FLUENCIA TRANSCULTURAL

El hipercriticismo

Escrito por jesusricartmorera 05-09-2008 en General. Comentarios (0)

Dentro del panorama sintomatológico hay conductas complejas para todos los gustos. Un grupo de ellas son clasificables en función del grado de adaptabilidad o de  resistencia al discurso ajeno. Tiene mucho que ver con perfil de conformidad o rebeldía. La psicoterapia analítica, dentro de otros modelos psico-teóricos, examina el conflicto intrapsíquico de trastorno emocional de personalidad  con el propósito de averiguar las causas no de suprimirlas. El objetivo clínico no consiste en eliminar toda conflictividad con el mundo exterior sino en reinterpetarla y reacondicionarla para que no afecte el equilibrio personal. De tal modo que las consecuencias conflictivas que emanan de la disidencia con el entorno tienen que ser colocadas en un campo sano de manejabilidad. Sería catastrófico para el sujeto relacionalmente conflictivo con los demás reprocharle sus diferencias en una edad vulnerable pues lo más probable es que se le castrara severamente  para convertirlo en un acomodaticio y en un despersonalizado. Por el contrario su discrepancia debe ser analizada como  un fenómeno bajo la lógica y repotenciada en  forma de expresiones críticas racionales. El proceso es delicado y contradictorio pues una actitud crítica razonada no está exenta de frustración emocional por no poder pertenecer al registro de lo criticado y a su grupo humano de relación.  De ahí que pueda derivarse un hipercriticismo: estar en contra de todo por el sólo hecho de no pertenecer al campo de producción propia. El hipercriticismo es algo más que una deficiencia de método o una falla en la comunicación. Es una conducta psico-reactiva que no tiene nada que ver con el racionalismo o con el análisis racional de las cosas  aunque pueda parapetarse con frases doctas o cultas y que se genera cuando en el lugar de la razón impera el victimismo con el propio laberinto emocional. Hay perfiles de personalidad que jamás de los jamases están de acuerdo con nada. Y sea cual se la propuesta o el argumento sospecharán de manos negras que haya detrás o verán una u otra incongruencia con que descalificar su conjunto. El hipercriticismo convierte a la persona afectado en una victima de su detallismo saboteándole la visión general del asunto que trata. Critica por criticar el aspecto menor, desligándose del motivo central del tema. Para quién padece de hipercriticismo nunca verá el bosque o el conjunto y le resulta difícil hacer planes estratégicos de trabajo o de vida. Para quién tiene que padecer a un sujeto hipercrítico en su entorno le toca reorganizar la relación desoyéndolo en sus capítulos de exageraciones concretas.

 

 

Longevidad existencial

Escrito por jesusricartmorera 05-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

John Allman publicó una curiosa  tesis en Actas de la Academia Nacional de ciencias y recogida por The economist donde ha relacionado tenencia de hijos y longevidad. En ella se  sostiene que lo hijos que primero quitan la vida, luego la devuelven, lo que explicaría la longevidad de las mujeres frente a los hombres. Tal hipótesis ha sido comprobada con 10 primates, hombre incluído. La pista vino dada por dos especies singulares: el tití y el mono nocturno. No son las hembras sino los machos los encargados de acarrear a la prole y de enseñarles a sobrevivir, algo que solo sucede con el 15% de los mamíferos. Los machos de estas dos especies viven un margen mucho mayor que sus hembras. En el extremo contrario las hembras chimpancés que son promiscuas cargan con todo el trabajo de la prole que es rechazada por los machos. Ellas  viven un 40% más que sus compañeros. En la anatomía humana la diferencia de la esperanza matemática de vida entre un género y el otro es considerable. Oscila entre los 7 y los 12 años según los países. La viudedad alcanza un porcentaje mayoritario en mujeres y minoritario en hombres. La viuda que no fallece en el intervalo de unos meses a un año tras la muerte de su compañero u esposo, remonta la perspectiva  estadística de vida  entre 8 y 10 años más de media. Sin duda alguna los factores predisponientes para esa longevidad son de tipo biológico pero no están exentos los de orden psíquico. El psico-tipo mayoritario de hombres es el de personas que introvierten su capacidad comunicativa y se resignan a sus roles de responsabilidad de una familia y de una vida. Por otro lado tienen un papel secundario en el goce de los beneficios domésticos y un rol marginal, ciertamente,  en la crianza de su progenie. Suelen ligar su razón vital a su función laboral y productiva, resultando que tras sus jubilaciones y sin quedarse con qué hacer se sientan unos perfectos inútiles e inconscientemente deseen quitarse de en medio. La longevidad guarda una conexión con el deseo de ver avances en  la  colocación de los hijos o en la confirmación de su éxito. Hay casuística que reporta el fallecimiento del adulto  inmediatamente después de confirmar un regreso o una solución dada en un hijo. Hay situaciones en la que la persona se deja ir o se deja morir tras estar colmada y satisfacción de la situación que deja en sus descendientes. Eso coloca el hecho de la longevidad en algo  que no es pre-escrito. Sino que su extralimitación queda prescribida si hay un poderoso deseo para ello.

