El potencial de una hipótesis.
Debería preguntarme por qué despues de tantos años de acumular direcciones y teléfonos que representan miles de contactos humanos todavía no tengo una agenda en condiciones. Agendas sí tengo y de distintos tipos. Cada una representa épocas distintas con actividades y relaciones diferentes. Hemos llegado a la época digital, la de los contactos por email y por blogs o sites, sin que haya dejado totalmente organizadas las de la época anterior. Ya es tarde para hacerlo. Los contactos actuales pasan más por el correo electrónico que por el teléfono y el envío postal es casi un arcaicismo aunque algunas inercias tradicionales insisten en seguirlo empleando. Me he puesto a organizar la lista de emails donde concentrar todos los datos de localización de todo tipo de entornos, recursos, amistades y relaciones de toda clase que me ha traído y me sigue trayendo la vida. No es necesaria ninguna justificación para hacerlo. La misma espontaneidad trae los contactos. Las personas nos los ofrecemos para que la conversación que una urgencia obliga a interrumpir pueda ser continuada en el futuro, o para que un asunto de coincidencia y mutuo interés pueda seguir siendo tratado. Pedir u ofrecer el contacto es un gesto de hospitalidad y mantener la hipótesis de un potencial de relación a partir de ese contacto. La verdad estadística va por otros derroteros. Solo una minoría de contactos apuntados en la agenda va a ser reencontrados en el futuro a no ser que un planning de actividad lleve continuamente a la insistencia del encuentro o la renovación del contacto.
La masificación de contactos de una agenda privada la convierte en una especie de listín de recursos, antes era un listín telefónico ahora puede serlo de direcciones electrónicas además de los teléfonos. Actualmente cuando alguien ofrece su contacto a menudo declino el numero de teléfono y mucho mas la dirección postal. Por mi parte solo suelo dar mi email o a menudo uno de mis blogs personales donde también hay el email apuntado y la manera de conectar.
Con pocos contactos basta la agenda electrónica dentro de la memoria del teléfono celular, para una cantidad que supere el centenar se hace necesaria una lista bien organizada. Yo he construido la mía de la siguiente manera: una doble indexación de entrada por temas. La primera ordenada alfabética y la segunda por zonas sectoriales. Es así que en el campo de las Relaciones Personales están los flirts, los consanguíneos, los amigos, los epistolarios, el grupo de salida, los chats; en el campo de los Recursos están las agencias de viajes, los reciclajes, las compañías de vuelo; en el campo de lo Profesional están los clientes, los inquilinos, los busness o en el campo de los Proyectos están enumerados los distintos grupos de ellos. Hay otros muchos campos clasificatorios y cada usuario puede crear los suyos a conveniencia. En seguida son docenas de apartados los que van dividiendo los distintos contactos. Puesto que muchos de ellos, dentro de la masividad, no son recordados siempre por sus nombres o éstos pueden ser olvidados, el modo de localizarlos es por sus ubicaciones geográficas o por sus especialidades.
El modo de clasificar en sub-listas a los demás no es un trabajo cualquiera. Pronto se presenta la dificultad taxonómica. Clasificar es categorizar y esto es evaluar. ¿Es amigo o conocido? ¿Ha sido un flirt o va para historia de amor? Hay personas más clasificables que otras. El grupo de compañeros de la banda musical o de senderismo o del curso equis son fácilmente localizables. Es un modo técnico muy válido de localización sin tener que recategorizar a nadie en función de una virtud afectiva. Lo cierto es que cualquier clasificación solo obedece a una razón administrativa de localización no a un interés epistémico de valoración de nadie en tanto que persona. Si el objetivo de la agenda es localizar los datos de una persona lo más importante es que cumpla esa función y no la manera concreta de hacerla. Un mismo contacto puede estar por repetido en distintas secciones de acuerdo también con las diferentes maneras o motivos de contactar con ella.
Sabemos y reconocemos que hay una conexión directa entre el olvido de un nombre y el desinterés por su persona. El lapsus de olvido también tiene algo de castigo y venganza contra la persona nominalmente olvidada. Una agenda bien organizada puede subsanar la inclinación a la desmemoriada que la saturación de estímulos está generalizando como síntoma endémico.
La inmensa mayoría de contactos son puntuales o efímeros. No tienen un bis con que continuarlos pero quedan ahí apuntados. Crean la sensación de mucha recursividad aunque en la práctica es una minoría los contactos que se mantienen más allá de unas primeras veces. Depende de las dos partes si esa continuidad se va a producir y con ella se va a consolidar una amistad, un clientelismo, una frecuencia de trato o una colaboración mutua. Lo más habitual es que de ambas partes quede la presunción de ese recurso pero no tanto su utilización a no ser, claro está, que la actividad profesional obligue continuamente a tratar con personas de la lista que se tiene sin que eso lleve a ningún contacto presencial ni necesidad de encuentro en lo personal.
En el mundo empresarial una persona tiene tanto más valor para su trabajo cuantos más contactos tenga. Tener contactos, he aquí la clave. Para tenerlos no solo hay que apuntarlos como modos de localización en una lista sino mimarlos, dedicarles tiempo y atención. Eso es toda una táctica-plan de trato humano no exento de especulación. Muchos de los contactos registrados que crean esa apariencia de mundanalidad cuando al paso del tiempo se intenta localizarlos es posible que te hayan olvidado o, en todo caso, una primera parte de la reconexión tiene que pasar por un acto de rememorización. Si el que contacta esta de suerte de dar con alguien que tiene buena memoria puede haber incluso una alegría si no es como tratar con un desconocido y se tiene que volver a empezar de cero.
Las listas generadas a partir de contactos de chat han caído en la trampa de acumular muchos nicks y tras un tiempo, a veces solo unos días o al dia siguiente, en la coincidencia posterior se vuelve a pasar por las mismas preguntas por el caos mental en el que se ha caído confundiendo las conversaciones de unos contactos con las de los otros.
Para el sujeto relacionario el reto es éste: saber quien es quien y con quien está. Tenerlo en memoria o tener la forma de consultar los datos de quien se trata. Para algunos contactos además de su ubicación geográfica y su ocupación apunto el contexto en que adquirimos nuestro contacto.
La agenda que los reúne puede ser un instrumento de actualidad o solo un memorándum, en el mejor de los casos que se sepa quien es quien, que quede como puro dosier testimonial.
No hay que hacer ningún esfuerzo especial para tener contactos. La sociedad masificada y las probabilidades de coincidencias los trae a diario. Viajando no se para de recibir contactos y ofrecer el propio con el deseo, en principio, de una coincidencia posterior. La verdad es que cuando hay miles de quilómetros de distancia entre dos personas que coinciden en un punto, darse sus coordenadas deja para una hipótesis remota un contacto posterior. Además para proponer el siguiente se ha de tener una base razonable para ello. Ideas comunes y proyectos donde coincidir lo facilitan. Intercambiarte el email con alguien en principio no significa tampoco grandes cosas, salvo intercambiar un par de saludos en un par de líneas para responder a alguna pregunta escueta. Toca aceptarlo la mayoría de gente no admite una relación de larga duración por correo desarrollativo que es lo que permite el contacto por email. Predominan las notas cortas aunque estemos en una época muy posterior a la del uso del telégrafo.
Es una verdadera lástima porque disponemos de la tecnología, disponemos del tiempo, disponemos del otro como contacto al otro lado, disponemos de los recursos comunicativos pero en cambio se carece de voluntad comunicativa y de deseo discursivo. Eso reduce la plataforma de emails para las relaciones epistolarias a muy pocos, lo cual no es mas que un indicador estadístico de por donde anda la cultura sub-alfabética actual, lo que no deja de ser una ventaja porque esto permite dedicar mas tiempo a la comunicación escrito-digital a quien está por una cultura mas expansionista con criterios de profundis.
Las distintas secciones clasificadas indican cada contacto en cada para qué. Basta esto para que la agenda cumpla su función en cuanto procurar infos o encuentros para cada asunto. Tener contactos significa lo que significa, tenerlos; tener pues recursos y fuentes informativas, también plataformas de difusión y fuentes de obtenciones o posibilidades gestionales. Todo eso no significa ni tenerlo todo ni tener muchos amigos, parámetro éste cuantitativista que cuadra con el deseo acumulativo del consumidor de todo lo que sea con tal que sea consumible. Una agenda de contactos no tiene nada que ver con la visión esteticista del “quiero conocer chicos guapos y salir de fiesta”, que rezan algunos anuncios para subnos que se anuncian en algunas webs de contactos o de la llamada amistad. Es un instrumento de organización y de hecho de auto organización existencial.
Para terminar no hay que olvidar que el valor de cada contacto es bilateral. Tener un contacto valioso pero no serlo para el/ella es posiblemente una quimera. Si la bidireccionalidad no funciona lo mas probable es que la iniciativa fallida por una parte para reconectar no sea insistida y con ello solo quede un nombre en una agenda pero no la manera de conexión con una persona que esté a la altura de una demanda informativa o de una comunicación.
Las llamadas al realismo nos recortan los deseos fantásticos y los sueños atrevidos. El no realista es poco menos que un loco al que no se concede el valor de la racionalidad. El futuro psicosocial de una persona queda decidido a partir de su posición personal en relación al criterio de realismo. Cuanto más capaz sea un sujeto de desembarazarse de la realidad que le prohíbe dar un paso más allá de si misma, más virtuoso será en el campo de sus ideales y más podrá prosperar como innovador y revolucionario, siendo transgresor inevitablemente y rupturista con las formas antiguas. La transgresión ya empieza con el deseo. Recomiendo el siguiente ejercicio de aula (validable para cualquier otro contexto y momento): escribir una lista de deseos con una consigna muy concreta, la de no pensar en su posibilidad o imposibilidad. Liberado el sujeto de su mar de hipótesis y de consideraciones impregnadas por la cultura en la que vive se convierte en una especie de solicitante ante la lámpara del genio. (Te concederé 3 os, piénsalo bien antes de decirlos.) Muy bien. Para nuestro ejercicio no hay límite numérico, tan solo la pauta clara de expresar los que sean, de todo tipo y de todos los ámbitos. Puede haber deseos de orden personal por lo que hace al aspecto físico-corporal, los puede haber de orden social, los puede haber de orden sentimental,… Cualquiera que sea la lista resultante será divisible entre deseos de sujeto y deseos objetivos. Los unos para conseguir como atributos o propiedades dentro de uno mismo, los otros para conseguirlos como cualidades dentro del mundo. Tan pronto una persona tenga elaborada la lista de sus deseos podrá vivir con más consciencia de lo que es, en las siguientes instancias:
1. Sabrá de lo que carece, tratándose de algo importante, por el solo hecho de anunciarlo como deseo aquello de lo que no dispone.
2. Medirá su propia ambición cuanto más alejado esté el deseo de sus condiciones subjetivas.
3. También advertirá la mayor distancia que guarda del llamado sentido común con su atrevimiento
4. Le quedará claramente expuestas las cosas que le impiden una completud personal.
¿Qué hay que hacer, una vez la lista esté terminada? Nada. Recordar que esta lista existe. Evidentemente puede ser memorizada. Se puede vivir con ella. Cuando en el futuro, un día u otro, uno advierte determinadas novedades en su realidad personal sabrá que un deseo de su lista se ha cumplido. Un deseo no es un objetivo. Este vertebra una agenda, condiciona para una actividad. El otro es un producto imaginario, una entelequia virtual pero que sin embargo está ahí. Un objetivo razonado por el que se trabaja no es más que una realidad en espera por la que se puede dar garantías a priori. De un deseo imaginado no se puede decir que sea una realidad y ni siquiera que lo pueda ser algún día pero ocupa un espacio de registro real en la psicología de quien lo alberga. Quienes desean los imposibles terminan por conseguir hacer otras cosas posibles, quienes los descartan ni siquiera están dotados de convicciones y energías para alcanzar objetivos posibles. Esa sería también una de las diferencias entre el talante pesimista y el optimista. Yo, que tiro más bien para catastrofista, soy un firme defensor de ese criterio que descubre que el mecanismo de la consecución de las cosas para su deseo de realización por idealista o romántico que pueda parecer ese deseo. En el esquema de las invenciones y grandes innovaciones, la metodología de una técnica y la elaboración rigurosa viene despues de un insight intuicional.
En la lista de los deseos los más complicados -pero también los que ennoblecen más- son aquellos que dependen de concursos ajenos, de colaboraciones de otras personas. He aquí los deseos sociales de un mundo mejor que no depende tanto del sujeto que lo desea como de todos sus habitantes puestos a desearlo comunitariamente. Sin embargo todos los deseos sin excepción dependen de variables ajenas a pesar de su división intrínseca entre los deseos de ser una persona determinada y los deseos de conseguir un mundo determinado. En la lista de deseos cabe todo, desde adquirir más dominios lingüísticos a contribuir en un legado cultural. En realidad el único que mide el alcance de un deseo y que sabe hasta donde se le está cumpliendo es el propio interesado.
Muchos objetivos que acaban siendo sólidos empezaron siendo meros deseos. La diferencia entre alguien que ve cumplir sus deseos y quien no los cumple nunca es que en el segundo caso ni siquiera se atreve a tenerlos. Al menos esa es una diferencia crucial. Los deseos por imposibles que sean forman parte del bagaje psíquico de la necesidad. Es una instancia a la que no se puede renunciar aunque pueda colisionar con las instancias científicas de la formación racionalista y estricta. Es tan importante como el sueño o la ideación fantástica. De hecho semánticamente al deseo se le llama también sueño y la fantasía es la proveeduría de los deseos.
El hablante moderno está dotado de palabrería y de un extenso vocabulario para citar más situaciones intrapsíquicas y subjetivas de las que está dispuesto a aceptar que contiene. No podemos olvidar que nuestros discursos están inmersos en una compleja realidad de realidades en las que cada enunciado temático pugna por ser el único valido dentro de una teoría para ese tema. Francisco Rico, sostiene que desde la tv se puede destrozar el idioma que luego es muy difícil recomponerlo. Tal vez ya hemos llegado tarde para recomposiciones. Nos toca hablar y decir nuestros pensamientos (y deseos) en un mundo en que la multivocabularidad (a no confundir con la realidad políglota) mantiene a los hablantes en permanente confusión. Entenderse con los demás es un reto de envergadura, pero entenderse cada cual consigo mismo no lo es menos. Reconocerse como instancia de deseo y anunciarlo en forma de predicados es un paso crucial en esa dirección.
He pasado una buena parte de mi tiempo verbal confidencial hablando de lo que escribo y para qué escribo. He sentido como una especie de obligación de contarlo o justificarlo. No tengo la necesidad de hacerlo con respecto a porque respiro. Nadie me ha preguntado jamás porqué respiro o porqué sigo insistiendo en respirar, pero sí he recibido preguntas parecidas por lo que hace a escribir. Una y otra vez lo explico y me lo explico e inevitablemente se convierte en un tema -mi tema- con gente con la que he confiado. Me he propuesto no hablar más de ello. Solo yo sé el lugar de importancia que ocupa en mi esquema de vida. Escribo y punto. Eso sigue siendo una constante. Actualmente sé además cual es mi ritmo de creación y sus límites.
Sé que no paro de escribir pero al mismo tiempo no hago otra cosa que merodear. No estoy metido en ningún proyecto complejo de investigación. Hago crónica, epistolaria, novela, ensayo y de pronto me encuentro con cientos de títulos en mi haber. Hasta he llegado a pensar que podrían llegar a ser más de 300 cuando haya digitalizado todo si es que eso llego a hacerlo alguna vez.
No basta tener el criterio de dedicación diaria a escribir bajo la consigna de crear. El tiempo ante el ordenador varía según la intensidad creativa. Nunca hay una correspondencia numérica estable entre tiempo de trabajo y producción real. Depende del tema, de la lucidez mental, y de la empatía del momento. Me sucede que deambulo por mis canteras de títulos de artículos encabezados y no acabo de situarme en ninguno porque me siento con los dedos torpes y la mente embotada, a veces incluso tengo la sensación de ser un impostor por atreverme a hablar de lo que tampoco conozco tanto o quedo paralizado al presentir que ya me he extendido en ello en otros lugares. En esos momentos me siento como un vagabundo por mis documentos abiertos y aunque no me mueva de la butaca me siento perdido ante un desierto sin ningun trazo a seguir. De pronto, algo desencalla este impasse. Una frase escrita conecta con ideas de otras para escribir que están ocultas en alguna neurona perezosa y me pongo a andar. Cuando al fin, a través de un texto apuntado pendiente por hacer, encuentro el feeling, siento que las palabras ya están ahí a punto de salir y ocupar la pantalla siendo yo simplemente una especie de canal. No me refiero a una canalización de un saber mistéricamente dictado, sino de un saber flotante que solo espera una performance gráfica adecuada.
He pasado por la experiencia de la máxima fluidez de escribir miles de palabras durante un dia o prácticamente de una tirada a otras veces en que construir unos pocos cientos me ha costado mucho si he elegido el formato poético para hacerlo. He decidido dedicar el resto de mi vida a terminar todo eso que he empezado aunque nadie me haya pedido que lo haga. Estoy buscando la cuadratura del círculo o el autotransporte por desmolecularización o cualquier otro objetivo de la física-ficción. Me puede más el deseo del rol en el que me he imbuido que el valor objetivo que se le pueda dar. Me bastaría terminar las novelas empezadas o el poco teatro que tengo para poner textos en circulación pero cuanto más escribo menos me interesa ser conocido por mis textos, o al menos serlo durante mi vida actual. No tengo la talla de ilustrísima, sigo prefiriendo el anonimato y el rincón de cualquier biblioteca donde cobijarme.
Sé de autores que han sido proscritos por lo que estaban escribiendo antes incluso de terminar sus libros o al terminarlos y recién editados antes de leerlo. La historia del ostracismo (también hay una historia de lo que ocurre entre bastidores) está llena de gestos de envidiosos y resentidos y sobre todo de personalidades descubiertas in fraganti en ellas mismas y que no aceptan sus evidencias. Inexplicablemente uno si escribe es cuestionado en su inmediatez por el motivo de hacerlo. Hay algo de sospechoso en el escritor al declararse público como pensador. La condición de hablante no se la discutirá nadie, la de pensante sí. Los primeros en hacerlo va a ser la gente mas próxima que ejerce una cierta autoridad sobre él/ella y que no quiere que “pierda el tiempo” en esas cosas en lugar de prepararse un futuro. Es impugnación puede ser mas o menos episódica e ir cambiando de bocas cuando escribir no quede justificado por razones crematísticas. Incluso, en el colmo de las objeciones, puede llegar a serlo por gente que habiendo hecho sus pruebas en el campo de las letras no comprenda la necesidad de éstas a partir de un cierto volumen. Mucha gente ha escrito un relato o incluso a intentado una novela y sin embargo no ha conectado con la pasión escritora. Otra ha puesto final a sus sueños bohemios o ha puesto fin a su actividad creativa enviando sus testimonios a la quema para doblegarse al rol de súbdito social que se espera de ella.
Mi experiencia psicológica con la vida creativa me ha llevado a pensar que la vida tiene sentido desde su recreación, por tanto sacándola de su sola fase de sensorialidad. Algo muy difícil de transmitir a quien no ha sentido la llamada artística y prefiere ir sobre seguro por la llamada de la inversión en un proyecto materialista del tipo que sea. En el fondo implícito de la objeción a quien escribe está la de porque se atreve a pensar. Escribir es una metodología para hacerlo y una forma de archivar las ideas. ¿Pensar tú? Parece que te dicen ¿es que quieres emular a los filósofos y formar parte de los grandes nombres? Bueno, bueno, no hay que llevar las preguntas a la categoría fácil de la pretensión de ridiculizar y mucho menos contestar a todo leguleyo que quiere saberlo todo de ti.
Por extraño que aparezca el ser humano no es tan pensante como se dice que es. Una minoría de la humanidad a lo largo de los siglos ha dado muestra de que sí ha pensado, el resto se ha aprovechado de sus ocurrencias, invenciones e ideas para mejorar un poco la calidad de su vida. Todo el mundo pretende dar indicaciones de cómo se tiene que comportar la gente incluidos los asintóticos en los que entra el campo de lo artístico generalmente minoritario, marginal y opuesto al resto de la curva normal. Oliver Wendell Holmes dijo que el joven conoce las reglas y el viejo las excepciones. Cada cual conoce las suyas por lo que hace a su vida y especialmente al proyecto creativo con el que –ante sí mismo- se ha comprometido.
Escribir o pensar por escrito lleva a suponer que quien lo hace ha de ser consecuente con lo que dice y ponerse a hacerlo. La elaboración escrita es una forma de concienciar cosas a distintos órdenes y registros. Al hacerlo uno comprende sus límites al mismo tiempo que puede comprender las condiciones para el fin de estos. El valor de la teoría tiene algo de profético en cuanto a anticipación a pesar de que sucumba a su inoperancia por el momento. Sea en el texto escrito o en el discurso oral al opinar uno se arriesga a tener que ponerse manos a la obra para que se lleve a cabo una de sus propuestas, si es el caso, para asegurar realmente que ha sido entendido. Lo malo de hacer sugerencias inteligentes es que se le asigne a uno para que las lleve a cabo anónimo. No, no volveré a pasar por militancias prácticas en las que perder el tiempo. La propuesta tiene un valor en si misma tarde lo que tarde la sociedad en recogerla y en llevarla a término, sea la de Mendel en relación a la genética o por lo que hace a los diseños con motores de agua o activados por baterías alimentadas por paneles solares.
El vínculo con la literatura ensayística o ficciosa es la de compromiso. Un predicado no solo dice que piensa y quien es quien lo ha enunciado sino que también permite inferir lo que se puede esperar de ese postulante. En el texto escrito, no en uno tan solo sino en su continuum productivo encontrando marcada una tendencia de pensamiento, hay un cierto ajuste de cuentas con la sociedad y con la historia a favor de una biografía que no quiere saldarse con los daños acumulados por estar ubicado en un tiempo histórico prematuro o envuelto por una mentalidad social de carencias. En ese ajuste de cuentas puede volcarse una cierta venganza sutil de la que no se sea totalmente consciente. Nada tan grave si la venganza es resituada en términos de dejar las cosas claras. Stendhal, que debió pasarlo bastante mal, dijo que desde el momento en que uno no puede esperar vengarse comienza a odiar.
En los textos por terminar espero encontrar claves que todavía no tengo en la elaboración teórica en la que estoy metido. Además de la crónica y de los análisis de lo personal seguiré investigando los límites humanos de la comunicación en el tipo de ser humano de entre siglos con el que he coexistido para, tal vez, tratar de arriesgar tesis conceptuales para remediar eso.
De todos los productos comunicativos el libro como objeto no deja de ser una parodia de la comunicación imposible. Un libro concentra una información o saber en forma de conserva para que este dispuesto en espera a quien quiera leerlo. El libro hace de intermediario entre un lector y un autor que tal vez en el contacto oral directo no se consentirían ni la escucha mutua ni el decir completo del autor. La comunicación oral, altamente controlada y protocolizada, falla; la escrita apuesta por una permanentización del mensaje en el futuro.
La palabra bohemia me ha acompañdo a lo largo de las décadas con mayor regularidad que otras del repertorio de la diferenciación con el mundo de los otros. He terminado por defender una vida bohemia, la mía, más que la vida bohemia de la que en realidad no sé si tiene un significado unitario. Para mí la bohemia era la conexión con los colores, con la fiesta, con los placeres e incertidumbres creativas, con la falta de horarios, con la seducción continua. Había sido criticado por bohemia en una época en la que el comunismo obrerista lo que menso quería en sus filas era sujetos como yo, imprevisibles, críticos, distintos, prefiriendo la uniformidad de sus militancias para la propagación de consignas así mismo uniformes. Perdoné a mis críticos y demoré en demasía mí tiempo de permanencia en aquel submundo de conspiradores que en realidad no querían un mundo alternativo sino un traspaso del poder político. La vida bohemia está emparentada con la farándula, con los escenarios noctámbulos, con los cabarets, con las farras hasta altas horas, con los juegos de relaciones sensuales, con los amores muchos y con el arte, todo ello empaquetado dentro de vidas efímeras que no creen tanto en el futuro como en el presente, ni tanto en los demás como en el protagonismo de cada uno.
Hay algo de la vida bohemia que me gusta por lo que tiene de festivo y de imprevisible. Cada dia puede ser una novedad y la cantera de nuevas anécdotas, algo que la vida obrera o la del empleado mustio de oficina o mostrador no pueden decir. El bohemio tiene la mala fama de ser un personaje de bares que va por las latitudes de la onírica con la misma facilidad que si saliera a dar un paseo por la calle de al lado. También se le emparenta con sus excesos de bebida, sus líos de faldas (curiosa denominación para desprestigiar el amor plural), su pobreza endémica o falta de recursos. En casos extremos el bohemio no tiene con qué encender su estufa ni un plato de sopa caliente con el que recobrar el tono corporal, sin embargo parece no faltarla la sonrisa en la cara o su talante de ironía permanente ante todo.
No soy un especialista en tomar criterios a favor o en contra de corrientes, escuelas, partidos o teorías. Hubo un tiempo en el que las contradicciones sociales estaban muy claras que no tomar partido era una atrocidad y que mantenerse neutral una forma de temor. Ahora es más bien al revés: tomar partido por determinados partidos es una atrocidad contra el sentido común. La única opción que me parece sensata es la más insensata de todos: tomar partido por la poesía, por la filosofía y por la exploración existencial. La bohemia es, bajo este criterio, una consecuencia, no una elección. Lo bonito de ella es la distinción diaria que procura, una falta de planning deliberada por lo que hace a objetivos existenciales muy marcados para no encorsetar la espontaneidad biográfica. Un dia puedes ser cliente de un espacio hotelero sosegado y elegante y otro día alojarte con tu tienda de camping junto a un río. Un dia puedes estar tratando de componer una canción y otro dia compartir una comida con gente que acabas de conocer.
La idea del bohemio ha dejado una especie de aureola de mala fama. No se ocupa de nada y por no ocuparse no se ocupa de sí mismo. Tal vez se entrampa con préstamos o necesita quien le invite a comer para llegar al día siguiente. En resumen puede ser un desastre por lo que hace a planificar su propio futuro.
Desde luego no todo el mundo puede ser bohemio. Se necesita una resolución: la de creer firmemente que sea la que sea la vida está garantizada y que lo más interesante del futuro no es enfrentarlo de tal manera que hipoteque el presente. Vivir el día a día se ha convertido en un eslogan universalmente famoso pero que sin embargo se emplea incorrectamente. De hecho, todos terminamos por planificar nuestras existencias y por tanto nuestros futuros. Incluso en la condición de viajero el que cambia continuamente de emplazamiento tiene en cuenta lso recursos, las ubicaciones y los condicionamientos individuales desde el primer día que aterriza en un lugar. La troupe de farándula que lleva su escenario, su mimo, improvisaciones o gags de localidad en localidad y vive de lo que recoge, con la convivencia colectiva permanente que supone es quizás lo más parecido a lo que se puede entender por bohemia. Una vida instalada en el juego permanente con la vida, eso es bohemia. Una vida sin lados ocursos, sin perversiones capciosas, sin instrumentalismos del otro, sin calamidades dolorosas de las que arrepentirse.
He idealizado la palabra y un concepto. Todo lo que he accedido a ver de la vida bohemia en grupos constituidos es que no han estado exentos de conflictos internos, de monetarismos contradictorios, de pequeñas traiciones. Mi propia vida se ha visto envuelta con experiencias que me podía perfectamente evitar con gentes más que reprobables. Pero la vida es eso: pasar por sus inmundicias. Si a la bohemia no le pides grandes alternativas de recambio social todo va bien, tan pronto esperas que la gente cumpla lo que diga y que sus valores sean impecables los desalientos no tardan en surgir. Hay algo del sistema dominante de la sociedad que alcanza a todo el mundo incluyendo a sus bastardos y a sus hijos prófugos, también a las distintas clases de auto marginados, y es el interés por el dinero. Los artesanos que trabajan para ser autónomos y vivir por cuenta propia sin tener que pasar por la condición de supeditación del empleado asalariado terminan, no pocos, en verse corrompidos por el pvp final que ponen a sus productos o, lo que es peor, en darles sus trabajos a comerciantes profesionales que no los han trabajado y que toda gestión es la de dejar pasar los meses hasta que alguien acepta comprarlos eso sí a precios triplicados o decuplicados de los que los han pagado.
