FLUENCIA TRANSCULTURAL

La cantera elaborativa.

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

La cantera es una explotación a cielo abierto de la que se extraen materiales para su manipulación posterior. Sirven para la construcción o para su adaptación a otras funciones en otras partes. La cantera elaborativa es un archivo abierto con textos iniciados y elementos auxiliares tales como citas o referencias para desarrollarlos. Pueden estar durante años con el solo enunciado de sus títulos o con una primera estrofa. Es una forma cómoda y fácil de tener textos iniciados a los que volver para terminar de desarrollar en la medida que se cumplan 3 condiciones: que se sepa ya lo que se quiera decir, que se pueda hacer incorporando los datos necesarios y que se tenga tiempo para combinar las dos cosas y producir un resultado en forma de artículo o de texto terminado.

La ventaja de una cantera abierta es que siempre se puede acudir a ella para retomar temas pendientes y la desventaja es que terminan por tener retales, fragmentos y restos de trabajos que se arrastran por tiempo sin encontrar el momento idóneo para reciclarlos. Una cantera también puede tener en espera ideas tomadas en préstamo de otros autores o sentencias dentro de una fraseología conocida que sirven para incluirlas dentro del desarrollo de un texto propio al que se desee apoyar con aquellos. Ya ha sido dicho que cada vez que se cita un autor se corren varios riesgos de los que no está exento ser acusados de una ostentación superflua de saber. La cantera hace de recurso permanente para mantener en activo un proceso de elaboración continuo sin pasar por los desagradables estados de impasse o dubitación.

 No puedo referir la experiencia personal directa de estar en crisis creativa sin saber que decir o qué hacer ante un texto como objetivo en el que no sé por donde empezar. He oído eso declarado por otras personas: la página en blanco como reto o como desierto en el que crear un oasis. Presiento que la creatividad es básicamente metodológica y una forma de metodologizarla sistemáticamente es tener elementos auxiliares con que irla haciendo.

En las pautas creativas para preparar una conferencia se puede ver más fácilmente la manera con que funciona una cantera o la parte de ella que se quiera ocupar del tema de aquella. Desde el momento en que queda asignado el compromiso para hacerla, con un titulo y un acotamiento de campo, perceptivamente se puede ir cribando todos aquellos elementos que espontáneamente se van encontrando y puedan ser utilizados: datos y referencias, citas, recensiones, noticias periodísticas, resúmenes, ideas. Toda esa sopa de ítemes puede quedar guardada hasta que el esquema ponencial quede decidido y vaya echando mando de lo que necesita de ella. En principio un texto se puede hacer de la misma manera: cuantos mas referentes utilice más enriquecido será. Desde luego no es ninguna obligación poblar un texto de datos, depende de su pretensión. Los textos de la filosofía clásica se distinguen por citar o referir muy poco a otros y por elaborar por cuenta propia el pensamiento de autor.

Aceptar o planificar un titulo sobre el qué escribir es contraer un auto compromiso creativo. El título expresa el deseo, el texto terminado su satisfacción. La técnica que vengo empleando desde la llegada de la época digital es tener abiertas este conjunto de canteras elaborativas repartidas por campos temáticos. ´Surgió espontáneamente a partir de tener en un solo documento material-madre para alimentar artículos de no importara que especificidad. Es una técnica sencilla y nada difícil de mantener: basta tener en el directorio espacios reservados para los deseos elaborativos y para las referencias de memorias que puedan facilitarlos hasta su fase final.

Una lista de canteras elaborativas es más o menos larga según las ambiciones creativas de autor[1]. Se puede representar por los socorridos diagramas de Venn[2] en cuanto a que son conjuntos referenciales en movimiento dentro de un mismo plano que pueden ser independientes los unos de los otros o tangencializarse o entrecruzarse para aportar informaciones útiles a una demanda elaborativa concreta. Son, en cierta manera, las despensas inmediatas de las que se puede nutrir un intelectual sin tener que acudir para cada párrafo a buscar referencias a las fuentes organizadas en enciclopedias y otras bases de datos. Las canteras hacen de fuentes pre-tratadas que auxilien al discurso en el que uno se mete con ganas de entresacar una claridad o dar un paso más en la comprensión de algo.

