FLUENCIA TRANSCULTURAL

Paz social vs psique convulsiva

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Hasta Alpha Blondy canta que cada cual de su paso a favor de la paz general. El pacifismo es lo menos que se puede pedir en un mundo tan roto por las guerras. No hay que olvidar sin embargo que las posituras pacifistas han sido tratadas de traidoras y antipatriotas cuando, objetivamente, han permitido las invasiones extranjeras o los ataques enemigos. Como movimiento social ha gozado de periodos importantes en la lucha de lso derechos civiles, por la retirada de las tropas del Vietnam, para impedir el ataque a Irak o, antes, para frenar la carrera armamentística. Había razones mas que suficientes para  todo ello, en cuanto a esto ultimo los USA tuvieron en un momento álgido 40mil cabezas nucleares siendo Denver el centro de armamento máximo de destrucción masiva.

Para entender la posibilidad histórica de la paz social permanentizada en todo el mundo hay que relacionarla con otros registros de la vida humana. No es la misma clase de paz en una sociedad sin justicia y sin las mínimas condiciones democráticas de elegibilidad presidencial que en otra que las cumple. La paz del silencio o la paz impuesta por las armas no es una verdadera paz. Al hablar de ella como ideal universal nos estamos refiriendo a la construcción económica política de un mundo justo e igualitario con oportunidades para todos, pero también a la reparación psíquica y emocional de sus habitantes. Sin una psique pacificada de los individuos una sociedad de paz es un absurdo conceptual. No hay ni habrá una verdadera paz mientras las armas estén aguardando ser empuñadas para ser disparadas. En unos lugares se hace cada dia en otros no descartan la posibilidad de hacerlo ante sorpresas de los países vecinos o ante la eclosión de reclamaciones de la nacionalidades históricas dentro del mismo, como en el caso español.

La paz permite a un país centrarse en sus `planes de desarrollo y reducir las cargas de su PIB del presupuesto militar. Cuanto mas gaste en armamento un país mas pobre espiritualmente  y materialmente es. Incluso los países más poderosos resienten sus económicas por tanto gasto belicista.

Pero la paz no solo puede ser teorizada en términos de belicismo. Toda beligerancia latente o manifiesta puede expresar discursos a favor de la violencia. Episódicamente, en el país mas controlado de la tierra,  alguien coge su arma automática  y dispara contra inocentes o un sector que se siente oprimido se expresa con radicalidad. A Marylin Manson y al rock en general les cargaron con la responsabilidad  de las violencias estudiantiles en los institutos de los USA. La doble moral capitalista lleva a por un lado a objetar lo que por otro promociona. El North Country Bank da rifles, relojes de piel o palos de golf para hacer cuentas de 1000 dólares a largo plazo en concepto de intereses, pero solo exhiben los rifles.  Hay asociaciones como la NRA[1] con adeptos a rabiar que ni siquiera tuvo la delicadeza de suspender sus actos de afirmación al arma en los pueblos donde hubo masacres a estudiantes.

La psicosociología esta obligada a interpretar en sus justos terminas el potencial de violencia en los actos humanos incluidos aquellos que se reviste de todo amor y todo paz. Una cosa es el belicismo flagrante y otra la beligerancia latente. La una es la forma light de la otra, su proceso de demora o su interludio. Episódicamente la gente se enzarza en guerras y se mata. Pretextos ideológicos o del tipo que sean siempre existen. Basta que aparezca el fanático clave, llámense Hitler o Milosevic,  para exacerbar las contradicciones con una lectura capciosa para que la gente en masa encuentre una via  maestra en la que descargar su pulsión tanatorial  y su furia destructiva contra el otro. Visto así, la guerra no sería más que la continuación de la violencia retenida en la convulsión psíquica expresada a gran escala. Lo que es peor: la guerra da la coartada legal para no reprimir el instinto de destrucción.

En los registros verbales tranquilos no pocas veces a lo largo de las disertaciones sobre la vida en las que se repasan los conceptos dañinos, como el racismo, de otros se termina por desear sinceramente su  eliminación dentro del pensamiento humano o su liquidación del escenario público. Sabemos que la mediática es un socio activo desde la retaguardia que empuja a procesos criminales. Hasta que no se establezca la estrecha relación entre el uso de la información y la creación de condiciones  para la no violencia, no se encontrará una solución pacifica a ella. Rafael Argullol[2]  arremete contra las noticias, en particular en sus titulares por su carga ideologizante que obedece a los intereses que la manipulan.

La naturaleza humana no es precisamente pacífica. Se ha forjado en su lucha contra el medio. Su especie compite con otras por la ocupación del territorio y la explotación de sus recursos. Esta lucha inter-especies ha terminado por ser inter-tribal para acabar siendo inter-individuos. El objetivo de la supervivencia prepara psíquicamente al que quiere vivir a que sea la causa de muerte del otro. La permanencia de la sociedad humana entera se basa en la destrucción de la vida ajena. Basta echar una ojeada a las estadísticas de consumo de toneladas de carne para sospechar los millones de victimas inocentes para asegurar la voracidad humana.

El predicado del sujeto todo-bondad porque su credo religioso así se lo dicta o porque esta regulado por una moral social o por temor a un dios que lo castigará si no lo cumple es, psicológicamente, insostenible. Un individuo además de sus querencias y decisiones y voluntades sigue un comportamiento que no siempre controla, parte del cual obedece a su instancia inconsciente y a un aparato psíquico convulso no siempre internamente pacificado.

El gran problema de matar no es la existencia de un arma para hacerlo. Antes de las espadas, las lanzas, los chuchillos o las flechas, antes que Samuel Colt inventara el revólver en 1863 ya existían armas para matar: las piedras o las propias manos que estrangulaban. Un arma, en principio no mata por si sola, necesita el soldado, el sicario, el  homicida que la emplee. La violencia no esta en el arma en si mismo sino en quien la utiliza. Claro está que el arma simboliza a la humanidad y sigue recordando que vivimos aún en tiempos de cólera y de guerra. Los adhesivos en los que se ve un rifle roto con el signo de prohibición son alentadores, lo mismo que el que ostentan los garitos de algunas fronteras con prohibido su paso, pero el problema del arma es siempre quien la lleva encima dispuesto, en caso de urgencia, a emplearla. Las terribles asociaciones que se montan para su empleo, desde las privadas racistas como el KKK[3] hasta los ejércitos de cada país, solo indican el estadio prehistórico en el cual cursa el género humano que todavía no ha aprendido a reconducir su pulsión destructiva sublimando el lenguaje de la violencia a otras manifestaciones creativas.