Un panorama bohemio de intercambios de todo basado en el principio del goce proporcionado por la colaboración mutua es algo que está muy lejos de la realidad. No tengo comprobaciones para afirmar si alguna vez ha existo más allá de los cuatro amigos que lo compartían todo. Es posible que la ideación de la vida barata, si no gratis, del día a dia alimentándose de letras y colores por encima de la obsesión por la seguridad de la comida o del confort, haya formado parte más de las maquinaciones de la fantasía que de las posibilidades reales. Por lo que hace a mi experiencia directa descubrí prematuramente un talismán: basta creer en ti y en tus posibilidades, también en tu perfil de existencialista para que todo se combine y se escenifique sin tener que hacer demasiados esfuerzos. Basta creer en qué siempre resolverás situaciones y seguir tu dinámica inercial de creativo para que esto se vaya dando y configurando biográficamente con naturalidad. Cuando la gente me decía –por mi edad y mis triunfos ya no me lo dice- que un dia u otro me arrepentiría de no asegurar mi futuro olvidaba que la peor manera de perder el futuro es hipotecándolo haciendo del presente una obediencia a los dictados de consumo, del trabajo obligatorio y del dinero. ¿Y qué pasaría si todo el mundo optara por una vida bohemia? Objeta un crítico de quienes nos hemos tomado esta clase de libertades. El mundo se hundiría, desparecería la producción y la economía –añade- De acuerdo la elección del bohemio cuenta en que la inmensa mayoría se dedica al trabajo asalariado, a las rutinas diarias de la producción de lo básico. Mientras haya quien sirva las cervezas en el restaurant y las comidas y trabaje los campos y mantenga las líneas de tren y las autopsitas todo va bien. Tan pronto el encadenado falla, el más poeta tiene que dedicarse a los trabajos primarios. Como no ha llegado el caso pospondremos la respuesta para cuando llegue. El bohemio, con todas sus famas adversas, no deja de ser un trabajador en lo suyo. Probar una nueva clase de música, reescribir un texto, hacer una composición puede formar parte del cada día como algo más natural. Evidentemente estoy igualando la vida bohemia a la artística, pero la bohemia es mucho más que la dedicación sistemática –y disciplinada- al arte. Lleva consigo toda la aureola que la protege y la sigue. Tiene un aire de despreocupación sin necesidad de ningún compromiso con el futuro ni en lo personal ni en lo social. Eso tampoco es totalmente cierto. A la bohemia ligaríamos gente dedicada a la composición musical o a la pintura, raramente gente con preocupaciones sociales que dedicaron sus energías y biografías a la lucha revolucionaria. Nadie calificaría a Emiliano Zapata de bohemio. Ni diría de un bohemio que alcanzará el cargo de un presidente de gobierno, aunque sí hubo algún poeta detentándolo o algún escritor pretendiéndolo (Leopold Shengor y Vargas Llosas por ejemplo). Sin embargo, hay algo de la bohemia en si misma revolucionaria por su condición rupturista con las formas tradicionales heredadas y lo es sin que tenga un planteamiento para eso ni desee una teoría política. Una vida bohemia, que no la vida bohemia, permite vivir la sociedad, soportarla, a caballo entre lo que no es ni nunca será demostrando de facto la posibilidad existencial de vivir del y por el arte trasladando la potencialidad biográfica de la misión por hacer grandes heroicidades al goce de vivir una sola: la de la felicidad.
Si bien es irreprochable que una vida se viva sin objetivos en el sentido de sin retos o grandes metas pudiendo ser una vida con contenido y auto satisfactoria no lo es menos que una vida con ellos. Mi análisis autobiográfico puso en evidencia que haber vivido una larga etapa con objetivos colectivos, supuestos objetivos colectivos, se había traducido en no tener objetivos personales propios o en poner estos en función de aquellos. Aquellos: una sociedad justa, igualitaria e ideal, nunca se cumplirían y me fueron pasando las décadas sin poder volver a atrás, desandar el proceso y empezar de nuevo como si no hubiera pasado nada. En aquella condición de militancia y de dedicación de entrega a los demás (los demás entendidos como masas amorfas o como sociedad sufriente a la espera de vanguardistas que le iluminaran el camino de la liberación) sí había objetivos tácitos pero nunca explicitados del todo públicamente, los de alcanzar una categoría, un prestigio en la dirección del proceso histórico, un saber reconocido, un liderazgo. Pero todo eso era lo suficientemente vago como para que no supiera exactamente lo que quería decir. De alguna manera pensar en uno mismo estaba prohibido por el catecismo socialista y todo planteamiento de individualidad era considerado individualismo. Cuanto más tiempo pasaba tras los presupuestos idealistas de una revolución que, supuestamente, engendraría sino un nuevo mundo sí un nuevo país, más evidente resultaba que tratábamos con una quimera que a diferencia de la imaginación literaria se traducía en una pérdida de sentido existencial. La revolución solo fue amortizada por quienes hicieron carrera con ella, los demás, la inmensa mayoría de revolucionarios nos quedamos para nutrir las filas de la desesperanza. Mientras tanto, el resto dela sociedad que ya no había creído en si misma, es decir en sus potenciales de un futuro alternativo, ni por supuesto en nosotros, sus supuestos representantes ideológicos vivió perfectamente integrada en la objetividad dada. Fue así que nuestras generaciones se espabilaron para ocupar los puestos de trabajo y de direcciones políticas. De todo ello quedaría algo positivo, toda experiencia proporciona la positividad de un saber por desalentadores que hayan sido los resultados.
Lo que diferencia a las personas en sus formas de restablecerse tras experiencias compartidas de finales deplorables, es lo que a priori esperaban de ellas. Siendo completamente distinta la relación de quienes la tomaban como juego a quienes la tomaban en serio. Las militancias dedicadas a las grandes ideas suelen dar enseñanzas muy frustrantes, todo lo contrario a las representaciones dedicadas a actuar desde la hipótesis permanente. Se pueden hacer cosas y vivir vidas dando por supuesta su certeza de predicados aunque no estén ni demostrados ni reconocidos. Es así que el triunfo de un revolucionario nunca estuvo tanto en llegar a un complicado objetivo social, arrebatando el poder político a otros como en vivir la revolución en sí mismo, en tanto que sujeto concreto expulsando los amos impuestos de su cabeza.
Los objetivos biográficos suelen pasar más por las apariencias externas que no por los logros personales en el campo de los sentimientos y de los valores. Socialmente el significado de conseguir lo que se quería pasa por conseguir puestos relevantes, casas caras, cuentas de banco rebosantes… El triunfo pasa –bajo este punto de vista- por el currículum dotado de reconocimientos sociales y de objetivos materiales muy medibles. Los triunfadores se muestran los unos a los otros el alcance de su poder y de sus logros por sus distintivos adquiridos: vehículos, joyas o empresas. También por el mundo de relaciones al que pertenecen.
La condición de desiguales permite que cada cual individue sus objetivos biográficos particulares sin que tengan que pasar por el reconocimiento de los demás. Lo que para unos es un gran objetivo (conseguir dinero) para otros no es más que un problema de estreñimiento simbólico. Cuanto antes una persona sepa los objetivos que quiere alcanzar en su vida antes los alcanzará. Cabe reconocer la estrecha relación entre objetivo planeado y objetivo conseguido con felicidad personal. Al ser preguntado Marcel Maréchal, actor y director de teatro en su tournée representando Moliére por el oeste de África, porque hacia de tal, respondió sencillamente que siempre quiso hacer esto. Quien sabe lo que quiere hacer con su vida, en que ocuparse, a qué dedicarse, a donde llegar, y tiene la mitad de su proyecto realizado. Un objetivo no es exactamente un deseo, pero sin duda no tener vergüenza por los propios deseos, por lejos e inalcanzables que parezcan, de alguna manera se van convirtiendo en objetivos con estrategias y metodologías.
Siempre quise ser escritor pero en realidad nunca empecé a serlo del todo hasta el dia –muchos años despues de estar escribiendo- que decidí que lo era. Ese serlo priorizó mi auto-reconocimiento saltando de un indeterminado lugar en la espera del hetero-reconocimiento. Nadie te dice que eres un ser vivientes para saber que lo eres. Ni nadie te autoriza a respirar para respirar. Pasa algo parecido con los objetivos de vida. Los consigues o no dependiendo de si tu dinámica está organizada tras ellos.
A diferencia de la lista de los deseos, la lista de los objetivos tiene que ser concebida con criterios sensatos y consecuentes, con valoraciones razonadas y con una estimación racional de sus posibilidades. Un deseo puede escapar de la racionalidad sabiendo que lo hace, un objetivo no. Sin embargo hay una concomitancia entre ambos: tener objetivos pasa también por el deseo de tenerlos sin convertir no conseguirlos en una hecatombe.
Sigo con mi rito anual cada enero de apuntar en mi agenda la lista de cosas que quiero alcanzar este año o en los posteriores. La lista suele ser más extensa de lo que podré conseguir y muchos de sus ítemes se repiten de año en año, pero eso no me desalienta. Lo primero es saber lo que quieres conseguir lo segundo es montarte en los ritmos para conseguirlo, si no lo alcanzas este año será el siguiente. Dentro de los objetivos cabe distinguir los de tipo concreto material (conseguir un determinado tipo de ordenador, o una mejor máquina de filmación, o un mejor sistema de grabación,…) a los de tipo personal, los de alcanzar nuevas atribuciones de sujeto, los que podemos definir como objetivos del ser. Las personas suelen ser confundidos con sus oficios. Es así que uno no hace de comediante sino que es un comediante, no ejerce de psicoanalista sino que es un psicoanalista, no trabaja como empleado sino que es un empleado, y así sucesivamente. Es cierto, la función suplanta al ejecutante especialmente cuando la identificación de este con ella es total.
Lo que he venido alegando por décadas ha sido la sinceridad como el mejor capital personal y la defensa de la verdad como la única forma con que se puede expresar la honestidad. No se limita a ser un criterio que ostentar sino que, mucho más que eso, es el potencial revolucionario mayor, hasta tal punto que es lo mas revolucionario de cualquier programa de sedición o insurgencia La verdad es mucho más que un principio. Es el elemento indispensable que constituye o desautoriza una realidad. La verdad es la certificación de un acontecimiento que se extiende a la suma de todos los eventos de los que se tenga noticia si es con su criterio que viene dada. Pero esa verdad como teorema-marco de acuerdo con el que vivir no resulta tan practicable como su enunciado parecería indicar. Cada vez que un sujeto afirma o niega un complemento directo o algunos indirectos lo enunciado invita a ser co-reflexionado desde el punto de vista de su versatilidad. Eso se viene haciendo tanto más difícil por tres grupos de factores distintos:
1ro- la concurrencia en un mundo donde el conocimiento avanza en la evaluación de sus incertezas.
2do-el peso de una sociedad interesada en sus entelequias, pantallas, escaparates y en suma una realidad sobrepuesta e impuesta a la que se prioriza por encima de la realidad real de la gente.
3ro-el rechazo por distintas culturas y clases sociales y líneas de pensamiento y políticas verdades que pongan en aprietos la inconsistencia argumental de cada uno de esos niveles.
La defensa de la verdad es tanto más posible cuanta menor implicación tiene el sujeto que la dice en las complicaciones y alianzas con un mundo de mentiras. Es por eso que a edades prematuras es tanto más fácil practicarla que en edades futuras.
El principio de decir siempre la verdad, que algunas liturgias dictan explícitamente con el “no mentirás” no está tan lejos de otro principio relacionado con la obediencia. Quien está más interesado en ella son las cúpulas de poder interesadas en mandar a sus súbditos a los cuales les conviene que crean en la suma importancia de la obediencia. De los votos cristianos de los profesionales religiosos: castidad, pobreza y obediencia es el tercero y solo el tercero sobre el que descansa el entramado del emporio católico. La transgresión del primero (siempre hubo curas que se entendieron con adúlteras o el volumen de pederastas en sus filas es abominable) y del segundo (¿hay alguien más rico que el Vaticano acaso?) siempre se ha permitido, pero el tercero es el gran fundamento congregacional: la ideología, la fe, las creencias no son tan importantes como ese sagrado motor rector de toda la organización. (Dentro del catolicismo es posible que haya tantas maneras de entender la espiritualidad como fuera de sus filas). Valga citar ese criterio de la obediencia como fundamental para ver su paralelismo con otras expresion de organización humana: la más inmediata serian las estructuras militantes donde la disciplina no es más que el vocablo que maximiza aquella. Pero en otros ordenes fundamentales de la vida humana; el del clan, sea la tribu o la familia, la obediencia al dictado del adulto está por encima de todo. Esa subordinación de todo a la obediencia sacrifica la verdad. El tipo subordinado obedece órdenes, se somete a unos roles, a pesar de que eso vaya en contra de la verdad. La verdad es que –valga la redundancia- hacer apología de la verdad es sumamente contradictorio. De una parte se defiende como lo más esencial de una teoría de pensamiento, de otro vivimos permanentemente en contradicción tanto porque los mensajes recibidos del exterior están inyectados de mentiras como por las propias dificultades de vivir con nuestras verdades personales en nuestros entornos.
El mundo ideal seria, se ha repetido hasta la saciedad, el de la justicia y el de la igualdad de oportunidades. No hay decreto político ni toma de un estado, para reorganizar la estructura de un país, que garantice eso si la sociedad entera no cambia de registro con respecto a la verdad tomándola como dictum permanente. El problema actual –e histórico- es –y ha sido- que decir la verdad ha sido un imposible en tanto que no ha sido admitida. Los criminales mas demostrados de la historia no han tenido dudas para cometer sus crímenes pero sí les ha preocupado mucho que se demostraran sus verdaderos rostros. Tirar la piedra y esconder la mano es casi instintual. Difamar a espaldas de uno y no dar el nombre, forma parte de lo más grotesco de las culturas. Mentir ante preguntas de control es lo más generalizado. La verdad es que la verdad para que quede instalada como principio universal y práctico se la debe desvincular de toda intención para explotarla con fines especulativos e injustos.
Ha habido dos posiciones muy separadas para defenderla: la de un humanismo revolucionario que ha visto en su praxis la única vía para la liberación del género humano de sus demonios y autoengaños (sigue siendo, en teoría, ésta, la vía regente para ello) y la de una intencionalidad de poder para sojuzgar a sus súbditos. La verdad que exige la voz de mando de un subordinado es para poderlo controlar mejor. Lo cierto es que prematuramente los niños aprenden estrategias de relación para mentir (la exageración de un llanto ya lo es). Las preguntas protocolarias más elementales (¿cómo te llamas? ¿dónde vives? ¿Cuál es tu ocupación?) son ya preguntas de control reciproco que nos permiten ubicarnos mutuamente. Los africanos de la francofonía preguntan directamente en que cuadro estás enmarcado, en concepto de que viajas o visitas o llegas a un determinado lugar. La necesidad de saber del otro para saber a que referirte es esencial en la comunicación humano lo que no quita de analizar su doble función: la del interés por el otro por si mismo y la del interés para poderlo ubicar-controlar-procesar o someter. La misma pregunta de un nombre personal y de todos los demás elementos puede responder al protocolo de una ficha policial o al protocolo de una relación de amistad. En el primer caso las preguntas son unidireccionales y en el segundo bidireccionales. No deja de ser nefato en el primer caso para el recogedor de verdades de datos que quien responde no le interese en absoluto los del controlador.
La relación con la verdad se hace complicada como principio cuando los entornos de mentira presionan para actuar de acuerdo con esta. Las relaciones dominantes son procesos espirálicos que tienden a un mas de artificiosidad con mentiras mutuamente encadenadas. El mimetismo social pasa por sacar partido a lo que uno no es. El comportamiento de un dicente instalado en un permanente estado de decir la verdad se puede hacer tan insostenible que el mismo entorno lo recriminará silenciándolo o excluyéndolo. El mismo perfil de alguien que quiere sostenerse en la verdad permanentemente, se verá en la necesidad de refugiarse en el marco teórico de ella más que en el militante de defenderla una y otra vez. Por otra parte qué es y como se manifiesta la verdad si no con un enunciado claro aplicado a un objeto temático dudo. Muy bien, una vez entregado la cuestión tampoco pasa por repetirlo cada día. Quien tenga contacto con ese enunciado puede usarlo para revisar sus mentiras o no creérselo. Puede preferir continuar atrapado por el mundo de la entelequia o visitar el nuevo mundo de la transparencia.
La verdad tiene más cartel que representación. Es el equivalente a conocer las cosas tal como son, pero eso no se hace tan accesible como la voluntad analítica podria pensar que es. Siglos o milenios de análisis siguen teniendo al ser humano auto engañándose en no pocas de sus mentiras fundamentales sobre el mismo sentido de la vida y su futuro transcorpóreo. Hay muchas referencias que informan sobre las dificultades de acceder al conocimiento incluso banal: un dicho popular dice que el melón y la mujer son difíciles de conocer. En las confrontaciones verbales la gente no está tan dispuesta a admitir la verdad en el otro, como tampoco lo está en admitírsela en si misma. Ante los polemistas que gritan y usan arbitrariamente datos o argumentos sin saber lo que manejan no hay que preocuparse demasiado, basta dejarles un par de ideas claras para que por su cuenta y riesgo reflexionen en su hipótesis de certeza. J Benavente dijo que solo temía a sus enemigos cuando empezaban a tener razón.
La verdad de la verdad, es decir su epistemología, es que no queda circunscrita a su producción verbal sino que sobre todo implica su metodología. La verdad de algo pasa por su registro metaconceptual. La verdad última de una página digital en una pantalla son sus 0y1 que permiten ordenar sus caracteres en el orden apropiado para la lectura. La verdad de una relación íntima con un partner es la voluptuosidad del deseo que va más allá de sus escenas sexuales. La verdad de un país es mucho mas, y a menudo muy distinta, de la publicada por las noticias de cada día.
Mi relación biográfica con la verdad ha sido peculiar: desde la defensa a ultranza en todo momento y lugar a su defensa relativa en función de las posibilidades de ser dicha. Tan pronto acepté el criterio de gestionarla en función de su receptividad objetiva fui advirtiendo que casi nadie está con tanta fuerza psicológica y seguridad personal como para aceptarla en su integridad. Eso nos convierte a todos los hablantes en sino mentirosos totales sí protagonistas de distintas clases de omisiones. El hablante, que es consciente de eso, tiene que gestionar su rol de contacto con quien sea para lo que sea teniendo en cuenta que este otro también seguirá una política de omisión. Entre dos hablantes hay al menos cuatro discursos: dos que se comunican y otros dos que se quedan por debajo del nivel oral directo. Cada vez que un escritor se pone a escribir trata de autentificar en el texto lo que ha callado o ha debido callar en la oralidad. No puede ser de otro modo: el escenario no permita siempre el desarrollo potencial al máximo de todas las escenas contenibles. Estas deberán buscar otros espacios posteriores, tanto los privados como los públicos en forma de otros escenarios.
La verdad choca contra la realidad impuesta y autogenerada en la que casi todos sus residentes son sus agentes reproductivos y no tan solo los famosos poderosos medios de comunicación manejados por los ideólogos de la información. La relación de cada sujeto con la verdad, con la suya personal y con la que estima que lo es en sus contextos, en los demás, en la ciudad en la que vive o en el mundo que le ha tocado, es una relación inevitablemente conflictiva. Sostenerla significa ver aumentada la nómina de enemigos. Cada cual sabe, y si no lo sabe lo puede calcular fácilmente instrumentando un baremo de anotaciones, cuantas veces al dia –o si se cree mas puro, a la semana o por mes- miente –u omite- y al hacerlo se hace cómplice de un mundo global de una superestructura de sensaciones y de parámetros que solo están ahí porque la mentira colectiva los sostiene.
La verdad permanente es insostenible. La mentira permanente también es insostenible. Los seres racionalistas les toca vivir en la administración de lo uno y de lo otro lo mas equilibradamente posible para no sufrir el exceso de su contradicción. Hay verdades que por mucho que intenten ser dichas no son comunicables y no alcanzan la diana de destino. Las hay también que tienen que partir de las mentiras existentes para irse abriendo paso hasta poder ser dichas.
Si la verdad pasa por expresar el deseo de acostarse con la mujer de tu amigo es posible que el mejor criterio sea silenciarla aunque gestualmente se vayan configurando los signos de ese tipo de deseo. Si la verdad pasa por publicar la investigación de criminales y mafias de poder y en el intento las amenazas ponen en serio peligro la vida del investigador, cada cual debe medir hasta donde implicarse en esa hazaña. En última instancia es una sociedad cómplice la que ha hecho de la mentira una constante: si la gente quiere seguir instalada en ella por algunos otros siglos ¿por qué impedírselo? La reivindicación da fantasía como profilaxis de la realidad aun complica mas este asunto. Si bien desde el imaginario es importante dedicar energia para no sucumbir al realismo y aceptarlo como represor inhibitorio, no todas las mentiras fantasiosas tienen el valor de ir a un mas allá sino todo lo contrario, lo tienen en cuanto consolidar la aceptación del más acá, la realidad inmediata.
En mi relación personal con la verdad he pasado de irla propugnando permanentemente a irla dosificando en la medida en que pueda ser manifestada. Si tu amante no acepta que te relaciones con otras personas no es cuestión de mencionárselas continuamente si eso lo convierte en un motivo de sufrimiento. Si tu hijo expresa el deseo de no continuar hablando de un tema que ha creado tensión interna con su pareja no es cuestión de seguir ahondando en ello. Si tu madre utiliza tu información personal para controlarte no se la proporciones o no dejes tus cartas a la vista de su espionaje, Si tu compañera no quiere admitir que sigues siendo un sujeto de deseo, elcual que va más allá de su territorio corporal no la disgustes comunicándolo. Cito estas cuatro situaciones por citar tres personas muy vinculadas a un cuadro personal y que tienen el valor de aliadas íntimas o de pertenecer a una convivencia cercana. Si la verdad hay que silenciarla en esos marcos personales de los que se espera la alianza y el apoyo ¿qué decir de otras campos mucho más superficiales y distantes como el mundo de los busness, el comercial, el laboral…? Las formas de relación están tan repletos de expresiones de no verdad que lo mas natural es la omisión, es el estado dominante de la conducta de la gente entre ella. El apólogo de la verdad no se salva de ello. Acudir a la teoría tampoco le permite renovar su rol autentificándolo. Tan solo se traslada de registro: le dice a un ordenador o a una libreta lo que no le dice a un hablante. Lo cierto es que la verdad es tanto mas constante y relacional cuanto menos variables de relación haya y menos intereses creados se produzcan. Es tanto mas fácil comunicar verdades con un desconocido con el cual no está establecida una relación de futuro que con quien teniéndola, la misma relación ha negociado ya sus límites, ha definido sus zonas tabúes y ha puesto en claro de lo que se puede hablar y de lo que no. Eso no quita el valor comunicacional de quien perteneciendo al mundo próximo se puede desarrollar todo un campo de disertación siempre y cuando se ajuste a las reglas de no tocar o no nombrar lo innombrable para no generar dolorosos enfrentamientos.
Pertenezco a una generación en la que cosas como la cocina a gas, el televisor o la grabadora eran novedades. Los aparatos eran enormes. Tenias que tener mucha pasión para cargar con ellos para hacer algún trabajo. Recuerdo haber acarreado con una enorme grabadora para llevarla hasta el lugar de una reunión, también con una máquina de escribir en otra ocasión, todo ello recorriendo la distancia a pie en un tiempo en que no tenía vehículo ni chófer. Eso podría formar parte del anecdotario de un héroe. Mi memoria es confusa sobre la primera vez que grabé mi voz en el soporte de una cinta magnética. Ni siquiera recuerdo para qué mi padre compró esa enorme grabadora con dos porta cintas y un lector, todo ello muy rudimentario y cogiendo todos los ruidos ambientales. Sé que hice algunas grabaciones. Porque entonces estaba interesado en estudiar historia. Grabé algunos textos. Supongo que hice varias pruebas. Desde el principio no identifiqué mi voz. Un primer decalage entre el hablante y el oyente. Quien habla termina por reconocer su voz grabada despues de varias veces de grabarla y confirmar que es la suya.
Fui conservando varios cassettes con mi voz por distintos motivos: pruebas, recitaciones, música de mi guitarra y conferencias. También en soporte de videocasete con pruebas de filmación, Todo aquello lleno una carpeta caja en mi archivo sin que nunca haya hecho realmente nada con ello.
Siempre pensé que haría algo con todo eso pero van pasando los años y no lo he hecho. También hice algunas pruebas con grabaciones directamente en el ordenador. En conjunto todo fueron pruebas. Nunca me satisficieron los resultados. Sigue pasando el tiempo por todo el material sin saber si algún día haré algo con ello o servirá de algo. Vaciar las grabaciones para hacer texto transcrito suponía un enorme trabajo. En cuanto a las imágenes, prepararlas y enlazarlas para hacer videomontajes también se fueron quedando para algún día del futuro en el que me sintiera inspirado y con tiempo y con dominios para hacerlo. Por lo visto tal día todavía no ha llegado, quizás para cuando llegue los soportes se hayan cansado de guardar la imagen de voces y fotogramas y se hayan borrado.
Hoy día todo el mundo se auto-enlata lo antes que puede. Tampoco se puede elegir mucho: los niños nacen ante el flash de una cámara, su primera respiración o ay es captada por ella. Los acontecimientos se rubrican con fotos. Ahí donde hay una curiosidad hay quien hace clic a su cámara para conservarla. Es una forma de apoderarse de ella sin que el objeto cambie de manos de propiedad o sin alterar la situación captada. Hay partes de mi vida ligadas a casas y territorios privados que me gustaría documentar antes de perder totalmente el derecho de mi acceso a ellas. Cuando estoy de viaje al hacer una presentación de mis fotos me encuentro con espacios en los que llevo mucho tiempo que no me voy. Las fotos me recuerdan la casa que he dejado o las cosas que me rodeaban, además claro está de la gente y del paisaje. Devenimos individuos en conserva por la suerte técnica que proporcionan los soportes de audio y video. Antes lo dominante era el texto. Uno podía dejar su autobiografía o sus memorias escritas (demasiado trabajo para quien funciona con el eslogan del más vale una imagen que…etc)
Actualmente todo el mundo genera imágenes y voces que quedan enlatadas. Todo empezó con los video reportajes que cubrían efemérides importantes: bodas y otras ceremonias. Se pueden hacer estimaciones de auténticos bodrios de profesionales o pseudos que hacen videomontajes. ¡A mí que no me casen pasándome por estos productos!
Gracias al software actualmente cada usuario puede hacer sus clips. Lo que antes, en la época del magnetoscopio, requería de cursos complejos ahora se aprende en un par de horas explorando la herramientas de un programa para la edición de imágenes y de sonido. Depende de la pericia de cada cual que el producto final sea más o menos aceptable.
No creo que dejar imágenes propias o sonido de voz signifique necesariamente dejar más saber pero la circunstancia de su accesibilidad puede dar a conocer de formas más vivas y directas los mensajes que cada cual quiera dejar para sus no coetáneos.
Lo mismo que la música o el estudio de sus fundamentos ha llegado a la escuela primaria junto a las manualidades y la iniciación a la artesanía, es lógico que el aprendizaje de lso rudimentos para hacer imágenes fotográficas y manipularlas también termine se extienda sin necesidad d acudir a escuelas de bellas artes o de cinematografía para trabajar con ellas. Las plateas de espectadores del futuro tendrían un perfil más riguroso si cada espectador tuviera la experiencia de ser creador, autor o actor.
No hay que olvidar que el yo enlatado por profuso que lo sea no deja de ser una colección de latas que esperan en un estante lo mismo que cualesquiera otros documentos sonoros o de imagen. El yo real queda fuera de todo eso y su verdad diaria está por encima del rato en que ha dejado su imagen encerrada o su mensaje oral.
La inmensa mayoría de personas van a ver guardadas sus producciones caseras en sus casas y en escasos ámbitos de circulación. Excepcionalmente quien pasa por la experiencia de Natascha Henstridge cae en la ilusión de una inmortalización por esa vía de quedar en conserva olvidando que el yo enlatado revela estadios de la personalidad que se superan posteriormente o incluso que se desean olvidar.
elegida entre más de 800 candidatas para interpretar el papel protagonista de Species. a los 14a abandonó a su familia y se fue a París para triunfar como modelo.

Sigo pensando que la mejor forma de auto presentación es por el pensamiento transparente y no por los datos biográficos concretos. Nacer en tal fecha, morir en tal otra, vivir en tal país, cambiar a tal otro, tener tales estudios, tener hijo, nietos, esposas, o haber publicado tales libros o participado en tales eventos, haber hecho tales obras de arte, en realidad todo eso no son más que distorsionadores. Para decirlo escuetamente, distractores. ¿Para qué se sigue preguntando quien es quien sea que esté detrás de una posición teórica? En el fondo, indagar los antecedentes, el cv, las heroicidades o las anecdóticas de los autores no es más que formas camufladas de marujiadas. Las opiniones se sostienen por si mismas o no se sostienen. El hecho de saber los datos personales por lo que hace a una autoría en principio es algo muy separado a la creación misma de una opinión. Claro que todo está correlacionado y las opiniones vienen decididas por un tipo de biografías y de origines, pero lo más importante de una opinión o de un análisis no es esto sino su valor intrínseco como contribución a la teoría y al saber. Si tuviéramos que saber la vida y milagros de los nombres responsables de artículos y libros jamás se leería nada. Conocerlos es posterior a leerlos. Esa demora en el encuentro con el autor/la autora puede tener consecuencias curiosas entre otras que aquel gigantes de las letras no sea más que en enano físico de aspecto huraño y de escaso humor, o que sea un ignorante en otras muchas temáticas de la vida, o que ni siquiera sea corresponsivo y amable con sus lectores. Los autores de editoriales que se deben a estas, un dia u otra terminan por hacer el memo ante hileras de gentes que esperan su firma y su dedicatoria. (por cierto ¿no seria mejor dar un meeting in situ y convencer a sus fans que puede prescindir de ese detallito?. Ni el autor que firma libros se va a acordar de a quienes se los ha firmado por mucho que les pregunte el nombre ni estos van a dárselas de importantes diciéndole a sus invitados: “mirad, mirad, tengo la firma de mi autor preferido estampada aquí”.(claro, que dados los tiempos que corren no estoy tan seguro de que eso ultimo no suceda).Bueno si a mí me sucediera eso como invitado a casa de quien me sorprendiera con esta frase me preguntaría si acababa de dispararse el túnel del tiempo en una vuelta a la adolescencia.
