FLUENCIA TRANSCULTURAL

Contribuciones Disertativas

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

Contribuciones disertativas. Sin Propuestas inminentes.

Antiguamente creía que sin teoría social no sería posible una nueva sociedad. Sin una guía teórica era imposible una dirección de un movimiento social. En definitiva sin palabras no habría escena posterior que las  representara consolidándolas como panorama real. Al mismo tiempo nunca se dejó de valorar la acción por si misma. Mientras los filósofos de todos los tiempos y latitudes pensaban y repensaban los significados de la vida, mientras los científicos iban descubriendo una a una las leyes concretas que explicaban las formas y los fenómenos, todos los seres vivos, coexistían en distintas órdenes de tolerancias y conflictos, sin tener la mayoría de respuestas para las cosas que hacían.

El común denominador de toda clase de seres, inteligentes o no, ha sido/es primero vivir y después preguntarse –si se lo pregunta(ba)n- por el sentido de la vida. Por algún tiempo se supuso que quien hacia de su vida vocacional una entrega a tiempo completo al pensamiento y a la elaboración teórica debía construir y completar un gran sistema que diera respuesta a todas las preguntas y agotara con su análisis todas las explicaciones. El filósofo que no presentara una doctrina o un sistema filosófico completo era un maldito. También lo era el que sin decir la última palabra sobre un espacio temático decía las palabras o presentaba las ideas que no querían ser escuchadas por el entorno cultural de su época.

En algún momento de mi biografía intelectual, aun no madura, pensé que las revoluciones se hacían con un libro magistral como el ¿qué hacer? de Lenin, que diera respuestas a un momento coyuntural y permitiera reunir todas las conductas revolucionarias en torno a la respuesta a esa pregunta. Los hijos e hijas de esa pregunta, tantas veces reformulada,  en épocas posteriores sin que nos convenzan las respuestas dadas o comprobando sus errores de seguirlas, nos hemos quedado sin la tesitura de un teorema crucial que nos emparente (sea el de crear una gran organización o el de reescribir la utopía social pendiente) y con la lista de preguntas abierta y creciente. Para un vasto campo de la teoría todo lo que es dado a hacer es la disertación. La elaboración es un proceso desiderativo del que se van desprendiendo o destilando gotas esenciales para sostener conclusiones. A diferencia de la ciencia básica no se precipita en buscar la causalidad con determinados efectos. Si pinchas una determinada neurona en el cerebro del ratón este no dirá ¡ay! pero verá excitada su hambre, su sed o verá paralizada su pulsión copulativa. En la disertatividad del complejo campo de lo social, de las letras y de las fantasías de vida, el teórico no va a su puesto de trabajo cada dia con la intención de convertir el plomo en oro o una piedra en pan, o el barullo confusionista del mundo moderno en una propuesta de esclarecimiento universal. De hecho no tiene ni siquiera un laboratorio al que acudir, ni un alambique en el que destilar la sabiduría. Todo lo que tiene son palabras. Ampliará las del día anterior con las del siguiente dándole vueltas a lo mismo. Externamente será víctima de sus propias obsesiones por darle vuelta a los mismos eternos temas para los que sabe que no hay soluciones. Tal vez el matemático también vea pasar un día tras otro llenando su pizarra de fórmulas y procesos deductivos sin llegar a ninguna conclusión definitiva o el fisioneurólogo no sepa que hacer con tatas causas-efectos que establezca entre un cerebro y el resto de la anatomía que estudie al no comprender el fin último  que de cuerpo a todos los actos.

En la actividad social y especialmente en las reflexiones que mueve se diría que todo el mundo es válido para opinar sobre los actos de vida por el solo hecho de protagonizar los de la suya. No necesita ser ni científico, ni pensador de lo abstracción, ni alquimista, ni dedicarse a la investigación sistemática. De la política y de los hechos de la calle todo el mundo puede constituirse en crítico. La gente –entiéndase, los hablantes- se distinguen/nos distinguimos entre aquellos que suele decirse que hablan por hablar, sin que sepan realmente lo que dicen, y los que toman el habla como algo muy serio y como lo que les representa en lo fundamental, no usándola para propalar falsedades o para inducir a errores a los demás.  Una gran parte del habla, la que está(ría) dentro del primer grupo, es para el entretenimiento o para facilitar la vida cotidiana para la obtención de las cosas, incluidas las relaciones humanas de goce. En la otra parte del habla militan investigadores y filósofos en general, también políticos de lo social.  Todo ser humano tiene la condición política a partir de su condición de vecino con la colectividad por la que es influenciado y sobre la que suele opinar. Pero no es eso lo que hace a un político, sino su vocación profesional o de conspirador alternativo proponiendo otro tipo de estado, por tanto, otro tipo de gestión del poder. Todo el mundo sabe distinguir lo que es un político de quien no lo es. Raramente desde la filosofía te ocupas de la política. De hecho la filosofía -también el arte- ha sobrevivido al margen –y a menudo en contra del campo de poder- de esta aunque se haya beneficiado de sus auspicios y ventajas (tanto la figura del filosofo de enseñante del hijo del emperador, como la del bufón haciéndole el teatro que le complaciera, tienen una concomitancia de marginados). La cultura pide concreciones y los modos relacionales tienden a simplificar las cuestiones. Las conversaciones serias son/serían para arreglar algo. En los trabajos de bachillerato el profesorado todavía exige de los trabajos de sus alumnos un apartado final que diga conclusiones. No, el formato ya no es éste. La tríada de la tesis-antítesis-síntesis no nos sirve. Cada intervención no tiene porque llegar a una conclusión. La conclusión, en todo caso, diríase que obliga a la propuesta y esta a la acción. Detengámonos en este esquema. Cada conclusión está por ver si está suficientemente conclusa como para no revisarla al día siguiente y modificarla. En cuanto a la propuesta puede ser emitida sin vincularse obligatoriamente a su continuidad.  En las asambleas determinadas por condiciones paupérrimas la posibilidad disertativa era nula. Demasiado se hacía si se contaba con la asistencia en torno al común denominador para procurar un paliativo para un déficit. Convocar a una asamblea sin llegar a una conclusión significaba que se auto desconvocaba por sí misma la siguiente. Pero alcanzar esa conclusión esperada (consensuada o impuesta) de  no llevarla a cabo era igual a la frustración colectiva y a la pérdida de energia para una nueva acción.

