FLUENCIA TRANSCULTURAL

El pensamiento condensado

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Hay verdades tautológicas  que sólo el terrorismo ideológico contra la razón puede negar. Hay postulados de la evidencia que los ciegos de la ira no van a reconocer. Hay axiomas del saber destilados a lo largo de los siglos  por el concurso de miles de pensadores y millones de seres humanos que han unido sus experiencias. Hay enunciados que se constituyen en reconocimientos indiscutibles.Y, afortunadamente, hay gentes que todavía creemos en el valor de prodigarlos y difundirlos.

 

El mensajero del apotegma es un conjunto de aforismos   presentando micro-textos  que condensan reflexiones de ahora y de siempre sobre el  sujeto vivo y su mundo.

 

En tanto que textos atemporales, no contienen citas nominales o enumeración de situaciones coyunturales.

 

Si una sinopsis,  que da una referencia, pero no el argumento que resume; o un dibujo que representa el objeto da la idea de éste, pero no traslada todas las contingencias del mismo; tampoco una sentencia teórica  es toda la elaboración que contiene. La solapa de un libro o su presentación jamás sustituyen la necesidad de leer la novela, aunque sí pueden llamar la atención sobre ella o por el contrario quitarla. Lo mismo un aforismo en tanto que condensación no sustituye jamás la necesidad de seguir las pautas elaborativas que han llevado a ella. Un predicado es a la vez un  puesto terminal del descanso de una  reflexión como el primer paso que pide hacer todo el camino que ha llevado hasta ella.

 

Todas las cosas se pueden decir maximizando la simplificación y ahorrando el mayor número de palabras pero con esto se corre dos peligros: uno, la injusticia de toda generalidad y dos,  la crítptica del enunciado inalcanzable si no hay una reflexión considerable sobre ella.

 

¿cómo decir las cosas con un máximo de economía de texto sin traicionar lo que se quiere decir? y ¿cómo decirlas para que no pierdan público?

 

Cada frase ha de ser cuidadosamente elegida, cada palabra y cada pausa, cada mayúscula y cada cursiva. Y a pesar de toda la delicadeza, la garantía de decirlo con suficiente claridad y rotundidad no resulta tan fácil.

 

Un enunciado puede insinuar una tesis pero no  puede capturarla. Tiene más a ver con un saber intuitivo que con un saber demostrativo. De hecho, no hay necesidad  para la demostración; basta con la meditación sobre su adecuabilidad.

 

No presento un ensayo de elaboración , sino un conjunto de enunciados que me fueron anunciados por  las experiencias del vivir y del hacer, del estar y del ser, del creer y del razonar, del amar y del  desamar. Es,  por consiguiente, una  palanca para la  co-elaboración pública. Lo que aquí sólo alcanzo a intuir o apuntar puede mover a la pasión reflexiva en un otro que vaya más allá de lo dicho por mi, y de lo que con suerte, incluso tuviera noticia.

 

Haberme dado permiso para escribir pensando  y compartir lo escrito y lo pensado  es un atrevimiento que cuenta con la indulgencia lectora. Escribir es una de las posibilidades del lenguaje  que se hace posible en tanto que acto proyectivo del  pensar. Y pensar lleva, inevitablemente, a conclusiones duras que deslegitiman fantasmas que contaminaban las interpretaciones.

 

Pero las conclusiones sólo son paradas provisionales en un cobijo intelectual que pronto se hace pequeño .Es en toda su provisionalidad  y,  por lo tanto, falta de certeza eterna que hay que tomarlas. De lo contrario el peligro del moralismo conceptual convierte la filosofía en un recetario vulgar de reglas de comportamiento.

 

El despliegue de unos apuntes sobre principios, con pretensión de universales, puede caer en las trampas de ese formato de moralidad. Nada más lejos de mi intención que meterme en un listado de máximas recetarias, adaptadas como consejos, en una fraseología oportunista y autoritaria. Preferiría caer por deceso en el relativismo  que conduce a la tolerancia que, por exceso, en el conclusionismo que conduce a las normativas restrictivas.

 

Es así que cada enunciado en forma axiomática deja abierta la puerta de atrás de su fondo para ser cuestionado sin piedad si la empiria y/o la reflexión dan otras posibilidades redaccionales.

 

Siempre me pareció que tratar de resumir en unas pocas palabras una biografía de exploraciones constituía un fracaso asegurado. ¿Cómo condensar sabiduría de siglos en unos pocos términos? ¿cómo meter en algo pequeño el gigantismo de las bibliotecas?  ¿cómo meter en ecuaciones la prosa de la literatura universal? Y sin embargo la tendencia elaborativa corre hacía la condensación, hacía la destilación en una  lógica  de innumerables campos de la argumentación.

 

Al meterme en ese empeño, de pronto, sin darle tantas vueltas, me he dado cuenta que en lugar de decidir escribir un libro de aforismos; éstos, los aforismos, espontáneos y fluentes han decidido por mi. Así es,  me descubrí escribiendo algunos  durante una sesión de email o en una conversación   improvisada presencial o por chat, y continué haciéndolo hasta construir el presente resultado.  Un aforismo es un saber condensado. Una sinóptica.Una pirueta verbal que no sucumbe a la forma del verso aunque tenga algún estilo que se le parezca y por eso lo confunda. Un aforismo es el sueño ideal de decir en un número contable de sílabas siglos de tradiciones de pensamientos. ¿Quien no se arriesgaría a este propósito? Autores de todos los tiempos[1]  han pretendido acuñar frases inmortales para las que han preparado canteras de   discursos escuetos. Este es el sueño teórico: poder decir en clave lo que consume la mayor parte de tiempos verbales desparramados en anecdotarios y relatos. Esto lleva a pagar la factura de la incomprensión cuando no del desprecio ante aquellas sentencias poco claras.