Ciertamente hay autores de consumo por su nombre, publiquen lo que publiquen, digan lo que digan. Eso remite a un sesgo interpretativo: el de suponer que la calidad o genialidad en una propuesta tiene que seguir siendo sostenida en las demás propuestas que la siguen. No suele ser así, los autores son conocidos por uno o dos libros a lo máximo, los cantantes por algunas canciones, los pintores y escultores por una sola obra crucial. Tanto es así que es posible que el autor de algo sea el primero en sufrir las consecuencias por ser reconocido por aquella obra que le encumbrara o le hiciera famoso. Casi es mejor el anonimato más completo. Que se tenga en cuenta cada obra, cada texto, cada propuesta, cada forma es mas importante que se conozca a sus autores pero no a lo que hicieron. La sociedad hipócrita nos ha acostumbrado a conocer los nombres pero no los hechos, las autorías pero no los actos, la fama pero no sus porqués exactos.
Muy bien digamos lo mínimo de un autor para saber si nos interesa o no leerlo. ¿De verdad que la solapa de un libro es lo que decide entrar en su lectura? Las sinopsis biográficas pueden engañar con respecto a los biografiados, presentar lo que no son o inflacionar lo que hicieron pero no substituir la envergadura que presentan en sus trabajos. Un autor, un creante, es el primer interesado en mostrar su verdad en el cuadro del pensamiento sin pasar por la exhibición de su figura, de sus emolumentos, de sus ubicaciones, de sus lugares o de sus logros. En realidad ¿a quien importa todo esto? De acuerdo la sociedad es voyerista y todo tiene una demanda de imagen. Lo que no pasa pro ella parece que no existe. Pero detrás de los artículos, con una cierta regularidad y profusión, debe haber alguien escribiéndolos, documentándose, pensando, discutiendo acerca de esos temas, leyendo a otros que ha hablado de ellos, construyéndolos para presentarlos con una cierta solidez. Eso y no si se recibió tal o cual o premio o si se escaló tal o cual ocho mil, es lo que liga a un interés: Personalmente no quiero ser leído en función de mis heroicidades (que por otra parte no tengo, como tampoco ostento medalla alguna al mérito de ninguna clase) sino por el valor de los textos mismos, de sus análisis, de lo que dicen y argumentan, en lo que pueden convencer y en el reconocimiento de sus evidencias limitativas.
Eso me coloca al principio de la cuestión: la de decir quien soy en lugar de seguir por el lado de no decirlo. Cuando entro en el país de Yacom y me encuentro con anunciítos, de un chico musculoso que dice que esta esperando a una chica para chatear con ella y que le gusta el surf o ligar, o una chica que dice que le gusta ir de fiesta y ser sexy, pienso que la raza va de mal en peor. Son suficientes esos eslóganes como para tomar medidas ante la gente. No, saber a priori los gustos del personal, sus títulos, sus idiomas, sus ubicaciones no es lo más importante. Estoy por decir que es lo menos importante. Creo que es preferible conocer las opiniones, los argumentos, la sensibilidad. Eso son registros de alta sintonía, lo otro son curiosidades.
En conclusión me he convencido a mí mismo para no decir quien soy o lo que hago o en que trabajo o en qué me ocupo. Posiblemente porque tampoco tengo un gran historial que enseñar. Nadie me da premios, ni he sido seleccionado en ningún concurso de ningún tipo (en los que tampoco me presento), no hago campañas por nada, no tengo una firma renombrada en ningún periódico, no he explorado el cosmos físicamente, no tengo cátedras, ni honores académicos, no doy ruedas de prensa, ni ocupo un puesto destacado en lugar alguno. Soy conocido en mi casa y en un círculo reducido de personas. Doy alguna conferencia de tarde en tarde para recordar que tengo una voz que puedo emplear públicamente, trabajo en la cura analítica con personas que presentan disfunciones de conducta, viajo, escucho, miro, atiendo, analizo; he vivido en varios países, y puedo decir poco más de mi. Detesto los cv y los panegíricos, los honores y los elogios, casi tanto como los desprecios infundamentados. Escribo en blogs porque ningún periódico o revista me pide que contribuya regularmente a sus páginas (aunque lo uno tampoco sería incompatible con lo otro), escribo a fondo perdido, sin remuneración ni contraprestación alguna, salvo la de la autosatisfacción creativa, porque es lo menos, aunque poco, que puedo hacer por mi época, por mi mundo y por la cultura desde mi posicionamiento transcultural. Tengo varios blogs en la red y colaboro en otros ajenos, -con mi nombre y con otros heterónimos- con contribuciones honestas entregando cada momento de frescura de mi propia evolución intelectual. Estilo y criterio que entiendo puede ser extensible a otra mucha gente con mucho saber en bruto en si mismo y que los demás podríamos beneficiarnos si decidieran proyectarlo. No creo ni estoy de acuerdo en que se tenga tener todo claro y tras alcanzar conclusiones rotundas para escribir y para editar. Compartir el pensamiento en su fase de elaboración también es una forma de compartir y un criterio de sinérgico de cooperación con las demás contribuciones creativos y contribuyentes creantes que haya.
Termino. No creo que mi figura sea de interés público pero mis textos sí puede serlo. Lo menos relevante de mi es mi biografía en cuanto a itinerario residencial o profesional y lo más destacable son mis textos sobre distintos temas y en distintos géneros. Bien mirado es lo único que quedará de mí.
Me sentiría ridículo hablando de mis batallitas, mis hechos, mis colaboraciones aquí y allá, mis licenciaturas, mis solidaridades. Que otros abrumen a sus clacas con esos perfumes. Eso no significa que oculte mis detalles tras una disertación, solo (me) propongo dejarlo para ámbitos adecuados de lo personal.
Les ONGs i la paradoxia del bloqueig pel canvi social.
S´ha aventurat la comptabilitat d´un milió d´ONGs a escala mundial. Això suposa milions de voluntaris que treballen a favor de millores i de solidaritat i per la reducció dels models d’explotació humana. Possiblement mai abans havia estat un contingent tan nombrós de persones a favor d’una cultura de la solidaritat. Tot i així, aquest contingent i valuós potencial no és tingut en compte com a factor per la transformació del sistema econòmic social. Cada ONG fa la seva guerra en particular amb una notòria manca de comunitat de recursos i la falta d’una xarxa de xarxes que fos la concreció d’una veritable macroètica alternativa a la societat.
S´ha dit que les ONG per la seva configuració com associacionisme civil venen a evacuar les males consciències del que no pateixen les societats a les que pertanyen, alhora que son la ma d’obra barata del que no fa oficialment els estats occidentals. S’ha relacionat les ONG també a una joventut conservadora més preocupada en el fragmentalisme i la superficialitat d’unes activitats que no en una transformació d’estructures a nivell planetari. Es podria dir que a través del voluntariat social que atreu, les ONG donen compte de les cèlebres condicions subjectives, que feien furor a les teories revolucionàries d’altres temps. El miratge es revela com a tal a l’entendre que les contradiccions interassociacionistes poden ser tan fortes com les intergovernatives. Tot i així cal rendir-se a l’evidència de les continuïtats de les organitzacions abocades a la seva tasca parcial i que deuen el seu desenvolupament a viure d’esquenes al fenomen disseminat al que pertanyen. Un indicador que la falta de crisi en les ONG es deu a una buidor ideològica on no caben els plantejaments profunds de la renovació humana, per autolimitar-se al practicisme.
El seu creixement,-malgrat orígens remots (associacions d’amics de les NU, voluntariat de la Creu Roja,..) encara que generalitzat a partir de la dècada anterior arreu de la geografia espanyola, està molt lligat al fracàs dels partits politics com models d’iniciativa per moviments unificats i per transformacions estatals. La prefigura del voluntari es la de l´exmilitant partyless(sense partit)més abocat a l’uniat i eficàcia del concret que no a les especulacions politiques. Tant es així, que el creixement d’aquest voluntariat estès ha anat conjugat a una despolitització expressa, de la qual té una part de responsabilitat el fracàs orgànic de les preteses avantguardes abans referides de canvi social. A diferència dels partits, les ONG no parlen de tàctica ni d’estratègia i van fent les respostes als temes concrets, desvinculades d’una visió general de la història dels esdeveniments.Cosa que indica una de les contradiccions mes potents, a una època en que la fórmula magistral passa pel pensar globalment i actuar local o parcialment.
S´ha vinculat el fenomen de les ONG a una joventut conservadora (Paco Fernández Buey) que no vol fer política de res i sense adonar-se’n segueix els jocs polítics dels governamentals (cal recordar que la major part de l’associacionisme depèn de les subvencions oficials)portant ajuda humanitària allà on per compromisos d’estat hi deuria arribar la intervenció oficial, econòmica i diplomàtica.
Tota la moguda de gent que treballa per estendre la solidaritat i la consciència, cal dir que no deixa de ser una reconducció d´una energia vital de sectors socials, en marcs d’aprenentatge. Possiblement el pas de la gent de 20-25 anys d´ara pel proper quart de segle treballant amb entitats de col·laboració els portarà a entendre la necessitat d´una macroètica conjugadora de tot plegat i al seu costat una neopolítica per canviar definitivament les causes que reprodueixen el malestar a les societats humanes. Mentrestant les seves gestories i conductes pràctiques constaten els draps bruts d´un món que segueix refregant penes i fracassos. Per la seva banda els partits dits d’esquerra i portadors d´idees alternatives, no valoren encara prou la seva responsabilitat amb el fenomen dels militants ex-partit i encara menys en el disseny de nous moviment organitzats, diversos i unificats, que siguin un híbrid entre la potencia teòrica i eficaç dels que aquells plantejaven i el recolzament massiu i generalitzat de les ONG que promouen campanyes parcials però rotundament notòries.
Sempre que hi ha crisi econòmica, la sociologia radical la qualifica d’ estructural i de definitiva o última. (Ara sí que acabarà aquesta amb el sistema capitalista, les condicions per una contestació social potent estan donades). Bé, que la literatura entusiasta no decaigui!. La gent de més edat no té tant optimisme, tal vegada perquè ja ha biografiat prous conjuntures com per saber que el món es repeteix massa a ell mateix i tota la llista de brutalitats i injustícies mai acaben de decidir al personal a copular la terra per gestar una nova societat.
La idea de la nova societat ja no és el paradigma del segle passat pel que es feien militàncies a fons perdut i s`esbroncaven patronals per no complir amb la legislació laboral mínima. Tampoc l’ il·lusionisme dels veïns planetaris a Bolívia, Veneçuela o Paraguai és transportable a les contrades europees. Residim i patim les condicions de residir en un sistema econòmic basat en el lucre (sent tots els altres capítols secundaris). Les crisis econòmiques estan preinscrites des del moment que la societat en curs, -la de veritat, la que corra i funciona cada dia, no la de les idees i les utopies- es composa d’ un volum considerable de gent que prioritza el calé (si es fàcil i ràpid millor) al gaudi, prioritza les pors a l’ aventura existencial, prioritza la lluita per la subsistència a la lluita alternativa per modus de vida al marge dels circuits dels salaris deplorables, els treballs alienats i el consum autolesiu. Això compromet el psiquisme de quasi bé tothom. No es la condició social de pertinença a l’ esfera dels pobres o a la dels rics el que està rere les conductes sinó un particular psiquisme basat en l’ egolatria i la rivalitat permanent dels homes contra els homes, una versió de la qual és la dels explotadors contra els explotats.
Això explica que el vell partidisme esquerrà passi a formar part del mateix engranatge del sistema social i malgrat la seva vocació de fer-ho millor no passi de fer una gestió tècnica i estrictament capitalista, o que l’ oposició (Euia) es queixi per la pujada de preus dels bitllets del transport públic pel damunt de l’ IPC (gràcies de tot cor, qui tenim el poder adquisitiu feble agraïm la queixa pública, que no reduirà cap taxa, però al menys demostra que heu complert) o que la Brigada Vallesana (interessant nom grupal que em re actualitza de la permanència d’ un terme que a mi em sona a militar i que vaig tenir que patir per una mili forçada que em va saber a condemna empresonada i que només puc reproduir des de la prudència filosòfica i la ironia literària si la sé encertar) recordi l’ antic dilema trotsko-mendelià de socialisme o barbàrie, que des dels segle XIX ja va passant de pares a fills. A hores d’ ara, un anàlisi menys triomfal indica que a la barbàrie hi portem ja una colla de temps i que el dilema s’ ha resolt a favor de la involució. El capitalisme actual ha deixat de ser el paratge de les oportunitats per tothom. La fama que alguns dels seus països tenien al respecte en quant a terres de promissió i oportunitats s’ ha esvaït.
Ara, la solució, -com sempre- es o era, fer una societat alternativa, però el sol fet d’ anomenar socialisme ja mou a espant, sobre tot perquè la gent, la gran classe mitjana, té bastant més que les seves cadenes a perdre i tota hipòtesi de revolució per engendrar aquest món nou mou a ansietat. La qüestió no es que no hi hagi motius per fer un gran canvi radical, el problema es que no hi ha realment ningú organitzat per capitalitzar-lo ni cap moviment social prou clarivident com per engendrar-lo. Episòdicament els moviments socials fan esclats i fins i tot pugen al poder a presidències més populistes. La gent prou cremada per la corrupció, els preus especulats o les agressions ecològiques protesta de diverses maneres, però ni tot moviment social vol una alternativa global o la pensa, ni hi ha una teoria comuna que posi les avantguardes d’ acord. Moltes sigles porten la paraula d’ unitària i tenen la barra de continuar-la portant quan no passen de ser un minúscul grup o fracció del ventall panoràmic de la divisió permanent que no té perspectiva sense massa representativitat.
Quan a altres països hi ha avenços socials per l’ impuls de democràcies més populars i amb programes de nacionalitzacions no s’ ha de perdre de vista quin continua sent el cojunturama mundial, on els referents de la racionalitat estan del tot anul·lats. Quan un paio com Bush, nom del qual la literatura critica ha anat carregat com abans ho havia estat el de Reagan o el de Nixon o tants d’ altres, es permet dir que el pitjor error de la seva carrera política ha estat creure la paranoia de les armes de destrucció massiva iraquianes, no està dient al món que es va equivocar, sinó que sabent l’ error de la seva equivocació la va fer servir tot i així per continuar destruint el món una mica més. Al carallot en qüestió fer aquesta reconeixença publica no l’ afecta en absolut a hores d’ ara en la seva jubilació post presidencial. El detall és interessant perquè representa l’ autentica cara del poder: el cinisme més absolut, però això ja va quedar prou clar amb Cal·lígula molt abans.
El problema del neoliberalisme actual no és el del retorn a les tesis del liberalisme d un parell de segles enrere (comparativament el moviment obrer no ha evolucionat tant des d’ aquella època i l’ interès per la política ha emmagrit considerablement) sinó el de la celebració de la irracionalitat. No hi ha futur des del moment en que tota planificació és pel benefici inflacionari. La historia econòmica es la de la crisi econòmica permanent amb intervals que aconsegueixen controlar-la i no el revés. Sense planificació, (això vol dir, socialitzacions de recursos centrals e la seva versió de nacionalitzacions i politiques laborals de repartiment extensiu de les feines en relació a la força de treball i intel·lectual humana) no hi ha futur. I la planificació vol dir fer un món nou: canvi de valors, d’ hàbits, de feines. I això no hi ha poder ni oposició al poder que ho vulgui fer realment. No sé de cap colla d’ nous icarians que estiguin construint un nou model de societat a una finca de mil hectàrees a alguna banda del planeta aconseguida sota aquest propòsit.
Certament, cal confiar en que algun mecenes a la nòmina dels mecenes encara pot ser capaç de fer això, però em pensa que el millor que ha donat el socialisme en quant a idees, o al menús el mes espectacular simbòlicament, es va quedar en els socialistes utòpics del XIX i no en els pretesament científics del XX. Pel que fa als anomenats socialismes reals, el cubà ha deixat molt que desitjar per no mencionar els altres amb les seves llistes de crims.
Tot això porta a pensar que la reflexió sobre el dilema abans dit i la perspectiva anticrisi i de pas antisistema no es pot dur a terme sense a l’ hora repassar molt críticament als crítics. Els gestors governamentals esquerrans amb els que anàvem a les manis fa uns anys no ho fan millor que els no esquerrans no sé si pitjor, però no se de cap ajuntament a Europa que sigui un model de participació ciutadana, de ciutat ecològica, d’ auto i cogestió, o de proposta paradisíaca. El dia que un trenqui amb la tradició historia de la vida mentidera, m’ hi empadronaré tot seguit (si em deixen). El socialisme hipotètic del que encara em complau una mica trobar qui en fa apologia continua alimentant la literatura del desig, ja per això val la pena encara que la utopia està en el pitjor dels seus descrèdit, mentre que el capitalisme amb totes les seves falli-les continua tenint la incondicionalitat popular. Però sí el socialisme hipotètic es podrà fer tangible qualsevol dia d`aquest el mateix que qualsevol nit cal esperar que surti el sol.
Erico Malatesta ja havia proposat que atesa la fallida continua de l’ organització humana sota l’ imperi de les velles lleis sense resoldre cap de les grans lacres socials ja era hora de donar-li torn a la nove cocepció d’ organizació social des de l’ anarquisme. Ningu li va fer cas però la proposta reactualitzada segueix en peu. Sols que posar-se d’ acord en aquest concepció engendredora ja toparia amb batants dificultats. D’ altra banda qui te el poder mai el dona gratuïtament, però això passa en totes les escales de la vida, qui te una casa no posa al nom de l’ escriptura els seus veïns i la gent no acostuma a regalar el cotxe que s’ ha comprat per necessitat al seu amic.
Ir a los países del tercer mundo a adoptar criaturas de familias pobres no forma parte de ninguna alternativa de solidaridad a escala internacional con esas familias o esos países, otro asunto es que el referente solidario se esgrima dentro del pack general de argumentos personales por los que se hace tal cosa. En realidad de esta demanda creciente de pequeñajos a los que recolocar en los países de occidente integra un nuevo fenómeno. Eso no significa que ayude a disminuir el crecimiento poblacional antes bien puede ser un factor para incrementarlo al ser un parámetro estimulativo para familias tercermundistas que ven en la adopción de sus hijos una fuente de divisas por la vía de su venta disfrazada. La adopción se ha puesto de moda por muchas razones. La primera, si se quiere, es la sensibilidad de los más pudientes ante miradas infantiles desprovistas de toda malicia que están solicitando ayuda desde sus silencios. Nadie puede permanecer impasible ante esas miradas de la inocencia que no dejan de ser materiales infográficos que convenientemente explotados transforman las lágrimas de los solicitantes en algunos miles o decenas de miles de euros que se desparraman por el camino para nutrir un proceso de intermediarios que facilitan el niño o niña buscados.
La adopción significa, antes que nada, satisfacer el móvil privado, individualista y .sin lugar a dudas, egoísta de las parejas que se la plantean. El egoísmo se ha convertido en una de las palabras del discurso lesivo cuyo sujeto afectado por él ha debido ser indemnizado con palabras atenuantes tales como individuación o individualidad para no decir directamente individualista. Desde la teoría del gen egoísta el problema de un ser humano no es que sea egoísta procurando para sí sino que disfrace sus conductas como las más cooperativas, altruistas o extraordinariamente sociales. La adopción era una forma valiente y solidaria para ayudar a los más necesitados. Además facilitaba la convivencia de razas y diferencias con criaturas de distintas procedencias en el seno de la misma unidad familiar. Mia Farrow convirtió esa elección en otra variante del colecciónismo, si duda muy elogioso pero extrañamente sospechoso. Padres modélicos en implicar sus capitales en adopciones olvidan alegremente que los niños hermanados con los suyos biológicos propios crecerán y van a pasar por las crisis propias de la edad particularmente complicadas por las diferencias fisiológicas. Llevar un bebé o un niño que no ha cumplido los 7 años de los Andes o de China a Europa no tiene porque significar que le toque la mejor lotería de su vida. Pero ese niño sucio, harapiento, abandonado, con trabajos superiores a sus fuerzas está ahí para enternecer a los occidentales bien cebados que deciden lo que es el mundo en función de los reportajes televisivos a los que se exponen.
Se dice que los procesos de adopción son rigurosos para evaluar la estabilidad psicológica de la pareja o de la persona que tome esta decisión. Parece que hacerlo es lo más prudente pero esto no evita el hecho de que una persona sea cuerda y honesta sin que por eso sepa porque hace exactamente una cosa. Sin duda los niños huérfanos o abandonados por sus padres naturales forman parte de uno de tantos fenómenos execrables de la humanidad. Mientras los estados de cada país no construyan alternativas para ellos y la educación popular en general, mas seria y estricta, no disminuya el creciente número de niños de la calle la adopción tiene su valor supervivencial. La discusión está en presentarla como si fuera una verdadera alternativa cuando no pasa de ser un tímido paliativo que genera toda clase de especulaciones y alteraciones en el mismo ritmo poblacional.
La Europa de los blancos y los países ricos en general necesitan hacer ostentación de sus poderes y pagar de alguna forma su conciencia autoculpabilizadora por tener la suerte que los nacidos en otros muchos países no tienen, En el fondo del blanco solidario que apadrina, paga, ayuda a distancia o, como en el caso de la adopción, llevándose un niño para educarlo como hijo propio lo que hay es el pago de una exoneración. Ese mismo blanco hace muy poco, o no hace nada o ha dejado de presentar su lucha a favor de un mundo cambiado y redistribuido en el que no tendría porque haber todas esas calamidades de abandonos, orfandad, muertes o enfermedad.
La actitud de la adopción se ha convertido en una de las modas de supuesta ayuda. Una vez el crio procedente de otro país en cas, cuyos padres biológicos –dato crucial a no olvidar- existen, da una nota de color exótico al ambiente. Sus nuevos padres lo querrán con toda el alma y no harán discriminaciones con sus otros hijos naturales si los tienen, lo malo es que olvidarán los estragos de la otra parte, el de los padres naturales, de los cuales les sobrará una información prestada no autentificada como que no podían ocuparse de ellos.
Viajando por África no son pocas las mujeres que ofrecen (regalan) sus hijos de pecho a blancas desconocidas que llegan con gafas de sol, pieles pálidas y dineros saliéndose de los bolsillos. Hasta donde sé esto no ha generado un mercado de adopción alternativo paralelo al de la vía institucional del que no pocos intermediarios sacan tajada pero representa toda una posición actitudinal de madres irresponsables. La cuestión no es tomárselos, aunque sea por esa vía oficial, mesurada, indirecta y verificada paso a paso, sino reeducarlas para que no tengan a hijos que no pueden mantener o que les dan la teta por inercia tradicional no porque los quieran o los hayan deseado. No hay que olvidar que en los países islámicos las mujeres tienen hijos porque son los descendientes de Mahoma, y ellas tan solo el instrumento para tenerlos para complacer su voluntad dictada en el Corán.
Tampoco hace falta tomar el avión para ir a por una criatura según las ventajas fiscales (en definitiva un niño dado en adopción es una mercancía cuya adquisición o compra pasa por el pago de unas tasas) se puede buscar por internet lo mismo que se pueden comprar coches o mascotas a distancia dentro de las pautas del comercio electrónico. Esperemos a ver que sesgos tomará este proceso. Con un poco más de avance tecno, futuros padres cansados de tener sus vidas vacías o de que su falta de semen fértil o de útero en condiciones les pueda proporcionar un hijo natural podrán conseguir un hijo enviado desde Colombia o desde donde sea sin mover los culos de sus asientos, previamente satisfecho el pago exigido, que para no herir sensibilidades se retitulará como tasas y gastos de envío. El crio legará perfectamente empaquetado con una botella de oxigeno y un gota a gota de plasma nutritivo para soportar los 10mil metros de altura y compartir la bodega de un avión con otros envíos: carne enlatada y cosas parecidas. Los padres serán muy felices, el niño tan pronto tenga uso de razón montará su plan personal y en secreto para suicidarse.
La escritura en grado de tentativa. El/la autor/a en bruto.
Aparentemente la obra creativa es el producto del sujeto que la crea. Eso es lo que indican los sentidos. En el taller del pintor, hay paletas de colores y lienzos y modelos y finalmente el resultado de unos cuadros. En el del escultor un torno, bandejas con barro húmedo, pseudo formas intentadas y finalmente unas porcelanas en el expositor. En el escritorio del escritor hay títulos, legajos, una papelera con frases desechadas, una cantera de datos, archivos y, finalmente, artículos terminados, dosieres o libros. Se diría que hay alguien que crea y algo que queda como balance: es lo creado. Con esto estaríamos en el estilo interpretativo de los manuales de bachillerato que hablaban del autor y su obra como de dos cosas diferentes. Primero el uno, después lo otro. Concedamos cinco minutos a la hipótesis inversa que primero es la obra y después es el/la autor/a. Un imposible práctico desde luego. Para que haya un texto escrito, alguien, antes, ha tenido que poner los dedos, los codos y la imaginación además de un esfuerzo de indagación (o más tecno-modernamente: ha tenido que poner el Mouse, el teclado, la pantalla, la butaca giratoria y -en algunos casos extremos de crisis de imaginación- el copia-pega a falta de otros recursos más originales). El caso es que escribir no surge de la nada ni tampoco es el resultado de una simple y puntual pulsión creativa (o -para quien se lo crea- de un don heredado de los dioses) sino de un acceso a una de las muchas y necesarias opciones de proyección que el ser humano necesita para salir de su cubículo o de su nimiedad.
El arte y el artista existen como resultado directo de déficits existenciales. Si lo tuviéramos todo no necesitaríamos hacer esa clase de proyección, la de salir del yo subsumido, para plantearnos como seres extraversos. Gracias a esta operación mental la historia de la literatura puede gozar de aportaciones grandiosas de personas y personalidades que tal vez no las hubiéramos aguantado en el tú a tú en vivo y en directísimo. Sigue siendo así: hay maravillosos trabajos de pedantes a los que no pararíamos en la calle para no tener que aguantarles una sesión de aburrimiento y de quienes sin embargo tomaremos notas de sus análisis fruto de la lucidez del mismo modo que hay enciclopedias que nunca tendremos como libros de cabecera y que sin embargo siempre nos acompañaran en un lugar presidencial en nuestros estanterías.
La relación con el texto elaborado no es tan voluntaria ni intencional como pueda parecer. Tampoco lo es la relación con el lenguaje. La psique se forma en unas coordenadas simbólicas, se accede al lenguaje por esa condición de pertenencia a una comunidad lingüística. Salvo casos de patología extrema, los hablantes no pueden negarse a serlo. El hecho de nacer y crecer significa, por añadidura, ser. Mejor o peor, un hablante. Es el individuo el que llega a aquél y en este accésit lo que le transforma. Gracias al lenguaje evoluciona y su universo, en el sentido witgensteiniano, se expansiona. Una persona es lo que alcanza de sí su universo simbólico. Cuantas más palabras uno tiene, más mundo tiene. Cuantas más posibilidades tiene para mencionar, objetos que nombrar, situaciones que describir, conceptos que explicar; de más caudal de experiencias está gozando y está permitiendo que otros gocen con su escucha. El lenguaje es lo que proporciona la capacidad para la consciencia. En resumen, el lenguaje es lo que nos humaniza, es lo distintivo de la condición humana, es lo que permite expresar las genialidades o los fuegos internos, lo que nos hace ángeles o nos libera de nuestros infiernos. Gracias a su legado podemos hacer un gran salto cualitativo que a la especie le costó cientos de miles de años: pasar del gruñido a la articulación sonora con poder de significación.
La retórica era (habrá que suponer que sigue siéndolo) el arte de hablar bien, un arte para deleitar, persuadir o conmover. Inevitablemente fracasa en ese propósito cuando la onda del discurso no tiene nada que ver con la del oyente –o lector- o la de éste tropieza por error con la que no es de su apetencia y confundirá un libro de historiografía o una novela con un legajo de 300 folios con la misma palabra o frase escrita, una línea tras otra, tal como podría estar haciendo el personaje enloquecido de Jack Nicholson en Resplandor. El discurso teórico de lo uno será confundido con lo logorreico de lo otro cuando a la sucesión de frases tan solo verá signos gráficos sin sentido para su manera de entender la lógica. Hay predisponientes subjetivos que niegan estructuras, formulaciones, ideas y formas distintas a las que son esperadas. Antes, en el tiempo en que se escribía cartas, la cosa empezaba más o menos así: deseo que en el momento en que recibas la presente te encuentres bien de salud tú y tu familia, y terminaban con un atentamente, citando dioses y santos de encomienda. El receptor de una carta que no se ajustara a este cánon podía tener dificultades para entender su imperdonable falta de protocolo. El tema no está tan lejos de nuestra actualidad, -supertecnológica sí, pero arcaica en otras muchas cosas- en la que en toda parte se piden protocolos: a las sus señorías y a las sus excelencias hay que llamarles por el honor de sus cargos, y cualquiera, en su rol de jefatura, sea el que sea, esperará ciertas fórmulas verbales de sumisión en sus subordinados o inferiores. El lenguaje hace a la gente. Dime como hablas y apostaré jugándome los cuartos por tu perfil psicológico y cultural de personalidad.
En el texto periodístico también se espera una manera característica de tratar la noticia y en la novela se espera encontrar una narratividad que seguir. Meterse en una que no sigue una cronología explícita puede ser motivo de abandono o desprecio. La crónica encerrada en Tiempo de silencio de Martín Santos tuvo que ser demostrada una vez guionada para el cine mucho tiempo después de haber sido escrita y de haber sido contemplada como una de las bellezas de la literatura dentro de la época franquista.
Escribir es un parámetro. Lo escrito es un producto. Escribir mueve o gesta una intencionalidad, ponerse a hacerlo marca una conducta y conseguir algún resultado en forma de libro o artículo o poema o cuento deja un producto matérico tras el que se ha vertebrado ilusión, energía, trabajo, tiempo e incluso amor en el caso de los escritores que ponen intuiciones además de técnicas, osadías ingeniosas además de gramática, y su imaginario además de su imaginación.