Para quien desee escribir o iniciarse en el campo, especialmente del ensayo, le recomiendo la técnica de crear sus propias canteras. Es una forma funcional de un aspecto de archivo particular. Un autor sin archivo tiene motivos para sentirse un inútil. Se puede definir al escritor, aunque me temo que llego tarde y que alguien ya lo habrá hecho,  como la resultante de su pulsión creativa y de sus recursos de datos.

Aunque eso no sea para todas las situaciones lo esencial lo mas llamativo del ensayista o del ponente es que tenga cosas concretas que decir, por tanto datos, y que estos sean fiables. Todos esos datos que maneje en un momento dado no significan que los custodie en su memoria biológica de manera permanente. Transcribirlos en el contexto de un relato o de un artículo es una forma de guardar los apuntes que se tienen sobre algo o sobre alguien. En todo caso es llamativo quien los maneja y cuando menos se hace portador de los mismos, de lso cuales siempre se puede aprender algo. Por malo o rechazable que sea un autor se puede recuperar la referencia que transpola. En una ocasión me sucedió que lo  que mas fue valorado en una de mis cartas por mi destinataria no fue todo lo que conté sino la cita que transcribí de alguien acerca de traer la simpatía y el color de la vida con un mismo si quiere encontrárselos en sus viajes por los lugares. Vale, toca encajarlo todo. Lo cierto es que el propio texto se puede validar más, cuantas más referencias útiles incorpore.

El símil de la cantera elaborativa con la cantera-mina de la que extraer minerales o materiales con los que levantar edificios no está mal del todo. Lo mismo que en el bloque de mármol de Michel Ángelo que ya contenía potencialmente la obra acabada la cantera contiene la visión del edificio terminado, y la cantera elaborativa la del texto elaborado. Lo complejo de esta es que pueda ser un nido de datos deshilvanados y fragmentos de texto en espera de ser utilizados y que nunca acaben de ser reciclados del todo dejando un volumen considerable de palabras que no terminan nunca de tener una utilidad real. Advertido esto, el escritor podrá actuar como un tecno-elaborador para el que la disciplina de trabajo pasa por la rentabilidad de sus recursos informativos procurando reducir las repeticiones al mínimo y no abusando del mismo dato en todas partes. Evidentemente se puede escribir desde la pura espontaneidad o también no escribir nunca pero eso esta fuerza de la raza de los que necesitan/mos hacerlo para saber hasta donde alcanza nuestro saber y el ajeno.

 

 



[1] Yo tengo 30 pero las que manejo frecuentemente no pasan de la tercera parte.

[2] Venn, J. 1834-1923 matemático británico..Su diagrama  es la representación gráfica de un conjunto mediante una porción de plano interior a una curva cerrada. recurro a la idea plástica de sus círculos porque entiendo que facilita   mucho  por analogía, la comprensión de los intercruzamientos de lineas de pensamientos y experiencias en la realidad.

 

El libro de Viajes

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

Hay una prodigiosa literatura de viajes. Un viajero antes de serlo probablemente fue lector de algunos libros de viajes. También hay escritores que llegaron a serlo despues de contar sus periplos viajeros. Desde el punto de vista del lector, con esos libros  aprendió nombres exóticos y el sabor diferido de la aventura. De alguna manera viajó a través de sus páginas sin moverse de su asiento y si el texto era emocionante palpitó en las escenas descritas como si hubiera estado realmente ahí. El valor de la literatura viajera es que te habla de sitios en los que nunca estuviste y tal vez nunca vayas. Te pone la golosina en la boca y te inocula el deseo de conocer en persona y en vivo aquello sobre lo que te has informado.