 

Las estructuras  aforísticas han sido y son una tentación  para la golosidad intelectual. Wittgenstein sostuvo[2]  que sólo se puede hablar de aquello que se sabe, de lo contrario lo mejor era callarse. Me pregunto en qué podría estar ocupada la gran masa de hablantes si sólo hablara de lo que realmente sabe. Se haría el silencio. El aforismo tiene una doble versión: como enunciado que propone una posición interpretativa existencial y como sentencia categórica. De la segunda opción me he desmarcado y en la primera permanezco y me temo que permaneceré, en tanto que es inconcebible la existencia física y mental sin enunciados, se  tenga o no todo el conocimiento para gestarlos y seguirlos.

 

La exposición aforística cumple al menos tres funciones: la de ser precisado para uno mismo el propio pensamiento, la de buscar su aplicación práctica como criterio existencial por y para la felicidad y bienestar social; y tres, la provocación intelectual para que otros tomen su posición ante ella.

Una construcción de máximas al gusto de todo el mundo tal como pretendiera Séneca se hace un imposible. Antes bien todo razonamiento evidencia una contraparte: la sin razón o la locura. Toda postura lleva en sí misma el germen de la discordia y la imposibilidad del consenso total. Diderot[3]  deslegitima los razonamientos universales como fondos argumentativos y probatorios.

 

El principio de unidad teórica total se hace inconcebible.Y sobre este supuesto cada teorema choca con los límites propios de su concepción. Sin embargo, contiene,como si de un sujeto humano se tratara, su función simbólica y su excitación imaginaria dentro de su cancha real.

 

El aire de sentencia breve y doctrinal del aforismo es más su semblante que su realidad. Es a la vez conclusión y tesis, predicado y algoritmo, ley y transgresión, que se propone como ropuesta axiomática o indiscutible en aquel punto de lo que se ocupa. Cuando lo repasamos y coleccionamos como conjunto de máximas y apotegmas, los cuales están atribuidos a personas generalmente ilustres, podemos chocar con el hecho de subrayar y hacer nuestras tesis en si mismas antitéticas, lo cual viene a demostrar que una idea puede tener valor en si misma referida a la circunstancia aplicable.Y que dos ideas contrarias acaban haciéndose hueco en el reservorio intelectual en tanto son de aplicación a circunstancias distintas.

 

Intuitivamente nos gustaría que  cada criterio tuviera el valor de un apotegma para poder construir con el una fórmula matemática tal que nos diera un resultado único y sólo éste. Tal como una  multiplicación para averiguar  la superficie de un polígono regular, obtenida como el semiproducto de la operación que multiplica su perímetro por su apotema. Mientras el trato con las matemáticas deja indemne la ideología de quien hace el cálculo, el trato con las frases no deja exento de peligros sociales a quien las emplea.

 

Un aforismo puede correr el riesgo de convertirse en un  decreto cuando se tumora para convertirse en un dogma de fe. El antídoto es infalible: aplicarle un criterio de lectura y relectura hasta  descubrir el mecanismo con el que ha sido construido y a qué pensamiento compromete y qué vocacionalidad genera.

 

Tomándolo como proceso creativo y vivo deja de lado el peligro de la alienación tras la frase lúcida y fácil para tomarlo como un discurso  abierto. Es así que, el ángel mensajero del apotegma, por  proteccionista que quiera ser con la cobertura reflexiva que proporciona, no deja de ser un discurso aforístico que, como todo discurso, admitirá variaciones y adaptaciones. Discurso, sí, que,  a diferencia de otros textos, pide un plus de atención por su concentración de resonancias en un volumen mínimo de palabras.

 

Si las lecturas bibliográficas son y continuarán siendo para minorías selectas[4]  con tiempo libre, capacidad solitaria sostenida y entrega apasionada a la dimensión intelectual; un texto con enunciados numerados todavía criba más al número de personas que puedan acercarse a ellas. Sin embargo  debo decir que un libro de grupos de frases generalmente cortas es un espejismo de facilidad. He de prevenirlo. 

 

De ahí que  el libro esté pensado para ser leído durante un año entero. Hay 366 puntos que se corresponde con los días del año mas una unidad. Cada uno de los punto es para leerlo al empezar el día y cargar con su idea como material de reflexión.

Los puntos no son correlativos. Cada uno es independiente del anterior y del posterior, aunque algunos se refuerzan mutuamente.

 

El aforismo es un pensamiento concentrado y concéntrico .A través de su idea se pueden relacionar otras muchas.Es  la elaboración destilada: su néctar. És también un préstamo del otro para alcanzar la identidad y aumentar el conocimiento.

 

Tener de un autor una sola de sus frases retenida en la propia memoria biológica es el mejor homenaje que se puede hacer a la memoria de su figura. Pero no es tanto ésta mi pretensión como instrumentar un recurso práctico de manejo para la reflexión sobre las leyes existenciales de la condición humana.

 

La vida hablada es un continuo intercambio de criterios cuya concienciación depende de cada hablante que haya hecho de su existencia un proceso regulado por un cuerpo de ideas. Resumir una filosofía de vida en unas pocas palabras es  un deseo inherente a mucha gente. No me preocupa tanto haberlo conseguido, que tampoco ha sido mi intención, como pasar el centro de atención de los hechos a sus criterios, de las apariencias a sus mecanismos, de los tratos a la psicología de sus relaciones.