¿Quién crea a quien? ¿El escritor hace el texto o el texto escrito hace al escritor? El largo camino de las letras es laberíntico. Hay autorías de todas clases y caben tantas respuestas como personas escriben y, por supuesto, las que no han concluido libros ni artículos también tienen las suyas. Entiendo que lo creado revierte en el creador. Uno no es el mismo después de una experiencia interactiva con la obra en la que está trabajando. No ya solo por la experiencia enriquecedora –o perturbadora- de la indagación a la que dedique su trabajo concreto sino sobre todo por la expansión intelectual que le produce. Uno no sabe realmente en qué punto está su pensamiento hasta que lo expresa. Escribirlo es una manera de vincularse. Cada persona con veleidades literarias y ensayísticas tiene su propia experiencia en la interacción que tiene con las letras, con las lecturas y citas de autores, con las ideas tomadas de otros y con las propias ideas que se atreve a expresar y las maneras formales de hacerlo. Evidentemente todo esto no cursará con una placidez garantizada. Tendrá que contar con los predisponientes del mercado. “Veamos, -se preguntará el autor más astuto-, ¿cuántas comas y oraciones subordinadas pueden acompañar una oración principal sin herir la sensibilidad lectora?¿cuánta cantidad de texto puede contener un artículo? ¿Cuántas frases una estrofa? ¿Cuantas palabras largas de más de cuatro sílabas son convenientes situar en un artículo? ¿Cuantas referencias auxiliares pueden incluirse sin desbaratar la atención del tema central?¿Cuanta cantidad de discurso puede presentarse y cuanta otra tener que esperar a la siguiente oportunidad?” Evidentemente podrá contestar a cada una de estas cosas y actuar en consecuencia. “Haré -se dirá- párrafos de 4 o 5 líneas a lo sumo, con inter-espaciados entre ellos. No pasaré de los 5 párrafos para una columna narrativa y de diez para un artículo de análisis político”.O se ajustará a las normas que le marquen de una forma no negociable e impositiva en el espacio en el que escriba. Los periódicos encargan a sus periodistas unos temas que tienen que entregar dentro de una determinada cantidad limitada. Es todo un arte expresivo explicar la historia del mundo –o la historia de lo que sea- en 250 palabras. Pero ¿por qué el prototipo de lector puede aguantar leer esas mismas 250 palabras años seguidos y no trata de profundizar en el tema con propuestas de ensayo más completas? Hay un tipo de literatura periodística, noticiera que habitúa (deseduca, es el verbo apropiado) a un tipo de lecturas superficiales. El personal pide titulares. ¡Venga! ¡Tengamos franqueza! ¿Quien, por la razón de prisas que sea, no lee por encima las cosas y luego hace su composición de lugar? Llegado el momento no pasará la prueba del algodón cuando le sea preguntado que resuma tal o cual tema que haya leído cinco minutos antes. El gesto de acudir al artículo o al libro por el que se es preguntado para refrescarlo lo he visto varias veces. Es algo más que lo que sucede al preguntarle la hora que es a alguien que acaba de mirar la diana de su reloj de pulsera y que tiene el automatismo de volverlo a mirar para contestarnos. ¿En qué quedamos no se enteró de lo que había visto un segundo antes? Y si fuera así ¿a qué viene tanta inseguridad para tener que acudir de nuevo a una información que ya tiene, cerebralmente, capturada?
Volvamos a los predisponientes. Si el lector espera encontrar un tipo de literatura con una formato predeterminado, sin demasiados vocablos desconocidos y aún menos que sean neologismos o préstamos de otras lenguas; si espera una letra grande, supongamos que de cuerpo 14, con un papel del bueno y a lo mucho tirar con no más de 110 páginas, con frases cortas, párrafos muchos, márgenes a ambos lados de la página que sumen mas espacio que la parte impresa de la misma, se encontrará en que cualquier evento que no se ajuste a esta predisposición será rechazado y lo será instintivamente antes de serlo conscientemente. Instrumentos de evaluación psicopatológica indican la cronología ordenada de esas dos fases. Está en su derecho como lector de rechazar lo que considere pesado, denso, largo, cargante o duro. Así como lo está en su condición de escritor de presentar el tema tal como le gustaría encontrarlo de buscarlo en una librería o kiosco para leerlo. Pero no todo el mundo habla igual, de hecho no hay dos personas con los mismos expectogramas, y tampoco hay dos personas que escriban igual a no ser que sean las normativas los que escriban por ellas. Otro asunto es que el imperio editorial marque formas. Proponga supresiones enteras de capítulos además de sustituir títulos originales por otros más comerciales. Un libro como un ladrillo es un objeto paralelepípedo que alcanza la categoría de cosa y mercancía cuando hace de puente para la circulación de un capital, y puesto que todo tiene un precio (las malas lenguas dirán que también los autores) el objeto es ajustado a las condiciones de mercado y no la realidad del afuera a la propuesta que contenga aquél. Pero la escritura contenida en un libro, o en su proyecto, intenta decir lo que no ha sido dicho antes o decirlo de una manera renovada, con la frescura de los nuevos tiempos y los nuevos dejes verbales cocidos en las calles y en las alcobas. La escritura es una pintura de simbolismos sobre un soporte que permita leerla. Es una propuesta para el entendimiento y esto lleva al juego a tres partes. El hablante, la cosa en si de la que se habla, y el escuchante o la parte lectora. La cosa hablada puede adquirir distintas formas expresivas en distinta fase de desarrollo y según el género elegido y el campo temático del que traten. En cuanto al hablante, auto reconvertido en escribiente sabrá tanto más de su hablar (de si mismo) cuanto más lo estructure expositivamente. Por lo que hace a la mirada externa (escucha o lectura) aporta el contrapunto, el espejo de la verdad, pero no es lo que justifica el proceso anterior. Del mismo modo que el espejo del armario no es el que justifica la necesidad de vestirnos cada día.
La escritura puede tener un interés o un rechazo como todas las cosas, sea dicho al tiro. Puede cautivarnos en todas sus frases o en una parte de ellas. Desde que me inicié como lector, subrayo los libros y por los subrayados enseguida sé la cantidad de cosas nuevas que aprendo y que me vinculan. A veces trato con autores/autorías como lector que me cuesta años terminar de leer y que les saco poca punta y otros que devoro en horas y de los que tomo frases para citar y entro en la vibración en la que se han movido y que han movilizado parte de mi energía. Escribir un texto es una propuesta de sintonía. Un baile. No es obligatorio bailar. Hay gente que se queda en el palco mirando como otros lo hacen. Sabe que los demás bailan pero no experimenta las sensaciones que tienen. Algo parecido pasa en la lectura. Hay quien entra en la historia y quien se abruma ante formas expresivas que le son desconocidas. El modo más fácil de pasar es rechazarlas en lugar de tratar de entenderlas y así queda libre de todo pecado. Claro que con este procedimiento la intercomunicación de las distintas sociedades entre humanos todavía estaría por hacer, no habría intérpretes ni traducciones ni gente capacitada que hiciera de puente entre distintas culturas e idiomas. Podemos aplicar el cuento ante los distintos decires. Hay quien habla sin respirar (nada aconsejable para la caja torácica por cierto y uno de los síntomas de la hipercinesia) y quien no hace puntos y a parte. Este último criterio cuenta con la complicidad lectora o con ganar el próximo premio Cervantes para que le de suficiente capital para sobornar a todo el público potencial de su lectura a cambio de que afirme que es lo mejor que ha leído. La complicidad se puede concretar de muchas maneras. Hay lectores que con la técnica del copia-pega pueden llevarse un artículo o texto de su interés, sea del tamaño que sea, a un nuevo documento de word y ahí ponerlo en el tamaño que le parezca e incluso con letras de colorines. También puede trocear los párrafos a su antojo e incluso hacer de cada tres frases uno. Tras el refrito, que no suele tardar más de un minuto, pasar a su lectura en cómodos plazos de sosiego en la hamaca del balcón. En cambio el tiempo mental de objeción del texto tal como viene le ocupará un tiempo superior. Finalmente el lector es un investigador. Lee por placer, por saber y con una hipótesis tácita de encontrar algo o alguien que exprese temas o cuestiones del campo de su o sus intereses. No está de más pedirle que ponga también algo de su parte haciendo la gestalt, la completación de las figuras esbozadas, insinuadas o semielaboradas por el libro que llega hasta sus manos y sus ojos. Evidentemente el autor se arriesga al silencio si lo que escribe no consigue admiración o, cuando menos, un mínimo de expectación. Se arriesga a la exclusión y a los fetiches o tópicos sobre sus maneras si persiste en un estilo inusual. Incluso puede ser acusado de atentado a la salud pública si no pone las suficientes comas o puntos que son lo que indica pausas, es decir respiraciones. ¿Alguien ha oído de la posibilidad de que un lector que demandara a un autor por no poner comas y conducirle al borde de una crisis cardiorrespiratoria? Todo se andará. Si un exfumador o su viuda (lo de ex estaría claro a que fue debido) ganó el pleito contra la Philips por el tumor de su marido al fumar sus productos, ¿por qué razón un juzgado de un building court no aceptaría a trámite la de un lector o la viuda de éste acusando a un autor por no servir el texto con los signos de puntuación requeridos? Cabría suponer que ese lector en curso de convertirse en cadáver, siguiendo una lectura atenta de un texto olvidaría de respirar por no encontrar la puntuación debida y moriría irreversiblemente en el intento de llegar hasta el final del capítulo. Lo lamentable sería que su fallecimiento se produciría antes de terminar el libro con lo cual cambiaría de barrio sin enterarse de todo el relato; un punto en contra, desde luego, para ganar una buena posición para toda la eternidad. Por lo que hace a los editores deberían pagar impresionantes pólizas a casas aseguradoras para prever los riesgos de muerte repentina ante lectores propensos al ataque fulminante al leer de corrido libracos con cien mil o más palabras todas una detrás de la otra. Los contratos con los escritores incluirían una cláusula para exonerarles en caso de peligro mortal. Llegado este punto ningún editor se atrevería a editar nada y ningún escritor a escribirlo y el mundo seguiría volvería a las cavernas oscurantistas (eso en el supuesto de que haya salido de ellas).
La escritura sigue en grado de tentativa hasta que no se convierte en un producto asimilable y asimilado, de hecho, por la figura destinataria a la que ha ido dirigido. Tenemos pues una triade. A los dos parámetros de antes: la autoría y su texto hay que añadirle el de la recepción, a la figura lectora. Ésta completa el círculo. ¿Para qué escribe alguien si no es para ser leido? Está sobradamente contestada esta pregunta en capítulos precedentes de esta Teoría del Arte Escrito que como todo arte está en relación a la necesidad proyectiva del que lo crea por encima de la necesidad confirmativa del mismo. Escribir es una cosa y ser leído/a es otra distinta. No hace falta dedicarse a ello profesionalmente para experimentar la diferencia. Escribir una carta a alguien puede tener una primera intención, la de enviarla para que sea leída y una segunda resolución, la de ser eliminada o guardada. En ambas situaciones se cumplen funciones. Son distintas pero ambas se ajustan a necesidades precisas. La experiencia de escribirla existe tanto si es enviada como no. La interacción con lo que se dice en ella aclara ideas y ayuda a tomar una posición sobre el asunto tratado. Hay una elaboración, es decir, una reconsideración en el modo de pensar y de estar en el mundo o una contribución a las interpretaciones reinantes del mismo. Lo que se hace con una carta que va dirigida a alguien en particular es esencialmente, desde el punto de vista creativo y de proyección psicológica, parecido a lo que se hace en un artículo o en un libro. Evidentemente aquí hay un gremio (puede haberlo) o un contrato que paga a tanto la palabra o la línea, si eso se obvia queda la necesidad del autor en decir lo que piensa, algo absolutamente básico en el vivir. Forma parte de los actos fundamentales del ser: su autoafirmación.
Hablamos, respiramos, escribimos...integrándonos en un circuito de creaciones y de razones para vivir. En el escribir hay un propósito de hacer; hacer en el sentido de hacer algo nuevo, crear. El deseo está instalado antes que el hacer real. El parámetro de la creación mueve al proceso. La intención de organizar las ideas o inventar una historia empujan la militancia intelectual o la dinámica productiva del/a autor/a. La perspectiva del libro configura reversiva o inversamente al novelista. Una vez puesto en materia, es la trama la que lo lleva a él. Tiene, evidentemente, una cierta autonomía pero su poder con sus personajes no es absoluto, del mismo modo que el reportero, que hace una crónica bélica, enviado a uno de los fregados planetarios aunque no vaya a primera línea de fuego y redacte sus notaprens desde el hotel tendrá que decir algo de lo que sucede y no podrá inventar los datos. La ortodoxia del texto pide una honestidad sobre la verdad de lo que trata. El inventario de recursos imaginarios no suple la falta de una lógica expositiva.
Mientras encuentra su punto de conexión con aquello que indaga, escribe y trata de expresar se encuentra con que lo que va surgiendo le va enseñando y le va modificando en sus prosas y maneras. Escribir un libro es gestar una historia que no es solo de papel o digital. Es también una historia intrapersonal. Esa tesis es fácil de admitir cuando se trata de hacer novela histórica o cronicografía de acontecimientos y personalidades y pone en contacto la autoría con temas dramáticos. Pero en general ocurre con toda la experiencia creativa en su conjunto. ¿Un autor donde está, en sus decires verbales en los ratos de comunicación íntima o en el conjunto de su obra, si ésta también incluye cosas del orden de lo personal?
El autor en bruto, el intencional, el que empieza, o el que tras varios años intentándolo sigue en el fárrago de sus prosas sin satisfacerle nada de lo que tiene hecho como algo definitivo, tiene una relación con la escritura en grado de tentativa. Técnicamente lo escrito es cualquier cosa legible que tenga un sentido. Es decir que aclare lo fundamental: de qué sujeto se trata, el encargado de la acción, con el tiempo verbal preciso de esta acción y para el asunto que es. Aparentemente es sencillo. Una historia por complicada que sea, por el número de personajes que salen o el volumen de referencias que haga es una construcción literaria si puede pasar por la lavadora de los aclarados y responder a las preguntas básicas: quién es quién y quién hace cada cosa. Tampoco es una condición indispensable. El mercado literario tiene una cierta cantidad de producciones circulantes que no responden a esto en todo momento y que sin embargo satisfacen otros asuntos o demandas lectoras. Hay muchas literaturas experimentales que tratan de crear sensaciones condicionando la lectura de una determinada manera. Tampoco hay que acudir a extremos complicados como la escritura inversa de espejo de Leonardo da Vinci para filtrar miradas indiscretas o lecturas inconvenientes pero cualquiera puede proponer sus modelos particulares de expresión. A lo más que se arriesga es a pasar por la incomprensión, que tampoco es un potro de tortura, claro que a veces pasa bajo la carpa de descalificativos lesivos, y con suerte puede sentimentalizar y sintonizar quien le lea más allá de las palabras y conecte con lo que dice más allá de las formas.
La literatura antes que un acto formal es un acto de significado. Esa es su grandiosidad que la configura como una cantera de multitud de rostros y maneras. No admitirla por sus proposiciones diferentes no es en realidad un conflicto entre autor y lector sino entre texto y cultura. Conflicto del que no se han escapado distintos campos artísticos. En cada nueva forma artístico-expresiva, la de una pintura no figurista, la de una escena en un anti-plató, la de un mimo en la calle, la de una escultura humana siempre se habrá tenido que contar con el factor-rechazo. No todos los implantes y trasplantes son asumibles por el organismo. Siempre habrá quien pontificará que el cuadro que está viendo no es pintura, que el ejercicio escénico al que acude no es teatro o que el texto que lee no es admisible. Siguiendo del hilo de las negaciones, el lenguaje sería reservado para los que hubieran aprobado Selectividad y los demás serían (seríamos) condenados al silencio. Por ahora estamos a salvo: la policía lingüística ni siquiera es pensable más allá de la ficción. Y quiénes saben que tienen un saber se arriesgan a prodigarlo aún a costa de chocar con quienes teniendo otro no admiten ninguna opción para ampliar el espectro de su educación. Seamos educandos los que queramos ampliar horizontes y dejemos que sean sobrados quienes ya lo saben todo. La pregunta es dónde está el límite de las ambiciones de los unos y de los fortines de los otros. En todo caso a nadie le es dable decir quien vale o quien no vale para escribir. Los expertos en talentos pertenecen a una saga extinguida. Todo es enseñable y crear también lo es. Deploro más que a los calificativos y juicios valorativos a quienes hacen de maestros de ceremonias, en presentaciones de libros o en calidad de prologuistas, como si puntuaran un examen de curso obligado. La escasez de genialidad no da para tanto y es un tanto o plasta que alguien venga a decir si un texto es bueno o si es malo. Tales categorías genéricas y con tono de ultimátum no sirven de nada. Lo que sí sirve de verdad es la propuesta concreta de correcciones y el mismo criterio de corregir como una extensión de las necesidades creativas que contrae un manuscrito original.
En las cocinas intelectuales y en las salsas palabreras toca dirimir entre lo retórico como arte del bien decir y de la elocuencia, en una perfecta adecuación entre expresión y contenido según Pérez de Ayala, y las retóricas -o rollazos- que llenan páginas y ocupan tiempo atencional sin vehicular mensaje alguno. La una nacía al amparo de la democracia griega antigua de una forma empírica creada en el –V por los sicilianos Corax y Tísias haciendo análisis de oratoria, desarrollada posteriormente por los sofistas Gorgias y Protágoras que tuvieron el deseo expreso de conseguir el máximo de eficacia práctica con el uso de cada palabra. Tuvo su salto al estatuto filosófico con Platón en Fedro y con Aristóteles en su libro del mismo nombre Retórica y los logógrafos Iseo, Antifrón e Isócrates trataron de que fuera un método concreto codificándola. Durante la época helenística la retórica mantuvo un florecimiento con Demetrios de Falera, Hegesias de Magnesia y las escuelas de Rodas y Pérgamo. Fue a partir de ese momento en que el retórico se convertía en una de las figuras intelectuales más destacadas del mundo antiguo rigiendo en su grado superior la enseñanza del mundo antiguo. En el mundo romano, que es del que tenemos referencias más conocidas, no se desarrollo hasta el –I con la anónima Retórica de Herennios culminado en el +I con Séneca el retórico, Cicerón y Quintiliano. Posteriormente entres los siglos +II al +IV perdería su importancia fenómeno vinculado a la caída de las formas democráticas griegas.
Lo retórico iba vinculado al arte de bien hablar y a la oratoria pública. Por extensión ha alcanzado el campo de lo escrito en la misma medida en que el ágora y los foros de la palabra hablada tienen una escenificación episódica y en marcos productivos infinitamente menores a los escritos. El proyecto elaborativo de algo pasa necesariamente por la escritura y su estado de desarrollo queda en grado de tentativa o en grado de consumación según las habilidades de la capacidad autora que haya detrás. Si los textos magnos lo hubieran aclarado todo no seguiría siendo necesario re-escribir sobre sus temas, sin embargo la literatura es una herida abierta o un manantial fluyente –según los estados emocionales con que se tome- del que no paran de surgir innovaciones y maneras ocurrentes. Lo que un texto dice es lo que su autoría no ha encontrado otra manera de decir. Es un hecho extraordinario asistir a la primicia en forma de lectura de ese combinado de sentir y decir de alguien que intenta expresarse. Al acercarnos a un original podemos hacer de espejos lo mismo que a un libro reprografíado, lo que no le es dable a nadie es dictaminarlo como literario o no. Tampoco tiene mucho sentido prodigar en las opiniones dualistas del sí-no con respecto a una multitud de campos expresivos. Muchas polémicas en muchos temas se mantienen en la binariedad: es científico-no es científico, es arte-no es arte, es original-no es original, es académico-no es académico y así sucesivamente, cuando quizás la posición binaria ante cualquier estímulo, propuesta o acto ajeno es el de si te proporciona un nuevo contenido atractivo con el que conectar o te deja indiferente porque no tiene ninguna novedad.
La escritura en grado de tentativa es la fase indispensable para alcanzar el estatuto de madura: la de coherente, arquitectural, compensada y fluída. Del mismo modo que la autoría bruta y vasta forma parte del proceso formativo (y fundamentalmente autodidacta) del que se destile un nombre que pueda ser referencia de calidad, profundidad, rigor y pasión artística. En definitiva para hacer algo extraordinario hay que pasar por la persistencia de lo ordinario, para ser escritor hay que ejercer antes como escribiente, para hacer literatura toca profundizar en la escritura.
La categoría de la narración media.
El relato medio deja de ser una construcción breve y se con vierte en un espacio temporal considerable. su constitución admite atenciones para cuartos de hora o más. Aparecen personajes y sus caracterizaciones y crean un entramado que podría dilatarse a gusto del autor. en realidad un relato medio podría ser una propuesta para una novela o para una continuación seriada de ellos a modo de entregas que hablaran sobre las triquiñuelas y aventuras mundanas de tales o cuales protagonistas. En todo caso la longitud de un itinerario literario medida en número de palabras o número de páginas admite muchas fluctuaciones. Por mucho que se quieran discretizar unas densidades en cortas, medias o largas no agotan todas las posibilidades porque dentro de cada una se podría hablar de las muy cortas, o de las muy largas, o de las medias fuertes o de las medias breves.En fin, un galimatías que no tendría mayor éxito que el de los sociólogos definidores de las clases sociales intermedias, que con todo el aplomo de su seriedad parecen saber de lo que están hablando. Cuando menos el escritor es lo opuesto a un clasificador de su producto.
Es antes un productor que un archivador de lo suyo. Pero en el peor y en el mejor de los casos, un mínimo de orden jerárquico de sus productos debe establecer un día u otro. En mi caso, la avalancha de textos de diferentes longitudes, contenidos y lenguas por las carpetas táctiles o digitales (no por los cajones, eso ya pasó a la historia)me ha obligado imperativamente a hacer una clasificación-base de la que ha surgido este dossier de textos intermedios o de longitud media que establezco por establecer un nivel numérico, a partir de las 7mil palabras o unos 10 folios. De hecho es un criterio escasamente riguroso porque pueden haber algunos con algunas palabras de menos y otros con algunos folios de más que pueden acercarse a la noción de novela corta. Al final lo menos importante es la cantidad de texto contenido en cada título y sí la posibilidad de ensamblar los unos al lado de los otros.
La narración de longitud media es una excusa metodológica para volcar pensamientos o escarnios y en definitiva análisis ocultos o solapados sobre aspectos de la vida o imaginaciones derivadas de ellos. Son aperturas de ventas por las que mirar o pastillas que examinar por el microscopio, limitadas necesariamente a desarrollos que aunque tengan posibilidades de descripción, no les son concedidas por el momento. Son una aportación de ocurrencias para momentos que contribuyen a una segunda realidad para un goce privado en el que lector y autor crean un binomio sutil y secreto que no puede ser declarado. Tanto el uno como el otro pueden sentirse por momentos incomodados al verse reflejados en situaciones descritas y por momentos superiores, al sentirse estar muy por encima de las majaderías que puedan ser retratadas.
Difícilmente en un relato medio se puede expresar todo lo que potencialmente contengan las situaciones y protagonistas abordados.Es pues la invitación a una trampa.A la aceptación de un protocolo y a la exposición de un argumento incipiente necesariamente condenado a terminar pronto. Algo interesante si el relato no es muy bueno y algo terrible si por el contrario excita la imaginación de tal manera para desarrollos ulteriores. En este caso la mejor propuesta que se puede hacer es invitar a las imaginaciones libres a que continúen aquellos argumentos a su libre antojo o a las escrituras nuevas a que los expositen con otros bríos. ¿porqué no? la vida está repleta de novelas empezadas y por acabar. ¿Porque razón una autoría debería quedarse solo en el primer osado en abordar una construcción literaria?. Adelante pues con la imaginación:la madre de todo futuro y desde la lectura: un acto ya creativo de por sí, no os neguéis a saltar a la escritura: otro acto creativo más en la farándula de los aventureros fronterizos entre lo real y lo irreal.
Incluso Fernando Pessoa, una de las encarnaciones del desasosiego, no se abstuvo de expresar su voracidad creativa, tras declararse no ser nadie ni ser nada, autoafirmándose detentar todos los sueños del universo.
Un autor son palabras. Quizás es quien sabe más que nadie que la vida pasa por el texto y la vida, en todos sus contextos, no es más que una justificación para esencializar sus pronunciamientos expresivos. Un texto es un sueño disfrazado de proyecto, análisis, relato y tantas otras denominaciones de la cosa escrita. Un texto es el producto resultante de los trasiegos con las materias primas de las que se vale alguien que tiene por oficio la creación. Mucha gente ante la arcilla tan solo experimenta la masa informe, el alfarero sabe que contiene formas que concibe en su cabeza y construye con sus manos. El escritor que un dia muy lejano deseó serlo sin saber muy bien en qué se metía se encuentra abrazando una disciplina existencial de la que ya no puede escapar. Lo mismo que el cuerpo biológico carga con el sujeto, tenga o no definida su identidad, y lo empuja a ser vida aunque no tenga la total consciencia de eso, el ángel del escritor le empuja a pasarlo todo, o mucho, por la palabra escrita para dejar testimonio de sí y de sus encuentros con el saber y con la existencia.
Posiblemente la definición profesional de escritor era más adecuada unas cuantas décadas atrás. Es un substantivo equívoco cuando no maldito en algunas apreciaciones. La tecno comunicación está permitiendo rescatar a la gente de su ostracismo y poniéndola a escribir. En principio con pequeños productos que no pasan de un saludo de encabezamiento, un párrafo de cuerpo y un saludo de despedida. Los tiempos de las misivas en tarjetas postales ha dado paso a emails más o menos descriptivos o más o menos reflexivos. La gente toma la palabra por la vía del teclado. Antes el uso del teclado de la máquina de escribir era poco menos que impersonal o considerado como insultante ahora nadie exige un mensaje autógrafo por envío digital aunque posiblemente habrá soft para poderlo hacer.
Todo el mundo deviene escritor en alguna dosis aunque no se lo haya planteado, de la misma manera todo el mundo es hablante en la dosis que sus ocurrencias y la escucha o paciencia ajenas se lo permitan. Pero un escritor de oficio, con o sin beneficio, busca algo más que el texto puntual o de encargo. Vertebra su expresión en un eje de ilusión: el de influenciar a sus lectores, y a partir de ahí formar poco o mucho parte del pensamiento contemporáneo. Cada época tiene una cuanta gente singular que hace dar pasos de gigante a la especie entera por su capacidad de pensamiento. Escribir es una constatación, una crónica, una forma o manera de continuar con la existencia profesionalizando en un grado y otro este decir, formar parte del pensamiento es cuando lo escrito pasa de un lugar a otro como néctar sustancial del que puede libar toda una época. Evidentemente esto son palabras mayorías. La mayoría de escritores pasan a ser una referencia cifrada de su o sus títulos en un grueso libro –el ISBN más voluminoso que el de muchos volúmenes de páginas amarillas de circunscripciones provinciales.
Basta ir a una biblioteca surtida o a una librería para darse cuenta de que el ejercicio de escribir y, además, hacerlo con suficiente rigor como para que una editorial arriesgue una inversión en publicar una tirada de ejemplares, es una actividad profesional muy productiva y permanente. A veces me he sentido abrumado ante tantos libros seguramente por la intuición que jamás tendré tiempo suficiente para leer todos los que me interesan o necesito leer. Los libros contienen mucho mas que la circularidad de las conversaciones sostienen a pesar de lo cual muchas veces se quedan por años esperando primeras lecturas o ser mirados con detención página a página.
Antiguamente algunos médicos llegaron a prescribir la no-lectura para no inquietar el alma o salvar restos visuales de sus pacientes. Borges y Cortázar pasaron por esa experiencia. En otros términos más caseros algunos padres autoritarios, maestros severos y terapéuticas proteccionistas han visto con malos ojos como sus hijos, alumnos o terapeutizados vagaban por lecturas que les ponían en contacto con otras opiniones distintas a las de aquellos. Finalmente el libro simboliza dos funciones completamente distintas: un saber cuidadosamente conservado y una influencia perniciosa. Pertenecer a una categoría u otra depende de las censuras de cada época y de la capacidad creativa de cada autor en disgustar al reino de los hegemónicos. Sartre fue considerado como el diablo en persona por le Figaro por escribir como escribía. No siempre pues escribir y publicar sirve para ganar medallas y honores, ni siquiera reconocimientos intelectuales de un trabajo de investigación concluido, sino que puede ser la vía más directa y probada para hacerse enemigos.
El sueño del escritor está por encima de esas consecuencias. Se bate entre lo que necesita expresar y lo que sabe y no puede contener solo para si mismo. Se debate consigo mismo y con los demás a propósito de sus campos de interés y su dedicación metódica a escribir. Escribir, a pesar de ser tomado como un recurso cada vez más masivo, sigue siendo una actividad minoritaria y sospechosa. Sospechosa para quien no la practica y no entiende que la haga quien la hace. Eso puede alcanzar a la inmediatez de las personas con las que estás: tu propia familia o tú pareja. La sociedad es tan materialista que define la coherencia de las actividades en función de su justificación económica. Si se hacen cosas para el busness o para el salario o respondiendo a las exigencias de un contrato no hay nada que objetar. El razonamiento subsistencial es inferido por delante de todo lo demás. Tan pronto escribes para complacer tus propias preocupaciones y como instrumento de elaboración que te permite reflexionar sobre ellas te ves abocado a tenerte que defender episódicamente por elegirlo como tu campo de creatividad. Eres un obsesivo, un desconsiderado por pasarte más tiempo al ordenador que con personas tangibles, un descuidado con otras actividades cotidianas y, como remate, un idealista que quiere hacer con palabras lo que no hace con otras formas de acción.