La socialdemocracia no ha resuelto esto. Gente como Felipe González ha defendido la necesidad del ejército para continuar con el precario equilibrio de la correlación de fuerzas mundial. Por el momento nadie vislumbra un mundo sin armas. El problema de algunas de éstas, además del antes mencionado de la voluntad de uso, es que pueden ser letales por si mismas al contener un potencial destructivo por activación espontánea. Asistimos al espectáculo de la guerra de personalidades grotescas que se enseñorean y enriquecen con ellas recluidos en nuestras butacas de espectadores o de despacho donde hacer los análisis sin que podamos hacer gran cosa salvo acudir a manifestaciones pacifistas puntuales y –sobre todo- entender el mecanismo psicológico de los humanos, además de sus razones patriotas o territorialistas, para abrazar la violencia armada. Abrazo el discurso pacifista a favor del no uso de armas y de un plan progresivo y progresista para el control de su existencia, su fabricación, su tráfico y su empleo. Gradualmente no debería haber ningún ejército ni ninguna gendarmería que las usara. Al mismo tiempo sé que nadie, en su sano juicio, puede decir que jamás utilizará un arma contra el prójimo. Nuevas coyunturas hacen cambiar antiguas escalas de valores.

El éxito y perduración de una civilización se basa en la capacidad de la interiorización represiva de la pulsión destructiva llevando al conflicto al terreno de la negociación y de la palabra. Ese terreno no liquida nunca del todo el deseo liquidacionista pero al menos consigue una tregua.

No deja de ser curioso que el reportaje sobre la eclosión de la violencia suela llevar parejo formas de violencia sutil. El dia de la matanza de Columbine, las cadenas informativas bloquearon los números de emergencia con sus llamadas curiosas, al 911, hacerlo es un delito y es obvio que una forma para agravar mas el impacto de la violencia en tanto impedían que otros que realmente lo necesitaran pudieran contactar con un socorro puntual.

Cada vez que me encuentro a alguien que dice que su autocontrol es tal que jamás reacciona ni siquiera emocionalmente de una forma adversa a quien le ataca se que estoy ante un mentiroso irremediable e inconsciente de su mentira. Cuanto antes una persona reconozca la complejidad de su psiquismo con respuestas violentas preinscritas (aunque sea a nivel de discurso lesivo sin emplear nada para golpear) antes podrá pacificarse a si misma y antes podrá extender la paz a los demás.

 



[1] Asociacion Nacional del Rifle

[2] Contra las noticias,  El  pais, 1 de febrero 2004 donde aclara “contra determionado tipo de noticias y sus propagadores”  p.3.

[3] en 1865 se fundó el KKK y en 1871 fue ilegalizado, al poco tiempo fue fundado la NRA cuando los negros no podian poseer armas por ilegal y  solo podían hacerlo  los blancos.

 

Descrecimiento Poblacional

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

Hacia el decrecimiento poblacional

Los procesos poblacionales tienden a crecer a lo que se puede especular que sea  un máximo histórico de especie posible. La especie humana ni ninguna otra se puede continuar multiplicando ad infinitum sin que un tope no ponga freno a su expansión. Si bien están calculadas las cuotas de población mundial para las próximas décadas no es prematuro pensar en cual seria su decrecimiento y a partir de que posibles factores.

El decrecimiento es un concepto manejado desde antes de la observación demográfica. Crecer y decrecer son dos tendencias que terminan por complementarse dentro de un proceso de expresión. La creatividad tiende a su máximo de genialidad posible para tras un mantenimiento relativo pasar a una suerte secundaria.

La discusión sobre los excesos poblaciones no resulta sencilla. Además de los factores económico-políticos y culturales están los psicológicos y sentimentales.

Discutir el  crecimiento poblacional irracional en términos absolutos también significa discutirlo personalizadamente en términos relativos, caso a caso, con innumerables padres de hijos que se tienen no deseados y sin plan ni concierto dentro de las peores condiciones de miseria y/o de inestabilidad doméstica. La reproducción humana se puede estudiar en términos también de sobreproducción económica. Los excesos sobre productivos a escala de economía planetaria han conseguido colocar las bocas y los consumos humanos en función de ella y no al revés. El eje de las políticas económicas no queda limitado a  cubrir necesidades sino el de crear nuevas necesidades que justifiquen el engranaje productivo y con eso los beneficios de quienes participan del mismo. La enorme cantidad de cosas va en detrimento de la estimación y valor de cada una en detalle. El aumento poblacional que pasa de los límites excesivos va en contra del uso territorial y altera profundamente las relaciones psicológicas entre los humanos. Una doble crisis pues: la del trato con los otros y la del trato con el medio.

La alarma preventiva sobre el crecimiento poblacional excesivo viene del siglo XIX si no anterior. Malthus y su perspectiva desalentadora es de obligada mención. Su crítico, Marx, se equivocó –entre tantas otras previsiones que hizo- al pensar que los medios de producción y de vida se incrementaban en función de las necesidades existenciales de conjunto de la especie según se iba multiplicando. Mientras aquel previó que el crecimiento de la especie chocaría con los límites recursivos del planeta éste no intuyó que los recursos no son ilimitados. El ecologismo del siglo posterior contribuyó a la conciencia colectiva que el futuro de lso ecosistemas depende del uso que se haga de ellos y de la automoderacion de los protagonistas regentes de la tierra. A diferencias de otros tipos de luchas patrióticas, nacionalistas y sociales, el ecologismo unía por primera vez a la humanidad en su conjunto  en torno a predicados de supervivencia unitaria como especie. El planeta de cada generación siguiente será más o menos habitable según lo que haga la generación anterior. La coexistencia de unas cuantas generaciones a la vez demuestra que las inercias tradicionales pueden más que lso criterios de la sensatez. El exagerado crecimiento poblacional hay que enmarcarlo dentro de otras exageraciones colectivas que van en contra de la misma especie. Lo que cada progenitor se puede justificar a escala particular es del todo insostenible a escala de especie.

Nuevas pautas educativas tratan de influir en el distanciamiento entre partos en África o, por ley, en la idea de hijo único en China. A pesar de lo cual cada año hay mas habitantes en el planeta que el año anterior teniendo en cuenta la resta de todos los decesos. El exceso poblacional es tal que ninguna de las terribles catástrofes modernas por ciclones, sunamis, terremotos, explosiones o accidentes supone un verdadero mordisco a la cantidad numérica global de la especie. No importa cual sea la magnitud de un desastre en cuanto decenas de miles o cientos de miles de personas muertas innecesariamente, que la tendencia reproductiva equilibrará a corto plazo la perdida sufrida. En términos numérico-económicos  cada desastre encuentra solución, en términos personales ante la pérdida concreta no hay ninguna. Lo que sí es previsible antes de cada una de ellas es que las clases más desfavorecidas, hacinadas y sin medios son las que sufren mas ante la naturaleza desencadenada.