La historia de las letras y de los actos está plagada de disociaciones entre el decir y el hacer, entre lo decidido y lo actuado, lo programado y lo conseguido. El político siempre se debe a su táctica plan y a su lista de objetivos, el filósofo a su disertatividad. Esto los desmarca  y envía a territorios mentales distintos e irreconciliables. El filosofo se debe a una metodología rigurosa en la que actúa en función del pensamiento, el político se debe a sus cálculos y alianzas y a lo sumo al posibilismo de lo pensable.

Cuando tomas la palabra en una asamblea ciudadana no puedes hablar de Alcíbiades y Sócrates, ni siquiera de Lisítrata, aún menos de Revolution de los Beatles, aunque eso suene más; tienes que hablar de Portoalegre y de los presupuestos democráticos, citar la experiencia de tal cooperativa o de tal otra, de determinados éxitos municipales o de formas organizacionales modélicas del espacio de otros países.   Cuando intervienes en un tema de lo social se esperan conclusiones ejecutivas. De lo contrario el habla es impugnada; ¿para qué hablar tanto si no hacemos nada? Siempre hay alguien que pregunta o piensa. Bueno, si no habláramos aún haríamos menos. Ese hablar, incluye escribir o trasladar lo que se piensa al discurso construido.  Después de décadas de escribir propuestas, mociones,  iniciativas, convocatorias, proclamas,  panfletos e insistir en citas utópicas, el agitador se cansa no ya de los demás, para los que siempre tendrá la disculpa adecuada (su inconsciencia, su incultura, su analfabetismo, su pobreza, su miedo,…)sino de sí mismo repitiéndose en el rol del agitador. Agitador es el que denuncia situaciones e insiste en propuestas de acción para acabar con ellas. No es un ignorante. Es el héroe, el que sabe más, el que demuestra ese saber en público y no se cansa de persuadir, proselitizar, demostrar y pedir la acción para la liberación de los que se repiensan darla. Sí hay motivos para la acción, para las protestas continuas, para llevar el discurso del contubernio al espacio público de la plaza, el pabellón o la calle pero la mansedumbre dela mayoría es la que decide. Al final la teoría y su espiral esotérica queda encerrada en conspiraciones metafísicas, sean eruditos o sean miembros selectos de un club. Al final todo queda en la disertatividad frente a una escasa falta de ejecutividad. Lo ejecutivo es el preparativo para encuentros disertativos. El gato medita acerca de si su cola pertenece a su cuerpo o es otra clase de animal en movimiento. En ese círculo tratando de alcanzar la captura, la de las respuestas el investigador se cansa de llegar a unas conclusiones pero se encuentra otras inesperables y el activista termina por prescindir de la constante activa de la lucha para aceptar el sosiego de la reflexión.

El momento puede ser enriquecido por las contribuciones disertativas  sin esperar propuestas inminentes. Ya hemos llegado a todas las urgencias. El mundo seguirá encendiendo las calderas de los infiernos, la gente seguirá naciendo para  sufrir y morir, el ser humano seguirá en el formato del proyecto por realizar. La teoría disertará sobre todo esto. La propuesta de todos a la acción para engendrar algo nuevo  seguirá circulando en sus distintas versiones aunque no detentará la garantía de la vanguardia o de la dirección histórica. La historia del mañana, al menos la de este siglo y este milenio  mantendrá  tendencia histórica a las viejas contradicciones, a la propiedad privada dominante, a los clasismos y a las injusticias.

La  única propuesta inminente es la del criterio que me valgo: testificar el mundo en el que vivimos y los seres que somos con nuestras acciones creativas. La propuesta es ésta: que cada cual tome sus artes como armas (sus  videodocumentales, sus pinturas, sus `poemas, sus novelas, sus danzas, su teatro, su estética, su nudismo o sus vestuarios)  salga a la calle y diga lo que valgan.

