FLUENCIA TRANSCULTURAL

Trabajo y transformación

Escrito por jesusricartmorera 03-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

El slogan Inmigración= Energía= Riqueza expone una triple ecuación. La palabra que mueve a reserva por no decir espanto e indisposición es la de inmigración. Para la óptica europea el inmigrante puede ser y está siendo una fuente de problemas. Las asociaciones de traficantes de ilegales que quieren hacer el salto del continente africano al continente europeo recomiendan de embarcarse sin documentación alguna para asi sabotear los trámites de retorno. Si bien el inmigrante que ignora a menudo con lo que se va encontrar marchando mas al norte tiene bastante de discutible por escapar de las necesidades de su propio país, su condición potencial de trabajador le otorga la función también de contribuyente a la riqueza del país de acogida o acogiéndole, siendo la ubicación-destino en la que termine viviendo su  futuro.

Países de nuevos ricos como España en Europa, sede de entrada de las oleadas africanas, han olvidado que no hace tanto eran exportadores de mano de obra a los países vecinos como Francia, Suiza o Alemania. Esos contingentes humanos supusieron considerables entradas de divisas y catapultaron una nueva clase media floreciente en el país de origen a partir de crear pequeños negocios. Algo parecido empieza a suceder en Senegal. La psicología del emigrante está investida de heroicidad pero su desarraigo ahí donde vaya lo mantiene en la nostalgia permanente que lo empuja a un posible retorno. Dese el punto de vista de los estados de los países exportadores, implícitamente, claro está, de mano de obra al extranjero, su interés no está en autorregularse en ese sentido, antes bien en continuarla prodigando por la entrada de dinero extranjero que supone para el país y nuevas remesas de potenciales de inversión. El perfil resultante final del emigrante es el de acabar perteneciendo a dos realidades y culturas completamente distintas. Su adaptación y su integración en el nuevo lugar no quita que tenga raíces que queden en el lugar dejado y que vuelva a él para inversiones o reapropiaciones.

Los fenómenos emigratorios existen desde siempre: las hambrunas en unas zonas empujaron a sus habitantes a buscarse la vida en otras. Se `puede decir que la ley económica de los grandes fenómenos de masas en cuanto traslados de zonas obedecen, lo mismo que los primeros, a razones limitativas evidentes en las zonas orígen. La diferencia de los antiguos movimientos demográficos a los modernos es que aquellos se enfrentaban a poderosas leyes de la naturaleza, los actuales son resultado de las poderosas leyes de mercado. El emigrante aprende que por el mismo tiempo de trabajo puede ser valorado de distintas maneras en distintos países.

Desde la óptica de la posición autóctona que recibe emigrantes  tras el choque intercultural y los recelos que puedan generar los aspectos y modos forasteros, lo más inmediato a descubrir es su potencial de trabajo. Todo lo que pide un inmigrante es que le den trabajo ahí donde va.La demanda no es que no peque deingenua pues no hay trabajo para todos en una sociedad de libre mercada es decir no planificada unicéntricamente. El inmigrante  no pretende la delincuencia ni la alteración directa de los valores del país que le acoge o en el que se cuela, tan solo la oportunidad de una vida digna, aunque ciertamente la población penitenciaria se ha visto incrementada con su presencia. Teniendo en cuenta todo su potencial de ofrecimiento: su juventud y su futuro tampoco es pedir tanto. El problema del autóctono, yo diría de todo autóctono, sea de la región y país que sea y tanto de un hemisferio como de otro, es que se parapeta con recelo frente a las nuevas formas que toman presencia y masificación en su zona. Mientras el extranjero constituye una minoría episódica no pasa nada, cuando el extranjero ocupa mayoritariamente barrios o distritos  enteros (recuérdese París) los lugareños desarrollan procesos autodefensivos que pueden ir de la simple desconfianza a la xenofobia expresa que se constituye en síntoma psicopatológico en los grupos mas radicales (piénsese en los neonazis) que confunde los problemas de estructura de su país con los extranjeras como supuestas causas desencadenantes sin ser tales.

El fenómeno emigratorio es caótico y mal calculado y eso convierte al inmigrante en un tipo que apuesta un tanto a la ruleta rusa. La falta de acuerdos suficientes entre estados receptores y estados exportadores mantiene tal fenómeno dentro de su libre albedrío como caudal de lucro para traficantes de mano de obra. Muchos adolescentes se apuntan a ese carro sin que sus familias se enteren. El espejismo europeo y en  general la sociedad blanca, de cuya noticia puntual se da por las teleseries, genera unas perspectivas infundadas que hacen de vorágines o sumideros por que engullen los sueños de millones de personas. Probablemente el futuro social a escala inter-nacional seria mucho mejor si las convenciones y los organismos inter-estados replanificaran los recursos de cada zona del planeta sin someterlos a expolio. Todavía es demasiado pronto para hablar de una sociedad planetaria de las naciones y de los pueblos que hayan superado los estados y las fronteras actuales pero para cuando eso fuera posible lejos de ser activada la emigración por razones de trabajo predominaría el viaje por razones culturales y de interacción.