Depresión y culpa

Escrito por jesusricartmorera 05-09-2008 en General. Comentarios (0)

La depresión y su trasfondo en la culpa.

 

La depresión es un estado de autoinhibición de los recursos personales. El desinterés por lo externo, el mundo del afuera, las diversiones, las relaciones con los demás o la interacción en general no siempre viene determinado por una situación previa de pérdida. Si bien es cierto que algunas depresiones exógenas están vinculadas al duelo de pérdida de un ser querido, no lo es menos que las depresiones endógenas o internas lo están a una noción de irrealidad del propio rol en el mundo. Es dictaminable la culpa como causal de la depresión cuando aquella impide a la persona ser quien realmente es y se autoniega de serlo por no ser aceptable socialmente. La culpa, en las latitudes europeas tanto anglosajonas como mediterráneas como escandinavas, concuerda perfectamente con una cultura –la cristiana- que ya tiene por tabú y tradición la idea del pecado original y de la falta contra las órdenes de un todopoderoso. La culpa sin embargo es un sentimiento psíquico que no tiene nada que ver con la espiritualidad aunque sí puede ser exacerbado y llevado a nivel de síntoma por la influencia de las religiones estrictas e intolerantes.  La manifestación de la culpa es la de una tortura obsesiva por haber hecho una determinada actuación que es considerada como no lícita, por muy legal que pueda ser y que es interiorizada como una actuación tachable e imperdonable por muy generalizada y practicada que pueda estar. El sujeto que se siente culpable busca inconscientemente un castigo  con el que autoinfligirse. Ese se manifiesta en un atentado a la propia estabilidad y un sabotaje a su cuota de felicidad. El diagnóstico de la depresión no  debe ser equivocado limitándolo a cuestiones contextuales sin revisar con profundidad la posible función de la culpa interiorizada.  El rastreo de esta pide analizar las circunstancias más atrás del campo concreto en el que se haya manifestado un síntoma. El tratamiento de una culpa estructural requiere un tratamiento de mayor alcance que el prescrito para una  depresión reactiva y puntual desconectada de aquella. Establecida la conexión el psico-análisis debe explorar las situaciones culturales y familiares previas en las que la introducción de valores personales inoculó, aunque fuera involuntariamente, una obediencia a un patrón moral inmodificable.

Ante la violencia, tolerancia cero.