 

 

 

 

 

 

 



[1] Hasta Sánchez Dragó presentó su libro de aforismos en una entrevista jocoso contracultural de Lafuente, sin que aquel llegara a captar loas sutilezas humorísticas de este.

[2] En el tractatus Logico-Philosophicus

[3] Diderot.Pensamientos Filosóficos.  ed. Aguilar Argentina. Buenos Aires, 1973.“Todo razonamiento que vale para dos partes nada prueba, ni para una ni para otra” LV p.66

[4] La mayoría prefiere otras fuentes de información que quemar sus ojos con las letras impresas.Mucho más en una época preponderantemente icónica.

El Alambique axiomático

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Una gota de esencia puede implicar un kilogramo de la materia base de la que sale y para llegar a este peso implicar un considerable volumen de formas-base. Una biografía humana cuenta miles de días vividos y millones de momentos. La inmensa mayoría de sus formatos repiten cosas antedichas. El encuentro humano es un gran reproductor de las palabras que tal vez necesita de una historia longeva para decir unas cuantas con suficiente valor para que le trasciendan más allá de su existencia física. Lo que hace perdurar a alguien mas allá de su tiempo no es tanto dejar un nombre en las policromías de las mediáticas como dejar una idea para usufructo de su especie que le sirva  a otros para enfrentar sus miedos y descalabros. Lo que tomo de útil de mis antepasados no son sus grandes hazañas bélicas sino sus saberes destilados. Quizás todo lo que queda de alguien remoto es una sola frase. De la mayoría de gente no queda ni siquiera eso porque no se atrevieron a decirla o nunca la tuvieron  tan segura como para comunicarla. El saber esencial es un poderoso alambique axiomático que saca lo mejor de todo, que concentra las ideas mas importantes expresadas de la forma más sinóptica.

 Siempre nos encontramos con recomendaciones que cuestionan la extensividad y la cantidad. La grandeza del entendimiento no se  mide por la extensión sino por la sutileza y certeza de las opiniones dijo Epicteto. Pero hay cosas imposibles de silenciar y el relato es un ejercicio de sinceridad aunque el axioma es un ejercicio de comprensión algorítmica: un  resumen de eventos e historias, un centro de gravedad del pensamiento.

Si bien es útil para conocer el exacto lugar del saber o del desarrollo del pensamiento no resulta tan práctico para la conversación cotidiana en la que básicamente los hablantes necesitan un escenario en el que presentarse, expresarse y jugar. Si quieres pasar por pedante aunque no lo seas cita a unos cuantos nombres griegos en un grupo del que no sepan nada de ellos o tal vez les suene nominalmente y poco más. Si ese grupo ha hecho el bachillerato y esos nombres formaron parte de sus asignaturas el impacto todavía es peor porque en lugar de pedante te conviertes en alguien que sabe más que el resto, el cual sabe que citas con autoridad lo que citas. Tarde o temprano su envidia convenientemente entintado en odio saltará contra ti con frases que buscarán ridiculizarte o despreciarte. Afortunadamente no siempre es así, hay una parte, por exigua que sea, de la gente que desea aprender y aprende de quien sabe. Yo adopté prematuramente un criterio en mi vida: aprender en la vida todo lo que me fuera dado, aprenderlo pues de todos los canales por los que viniera la enseñanza, incluida la gente más desagradable. Eso me ha permitido escuchar atentamente a adversarios y enemigos sin experimentar una indisposición anímica por hacerlo. No entiendo porque la gente convierte sus discusiones principistas en causas de escisiones y formaciones de nuevos grupos irreconciliables. ¿Es que el ser humano como individuo todavía no ha comprendido que en el pensamiento sí es un ser divisible y en sus sentimientos también abrigando al mismo tiempo conductas contradictorias? Si eso pasa a escala individual ¿cómo no va a pasar en el marco de una grupalidad?

El axioma no es tan solo una idea altamente concentrada que destila un proceso largamente elaborado del pensamiento, adopta también el formato de eslogan memorizado. Es una idea utilitarista para salvar una situación, un apoyo ideológico con el que enfrentar una situación. En la depuración lingüística nos  sobrarían novelas, cantos épicos, poesías, las canciones que tratan el amor y el drama de siempre. En la exigencia conceptual máxima bastarían unas cuantas fórmulas de matemáticas, otras de química y un puñado de leyes físicas. Para no quedar mal nos podríamos dotar de unos cuantos axiomas para dar el tono apropiado de seriedad a una reunión filosófica o dar el nivelazo a una sobremesa.  Eso callaría a los que siempre quieren tener razón y la impone con la fuerza de su voz decibélica no con la suavidad argumental de sus razones. Lo peor de la ingratitud es que quiere siempre tener razón dijo J.Benavente. Dentro de las peores experiencias están las de tener cosas por decir y callarlas por conocer a priori que es un esfuerzo inútil hacerlo en situaciones en las que no se puede contar con la atención y la escucha.

El axioma tiene un valor mayor que su posible recurso escénico, el de condensar en pocas palabras un texto largo. Para quien entiende bastan pocas palabras solo que estas pocas tal vez necesiten mas tiempo de reflexión del tiempo o de lectura que llevaría el texto mayor del que se desprenden aquellas. Otro valor añadido es el de poner una verdad con suficiente carga críptica como para que nadie se sienta ofendido por ella. Eso desde luego es muy relativo, hay quien se ofende porque llueve inesperadamente o porque se cruza en su camino un gato negro. El axioma es, por  último, la forma más elegante de sentar una visión o un teorema sin dedicar tiempo a explicarlo. En definitiva es la forma más catedralicia de no callar dando el tono y la provocación suficiente para encender una discusión o para dejar en la perplejidad a su auditorio. Cuando Juan Luis Vives dice que lo que quieres que otros no digan tú lo has de callar primero está apoyando las que han terminado por ser las formas verbales dominantes de silenciar los sentimientos fundamentales en una componenda hipócrita compartida de sortear todas las verdades para no herir a nadie. Claro que su intención pudo ser la de corregir las formas insolentes del habla o el despotismo verbal, hiriente e insultante.