Entretanto, lo que no hace la obra autóctona de cada país está dispuesta a hacerla la afro extranjera o la latinoamericana o la de los países depauperados de los Balcanes. Es mano de obra fresca y de reserva. Los trabajadores de interior agotaron ya su ilusión y su esfuerzo haciendo los trabajos más primarios (en agricultura y construcción) que actualmente se delegan a los recién llegados. En términos estrictamente numérico el trabajo asegura la transformación del medio. Es, literalmente, la manufactura de las materias, su reconversión en formas útiles para el consumo y la comodidad. Los más abyectos de la sociedad receptora ven en el extranjero una fuente de problemas. Los más inteligentes encuentran en su llegada una fuente de riqueza.

Despues de miles de años viajes y exploraciones el ser humano no está tan mezclado como se pudiera pensar. Aunque remotamente todos somos mestizos nos enorgullecemos de pertenecer a tal pueblo o de hablar tal lengua. Los identificativos étnicos o nacionales actúan como segurizantes psicológicos. Al mismo tiempo los programas de estudio contemplan segundas, terceras, cuartas lenguas para que se instrumenten en el mundo de las relaciones y permitan que todas las perronas puedan salir de su lugar-origen y desenvolverse en otros. La condición políglota no es precisamente la que más puertas abre sino que es la condición económica. Recibe trato completamente diferente el extranjero rico que en el extranjero pobre. La histórica demanda de la apertura de fronteras y la definición poética de un mundo, una patria choca más que nunca contra las solidas fronteras y contra los asaltantes aduaneros. Por una paradoja de la sociedad contemporánea las prácticas de racismo se han trasladado de país y de continente. Los tiempo del ku kux klan  incendiando granjas de negros o linchándoles han quedado atrás y ahora son los blancos los que reciben trato discriminatorio en muchos países como lso africanos llegando al colmo la corrupción en algunos como Gambia en que ser blanco significa pagar tasas especiales. No dudo que tras cada policía que pide un pago extra a un blanco hay un sentido de la revancha histórica contra el colonialismo, que le dará la conveniente coartada ideológica para su crimen doméstico que al ser generalizado a escala de país y al ser su representante del  estado convierte al gobierno gambiano en uno de los más ridículos del continente y menos aceptables para la comunidad internacional. Cada viajero internacional tiene mucha experiencia que aportar y muchas anécdotas que contar y no solo los emigrantes que se juegan la vida o renuncian a sus familias para labrarse unos futuros.

Como que el fenómeno de la inmigración, especialmente la africana en Europa, es tratado como fenómeno sociológico pero no tenido en cuenta en su potencial económico las pautas de enfrentamiento al tema son represivas o policiales no economicistas o políticas. Es así que el estado español gasta enormes sumas de dinero en devolver los extranjeros a sus países de origen en lugar de pensar en alternativas laborales o subsistenciales para ellos. Claro que ese no es uno de sus cometidos ni la sociedad entera piensa que el problema de otros países depauperados del planeta sea su problema. Lo mismo que un país como España podria reorganizar zonas  de su suelo agraria para crear instalar grandes cooperativas agro-pecuarias con las que dar trabajo también lo podrían hacer los gobiernos de los países origen exportadores de gente.

La situación es que ni los estados están interesados en resolver los problemas endémicos de la humanidad a escala planetaria ni cada persona con su biografía problemática a cuestas y su escasa supervivencia hace mucho para salir de su hoyo salvo creer, si elige ser emigrante, que al otro lado del mar le espera un paraíso de flores y miel que el dinero se recoge de los árboles.

Durante las últimas décadas el fenómeno demográfico tanto por razones políticas como pro exilios políticos masivos ha sido referido constantemente. Aun se debería documentar más, al estilo de Elie Wiesel, documentalista sobre el martirio judío. La diáspora de los hijos de sus tierras por no saberlas aprovechar en busca de otras patrias cuyas historias las han sabido organizar mejor, aunque tampoco son perfectas, indica que la evolución humana en cuanto gestión de su geografía y sus hábitats deja mucho que desear. Poco sospecharía Erasmus  Darwin,  abuelo de Charles, que en zoonomia  anticipó los anhelos evolucionistas de este, que la evolución que demuestran millones de años en la modificación de los caracteres fisiológicos de las especies que no se corresponden directamente con la evolución mental de la especie humana. Su falta de planificación existencial como  raza sigue siendo absoluta. Es un problema que va mas allá del modelo o sistema estructurado en el que vive. Tiene que ver con sus genes y su incapacidad intelectiva. En tanto un ser humano olvide la ecuación de trabajo igual a transformación ni el emigrante ni el autóctono de la zona de llegada del inmigrado se sospechara del otro, o del recién llegado, como de un enemigo en lugar de verlo como un colaborador para la riqueza a compartir.

 

 

Un racismo sutil

Escrito por jesusricartmorera 03-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

No discrimination against white people in Africa[1].

El hombre blanco genera dos actitudes africanas que aunque son completamente distintas tienen una raíz común: la deferencia, excesiva en muchas ocasiones, y el agravio, haciéndole pagar más por las mimas cosas. Es una doble discriminación: positiva la una y negativa la otra. La deferencia es una paradoja y aunque esas atenciones de las que el negro colma al blanco se las tiene reservadas en exclusiva puesto que no son atenciones que se prodiguen entre ellos. La discriminación negativa encubre un inicio de racismo. El blanco como objetivo de caza económica  conecta remotamente con una postura vengativista por su pasado colonialista. Voltaire dijo que quien se venga después de la victoria es indigno de vencer. Tampoco es eso, la independencia de los países africanos no supuso una verdadera victoria de los antiguos países europeos colonialistas sino la entrada en una nueva época histórica de las relaciones internacionales. De hecho la independencia en cada país tiene sus fechas de celebración pero muchas zonas de África siguen aceptando con gusto un nuevo neocolonialismo.