No estará de más hipotetizar que lso fenómenos catastróficos no son algo tan natural en todos los casos si bien es cierto que el planeta necesita respirar, hacer contracciones y movimientos y eso puede tirar abajo algunos edificios o desbordar algunos ríos. El cambio climático y toda su última serie de consecuencias es resultado de la negligencia de la especie humana en habitar el planeta. Si en términos específicos el individuo que se mata fumando como un descosido no puede atribuir al azar padecer un enfisema o un cáncer pulmonares a un plazo u otro y fallecer por ello, en términos globales la especie que en conjunto –a pesar de lso denodados esfuerzos de sus miembros más lucidos y responsables- se empeña en contaminar la atmosfera, los ríos y los mares antes o despues producirá reacciones adversas que pondrán en peligro su continuidad existencial. Lo malo de esas reacciones es que no van a distinguir entre los irresponsables que estropean el medio de los que han tratado de cuidarlo con esmero. Como compañeros de viaje planetarios todos somos responsables ante la naturaleza de las afrentas que recibe: los que tienen comportamientos erróneos por tenerlos y los que no los tienen por no conseguir evitar los de los otros.

En términos de crecimiento poblacional las culturas económicamente mas desarrolladas han venido moderando su descendencia. Muchas parejas europeas tienen un solo hijo o ninguno. Eso significa que el crecimiento en sus países puede ser cero o menos algo. Ante eso, algunos estados temen que la falta de descendencia en sus poblaciones autónomas ponga la mayoría electoral en menos de una generación en manos de los descendientes de poblaciones inmigrantes que, procedentes de otras culturas, suelen tener más hijos. La alarma es tal que existen incentivos para tener hijos. Es así que el problema enfocado en términos planetarios no es asumido en términos de muchos estados. Existe un terrible miedo a poner en peligro la continuidad de la nación. El ser humano es enormemente localista y etnocéntrico. Su pueblo son sus enseñas y referentes de seguridad: el lenguaje, sonido materno, marca el territorio acústico entre lo propio y lo indescifrable, lo extranjero.

A la vista del crecimiento poblacional ascensional a falta de depredadores naturales de otras especies  (incluidos los virus) que lo limiten y de una autodestrucción reductora la misma tesis darwiniana de la selección natural queda en entredicho. A los problemas existenciales de la superproducción humana hay que añadir la longevidad garantizada a escala individual cuyas perspectivas no paran de aumentar. La gente de los países ricos quiere vivir a toda costa, cuantos más años mejor, aunque sea entubada, altamente medicada y con las posibilidades de goce sensorial muy mermadas. Frente a la disyuntiva de la nada o de una hipotética continuidad postmortem los vivientes quieren retrasar al máximo su escena final de murientes.

Los dos autores que influyeron en Charles Darwin fueron Lyell (principios de Geología) y Malthus (Ensayo sobre la población). Del uno tomó la tesis de que no hacía falta recurrir a catástrofes y cambios violentos ocurridos a lo largo de las eras geológicas (tesis de Cuvier) para explicar las variaciones que se observaban en la superficie terrestre, y del otro tomó la tesis de lucha por la existencia aplicada al linaje humano, sosteniendo que las variaciones favorables tenderían a conservarse mientras que las desfavorables a ser eliminadas. El principio en función del cual una variación por pequeña que fuera quedaba conservada y se perpetuaba, lo llamó Selección Natural. Lo cierto es que dos siglos despues asistimos a la conservación y perpetuación de condiciones desfavorables para la vida más sensata porque son impuestos criterios de clase o de dominio de unos grupos sobre otros. A fin de cuentas el planeta no es una sola realidad y los privilegios que consiguen unos dentro de él es a cambio de malograr hábitos y de hacer insoportables las condiciones a otros grupos.

Sabemos que la vida se abre paso en las condiciones mas extremas posibles: la hipótesis mas catastrofista sobre una posible humanidad en extinción por su falta de cuidados consigo mismo y con su entorno no impediría la continuidad de la vida y procesos que replantearan, tal vez cientos de miles años despues otro homos mas sapiens.

Jim A. Lake[1] cree que las células eucarióticas probablemente han heredado los genes hipertermófilos de los eocitos. Estos organismos viven en condiciones extremas: por encima de la ebullición y se alimentan de azufre y son aerobios. Quizás la gran lección que la especie humana espera es la autodestrucción masiva para darse cuenta de sus errores de especie además de sus enfoques sociales caducos. Tratado así el tema parece que la observación científica carece de toda sensibilidad. Lo que no puede hacer una previsión de un desenlace es callarse para no herir el desconocimiento público.

Tal como están las cosas el futuro del ser humano no depende solo de una buena intervención atencional a los nacientes sino de una información rigurosa sobre el mundo que van a heredar. Brazelton.T.Berry[2] teorizador del umbral de comunicación con el bebé y los riesgos por un déficit o una sobrecarga de estímulos pudiendo ser tan grave lo uno como lo otro. Defensor de los límites para  que el sujeto pueda discernir lo que quiere algo imposible si todo deseo queriente se convierte en facticidad. Otro problema añadido al crecimiento en cada vez más amplias zonas del planeta es que los hijos de la abundancia carecen de referentes sobre el esfuerzo, es decir la interacción dialéctica de la persona humana con el medio, adquiriendo una visión distorsionada de lo que es el mundo. El niño que no aprende en su infancia la existencia de limites transpola esa visión a su estadio adulto con respecto al planeta.

Desafortunadamente no está tan demostrado que cada generación evolucione con respecto a la anterior. Si bien hay una transmisión patrimonial de una parte y de procesos experienciales por otra no queda tan claro que eso sirva para su uso adecuado. Nuevas generaciones son usuarias de un poder energético y de una tecnología nunca antes sospechadas pero eso no significa que se corresponda con una mayor inteligencia y mucho menos con una mayor conciencia. Larmat [3]sostiene que hablar de los casos de familias genéticas aportadas por la casuística de los Bernouilli, los Darwin, los Monod, no es concluyente para la afirmación del potencial hereditario en la inteligencia, lo mismo que en referencia a las familias privadas de ella o con signos de torpezas. Un hijo o un nieto pueden o no superar la tasa intelectual de su padre o abuelo, esto en todo caso no depende tanto de la determinante genética como de la autoroganizacion biográfica del sujeto que le siga.

La reproducción humana ha sido y sigue siendo tratada como una ley natural de vida. Cuanto más religioso es un país más se ponía el hecho de la natalidad en el énfasis de la voluntad divina. Sabemos que eso es una mentira nada piadosa para dotar de una coartada a la negligencia. Muchos neonatos siguen naciendo en deplorables condiciones y condenados a la mortandad prematura o a los déficits y enfermedades a causa de padres irresponsables. Antes o despues la irresponsabilidad paterna de los abandonos y los excesos de partos serán punibles por ley en todas partes. Lo único que lo evitaría seria la auto moderación espontanea de la gente. Las nuevas parejas jóvenes africanas en varios países ya no se plantean tener tantos hijos como sus padres. Eso ya sucedió treinta años atrás en Europa. Es cuestión de tiempo que al gente entienda que es necesaria menos gente tanto a escala de micro grupo (familia) como a escala de macro grupo (país, mundo) para ser más felices.