Las ideas sirven para vivir no son solo materiales de lectura. Si un axioma no da una cobertura filosófica para la existencialidad es que no cumple con uno de los retos filosóficos: pensar y elaborar para maximizar la felicidad.

 

 

El Escudo de la Indiferencia

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

La indiferencia es justo lo que indica la palabra, una falta de deferencia. La simpatía o no de una persona pasa por si la tiene o no como atributo. Sabemos que la indiferencia que se reviste de soberbia o de un extraño orgullo de superioridad en el fondo oculto una inhibición ante el otro, una vergüenza incluso cuando no un temor a transparentarse ante la mirada, por tanto la indiscreción, ajena. A la llegada a un país, a una región, a un nuevo lugar, incluso a una nueva persona lo primero que salta a la vista es su cuota deferencial, que puede recorrer un heterogéneo arco: desde los excesos de atención a la absoluta anulación de ésta. Es el contacto con el punto exacto de este gradiente lo que hace emitir juicios prontos y repentinos  del otro o del recién conocido, no siempre tan inexactos como se podría suponer por su injusticia inmediatista. Es así que caemossimpáticos o antipáticos en función de nuestra capacidad de escucha y concentración por lo ajeno, la retención de susdetalles, el recuerdo memorístico de sus confidencias y, por supuesto, sus nombres. Sin duda la indiferencia/deferencia dependn de códigos culturales y de costumbres educativas. La excesiva deferencia –como la africana- es empelagosa, especialmente cuando se viene habituado  de ámbitos cultrales en los que predomina la frialdad y la indiferencia. El excesivo saludo reverencial  -como el oriental- resulta chocante. Al revés, el excesivo silencio, la falta de trato y la nula mención de saludo o su vocalización inaudible es propio de quien no quiere tener demasiado trato con el prójimo. La curiosidad de este fenomeno es que elgradiente deferencia-indiferencia varía y se adapta a las circunstancias. Los demás como paisaje pasan por la criba de la selección. Toda la indiferencia que se puede tener y se recibe a nivel de calle queda compensada, supuestamente, por la alta deferencia que se recibe de las personas especiales con las que se ama, se vive o se trabaja.

El estudio de la indiferencia es crucial en el estudio de la psicología de las relaciones humanas. Las personas que forman parte del conglomerado, del entorno, de ese paisaje inasible de formas inicialmente van diferenciaándose a partir de los mensajes y energias que se van recibiendo de ellas. Cuanto más te ignore alguien menos querrás saber de ésa persona. Pero ni siquiera eso es exacto. Es dificil crear una ley interpretativa universal que capture todos los comportamientos predecibles. Hay muchas razones de todo tipo y las que más utilitaristas para mostar interés por lso demás. La deferencia no deja de ser una puesta en escena de una acción calcula si se quiere instrumentar para un fin determinado.  Inicialmente ante un nuevo grupo humano en el que te zambulles todos sus miembros pueden ser parecidos. Basta un primer intercambio de impresiones  para empezar a individuar a cada uno del conjunto al que pertenece o del que se le saca. Nada obliga en principio a hacerse amigo de nadie pero parece que lo más lógico, desde un punto de vista de lógica recursiva pero también  de lógica comunicacional, tomar contacto con las personas que te encuentras y que estas lo tomen contigo si las coordenadas de coincidencia son nuevas y la información  mutua de las realidades recíprocas es escasa. Teóricamente cuanto mayores sean los contactos con los demás mas puedes abastercerte de informaciones y de experiencias. Esto, que desde luego tiene un punto de saturación, marca la dinámica de las primeras aproximaciones. Cuando llego a un lugar por primera vez me fijo más que nunca en las caras que hay, la gente que está con sus distintas poses, las formas de andar. Hay un tipo de personalidades que arrastran los pies y miran al fuego. Si por azar te cruzas con su campo visual hacen todo lo posible por no verte o por aparentar que no te han visto. Tú estás seguro de que no eres transparente y que tu atractivo no es tan terrible como para ser metido en un lapsus visual automáticamente, a pesar de todo no eres mirado ni hablado.

Cuanta más civilizada es una persona en el sentido de más saturada está del mundo y de sus estímulos más se inviste de un rol de indiferencia. Hay razones psicológicas poderosas que la explican, las de la autoseguridad o autorptoección entre ellas. despues de unos cuantos intercambios desafavorables con desconocidos se opta por no aceptarlos en el campo relacional. Lo que pasa es que los desconocidos nunca dejan de serlo si no se les trata. Es una antimetafóra la tesis de quedarse en la reserva.Hay otra cosa, la indiferencia como regla criterial constante convierte al mundo de los otros en general, por lo tanto al mundo, en algo a lo que se quiere acceder nunca y como mucho se acepta el contacto si la iniciativa viene de alguien muy singular del otro lado. He comprobado que hay gente que jamás escribe, jamás llama, jamás propone, jamás toma la iniciativa y que lo sabe y que además eso considera que es lo razonable para su posición social. Al mismo tiempo y antitéticamente recriminará en los demás que no la auxilien, no la salven, no la inviten, no la lleven o no le hagan dádivas.