También, el blanco como antiguo amo, al que se le sigue tratando de patrón, se le confiere un papel superior en razón a su mayor poder económico. Sea por la razón que sea la persona blanca que no es tratada de tú a tú experimenta una zozobra sino una ansiedad, tanto si es rodeado de un séquito de fans que no para de interesarse por ella nada mas llegar a un lugar como si es asaltado por precios abusivos o por tasas obligatorias de paso que no rigen para otras personas.

La discriminación es en todas partes un mal augurio de trato y la forma concreta que demuestra la falta de respeto humano. En algunos lugares del mundo eso se oficializa con absoluta indecencia, haciendo pagar a los extranjeros más que a los lugareños para el acceso a determinados lugares como los museos. El lugareño presupone que el extranjero que ha recorrido miles de quilómetros para llegar hasta donde está tiene más dinero que él y esto es razón suficiente para tratar de engañarle con respecto a los precios locales. Por su parte el extranjero a menudo se deja timar para no entrar en enfrentamientos o discusiones o generar problemas mayores.

Cuando los actos de discriminación son continuos y profusos elevados a  fenómeno social estamos ante una neo-realidad que hace del engaño un panorama indigno. Una tradición racista anterior que se ha basado en actitudes de desprecio a personas por motivos de su origen o color creó un sesgo al pensar que el racismo solo era aquello: el insulto directo, la exclusión o el ataque. Hay otra clase de racismo sutil, el de otorgar el lugar del timado a las personas por su origen geográfico, por el color de su piel o por su  supuesta mayor capacidad financiera.

Un tema de conversación continuamente reiterado entre blancos  y negros en los países africanos es acerca de la riqueza y medios de unos y la pobreza y falta de medios de otros. A partir de esa división neta parece que los segundos se pueden permitir toda clase de argucias para engañara los primeros y estos, victimas a menudo de un sentimiento de culpa, admiten dejarse engañar.

El visitante blanco se siente saturado de un mismo tipo de clichés en el trato. Personalmente, nada más oigo la palabra patrón dirigiéndose a mi en un nativo para además de corregírsela adoptar una posición a la defensiva. Esa persona no ha entendido todavía que es libre y que tiene que organiza su vida sin mi concurso, o el de otro como yo, en ella.

La lucha contra la discriminación es una lucha persona a persona. No basta con que se decreten leyes a su favor. Hay dos frentes claros: el de las policías corruptas que aun invistiendo su corrupción con las razones que sean no son menos criminales  y el de no importa qué clase de comerciantes o profesionales de servicios que incremetnan sus tarifasen función de sus clientes procedentes de los países más ricos, que los retrata en sus perfiles poco éticos. Hay un tercer grupo: el de los menesterosos y limosneros  que esperan la llegada del blanco para pedirle a éste toda clase de ayudas no haciéndolo a los establecimientos de la misma economía local con niveles de beneficios mucho más altos que el de éste recién llegado.

La psicología del blanco se enfrenta a distintas situaciones de miseria y de indignidad. No pocos lugareños de los países visitados no tienen el menor sentido del ridículo ni vergüenza alguna por arrastrarse para conseguir sus monedas diarias con las que sustentarse. Se enfrenta también al gremio de comerciantes que pueden pasarse días sin hacer nada agazapados en sus telarañas esperando a sus presas, momento estelar en el que se movilizan con precios no solo doblados, a veces multiplicados por 10 o más. Saben que un tonto extranjero pagará lo que no pagaría el vecino más tonto de la zona.  Finalmente están los prepotentes uniformados que primero piden el documento de lo que sea, desaparecen con él y establecen un chantaje explícito entre lo que quieren. A menudo hay blancos que cuando enseñan el pasaporte ya lo enseñan con un o unos billetes en sus páginas.

Ni los pobres tienen siempre la razón ni los ricos tienen siempre la culpa de su pobreza. Aunque si bien es cierto, tal como dijo  Jacinto Benavente que el origen de todas las grandes fortunas es la falta de  delicadeza, el decalage entre el poder adquisitivo de unos y de otros y las distintas rentas per cápita a escala mundial no significa que el visitante europeo en África sea rico en comparación a todos sus nativos. El país mas pobre no deja de tener grandes fortunas locales que no son repartidos con sus vecinos de etnia. De otro lado, estar en permanente clave dadivosa no significa resolver las grandes diferencias económico- sociales ni neutralizar el sentimiento de afrenta histórica que experimentan las clases desposeídas. A menudo la persona auxiliada no supera la ingratitud en la que se ha consolidado.  Benavente dijo también que lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener razón.



[1] Texto de pizarra durante nuestroviaje por Africa.

La velocidad existencial

Escrito por jesusricartmorera 03-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

De vuelta a la lentitud llego antes a mi mismo.