De otra parte, cualquiera que sea la máxima cota de exceso poblacional (se puede saltar en una o pocas generaciones de los 6400millones de habitantes actuales a los 12mil millones o a las 20mil millones) basta que haya una toma de conciencia generalizada para que en otras 4 generaciones la población se redujera a otras cifras mas lógicas para el planeta. Bastaría que de cada dos personas o tres personas adultas hubiera un solo descendiente para que antes de un siglo la humanidad volviera a recuperar una relación más lógica con su espacio. Para esa hipotética situación los humanos de entonces heredaría un planeta urbanizado para disponer de muchos mas recursos de los necesarios con lo cual varias generaciones podrían nacer, crecer y morir sin tener que trabajar para nada para garantizar sus existencias. Quizás eso permitiera la instauración de la utopía social por una vía imprevista: la reducción de la especie en una ratio lógica con su planeta.

Tal vez alguna otra criatura inteligente de algún otro hábitat cósmico haya pasado por eso y nos lo pueda contar. En todo caso a los humanos de la tierra es a quienes compete resolver su crisis poblacional.



[1] Uni Ca(LA UCLA)

[2] . Creador de la escala que lleva su nombre que valora el comportamiento neonatal. Fundador del hospital de niños de Boston de la Child Development Unit. El niño puede aprender a dormir.

[3] ,  La genétique de l’ intelligence, Paris 1973

The Spidermen

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

Tenemos tipificados varios tipos de hombres: los homo ludens, los homo faber, los hombres rata, los homo especulus y ahora los hombres araña. No hay museo alguno que los ostente a todos  dentro de vitrinas vecinas. La psico-antropología queda obligada a reconocerlos.

 La capacidad de disfrute pasó a ser algo genuinamente humano, `posiblemente lo más significativo de todas sus realidades internas para justificar su conexión con la vida; la capacidad de hacer y fabricar objetos le proporcionó dominios en el entorno. El hombre rata aparece con la sociedad industrial y con el despilfarro. También estuvo unido a los tiempos de hambruna. Posiblemente tuvo precedentes en grandes epidemias que diezmaron las poblaciones. En su versión moderna acude a los basureros y estercoleros, recoge medios bocadillos o restos de emparedados, abandonados, tirados o incluso escupidos. No necesita verlos, puede ampararse o no en la nocturnidad, le basta el olfato de sabueso para dictaminar si es comida útil que fuera despreciada por otra boca saciada o está en franca descomposición. El hombre rata es el carroñero más genuino de todas las aves nocturnas, no se cambia nunca de ropa y apesta más que los animales más sucios. Acostarse con un cerdo de pocilga siempre es una mejor alternativa que hacerlo con él. Finalmente el hombre araña es un tipo que no tiene nada de héroe ni es tenido en cuenta por sus habilidades en trepar edificios de acuerdo con un personaje de cómic famoso de igual nombre en singular. El hombre araña es cualquier tipo social, uniformado o no, funcionario o no, empleado o no, que espere a que alguien llegue a la trampa que toma como suya para controlarle y sacarle beneficios para que caiga en ella. La trampa puede ser una barrera o un parquing, una aduana o la puerta de una iglesia, una tienda de souvenirs o un restaurant. Cada uno de esos lugares entre otros cientos son telarañas bien trabadas cuando lo que se exige por lo que se ofrece no está a la altura. Ejemplos de hombres-araña: hay unos tipos que esperan a que aparques tu coche para venir a cobrar por, supuestamente, vigilarlo. Ni el parking  es suyo ni están autorizados legalmente a hacerlo pero lo toman como su puesto de trabajo a falta, supuestamente, de otro.

Los hombres araña no llegan a constituir un verdadero ejército pero su presencia recurrente en geografías y ciudades los tipifica en una misma gramática, gestos y formas visuales. Te imponen su cuota de extorsión que tanto si te gusta como si no tienes que pagarla. Es difícil encajarla bien aunque finalmente siempre que caes en una trampa y te esquilman parte de ti lo mejor que puedes hacer es convertirlo en motivo de relato y experiencia. León Tolstoi ya lo dijo: el secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere sino en querer siempre lo que se hace. No se si contó con que a veces se hacen cosas no decididas por la voluntad o la planificación sino que vienen impuestas por la fuerza de otro. La frase es muy bonito pero no quiero imaginar lo que harían con ella generaciones de esclavos a lo largo de la historia obligados a trabajar a la fuerza o encadenados. Para quien tiene autonomía sobre si mismo el texto queda bordado para quien no la tiene y es un subsidiario en todo haciendo la mayor de su tiempo lo que no desea la frase la tomará como un insulto que además de reconocerlo como un desgraciado le pide que sea un masoquista con sus desgracias. En cuanto a las supuestas experiencias de vida Anguez  ya definió la experiencia como la suma de nuestros desengaños. Lo grave es que el desengaño no siempre vacuna al desengañado para no caer otra vez en la misma clase de experiencia. Lo cierto es que en todos lso caminos del territorio de tu planeta y de tu vida hay gente apostada esperando a que pases para asaltarte. Antes de iniciar un viaje puedes prever distintas circunstancias en las que tratarán de entramparte. Eso ya viene de antiguo.

A veces el spiderman no es un malhechor clásico y trata de justificar su exigencia tributaria de tu persona por el solo hecho de pasar por su terreno o desplazarte a su país. Entonces esgrime palabras que le suenan a razonables o incluso documentadas.  Miguel de  Unamuno supo detectarlo con precisión: un pedante es un estúpido adulterado por el estudio. En todas partes hay conductas para todos los gustos y no dudo que el hombre araña tiene sus apologías y hasta teóricos para su heroicidad. Con la tesis de que lo primero y más urgente es vivir se pueden justificar todos los comportamientos incluidos los de los parasitarios, los saprófitos, los descuideros, los asaltadores de caminos, los agentes de peage, los recogedores de tasas e impuestos, los mal informadores, los aduaneros y los de un sindicato u otro que ponen la mano para su comisión,   Según Heinz Zschokke es infinitamente mas bello dejarse engañar 10 veces  que perder una vez la fe en la humanidad. No sé la envergadura de los engaños que sufrió pero su conclusión tiene bastante de mema y en todo caso no me convence. No hace falta ser científico de laboratorio para saber que la mente humana hace inferencias que transpola a todo un grupo o situación tras una muestra representativa del mismo. Inevitablemente todos los generalizamos sobre los demás y, por tanto, también sobre el género o ser humano o la humanidad, La humanidad es una abstracción que no dice gran cosa. La verdad es que tras ser engañado una decena de veces  uno puede admitir dar un margen de confianza y justificarlos por desajustes genéticos o mentales de la reproducción humana. Cuando la cifra llega a 100 puede hacer otro tanto, también cuando llega a 1000, pero en un momento dado, es decir a partir de una cifra dada la gente se cansa de la gente y se recluye en su reserva permanente. Sin duda los hombres araña contribuyen mucho a que se generalicen las actitudes de desconfianza con la especie.