Hay muchos procesos causales de la indiferencia y sin discusión alguna hay conclusiones que avalan actitudes de indiferencia impecables que no tienen objeción alguna. No son pocas las personalidades con las que te encuentras por la vida que lo mejor que puedes hacer con ellas es ignorarlas no porque no tengan un valor humano potencial sino porque no estás dispuesto a perder tu tiempo miserablemente con ellas. Pero una cosa es poner a alguien con quien se ha tratado en ese grupo del que distanciarse para no tener problemas o por que sus malas energias no te dañen y otra muy distinta es adoptar la indiferencia total con respecto al resto de la especie.

Confieso que cuando me he fijado en personas y que las encuentro por segunda o tercera vez y ellas siguen sin verme desde la primera me siento algo perplejo. He experimentado que al tomar la iniciativa de ahí donde habia alguien blindado  puede resurgir una personalidad pletórica, sensual y maravillosa.  Mi hipótesis es que el comun denominador de las indiferencias es el de la toma de distancia de lso demás porque en el fondo los demás se les impugna a priori. Si alguien vale la pena ya luchará por vencer las barreras de esa indiferencia, Lo malo es que alguien que vale la pena que sufre el rechazo sutil de la indiferencia no tiene porque quedarse con ganas para vencer las murallas del indiferente tratando de descubrir una persona sensible detrás o al menos un hablante con interés.

 

 

 

Los Actos Afrodisíacos

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Lo afrodisiaco es la ingesta que permite una excitación extra cuando el objeto del deseo por si mismo ya no es suficientemente estimulativo o la propia libido se encuentra en declive. Es el recurso auxiliar para el encuentro sexual que lo repotencia y garantiza su éxito. Existen referencias literarias sobre los productos y los consumos que se pueden tomar. Además de las recetas gastronómicas hay productos envasados en las tiendas sex shop. Habrá quien los prueba y podrá dar noticia de su eficacia. La idea de lo afrodisiaco es anterior a sus envasados para la venta. En una época discotequera circulaba la idea de que si  se mezclaba ceniza de cigarrillo con la cerveza quien la bebiera se excitaba enormemente estando dispuesto a irse a la cama. Me imagino la escena: un discotequero invitando a una chica a la barra a beber diciéndole mira allá para en ese momento ¡zas! tirarle la ceniza en su vaso. Quien tenía que acudir a esas técnicas para sus conquistas dejaría mucho que desear no solo por sus malas artes sino por caer en la creencia de esa tontería. Existen demasiados gestos mundanalizados y que han ido sobreviviendo conectados a creencias extrañas y a linajes nada racionalistas. Quienes practican las malas artes preparan pócimas que mezclan en las comidas o bebidas de sus enemigos para hacerles daño sin dar la cara.

El afrodisiaco en principio es todo producto excitante que mantiene un plus de erección o una irrigación sanguínea mayor en la zona genital vulvar o varonil. Basta tomar un vino y experimentar los efluvios de la desinhibición momentánea que produce para prepara las condiciones para una sintonía sexual. En las culturas consumistas invitar a una cena es presentar la hipótesis de una invitación sexual. Los sabores de los platos van a preceder a los sabores de los cuerpos un rato después.

De hecho el proceso mas laborioso para por el baile como escena intermedia donde el acercamiento intercorporal da la información reciproca necesaria del otro (olor, textura, fuerza, armonía) pata avanzar den seducción o por el contrario rechazarla. Desde el punto de vita de quien recibe la invitación, generalmente la invitada, aceptarla significa interiorizar igualmente esta hipótesis. La cultura de la relación pasa por ese proceso como algo protocolizado en lugar de expresar directamente el deseo el cual se arriesga a encontrar un bloqueo autodefensivo o una inhibición. A fuerza de protocolizar la seducción pierde su encanto original. Implícitamente la invitada es comprada para sus favores sexuales tras los postres o tras el paseo o tras tomar un taxi. Hay una escena pre-ultima que es la de la despedida de aquella velada, en la que él sugiere ir a la cama, con alguna de las frases variantes (me gustaría que este momento no terminara nunca, se me ha hecho muy corto estar contigo, ¿no me invitas a entrar?...) o es ella la que lo hace (¿quieres pasar a tomar una ultima copa?). Por supuesto, no siempre es así y en una primera cita la chica corta la iniciativa del chico al no aceptar su  iniciativa sexual para que no vaya a entender que es una mujer fácil o muy puta. Ella, al decir no, tal vez se pierda el gran amor de su vida o una historia fantástica porque de la parte del otro ya no habrá una segunda iniciativa. Tal vez salga de viaje o encuentre a otra mujer más corresponsiva que aquella. No siempre es así, hay hombres que no paran de insistir: llamar por teléfono cada día, o montan guardia durante muchas horas frente al domicilio de su objetivo de conquista, siguiendo un riguroso plan de estrategia militar, hasta producir coincidencias o provocar la caída de las defensas de ella. Este tipo de hombres más que conquistadores de manual son la vergüenza del género masculino por la falta de dignidad propia. He tenido la oportunidad de conocer varios de ellos. No hay nada más sangriento espiritualmente hablando que ver a un pobre hombre limosneando besos que no se le dan, pidiendo citas que no se le conceden, manteniendo en un enamoramiento platónico que nadie les corresponde.