No hay dos velocidades de sujeto exactamente idénticas. Cada persona vive su ritmo. Ha sido el maquinismo el que ha uniformizado los comportamientos pero en principio si una persona quiere controlar sus variables de vida, la organiza de acuerdo a su ritmo y no a un ritmo externo impuesto. Al menos esta es la teoría, luego en la práctica el mimetismo social nos convierte a todos en una performance de plagio urbano. Si alguien duda de esto solo tiene que manejar su vehículo a 60 por hora en un lugar que se puede correr a 90, las iras de lso demás conductores recaerán sobre él.

Que la gente tiene prisa es evidente, explicar porque la tiene no lo es tanto. Se corre para llegar antes a un lugar en el que nadie espera al corredor. Se corre también para vencer plus marcas. Cada olimpiada viene a poner a prueba el cuerpo humano para alcanzar mayores saltos de altura o ganar algunas decimas de segundo. Vivir en permanente competición forma parte del deporte y de la vida.

En un mundo de prisas lo que no está tan claro cual es el objetivo de llegada y su para qué, El reto existencial de batir récords o marcas personales es sorprendente. El único que puede compararse en relación a parámetros personales es cada individuo. Otro individuo a distancia no puede decir, porque no tiene elementos para hacerlo, sobre el progreso de cada uno. Hacerlo todo y pronto es una de las variantes de la neurosis, ¿para qué? Hay toda una vida por delante para ir reuniendo las experiencias fundamentales que permitan entender eso del vivir. La sociedad valora mucho lo de la edad: la capacidad a una edad prematura para hacer cosas más propias de otras edades más avanzadas. Los años de vida tienen sus significantes específicos, es así que cumplir los 20 significa creerse en la máxima posesión de potencia, cumplir los 30 es el preaviso de que los años se van sumando, los 40 para muchos ya significa la entrada en la madurez irreversible, los 50 empiezan los síntomas de decadencia y los 60 es la antesala de la vejez. Mantenerse a 3 o 4 décadas de esta cifra hace incurrir en un pseudodelirio de creer que por un lado esta es una edad que queda muy lejos para pensar en ella, y de otra que la persona que ha vivido 60 a los y que no tiene grandes éxitos es que no ha aprovechado adecuadamente sus décadas anteriores.

Esa clase de presunciones subjetivistas son injustas. Toda etiqueta de valoración de carácter en función de la edad lo es. Presuponer que alguien de menos edad ha incorporado el saber y la evolución adquiridas por alguien de mas edad es una falacia. Estamos cansados de sorprendernos con la enanez mental y la falta de originalidad de personas veinteañeras, cansadas antes de vivir, envejecidas antes de crecer. Vivir es un arte, una destilación lenta con sus experiencias y las lecciones que da la vida. No hay otro objetivo existencial que llegar a uno mismo, no hay otro final del camino que el ser, Las geografías, las coordenadas mundanas, las vicisitudes organizativas, los estudios y los proyectos de nuevas realidades no suplantan aquel otro objetivo personal. En ese proceso el asociacionismo con otros en similares búsquedas o caminos confunde el desiderátum personal con la unidad colectiva. El reencuentro con el yo no pide ni necesita la autorización de nadie. Es un proceso estrictamente individual en el que la colaboración fundamental de los demás pasa por permitirlo no por adiestrarlo.

Para ser uno mismo no hace falta pensar en una gran teoría o en confundir la condición de unicidad con la de superioridad. Alfred Adler recibió  Influencias de la teoría del superhéroe de Nietzsche, una teoría controvertida nunca del todo consensuada con una interpretación única. Efectivamente, la vuelta al uno despues de todos los contactos con lo ajeno requiere de decisión, voluntad personal y vivir la vida en su misma dinámica no con lso ritmos impuestos desde afuera. Todo factor que coloca la ambición en el lugar de los objetivos y no la fluencia como proceso natural de creatividad sujeta al sujeto tras pamplinas ideologicistas o con los parámetros de una realidad en la que están interesados los demás por no él mismo.

La realidad en la que nacemos, vivimos y morimos,- por mucho que busquemos supuestas islas paradisiacas o lugares turísticos envidiables- es la realidad de las prisas tras objetivos prescindibles. ¿Para qué correr tanto tras presupuestos que nunca se confirman del todo, salvo el del retorno al polvo?

El slogan aclara que la vuelta a la lentitud, a la pauta natural del ser concediendo a cada estimulo su tiempo, a cada mirada su refrendo, es lo que permite llegar a la única diana que es necesaria establecer como objetivo: el uno mismo. No hay más puerto ni destino que este. Todo lo demás forma parte de los decorados pero no de la seidad.

Humano- No humano

Escrito por jesusricartmorera 03-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

Ni todos los seres humanos son personas, ni todas las personas se sienten orgullosas de pertenecer a la raza humana. Un slogan destilado después de mil encuentros adversos con el otro, cuyas enseñas tienen poco que ver con los valores humanos. Es un texto sacado de una disertación mayor en la que se cuestión la condición humana como provecta al estado de persona. No todos los humanos se plantean serlo o ni siquiera consideran su significado, les basta su vida biológica de simios superiores sin poner al servicio de la dignidad o de la ética su cuota de inteligencia. Ser persona es el desiderátum implícito en todo ser humano que desee hacer de su vida una vida plena e íntegra. No serlo es la conducta explicita de todo ser humano que se sienta suficientemente cubierto resolviendo sus necesidades estomacales y fisiológicas en general, incluyendo en ese capitulo las sexuales y reproductivas.