Depende, claro está, de aquello en lo que se especialice y los motivos concretos para cada texto que construya pero en principio el sueño del escritor ambiciona alcanzar las calves de las cosas que no consigue, ni puede conseguir e incluso descarta, poderlo hacer con su cuerpo o con sus manos. Al poner o tratar de poner las cosas en su sitio el escritor pretende una forma de reparación histórico-biográfica. Es una forma de autodefensa ante el mundo y de lucha contra las injusticias que le tocan vivir. Menandro dijo que el hombre justo no es el que comete ninguna injusticia sino el que pudiendo ser injusto no quiere serlo. Evidentemente vivir es equivocarse o caer en multitud de equivocaciones. El escritor no se libra de hacerlo solo que al repensarlas mas tiene mas medios para sus rectificaciones. Escribir es en todo caso una plataforma desde la que oponerse a las afrentas del mundo. El que no castiga el mal manda que se haga, dijo Leonado da Vinci. En efecto esto nos acusa a todos: tan pronto dejas de intervenir en el mundo para hacerlo más habitable y mejor estás favoreciendo la perpetuación de sus problemas.
Las novelas y los relatos podrían ser definidos como formas implícitas de crónica o crónicas suficientemente desfiguradas o enmascaradas para denunciar situaciones temporales y comportamientos sociales. Gracias a los sueños de multitud de escritores, incluidos sus sueños de grandeza, la historia de la cultura dispone de una abundantísima documentación de lo que ha sido, es y espera ser la humanidad. Otro asunto es que las generaciones del futuro utilicen ese legado con suficiente destreza para poder vivir nuevas prácticas de felicidad que han sido históricamente negadas.
A los 9años de edad escribió su prmera novela.se instaló en Paris..Un medico le recetó de niño que no leyera en 4 o 5 meses.
Es bastante más difícil escribir un libro de ensayo que un artículo fragmentario sobre el mismo tema. Lo mismo se puede decir en cuanto ala narrativa: es más difícil construir una novela que no un relato o un cuento. Sin embargo la suma de unas docenas de artículos, que pueden ser de alrededor de mil palabras cada uno, da lugar a un dossier de una cierta envergadura que se puede convertir en libro con algunas intervenciones que coherenticen el enlace entre sus partes. También la suma de varios relatos puede llegar a tener una coherencia compactada por el estilo o con algún tipo de relato que haga de nexo de todos los demás.
Lo ideal para escribir un libro es centrarse en él y producir un continuum elaborativo sin apartarse del objetivo propuesto de una investigación, una línea de reflexión o una descripción. Eso hace que cada capítulo sea consecuente con el anterior y predetermine el posterior. En cambio la federación de artículos puede dar a lugar a una cierta desconexión. Hay muchos libros en circulación que son el resultado de ensamblar dos o más textos cortos que comparten un cierto campo temático. Pueden ser también el compendio de conferencias. Hay, además, libros que necesariamente sol ose pueden hacer de esta manera porque existen muchos productos breves que no por su menor extensión significa que formen parte de la literatura menor.
La ventaja de un libro con artículos de ensayo escritos independientemente los unos de los otros o de relatos que empiezan y terminan cada uno en él mismo, es que permite la lectura de algunas de sus partes sin tenerlo que terminar entero.
Es mucho mas sencillo escribir un articulo corto que no se auto obliga a decirlo todo sobre algo que un ensayo que por su titulo y envergadura sí pretende un gran desarrollo elaborativo sobre lo que anuncia y se ocupa. A veces textos breves contribuyen de formas más decisivas que textos largos aunque no creo que se pueda hacer una predicción de ello. El tamaño no es lo que predetermina la función. La envergadura de una tesis no tiene porque ocupar mucho en su explicación y sin embargo ocupar siglos de atención en la historia del pensamiento humano.
Dada la facilidad y facticidad de un artículo se puede escribir en términos de completar a otros ya hechos o por hacer de tal manera que en su redacción ya se hace como capítulo. La diferencia fundamental de un articulo y un capitulo es que éste se hace sabiendo a priori que forma o va a formar parte de algo mayor mientras que aquel se hace completamente disociado de si se va a continuar en esa línea de elaboración. Basta adoptar el criterio afirmativo de que un articulo nunca agota aquello de lo que habla tanto por su extensión narrativa como por el tiempo en que es elaborado. Algo queda por decir y algo más se añadirá a las tesituras de su campo de reflexión. Lo interesante de un artículo es que puede ser elaborado y terminado en un corto periodo de tiempo y ponerlo en circulación por el mismo, un libro necesita mucho más tiempo y se espera más de éste. Hay libros sin embargo que no siendo gran cosa en tamaño pueden serlo en sus consideraciones. Ángel Pestaña escribió un pequeño e instructivo libro, Lo que aprendí de la vida, que pone al descubierto la diferencia entre el deseo revolucionario y la realidad de lujos postrevolucionaria repleta de contradicciones que le costó de asumir al autor. Otros autores hemos hecho del relato de la vida una continua cantera de información, análisis y enseñanzas. Es posible que la literatura resultante no pase de una circularidad continuamente renovada en torno a los mismos temas eje una y otra vez. Prefiero la literatura perso-analista, un híbrido entre la crono-personalista y el análisis de entornos, coyunturas y temas externos. A fin de cuentas el privilegio del escritor es el de poderse tomar a si mismo como tema literaturizable. Si lo viene haciendo con otros personajes que encuentra en sus ires y devenires por el mundo ¿por qué motivo debe privarse de hacerlo consigo mismo?
El texto escrito sea en la forma expresiva que sea no se limita al estilo ni su valor formal es el vehicular con el que dice las cosas. Por encima de esto es su valor de mensaje. Finalmente es secundario si lo leído lo ha sido en un libro del tamaño equis o en un ensayo determinado, lo que importa es el qué al como, incluso el qué al quien. No se pueden leer las cosas en función de su marca de autor sino en función de su condición de verdad y de interés formativo. Hay una fidelidad del lado de la escritura en escribir aquello y solo aquello de lo que se está completamente seguro y una fidelidad del lado de la lectura en aceptar aquello y solo aquello que cuadra con una coherencia y una versatilidad. Demasiados lectores y demasiados autores se ponen de acuerdo en engañarse mutuamente leyendo unos lo que les impresiona (iluminismos de nueva era de toda clase de rarezas) y escribiendo los otros para el consumo de un público ávido de ideaciones cuanto más exageradas mejor. En tanto que un autor se rinde a una cuota de mercado deja de ser un escritor para ser un comerciante. Jeanne Moreau redefinió la moral de una forma muy peculiar: es lo que nos permite ser fieles a nosotros mismos. Escriba en los términos que sea ninguna cantidad ni tema textuado permite fallar al criterio esencial de la ética personal. Lamentablemente es posible la creación, como tantas otras actividades humanas, sin ética. Espero que el tiempo y la comprobación del o que es o fue cada cual vaya poniendo en el lugar al que pertenecen a cada cual: los unos a la postración y los otros al primer nivel de atención. Aunque no hay que hacer demasiado caso a esta clase de predicciones. Ni el ostracismo es sinónimo de malo ni la fama lo es de bueno, a menudo es al contrario por factores de fuerza que preferencian a unos por interés y recriminan a otros por miedo.
La cantera es una explotación a cielo abierto de la que se extraen materiales para su manipulación posterior. Sirven para la construcción o para su adaptación a otras funciones en otras partes. La cantera elaborativa es un archivo abierto con textos iniciados y elementos auxiliares tales como citas o referencias para desarrollarlos. Pueden estar durante años con el solo enunciado de sus títulos o con una primera estrofa. Es una forma cómoda y fácil de tener textos iniciados a los que volver para terminar de desarrollar en la medida que se cumplan 3 condiciones: que se sepa ya lo que se quiera decir, que se pueda hacer incorporando los datos necesarios y que se tenga tiempo para combinar las dos cosas y producir un resultado en forma de artículo o de texto terminado.
La ventaja de una cantera abierta es que siempre se puede acudir a ella para retomar temas pendientes y la desventaja es que terminan por tener retales, fragmentos y restos de trabajos que se arrastran por tiempo sin encontrar el momento idóneo para reciclarlos. Una cantera también puede tener en espera ideas tomadas en préstamo de otros autores o sentencias dentro de una fraseología conocida que sirven para incluirlas dentro del desarrollo de un texto propio al que se desee apoyar con aquellos. Ya ha sido dicho que cada vez que se cita un autor se corren varios riesgos de los que no está exento ser acusados de una ostentación superflua de saber. La cantera hace de recurso permanente para mantener en activo un proceso de elaboración continuo sin pasar por los desagradables estados de impasse o dubitación.
No puedo referir la experiencia personal directa de estar en crisis creativa sin saber que decir o qué hacer ante un texto como objetivo en el que no sé por donde empezar. He oído eso declarado por otras personas: la página en blanco como reto o como desierto en el que crear un oasis. Presiento que la creatividad es básicamente metodológica y una forma de metodologizarla sistemáticamente es tener elementos auxiliares con que irla haciendo.
En las pautas creativas para preparar una conferencia se puede ver más fácilmente la manera con que funciona una cantera o la parte de ella que se quiera ocupar del tema de aquella. Desde el momento en que queda asignado el compromiso para hacerla, con un titulo y un acotamiento de campo, perceptivamente se puede ir cribando todos aquellos elementos que espontáneamente se van encontrando y puedan ser utilizados: datos y referencias, citas, recensiones, noticias periodísticas, resúmenes, ideas. Toda esa sopa de ítemes puede quedar guardada hasta que el esquema ponencial quede decidido y vaya echando mando de lo que necesita de ella. En principio un texto se puede hacer de la misma manera: cuantos mas referentes utilice más enriquecido será. Desde luego no es ninguna obligación poblar un texto de datos, depende de su pretensión. Los textos de la filosofía clásica se distinguen por citar o referir muy poco a otros y por elaborar por cuenta propia el pensamiento de autor.
Aceptar o planificar un titulo sobre el qué escribir es contraer un auto compromiso creativo. El título expresa el deseo, el texto terminado su satisfacción. La técnica que vengo empleando desde la llegada de la época digital es tener abiertas este conjunto de canteras elaborativas repartidas por campos temáticos. ´Surgió espontáneamente a partir de tener en un solo documento material-madre para alimentar artículos de no importara que especificidad. Es una técnica sencilla y nada difícil de mantener: basta tener en el directorio espacios reservados para los deseos elaborativos y para las referencias de memorias que puedan facilitarlos hasta su fase final.
Una lista de canteras elaborativas es más o menos larga según las ambiciones creativas de autor. Se puede representar por los socorridos diagramas de Venn en cuanto a que son conjuntos referenciales en movimiento dentro de un mismo plano que pueden ser independientes los unos de los otros o tangencializarse o entrecruzarse para aportar informaciones útiles a una demanda elaborativa concreta. Son, en cierta manera, las despensas inmediatas de las que se puede nutrir un intelectual sin tener que acudir para cada párrafo a buscar referencias a las fuentes organizadas en enciclopedias y otras bases de datos. Las canteras hacen de fuentes pre-tratadas que auxilien al discurso en el que uno se mete con ganas de entresacar una claridad o dar un paso más en la comprensión de algo.
Para quien desee escribir o iniciarse en el campo, especialmente del ensayo, le recomiendo la técnica de crear sus propias canteras. Es una forma funcional de un aspecto de archivo particular. Un autor sin archivo tiene motivos para sentirse un inútil. Se puede definir al escritor, aunque me temo que llego tarde y que alguien ya lo habrá hecho, como la resultante de su pulsión creativa y de sus recursos de datos.
Aunque eso no sea para todas las situaciones lo esencial lo mas llamativo del ensayista o del ponente es que tenga cosas concretas que decir, por tanto datos, y que estos sean fiables. Todos esos datos que maneje en un momento dado no significan que los custodie en su memoria biológica de manera permanente. Transcribirlos en el contexto de un relato o de un artículo es una forma de guardar los apuntes que se tienen sobre algo o sobre alguien. En todo caso es llamativo quien los maneja y cuando menos se hace portador de los mismos, de lso cuales siempre se puede aprender algo. Por malo o rechazable que sea un autor se puede recuperar la referencia que transpola. En una ocasión me sucedió que lo que mas fue valorado en una de mis cartas por mi destinataria no fue todo lo que conté sino la cita que transcribí de alguien acerca de traer la simpatía y el color de la vida con un mismo si quiere encontrárselos en sus viajes por los lugares. Vale, toca encajarlo todo. Lo cierto es que el propio texto se puede validar más, cuantas más referencias útiles incorpore.
El símil de la cantera elaborativa con la cantera-mina de la que extraer minerales o materiales con los que levantar edificios no está mal del todo. Lo mismo que en el bloque de mármol de Michel Ángelo que ya contenía potencialmente la obra acabada la cantera contiene la visión del edificio terminado, y la cantera elaborativa la del texto elaborado. Lo complejo de esta es que pueda ser un nido de datos deshilvanados y fragmentos de texto en espera de ser utilizados y que nunca acaben de ser reciclados del todo dejando un volumen considerable de palabras que no terminan nunca de tener una utilidad real. Advertido esto, el escritor podrá actuar como un tecno-elaborador para el que la disciplina de trabajo pasa por la rentabilidad de sus recursos informativos procurando reducir las repeticiones al mínimo y no abusando del mismo dato en todas partes. Evidentemente se puede escribir desde la pura espontaneidad o también no escribir nunca pero eso esta fuerza de la raza de los que necesitan/mos hacerlo para saber hasta donde alcanza nuestro saber y el ajeno.
Venn, J. 1834-1923 matemático británico..Su diagrama es la representación gráfica de un conjunto mediante una porción de plano interior a una curva cerrada. recurro a la idea plástica de sus círculos porque entiendo que facilita mucho por analogía, la comprensión de los intercruzamientos de lineas de pensamientos y experiencias en la realidad.
Hay una prodigiosa literatura de viajes. Un viajero antes de serlo probablemente fue lector de algunos libros de viajes. También hay escritores que llegaron a serlo despues de contar sus periplos viajeros. Desde el punto de vista del lector, con esos libros aprendió nombres exóticos y el sabor diferido de la aventura. De alguna manera viajó a través de sus páginas sin moverse de su asiento y si el texto era emocionante palpitó en las escenas descritas como si hubiera estado realmente ahí. El valor de la literatura viajera es que te habla de sitios en los que nunca estuviste y tal vez nunca vayas. Te pone la golosina en la boca y te inocula el deseo de conocer en persona y en vivo aquello sobre lo que te has informado.
El viajero tiene un estatuto especial. Cuando menos se le dirá que es un amante de la aventura y del riesgo si va a sitios impredecibles. Por lo poco es un explorador. En todo caso, eso sí, es alguien que no se resigna a crecer y morir en el lugar donde ha nacido sin visitar mundo. Haber estado en otras partes del mundo y haberlas vivido poco o mucho lo distingue frente a quien solo ha vivido toda su vida en una. La literatura de viajes, libros y revistas, refieren con ilustraciones fotográficas estupendas lugares remotos que al menos deberías ver una vez antes de dejar este mundo.
Un libro de viajes llena al lector con datos y menciones de muchos lugares concretos: nombres de ciudades y carreteras, locales emblemáticos, calles populares, ubicaciones de estatuas y museos. Poco o mucho es una guía fragmentaria de la que se puede tomar nota para tener en cuenta las indicaciones una vez se llega a los lugares.
Es necesariamente una crónica, generalmente en primera persona, que cuenta peripecias por tales o cuales países. Su texto debe ser leído con un mapa en la mano –o ahora con el google earth activado- para ponerse en la tesitura de quien hace la narración.
Como género literario no es gran cosa sino va acompañado de la imaginación suficiente para acompañar al viaje real con otras disquisiciones y recursos evocados. Posiblemente el libro de viajes mas extraordinario de todos los tiempos fuera el Quijote de Cervantes, pero ni existió ese loco hidalgo, salvo en la mente de su autor, ni existieron los personajes que acompañan la trama. Es curioso que un libro de caballerías, el último y mejor de todo el género, pueda superar el retrato real de un proceso de viaje. La imaginación siempre supera a la realidad, tanto por lo que hace a recursos inventivos y posibilidades de acción como por lo que hace a la misma manera estilística. Retratar la realidad siempre se debe a su verdad patente, a sus límites. Tratar las cosas con la imaginación permite tratar de lo no real, de las verdades potenciales, por tanto del reino del no-límite. El libro de viajes liga al lector a las tesituras propias de las adversidades de un viaje, las inclemencias, las durezas de los caminos, la búsqueda constante de los recursos, las gestiones, burocráticas de las fronteras, a hipótesis permanente del bandidismo, las conversaciones diarias con gente distinta y la retahíla constante de preguntas estándar: a donde vas-de donde vienes. El viajero moderno se enfrenta a un inicio de conversación continuo que es difícil que vaya más allá porque cambia de interlocutor continuamente. Por lo general hace amigos para un día o para los pocos días que este en un lugar si su tesitura es la del viaje continuo. Si es lo suficientemente despierto se dará cuenta de los significantes principales de cada lugar por el que pasa y aprenderá detalles de las distintas culturas locales. Depende de su trempera existencial si profundizará más en las anécdotas con las que se va encontrando. Lo más probable es que el viajero ducho no muerda en anzuelo de las cosas superficiales y se reserve para las experiencias que realmente valgan la pena.
En todas partes del mundo hay unas constantes que a todo hijo de la tierra le toca enfrentar: buscar comida y alojamiento, informarse de las dificultades de ruta de cada etapa, tratar de aprender palabras lugareñas para empatizar (el francés y el ingles son idiomas comodines pero no suficientes, la inmensa mayoría de gente sigue sin hablarlos) y auto protegerse lo suficiente para no caer en trampas o robos.
Un libro de viajes surge casi inadvertidamente a partir de la crónica personal del viajero. Seguramente cuanta más necesidad tienes de ponerte a escribir una crónica de ti es cuando tus condiciones de vida te llevan por situaciones distintas y tan variables que necesitas un auxiliar de tu memoria. El diario cumple esa función instrumental. Aunque por supuesto una cosa son los diarios personales y otra distinta las crónicas de viaje. Probablemente uno de los diarios mas famosos de la literatura universal es el de Anna Frank.
La crónica viajera es un itinerario real, geográfico, un paso a paso aunque no necesariamente un día a día de las experiencias que se van siguiendo. Si la crónica es de un viajero occidental además carga en su viaje con el karma de sus antecesores blancos por un pasado colonialista con el que no tiene nada que ver pero por el que puede ser sutilmente imputado. En todo viaje hay una cierta dosis de choques culturales, incomprensiones y chispas sobre maneras enfoques básicos de la existencia. Para alguien que ha vivido en las latitudes católicas sus paseos por el mundo islámico pueden resultar fascinantes pero también dar con actitudes absolutamente incomprensibles. Slimane Zeghidur dijo que “el horizonte musulmán dibuja un círculo planetario en torno a la Meca y el cubo negro de la Kaaba”. Cada cosa tiene su interés y seguramente detrás de la actitud mas criticable hay alguna clase de artilugio mental de alguien que la justifica y la coherentiza con sumas y restas numéricas o acudiendo a una intrincada argumentística legal. Detrás de la existencia de las religiones y de las tradiciones hay siglos de prácticas entrenadas en su auto perpetuación. “El derecho es, con las matemáticas, uno de los más seguros medios de hacer perder de vista las evidencias” dijo Charles de Guardia. El cronista va describiendo los hechos que ve o en los que participa: habla de panoramas, de interacciones humanas, de ríos, de montañas, de edificios, en un continuum interminable de grandes y pequeñas anécdotas. Puede ir a los lugares más simbólicos de la civilización de los que oyera hablar innumerables veces, leer una reseña sobre Hiram o coincidir en el mismo momento y lugar con un escenario atroz como el de la autoinmolación de Thupten Ngodupt.. Lo que hace un libro de viajes es su viajero al sentarse a reposar y recordar sus cuantiosas anécdotas. Claro que ha habido quien ha escrito de lugares y ha inventado historias de viajes realistas y creíbles sin que haya estado nunca en los sitios de los que habla. Josep Pla se documentaba con los folletos turísticos para sus relatos, y ¿qué escritor en grado de tentativa no acude al diccionario geográfico o a los mapas para ubicar relatos en geografías en las que nunca estuvo?
Comparando literaturas, la de viajes no es la que más me entusiasme. Su crónica tiene algo de rancio, de repetido. Además es una forma de tratar de vivir la experiencia viajera sin participar físicamente de ella. Tal vez haya algo de envidia en los autores que llegaron a sitios donde yo no estuve. Por otra parte cuando viajo no puedo desprenderme de tener una sensación de más de lo mismo en no pocas cosas del género humano. Por lo que hace a paisajes y animales desde la cabina del coche me da la impresión a veces de estar viendo imágenes tantas otras veces vistas en documentales de la televisión. Evidentemente no tiene nada que ver ir al sitio a ver el documental o leer acerca de lo que otro cuenta cuando ha estado en este sitio. Pero la verdad es que una vez en destino hay lugares que dejo de visitar (como ver leones o jirafas en directo en Pendjari en mi viaje en curso por el oeste africano) para poder decir que los he visitado.
Inevitablemente he terminado por escribir mi propio libro de viajes, todavía en curso, a partir de venir a pasar un tiempo a África. Se llama Un Viaje Existencial que para no caer en la experiencia de diarismo, que ya tuve unos años atrás, tiene más de discursivo-critico que de relato narrativo. Es un libro que habla de las vicisitudes de un blanco en el África negra en países que hacen del subdesarrollo su bandera reivindicativa para ser ayudados pero no para evolucionar.
Al escribir sus anécdotas advierto que un libro de viajes puede ser duro de llevar al ser construido obligatoriamente en función del desenlace de las secuencias reales. Como autor no te puedes escapar de tu itinerario aunque hagas evocaciones de otros países y otros lugares o de escenas que hayas vivido con anterioridad. Ese es el reto creativo: escribirlo hablando de sitios mencionados miles de veces pero con un estilo que te haga recrearlos como si fuera la primera vez que una persona hablara de ellos, lo mismo que Italo Calvino en su libro de Marco Polo describiendo Venencia como muchas ciudades distintas. En última instancia lo que un libro de viajes no aporte como una gran aventura sí puede constatarlo como un hecho real al que acudir el autor para recodarlo cuando la memoria le falle.
tibetano que se prendió fuego en Nueva Delhi para protestar contra la ocupación en China
La pulsión escritora es incontenible. Una fuerza interior e inexplicable ruge impetuosamente, no hay modo de calmarla sin la dedicación creativa o lo que el/la escritor/a considere que lo es. Hay quien dice que solo escribe cuando tiene necesidad de hacerlo o de decir algo. ¿qué opinar de quien escribe cada día por sistema? ¿De quien nunca agota todo el manantial de lo que necesita decir? o, tal vez, ¿de quien no pasa de ser un grafomaníaco que no para de reescribir las mismas frases en distintas pizarras como autocastigo masoquista? Desde que los escritores disponemos de ordenador portátil, la tecnología se ha aliado con nuestros caprichos y deseos. Antes, nos movíamos por el mundo con un bloc de notas o una libreta artesanal –los mas duchos poníamos una mecanográfica portátil en el equipaje y el papel carbón necesario para hacer al menos una copia de nuestros originales- actualmente los mas afortunados pueden ir con un ordenador de poco más de 10 pulgadas de pantalla. Yo todavía me valgo con un hp de 15, despues de haber probado un Acer de 17 cuya tecla de pausa disfuncionada me llevo por el camino de la amargura durante meses.
A fuerza de llevar uno conmigo en mis viajes como instrumento auxiliar he terminado por rendirme a la evidencia como lo que es: una extensión de mi (espero no vivir el momento futuro en que deba decir eso mismo al revés). En el lo meto todo: mis datos, mis elaboraciones, mis yoes diversos, mis sueños, mis ideales, mis discursos, mis conferencias, mis clases y, por supuesto, todo un arsenal gráfico: mis paisajes, mis viajes, mis relaciones, mis amores. Mi tejido neuronal también contiene todo eso y mucho más pero el ordenador tiene un tree de ramificaciones que en principio me permite localizar cualquier cosa en cualquier momento con una cierta rapidez. Tampoco es tan así, a veces se transdigitalizan cosas o se pierden y no hay modo de encontrarlas. La relación de un sujeto con su ordenador puede devenir de amor-odio cuando deja de funcionar o pierde materiales sin haberle dado la orden para eso.
Así pues todas las excelencias del ordenador tienen sus contrapuntos que en conjunto no me han hecho declararme en huelga de ellos sino todo lo contrario, siendo un consumidor que va por el personal computer numero 8 de los que he adquirido. He tenido tiempo suficiente para reconocer al ordenador como mi alter ego. Tom Sharpe ya caracterizó en su novelística esa relación de un usuario informatico con el suyo. Sí, ¿qué seria de mí sin mi alter ego? Desde que vivo en Digitilandia no entiendo como he podido vivir la mayor parte de mi vida usando rotuladores, plumas estilográficas o máquinas de escribir y sobrevivir. Un ordenador se convierte en un compañero de vida. Desde que se abarataron los precios de los portátiles siempre viajo con uno de ellos y en estos momentos ya son muchos de mis textos que he podido escribir en ruta poniendo junto al titulo los nombres exóticos de las ciudades por las que he pasado. Cualquier lugar es bueno para escribir: mesas de bares y restaurants, bibliotecas, dentro de la furgo-vivienda, en mi mesita de aluminio en la playa, en el bosque, en las habitaciones de los hoteles, en los jardines públicos, en la calle, en las salas de espera, en las estaciones,…
El momento del día, para mí, más creativo para escribir es a primera hora de la mañana, despues del desayuno o, incluso, antes de él. Por la noche, antes de dormirme, alguna nueva idea me ha sido “soplada” para escribirla al día siguiente. A veces he de pergeñarla en un papel para no olvidarla. Sin mi ordenador acompañante seria la mitad de lo que soy, aunque al recordarme de mi época de habitante sin él, tampoco tengo la sensación de haber sido menos, hacer menos o escribir menos de lo que pude hacer y ser en aquellos años. Comparativamente desde que soy un hombre a un ordenador pegado he de reconocer(me) que escribo más que nunca. No creo tener una gran teoría alternativa simplemente hago de alambique: destilo el mundo que veo, vivo y toco para dejar acto de fe como si fuera un notario descolegiado pero sincero no dispuesto a reproducir las mentiras oídas para repasar una a una, con la analiticidad implacable que supone repensar las cosas, los escenarios que me toca vivir y las experiencias que me toca pasar. Sin mi maquinita de tres kilos o poco menos no podria hacer todo eso. Objetivamente las cosas no variarían mucho. El mundo seguiría prescindiendo de textos como los míos sin que se naufragara mas de lo que se hace pero yo, yo me quedaría sin cumplir el destino que, una vez, hace ya mucho tiempo, en una edad prematura que ya no recuerdo, decidí: escribir para poder ser lo que los actos no siempre te permiten hacer. A mi ordenador no le pregunto lo que he de hacer cada día ni me da indicaciones de por donde deben ir los pasos de mi vida, simplemente hace de almacén de ella, es la prolongación de mi memoria biológica. Lo tomo como mi alter ego porque he comprobado por repetido durante años el tiempo y el valor que ocupa en mi plan de vida y en mi planning diario. Lo interpreto asi desde antes del boom internáutico y de las maravilla de la cobertura wifi. Con eso añade valor a sus prestaciones siendo un instrumento de comunicación formidable con otros, a pesar de todas las patologías informativas existentes, la intoxicación reinante en la ciberjungla y los antitéticos bombardeos publicitarios. Externamente, para quienes no conocen la pasión escritora ver a alguien que se pasa muchas horas del día con y en un ordenador puede parecerles una adicción. La vida de pareja puede resentirse dedicando horas a él haciéndose preciso regularlo. Por mi parte lo tomo como una constante diaria pero auto limitada en cantidad productiva. Un artículo o texto por día de unas mil palabras es más que suficiente para enfrentar reflexiones o hacer ejercicios de estilo, colgar un texto por día para usufructo socializado en la red, también es mas que suficiente. En realidad suelo pasarme de esas dos cifras. Pido disculpas a quien canse esa confesión tecno-personal.
Ordenador, ordenador ¿dime quien escribe mas y mejor de todos los escritores? preguntaría en versión postmoderna la bruja del cuento y el ordenador simplemente agotaría su batería sin dar ninguna respuesta y es que el alter ego es solo tu ego que objetivizas y examinas en sus lagunas y déficits, que también los tiene.