 

La Solidaridad y sus Negocios

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Este es un panfleto contra la solidaridad incondicional. No acudiré a una ciclostil con manivela para divulgarlo. En otra época que mi noción de pérdida de tiempo se hallaba en una fase subevolucionada lo hubiera hecho.  Pero en ese otro tiempo mi grito era el de la solidaridad. Uní mi voz al grito afónico que la clamaba. En realidad todos los males de la historia se resumían en uno solo: la incapacidad humana para ayudar a los necesitados. Bastaba que cada persona compartiera sus recursos con quienes no tenían ninguno para que el socialismo fuera un hecho. No negaré que la venda idealista de mis ojos tardó algún tiempo en caerse. La solidaridad ya no es aquel grito de clase de una clase que supuestamente todos estaban/mos hermanados por nuestras miserias y explotaciones; se ha convertido en uno de los negocios modernos más sutiles. Dentro de los males de África, ya se baraja la hipótesis de las miles de organizaciones trabajando en su cooperación como uno de ellos que, lejos de crear desarrollo justifican a sus estados que no se ocupen del tema.

Cada vez que un europeo da un euro para los pobres africanos o que se dedica a apadrinar a alguien del tercer mundo olvida que está permitiendo dos cosas: que la sociedad ayudada tome conciencia de si misma, se rebele y evolucione de una vez y que las instituciones de los países ayudados trabajen en programas de desarrollo. El presidente senegalés comentó algo así como que mientras los europeos trabajan los senegaleses bailan.

En los países del subdesarrollo algo que salta a la vista es la gran capacidad para soportar oprobios de sus gentes. La esclavitud no solo fue un deplorable hecho económico, hubo una predisposición psicológica. Los esclavos africanos eran capturados por los jefes de sus tribus, algo completamente distinto a los esclavos sometidos por el imperio romano en su expansión obtenidos de  las filas de los perdedores de sus guerras.

Un estudio riguroso del panorama de las oenegés en sus zonas geográficas y ámbitos de intervención así como del intervencionismo católico y tradicional y de otras religiones posteriormente como los protestantes, revelaría que está generando un volumen de capital sí, pero para nutrir una nueva clase ascensional, no para resolver los males endémicos de los países  y temas en los que se interviene.

Hay algo de la ayuda que pervierte al ayudado si le destruye su dignidad. De una parte quien la tiene ya no se deja ayudar fácilmente y si lo acepta es contrayendo un débito o una contraprestación a la que se vincula ética y responsablemente para devolver. De otro, quien solo ve en un continente desarrollado la posibilidad del dinero va detrás de un espejismo.

La solidaridad incondicional es un contrasentido en si misma. Ayudar por ayudar puede ser una práctica que complazca o beneficie más a quien ayuda que a quien es ayudado convirtiendo a éste en un inútil consolidándolo en su incapacidad para salir de su agujero. Hay un salto de degradación del pobre que se convierte o es convertido  en un miserable cuando deja de creer en si mismo y en el tránsito de su circunstancialidad, poniendo su supervivencia en manos de otro, de un padre estado benefactor o de una institución religiosa. Hay Ongs familiares, por llamarlo de alguna manera, que confunden la ayuda con la caridad de toda la vida y al pobre con el inútil que lo será siempre. Hay que ayudarla porque así lo mandan las sagradas escrituras. Tuve la oportunidad de tratar con limosneros de todas clases: los de las puertas de las iglesias han hecho escuela y han puesto una imagen en las ciudades como una saga particular. Son los expertos en poner la palma de la mano y lo que es más, conseguir vivir de este típico gesto del vago consubstancial. Como ejercicio experimental he tenido compañeros que llegaron a hacerlo para reunir dinero con el que pagar un billete de tren o para descubrir que era un modus operandi de subsistencialidad. Los limosneros europeos ya no son unos muertos de hambre, pálidos y translucidos a punto de lipotimia, son tipos cebados, con chaquetas de cuero y con la sonrisa entrenada del hipócrita. Las almas caritativas que van al rosario de las 7 de la tarde se apiadan de ellos. Hay una estrecha relación entre lo que hace la piadosa ayudando a un desconocido que le pone la concreción de su praxis religiosa a la puerta de su iglesia y las solicitudes recibidas por oenegés de personal que espera la sopa boba en forma de tecnología avanzada o de proyectos realizados.