 

El lenguaje de la violencia

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

El deseo extendido de un mundo en paz queda desacreditado por los continuos conflictos inter-estados. Estos no solo obedecen a complejos razonamientos políticos de estrategias de dominios sino a la expresion más grotesca del potencial de violencia humano. Milenios de cultura no han resuelto la pulsión psíquica de la agresividad. El avance de las civilizaciones ha cambiado unos comportamientos agresivos por otros, lo que no ha hecho ha sido eliminar la agresividad. De hecho, ésta tiene un cierto cartel de elogio: las bolsas de trabajo piden ejecutivos o vendedores agresivos. Por otra parte lo que más se teme de la persona mentalmente desequilibrada es su explosión agresiva. La prevención ante el loco descontrolado no lo es tanto por su discurso desconexo como por sus reacciones violentas imprevisibles. Sin embargo, en su análisis conductual cuando un discurso no es correspondido por una escucha, y el suyo no lo es, la violencia reactiva brota desde  una naturaleza lógica. No hace falta ser un desequilibrado para experimentar la pulsión violenta frente al interlocutor negativo.

Desde la sensibilidad y la actitud bien pensante la apología de la no-violencia es una constante del proyecto de organización de una sociedad madura. Tenemos un principio incuestionable aunque no tan consensuado como se podría creer: el colectivo humano tanto más racional menos necesita emplear la violencia. Un colectivo es lo que son sus individuos, por tanto este principio se puede re-enunciar de la siguiente maduro: una sociedad es tanto más pacífica cuanto sus residentes son maduros para razonar sus conflictos y diferencias sin necesidad de emplear la fuerza física.

Pero la violencia no es un acto que empiece en su escenografía física: la del ataque consumado sino que se da desde el momento en que la intencionalidad de este es sospechada. Si comparamos los actos violentos, la mayoría lo son más por su naturaleza potencial que no por su acto real. La violencia está tan extendida que se ha convertido en lenguaje. No estoy seguro que un fórum congresual sobre ella como tema se pusiera de acuerdo con respecto a delimitarla. Es tanto más fácil hablar de limitación de armas estratégicas o de control de minas antipersona que no analizar la idiosincrasia violenta de la psique humana. Mantener la conversación dentro de lo primero coloca el énfasis en los grandes registros, las grandes potencias o los grandes enemigos, trasladarla a lo segundo lo coloca en la naturaleza individual de cada sujeto. Mientras un ser humano no se reconozca a si mismo en su potencial agresivo y en sus expresiones puntuales de agresividad toda su contribución teórica al tema desde el megadiscurso dejará mucho que desear.

El sujeto civilizado maneja sus furias conteniendo el deseo primario para reconducirlo pro la vía del diálogo, del arte o de la catarsis. De hecho una conversación desarrollada hasta sus últimos puntos a decir es un proceso catártico, tiene el equivalente psicológico a dar golpes, descargar adrenalina o a la lucha física, con una gran diferencia: la conversación no produce dolor físico substituyendo este por el impacto de lo comunicado, algo que bien se puede llamar dolor sentimental.

Los  estudios de personalidad han demostrado que hay tipologías más propensas a la agresividad que otras. En los tests de aptitudes se demuestra. Hay psicologías más proclives al riesgo y al ejercicio de roles de poder, otras, en cambio, lo son a la obediencia. Una personalidad creativa, con iniciativa, con habilidades para la exploración y para la atención al otro se correlaciona más con un potencial de agresividad que no otra apática, no dispuesta a inventar o a hacer nada, que no se mueve del sitio. En la Naranja Mecánica los antiguos compinches del protagonista, más que gamberros como él, se hacen policías para continuar teniendo la cobertura legal para ejercer la violencia. El rol no les cambia la personalidad sino que la personalidad elige el rol.

En su máxima expresión, la violencia global en un estado de guerra, las personas de carácter violento encuentran el escenario ideal para manifestar su verdadera vocación: hacer daño. Las guerras no se caracterizan tanto por sus grandes objetivos estratégicos como por proporcionar la posibilidad para el saqueo de sus tropas. Se termina por matar a todo lo que se mueve y a robar todo lo que tenga un valor. A ambos actos se les retitulará de otra manera: numero de bajas del enemigo y posesiones de puntos tácticos con propiedades confiscadas. La primera gran derrota de una guerra, se ha dicho, es la verdad. Si en tiempos de paz ya se vive con ella exclusa y derrotada, ¿cómo no va a pasar más de lo mismo en tiempos de guerra en que las comunicaciones están cortadas y las autenticas intenciones se ocultan siempre? Si la pulsión de matar no fuera cierta ¿cómo justificar que la mayoría de seres destruidos en una guerra formen parte del personal civil? Parece lógico: los soldados que van a una guerra poco o mucho están entrenados para disparar y esquivar lso balazos ajenos, los que la tienen como soportar reciben las esquirlas y la metralla de aquellos.  Desde el punto de vista de la autodefensa personal cabría pedir que aquellos que se quieren matar que lo hagan libremente pero en un campo de batalla en el que no puedan dañar a terceros. Las guerras clásicas elegían esa noción de campo de batalla el cual era tomado como un duelo entre dos partes con cita. La configuración de la guerra moderna es distinta. Hay países en los que los estallidos están anunciados y pueden saltar en cualquier momento pero las guerras ya no tienen líneas de frentes claras. De hecho la guerra de las armas de fuego es precedida por otros ataques. Antes del último conflicto en Georgia a propósito de la independencia de Osetia sur instigada por Rusia, aquella fue atacada en el ciberespacio. En un mundo sin la paz consolidada los actos de violencia no solo están en los lugares de los hombres armados que tienen por afición ir a disparar un rato contra otros individuos humanos sino en cualesquiera otros sitios en que el poder de las armas obliga a doblegarse a una conducta ajena en contra de su libertad. Es improbable que el humano más pacífico de la tierra no experimente la reacción violenta frente al ataque violento que lo violenta. La experiencia de la violencia es una lección difícil de olvidar. Es improbable que un humano crucificado que ha pasado por  la tortura y la humillación y acosado por parte de sus seguidores, acompañado hasta su último momento tomando su muerte como espectáculo, pueda perdonar a sus semejantes. Los procesos psíquicos tienen su propia dinámica que no necesita autorización de la voluntad de sujeto. Se puede decir una cosa y pensar otra, lo que es peor se puede pensar en unos términos y sentir en otros. El sentimiento es visceral, biológico, interno, descontrolado.