Vivir con un escritor no es nada fácil. Cuando está metido en su trabajo es intratable. No se le puede sacar de su concentración. Está en otro mundo. Su cuerpo se mantiene quieto o con los mínimos movimientos de brazos y dedos, parece que esta en el lugar que ocupa pero todos sus sentidos están metidos en lo que esta escribiendo. Puede estar hundiéndose la calle y no enterarse. Es como si estuviera metido en una meditación que lo blinda de todo lo que pueda suceder. Es imposible hablar con él o interrumpirlo. Para hacerlo hay que tomar precauciones y una aproximación cuidadosa. Lo mejor es no sacarle del imaginario que está habitando. Lo ves físicamente pero mental y anímicamente puede estar en cualquier otra parte muy lejos del lugar que esté habitando en ese momento. Su escritorio y su asiento no son más que muebles de pretexto desde los que catapultarse a donde sea: su ordenador es su panel de mandos con el que viajar por inextricables latitudes. La escritura es su elección pero también es su adicción, su afición, su excusa, su mundo. Me quedaré con las ganas de preguntar en profundidad en un formato de estudio riguroso a una muestra representativa de escritores porque escriben y como consiguen substraerse del mundo para hacerlo. Escribir es esto: una retirada mundana. Para hacerlo bien lleva cuantiosas horas. Lo que en un texto es un digito en un lienzo puede ser un trazo o un punto de color. Mientras las telas ocupan superficies respetables los libros no pasan de ser objetos densos cuyo volumen no es tanto y su ocupación del espacio tampoco. La vida con un escritor es difícil porque es un tipo a menudo ausente. En lugar de estar de cháchara y metido en la comunicación ordinaria de la sobremesa se va a escribir. Eso solo lo hace un escritor. Un escritor escribe, generalmente escribe más de lo que habla. Su pareja convivencial puede resentirse con eso. Tiene que conectar muy bien con su personalidad para aceptárselo. Puede experimentar celos por dedicarse a un trabajo de comunicación en el género que sea en lugar de dedicarle el mismo tiempo a él/ella para hablar de los asuntos propios de los días o de los grandes temas de la humanidad. No, el escritor necesita dejar las cosas por escrito. No le basta participar de un relato oral escuchándolo o si sabe hacerlo explicándolo, necesita teorizarlo, reinventarlo, tramarlo, transcribirlo o crearlo en un soporte escrito. Cada vez que escribe hace algo más que redactar un artículo, implica su testamento existencial. Hay algo de místico en su vocación no exento de una militancia obsesiva. Cuando la escritura es tomada como un trabajo literario es difícil que un artículo colme todos los demás o un capitulo sea considerado como perfecto. Todos los capítulos y todos lso artículos vienen a completar los déficits de los anteriores. Vive inmerso en la experiencia artística en la que cada trabajo desea superar el o los anteriores. Desde el punto de vista de la persona convivencial pasan las horas y las poses del escritor volcado a su pantalla o teclado pero no se ven siempre los resultados. Si es un profesional de lo que escribe y cobra por ello su nombre aparecerá periódicamente en algún soporte público, si es un vocacional y no cobra por ello, su nombre será una incógnita y su dedicación podrá ser incluso impugnada por quien no entiende tanto anhelo.
Un escritor es un nómada por el campo del pensamiento y de la cultura. Hay que tener en cuenta que además de vivir contigo vive con sus personajes y con sus tesis. Es posible que despues de su horario de trabajo te hable de algo absolutamente desconectado con la realidad del día y te plantee vos temas o repase viejos temas como lo más natural del mundo. Sigue clavado en la inercia de lo que ha estado escribiendo antes. Paciencia, no está loco ni ha perdido el oremus, simplemente toma el mundo como un lugar fantástico y presupone que tú tienes que entendérselo. Si ha decidido que lo suyo es escribir es difícil que algo le pare, ni siquiera que esté condenado a ser inédito o a no ser reconocido. Vive por y para la palabra escrita sacando la energia inexplicablemente de no se sabe donde y tal vez fantaseando con que el futuro le servirá lo que deje aunque el presente no lo recoloque en su justo lugar de atención. En cierta manera el escritor es un masoquista privado que se oculta del publico para enfrentar en solitario los grandes dramas. Marco Valerio Marcial dijo que el verdadero dolor es el que se sufre sin testigos. El escritor se pone en cualquier rincón para tratar tanto con ideales fantásticos como con fantasmas desagradables y también con demonios irascibles. También hay algo de una pretensión no confesa de ser reconocido en su potencial creativo y en su inagotable cantera imaginaria. Los escritores (los y las escritoras, claro, aunque creo que se puede conjeturar en una forma diferente de escribir del lado masculino y del lado femenino) que se dedican a serlo no les colma un libro. La prolijidad parece que forma parte del proyecto biográfico. Lo que no queda dicho en una parte deberá ser dicho en otra. El conjunto de textos es un tablero interconectado. Palabra a palabra construye un supuesto entramado teórico, una filosofía en el mejor de los deseos, un modelo de vida y de pensamiento y no solo un relato transcrito de la vivida. Las palabras son como las gotas de agua que terminan por atravesar las piedras y los metales mas duros golpeando insistentemente al paso de los siglos. Es posible que sea el instrumento de lucha empleado por los menos fuertes desde el punto de vista físico pero sí los mas desde el punto de vista de la tenacidad. Con las palabras se pueden afinar y afilar las situaciones de las formas más impactantes. Reugesem dijo que en la venganza, el débil es siempre el más feroz. Puede aplicarse relativamente al escritor que no es nada en otra clase de asuntos mundanos y un inútil consumado en muchas cotidianeidades vulgares y se recrece creando libros como si de plataformas de credos que lanzar al viento se trataran. El escritor no soporta el mundo y para eso ha inventando una forma privada de rehacerlo a la medida de sus necesidades. Claro que no se puede hablar ni de un escritor modélico ni citar a uno solo que pueda servir de referente del que tomar nota para que aprendan los demás. Cada uno cursa su vida con sus manías y sus sistemas productivos. Los hay que se olvidan de levantarse de la mesa para prepararse un café o un té o que se tienen que obligar a levantarse cada 60 minutos para no quedarse encarcarados en sus asientos y otros que no paran de dar vueltas por la habitación como fieras enjauladas para construir lo que consideren una página maestra.
Quien vive con un/a escritor/a queda advertido que no es tan fácil como parece. El romanticismo bohemio que acompañe a esa elección solo será posible de consolidar a largo plazo si el conviviente tiene su propio ensimismamiento personal, sea porque escriba también o porque dedica tiempo a lecturas maratonianas o porque puede soportar el aislamiento de su compañero/a aunque este a escasos metros o incluso en el asiento de al lado.
El escritor puede ser interpretado como un traidor al ser capaz de contarle a un libro lo que no cuenta con voz en directo a los que tiene al lado, en todo caso como un espécimen raro del zoo humano dedicado a la soledad gráfica, una curiosidad dentro del reino de los solitarios que suele dejar productos en conserva de literaturas para consumos diferidos.
Un escritor naturalista puede convertir cualquier anécdota, contacto humano, hecho intrascendental, minucia cotidiana en una reserva de material para su re-creación. Si es suficientemente imaginario nunca le faltará de qué escribir. Su capacidad creativa será también su locura privada al no sentirse nunca totalmente satisfecho con lo que hace. Escribirá y escribirá hasta morir. Hará de cualquier acontecimiento un pretexto para literaturizarlo. Cuando esté en la UCI si mantiene un mínimo de consciencia y un mínimo de movilidad en los dedos escribirá su experiencia y jamás faltará a su cita con el periódico y la zona de lectores que esperan su palabra mágica o su palabra docta o simplemente su palabra informada u ocurrente.
Saberse leído incrementa de alguna manera el ego. El escritor hace de sus análisis un eje al que vertebrar una atención. Todo lo que no fuera escuchado por su voz trata, indirecta e inconscientemente, de ser subsanado al ser leído por una cantidad de gente. El escritor abnegado creerá íntimamente tener una especie de misión especial a la que no puede fallar. El desierto mundano espera su palabra. Eso tiene prioridad, la relación privada está a un segundo plano, aunque en términos concretos el único que realmente lo sostenga sea su pareja.
El escritor puede perdonar cualquier clase de barullo doméstico siempre que no le rompa las condiciones atencionales de trabajo mínimas, pero si es un escritor en realidad escribirá en cualquier parte: en los bares y pubs ruidosos, a bordo de ferrocarriles o metros, en bibliotecas y salas de espera, en plazas y calles, en cualquier lugar con cualesquiera clase de ruidos. Las ideas no pueden esperar y aunque haga comedia de ello, la inspiración tampoco. Lo que menos se le puede negar a un escritor es prestarle el rotulador, el papel, el ordenador o el aparato que sea cuando tenga urgencia de escribir. Es como el agua para el sediento. Conocida su psicología creativa la relación puede funcionar perfectamente. Basta aceptarle que cada día de la vida que vivas con él, o casi todos, se va a dedicar a eso y lo va a hacer en horas que suelen ser pertenecer a la familia o a los espacios ociosos.
Cada vez que geste algo será un poco como tener un hijo a medias y te hará participe de ello como si hubieras dedicado la mayor parte de la sabia en crearlo. La vida con futuro con un escritor es tanto más posible cuanto más dedicado esté el compañero o compañera a su propia actividad artística.
Pnop Penh vio en la gente ilustrada a verdaderos enemigos y traidores a su causa de terror. En la antigua china un emperador enterró en vida cientos de personas tras concentrar a los sabios de todo el país.Los nazis se jactaban de sus piras públicas incinerando libros. El Vaticano ha tenido durante siglos libros colocados en el índice de los prohibidos. Durante el franquismo la policía nacional al registrar una casa, sabía que si había una biblioteca nutrida de libros, sus residentes eran sospechosos, ademas confiscaba libros de curso legal para unirlos a los materiales clandestinos y los tasaba como propaganda ilegal si sus títulos eran explícitamente sindicalistas o reivindicativos aunque hubieran sido editados por editoriales reconocidas.Ante una lista muy cuantificable de este tipo uno se puede preguntar cosas como ¿La biblioteca de Alejandría se quemó por accidente o por intención en contra de su concentración de saber? ¿Los documentos se pierden o se hacen desaparecer? ¿losa textos se eligen por evaluaciones de lo creativo o por intereses editoriales?
Una buena parte de documentos centrales de las historias políticas recientes y no tan recientes siguen sin ser desclasificados para entregarlos a la investigación historicista.
No han terminado los días en que nos asaltarán, atropellarán y atentarán por el hecho de tener bibliotecas o de andar con libros debajo del brazo. Los intelectuales aún no estamos a salvo de que nos detengan, nos expedienten y juzguen por el hecho de tener nuestras propias fuentes documentales e intelectuales. La bibliofobia de los estados es latente. Obviamente prefieren a la gente clavada a la televisión como palos de pasturaje de los que no poderse ir lejos con programas de entontecimiento que no leyendo en sus casas, en las bibliotecas o en los parques, a pesar de que por sus políticas de credibilidad inviertan en tales espacios de culturización.
Tener una biblioteca para mentalidades neonazis es ya un detalle que estigmatiza a su propietario. En Farhenheit 451 se memorizaron los libros que habían sido quemados.. Poseer libros puede ser sinónimo de delincuencia para los poderes que temen a la inteligencia .A Salman Rushdie le fue puesto precio a su cabeza por decir cosas que no estaban de acuerdo con los fundamentalistas islámicos, a pesar de no contradecir o no atacar al Corán. Los literatos han sido los espejos de sus culturas y a menudo el único baluarte sobreviviente y el más explícito de ellas. Pramoedya Ananta Tor, novelista indonesio fue centro de las iras de los radicales islamistas. Candidato al Nobel de Literatura.Ha permanecido parte de su vida en prisión . Nunca se hará suficiente justicia o reconocimiento de lo mucho oque una sociedad debe a sus hijos cultos que sacrifican sus vidas personales y sus opciones lucrativas para ser las voces de sus pueblos o los analistas heroicos de las sociedades que les ha tocado vivir. En muchas épocas políticas y situaciones de países se pueden encontrar verdades literarias que fueron apartadas. También aquí: Gutiérrez Solana autor de La España negra. (reeditada 80 años después) ha sido un libro más referido que leído, censurado en su momento.
Desde la óptica de quienes les persiguen y reprimen hacen mucho más que atacar al individuo, tratan de asesinar la palabra, destruir la idea. En el fondo de cada mente fascista hay un pirómano que pretende que no quede nada vivo como testimonio, para a partir de un escenario de cenizas y destrucción reorganizar las cosas para sus intereses. El destructor del libro se autodesacredita a si mismo pero la lógica que tiene al hacerlo, si a eso se puede llamar lógica, es que destruye la metodología crítica y elimina posibles contradictores haciendo prevalece su discurso de omnipotencia como único. Tras lo cual podrá manipular a su antojo a toda una comunidad social de súbditos.
Basta que alguien piense por cuenta propia para que sea un delincuente. Basta que lo ponga por escrito para que sea tratado como un saboteador de la supuesta paz comunitaria. Basta que alguien le de difusión para que sea tildado de subversivo. Durante las dictaduras una parte considerable de la literatura tiene circuitos clandestinos. Aún recuerdo como leí algunos textos maravillosos a ciclostil porque no había editoriales cercanas donde buscarlos y otros que eran puestos en circulación porque la criba de la censura veía como inofensivos al tratar de temas de otras realidades lejanas sin vincularlos a la represión como tema en la realidad próxima.
Los libros incluidos como obras literarios son la resultante de la creación imaginaria junto con las circunstancias en las que nacen y de las que el autor hace de representante o puente generacional. Eduardo Mendoza sostiene que las novelas son menos hijos del autor que de sus circunstancias. Pero nunca se trata de mimetismos de lo social sino de sus abstracciones desde que interpretarla, atacarla o defenderse de ella. Su carga renovadora y sus mensajes idealistas no desprecian personajes del realismo cotidiano como el inmortal Sancho Panza el escudero de Don Quijote que en un segundo plano representa la voz supervivencial del pueblo llano. escribir para una sociedad encarcelada hay que hacerlo inteligentemente para superar el ojo censor de sus carceleros. Miret Magdalena refiere que en los años de la penuria dictatorial sus artículos en Triunfo los conseguía filtrar citando textos de santos católicos, con lo cual el se cubría las espaldas. A cada autor le toca encontrar su estrategia personal de superviviente en un mundo de represores y lleno de represiones fundidas en la tradición de los hábitos.
Escribir tiene algo de visionario y futurista. Escribir para la inmediatez forma parte del mercado de los consumos.escribir para la posteridad, que es el caso de muchos desconocidos entre los que me cuento, forma parte de las hipótesis apocalípticas para,supuestamente, dar elementos de consolación o ayudas intelectuales para sobrevivir a otros holocaustos por venir. La literatura y la poesía en cualquiera de sus soportes frágiles de difusión solo serán justificaciones con las que puentear ideas que irán pasando de boca en boca y alojándose en una mente tras otro para soportar los infortunios de existir bajo el imperio dominante de la estulticia.
Rushdie,Salman, (Bombay 1947->) autor de Grimus, Hijos de la medianoche (premio Booker 1981 y del James Tait black Memorial) y Vergüenza (Prix du meilleur livre etranger), La sonrisa del jaguar .Miembro del consejo de producción del British film institut y del consejo asesor del Institute of Contemporary Arts, miembro de la Royal Society. Sus libros han sido traducidos al menos a 20 idiomas.
El nunca militó en el PKI y prefiere definirse como un individualista radical. La censura de sus libros se levantó tras lacaida de Suharto y se publicaron por primera vez en Indonesia a partir de entonces. Con sus libros las editoriales extranjeras hicieron sus negocios.Por deficiencias en los contratos para su traducción a 20 idiomas se quedó sin cobrar beneficios ni drechos de autor. Estuvo en las campañas de Amnistia Internacional para conseguir el fin de su confinamiento.
Como el de La revolución sexual de W.Reich.
La literatura rusa que consumí durante mi adolescencia.
El mundo del ritmo, coautor con Carlos Pazos. Ganador en Francia de el premio al mejor libro extranjero (creado en 1948). por Una comedia ligera.
La literatura aunque se presenta en singular contiene una multiformidad que trae consigo contradicciones y desajustes entre autorías y escuelas. A veces el respeto debido corre un tupido velo de supuesta comprensión y aceptación mutua cuando lo que esconde de hecho son discrepancias y críticas no dichas. Cuando ese corsé no concurre pueden haber ataques con intencionalidad fulminante. León Tolstoi objetó contra Baudelaire y Verlaine no entendiendo como los franceses pudieron atribuir tanta importancia a ellos como versificadores, que según él,estaban lejos de ser expertos en cuestiones de forma y eran despreciables en cuanto a los contenidos que trataban,para él incomprensibles. Por su parte E Roditi dijo de Charles Baudelaire que su teoría del dandismo le exigía que como dandy horrorizase a la mujer que deseaba dominar, o a eso apuntarían sus escándalos como pederasta insinuante ante sus amigas, el dia que se sintiera desamparado por el casamiento de su madre en segundas nupcias. Sin entrar en vidas domésticas y análisis de lo privado para lo cual se requieren muchos datos y una investigación que no queda justificada para la defensa de la pluralidad literaria cabe opinar que no hay un autor idéntico de otro ni tiene porque serlo y si trata de ser mimético será otra cosa pero no un creador de ideas e interpretaciones propias. Tampoco hay una persona idéntica a otra con lo cual persiste el principio de disparidad e individuación. Pretender que el otro, quizás en el fondo el deseo tolstoiano, se parezca a uno o se exprese con los propios estilos y conceptos es, en el fondo, pretender un seguidismo en el que ejercer un liderazgo. En todo caso a favor de Tolstoi hay que reconocerle su honestidad al reconocer su incapacidad comprensiva de los franceses que criticó. Es una presunción exagerada querer entenderlo todo por el hecho de que ha sido escrito por gente que comparte oficio y temas. La literatura es algo particular y personal y resultado de una ardua elaboración personal.En palabras de Antonio Tabucchi ”No concibo la literatura y la vida sin manchas”. Vive para el sentido más inmediato q muchas veces resulta ser de orden pequeño.Afirma que en muchos de sus relatos hay historias q le fueron contadas. La literatura no esta al alcance de todas las comprensiones ni siquiera de los literatos de otros estilos,campos o épocas. como tampoco toda vida referida tiene porque ser del gusto de quien la escucha o sigue. La pluralidad literaria es obvia.La pluralidad es un atributo humano en todos sus campos porque no hace otra cosa que corresponderse con la pluralidad de la naturaleza a la que pertenece.Es así que hay que hablar de ciencias en lugar de ciencia, historias en lugar de historia, indagaciones en lugar de indagación o amores en lugar de amor. La literatura es plural incluso dentro de la misma obra de autor. La ambición creativa o la intencionalidad experimental lleva a probar distintos tipos con los que textualizar las interpretaciones. Muchos autores tienen una parte ingente de su obra en estado de inédito o a la espera,tales como Jack Kerouac o Max Aub con sus múltiples diarios. La literatura puede proporcionar un marco de consentimiento de los sucesos regentes o colocarse frente a ellos desde la critica. Hay autores que han conocido el rechazo por sus opiniones antagonistas como Jorge Amado y otros la incomprensión delos estadistas de su época cuya protagonismo en la instantaneidad les separaba de toda consideración del goce creativo.Goethe había sido interpelado por Napoleón que le preguntó porqué se empeñaba en seguir escribiendo dramas, cuando la verdadera tragedia estaba en la política. En general la gente atrapada por la acción política cuyo caudal de riesgos y seducciones por la erótica del poder tiende a ignorar que lo prevaleciente no es la figura de estado sino la figura de arte. Aquella acaba siendo poco más que un nombre para etiquetar un período histórico mientras que ésta está llamada a atravesar épocas y gentes y a prevalecer como una representación atemporal del alma colectiva. La literatura es un ejercicio de reflexión o retrospección que proporciona la lejanía conveniente de lo que trata para hacerlo con la mayor serenidad y prudencia posibles. Eliseo Alberto sostiene que ”La distancia y la nostalgia dan una mirada tranquila”
Jorge Borges recibió ataques por reaccionario aunque estimo mas su recuerdo como el de un hombre complejo que no vendió su libertad de expresión crítica la conveniencia política o a supuestas razones de objetividad. Sería necesario mas tiempo para que se pudiera construir una posición razonable sobre su obra. anticipándose a ello dijo que “las buenas antologías solo las hace el tiempo” . Al decir de V S Naipaul,al final de su vida Borges de tanto haber sido entrevistado ya se había convertido en su propia entrevista. Llegó a consistir más en sus fotos y declaraciones que no en su obra o persona.
La bienvenida a la literatura es al conjunto de la literatura plural, de todas las literaturas que contiene y en las que los propios limites materiales de la existencia exigirá la selección y la dedicación discriminatoria a autores y temas. Uno de mis deseos de siempre ha sido el de ser lector. La de pasármela tardes enteras leyendo libros y veladas tras la cena comentándolos. ¿Hay objetivo más bello y sosegado que el de pasar las horas perdidas leyendo los legados de las observaciones de cientos o miles de autores? Es una manera de conceder el máximo de tiempo y de atención a discursos o puntos de vista de otros sin tenerlos que soportar en directo y presencialmente.Es una manera elegante de conceder al otro intelectivo una función formativa de la que aprender y por la que radicalizar las posiciones propias. Posiblemente la de lector es la postura más cómoda puesto que criba lo leído y puede objetarlo mientras que la de autor arriesga la interpretación, el compromiso con una postura y una toma de relación con la vida que se atreve a publicar. El lector no está tan lejos de las tesituras del escritor.Aquel aloja la actitud embrionaria de este y es un modo de puentearse entre el pasivo de saber y el activo de dar a conocer. Aunque toda energía en este asunto es relativo y toda clasificación de acto o potencia es un tanto trasnochada. El lector posiblemente tiene mas facilidad de acceder a la pluralidad literaria dependiendo de la multiplicidad de sus gustos que e lautor cuya obra le exige una concentración y parcelación si quiere avanzar en investigación o ponderación de lo que relata.
Autor de Guerra y paz. Ana karenina. dijo “ Dejad vivir al cuerpo sin muletas”.
(Vecchiano,1943-) La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. Premio Luna dePlata de Vizcaya.
Max aub M.Spinger Marx. (París 1903- México 1972).Mantuvo un inmenso depósito de bitácora:diarios desde 1939 a 1972
(Pirangí, bahía 1912-) graduado en derecho, diputado y exiliado. Encarcelado por progresista y exiliado en Francia y Checoslovaquia. Terras do sem fim (1943)
En los conjurados recuerda que no hay un instante en que no pueda ser el cráter de un infierno o el agua del paraiso. Ficciones (1944).
El no- modelo como fuente de inspiración.
La poética hace sus cantos a todo mientras vapulea los demonios que invaden el alma. Lo creativo incluye una dimensión destructiva. En ese todo para el elogio, está la naturaleza en su totalidad como universo catedralicio y las figuras humanas en particular que son objetos emocionales. En la selva humana hay quien llega a creer encontrar modelos a los que seguir más allá del amor o la admiración particular como Gabriel Celaya con el dirigente histórico del PSOE o Manuel Gerena con su cante a una personalidad destacada en el movimiento obrero .Comparativamente es mejor poder cantarle a algo que se toma por modelo o referencia que no tener a nada ni nadie en quien fijarse. Las mamás tienen - o tenían- a sus bebés a quienes cantarle nanas, los enamorados a sus enamoradas a quien glosarle romances, los revolucionarios a las masas oprimidas a las que enardecer con sus proclamas agitativas para devolverles la dignidad y cada uno de nosotros tiene interiorizado un ideal del yo hacía el que aspirar y poetizar, además de teorizar y practicar en la medida de lo posible. El modelo es una instancia necesaria.si no se tiene se inventa.Si no se puede acudir a una figura física y tangible se acude a la imaginación con que hacerla. El pintor plástico justifica su arte con el objeto del que toma un diseño pero que libra del objeto mismo. El modelo en realidad nunca está en la cara o en el cuerpo está inmerso en el barro o dentro del bloque de hielo o de mármol. El ideal del otro es la búsqueda estéril de una paternalidad inexistente. Pretender un guía o un gurú o una figura estelar cuya sabiduría ejemplar marque un camino a seguir para todos es andar tras la búsqueda del padre perdido a cuya extinción contribuimos al hacernos mayores. El modelo es fuente de inspiración no tanto por su presencia o prestancia en el concurso de las ideas como por su ausencia que excita la imaginación para reinventarlo a la medida de las necesidades particulares. tras la traición de los líderes y los descalabros de los ídolos cada ser ha renovado su futuro a partir de mamar la verdad de la nada en el laberinto de un mundo de trampas. Eso me posicionaría mas con Celine que no con cualquiera de los triunfalismos que venden modelos sociales o personales que en sí mismos no pueden ser alternativos para nadie. El modelo es inspirativo en tanto es admitido corpuscularmente como antimodelo al margen de la demanda social que pide un elenco de normas y nombres, de formas y figuras, de referencias y certificados ante los que ponerse en formación y aplaudir. A diferencia de lo que sostiene Verdú para con la novela , la poesía tiene mucho que contar no porque tenga una plataforma infraestructural de apoyo sino por la pulsión extendida de incontables personas que no encuentran otras vías de expresión de sus tormentos y verificación de sus opciones.
La falta de modelo preestablecido en lugar de ser una desventaja tiene el valor de incitar a la creación. Un modelo estable lleva a la uniformidad.Los cuadros parecen salidos de la misma mano porque pertenecen a una escuela, también los estilos o los eslóganes. El modelo interiorizado como un ideal expresivo recrea y remodela continuamente.En la forma de la expresión poética se está poniendo de relieve la forma de estar en el mundo y de participar en los juegos del vivir.con Austin sabemos que somos también lo que decimos .
La poesía de la búsqueda continua más allá de la oda o el ensalzamiento a gestas determinadas incita a un plus de razonamiento que no queda expuesto en el texto. su sinopsis deliberada, su sincretismo y secretismo se basan en una inducción deliberada o no a que el poema sea concluido en la mente de cada cual. Balash habla del orfelinato en el que estaría nuestra cultura sin la inducción socrática a lo que añado la infraestima mental en la que estaríamos entrampados si la teoría no contara con la pasión poética. La teoría en general a través de las distintas líneas ensayísticas de elaboración se mantiene dentro del dastellung, la función expositiva, cuando el lenguaje coparticipa de varias dimensiones en el mismo momento en que es manejado, tal como sostiene Buhler .El lenguaje poético utiliza el no-modelo como pretexto para hablar del tema en sí, del yo en el mundo y de rescatar la yoicidad de su degradación ególatra para conectarla al múltiple universo de los unos que comparten el destino de los límites y la tragedia en medio del caos y del todo. No tener el donde exacto hacía donde dirigirnos, el modelo al que seguir o el becerro al que adorar tiene como ventaja meternos en la indagación de la deidad de cada cual en el reto de formar parte de un proceso creativo universal.
Su obra fue abundante y variada.Comenzó siendo surrealista, materialista y nerudiano, según los modelos de la preguerra, y luego viró hacía el existencialismo, y más allá, hacía la poesía social.
escribió un poema a Pablo Iglesias como hombre modelo.
c Creo que fue a Lopez Raimundo pero tambien pudo ser a Manuel Camacho.
Louis Ferdinand Céline. Escritor.Viaje al final de la noche..Se trató de un hombre desesperado de un pesimismo total, pero que a la vez le daba una fueza increíble según contó su viuda Lucette Destouches,afirmando que no era un hombre al servicio de nadie,siendo intransigente con todos. Cayó en el error como otros intelectuales, de perpetrar escritos antisemitas aunque luego se horrorizara ante el holocausto nazi.
Verdú,Vicente. (Elche 1942-)China superestar el país-aguilar. Escritor y periodista. Afirmó que la novela occidental no tiende nada que contar.
Austin. Su tesis es de que hacemos algo diciendo algola cual tiene un reverso: al ejecutar un acto de habla se dice también lo que hacemos (Habermas).Entiende la fuerza ilocucionaria como la parte irracional del acto de habla mientras que lo racional quedaría contenido en su parte enunciativa.
Balasch,Manuel., helenista, que sostiene que incluso la lengua griega es sólo un instrumento.Y a la vez que sin la inducción socrática el hombre occidental aún estaría infradesarrollado culturalmente. Josep Pla habia manifestado su gran deseo de conocerle dado el oficio de sacerdote de Balasch y su atrevimiento como traductor del disolvente Aristófanes. La aspiración de su vida era de que pudiera ser leido Platón integramente en catalán.
Buhler,Karl., Dastellung (la función expositiva) es sólo una de las tres funciones co-originarias del lenguaje:las oraciones empleadas comunicacionalmente sirven a la par para 1/la expresión de una intencionalidad o vivencia en el sí del hablante 2/exhibir un estado situacional y 3/para entablar una relación puntual o introductora a establecerla con el escuchante.
La poesía vehicular de lo social.
Una critica tradicional emanada del izquierdismo más radical contra el arte lo había sido por su sello, o supuesto sello de clase, vinculado a la clase dominante. Una visión duramente perversa del tema deslizaría las preguntas brutales: ¿quien podía dedicarse al arte sino aquellos que no tenían necesidades perentorias? ¿quien podía cantar sino quienes ya tenían resueltos sus temas supervivenciales básicos? ¿quien podría practicar el bell canto o ir a los auditorios de ópera sino la burguesía más consolidada? El arte ni siquiera sería considerado como trabajo salvo aquel que tuviera una función propagandismo para el construccionismo de una nueva sociedad.Cualquier otro arte tendría necesariamente el marchamo de pequeño burgués e individualista.
Esa diatriba no tendría futuro pero lastimó seriamente las sensibilidades de los que sólo sabían expresarse desde sus imaginarios y no entendían de políticas, que escribían poemas pero eran incapaces de guionizar las proclamas asamblearias, que no pintaban puños u hoces y martillos pero grafiterian los muros con las gargantas secas del pueblo doliente.