El viajero tiene un estatuto especial. Cuando menos se le dirá que es un amante de la aventura y del riesgo si va a sitios impredecibles. Por lo poco es un explorador. En todo caso, eso sí, es alguien que no se resigna a crecer y morir en el lugar donde ha nacido sin visitar mundo. Haber estado en otras partes del mundo y haberlas vivido poco o mucho lo distingue frente a quien solo ha vivido toda su vida en una. La literatura de viajes, libros y revistas, refieren con ilustraciones fotográficas estupendas lugares remotos que al menos deberías ver una vez antes de dejar este mundo.

Un libro de viajes llena al lector con datos y menciones de muchos lugares concretos: nombres de ciudades y carreteras, locales emblemáticos, calles populares, ubicaciones de estatuas y museos. Poco o mucho es una guía fragmentaria de la que se puede tomar nota para tener en cuenta las indicaciones una vez se llega a los lugares.

Es necesariamente una crónica, generalmente en primera persona, que cuenta  peripecias por tales o cuales países. Su texto debe ser leído con un mapa en la mano –o ahora con el google earth activado- para ponerse en la tesitura de quien hace la narración.

Como género literario no es gran cosa sino va acompañado de la imaginación suficiente para acompañar al viaje real con otras disquisiciones y recursos evocados. Posiblemente el libro de viajes mas extraordinario de todos los tiempos fuera el Quijote de Cervantes, pero ni existió ese loco hidalgo, salvo en la mente de su autor, ni existieron los personajes que acompañan la trama. Es curioso que un libro de caballerías, el último y mejor de todo el género, pueda superar el retrato real de un proceso de viaje. La imaginación siempre supera a la realidad, tanto por lo que hace a recursos inventivos y posibilidades de acción como por lo que hace a la misma manera estilística. Retratar la realidad siempre se debe a su verdad patente, a sus límites. Tratar las cosas con la imaginación permite tratar de lo no real, de las verdades potenciales, por tanto del reino del no-límite. El libro de viajes liga al lector a las tesituras propias de las adversidades de un viaje, las inclemencias, las durezas de los caminos, la búsqueda constante de los recursos, las gestiones, burocráticas de las fronteras, a hipótesis permanente del bandidismo, las conversaciones diarias con gente distinta y la retahíla constante de preguntas estándar: a donde vas-de donde vienes. El viajero moderno se enfrenta a un inicio de conversación continuo que es difícil que vaya más allá porque cambia de interlocutor continuamente. Por lo general hace amigos para un día o para los pocos días que este en un lugar si su tesitura es la del viaje continuo. Si es lo suficientemente despierto se dará cuenta de los significantes principales de cada lugar por el que pasa y aprenderá detalles de las distintas culturas locales. Depende de su trempera existencial si profundizará más en las anécdotas con las que se va encontrando. Lo más probable es que el viajero ducho no muerda en anzuelo de las cosas superficiales y se reserve para las experiencias que realmente valgan la pena.

En todas partes del mundo hay unas constantes que a todo hijo de la tierra le toca enfrentar: buscar comida y alojamiento, informarse de las dificultades de ruta de cada etapa, tratar de aprender palabras lugareñas para empatizar (el francés y el ingles son idiomas comodines pero no suficientes, la inmensa mayoría de gente sigue sin hablarlos) y auto protegerse lo suficiente para no caer en trampas o robos.

Un libro de viajes surge casi inadvertidamente a partir de la crónica personal del viajero. Seguramente cuanta más necesidad tienes de ponerte a escribir una crónica de ti es cuando tus condiciones de vida te llevan por situaciones distintas y tan variables que necesitas un auxiliar de tu memoria. El diario cumple esa función instrumental. Aunque por supuesto una cosa son los diarios personales y otra distinta las crónicas de viaje. Probablemente uno de los diarios mas famosos de la literatura universal es el de Anna Frank[1].