Cuando alguien viene en el rol de la agresividad se puede tratar de explicar teóricamente: pobrecito se ha hecho policía o soldado porque no tenía qué comer. Vamos a perdonarle, pongamos la otra mejilla y así tantas veces como sea necesario hasta que nos arranque la cara a trizas. No, eso no es posible ni es un acto liberador. El cristianismo siempre tuvo algo de mentiroso en este planteamiento. La opción pacifista es desde luego la deseable pero no la más fácilmente ejecutable. Es en todo caso la única que nos queda en una sociedad que no para de crecer en su tecnología de la violencia. Matar a seres humanos se ha convertido en una ciencia. Solo basta encontrar a ejecutores sin escrúpulos y de estos las bolsas del desempleo andan cargadas. Cada vez que me encuentro un soldado veinteañero que pretende extorsionarme y que se ha hecho militar en su país porque ha vendido su conciencia a un estado corrupto convirtiéndose a su turno en corrupto sé que la condición humana fracasa de nuevo en sus principios humanistas. Mi reacción  íntima es violenta. No lamentaría la perdida de su vida si le cayera un ladrillo en la cabeza. La misma sensación la puedo extender a otros muchos que como él eligen el oficio de las armas por negarse a trabajar o a dignificar sus biografías. Napoleón antes de ser emperador y de que nada hiciera pensar de él que seguiría su carrera militar ya se veía a sí mismo ocupando militarmente Córcega. Hipotetizo que un estudio de su personalidad lo revelaría como un psicópata que abrazó una ideología para extenderla imperialmente por el mundo no por el supuesto valor ideológico de ella (Hegel lo elogió precipitada e indebidamente) sino para justificar su supuesto valor como personaje de la historia. El gran problema metodológico de la historiografía ha sido su disociación del análisis psíquico de sus personajes. Sin psico-historia no hay historiografía objetiva. El gran estratega o el príncipe de multitudes necesita una tipología psíquica muy precisa en la que valore el llamado interés nacional o de la patria en contra de la sentimentalidad particular. En realidad su pobre figura por conocida, reconocida y temida que sea no pasa de tener tratos personales y sentimentales con muy poca gente, lo que a grandes rasgos nos pasa a todos. El ego se enaltece o funciona ante hipótesis de reconocimientos de gente muy concreta y cercana: una decena de personas a lo largo de toda una biografía sería un número exagerado. Las grandes hazañas bélicas y no bélicas pretenden antes que nada la restauración del ego ante uno mismo. Posiblemente por eso la historia ha estado en manos de los más indeseables o psicópatas y los estados, especialmente de los países no democráticos o peridemocráticos, siguen estándolo.

En ese foro para ese tema la comprensión de la violencia se alejaría tanto mas de los concurrentes a la sala y a las reuniones de trabajo por grupos cuanto más se ubicara el problema en los demás y en las instituciones armadas y más se quitara la atención del uno mismo. Para examinar la violencia hay que entenderla en sus procesos de lenguaje. Existe una violencia sutil en el mismo vocabulario en forma de discurso lesivo y una violencia no tan oculta en las morfologías urbanas: formas arquitecturales, formas de vestir, formas de andar. Se puede calificar algunas de soberbias o cínicas cuando en realidad deberíamos señalarlas como una disposición a la violencia. Si bien es cierto que es preferible un lenguaje verbal con intención comprensiva a un lenguaje explícitamente violento con la acción de los puños, los machetes o las armas nadie en su sano juicio y autoconocimiento puede negar su disposición potencial a ella hasta el extremo de matar si las circunstancias lo colocan en la tesitura de hacerlo.

Está contemplada la muerte en defensa propia aunque es difícil que alguien no tenga problemas por haberlo por muy evidente que sea el ataque. Un criminal que ataca a un domicilio particular muerto por el dueño de este dentro del terreno de su propiedad va a tener problemas porque el muerto en principio va a tener todos los derechos legales de su parte. Alguien que trata de robarte y lo pones en fuga  y en su huida tropieza, se golpea y muere va a crearte problemas por ser tú tipificado como inductor a su muerte. Las lagunas jurídicas para la interpretación de los hechos pasa por lo que se llama atenuantes. Lo que para un análisis es un atenuante para otro puede ser un agravante. Lo que no cabe duda para nadie, es que vivimos en una sociedad cada vez más sociopática, es decir con un mayor índica de psicopatías, cuyo marco criminológico genera así mismo un crecido sentimiento de vergüenza ajena.

Los lenguajes de la violencia desbordan el estricto marco de la violencia física. Alguien investido con un uniforme dando una orden es un tipo ejerciendo una violencia, aunque por el momento no tenga el dedo en el gatillo. Para sostener su presión basta darle la vuelta a cada asunto y tratarlo como lo que es: un ignorante prepotente que a falta de inteligencia tiene que acudir a la fuerza bruta para hacerse escuchar. La mejor de las venganzas ante su actitud y una buena manera de reconducir la tensión interna es burlarse irónicamente de su estupidez. Cada instante de sospecha de que la sufre en sumo grado lo hunde aun mas en su miseria humana pero no necesariamente lo separa de su rol violento. La sociedad militarizada -y toda sociedad con una multitud de cuerpos represivos lo es- denomina a un modelo social cargado de asesinos en potencia. Esa es la verdadera cuestión del tema: la potencialidad homicida del ser humano, no solo del que toma la vocación de las armas sino también de cualquiera que honestamente reconoce su disposición a la violencia en casos extremos. Hay fórmulas para reconducirla, el Guernica de Picasso o el Grito de Munch, la contienen. Los relatos de ficción de los distintos subcampos de género en los que hay muertes y ataques, también la contienen. Hay una extendida teoría que afirma que la violencia convertida en espectáculo (sea con los softs para matar a lo que sea digitalmente o sea en thrillers o pelis de zombies) es una forma de diferirla que permite una descarga adrenalítica en la condición de espectador que así no pasará nunca a la consumación de acto como destructivo.

Otra teoría, a la que me apunto, sostiene que toda apología de la violencia es en sí misma un acto de violencia y un instrumento para excitarla, extenderla e instruirla. El ser humano está por hacer. Cada vez que se le discuten sus atrocidades y se las señala como antihumanas, se olvida que el comportamiento de la humanidad a lo largo de la historia ha sido ambivalente, habiendo quien ha hecho grandes obras humanitaristas y quien ha ocasionado grandes destrucciones y padecimientos. Hay responsables de enormes males que no tienen el menor sentimiento de culpa. Esa es la ventaja del psicópata. Por su lado, quien mata, aún legítimamente, pero en el fondo sabe que eso no debería haber sucedido nunca es posible que viva con ello como una señal amarga en su vida. Modernamente matar o morir ya no pasa por una voluntad propia o ajena, la muerte sobreviene continuamente en actos de violencia sin que haya una disposición violenta subjetiva para ellos. Morir en la carretera es un acto violento diario que no remite a una intención ni suicida ni homicida, al menos de una manera consciente. Morir en un accidente de obra (la construcción sigue siendo el ramo de trabajo que mas accidentes mortales produce) es un acto violento aunque en principio el patrón irresponsable que no ha instrumentado las condiciones de seguridad no lo haya planeado deliberadamente. Matar por error también se da. De hecho matamos especies inferiores que ni siquiera vemos sin darnos cuenta. Nos defendemos de intrusos en nuestro hábitat o en nuestro organismo que nos enferman. Antes de que uno se plantee la violencia entre humanos está ya se viene dando en el proceso de la vida y ha sido naturalizada. La creación de vida implica la destrucción, la restauración y la salud también. Hay un tipo de muertes para las que no se siente ninguna clase de pena y otras que sí. Cuando te enteras que mueren 150 pasajeros en su vuelo al tratar de despegar puede generarte un sentimiento de indefensión total, en cambio la muerte de grupos armados rivales por controlar el mercado de la droga te deja absolutamente indiferente. No todas las muertes tienen el mismo valor  porque no todas las vidas lo tienen. Reivindicar el derecho a la vida de todo el mundo es un tema complejo, mucho más cuando se quiere distinguir entre el mayor valor de unas y el menos valor de otras. La igualdad condicional y un igualitarismo obsesivo no dejan de ser una presunción humanista del XIX nunca convertida en realidad e insuficientemente entendida. Mientras la humanidad siga viviendo en su mayor parte en las peores condiciones de habitabilidad, la discusión psicológica será apartada de la discusión sociológica sobre sus derechos.