Ellos podrían ser los más interesados a los  recursos a los afrodisiacos  para que la decisión psicológica que no toman las mujeres que no admiten convertirse en sus partners, sea acelerada por el reacondicionamiento biológico de sus cuerpos. Una persona psicológicamente desinhibida, porque haya tomado excitantes o haya bebido o drogado, puede hacer lo que no es capaz de hacer en estado de condiciones normales, es decir de autocontrol de etiqueta. La literatura gastronómica propone platos para preparar una noche de amor. De hecho el cortejo sexual  no empieza en la cama o en posiciones horizontales o con los cuerpos ya desnudos, ha empezado mucho antes: en la mesa del comedor, durante el paseo y en posiciones verticales. Una cena llena de colorido en los platos predispone al juego amoroso posteriormente. Aparte de cada producto en si mismo está la presentación y la forma de ingerirlo: beber de la boca del otro, o pasar algo masticado o semimasticado de una boca a otra es superexcitante, Comer sobre su cuerpo en unas condiciones tales que los cuidados por no ensuciar nada no sean una preocupación es una de las experiencias afrodisiacas mas brillantes. Se pueden hacer todos los platos si están convenientemente pensados para esa escena. Las nalgas cerradas hacen de cuenco para las bebidas y el vientre para aguantar la ensalada. Evidentemente, esta escena no permite la duplicidad de roles: cuando uno hace de plato, el otro hace de comensal y al revés.  Las  categorías desprendidas de una excitación gradual pasan por la noción de ingesta del otro amado/deseado que pasa a formar parte del amante. Los actos sexuales que pasan por el ani, felatio  y cunilingus son indicativos de más pasión, entrega, sintonía y fusión que los que no acuden a esas acciones. Hay dos clases de sexualidad completamente distintas d acuerdo a la mayor implicación de contacto con las segregaciones del otro. A más contacto con las mucosas, la exudación, la lubricidad, el semen, la orina incluso más implicación pasional y dedicación sentimental.

La leche humana es expresada en distintas formas cada una con su interés particular tanto por el sabor como por el canal de su salida. Es curioso que las culturas hayan proscrito el trato con la leche con todo el valor de excitación erótica que posee. El destete en China creaba una línea  de ruptura con el recurso a alimentos lácteos. Ciertamente la leche es un producto nutritivo importante para las fases de crecimiento y para la calcificación pero que luego tiene inconveniencias[1]posteriores. Un adulto que complace en beberla o consumir sus derivados es tratado de infantilista. Los pueblos musulmanes del Turkestán chino, nómadas de lenguaje ulgur o turco que se nutrían de productos lácteos fueron despreciados por sus conquistadores chinos. Se recordará la escena tópica del vaquero, que a la entrada de un saloón, en una de esos westerns filmográficos que tanto abundaron, pedía un vaso de leche en lugar de ajustarse a la demanda estandarizada del whisky, para sonrojo de los otros parroquianos. Una sesión desinhibida de amor apasionado pasa por la ingesta de líquidos: un beso de boca atornillado intercambia saliva, pero un beso más atrevido incluso la acumula en una cierta dosis para darla. El cunilingus puede beber tanto o mas semen que una felación completa que tras derramar lo más apropiado a hacer es  tragarlo, también puede ser compartido entre la boca que lo recibe y la del cuerpo que lo da

Es posible que ese tipo de sugestiones muevan a escándalo en personas no acostumbradas a esas prácticas o que ni siquiera las han fantaseado. Por cierto el escándalo no es antagónico a deseos íntimos inconfesos fantaseados  que van mas allá incluso de las escenas que puedan provocarlo. Hay algo de la sexualidad que los amantes no quieren ver. Al estar en primer plano como protagonistas se pierden la perspectiva del espectador. Es por eso que hay un tipo de personalidad que no desea ver escenas pornográficas al detalle y les aterra ver primeros planos de vaginas abiertas o felaciones voluptuosas aunque su propia actividad sexual pase por ello aunque, eso sí, sin una cámara que tome primeros planos de cada detalle.

Lo afrodisiaco pasa por la boca y el paladar, también por el resto de los sentidos, es decir por lo más primario de la naturaleza humana. El amor romántico en la sala de baile mientras las canciones de Juan Guerra[2] amenizan la velada y ponen el discurso de la seducción, son lo light de lo que puede venir unas horas despues en un espacio apropiado para llevar la excitación hasta lo mas imaginable probando con la boca todo lo necesario para su incremento y multiplicación de orgasmos.



[1] Hay quien considera la leche como impropia para las fases fuera del crecimiento físico calificándola de veneno blanco. Sin embargo la repostería y y excelentes platos de la gastronomía internacional dependen totalmente de ella.

[2] Cantante salsero cuyas canciones quedan patentes y presentes en todas las salas de baile durante una época.

Sin Cita Previa

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

La seriedad de una persona suele tener por atributos dos propiedades: que cumpla aquello que dice y que lo haga dentro del tiempo que se haya establecido. La formalidad suele tener por indicador la puntualidad. La representación del otro en cuanto lo que es y se puede esperar de esa persona viene coordenado por el tiempo y por la función. Siempre he concedido una especial atención a ambas cosas que se pueden resumir en un solo criterio y frase: tener palabra. He venido creyendo que una persona no es tal si no está a la altura de la palabra que haya dado. Eso vale tanto para cumplir una misión como para acudir a un determinado lugar el dia y la hora en la que es esperada. La organización del trabajo pero, también las relaciones personales, pasan por el encuentro preparado. Sin cita previa el encuentro es dejado a la espontaneidad con lo cual las variables de su desarrollo se multiplican y es posible que este no se dé o no se concluya. La racionalización del tiempo pasa por sus instrumentos medición. En determinadas culturas todo el mundo utiliza reloj desde una edad prematura. Con la popularización del teléfono portátil todo el mundo adquiere la función incorporada de medir el tiempo. Es posible que tal función sea una de las más generalizadas. Hay cantidad de aparatos que llevan relojes incorporados (los ordenadores, los reproductores de cds-dvds, los radio transistores,… hasta los mecheros).