La definición moderna de solidaridad es la de aquella práctica de ayuda que no exige ninguna contraprestación por salvar de la extrema pobreza, la enfermedad o la muerte a hermanos de especie. Sin duda hay una solidaridad que apunta  en esta dirección. Hay otra que funciona como trust, conglomerado de empresas con exenciones fiscales, extendiendo pautas occidentales de curas o de intervenciones, que además de promocionar supervivencias y desarrollos, lo más que contribuyen indirectamente es a extender el potencial del mercado capitalista a un mayor margen poblacional de consumidores. Las oenegés de mayor renombre no están exentas de una crítica fundamental por lo que hace a trasladar enfoques externos en contra de culturas tradicionalistas basadas en principios naturistas reconocibles como válidos. Las ONGs tampoco son algo tan al margen de intereses de los poderes gubernamentales. Bernard Kouchner, máximo responsable de la Sanidad francesa fue cofundador de Médicos sin fronteras. Fue calificado como el Malreaux de la era mediática en un tiempo en el que lo más traicionado es la comunicación, también por lo que hace a la ayuda médica en países subdesarrollados. No hay que olvidar que el llamado subdesarrollo no es solo la realidad patética de un mundo estructuralmente discriminatorio, también es una elección de vida en masa. La pobreza es en si misma un concepto relativo. Un estado que no es capaz de garantizar la electricidad continuada todo el año en su territorio pero en cambio malgasta el dinero en empleados funcionariales que no funcionan o en armas, es literalmente deplorable.

Este panfleto no he conseguido escribirlo. Si lo intento de nuevo mucho me temo que pediré ninguna ayuda para nadie que se coloca en la posición de ser ayudado sin haber previsto antes las consecuencias de sus actos. Mientras la gente tenga hijos irresponsablemente, se ponga las sogas al cuello tal como lo viene haciendo, llenarles las panzas no tiene nada de solidaridad humana, es un pretexto para calmar conciencias o para no luchar por otros registros de reorganización social y de activación de las conciencias.

 

 

Democracia comunicativa.

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 Democracia Política y democracia comunicativa.

Si bien la democracia política deja mucho que desear por la no-participación de todas las opiniones, sensibilidades, etnias o nacionalidades en los mecanismos de decisión legislativa, no hay otro remedio que aceptarle las virtudes en comparación con otros estados y países que todavía van demoradas en formas precedentes de gobiernos en los que clanes de poder (civiles o militares) imponen la tradición o su fuerza sin contar con la opinión mayoritaria. La democracia política, sin embargo, no es la panacea social. Los estudios críticos de las formas bipolares en las que acaban cayendo, con partidos de poder que comparten la alteridad de gobierno, demuestran dejar el grueso social en las antípodas de lo que es la plena libertad política. No hay democracia real sin participación social en los asuntos de estado. Pero tal participación pasa por una compleja estructura de delegaciones. Quien quiere participar debe organizarse en un partido al que rendir cuentas y subordinarse. Lo que realmente participa en la democracia de un país son los asociacionismos partidistas, los entes colectivos, y de estos es bien sabido que lso minoritarios suelen estar anclados en el ostracismo. Por otra parte en sus enunciados y proclamaciones la democracia se caracteriza por otorgar todos lso derechos civiles para que todo el mundo pueda expresar sus opiniones y criticas por todos lso medios posibles de comunicación siempre y cuando tal derecho no pase por el ataque lesivo, la injuria y la falsificación. En ese mismo entramado conceptual para tratar las opiniones encontramos ya un primer pantano contradictorio sobre un derecho al decir por un lado y por otro lado una regulación en su forma de decirlo. Una democracia es tanto más cierta cuantas más posibilidades se instrumenten para la expresión crítica de todo tipo, incluida la burla, el escarnio, el gag y pro supuesta la critica rotunda y seria. La única excepción que cabe es la falsificación.

Esto, que en el espíritu del papel y sobre la lectura está muy claro, no es nada fácil de articular. Las falsedades forman parte de los discursos cotidianos y los políticos, sus discursos y sus personajes, son maestros en el tema. A priori muchas tesis circulantes que se toman por buenas no pueden ser calificadas de falsedades y cuando son descubiertas a posteriori como tales, las caras de cemento de sus protagonistas ni siquiera enrojecen convencidos de que el público vive la instantaneidad y olvida y disculpa los errores más garrafales de sus líderes políticos. De otro modo no se explicaría que candidatos conocidos vuelven a ser reelegidos tras conocer abultados inventarios de sus fechorías.

La democracia política sigue su curso gestando y consolidando uan exitosa clase política (independientemente de sus diferencias ideológicas e interenfrentamientos partidistas) a la que no es nada fácil acceder, como si de la oligarquía financiera o la aristocracia encastillada se trataran.