La crónica viajera es un itinerario real, geográfico, un paso a paso aunque no necesariamente  un día a día de las experiencias que se van siguiendo. Si la crónica es de un viajero occidental además carga en su viaje con el karma de sus antecesores blancos por un pasado colonialista con el que no tiene nada que ver pero por el que puede ser sutilmente imputado. En todo viaje hay una cierta dosis de choques culturales, incomprensiones y chispas sobre maneras enfoques básicos de la existencia. Para alguien que ha vivido en las latitudes católicas sus paseos por el mundo islámico pueden resultar fascinantes pero también dar con actitudes absolutamente incomprensibles. Slimane Zeghidur[2]  dijo que “el horizonte musulmán dibuja un círculo planetario en torno a la Meca y el cubo negro de la Kaaba”. Cada cosa tiene su interés y seguramente detrás de la actitud mas criticable hay alguna clase de artilugio mental de alguien que la justifica y la coherentiza con sumas y restas numéricas o acudiendo a una intrincada argumentística legal. Detrás de la existencia de las religiones y de las tradiciones hay siglos de prácticas entrenadas en su auto perpetuación. “El derecho es, con las matemáticas, uno de los más seguros medios de hacer perder de vista las evidencias” dijo Charles de Guardia. El  cronista va describiendo los hechos que ve o en los que participa: habla de panoramas, de interacciones humanas, de ríos, de montañas, de edificios, en un continuum interminable de grandes y pequeñas anécdotas. Puede ir a los lugares más simbólicos de la civilización de los que oyera hablar innumerables veces, leer una reseña sobre Hiram[3] o coincidir en el mismo momento y lugar con un escenario atroz como el de la autoinmolación de Thupten Ngodupt.[4]. Lo que hace un libro de viajes es su viajero al sentarse a reposar y recordar sus cuantiosas anécdotas. Claro que ha habido quien ha escrito de lugares y ha inventado historias de viajes realistas y creíbles sin que haya estado nunca en los sitios de los que habla. Josep Pla se documentaba con los folletos turísticos para sus relatos, y ¿qué escritor en grado de tentativa no acude al diccionario geográfico o a los mapas para ubicar relatos en geografías en las que nunca estuvo?

Comparando literaturas, la de viajes no es la que más me entusiasme. Su crónica tiene algo de rancio, de repetido. Además es una forma de tratar de vivir la experiencia viajera sin participar físicamente de ella. Tal vez haya algo de envidia en los autores que llegaron a sitios donde yo no estuve. Por otra parte cuando viajo no puedo desprenderme de tener una sensación de más de lo mismo en no pocas cosas del género humano. Por lo que hace a paisajes y animales desde la cabina del coche me da la impresión a veces de estar viendo imágenes tantas otras veces vistas en documentales de la televisión. Evidentemente no tiene nada que ver ir al sitio a ver el documental o leer acerca de lo que otro cuenta cuando ha estado en este sitio. Pero la verdad es que una vez en destino hay lugares que dejo de visitar (como ver leones o jirafas en directo en Pendjari en mi viaje en curso por el oeste africano) para poder decir que los he visitado.

Inevitablemente he terminado por escribir mi propio libro de viajes, todavía en curso, a partir de venir a pasar un tiempo a África. Se llama Un Viaje Existencial[5] que para no caer en la experiencia de diarismo, que ya tuve unos años atrás, tiene más de discursivo-critico que de relato narrativo. Es un libro que habla de las vicisitudes de un blanco en el África negra en países que hacen del subdesarrollo su bandera reivindicativa para ser ayudados pero no para evolucionar.

Al escribir sus anécdotas advierto que un libro de viajes puede ser duro de llevar al ser construido obligatoriamente en función del desenlace de las secuencias reales. Como autor no te puedes escapar de tu itinerario aunque hagas evocaciones de otros países y otros lugares o de escenas que hayas vivido con anterioridad. Ese es el reto creativo: escribirlo hablando de sitios mencionados miles de veces pero con un estilo que te haga recrearlos como si fuera la primera vez que una persona hablara de ellos, lo mismo que Italo Calvino en su libro de Marco Polo describiendo Venencia como muchas ciudades distintas. En última instancia lo que un libro de viajes no aporte como una gran aventura sí puede constatarlo como un hecho real al  que  acudir el autor para recodarlo cuando la memoria le falle.



