejarlos en una corrección de formas impecable. Puesto que las direcciones de los sites son, en principios, estables; lo recomendable es mantener los que ya tienen un volumen de visitas en marcha. La coexistencia de blogs de borradores con otros definitivos a partir de la evolución y mejora de los textos de los anteriores, podrá crear una cierta confusión. Nada grave si se tiene en cuenta que el universo internáutico empieza  a suponer también, despues de más de quince años de popularización, un viaje por el tiempo: por las cosas del ayer y del ahora, por la actualidad y sus precedentes.