Se ha comentado con todos los textos posibles que un indicador sobresaliente del ser humano es su inteligencia, su capacidad de comprensión y empatía con su semejante, su sensibilidad solidaria y su exquisitez para el placer. Todo eso pasa por el lenguaje, también por los gestos, por la mímica, por los microdetalles de la aproximación. Al referir todo ese potencial humano, a la vez supuestos atributos inherentes de su condición se ha confundido la noción ser humano con la de todos los seres humanos dándole una cierta equivalencia a la de ser persona. El ser humano era el único animal que podía acceder –decíamos- a la condición de persona. Esta afirmación ha quedado definitivamente en suspenso y derrocada a la luz de las reincidencias del ser humano contra la vida de las personas. En otras palabras: el ser humano es el principal enemigo de sí mismo. No solo porque es el principal agente destructivo de su entorno sino porque hace de la vida un campo de batalla continuamente renovado por pretextos de ataque y eliminación.

El ser humano crece y se desarrolla en la tesitura de tener que apoyarse en sus semejantes para las grandes obras con los que no puede creer total e incondicionalmente. El otro es un aliado pero también la fuente de sus preocupaciones y traiciones. Con el lenguaje comunicativo se suponía que disponía de la mejor de las herramientas de la evolución para llegar a acuerdos y avanzar en la sabiduría existencial. Hasta ahora lo mas que ha dado el contacto comunicativo es para un tipo de funcionalidad pero no para la reconciliación.

Se tiende a disculpar al ser humano porque es un ser en evolución, imperfecto e inacabado. Es cierto es un sujeto incompleto, con faltas deficitarias fundamentales. Sus errores son múltiples y reiterados. Su potencial expresivo no es tan fuerte como para rescatarlo de sus agujeros existenciales en los que sigue debatiéndose por cuestiones primarias lo mismo que hace docenas de miles de años. Pero a diferencia de entonces en que la lucha por la supervivencia pasaba por la subsistencia, el cobijo y la reproducción como lo fundamental y tal vez lo único a parte de una leve manifestación de su presencia en la tierra, en la actualidad el hombre oculta su verdadera sentimentalidad cuando esta no es protocolaria o sus verdaderas motivaciones en sus elecciones y pactos políticas. El ser humano ha conseguido crear una gran mascarada a escala internacional. Sus dotes para el habla no se vienen correspondiendo con su valor para enfrentar sus verdades. Richard Kay[1] sostiene que, a  pesar de que el lenguaje no deja rastros fósiles directos,  puede ser indagado por otras formas: utilizando un indicador de agilidad de la lengua como músculo que adquiere una gran velocidad y precisión para el habla. Esto lo consigue examinando el canal hipogloso por el que van los nervios que mueven la lengua. Comparando muestras de homínidos, chimpancés y humanos llegó  a hipótesis interesantes. Define el lenguaje como la transmisión de fragmentos a gran velocidad. Hipotetiza que la lengua humana está más inervada porqué el nervio que llega a ella es más grueso y eso es posible no solo porqué  hay más fibras nerviosas sino porque se hallan mejor aisladas lo que permite una mayor transmisión de los impulsos. Por  el canal hipogloso, a cada lado de la base craneana pasan los nervios que controlan la lengua orgánica. Ese canal presenta un 80% de tamaño mayor en el hombre que en el chimpancé. Esas diferencias de tamaños, sin embargo, no permiten pensar un salto brusco del uno al otro, sino un proceso gradual de ensanchamiento en la medida en que la capacidad para la sustentación del habla se iba estableciendo. En los homínidos de hace 1,5 a 2millones de años el canal hipogloso es equivalente al del chimpancé, mientras que en algunos cráneos humanos de hace 200mil años son iguales a los canales modernos aunque los cráneos sean muy primitivos. El acto de hablar, en estos términos cuantitativos, supone adelantar mucho más el origen del habla frente a una opinión dominante en paleontología que la situaba más modernamente. Desde el punto de vista del canal hipogloso los neandertales presentan  una igualdad con respecto al hombre moderno. El problema de este estudio es la varianza que presenta el canal hipogloso entre individuos y eso dificulta el estudio, en particular cuando para un amplio periodo de investigación hay pocos ejemplares encontrados. Sugiere también  que en la evolución comunicativa se dieron formas intermedias como el canto, para el que se ha sugerido que da dos tipos de información: una acerca del estado de ánimo y otra de lenguaje complejo.

Posiblemente la genética no ha variado en 50 mil años y problemas actuales que presenta el hombre moderno con sus semejantes los viene arrastrando a lo largo de bastantes civilizaciones.

La condición de pertenencia a una raza o a una especie animal no es algo elegible. Los caracteres biológicos la determinan. Otro aspecto de la cuestión es si tal pertenencia se corresponde con los valores supuestos de la misma. El humanismo ha dotado de unos valores sociales y solidarios al ser humano por el empeño de una voluntad parcial  y posiblemente más lucida pero no por eso menos sesgada. Las distintas formas de teorizar acerca del ser humano, lo que era y, en especial, lo que debía de ser siempre ha chocado con lo que era realmente. Nos hemos engañado pensando que eran minorías de poderosos perversos los que impedían que el ser humano se construyera íntegramente como tal hasta que las lecciones de la evidencia han demostrado que no todos los seres humanos están dispuestos a evolucionar y que tal vez solo sea una minoría los que están en ese empeño. Eso hace que la noción de persona no sea para todos.