El resto de la sociedad queda al margen del desarrollo diario de la política. Asiste a ella compartiéndola con el resto de programación de espectáculo en los canales televisivos. Para la mayoría, incluido por tanto el sector poblacional preocupado por su tiempo y su pueblo, el acceso directo a los foros de poder es un imposible práctico. También lo es a los foros de opinión de mayor divulgación. Queda la posibilidad de practicar la democracia comunicacional, es decir la de la participación con las ideas, con los propios análisis y propuestas ahí donde haya foros de escucha y lectura.  La realidad, no lo olvidemos, no es una sola, sino una conjunción de sus múltiples versiones; y la realidad política no se limita a la de la dinámica legislativa de un parlamento y los contactos de alto nivel de los representantes del gobierno sino que se extiende a todos los lugares donde hay debate político. La diferencia es que mientras desde las instituciones surgen enunciados de poder (los que se convierten en leyes de obligada aplicación), desde los lugares de debate lo más que puede surgir son enunciados de proposición  (que no se convierten en aplicaciones materializables).  Los enunciados que se convierten en leyes pasan por laboriosos procesos de mayorías-minorías y aun algunas adelantadas determinadas democráticamente generan resistencia en los sectores ideológicamente más rancios. Asistimos a un doble fenómeno diametralmente distinto: a veces las leyes adelantadas (nacionalizaciones, reconocimiento de matrimonios homosexuales, aborto…) son negadas por un amorfismo social retrasado en sus tradiciones.  En otras ocasiones, las más, los enunciados progresistas emergentes de lso debates, -la realidad del deseo de la calle se puede nombrar a eso- están mucho más adelantados que los propósitos de un gobierno para el breve plazo de su legislatura. Que suceda esto es lo más lógico, ya que los foros de debate son o pueden ser infinitos, concurriendo en ellos teóricos del deseo y del futuro no limitados por las obligaciones partidistas o por rendir cuentas a una realidad restrictiva.

Dae Jung.Kim, de Corea del Sur,  que ordenó la liberación de medio centenar de presos políticos, que parecían ser la totalidad  de los presos de conciencia;  sostuvo una idea clave “La democracia no puede ser sacrificada al desarrollo económico”. Para que haya democracia tiene que haber control público pero con transparencia. Sea cual sea la ideología del estadista la posición a favor de la democracia no queda demostrada hasta aceptar la concurrencia de las opiniones contrarias a la propia. En esa área asiática todavía está muy lejos un proyecto democrático con reconocimiento internacional. Gye Hwan.Kim, viceministro de  asuntos de exteriores del país vecino,  Corea del Norte, cuestionó la validez del foro de negociaciones con China  y Corea del Sur y los USA si estos eluden tratar las cuestiones fundamentales como las diferencias generadas por la guerra americano-coreana. El armisticio firmado después de la guerra de 1950-53 no ha sido convertido en un acuerdo de paz medio siglo después. En el campo diplomático de las relaciones internacionales todavía se mide más la imposibilidad del acceso democrático de las distintas poblaciones implicadas a los grandes asuntos. Los residentes de la modernidad pagamos aun por historias que no han terminado pero con intensos condicionantes de medio siglo –o más- atrás.

La política es el espectáculo de altos vuelos de la que la mayoría nos mantenemos al margen (incluida la población electoralista que solo ejerce como acto político el acto de las urnas) salvo como espectadores que pasan por taquilla (en la forma de pago de los impuestos que alimentan y mantienen a esa clase política antedicha).

En resumen: la mayoría de personas sensibilizadas por la cuestión política de su país o a escala internacional, lo más que le es dado la mayoría de veces, o siempre, en toda su vida, es acudir a la comunicación, la única forma contante de ejercicio cotidiano de la democracia política, lo cual no deja de ser algo a considerar. Cuando has pasado por la experiencia del riesgo de ir a la cárcel por repartir una octavilla reivindicando derechos sindicales o ser acribillado por pintar una pared con una pintada anticapìtalista, se aprecia enormemente poder acudir a la pancarta, al artículo, al altoparlante en tu coche sin que te encierren o te maten por ello.

Tenemos que la democracia política deja mucho que desear pero le reconocemos que al menos permite la democracia comunicacional, que en su etapa electrónica de internet, puede incrementar considerablemente los archivos de la conciencia social compartida, que bien podríamos asi calificarlos como la biblioteca documental de todoas. Esa democracia expresiva, testifical, documentada, elaborada supera y superará necesariamente las hipótesis que puedan ser manejadas a escala de estructuras de estado. Mientras aquí no deja de  haber los protagonismos de unas minorías y con intereses muy severos por lo que hace a restringir el alcance de la diplomacia y de los discursos, allí es posible el acceso de las mayorías que no tienen porque prohibirse.

Después de reflexionarlo no poco entiendo que la extensión de este derecho, el de la palabra crítica, también tiene que ser dado a quienes tienen posiciones demostradas históricamente como inviables. Es así que los nacionalismos de estado, los neofascismos y los racismos de distintos tipos, los religiosismos y los fanatismos doctrinarios a pesar de ser superados por otros discursos progresistas y ser interpretados por la conciencia de vanguardia como rémoras de un pasado obsoleto, no por eso hay que desautorizarlos. Una cosa es hacer callar a alguien en un foro de voz por ley cuando menciona algo falso reconocido por ley (por ejemplo la negación del holocausto judío) y otra muy distinta es impedir la opinión de un representante de un partido o de una ideología que entre sus deseos clave sigue estando el de la eliminación de otros pueblos a los que considera la causa de la tragedia humana universal. Pero ¿cómo? ¿Estas diciendo de darles la palabra a los etnicidas, a los asesinos, a toda esa chusma de tipos indeseables que no debería haber nacido? Sí, estoy diciendo exactamente eso. Dársela. ¿Por qué? 1. prefiero que los neofascistas se expresen –de todos modos no paran de hacerlo- a que no lo hagan y nos esperen en las esquinas para rajarnos porque nuestras opiniones no son las suyas. 2. Porque a través de la expresión de la propia palabra el hablante enfrentado a la argumentación termina pro entender sus fallas. 3. Porque teóricamente, aunque sea muy teóricamente, la confrontación del debate termina por instaurar el reconocimiento de verdades y por esta vía la enmienda de lso errores de concepto y de devoción a consignas de la venganza.