Escrito por jesusricartmorera 05-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

La noción  y denominación de tolerancia cero ha hecho fortuna. A la violencia no hay que admitirla por principio. La persona que necesita acudir a la violencia para hacer valor sus razones o sus imposiciones está acudiendo  a recursos pre-lógicos. Las negociaciones y el paso por la palabra de los conflictos es lo que ha ido permitiendo a la humanidad históricamente ir resolviendo sus problemas e ir gestionando las incompatibilidades que se generaban entre tribus, etnias o dueños del territorio.  La violencia no es algo de la antigüedad clásica o de las culturas precivilatorias. Antes bien no hay civilización que en su desarrollo no la haya registrado. La violencia es la conducta planeada o no con intención destructiva de un obstáculo o de una posición contraria. Pero es también un comportamiento encadenado de mimetismos. La violencia de autodefensa no es la misma que la violencia de ataque. La violencia de autoprotección para parar los golpes se traduce en formas armadas refractarias de los daños esperados.  La tolerancia cero ante conductas violentas se traduce por la intolerancia total a ellas. Esa intolerancia se traduce también, inevitablemente, en respuestas violentas. No admitir en los dictadores infantiles que impongan su tiranía de mando con patadas o con amenazas con cuchillos a sus adultos o a sus hermanos suele tener por respuesta el ejercicio de una fuerza superior para contener la suya. No admitir la violencia de género en casa acaba por traducirse en peleas físicas conyugales cuando no hay otro remedio que el combate abierto.

Paradójicamente el slogan institucional está afirmando la violencia contra la violencia aunque sea de un modo sutil dentro de una consigna aparentemente inocente.  Ciertamente ante el individuo acostumbrado a los golpes y a los insultos en lugar de a la calma y al razonamiento la perspectiva de un diálogo resulta difícil. A partir de un cierto punto de tensión lo mejor es preparar las maletas o pensar en otro futuro personal del que quede excluído el otro potencial o fácticamente muy peligroso. Pero no todas las situaciones son eludibles ni nadie puede escapar de las situaciones de tensión por el hecho de que el otro lo atemoriza, lo amenaza o le pega.

Traslademos la situación al patio de la escuela, realidad completamente distinta a la de las aulas de ese mismo centro. Un grupo de niños aterroriza a otro  pitorreándose, empujándole o dándole patadas o bofetadas. El agredido puede esconder esta situación por orgullo o por temor a que los que le  maltratan lo hagan con más ímpetu. Una vez el adulto (padres o profesores) se enteran de la situación pueden argumentar el valor del diálogo y de que el agredido trate de defender su paz con palabras. Si eso no funciona el recurso último de la devolución del golpe no puede ser descartado definitivamente. Pues al hacerlo se incrementa la indefensión del agredido. No hay que olvidar que el bullying empuja a algunos niños al suicidio por no poder comunicar totalmente la tragedia en la que viven y encontrar opciones de autodefensa que admitan la fuerza. Así mismo en la realidad doméstica presuponer que el hombre tiene la prerrogativa en exclusiva del golpe es dejar a la mujer en una estado de indefensión.

Evidentemente la solución no es alimentar peleas hasta el asalto final pero tampoco pasa por creer que  la personalidad violenta  deja de serlo por que la víctima se coloca en las condiciones de victimidad más consolidadas. En contra de lo que se dice para que haya pelea tiene que haber dos que la deseen. De hecho hay situaciones de violencia en las que solo falta alguien trastornada y sui víctima propicia elegida sin que esta haya hecho nada particularmente lesivo para aquella; tan solo estar en el lugar equivocado y cruzarse en su camino.

Decir no por sistema.

Escrito por jesusricartmorera 05-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

La gente que dice no por sistema.

 

Si y No son dos de las palabras del primer repertorio de vocablos  que se aprenden y que nos acompañan toda la vida  pero no son exactamente las primeras. Antes de aprender a afirmar o negar algo hay que mencionar ese algo. Por eso los primeros vocablos son papá o mamá o denominaciones de otras personas y objetos. La cultura aquiescente nos ha educado con el trato fácil del sí. Sí significa aceptación, ajuste, correspondencia y en definitiva tranquilidad. Por el contrario el  No significa enfrentamiento, división, conflicto y en definitiva intranquilidad.  Tanto es así que hay gente que queda alterada al recibir el no por respuesta o le afecta  la perspectiva de tenerle que decir a alguien no a su petición. Para vivir vidas adultas hay que aprender a administrar en su justa dosis las respuestas afirmativas combinadas con las negativas. No se puede decir a todo sí, ni tampoco a todo no.