Mientras la población mundial en términos absolutos no para de crecer, su hominización en el sentido más humanista de la palabra no para de decrecer. ¿tú que eres humano o no humano? Podria ser una de las primeras preguntas que se haga la gente en el futuro, no para distinguirse de los alienígenas de otros planetas si no de los impostores del propio planeta colados o nacidos dentro de la misma especie pero con proyectos biográficos anti-vida.



[1] dpto de antropología biológica. University Duke (Durham,USA).Referente de las posiciones de Aiello-Dunbar

De las personas a las cosas

Escrito por jesusricartmorera 03-09-2008 en General. Comentarios (0)

 

El mundo de las personas ha dejado de existir, existe el de las cosas. La denominación de persona ha quedado  para las nostalgias literarias y para ser repasada desde la conceptualística filosófica. Hasta no hace mucho un humano era por su condición biológica una persona. Ser persona era establecido como un don para el cual no había que hacer ningún esfuerzo. Esa ecuación, humano=persona, ya no nos sirve a pesar del interés del humanismo en confundir ambas palabras. La palabra tiene su multidimensionalidad y es así que se habla de personas físicas o personas jurídicas. En una confrontación interpersonal un sujeto enfrentado a otro termina por reclamarle que sea persona si quiere que continúen hablando. La condición de persona no se otorga per se, se gana a partir de una conducta consecuente con serlo. Pues bien ¿qué significa ser persona? y, otra pregunta no menos crucial  ¿quien está en condiciones subjetivas para definirlo? La persona es el humano evolucionado que dotado de inteligencia, sensibilidad, capacidad creativa pueda y sepa mantener un contacto con su entorno desde la posición del respeto y la deferencia. Eso incluye la intencionalidad comprensivo-comunicativa y el deseo de conexión y aprendizaje del otro.  Uf! demasiadas cosas para recordarlas todas. Un resumen puede englobar todo lo anterior. El atributo fundamental de ser persona es su ética.  No hay  persona si su conducta no es ética. Puesto que la ética es un complejo campo de disertación para alcanzar una definición univoca y valida a escala universal, muchos humanos no-personas se valen de este estado de no código universal para no solo campar desde sus formas de sabotear la vida inteligente sino haciendo creer a los demás que es lo único que pueden hacer.

En la historia comercial y económica humana se ha ido dando un decantamiento del valor de la persona por si misma a su valoración primera en función de los beneficios que proporciona. Es así que los comerciantes ven clientes, los políticos ven electores, los ayuntamientos tratan con contribuyentes, los policías de tráfico con infractores, los  hijos se comportan como herederos, los ciudadanos como consumidores, los compañeros de fábrica como aliados para tal o cual reivindicación, los amantes como dadivosos, los visitantes como portadores de presentes  o los viajeros blancos que visitan a África como portadores de regalos.

Quien tiene el chip de ver a los demás como un canal para obtener cosas se está a si mismo cosificando sin darse cuenta, convirtiéndose en una cosa.  Quien hace valer su importancia en tanto que canal de regalías, sin advertirlo, puede maleducar a los demás a que lo esperen como portador de objetos y no como portador de sí mismo.

La psicología del regalo como perfil de compra atencional ya ha sido referida. No es   nada grave la deferencia de traer un presente a alguien. El objeto puede simbolizar un  acto de respeto, de mimo, de amor que tras la entrega dejará un recuerdo. Su reiteración como forma de compra es lo discutible. Muchos regalos compran, implícitamente, la atención o la amorosidad del otro. Los  niños de tierna edad son acostumbrados, de acuerdo con la cultura capitalista prepotente en sociedades de clases medias consolidadas, al recibo de regalos metiéndoles en una dinámica de recibo que genera inevitablemente un sesgo: el de recibir sin su correlato de dar. La ventaja del neonato es que no conoce los códigos de intercambio y tiene la edad en la que aprender a recibir y gozar lo recibido antes de aprender a dar y gozar dando. Posiblemente, el recibo, en forma de regalo o entrega incondicional, de las cosas para facilitar la existencia o para establecer vínculos sentimentales, debería ser también la fase educativa para aprender a tomarlas cuando son necesarias. Tomar y dar es una fórmula de equilibrio en el intercambio mas razonable que la de regalar y contra-regalar. En el tomar y dar las cosas estás ahí para todos. El usuario se sirve de ellas dándole el valor funcional que tienen. En el regalar las cosas se invisten de simbología y vinculación psicológica. Todo regalo es tácitamente discriminatorio. El regalo también genera una especie de asimetría. Cuando alguien se acostumbra a reglar y de otra parte no da señales de vida se genera una especie de demanda no correspondida. Es por eso que los regalos caen en su mimo en el yo te regalo-tú me regalas como formas mutuamente compensatorias. El problema es cuando un  regalo no iguala al otro en interés ni en esmero en elegirlo. Ciertamente hay regalos que ponen en evidencia tanto a quien los regala como a quien los recibe. A aquel por elegir cualquier cosa con la que cumplir el cometido y este por tener que hacer el paripé de agradecerlo cuando el regalo no tiene nada que ver con él/ella y descubre que ha sido un solo acto formal desprovisto de todo contenido emocional. Históricamente los regalos han tratado de demostrar el valor que una persona representaba para otra. Gracias a ese cálculo la humanidad puede gozar de edificios como el Taj Majal, aunque por otra parte la historia de la arquitectura también hubiera seguido su curso porque el ser humano encuentra uno u otro pretexto para hacer sus hazañas. El objeto de amor genera en el poeta obras magníficas que de otro modo se supone no hubiera hecho, pero posiblemente su creatividad hubiera discurrido por otros cauces proyectándose en otras dimensiones personales.