Otra cosa completamente distinta es si al opinante que le dejas participar en un foro que está especialmente  interesado en quemar a brujas y comunistas y en convocar a la sociedad para la cita de la próxima razzia, lo admitirás en una asamblea o ni tan siquiera que pise el felpudo de tu casa. También es muy diferente admitir su participación como opinante a que lo haga inoculando virus en el sistema informático.  Personalmente tan pronto tengo localizado un nick-nombre con opiniones fascistas dejo de leerlo pero desde el punto de vista estratégico de la comunicación democrático, por tanto la de toda la sociedad, nos toca admitir que una porción de opinantes son maestros en la literatura tóxica y negados para la contribución al debate entendido como procesos tranquilos y respetuosos de discurso y con los discursos. No se les puede separar de un espacio reservado para otros, porque incluso consiguiéndolo (hay foros un ideológicos como los anarquistas) no significa superarlos ya que forman parte de una realidad política en que las derechas no son precisamente exiguas minorías.  Contradictoriamente, pido el respeto para toda clase de opiniones porque en eso se basa la democracia real, lo cual no quiere decir aceptarlas como válidas ni dejarlas pasar como inocentes. De hecho, mi forma de entender el respeto no pasa por el protocolo de la cortesía dando el mismo trato a los demás (no todo el mundo es bueno), sino seleccionando con quien tratarse y con quien no, excluyéndolo irremisiblemente y sin contemplaciones. Democracia comunicacional sí pues, como aula de entrenos para pasarnos la pelota entre quienes sepan jugar y tengan aprendidas las normas de juego, quien hace trampa o es una calamidad, cabe la opción de ofrecerla la  ignorancia total.

La democracia comunicativa actual es tanto más posible por las facilidades de la tecnología informática. La democracia electrónica pasa a ser un símil de aquella. Inevitablemente al lado del texto o del mensaje docto hay y cabe el mensaje del imbécil, y junto al icono de una flor cabe una esvástica (que por cierto los alemanes del XX desvirtuaron en su significado originario espiritualista siendo menos conocido este que el de aquellos). En la democracia comunicativa al menos nos podemos permitir escribir sin heterocensuras ni autocensuras opinando de todo asi como pensando la misma metodología de la opinión sin poner a parir ninguna en concreto.

 

 

La Tragedia del Millonario

Escrito por jesusricartmorera 12-11-2008 en General. Comentarios (0)

 

Un millonario era aquel, para los  casos de España o de Italia, Portugal, también Perú y otros países, donde la unidad peseta y la unidad lira, el escudo o el inti tenían escaso valor adquisitivo, o incluso ninguno, que tenian millones de esas unidades.  De niño recuerdo que calculábamos si algún dia llegaríamos a ser millonarios, tener un solo millón ahorrado parecía casi un imposible para la clase obrera o la gente más necesitada. Aun asi, nos parecía que sí era posible esta meta en una estimación infantil muy poco calculada o con pocos elementos para decidir. El futuro se encargaría de demostrar que no solo se podía ser millonario sino que todo el mundo debería serlo para enfrentar los gastos de vida, comprarse una casa o un automóvil. El substantivo ha continuado siendo el  mismo pasados los años pero su valor de significación ha variado completamente. Antes, un millonario era alguien que tenía mucho dinero, un millón o más, luego,  ahora, ha sido/ es cualquier asalariado que factura esta cantidad en poco tiempo, claro que su referente aritmético no tiene el menor sentido si no es vinculado al concepto monetario que se refiera. Un millón de pesetas, es decir su equivalencia ya que la peseta ha desaparecido, lo puede ahorrar mucha gente sin salir por eso del poder adquisitivo disminuido (el salario mínimo legal debe rondar esta cifra) mientras que un millón de euros seria lo que conferiría ahora la categoría de millonario en el sentido superpuesto de alguien rico a quien le sobra dinero para comprar cosas mas caras o hacer lo que a la mayoría de mortales le es negado por sus limitaciones adquisitivas (ese millón lo puede conseguir alguien que disponga toda su vida laboral de un salario de mercado: entre 1500 y 2000e mensuales). De hecho la clase media se viene confundiendo con la de la población trabajadora, separándose ambos conceptos de la idea de proletariado misérrimo que se había tenido en siglos anteriores. La sola posesión de una propiedad está alcanzando la tercera parte de esta cifra. No cabe dudar que dada la especulación inmobiliaria los compradores de ahora tendrán en concepto de propiedad esa cifra al final de sus vidas si son lo suficientemente longevas para comprobarlo.