En los multi-tratos temáticos también hay un ejercicio de la violencia. Hay criterios y actitudes que en ellos mismos nos violentan: la discriminación es uno de ellos. La violencia es una dialéctica expresiva que va encadenando sus eslabones: cada acto violento no se puede juzgar en si mismo aisladamente sin valorarlo en su contexto de pertenencia, en el proceso que ha llevado a él. No tiene nada que ver matar en defensa propia a matar por codicia de las posesiones ajenas. En el primer caso la probabilidad del sentimiento de culpa es menor o nula mientras que en el segundo caso ese sentimiento puede convertirse en una tortura para el homicida (el caso del protagonista de Crimen y Castigo). Todo se refiere al marco cultural de inserción. Quien mata en una guerra queda justificado por sus favores a la patria. Desde que hay obuses en las guerras, en realidad desde que se instrumentaron las catapultas y los envenenamientos de los ríos que suministraban el agua a las ciudadelas el homicida se separa de su victima, sabe que la produce pero no de una forma individuada. Es como el pelotón de ejecución que lleva una bala de salva en uno de los fusiles. Cada soldado podrá permitirse el juego mental con su imaginario de creerse que él no fue realmente el que mató al ejecutado. Hay muchas formas de justificar el papel propio en un proceso de violencia. En un mundo en que hay gente que se mata por una discusión de tráfico (recuerdo que cuando estuve en Manhattan un conductor mató a otro en una discusión en uno de los puentes) no se pueden esperar demasiadas cosas. La violencia está a flor de piel, otro tema es que se tenga la mala suerte deberse envuelta en ella. Yo que soy y me creo muy pacifico. No he tenido más que una pelea física en toda mi vida, (en la que por cierto salí perdedor y no me defendí, debo ser un cobarde) siempre he llevado las disputas al terreno de las palabras. He visto como con ellas las caras de la rabia se han puesto rojas o las rabiosas caras del atacante han vuelto paulatinamente a su estado tranquilo. Los humanos como las fieras hay que sosegarlas con sonidos de relax. Pero no siempre se tiene la habilidad pedagógica para eso ni las ganas de perder tiempo en el capullo que no entiende las condiciones básicas para una convivencia pacífica.

Lo importante del tema es el reconocimiento del potencial de violencia de todo ser humano. No hay individuo en la tierra por muy pío que sea y muy beato o santo que se le haya tratado que no tenga sus cuadros de violencia reactiva. Ojalá pudiéramos afirmar que la violencia solo pertenece a los comportamientos psicópatas o a las conductas imprevistas de los más locos. La condición agresiva es inherente a la de la vida  animal en todas sus manifestaciones y la humana no es una excepción. Esto no la justifica pero conviene no olvidar este dato para tomar medidas para reducirla hasta eliminarla por completo.

 En los mismos lenguajes religiosos existe el discurso de la violencia al hablar de dioses vengativos o discriminativos en cuanto a dejar pasar o no gente al paraíso celeste. Por su parte, en los discursos a la patria se pretende valorar la importancia de lo propio alegando la destrucción de lo ajeno. Los muertos por la patria de la Casamance en su monumento en Ziguinchor demuestran una contradicción epistémica desde el momento en que hay muertos ocasionados por esa misma patria como el Senegal unido en contra de las ambiciones nacionalistas de su región sur.  La defensa de la dignidad personal pasa también por no aceptar el ultraje ni a la propia idiosincrasia ni a la integridad física. Dejarse matar por no querer ser violento es mas absurdo que matar a quien es violento profesional. En esa segunda opción finalmente se puede pensar que se limpia el mundo de indeseables.

Elaborar el tema desde esta perspectiva coloca los actos de violencia como otros tantos dentro de la complejidad expresiva del ser humano. A menudo je visto escenas de cordialidad entre animales de distintas especies (perros y gatos domésticos por ejemplo acostados juntos) que entre seres humanos. También hay animales que tienen un comportamiento mas pacifico entre ellos (los pingüinos o las gacelas, no precisamente las palomas que impropiamente han copado el símbolo de la paz) que no el que tienen lso seres humanos La inteligencia humana no lo ha librado por ahora de fierezas del todo impresentables. Lo mejor que se puede hacer ante un tipo, caracterial y profesionalmente, violento es apartarlo del propio campo relación. Negarle la comunicación. Es lo que hacían los antiguos guanches con sus criminales, tal vez a falta del concepto de cárcel. En todo caso una cárcel como instrumento de condena y de aislamiento a un ser social puede ser menos dura de llevar que el hecho de que se le haga el vacío absoluto a alguien porque no sea merecedor de pertenecer al género humano.

Expresar todo esto en estos términos no está exento de una cierta violencia lingüística. Desde el momento en que reconozco el potencial violento de todo ser y que es por los protocolos culturales que se inhiben las respuestas agresivas pero que estas psicológicamente son producidas y son reconocibles, cualquiera en un momento dado puede destruir a alguien al que las circunstancias le enfrentan, Afortunadamente la civilización en la que estamos substituimos los duelos a muerte por la exclusión del trato, manteniendo un buen numero de contactos conocidos y otros contactos que nunca llegan a establecerse en el campo de la indiferencia que es una forma implícita de rechazo.

Falacias Democráticas

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

Falacias y Perspectivas del Estado democrático.

La democracia, redifinámosla una vez más, es la participación popular en la gestión del poder. Eso tiene diversas aplicaciones en cada estructura de estado y de país pero todas guardan la constante de que esa gestión es en realidad una delegación. Es decir el grueso social limita su actividad política a confiar en unos o en otros en cada temporada electoral traspasándoles la función de gobierno. Esa delegación es algo más que un acto político, si bien aceptado como el más sublime y crucial si cabe de las instituciones democráticas –el de los comicios-, es  también, o cabe interpretarlo como, una enajenación psicológica. Yo te voto para que cumplas el programa que prometes, si no lo haces te castigaré votando a otro la siguiente vez. Bueno, no deja de ser un sistema de presión pero no es directamente una participación democrática. Concebir una democracia en asambleas de participación directa pro centro de trabajo y distritos de residencia es algo que se hace tan enormemente complicado que salvo en periodos convulsos sus expresiones orgánicas no terminan por consolidarse. Cuando lo hicieron (recuérdese la experiencia de los soviets) terminaron por crear una estructura burocrática y consiguientemente un procedimiento de delegación.