El arte en general ha anunciado su muerte campo a capo, época tras época porque ha sido el lugar de refugio de generaciones de marginados.Ha sido el gran furgón de cola de una sociedad corriendo despiadada hacía su fracaso. Pero el arte viene de antiguo.Se nos ha puesto al corriente del rupestre y de las cerámicas ensalzando figuras y atributos humanos. Ha sido ensalzado por el nihilismo como la gran alternativa y sigue siendo la tábola salvatora para poder sobrevivir en un sistema que prepara predominantemente una salida industrial en serie para sus habitantes.
Ha sido también centro de espectáculo y palanca de difusión de grandes ideas. Evtuchenko llenando auditorios o Miguel Hernández hablando a las tropas republicanas son imágenes que pueden reforzar la palabra no política desde la fuerza sentimental. Y ciertamente cada campo artístico ha ido aglutinando entes preclaras que no se dejaron persuadir por el espejismo social. El arte por definición es una escapada.Es una anti-realidad. Por eso dividirlo en revolucionario o no revolucionario es una clasificación que no pudo hacer fortuna. Rastreando sus distintas expresiones a lo largo de la historia encontramos formulaciones de crítica y denuncias de las verdades colectivas al desnudo. El teatro de Lope de Vega en la corrala o el cine de Roman Polanski biografiando al pianista polaco W.Spilzman son expresiones artísticas desde su limpieza intelectual y su descomunal fuerza de retratar verdades. El arte apologista nunca tuvo demasiada suerte.Sigue sin tenerla en el teatro alternativo que prioriza el slogan a la técnica o incluso el informe al no texto. De hecho ¿quien puede dar un mensaje hoy a alguien? Lo más que nos es dado es crear inquietudes en el seno de lo ajeno. Proyectarnos en nuestros deseos y creaciones, también en nuestros límites y miserias a la interioridad ajena para que nos complete y genere un encadenamiento de significantes sobre el destino social y humano.
Se había discutido mucho sobre forma y mensaje y el artista que se preciara-o precie-debía -o debe- vehicular un trasfondo para la sensibilización pública. Es así que hay libros de poesía social o de agitaciones de lo concreto inadmisible y otros en los que no es ni siquiera mencionado el mundo de la explotación o de las grandes patronales. Sin embargo es inconcebible el acto poético sin la referencia al otro, sea el gran otro de lo social o el pequeño otro de la particularidad transformada en objeto:una relación amorosa o el canto a una fragancia.Tratar de explicar la poesía se hace tan difícil como tratar de presentar una obra de autor como algo acabado erigiéndose en experto de la misma. Francis Ponge habla de su irritabilidad frente a quienes quieren explicarlo y a veces a lo más su capacidad para dejar hacer sin importarle demasiado . También tratar de hacer la diferencia entre poesía social y no social desmarcándola de la personalista y la sentimental resulta meterse en una división tan artificiosa como aquella en lo que es y no es revolucionario. La historia del arte, la literatura y la poesía está llena de actos sociales implícitos que quedan fuera de esta denominación. En todo caso lo sentimental nos une a todos. La condición humana de la racionalidad se va construyendo a partir de su bagaje sentimental. sea cual se la inserción en el mundo y en la historia la gente está hecha de sentimientos, ideas y actos. Ni siquiera se puede pensar en que los verdugos carezcan de ellos. La raza humana es un fenómeno prodigioso de la naturaleza en que es capaz de las más grandes gestas y a la vez de las peores atrocidades. Presuponerla en un solo cometido de progreso es mucho suponer atendiendo a las evidencias de sus incongruencias.En su caos histórico algunas gentes han venido tratando de ordenarlo en forma de teorías y palabras. Si todo estuviera resuelto ya no sería necesario continuar hablándolo. La poesía nace del déficit lo mismo que la acción valiente por transformar el mundo nace de la constatación de que el mundo fraterno aún está por hacer. La poesía vehicular de lo social es inevitable e inherente a los panoramas que nos toca tener por paisaje biográfico permanente. Es imposible hablar del yo sin hablar del otro, es imposible hablar del mi sin considerar el nuestro, es inevitable ligar el futuro sentimental de uno al futuro social de todos. En el texto del desgarro particular queda al descubierto el estropicio mental por una falta de cultura integradora. Jean Cocteau, pone al desnudo la psicodependencia por abandono de pareja en un monólogo que representaría Anna Magnani y con ello toda la explosión de la alienación del ser humano en torno al amor y rabia como coordenadas en las que vive. Cocteau también escribió el texto-versión de Edipo rey que sirvió de base a Stravinsky para su musicación. donde una de las tramas principales de la psicobiologización de cada ser humano queda resuelto cuando es acogido en una triangulación humana que choca contra los límites culturales.
Desde el surrealismo la poesía se ha ido haciendo compleja y críptica.tratamos de decir quiénes somos a pesar nuestro. La poesía de denuncia de los crímenes y de los criminales es infinitamente menos dura que la de revelar los demonios internos y el asesinato de las pasiones además de los suicidios desde el inconsciente de la prerrogativa de libertad.
No cabe esperar una época de esplendor en que se premie lo poético puesto que, por definición, se opondrá a los intereses estatuarios. Lo poético canta lo imposible.es un viaje parsimonioso a la utopia en un territorio de lo indescifrable.En este sentido puede apuntar retratos y odas a gestas pero nunca soluciones. Es el toque de gracia para el principio o fin de un capítulo, el acompañamiento a un regalo, el texto de un epitafio, la estrofa de un himno o la declaración a alguien amado.No es nada y con todo, te puede estar acompañando toda la vida como una constante que no cesa de reordenar sus palabras. Lo poético es social no tanto por mencionar el sistema, las circunstancias o el entorno de prohibiciones como por expresar el universo personal castigado, traicionado o interdicto. Mientras haya alguien que sufre por no poder vivir en paz el problema es de todos. Mientras siga habiendo un ser encarcelado la libertad aun es una hipótesis. En la poesía hay héroes y villanos, ilusionarios y culpables.Es algo que no queda en el soporte papel ni en el psiquismo controvertible de quien la escriba. Se proyecta más allá de su individualidad.Se hace tiempo y cultura. Ojalá el poeta hablara sólo de culpables de papel como mencionara Vázquez Montalbán . Habla de su compromiso con la fatalidad misma. Por eso el poeta es vehicular de los intereses de lo colectivo cuando se reconoce como parte del dolor universal y como agente para buscar suertes para todos.
Ponge,Francis. La rabia de la expresión. Icaria Ed. barcelona 2001. p.137
En El amor de Roberto Rossellini.
Mis culpables son de papel, pertenecen al informe que entrego a mis clientes.” “
A todo hablante se le supone un pensar y a todo escritor, un plus de reflexión. Lo escrito pierde la vivacidad espontanea de lo hablado, que es el verdadero lenguaje según Saramago. El lenguaje hablado puede ser modificado sobre la marcha, escenificado, reforzado, facilita su imaginación.El/lo escrito convoca a una invención mayor.Es la sede de la estilística, la recreación y el magma del paroxismo. El peor hablante puede ser un inmejorable escritor. Y el peor escritor puede ser un buen hablante. Dejarlo en este punto es sugerir un cierto compendio del azar.No es así.Existe un nexo entre la privacía de los pensamientos, el aislamiento comunicacional, la falta de ejercicio del habla directa y la producción escrita. No en vano la escritura es un campo de la creación en la que abundan asociales, locos y esquizofrénicos, tres palabras estas para las que reivindico una consideración y un reciclaje digno, ya que ni la asocialidad es indigna, ni la locura como inadaptación a los amos de la realidad es inaceptables cuando genera la genialidad de lo original, ni la esquizofrenia es una psicosis de la perversión desde la que emana un peligro permanente,especialmente cuando su gradiente es polifacético y extenso dando señales de esquizotipias, que en mayor o menos grado alcanzan y atormentan a los pensantes escindidos entre sus conciencias del ser y sus praxis en el deser.Y al revés: el habla épica y pública reduce lo escrito. No en vano unos autores escriben sobre otros que a su vez no tuvieron tiempo de escribir sobre sí mismos o volcar íntegramente sus universos íntimos y secretaires de escritorio. La escritura no ha sido (de acuerdo, sigue siendo) tan solo uno de los indicadores de la cultura, del saber y progreso humanos, generando verdaderas campañas de alfabetización que fueron bases de revoluciones incluidas;sino que ha estado relacionada con una categoría mental superior. Las letras en tanto que signos crípticos han sido vistas como lenguajes de dioses, como esoteras de altos vuelos comunicacionales de los que quedaba fuera y en la ignorancia quiénes no sabían traducirlos. Todo los procesos básicos de aprendizaje en las fases iniciales es una aprendizaje iniciático con la sígnica, con las letras, con la escritura. aprehendidos los procedimientos y rudimentos luego unos los emplean como instrumental compartido para expresar lo propio, y otros -una mayoría todavía- lo emplean para entender los textos que le llegan de otros . Para el escriba de cada momento, como figura que toma nota de lo que observa, por encargo del poder o por iniciativa propia, escribir es levantar acta de los acontecimientos:los propios subjetivizados e incluso muy difíciles de transmitir y los llamados objetivos, los de afuera, los que la realidad volcánica exterioriza en un panorama de millones de representaciones.Para lo uno y para lo otro, el derecho a la escritura es tanto como el derecho a la palabra y a la libertad de expresión: es un derecho visceral,anatómico y físico-intelectual emparentado con los derechos básicos de la condición humana. La negación a la escritura es altamente lesiva .Y su uso, incluso con pautas y técnicas terapéuticas, es altamente reconstructiva de la estructura de personalidad. El derecho a escribir es en el plano simbólico un derecho a constatar los advenimientos externos así como las experiencias emocionales. Es, en el plano práctico, una maneras de vivir al menos dos veces la vida:la de los actos y la de su repensamiento.Es, en el plano teórico, una manera de contribuir a un saber general de especie ante las incertidumbres de la continuidad de la razón.Y es, en el plano artístico, una manera de crear y de saborear el ludismo en la toma de cada una de las representaciones de la circunstancias y gentes envolventes.
Leopoldo maría Panero habla con la saliva más que con la lengua que convertida en el chup-chup proporcionado por las bocanadas de humo dan por producto el anti-discurso gregario, ante el que hay que reunir esfuerzos para poderle seguir y entender, lo que no impide el reconocimiento de su memoria poética y de sus bellos versos. De caso clínico ha pasado a ser un caso lírico excepcional en la historia de las letras de los últimos tiempos, sin menoscabo de su impresentabilidad absoluta en público, la cual tampoco impide estar presente en sus apariciones.
Tal es como la promovido por la nueva república´ china en los cincuenta en un país predominantemente analfabeto.
Hay quien no pasa de su lecturas de fichas técnicas para aprender a manejar la lavadora o el microondas y de las obligas de la literatura en sus tiempos escolarizados.
Imaginemos las condiciones carcelarias de determinadas situaciones presidiarias en las que no están permitidos ni siquiera papel o lápiz ni un libro, o no hay condiciones lumínicas para su uso.Recuerdo que la experiencia de paso por una de las celdas de una comisaría me las arreglé para sustraer al registro pre_encierro el control de un bolígrafo y papeles impresos, sobre los que pude escribir un par de cartas personales y un poema (el ángel caído).Solo eso consiguió reducirme el dolor por ser tratado como un animal o /y un peligroso sociales quitándome la libertad impunemente.
Espacios literarios: la otra dimensión subversiva
La eclosión de múltiples tertulias de debate en general y de tertulias literarias en particular en la estepa cultural está dando cuenta de una vitalidad enorme que dista mucho de aquellas otras épocas de desertidad intelectual. Los espacios literarios en tanto que convites a los viajes imaginarios compartidos, es un fenómeno peculiar que merece una atención especial. La cita de letratocados en sus fibras sensibles en torno a reuniones periódicas en las que hablar de autores y textos, de trabajos desconocidos y los propios textos, entre desconocidos y anónimos, constituye una confluencia de intereses diversos que comparten el deseo puntual común de una alternativa experiencial frente a la realidad. Si lo literario es el agigantamiento del lenguaje y este es la expansión del mundo conocido, los espacios de correligionarios en el contubernio de las palabras constituyen -incluso sin quererlo- la otra dimensión subversiva desde la que trastocar los valores reinantes de la sociedad. Escribir es poner por escrito el arte. Escribir es trasladar a la grafía y a la sígnica una interpretación esotérica del mundo dado a interpretar, en su doble dimensión: la que es visible y la que no. Escribir, en tanto que arte, es realización de lo personal en una escapada sublime de la realidad perentoria. Y si el arte para ser lo que es, basa sus estilos en la prédica de otros modos de concebir la vida, con auxilio de la imaginación dando por fruto espantajos o paraísos a conveniencia del momento; el que hace de lo escrito glorificación de los sentidos, ensueño del momento y empatía con autorías debería de tener los máximos premios.
En eso está metida la sociedad institucional que no para de favorecer o de estimular los concursos y los encuentros entre los llamados jóvenes o nuevos valores. Algunos de ellos, por cierto, han ido pasando sus años de juventud escribiendo sus originales sin que el mundo se enterara de ellos. Posiblemente porque a este no le hacía falta y aquél tampoco. El escritor en bruto o el escritor édito, está por debajo del lector o del que sueña en voz alta. Aquel puede ser corruptible por la profesión, por la determinación de los estilos, por los libros de editor encargados a priori (lo mismo que los cuadros de salón). Este es el dragón de cientos de cabezas que aguarda impertérrito en la sala tal como lo describiera García Lorca, es quien finalmente elige o no, compra o no, divulga o no, hace suyas o no las palabras puestas en circulación.
Los espacios de palabra, sean en cafés, aulas de centros culturales, patios de letras en las facultades, el césped de los campus, en el hall de una librería o en la parada de una estación son hitos del saber que sigue dentellando en silencio sin morder el polvo de las atrocidades mundanas.
A diferencia de los espacios académicos y reglados, de las convocatorias montadas en las pedanterías de la seriedad y de las órdenes de tipo regulacionista, los espacios literarios permiten y admiten la relación entre diversos perfiles curriculares y diversas tentaciones creativas. Sólo eso los convierte ya en espacios sinápticos, provistos de maderas para las sinopsis de lo que vaya concurriendo: desde los poemas improvisados a los cuentos para niños o para adultos. Todo ello sin la pretensión de la proclama o del programa político o de la agitación científica, pero ¿quién puede negar el valor conspirativo de los que imaginan juntos? ¿Acaso hablar desde registros distintos de los aconteceres apretados en consignas estrechas no es ya una conspiración inequívoca? Hubo un tiempo en que estar más de tres personas paradas en la calle hablando podía ser sospechoso de asociación ilícita. Hemos pasado por humillaciones tan extremas que para reunirnos y hablar, incluso para celebrar festejos familiares o aniversarios se ha debido pedir autorización gubernamental a partir de un cierto numero de componentes. Con la lasitud de las formas represivas los espacios de habla se pueden celebrar como oasis en sí mismos. Son aguas frescas que nutren la desertidad de siglos. Quien puede hablar no acude a actos extremos de violencias o fanatismos. Quien puede hablar es que tiene al menos un cómplice. El espacio de habla es la continuación de la antigua ágora. Curiosamente los espacios de habla más interesantes no tienen porque ser los más públicos ni tienen porque espejarse en él mas público de todos :el parlamentario donde unos y otros en lugar de obedecer a razonamientos obedecen a consignas de partido desacreditando el noble ejercicio de la palabra y colocando la oratoria en una de las artes mas ridiculizadas. La palabra compartida y colectiva es un viaje coimaginario.
Ese co-imaginar es la antesala de otras exploraciones por otros mundos. También es una forma de sonoridad y de cautivación. Hay actores que digan lo que digan seducen con su timbre de voz y otras personas que con su simple compañía silenciosa dan un apoyo considerable. El espacio tertuliano tiene varios planos comunicativos. Son planos sensacionales y registros informantes.
El valor de su conspiración no está, desde luego que no, en planes para tomar ningún poder político sino en ejercer su poder impresionante que no por minúsculo deja de serlo y así como el agua que es lo más suave que hay puede horadar las rocas más duras de los acantilados también las palabras cuya onda vibracional es inocua puede llenar de significados alternativos la historia de lo humano.
De tarde en tarde noticias increíbles como la de Timothy McVeigh ponen al descubierto la falta de canales para el diálogo. Recuérdese: el 19 de abril de 1995 asesinó a 168 personas en Oklahoma city,como un acto de protesta contra el gobierno federal americano por su incumplimiento de la ley. Su proceso escapa al diagnóstico superficial del psicópata social y asesino múltiple.Es un producto neto de la escala de violencia estructural de la sociedad yanquee.
Como lo hacía Paco Rabal.Actor-epopeya autodidacao y de izquierdas con una voz extraordinariamente cautivadora que todavia resuena como vigente decía “Este país todavía huele a Franco”
La necesidad taxonómica en dividirlo y clasificarlo todo parte de la necesidad humana de capturar su entorno. La metodología la uso para eso pasa por caracterizar comportamientos y ponerles nombre. Lo hacemos con todo, con las hormigas y los insectos en general, con los fenómenos metereológicos, con la hidrografía y con las arquitecturas; también ¿cómo no? Con la literatura. Y así es como se viene hablando de un montón de géneros. Quizás no sean tantos como los estilos musicales que a cada década sorprenden a los públicos adeptos y hacen los gozos en las salas estroboscópicas, pero sí suficientes como para que el común de las gentes culturales puedan pronunciarse ante un tipo de literatura u otro. Creo que cualquiera que sea el genero de expresión escrita, cada uno de ellos remite a la vastedad del campo literario. El campo literario es aquel que permite observaciones para hablar de ellas utilizando por herramientas la gramática y el ingenio. Un autor de obras magistrales, así como uno de artículos y relatos breves que no van a gozar del marchamo del éxito, no tiene más que meterse en las coordenadas tempoespaciales del cada día para sacar una buena tajada de sucesos. No es necesario ser un sabueso al más puro estilo periodístico corriendo tras la noticia caliente. Le irá sobrado tomar la realidad como un filón de eventos. Definición de evento para este artículo: un vecino que saca el perro a pasear, una vecino que agrede a otra tumbándola al suelo, un tendero que escatima decenas de gramos en el peso de la mercancía que le compran, el del quiosco que vende magazines sin saber lo que contienen,... todo eso son eventos. La realidad ordinaria es un campo de notas y observaciones. Basta salir al mundo con un miniblock y un grafo para regresar a casa con un montón de ideas. Aparentemente un día es igual al siguiente y un mes al anterior. No es cierto. Cada día es distinto. No hay dos iguales en toda la historia. Sin embargo es tanto más cierta esa aseveración cuanto más ágil sea la mirada que escruta y más sagaz sea quien interprete las escenas. Lo que es más, las notas y observaciones de campo pueden encontrar personajes inverosímiles capaces de hacer cambiar la visión del mundo real. Con un abdomen absorbente se puede chupar casi todo y con una mente despierta se puede conectar con una riquísima gama de detalles urbanos o no que hagan las delicias de la imaginación. Lo observado es para el imaginario lo que el aire significa para las alas de una ave. La revisión del campo literario pasa por no sucumbir a la idea estructurante de los géneros. Entiendo que es secundario escribir prosa o poesía o teatro o guiones cinematográficos, hacerlo desde la ciencia-ficción o desde la narrativa histórica o desde la divulgación científica por encima del propósito de colocar ideas centrales. Un texto, sea escrito de una manera u otra, es el soporte de una idea. El ensayo se fundamenta con razonamientos y con fuentes algo que la novela no tiene porqué hacer. Al mismo tiempo la historiografía se valdrá de documentos primarios escritos en relaciones biográficas y en expresiones poéticas. El acto creativo de dar con un personaje, sacado de la calle o reinventado a partir de la propuesta intermedia de uno, permite diseñar un héroe que represente al autor en contra de todo lo que se vierte en la cultura pantanosa en la que esté ubicado. Los héroes de papel tienen una deuda a saldar con los otros que les precedieron en la entelequia imaginaria y a los que no se hizo suficiente justicia, Andrés Trapiello sostiene que podría escribirse un relato chestertoniano en el que Don Quijote se enfrentara a todo lo que se ha dicho sobre él o bien en el que Cervantes hiciera frente a la enormidad de lo que sus biógrafos dieron por irrebatible o probables . Se puede ser un diarista seducido o un indagador de las vidas privadas de autores y, por extensión, de la propia. Se puede ser creador de personajes para defenderse de los personajes de poder del mundo a los que no hay más remedio que tolerar aunque sean vomitivos. La literatura en todas sus variantes permite decir y dejar constancia de los acontecimientos dramáticos del mundo y a diferencia de la proclama o del texto de agitación pueden ir burlando las restricciones de cada tiempo. Todo poder en sus máximas cotas del absurdo tampoco sabe distinguir de donde recibe el verdadero sabotaje. La literatura persuade lentamente sin necesidad de pedir tomas de partido y antagonizar las situaciones. Depende de cómo se hagan las indagaciones de los datos de campo si los relatos resultantes van a ser creíbles o no. Fernando Lázaro Carreter declaró algo obvio que “la gente admira más a quien habla y persuade mejor”. También saber escribir y saber poner cada palabra en su lugar se ha convertido en un motivo de admiración, aunque a veces de rencor y animadversión cuando lo escrito no es alcanzable y es tomado por retórica, metiendo dentro de ella un encadenamiento de frases mínimas con vocablos inusuales. Resulta recomendable salir al mundo con los ojos puestos en los sucesos, no en los que vienen noticiados en las paginas de unos periódicos sino en los inmediatos cuya sutilidad puede enmascararlos y cuya observación al detalle puede dar de sí textos magistrales además de hallazgos humanos importantes.
Tomado de MJosé de los Santos,La vang.
Del Texto para leer a la Escena para escuchar y ver.
Si bien casi todas las escenas tienen por soporte un texto y todas en un guión, el texto remite a un universo artístico completamente distinto a la performance. Esta se puede organizar a partir de la espontaneidad del gesto corporal, aquél necesita organizar las ideas y la expresión por escrito. Siempre he sabido que el texto es para reductos y contubernios: desde los más catacumbistas a los casinos de economía que no pueden perderse la lectura diaria del periódico. Lo he priorizado a cualquier otra cosa sabiendo que sus oportunidades para tener un seguimiento o un público son pocas. Un texto tiene que ser magistral para tener la audiencia de un pequeño fragmento de público, ya de por sí cansado de tantas propuestas que le quitan tiempo para darle pocos conocimientos o placeres. Tal vez la historia de la literatura ya ha terminado y yo no me he enterado habiendo tenido por punto final el final de la saga de los grandes creadores. Al mismo tiempo la noticia del premio nobel anual nos recuerda que la literatura sigue existiendo, que hay gente que sigue escribiendo y más importante que esto ¡milagro! gente que sigue leyendo. Exagero. Ya lo sé. Hay millones de lectores en el planeta de los humanos (no tengo noticia de otros). Debe ser su instancia la que mueve a no pocos autores a probar suerte en el mundo de las letras y en ocasiones ¡zas! nuevos nombres con nuevos títulos asaltan el mercado y sus caras son reproducidas hasta la saciedad.
Comparativamente al resto del mundo artístico son los menos. Quien quiere probar suerte en el campo de las propuestas artísticas opta, generalmente, por cualquier otro formato expresivo que no sea el texto narrativo. Si ese es inicialmente el que elige es para que pueda fundar una escena teatral o cineasta. Siempre me ha sorprendido como impresionantes obras de teatro o películas destacables han tenido por texto escrito muy poca cantidad. No importa que la obra sea histórica o incluso sea un monólogo, lo que va a precisar para una o dos horas de tiempo no es demasiado. ¿Cuántas palabras hablamos por minuto en una conversación regular, tranquila? ¿200, 100, 60? Depende del quien, del qué y del como. Cada cual tiene su ritmo de producción verbal. De hecho cada palabra emitida es un acto verbal constituido de uno o más sonidos. Además de las que se puedan decir por tiempo dado (el ritmo puede ser mayor en una lectura que en la fluidez espontánea) hay que restar los silencios necesarios. Las palabras redoblan su valor si están convenientemente emitidas entre silencios estratégicos. Tanto si son 200 palabras por minuto o 100 o incluso 300 dichas a una velocidad estresante lo más que debería tener el texto para ser escenificado es 12mil, 6mil o 18mil respectivamente. Descartaremos la última posibilidad porque el texto seria demasiado rápido y todo actor escénico sabe que el cerebro humano, sobre todo el del público que llega por primera vez a ese texto, necesita un tiempo para asimilar lo que oye. Muy bien: un soporte escénico tiene de sobras con 10mil o 12mil palabras. Algo que se puede crear en un dia intenso de trabajo creativo. Si es así ¿Por qué sigue habiendo tan poca producción de textos para teatro en comparación a todos los que hay para narrativa? La pregunta se puede transpolar al cine. Las mejores películas o al menos algunas de las que tienen garantías de éxito son las que basan sus guiones en novelas reputadas que ya han sido probadas en el mercado y sus ventas han demostrado su difusión. Sigo sin responder a mi pregunta. El texto pensado para la escena es un texto distinto del que es concebido para la lectura. Lo he comprobado repetidamente con la poesía. Basta hacer la siguiente prueba: tras escribir un poema pasarlo por la prueba de su lectura en voz alta. Ese sencillo ejercicio significa hacerlo salto de su condición de escritura y su lectura en silencio, a su declamación convirtiendo la voz en escena. La experiencia de espectador a la de lector ante el mismo tipo de texto si es recibido en un formato u otro es completamente distinto. Hay intérpretes que tienen la gran habilidad –por eso lo son- de convertir no importa que texto en una gran declamación haciéndolo más interesante de lo que realmente es. Y al revés hay lecturas en voz alta que deforman de tal manera un texto escrito que lo descalifican por el valor que en sí mismos tienen.
El trabajo solitario del escritor que no para de encadenar frases pero que pasa de ubicar su creación en el espacio digital, en el foro, en el papel impreso o donde sea a una distancia sideral de su conexión con la escena, se puede pasar toda la vida proponiendo sus ideas, relatos, borradores o productos superdepurados pasando su biografía sin pena ni gloria a no ser de que decida plataformar sus productos a las formas envasadas que la industria moderna necesite para llevar a las estanterías y a las cestas de compra de los consumidores.
Vale, la cesta de compra (ese objeto de plástico o de alambre que se localiza en las entradas de los supermercados) no es exclusiva de los establecimientos de alimentación, también las hay en almacenes con secciones de librerías o incluso en librerías-papelerías. En una ocasión batí mi propio récord, llenando una o dos de esas cestas comprando docenas de libros en un mismo establecimiento (pvps de ocasión, ¡por supuesto!). También compro latas de comida y sobres de sopa y espahettis y tarros de mayonesa o cartuchos de galletas. Como se suele decir, lo uno es para alimentar el cuerpo y lo otro para alimentar el espíritu.
Volvamos al texto en su fase de libro y solo libro (para las malas lenguas, ladrillos que –lo acepto- no distinguen de los ladrillos de las obras donde se levantan paredes) desde el lado de la autoría, confortablemente instalada en su torre de marfil, el mundo suyo deja de ser lo que pasa más allá de sus ventanas para ser por lo que pasa por su única ventana existencial: las palabras en la pantalla de su ordenador, una desviación de la forma pero ¿qué importa eso? si procura el goce creativo y la calma espiritual. En el fondo el escritor mas mediocre espero saltar algún dia a la tarima, que en Stockholmo se acuerden de él o que se literatura alcance a las multitudes. Daré la vuelta a eso último: posiblemente el escritor mediocre tiene mas oportunidades para lo segundo, no tengo opinión con respecto a lo otro. El texto es algo fundamentalmente privado por muchas copias que se hagan. El indicador estadístico de lecturas de un artículo propio no lo hace más significativo cuando pasan de mil que cuando no han llegado a diez. Si pasan de cien mil, una cifra que ya puede ser considerable y que cualquier video musical puesto en la red alcanza con prontitud, no tiene porque variar la posición de autor con respecto a su trabajo a no ser que sea alguien necesitado de reconocimiento y seguimiento para seguir trabajando en lo suyo.
He intentado diversas tentativas para saltar del texto escrito al texto escénico: grabando poesía con mi propia voz o pasando por video alguna conferencia pero nunca he abundado en esa cantera porque me he enfrentado a resultados, que he considerado deplorables. Sinceramente, no me gusto en los videos, no me gusta mi voz átona y aun menos cuando la escucho en una grabación. Tengo muy claro que escribir aunque fue mi primera elección cuando no era consciente de la confesión anterior se ha convertido con los años en mi refugio porque no tengo fotogenia para la imagen ni dotes para la declamación o al menos vivo con esa presunción. Por eso la lista de propuestas que implican ambos campos siempre han quedado en eso, en una lista.
Ahora que vuelvo a intentarlo de nuevo he empezado a sistematizar la constante, espero que siga siendo diaria, de grabaciones musicales y poéticas. Me gustaría que mi poesía pudiera ser escuchada en voz (tengo la suerte de otras voces mejores que la mía), algo que refuerza poderosamente el significado del texto. El plan siguiente es grabarla en soportes de imagen en movimiento. Creo que el impedimento mayor del salto a la escena es uno mismo, sus inseguridades que son más obstaculizantes que sus propias incompetencias.
El salto del texto a la escena también significa algo en lo personal: salir del encierro dentro de un registro de creatividad. Pienso que cada campo de creatividad saca nuevos valores dentro de ti, te renueva, te convierte en otra persona. Pienso en Woody Allen y su clarinete. En mi exageración personal por el plan de mis cosas, relacionadas con la elaboración y la creación artística he llegado a hacer estimaciones de lo que puedo dar de mí los años fértiles de mi vida
aunque ha triunfado como director cinematográfico y actor , es clarinetista y líder de un grapo jazístico.