El regalo no es más que una particularidad de la cosa, un significante determinado que la inviste. Sigamos teorizando las cosas como objetos matéricos e impersonales que se mueven y transaccionan a través de contactos humanos y por encima de la dinámica personal de estos. La mayoría de ellas no pasan por la entrega y por el intercambio sino por su precio en dinero y por su comercialización como fuente de beneficio tras procesos productivos más o menos calculados. La gente sigue estimándose mutuamente en una tendencia casi inercial y mecánica lo que es a partir de lo que tiene. Se da una coexistencia de discursos contradictorios: de un lado, se filosofa e ideologiza la importancia del ser por encima de la del tener; por otro lado, todo el mundo tiene lo que tiene ubicándole en un estatus social, un poder adquisitivo determinado, una recursividad. Las mentes especulativas son las que preguntan antes los datos indicativos de tipo materialista del otro (qué trabajo, qué ubicación residencial, qué medios de vida, qué coche, qué casa,…), las mentes creativas son las que preguntan acerca de sus deseos, su óptica existencial, sus haceres personales. Claro está, que una conversación son muchos temas en curso y la mezcla de los detalles de lo concreto con los deseos más personalistas se mezclan.

Antiguamente en unas partes del planeta y modernamente aún en otras, antes de contraer relaciones matrimoniales hay conversaciones inter-familiares de tipo económico para ver lo que aporta cada cual. La dote de la hija es lo que permite pagar su acceso a la familia del otro con el que se casa de acuerdo con una tradición india. Muchas formas de vida ancladas en tradicionalismos ancestrales e inveterados mantienen a extensas poblaciones en la ignorancia absoluta y en la miseria cultural. Una buena parte de los problemas mundanos no son el resultado de las estructuras económico-políticas de los países sino de las tendencias populares arraigadas en los miedos y en los hábitos inmundos tanto en el trato como en las condicione subsistenciales. Desde el momento en que un ser humano viera a otro como fuente para su beneficio o lucro la relación personal entre ambos estaba condenada y, al menos el primero, dejaba de ostentar la categoría de persona. La sociedad capitalista no fue la primera  que trató al ser humano como fuerza de trabajo haciendo de la plusvalía la  concreción de la explotación en masa, los distintos modelos esclavistas anteriores trataron a los individuos encadenados como no personas, solo que al hacerlo los protagonistas de ese trato también se autoevaluaban no siéndolo.

Los atributos fundamentales de la persona pasan por la dignidad, la ética, la sentimentalidad, la solidaridad y el entendimiento. Pero incluso una a una, esas cinco virtudes pueden no cumplirse en casos particulares sin que eso condene a la despersonación a sus protagonistas. Vivir en sociedad lleva a una desensbilización creciente-y por tanto a una disminución de la sentimentalidad-, también a cuestionar la solidaridad incondicional por los desagradables efectos colaterales perversos que viene ocasionando. También hay seres humanos que nacen, viven y mueren con dificultades fisioneurológicas para el entendimiento y no por ello dejan de ser personas o merecen el trato de tales. Nos quedamos con la dignidad y la ética como tándem indisoluble que no admite negociación. A diferencia de las otras tres que son más reconocibles éstas dos quedan en la mayor de las indeterminaciones posible. No disponemos de un psicotest que las mida como dimensiones psicológicas. Se puede medir la fiabilidad de alguien, su coherencia intelectual, incluso su sensibilidad, pero la dignidad o la ética no son medibles, salvo en relación a cumplimiento o transgresión de códigos concretos. Hasta ahora todas las tentativas por la vía del reglamento y de su vigilancia ejecutiva de comportamientos dignos y éticos no han sido científicamente seguras.

Sigamos: tenemos, por un lado, los individuos humanos con sus predicados, sus ideologías, su historia jurídica y su teoría del derecho, sus deseos, sus proyectos, sus ansias, sus sueños, sus cuadros magnos sobre derechos y obligaciones; tenemos, de otro, el mundo cotidiano de las transacciones, los tratos generados por la dinámica de las compra-ventas de las cosas y de las obtenciones en general,  los compromisos laborales, los acatamientos de las formulas burocráticas y los protocolos de relación. Es inevitable que el trato humano pase por un cierto grado de utilitarismo. Los humanos contactamos los unos a los otros porque las mismas dinámicas supervivenciales nos empujan a ello. Lo que no puede hacer uno solo lo hace con la colaboración de los demás. Lo que yo no tengo se lo pido a quien lo tiene. Lo que deseo puedo comprarlo o adquirirlo. Muchas relaciones humanas, tal vez la mayoría, me refiero a contactos puntuales, pero también a contactos que se pueden repetir como ritos, empiezan y terminan en una transacción material. Las cotidianeidades vecinales están pobladas de figuras humanas que se las conocen por el servicio que prestan, por la cosa que proporcionan, el peluquero, el kiosquero, el panadero, el cajero de la tienda, el lector de los contadores eléctricos, el reparador del ascensor. Ni siquiera accedemos a sus nombres ni ellos a los nuestros. A nadie se le deja de tratar como persona aunque solo se tenga relación con el/ella a partir de la cosa que nos facilita o que le facilitamos.