No sé puede pensar que la democracia sea un estado definitivo de regulación del poder. Si bien no se ha propuesto como el mejor modelo de funcionamiento político para una sociedad si ha sido y sigue siendo la alternativa, deslucida pero alternativa al fin, ante periodos truculentos previos de dictaduras insoportables. Sea como fuere, es, desde luego  un modelo alternativo a otras formas pretéritas de tiranías en sus diversas versiones. La democracia básicamente obliga al estado a que lo sea, es decir a que rinda cuentas transparentes ante una sociedad que se las exige. No es el paraíso donde todas las opiniones coexisten tranquilamente ni todas las sensibilidades son aceptadas. Su hecho presencial no significa que el espíritu de las tiranías haya desaparecido y que la nostalgia por los viejos tiempos se haya extinguido. Hay quien sueña todavía  con sables y con su arma de matar no muy lejos de su cama. La democracia permite, si bien no de una forma ilimitada, la libertad de expresión. Su límite está justo en aquellas tesis y temas que ponen en serios aprietos a figuras de poder que no quieren ser descubiertas en sus trampas. De aquí que la democracia en el sentido de total hasta las ultimas consecuencias de su significado, el autogobierno popular, es una mentira conceptual. No solo no existe si no que no es posible que existe, --o para no ser tan fatalista- no es posible que exista dada la falta de condiciones previas de implicación social. La democracia real pasa, o debería pasar, por la intervención social continuada no desde la barrera de lso comentarios de los acontecimientos sino formando parte de ellos. Esto es, saltando del antagonismo de la posición critica como única intervención, al protagonismo de acción social concreta como intervención complementaria sin dejar aquella.  Está demostrado que cuando uno participa de una actividad es cuando se da cuenta de sus verdades dificultades de creación. Además, tiende a proteger los resultados y  a hacerse renuente de críticas externas que han hablado mucho y no han hecho demasiado. Por lo que hace al debate social hay dos tipos de intervenciones, las de quienes se mantienen en la teoría, hartos posiblemente de activismos experimentales que no han llevado a mucho; y la de quienes están más interesados en las actuaciones concretas y su respaldo un tanto refractarios a los debates reflexivos. Se dirá que lo mejor es el comportamiento híbrido generado a partir de las dos posiciones. Ni tanta teoría ni tanto practicismo. Indexar ítemes de los uno y de lo otro no resulta tan ejecutable. La democracia es un canto a la participación ciudadana justo hasta el momento es que esta participación no ponga en peligro los intereses de poder. Tan pronto el intervencionismo cuestiona la gestión de poder o los beneficios que obtienen los poderosos del mismo, va a ser recriminado y excluido. Hay un canto de cisne al participacionismo para que como fenómeno acredite la democracia pero una mano de hierro para cortarlo si extiende esa democracia a las criticas acertadas.

El estado democrático no deja de ser un gestor de una sociedad basada en el capital y en las mercancías, en su producción, acumulación y circulación. No importa el color de su enseña ni el nombre de su partido un gobierno se parece enormemente a otro por lo que hace a esa defensa cerrada del sistema. Cuando el sistema se encabrona y tuerce como consecuencia de la irracionalidad y de los egoísmos que lo mueven, entonces el estado se autorreplantea su función declarándose capitalismo monopolista de estado o  dictando reglas y arbitrando el juego. 

Cada vez que el estado interviene justifica su intervención como paliativa de los déficits que espontáneamente no resuelve esa sociedad. Pero a más intervencionismo en la sociedad significa más potestades dirigistas, en definitiva más capacidad de manipulación. El estado democrático se convierte así en una dictadura consensuada. De hecho, una de las definiciones colaterales de la democracia  pasa por mencionar que es la dictadura de la mayoría.

Una perspectiva, pro ahora utópica, del estado democrático seria el de reunir en tiempo directo y real el pulso de la opinión social. El famoso estado de la nación dejaría de ser lo que los portavoces de los cuatro partidos interpretaran para ser la recogida de opiniones de la sociedad. Cuantos más hilos directas puedan establecerse entre los gestores de gobierno y los gobernados más sabrán a que atenerse los unos y los otros.

La democracia sigue siendo un objetivo, incluso para los países con más larga tradición democrática. Nadie ha alcanzado la panacea y la falta de un movimiento democrático autoexigente con sus postulados y críticos de los limites de las sociedades democráticas, unas por pseudodemocráticas y otras por volver hacia formas tiránicas del pasado, eso sí, votadas; hace de ella una especie de espejismo como El Dorado tras el cual la expedición de Ursúa y Lope de Aguirre hacia el 1560 fracasó no solo por no encontrarlo –que no existía- sino por autodestruirse como expedición. La paradoja de los modelos democráticos es que tienen demócratas encarcelados.

No podemos olvidar que la historia de la democracia moderna ha ido pareja a la historia del conflicto mundial entre bloques y con conceptos distintos de entender la participación social. El mundo que tenemos configurado sigue siendo el de división de áreas geopolíticas de poder, aunque desde el área de influencia norteamericana, incluyendo el suelo europeo, se tienda a hacer un análisis sesgado cada vez que se afirma que los USA es el imperio más poderoso de la tierra. Mac Arthur, general, héroe de la IIGM decidió poner fin a la amenaza comunista tras la invasión de Corea del Sur en 1950 por tropas rojas del Norte. Llevó a cabo una de las mayores operaciones militares pero dos meses después la China comunista entró en la guerra con ataques aéreos masivos en represalia. Enfurecido por la derrota propuso un plan para arrojar bombas atómicas sobre China, un acto que sin duda hubiera desencadenado la guerra nuclear global .Afortunadamente para poderlo contar, fue destituido por el presidente Truman. Le evitó la IIIGM aunque comenzó la guerra fría. A escala internacional, los avisos de las distintas partes antagonistas están dados. La historia particular de cada país con sus retos concretos por una democracia a escala de su geografía particular oscila también por el panorama de afuera. De hecho la tesis que ya en su momento demostró ser inviable del socialismo en un solo país se puede trasladar a los límites de la democracia. Una democracia integral en un solo país es mas que cuestionable sino concurre la aceptación y colaboración de sus vecinos.

La condición de no verdaderas de las democracias en curso queda demostrada por la no concurrencia en igualdad de condiciones de todas las opiniones, especialmente las progresistas. En cuanto a su perspectiva podrá progresar en tanto se acepte el concurso plural y multidinámico de los análisis y las ideas a favor de un mundo de y para todos.