Entre figurantes y personajes literarios
Vivir una vida fantástica o vivirla de acuerdo con el propio deseo lleva a configurarla como la de un personaje literario. Esto tiene riesgos de cálculo y además puede ocasionar algún desequilibrio cuando el individuo se confunde con su personaje y olvida que solo le ha dado cabida como juego. El loco se confunde con los personajes que cree ser, el autor literario en cambo los modela como barro y los va repintando. La diferencia entre la persona y sus personajes pasa por los roles que asume. La que hay entre la vida real y la producida en el campo de la imaginación creativa es que aquí la fertilidad de autor propone un diseño biográfico que a menudo es limitado o prohibido por la realidad. Pero de esa realidad no hay una sola forma interpretativa ni unos solos valores consensuados. Es así que la realidad discurre a distintos planos, por tanto son distintas realidades concurrentes las que se pueden vivir en paralelo. El hombre que tiene una esposa y una amante al mismo tiempo de la que no está al corriente la primera (o también, la mujer que tiene esposo y un amante) vive al menos dos realidades ya que tiene que sostener un doble discurso. El empleado de una fábrica que hace funciones y horarios de esclavo a pesar de su modernidad y que vive su contradicción entre lo que desea y lo que hace la recompensa en otro plano de registro: el de su casa familiar o el del bar de las amistades donde despotricar contra todo por lo que está pasando. En un estadio más evolucionado se reunirá con otros disconformes para conspirar por otra realidad alternativa. Ese pluriplano de sus distintas expresiones es en sociología lo que en esoterismo sostiene que puede ser otra realidad austral u otro mundo con una cuarta dimensión. En la percepción de lo cotidiano los sentidos de distintos observadores se pueden poner de acuerdo por lo que respecta a formas, colores, orientación espacial y otros registros materiales pero es tan solo desde la psicología individual que se puede definir la realidad que se quiere vivir o se presume vivir.
Nadie es tan autónomo como para substraerse de las circunstancias en las que vive. Habría que adoptar opciones muy extremas como la del eremita o la de persona completamente auto aislado por largos periodos biográficos para hablar de depuración de su ser y auto-autentificación. El ser humano es un individuo sujeto a tantas variables que su autonomía tiene más de quimera que de garantía. La autonomía es tanto mayor cuanta mas independencia obtenga de los factores que lo presionan, condicionan, subordinan o alienan. Es el salto de la condición de sujeto a la condición de persona. Una persona es tanto más libre cuanto menos sujeta esté a los condicionantes circunstanciales y externos. Esa personificación del yo líbero requiere una vida entera como aprendizaje y tal vez unos últimos años como propósito consumado. Una persona no nace se hace. Un sujeto se constituye como tal al autoconcienciarse que lo es. Un individuo es el neonato que empieza a tomar la conciencia fronteriza entre lo que pertenece a su yo y a distinguir su no-yo.
Aunque en su look y fisiología, un individuo es individuable y distinguible a lo largo de casi toda su vida, sus distintos estadios de personación y conciencia no son tan observables con una primera mirada sino que requiere de conversaciones en profundidad. El sujeto evolucionado no es el más interesado en proclamar a los 4vientos su nivel alcanzado, le basta haberlos interiorizado y conocer en qué punto se encuentra de su biografía. No es tanto cosa suya ser reconocido como alguien que ha aprendido a vivir como cosa de los demás. Ese proceso de cualificación personal es induplicable e intransferible y pasa por el autodescartamiento continuamente de sus personajes superfluos.
Para vivir en sociedad, es decir en la sociedad hipócrita, acrítica, degradada y subpotencial, es indispensable dotarse de, al menos, un personaje de intercambio. Cada sujeto utiliza el suyo sabiendo que los demás hacen otro tanto. Lo que hablan en un escenario son personajes, es decir actores interpretándolos, no los artistas esenciales que les dan sustento. Es de amplio consenso la explícita tesis de que la vida es una farándula y sus habitantes hacemos teatro, pero en cambio eso no autoriza a concretar ni mucho menos personalizar las falacias que hace cada persona con la que se traba un contacto. Lo cierto es que el sujeto humano vive una vida tanto más afligida, o subsumida a sus ricas posibilidades de ser, cuanto menos pueda opinar en voz alta lo que piensa. Cada vez que alguien renuncia a ejercer sus potencialidades naturales de persona lo es un poco menos o, mejor dicho, se aparta un poco más de alcanzarlo a ser. Por eso quien toma distancia física y relacional del mundo de los otros físicos puede hacer una gestión con mayor dominio de las circunstancias de las que se envuelve manteniendo una relación mas sincera. El eremita que esta rodeado de vegetación o animales no se ve envuelta por las contradicciones de sumisión y de omisión que el sujeto social que está rodeado de tantos otros con tantas otras variables a las que obedecer en sus dictados. Eso lleva a un proceso anti tautológico: cuanto más desee ser un sujeto humano persona más debe dejar el trato con otros sujetos humanos que se lo impidan. Eso lleva a una conclusión de entrada absurda: una persona es la que no tiene tratos con los de su especie. Demencial. El problema metodológico es que por ahora no hay una solución que se pueda vislumbrar para la persona en su autenticidad en un mundo que hipervalora la mentira. Vivir con los demás es dotarse del personaje de intermediación y de los distintos roles que le toca ejercer para el contacto fructífero con los demás.
Cabe otra posibilidad. Tomar la conveniente distancia del otro, de todos los demás que son paisaje pero que no tienen más valor que el del relleno en los espacios públicos, e interiorizar la vida desde el arte. El escritor vive a través de sus personajes de ficción lo que no le permite su propio personaje de adopción en las circunstancias que le toca vivir. Voy a permitirme comparar el escritor al eremita. Ambos toman distancia del mundo aunque uno es victima –o el feliz hallazgo- de su pulsión –u obsesión- creativa y de una u otra necesidad subjetiva de demostrarla y al otro le basta el aislamiento, la meditación, la esencialización de sus ideas, la frugalidad y la prescindencia absoluta del otro.
El escritor está muy lejos de eso. Reside en una fase intermedia en la que todavía no ha aprendido que su condición de pertenencia al colectivo de la raza humana es lo de menos. El eremita, o el sabio filosófico o el tipo meditacional que se conecta como parte del cosmos como todo, sabe o creo que puede estar sabiendo que su pertenencia es al holos, que circunstancialmente pasa por ser materia orgánica y que lo menso importancia es su pertenencia a la condición de la especie humana, podría ser perfectamente otra combinación celular siendo un animal diminuto o un arbusto, solo que el hecho de disponer de un sistema nervioso evolucionado le permite meditar sobre esto a diferencia de la planta o el animal que no pueden hacerlo.
Las soledades de ambos también son completamente distintas. El escritor puede pasarse , incluso, días seguidos en su gabinete de trabajo sin salir o sentirse perturbado con visitas o conversaciones ni previstas que lo saquen de las horas de su ordenador pero en esas pasiones fervorosas contra lo que puede parecer no está solo. Está habitado por los personajes literarios con los que trabaja, se rodea voluntaria y conscientemente de un montón de gente que va creando y recreando en la medida de su dinámica elaborativa. Para experimentar esto basta escribir una carta confidencial a una persona conocida que se encuentre en la distancia temporal o geográfica que sea para experimentar una sensación de inmediatez y de contacto vívido con ella. Cada vez que escribo una carta a alguien tengo la sensación de haberme pasado este rato con esta persona como si hubiera estado físicamente juntos o hubiéramos hablado en directo. En la novelación sucede algo parecido. Es evidente que no el personaje inventado ni el destinatario real de una comunicación escrita están en el lugar donde se escribe pero el mecanismo psicológico se sentir su proximidad existe con rotundidad.
Vivir en sociedad es muy complicado, toca hacerlo moviéndose entre figurantes y ser a la vez uno de ellos para no pocas escenas más o menso previsibles. La elección de la elaboración escrita permite la compensación de los personajes inventados desde los que discutir, ridiculizar, ironizar o combatir a los primeros, también a uno mismo. Si se escribe es para desbancar la figura propia que no gusta a uno mismo pero de la que sin embargo todos nos dotamos para sobrevivir. Mientras lo predominante sean las representaciones, los procesos de autentificación de lo que es la vida más esencial se seguirán viendo bloqueados. No está tan claro ni es seguro que el futuro reserve para el ser humano una evolución tal que le permita autentificarse como tal separándose nítidamente de sus personajes de conveniencia y supervivencia. Quizás la alternativa este mas en el futuro tecnológico de creación de identidades que no en el psicológico de superación de viejas contradicciones. Robert Edwards, pionero de la fecundación in vitro dijo que “los niños clonados serán felices” aunque con respecto a los adultos las cosas cambian, sostuvo no conocer a ningún adulto que mereciera la pena clonar. Tomando como ejemplo los gemelos se sabe que no se consideran desdichados por ser iguales, entre otras razones porque nunca alcanzan la identidad. La clonación en el sentido de una igualdad física no tiene porque implicar una igualdad conductual permitiendo sus rasgos distintivos individuo a individuo. La idea de la clonación es otra exageración hipotética pero conviene no olvidar que la tecnología del clon tiene una larga trayectoria anterior en toda las propuestas de homologación facial, psicoestética y corporal que la industria de la imagen viene proponiendo y un grueso social siguiendo. Sea lo que fuere lo que le esté reservado a la especie humana los próximos 3 milenios los avances evolutivos de cada generación por lo que a libertad de pensamiento se refiere no son transferidos en su totalidad de una generación a otra. Cada generación cree de la anterior que no alcanzó sus metas aunque le haga algunos reconocimientos puntuales y cae en la ficción de que sus personajes de opereta temporales lo van a sacar de los atolladeros de ficciones en los que la condición humana está desde que se debate en sus tramas de poderes y contrapoderes, de mentiras y verdades, de ser o no ser.
No me extrañaría que lo que detentara los discursos legítimos del futuro fueran máquinas más que humanos biológicos. Bajo este punto de vista la robótica condensaría y archivaría todo el caudal de deseos y saberes de la historia del ser humano para los que cada generación se ha fracturado por no querer estar a la altura de ellos.
La crónica se ocupa de los personajes reales de la vida. Se trata de personas perfectamente identificables por las descripciones que se hacen de ellas. A diferencia del personaje ficticio o no tan ficticio de una novela, pero convenientemente enmascarado, el personaje de crónica es nominalmente señalado y sus características son expuestas. No hay crónica justa sin ellos y no hay cronista que pueda evitar mencionarlos. Claro está que puede disfrazarlos todo lo que puede si esa es la demanda que hacen o tan solo señalar sus aspectos mejores si no quiere tener conflictos posteriores con ellos, pero no es de esa crónica sesgada de la que estamos hablando sino de una crónica completa en relación a un evento dado y a sus protagonistas.
El autor de letras croniciales y en general todo sujeto creativo que se constituye en fuente de información tiene ante si el gran problema de decir todo lo que sabe y piensa creando con eso conflictos de relación con sus noticiados o callar sus opiniones si son desfavorables a estos. El periodista para hacer sus crónicas políticas o situacionales en zonas de peligro hizo famosa una frase: “según fuentes bien informadas” para no revelar las identidades de ellas que podían correr peligro por sus declaraciones. La noticia política es una variante de la crónica en general. La información se nutre de informadores que no quieren dar la cara. El reportaje televisivo se ha visto emplazado a entrevista a gente con las caras sombreados para no ser identificada. Reportajes sobre acontecimientos muchas décadas después de haber sucedido han encontrado resistencia en sus entrevistados por padecer todavía secuelas de miedo. Pero este tipo de trabajos no son propiamente sobre personajes. El personaje es aquel sobre el que se opina o se testimonia con impresiones o críticas que no tienen porque gustarle. El cronista es una fuente de información que hace un retrato situacional lo más objetivamente posible y que describe anécdotas e individuos que quedan expuestos en sus evidencias por esos retratos. La crónica es un análisis de circunstancias pero también de detalles que escapan a una primera mirada denominativa. Una crónica rigurosa y profunda lleva, inevitablemente, a un conflicto de intereses entre el cronista y el sujeto croniciado. Ese conflicto viene predeterminado desde antes que el cronista sepa que va a hacer la crónica y que el personaje tratado en ella sepa que va a formar parte del relato. Esto es así siempre que se cumplan dos condiciones: una, la honestidad del cronista sin silenciar sus observaciones y dos, la resistencia del personaje croniciado a que quede en evidencia la verdad de su retrato.
Esa relación conflictiva entre el discurso y el objeto temático se da en otros muchos ámbitos de la libertad expresiva: el argumento teatral puede poner en ridículo instituciones y figuras de la vida política que reaccionaran negativamente contra su representación, el ensayista puede citar casos de personas tratadas objetándoles sus ideas o maneras que al no gustarles pueden interrumpir su trato con aquel o el poeta puede describir un sentimiento generado por alguien que al enterarse lo botará de su campo de relaciones. La experiencia con ese esquema viene de antiguo. Prematuramente, se puede comprobar cuando alguien se constituye en autor cronicial, sin darse cuenta, al escribir su primer diario y este es espiado por alguien que es referido en sus páginas y que no le gusta lo que lee. Perdí amistades por esta causa para mi sorpresa. Quise comprender el sentimiento de decepción con su retrato trascrito y admito que si lo leído no era de su gusto la reacción más automatizada fuera en contra del autor de la descripción no en contra de los descrito. Traslademos esta reacción en la relación que pueda establecerse entre el retrato fotográfico de un sujeto no muy favorecido o retratado en un rictus particularmente desagradable y el fotógrafo que toma esta instantánea. El personaje fotografiado no puede negarle que eso que aparece en la foto es realmente él, lo más que puede decirle es que no ha esperado a que sonriera para capturarle la imagen. No sé de modelos que se hayan enfadado con sus fotógrafos pero sí de personajes tratados como objetos literarios que sí lo han hecho con los escritores que los han tratado. Posiblemente la literatura es, de todas las artes, la más explícita la que menos se le perdona describir las cosas con descriptores reales. Todas las demás que pasan por la plástica o la imagen siempre pueden atenuar los fallos estéticos (volviendo al fotógrafo, usa filtros y hace fotos de estudio para realizar una belleza o simularla de quien realmente no la tiene), de la literatura se diría que se complace en mirar debajo delos felpudos, de las faldas y demorarse en lo peor de quien retrata. La verdad es que muchos sujetos que pasan por la crónica dejan de ellos mismos los detalles que los distinguen, por su étnica, por su manera de ser, por su acento, por su figura física, por su propuesta o por su discurso. El cronista que se autocensura para solo señalar los aspectos bonitos y no los otros para así no crearse problemas con sus croniciados hará lo que sea pero no crónica. Estará haciendo marketing e inversión en amistades de futuro. No es quela crónica haya que decirlo todo del personaje con el que trata, por otro lado imposible ya que su objetivo no es indagarlo en todo, sino lo suficiente del contexto en el que ha surgido un contacto.
Como sea que muchas crónicas no pasan a ser del conocimiento de los croniciados las relaciones no tienen porque verse alteradas pero tan pronto se escribe temiendo en que lo sean pueden ser desvirtuadas. Hay que admitir a priori que la independencia de autor pasa por no temer a su propio decir sincero aunque eso ocasione enemistad o incluso revanchismo con crónicas de sentido adverso sobre si mismo.
El autor de crónica tiene que estar entrenado y dispuesto a recibir reacciones adversas e sus personajes o de aquellos que no han tenido el trato que esperaban y que incluso se pueden sentir traicionados por ser trasladadas sus confidencias a un ámbito público, el de la lectura del texto publicado. Hay otros muchos oficios en los que la dialéctica entre un profesional y su objeto temático no puede pasar por la amistad. El psicoanalista no puede plantearse la amistad del analizante, por mucha confidencialidad que quede embolsada en su espacio de confidencialidad; el gerente no se la puede plantear con sus subordinados, el humorista con los figurantes de la vida política que toma como personajes reiterados de burla, el encargado de una auditoria de una empresa fraudulenta con el empresario, el investigador criminal con el asesino o el marido con el amante de su esposa. De seguir explorando la dialéctica de las relaciones humanas y no solo en los ámbitos profesionales veríamos que los roles de los sujetos conflictúan entre sí o no admiten la hipótesis de una amistad dados los valores reinantes y las funciones distintivas de cada cual. El cronista o hace crónica y asume las consecuencias de no ser aceptado en su decir o no la hace y se dedica a otra cosa para no tener malas historias con nadie. Lo que sucede es que es imposible escribir sobre la realidad y no herir a nadie. En toda observación crítica siempre hay alguien que sale mal parado. A la hora de levantar acta testifical de un hecho, el atestado arroja datos en contra de un protagonista o a favor de otro. El cronista no hace más que una evaluación pericial de unos acontecimientos en los que no todos los protagonistas van a estar de acuerdo en lo que lean de sí mismos. Hay un tipo de literatura de color rosa en la que todo es bonito: ni una palabra malsonante, ni una mención discordante, ni una personalización fuera de tono, ni una alusión incorrecta, ni una frase indebida. Ante el texto crítico se experimenta una cierta disonancia si quien lo escribe no proporciona referentes segurizantes a su lector dejándolo un poco a la deriva o en crisis ante una exhibición argumentativa sin apostar por una conclusión acabada. El lector de crónica donde aparece espera verse favorecido, como el fotógrafo de estudio que le disimula sus arrugas o su palidez; en lugar de eso se encuentra feo y detallado en algo que no acepta que sea dicho. Yo no soy así –se auto defenderá- olvidando que no hay nadie que se vea a si mismo realmente como lo que es y es la colisión con una mirada externa que lo puede recolocar en una auto percepción distinta.
A menudo se confunde a quien señala una situación con la situación misma. El observador no es la cosa observada. Su observación puede disgustarle tanto o mas que a los actores de una observación pillados in fraganti en una conducta deplorable. Maquiavelo, uno de los nombres malditos cuya mención ha sido demonizada, posiblemente porque el fiel retrato que hizo de la codicia humana y de la condición real del gobernante (en el príncipe, conociendo el ejercicio del poder de uno de los Borgia) reveló una evidenciación demasiado cruda para ser admitida. Y es sabido que el reconocimiento de la verdad halla resistencias y que quien la dice pasa a ser malinterpretado. A Maquiavelo se le discutió su libro por ser un manual de instrucción para gobernantes cuando solo pasó al texto escrito lo que teorizaba de una realidad de gobierno que conoció de cerca. Lo mismo se puede decir del analista psíquico que descubre una patología mental de la que no se puede hacer responsable o el analista social que trata con la fenomenología socio-patológica de la cual no se le puede responsabilizar. A pesar de eso, en lugar de entender que las observaciones son las que son y resultados de una metodología interpretativa se acusa al intérprete como el responsable del conocimiento o divulgación de los hechos por quienes los protagonizan. Si un investigador en el laboratorio encuentra un foco de perturbación en un organismo analizado no es el responsable del evento patológico sino solo su observador, antes bien incurriría en una responsabilidad nefasta si no comunicara ese hallazgo al sujeto interesado. Algo parecido sucede con el análisis de personalidades que no deja de ser parte del trabajo de la crónica. De callar lo que observa y encuentra se le podria objetar no ser un verdadero testimonio de la zona observacional a la que se ha dedicado y convertirse en parte aliado de un fenómeno negativo que no se atreva a denunciar.
En todo soporte de texto comprometido habrá quien disfrutara con su lectura por reconocer el atrevimiento analítico hasta el que llega y habrá quien se sentirá escandalizado por mirar bajo las faldas o tras las cortinas. No pasa solamente con el texto cronicial sino con todo mensaje. A Manu Chao, por citar un ejemplo, cantante latino que recoge los gritos de los desamparados y hace de espejo grotesco de una sociedad canalla no es de la complacencia de todo el mundo que se sabe responsable de las situaciones que desvela. Habrá quien no querrá oírlo nunca, por mi parte sus cintas me acompañaron durante muchos kms en el radiocasete del coche.
Todo lo que puedo decir a favor de la crónica es que ésta seguirá sin que pida la autorización de sus croniciados y el conflicto entre la una y la otra continuará mientras el trato con la verdad resulte tan complicada por una deseducación aún predominante en cuanto a las dificultades subjetivas que se tienen por admitir la critica. Esas dificultades son del todo hipócritas porque no hay nadie que se abstenga de hacerla a terceros ausentes, a sus espaldas pues, y sin enfrentarles a la cara. Pero algo que no admiten cuando les toca pasar por el turno de su revisión crítica.
Un libro de ensayo tiene una cierta cantidad de material expositivo dividido en apartados, capítulos, subcapítulos y subpuntos. Hay una extensa variedad de maneras para hacerlo y una libertad relativa en cuanto vocabulario, referencias, críticas y licencias sintácticas.
Un libro se debe a su título que es quien promete un tema dado o anuncia un contenido. Puede ser más o menos genial o novedoso en lo que dice, pero por lo que dice contrae una responsabilidad enorme. En tanto que es un instrumento de difusión no puede propagar mentiras o injurias ni puede intoxicar la lectura con noticias manipuladas. Para ser entregado a la consideración pública debe haber sido revisado lo suficiente para depurarlo y dejarlo en estado de impecabilidad. Se le concede la honestidad intelectual supuesta de su autor y su contribución a un fragmento del pensamiento o de la cultura. No se puede confundir un libro famoso o muy referido con un libro muy honesto o válido. El caso de Robert Wilson con su libro Femenine forever (1966) fue ideal para la industria farmacéutica de la menopausia al utilizar su tesis de que esta produce siempre e invariablemente la osteoporosis. Según Susan Love hubo una relación directa entre la cuota de mercado de este libro como best seller y la cuota de demanda de la terapia hormonal. El objetivo de escribir no es la fama a cualquier precio sino decir y divulgar contenidos útiles para el género humano y, sobre todo, verdades ciertas.
Hay quien escribe libros en función de sus sondeos previos de mercado y tener una conclusión establecida sobre lo que se espera. Un tipo de temáticas y de títulos encadena otros de la misma clase y estilo.
Fuera de las distintas asignaciones de campo de cada libro, un libro pasa por una técnica, una composición de texto y su revisión. Puesto que es un trabajo de proceso largo que dura meses e incluso años, y raramente se ventila en pocas semanas, hay un salto temporal considerable entre el momento en que se empieza y el momento en que se termina. Debe haber una manera rápida y sencilla para poder revisar sus partes, diferenciarlas y reestructurarlas.
Despues de pasar el corrector ortográfico de un programa digital un libro construido a partir de un dossier de artículos necesita(rá) de una relectura total del conjunto para advertir de él estos factores. En realidad se tratará de una primera lectura global.
1. Un repaso de la corrección ortográfica y tecnográfica.
2. Una conexión lógica entre el capitulo o articulo anterior y el capitulo o artículo posterior.
3. Una detección de ausencias o vacíos expositivos que deberán remediarse con el agregado de nuevo texto.
4. Una detección de repeticiones o duplicidades que deberán amputarse.
5. Una indexación con un localizador tal que hipervincule todos los puntos de los que se compone el texto para una mayor rapidez en encontrarlos.
6. Una verificación y/o completación si es necesaria de las referencias y citas mencionadas,
7. La entrega del libro a su lectura global a otras personas para que lo enriquezcan con sus críticas y hagan consciente de los errores que no advirtiera el autor.
8. Prólogo o prólogos solicitados
9. Un epílogo que recoja la misma experiencia de su elaboración.
Cuanto antes se hagan estos pasos ante habrá la oportunidad de dar el libro a su divulgación. Si por el contrario el libro está terminado en lo que es la elaboración de su original pero no completada en sus revisiones indispensables puede suceder que el texto quede en stand by y su contacto con el interés ajeno se demore considerablemente. Todo este tiempo irá en contra del libro ya que parte de sus contenidos envejecerán o el solo hecho de estar en espera significará un trabajo hecho sin rentabilización alguna a pesar de todo lo que haya aportado al autor en cuanto a saber en su proceso de creación.
Para evitar la demora en una fase de stand by o de espera su inserción por subpuntos o capítulos en el ciberespacio va a permitir que sus potenciales lectores lo aprovechen para su formación o información.
De todos los contenidos de libros podría decirse que pueden ser superados. Algunas obras maestras como el Quijote de Cervantes tienen detectados, al menos por Nabukov, errores importantes que el autor no los filtró sea porque no los advirtió o porque no quiso. Libros excepcionalmente referidos y multitraducidos como la biblia tienen docenas de errores. No estoy hablando de los errores tipográficos o gráficos sino de fallas en las referencias. En tanto que actividad humana escribir es propenso a introducir lapsus sin advertir datos arrojados por la ignorancia. Es difícil terminar un libro sin cometer equivocaciones. Antiguamente una fe de erratas corregía a posteriori los errores presentados en una edición precipitada antes de de rectificar en una posterior lo que había dicho esta edición anterior, algo que usaba el periodismo con respecto a noticias publicadas con algún dato equivocado un número anterior puesto ya en circulación.
El trabajo mas duro de un libro es el que empieza cuando está terminado, en el sentido de todo el material reunido. Mientras dura su creación tiene mucho de excelso pero el repaso de todo él es algo que requiere una metódica diferente. Hasta ahora la lectura por entero de los libros que he escrito y que ya he dado por terminados ha sido lo menos que he hecho. Eso me mantiene en la total inconsciencia de mi mismo, de mi producción, de mis equivocaciones. Sigo siendo fundamentalmente un escritor de borradores. Para compensar esa ausencia de función por mi parte doy a leer mis textos a alguien que se ocupa de la corrección y cuyas indicaciones me hacen volver a las partes, pero solo a éstas, que necesitan una revisión.
Lo ideal debe ser no escribir un nuevo libro hasta no terminar por entero uno anterior pero hay otras formas de escribir como la elaboración en paralelo de distintos temas, ya que finalmente todo un entramado teórico conecta sus partes.
Cuando empiezas un proyecto creativo con escasos medios financieros e inscrito en el campo del altruismo cultural levantas miradas curiosas y pronto recibes algún impacto de mal de ojo aún dentro de un concierto de alabanzas y caricias gramaticales. Si un proyecto de divulgación de las ideas constituye una empresa titánica hacerlo en forma literario-poética es tanto como querer agarrar la utopía sin manos.el confort de los elogios queda consolidado cuando la gente te cita un poema publicado o una frase colocada o una idea planteada,cuando todo ello al paso del tiempo ha quedado en la trastienda de la propia memoria.Obviamente cualquier empresa tiene futuro si se hace un hueco en sociedad, poco o mucho, es recordado y obtenido. Para eso hay que dedicar mucha insistencia y publicitar sloganes y la existencia del proyecto.algo absolutamente antagónico y dispar a los quehaceres poéticos, más dedicados al feeling con las musas y a la obtención de la palabra escondida dentro del laberinto de la lingüística que no al cierre de contrato con un cliente potencial. Me gustaría imaginarme ejecutivos sin corbata ni portafolios, con camisolas de lino o algodón,con o sin sonrisa pintada en los labios (look opcional) viajando por pueblos y municipios, consistorios y consulados vendiendo la subscripción a una revista de poesía bajo una de nuestras consignas: invierte en poesía es una arma cargada de futuro.Pero el sueño termina aquí.No acierto a pensar que representantes de un revista de poesía fueran aceptados en reuniones de high standing, o en plenos municipales o ni siquiera en coordinadoras culturales. En lugar de eso, s difusión se hace tanto más lenta cuanto menos cobertura oficial tenga. Y obviamente no basta coleccionar elogios y mimos a lo poético sino que son necesarios los terribles medios de la técnica y de lo que la paga, del tiempo de dedicación y lo que lo paga, de la difusión y de lo que la paga.Y así, sabiéndolo, el poeta puede quedar relegado a otro petitorio más de dividendos. ¿qué hacer? el poeta que pide la dádiva para su texto se suicida, y el que no la recibe se suicida también. Llegado a este punto construyo el criterio salomónico de admitir la subscripción a quien por sensibilidad y consciencia (ya que sabe que en este mundo,lamentablemente, se está pagando por todo)la propone, y seguir aceptando como público objetivo a quienes manteniendo un interés por los textos por negligencia u olvido no la proponen (la subscripción digo, que de ésto hablamos).
No es que todo el mundo desee leer poesía.De hecho el tiempo para una lectura poética da para un capitulo de novela o para un artículo o para hablar con los pájaros. Y no es que hayan faltado las objeciones desde un comienzo, de las que por cierto la más llamativa era la del para qué o por qué hacer poesía ,desde la incompetencia editorial frente a la poderosa maquinaria de los grandes medios de difusión. Esa linea de interrogación debe extenderse a todas las cosas de la vida ya que hay un arquetípico del absurdo tras toda estandarización y estas empieza por una recurrencia de regularidad:y una edición mensual lo es.
De otra parte quien tiene la oportunidad de coincidir con algo que le parece interesante al apoyarlo económicamente lo está haciendo suyo, lo está co-creando, lo está ahijando. La subscripción es tan solo la expresión simbólica de esta identificación, tanto más reforzada con otras colaboraciones:la de contribuir a la difusión y la de contribuir con originales a su tabla de contenidos.
sin embargo en un mundo de incertezas y de lucha cruda y diaria por los consumos importantes la subscripción a lo poético es una navegación por los sueños. Se tiende a desvalorar las palabras de lo bonito y a hipervalorar las formas agramaticales de una existencialidad pétrea e insensible. contra esto no podemos hacer nada. Salvo la de continuar editando pequeños textos de consideraciones sentimentales y para sosiegos de almas. entretanto cada nueva subscripción será recibida con amo pero sin ojos desorbitados y cada elogio sin ella será encausada como el sino de los tiempos culturales que nos toca vivir.