El cuestionamiento de la versatilidad de una persona como tal es cuando en unas condiciones dadas se convierte en un factor contrario a la vida y a la conciencia y a la postre se constituye en una vergüenza para la especie humana. Asch demostró, para sonrojo de todos, en sus famosos experimentos sobre conformidad, la velocidad de pérdida de la dignidad y la ética de los sujetos experimentales en una aplastante mayoría. En su experimento base, el GC (sin presión) los errores fueron de un 5%, el GE (con presión) los errores de un 33% y se alcanzó el 75%  cuando el error era  conformado por la mayoría. Presión de un grupo confabulado sobre sujeto ingenuo. Cuanto más consolidada esta una mayoría en un error el individuo excepcional que se resisten a aceptarlo mas influenciable es para abandonar su consecuencia personal. El error sistemático es tanto mas  reproducido cuanto mayor aval encuentra de la mayoría.

El mundo de las relaciones comerciales demuestra cada dia que todos los ciudadanos tienen un precio y que se dejan comprar o se venden siguiendo pautas que van en contra de sus predicados, supuestamente progresistas. Es así que, se prestan a la especulación a la escala que sus posibilidades le permiten, siguiendo los modelos que emplean grandes magnates con las suyas. Desde el momento en que el discurso referencial sobre otro es el de sus posesiones quien coloca el punto de mira en este tema es a su vez puesto en duda como analista de interés.

El contacto y trato con los demás, en su dimensión mayor es en torno a las cosas y no en torno a las ideas. Este fenómeno es tan generalizado que no mueve a extrañeza que la mayor parte de las citas sean para eso. El otro no es considerado como alguien  metido en el registro de la escala personal sino como alguien que hace de eslabón para conseguir una ventaja. Tras esto la hipótesis de la relación personal posterior queda entrecomillada. La inmensa mayoría de veces no se cumple. El contacto interpersonal con los demás  parte de proporciones bajísimas en relación al grueso de contactos humanos. El 1% de ellos pueden pasar de la transacción material a la comunicación humana. De estos, el 1% puede dar lugar a una historia de compromiso. De estos, la décima parte puede dar lugar a una relación humana a fondo con continuidad y verdades mutuas gestionadas. No es extraño que los sujetos humanos vean reducidos sus contactos más íntimos a unos pocos. 3/4 de siglo de vida adulta los puede reducir a menos del número de los dedos de dos manos, iba a decir de uno. Este pequeño arco de intimidad, como que entra dentro de la visión y  campo subjetivos, tampoco es un dato numérico fiable sobre la cantidad de personas que puede haber en relación a la cantidad de humanos. Este campo de la disertación no está suficientemente abordado por el enojo que supone y por el caos epistémico al que obliga a entrar. Se da una cierta connivencia en creer que el mundo habitado es el único posible y que sus habitantes humanos son los que son (somos los que somos) y que bastante hacen /mos en soportarse/nos  los unos a los otros. Todos los teoremas y saberes sobre historia humana y estructuras económicas y verdades ecológicas, se relativizan pasando la vida a escala doméstica e individualista.No deja de ser una metodología para reducir variables problemáticas. Casi todo el mundo, incluyendo quien ha tenido etapas biográficas considerables de revolucionario e innovacionista, traslada todo su discurso al enfrentar los problemas materiales de la existencia y relativizar el mundo de los demás como paisaje ineludible. La mayor parte de transacciones con el otro pasa por las cosas en torno a las que se mueven los contactos, sean en forma de servicios prestados, reparaciones hechas, gestiones realizadas o mercancías entregadas. Puesto que este es el patrón dominante para la mayoría de transacciones parece inevitable, lo que no significa justificable, las relaciones humanas desautentificadas. Cuando una persona es valorada como partner potencial en función de su dinero o de sus recursos materiales, se puede apostar que la relación derivada será cualquier cosa menos un relación entre personas íntegras. Como le umbral de definición sigue en la inexactitud y ahora y aquí tampoco lo saco de ella, los humanos no personas pueden creerse que lo son y el objetivo de luchar por un mundo de personas parece demasiado osado ser planteado. Es curioso que la perversión del dinero como función de intercambio para la adquisición de las cosas se extienda a la perversión de las personas por la posesión matérica de las propiedades.

Vivimos en un mundo de cosas y de personas no en uno de personas y de cosas. El orden distinto sí altera el resultado. En casos extremos un vehículo militar tiene mas valor que el soldado que lo conduce, o su arma más que quien la emplea. Es terrible pero no exagerado. Los recursos humanos son eso, recursos que son substituibles, los materiales, algunos materiales, no lo son tanto, pueden perderse definitivamente para siempre.

Afortunadamente podemos vivir sin tantas cosas y repersonalizar las relaciones en la medida que se dejen, que lo otros lo permitan pues, valorando mas la comunicación que no las tenencias o las funciones útiles que presten los demás. Es una hipótesis puesto que la misma comunicación como parámetro es eludida y la resistencia a las verdades es el primer fortín de la psique humana.