El racionalismo que está detrás de la civilización consolidada concede una enorme atención al tiempo, al término de ejecución de los planes previstos –por tanto- y a la coordinación de los trabajos de todos sus protagonistas implicados. Por el contrario las civilizaciones más primitivas se dotan de  formas menos exigentes de medición del tiempo. Un choque intercultural pasa por los conceptos diferentes que hay frente al tiempo y su significado. En las mismas formas expresivas se denota quien tiene una preocupación en relación al tiempo y quien no.

Para organizar trabajos colectivos y seguir proyectos de grupo fijar la hora es fundamental. Las primeras coordenadas son las de tiempo y espacio. Sin ubicación predecidida donde realizar un acto compartido y sin marcar el tiempo en que hacerlo no hay eficacia posible. Ese concepto por si mismo basta para explicar una forma de ser y de actuar, una forma de organización de los pueblos y de las ciudades, una forma de progreso continuo.

Las cosas no funcionan siempre así, ni siquiera en esa época tecno en la que todo el mundo tiene reloj. En no pocas latitudes predomina su relativismo. A menudo quedar con alguien a una hora tiene por resultado no encontrarse y en cambio sí encontrarse con un feo, un desplante, un hecho tal vez más significativo que el hecho cumplido. Cuando el otro falla cabe una variada gama de interpretaciones  no agradables. Podemos apostar que cada vez que falla el otro, aquel con quien has convenido algo, en su función y en el momento en que se le espera no es por causas imposibilitantes, tales como enfermedades, accidentes, catástrofes o atascos en los desplazamientos (todo eso en conjunto puede estar en una proporción entre el 1% y el 1 por mil veces). La inmensa mayoría de veces la responsabilidad de la no asistencia pasa por la falta de planning de ese protagonista, su falta de responsabilidad, su falta de memoria o su desidia. Tanto es así que se puede hablar de un fenómeno conductual en toda regla, hasta el punto que cuando alguien no acude a algo si no se le conoce lo suficiente y sin conocerlo, se da por su puesta su falta de responsabilidad y no se atienden a sus posibles pretextos. El mundo moderno funciona con cita previa. Sin ella no hay coordenadas de localización posibles.  La hora en que comienza un turno de trabajo pasa por la cita previa, la hora en que tomas el avión o el tren también. El taxi que te lleva al aeropuerto de madrugada es crucial asegurarlo con una cita previa. Las reuniones culturales, las conferencias, las de conspirativas y las desiderativas pasan por citas previas. Una cita previa es un contrato entre las partes que la deciden, un compromiso que presupone la garantía de una acción en el plazo y en el tema en que se ha dicho. Una persona vale tanto más cuanta más palabra tiene. Esto es crucial para el mundo de los negocios, para las transacciones comerciales, para la preparación y coordinación de los envíos, para la entrega de los productos terminados, pero también lo es para las citas personales, para los viajes de placer, para la asistencia a los espectáculos o para tomar una copa.  Tras una biografía dilatada en la que he tenido miles de citas de todo tipo puedo asegurar que el valor del otro, la valoración que  haces del otro, pasa por su capacidad de cumplimiento con las citas que has establecido con esa persona y con la realización de sus funciones. Al revés: si no cumples con aquello a lo que te has comprometido o fallas en una cita tienes motivos para no ser tomado en serio o para que no se cuente contigo una siguiente vez.

La cita previa es, en definitiva, muy importante. Sin embargo voy a tomar la posición argumental de quien no pasa por ella ni desea hacerlo. Hay que decir que la cita previa va ligada a un mundo racionalista y planificado que coincide con ser el del orbe más desarrollista dentro del planeta. Para otra gran extensión geográfico- humana la cita previa no existe. Existe la permanente imprecisión. Es otra forma de vivir a la que un racionalista europeo en principio le puede costar entender. Me he comprometido cuantiosas veces a citas determinadas sabiendo a priori que el otro no las cumpliría y efectivamente así ha sido. La confirmación de esas predicciones no me ha convertido en profeta pero sí en más realista con respecto a lo que puede dar de sí mucha gente. Las impuntualidades y las no comparecencias  que sufrí fueron tantas que llegué a una conclusión: salvo los horarios de trenes suizos y los de las salas de espectáculos que  se ajustan al timetable, hay pocas cosas más que agranden esta lista. Ni siquiera las conferencias o las clases de aulas se ajustan siempre a la puntualidad. Es así que la cita previa tiene un valor orientativo. Eres citado a las 9 para ser atendido a las 11, bueno tienes la suerte de ser atendido a las 11 de este mismo día. La medición del progreso de un país pasa por el detalle de esta coordinación de toda clase de citas profesionales y culturales. Cuanto más impuntual es un departamento de lo que sea en su atención pública más demuestra su incapacidad de planning por no citar otras imperfecciones mayores. He puesto fin a relaciones personales por incumplimientos de citas para los que no fueron presentadas las mínimas disculpas. El incumplimiento de una cita es algo más que un desajuste, es un agravio.

Sin embargo la cita previa va muy ligada a un marco de relaciones humanas en las que la organización social o de proyectos compartidos es esencial. Tan pronto te liberas del trabajo por cuenta ajena y tus compromisos lo son con la función de lo que haces tú mismo pero no con un medio o bajo un horario determinado puedes prescindir de la cita previa. Reconozco que después de algunos desplantes recibidos por distintos temas y distintos tipos de personas he ido configurándome en otra forma de ser y de relacionarme, reduciendo mis citas con los demás y prefiriendo en su lugar las coincidencias. Una coincidencia no deja de ser un encuentro que no es decidido con cita previa pero que  sirve para solventar también lo que hubieras hecho en ésta. Los amigos suelen quedar en un determinado local o buvette después del horario de trabajo sin precisar la hora o suele tener unos hábitos que permiten su localización. Se funciona por coincidencia a no ser que una determinada celebración o fiesta o plan exija una mayor coordinación en la hora, en el lugar y en los medios.