  La idea del millonario como la del hombre rico que tenía toda su existencia puesta a cubierto, tampoco ha sido siempre una idea tan conjuntada a la de una imaginaria omnipotencia. Ni siquiera a la de una felicidad. La posesión de dinero, mejor dicho de dinero excedentario crea problemas de diversas índoles a sus poseedores. Tener mas significa pagar más. Más propiedades patrimoniales incrementa la tensión derivada de su custodia, administración, control y seguridad. Para enfrentar todo eso se necesita contratar y subcontratar a muchas personas para que pongan la energia que uno mismo no puede poner para todo. Esa delegación de responsabilidades introduce variables, angustias, faltas de cumplimiento de contratos, robos y cuestionamiento de la misma confianza. La condición de rico posibilita una psicología de estar al acecho de no ser asaltado, de no ser burlado, de no ser mentido, de no ser engañado, de no ser robado por una multitud de gente que pivota a su alrededor. Cuando además ese rico transparente sus formas no éticas de haber acumulado capital está facilitando los pretextos éticos para beneficiarse de él. Un rico no deja de convertirse en un pobre hombre, un pobre de espíritu, si su caudal monetario no consigue emplearlo para la felicidad. El dinero en el banco e incluso en posesiones inmobiliarias y tierras no deja de ser un significante que a veces puede tener escaso valor si no le sirve para vivir mejor al titular de todos estos medios.

Las revistas de sociedad, las que hablan de las florinatas de las clases ricas, no paran de explotar escándalos relacionados con arribistas que han llegado hasta ellas para chupar del bote a cambio de sexo o de amor o de las dos cosas. Los contratos matrimoniales que prevén los beneficios que ha de llevarse la ex en caso de disolución convivencial son un insulto en toda regla a las multitudes que viven al dia o no tienen la menor garantía de pagar los siguientes plazos de su casa. De la psicología del millonario se ha hecho mucha literatura. Posiblemente alguien que sabe que tiene poder económico y que con esa condición puede extender su poder personal genera una personalidad de dominio donde puede predominar la insolencia. Sabe que quien paga tiene razón. Se cuentan casos de nuevos ricos que no soportan la avalancha de dinero que les llega inesperadamente y en lugar de mejorar la vida la malbaratan dedicándola al absurdo del despilfarro. Hay gente que muere de un atracón de comida. La ambición de poseer, ingerir, les puede más  que su capacidad de integrar. Sin duda la experiencia de tener dinero, mucho dinero, sin tener que preocuparse el resto de la vida por nada, debe ser una experiencia crucial, pero eso sobrepasa las perspectivas del millonario de 1 millón de euros. Habría que husmear en la vida privada de los sujetos más ricos del planeta, los que pueden integrar una lista de unos cuantos cientos de nombres y proponerles participar en una muestra de laboratorio para estudiarlos a fondo. Quizás alguno de ellos podria tener la iniciativa de financiar esa clase de estudio.

Hay quien habiendo nacido en la abundancia monetaria nunca ha pasado por la incertidumbre de dejarla de tener. Sin lugar a dudas eso confiere un tipo de seguridad por un lado aunque puede quitarla por otro. ¿Hasta qué punto la gente que se le acerca es realmente amiga o tan solo otro oportunista más? A veces no hace falta tener mucho capital ni hacer ninguna ostentación del mismo para tener visitantes y aproximacionistas que tan solo vienen para ver lo que pueden sacar de dinero. Los viajeros blancos en África siempre cuentan la misma desagradable anécdota de miles de personas que van a pedirles cosas a la voz de patrón-patrón. Tras dedicarse a la dádiva sistemática durante una temporada terminan por dejar de hacer el primo en esa actitud de salvacionistas o  de salvalotodo que no llega muy lejos.

Los ricos-ricos deben protegerse de distintas hordas de chusmas para que no atraviesen sus patios  o pongan a perder sus jardines y formen fila, india en el mejor de los casos, para recibir su parte diaria de dinero para poder comer, fumar, beber o pagar lo que sea. Hay una película japonesa que trata de un hombre, el mas rico de su poblado, que para no perder su prestigio no deja de ser dadivoso con todo aquel que se lo solicita, hasta que una vez arruinado los demás lo desprecian por dejarse arruinar, situación de la que, por supuesto, nadie lo rescata o ayuda.

Escribo en mi condición de hombre pobre (adjetivo no auto lesivo sino deducido a partir de mis ingresos anuales en relación  a mis necesidades existenciales), que no en la  de pobre hombre, que concedo a un hombre rico la opción legítima a no compartir sus dividendos con nadie, si esa es su elección. El problema no es tanto suyo personal, por malvado que sea en el supuesto de que sea así, como del sistema que permite la acumulación de grandes fortunas personales por un lado y las grandes miserias por otro. No dudo que hay hombres ricos que sean pobres diablos que con todo lo que tienen viven la tragedia de no poder ser ellos mismos, por vivir la vida desde la artificiosidad y la mentira. No hay clase social más mentirosa que la de los poderosos, pero la mentira social se extiende hasta el rincón más extremo de una sociedad enferma que ha sucumbido a una realidad dominante impuesta.