Centrémonos un momento en la gente que siempre, o predominantemente, dice no. Que no acepta las invitaciones, que no está de acuerdo con el tipo de trabajo que hace, con el jefe que le toca aguantar, con la administración local en la ciudad donde reside, con la película que ha ido a ver, con el artículo que acaba de leer, con el libro que le han regalado, con el email inesperado que ha recibido de un desconocido, con la manera de conducir del conductor del autobús, con la arruga de su camisa tras ser planchada, con la mota de polvo encima de la mesa, con la insoportabilidad de la mayoría horaria de la televisión, con la contaminación de CO2 en su calle, con el aspecto amarillento que toman sus plantas, con el ruido del vecindario, con el frío intenso fuera de temporada, con  una propuesta reivindicativa equis, con otra propuesta asociativa y griega, con la excursión prevista  con los amigos, con la propuesta zeta para el próximo viaje, con el modo en que ha sido tratado su equipaje por la compañía de vuelo, con la comida del restaurant ingerida o no al que ha acudido, con el vehículo que ha comprado, con la factura de la reparación doméstica que le han terminado de hacer, con la resolución de un juicio en el que ha participado como parte implicada, con la pantalla plana de ordenador recién comprada que muestra inestabilidad de la imagen y así sucesivamente con otras mil cosas y actitudes presentes en la vida cotidiana. Posiblemente cada uno de estos noes tiene una coherencia intachable con una base justificable y una documentación pertinente pero la suma de todos ellos se convierte en un inmenso No a una realidad que si no tiene el contrapunto de un Si robusto y suficiente a partes de ella convierte a la persona que esgrime permanentemente el no en la primera víctima de su negación reflejando negatividad de la que va a quedar afectado con un coste de amargura, inadaptabilidad y malestar personal. Lo quees peor ese no continuo a las cosas puede ser interpretado como un no a la vida así visto desde puntos ajenos lo cual generará un plus de conflictividad.  He aquí como una conducta crítica puede dar lugar a una animadversión permanente tanto más grave cuanto más se diga el no a productos o cosas o propuestas por el único recuerdo de su origen o sello de partida. Es la clásica situación de llevar siempre la contraria por el hecho de tenérsela jurada a quien habla y no por  lo qué habla.

 ¿Quiere decir  todo esto que hay que equilibrar los noes a los síes? En cierta manera sí pero al mismo tiempo sin socavar la sentimentalidad real. Al final de una jornada uno puede reflexionar autoretrospectivamente cuantas oportunidades ha tenido para aceptar situaciones, actitudes y cosas  y cuantas para rechazar otras tantas. Posiblemente se sentirá más cómodo consigo mismo si predomina lo primero y más incómodo si ha tenido que estar cerrando las puertas continuamente. Para no caer en su propio enredo deberá evitar decir sí a aquello que es una estafa y para no incrementar su malestar deberá evitar situaciones que le emplacen a adoptar posiciones en las que esgrimir el no.  La gente que dice no por sistema termina por caer mal a todos sin que esa respuesta pueda ser satiosfaciente por sí misma. Por otra parte su valor objetivo, el de la gente con su no de rechazo,  es  la que  indirectamente obliga a cualificar las actitudes, las ofertas, los productos para que sean mejores y más aceptables a los que se le pueda decir sí con posterioridad. Como detalle a cuidar se puede sugerir a la gente con posiciones críticas ante las cosas y las conductas ajenas que dan una elevada tasa de noes que elijan estratégicamente experiencias y encuentros en sus agendas a las que puedan encuadrar en un marco de aceptabilidad en el que poder ejercer la afirmación y el sí. Claro que esto significa meter la realidad dentro de la agenda en función de las personales necesidades psíquicas y no tal cual viene, lo cual es un recurso inteligente pero sólo posible para  privilegiados con recursos autónomos para hacerlo.