Las culturas que funcionan por coincidencias espaciotemporales se desarrollan menos que las que funcionan con horarios programados. Hay una lógica elemental que explica esto. Las coincidencias reducen los factores necesarios para una determinada empresa mientras que las planificaciones aseguran el concurso de todos ellos. 

Quedar para luego o para otro rato, quedar para pronto son formas expresivas que marcan un tempo pero sin comprometerse a su precisión. Para un tipo de relaciones lúdicas es todo lo que se puede hacer, para relaciones profesionales o productivas es inadmisible.

Personalmente desde que me he librado de compromisos organizativos he visto la reducción considerable de los desplantes ajenos o incomparecencias por una sola razón porque he reducido enormemente las citas ajenas. Ponerse en posición de esperar a alguien para determinado asunto en determinado día es una tesitura compleja. Más que forzar a una cita conviene evaluar la capacidad del otro para tenerla. Tan pronto sospecho que no la tiene ni se me ocurre plantearla. Eso me lleva a una forma particular de trato, la de barajar hipótesis contrarias simultáneamente, lo cual está emparentado con una dinámica inevitable de doble o múltiple discurso. Aunque el doble discurso suena mal no es más que un discurso complejo que tiene en cuenta todas las variables.

Poderte librar del horario de trabajo con otros, sea con colegas de despacho o con clientes de diván, te permite vivir la placidez creativa sin necesitar ni depender de nadie. Tengo una cita prioritaria con mi ordenador cada día, lo cual es tanto como decir que la tengo conmigo y con el trabajo que quiero hacer. No tengo ningún problema en cumplir ni hay impedimentos. Me basta: cumplirla sea a una hora o a otra. Algunos factores externos condicionantes como la suspensión del fluido eléctrico no me impiden realmente la ejecución de lo que quiero hacer sino solo su retemporalización. En cuanto a mi compañera de trabajo –en un plan de grabaciones y correcciones de originales en curso- no importa si nos encontramos a una hora u otra. De hecho no tenemos hora  para quedar. A lo largo de la mañana hacemos lo que tenemos previsto para ese día. Dejar de hacer algo por la ausencia del otro no es más que otra clase de pretexto. Si tienes un plan de trabajo contigo mismo no tienes disculpa posible para no hacerlo. He de reconocer también que ese nuevo estilo de no tener citas previas me evita broncas y conflictos con los demás. No me coloco en la posición de no exigir nada a nadie porque tampoco cuento en un exceso de responsabilidad ajena. Me basta controlar la mía. Si puntualmente o por temporadas puedo incorporar colaboraciones al proyecto en el que estoy metido, tanto mejor, si no tampoco quiero sufrir por eso.

Estoy persuadido quela fuente creativa es fundamentalmente individual aunque su ejecución se magnifica con el concurso colectivo. Los demás son necesarios para la mayoría de proyectos pero el modo de colaboración –con cita previa o por coincidencia- es lo que viene determinada pro cada época, realidad cultural y opción empresarial. Tengo entendido que  la original música de Manu Chao con distintas clases de voces e instrumentos también dependió de las coincidencias en los momentos de grabación, sin esperar a reunirlo todo, sin que esas grabaciones no dejaran de ser excelentes.

En unas coordenadas ubicacionales estables la mayor parte de relaciones humanas pasan por las coincidencias en lugar de por las citas previas, las reuniones organizadas o los encuentros preparados. Otro asunto es si estas coincidencias sirven para catapultar los deseos o tan solo para comentar que se tienen.

El correlato de la cita previa en el terreno de uno mismo en su soledad sería el de organizar y seguir con auto exigencia un timetable. Como autodidacta he comprobado repetidamente que es más rentable seguir una lista de funciones diarias o semanales que no un programa horario. Siguiendo aquella se cumple de sobras esta y no se subordina la creatividad del momento al sonido de la campana de fin de clase o término de la hora asignada. Por otra parte una misma función puede requerir un dia un tiempo menor que otro o al revés.

La experiencia de las citas previas, incluso de grupo para cumplir con un objetivo, un ensayo teatral o una ronda poética, por ejemplo, me han demostrado que la gente se cansa y que los déficits, desidias, dudas, malos momentos de los demás deben ser suplidas con la insistencia del líder de grupo que recompensa con su energia la que no ponen los demás. No, gracias. Que cada cual ponga su parte o bien si no quiere ponerla, que los caminos que se separen como suele suceder.

Al vivir y trabajar reduciendo al máximo las citas convenidas la percepción de los demás también varia al no necesitarlos como colaboradores. Si aparecen pueden ser usados los momentos de coincidencia para lo lúdico o para lo cocreativo si no aparecen, tampoco los echo en falta. Eso es por lo que hace al mundo ajeno en bruto otra cosa es para las personas más concretas y cotidianas: por lo general una, tu compañera como figura permanente y pocas más de una forma regular pero discontinua.

Vivir  la máxima cantidad de actos personales sin cita previa tiene una ventaja añadida: no pasar por los episodios de ansiedad  del cumplimiento o no del otro con su presencia. Evita las esperas y también algo mejor: la pérdida de confianza en los demás por no estar a la altura de lo que dicen que harán. En resumen, vivir sin citas previas significa no esperar demasiado del otro en el cumplimiento de su rol.