No siempre quien tiene un estatus de poder en el sentido de la influencia lo tiene en lo económico. De hecho las democracias mas evolucionadas exhiben choques entre el poder político por un lado que representa a una región mayor de la sociedad y el poder económico de una menor parte de ella que no quiere perder sus privilegios de clase. Dentro de los mismos sectores dominantes siguen habiendo secuelas de diferencias  entre una antigua clase aristocrática dedicada fundamentalmente al goce (el de los palcos reservados en las óperas, los viajes de cruceros y aunque fuera en forma de cacerías en sus cotos privados) y no a la producción, algo reservado a la burguesía. De hecho esta clase aportó una nueva saga de millonarios que vino a sustituir a la clase rentista que no dejaba de ser pasiva e inútil para la evolución de un país. El concepto de inutilidad es siempre relativo. Para el punto de vista más ferozmente capitalista es inútil todo aquello que no produce un dividendo o una plusvalía, para el punto de vista del bon vivant es útil todo aquello que produce un placer. Resultando que la obtención de placer es a menudo gratuito o lo más barato que existe no habría que producir  beneficios previos para acceder al mismo. Es en este punto que hay una concomitancia entre el aristócrata o rico retirado que vive de sus intereses o rentas con el vago más ocioso y marginal que nunca se integró en el mundo del trabajo y que vive de su propio discurso de la marginalidad. Objetivamente  ambos son parasitarios pero el segundo será vigilado mientras que el otro será idolatrado. Lo que la sociedad condecora no es la  iniciativa creativa o el esfuerzo si no el dinero, aunque este  se obtenga por vías ilícitas o porque el dinero genera dinero tan solo jugando con el bancariamente o en bolsa. El dinero termina por angustiar al ser humano, a quien lo tiene por temor a que se lo quiten y a quien no lo tiene por que todo –o muchas cosas- pasan por la compra. Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión dijo Voltaire. Si relacionáramos la posesión del mismo con la dignidad posiblemente encontraríamos una correlación positiva en quien no lo tiene y negativa en quien lo tiene, pero esto es una hipótesis. A fin de cuentas la dignidad no encuentra una fácil definición.

No creo que las grandes fortunas hechas con especulaciones en el mercado bursátil o con la posesión de campos petrolíferos sean más éticas que las hechas con el tráfico de la cocaína, mercado ´por cierto este ultimo ante el que  Milton Friedman, economista liberal norteamericano, juzgaba contraproducente la prohibición de las drogas por su alto poder sobornador y financiador de conflictos.

La aristocracia vive del abolengo y del nombre, también de sus grandes mansiones reconvertidas en museos o palacios de visitas que generan dividendos. Algunas casas reales como la del palacio de Buckinham se autofinancia o no es parasitaria como otras monarquías, tal como la española, que dependen del presupuesto de estado. En sus delirios de clanes algunas realezas todavía creen en el fantasma del pueblo-hijo necesitado de un monarca-padre. Simeon Borisov.Simeon II de Bulgaria,  heredero del trono y líder de la Alianza Nacional creía que “la monarquía aglutinaba un poco más que la república”[1].

Los muy ricos comprenden que el proceso acumulativo de su capital nominal es superior a su capacidad de gasto. Finalmente el más rico no es más que un humano limitado por su existencia biológica. Todo lo que permite hacer su dinero no lo puede hacer en solitario por falta de tiempo, energia o medios físicos. Llega a la donación por la razón que sea, por calmar sus ecos de culpa si los tiene o porque su deseo siempre fue el de ejercer como filántropo y quiere ser recordado como tal. John D. Rockefeller a lo largo de su vida centenaria (1839-1939) donó una cantidad equivalente a 5400 millones de dólares para actividades relacionadas con la Salud, al mismo tiempo su apellido siempre se emparentó con el poder y todos los tics malévolos que lo configuran. Desde la estrecha óptica del que no entiende más allá de su supervivencia diaria con un plato de arroz partido y pasado, todo el mundo de las grandes cifras se le escapa y automatiza la idea de que por el hecho de tenerlo quien lo tiene es mala gente. No siempre ha de ser así. La diferencia fundamental entre alguien muy pobre y alguien muy rico no es solo la tenencia de dinero sino sobre todo su psicología para manejarse con unos medios escasos y con la abundancia de ellos. En un guión de ficción –no creo que eso haya sucedido nunca en la realidad- en que el hombre rico donara todas sus posesiones al hombre pobre e intercambiaran sus roles, posiblemente el primero levantaría sus condiciones desde la miseria y el segunda despilfarraría la fortuna recibida sin esfuerzo. Evidentemente es sólo una hipótesis pero cargada de la máxima curiosidad.

 

 



[1] . Expulsado de su pais en 1946,volvió al palacio de Vrana en el 2001. Dirige la campaña que se presentaba como triunfadora para las elecciones del 1 de junio del 2001. Incluso ganando no descataría optar a la presidencia de la república, cerrando un ciclo dela ironía histórica. Hay sujetos psicológicos incapaces de hacer el trueque de sus orígenes por  la adaptación a los nuevos tiempos.