[1] adolescente símbolo de la persecución judía.Escribió un diario durante los meses de su internamiento en un campo de concentración ( el de Bergen-Belsen), donde murió  a los 15 años pocas semanas antes de la terminación de la guerra.

[2] periodista nacido en Argelia. escribe en Le Monde y La Vie.

[3] supuesto constructor del templo de Salomón en Jersualén al que pretende remontarse la fundacióde la masonería en sus orígenes.

[4] tibetano que se prendió fuego en Nueva Delhi para protestar contra la ocupación en China

 

[5] http://unviajeexistencial.blogspot.com/

El ordenador como alter ego.

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

La pulsión escritora es incontenible. Una fuerza interior e inexplicable ruge impetuosamente, no hay modo de calmarla sin la dedicación  creativa o lo que el/la escritor/a considere que lo es. Hay quien dice que solo escribe cuando tiene necesidad de hacerlo o de decir algo. ¿qué opinar de quien escribe cada día por sistema? ¿De quien nunca agota todo el manantial de lo que necesita decir? o, tal vez, ¿de quien no  pasa de ser un grafomaníaco que no para de reescribir las mismas frases en distintas pizarras como autocastigo masoquista? Desde que los escritores disponemos de ordenador portátil, la tecnología se ha aliado con nuestros caprichos y deseos. Antes, nos movíamos por el mundo con un bloc de notas o una libreta artesanal –los mas duchos poníamos una mecanográfica portátil en el equipaje y el papel carbón necesario para hacer al menos una copia de nuestros originales- actualmente los mas afortunados pueden ir con un ordenador de poco más de 10 pulgadas de pantalla. Yo todavía me valgo con un hp de 15, despues de haber probado un Acer de 17 cuya tecla de pausa disfuncionada me llevo por el camino de la amargura durante meses.

A fuerza de llevar uno conmigo en mis viajes como instrumento auxiliar he terminado por rendirme a la evidencia como lo que es: una extensión de mi (espero no vivir el momento futuro en que deba decir eso mismo al revés). En el lo meto todo: mis datos, mis elaboraciones, mis yoes diversos, mis sueños, mis ideales, mis discursos, mis conferencias, mis clases y, por supuesto, todo un arsenal gráfico: mis paisajes, mis viajes, mis relaciones, mis amores. Mi tejido neuronal también contiene todo eso y mucho más pero el ordenador tiene un tree de ramificaciones que en principio me permite localizar cualquier cosa en cualquier momento con una cierta rapidez. Tampoco es tan así, a veces se transdigitalizan cosas o se pierden y no hay modo de encontrarlas. La relación de un sujeto con su ordenador puede devenir de amor-odio cuando deja de funcionar o pierde materiales sin haberle dado la orden para eso.

Así pues todas las excelencias del ordenador tienen sus contrapuntos que en conjunto no me han hecho declararme en huelga de ellos sino todo lo contrario,  siendo un consumidor que va por el personal computer numero 8 de los que he adquirido. He tenido tiempo suficiente para reconocer al ordenador como mi alter ego. Tom Sharpe ya caracterizó en su novelística esa relación de un usuario informatico con  el suyo. Sí, ¿qué seria de mí sin mi alter ego? Desde que vivo en Digitilandia no entiendo como he podido vivir la mayor parte de mi vida usando rotuladores, plumas estilográficas o máquinas de escribir y sobrevivir. Un ordenador se convierte en un compañero de vida. Desde que se abarataron los precios de los portátiles siempre viajo con uno de ellos y en estos momentos ya son muchos de mis textos que he podido escribir en ruta poniendo junto al titulo los nombres exóticos de las ciudades por las que he pasado. Cualquier lugar es bueno para escribir: mesas de bares y restaurants, bibliotecas, dentro de la furgo-vivienda, en mi mesita de aluminio en la playa, en el bosque, en las habitaciones de los hoteles, en los jardines públicos, en la calle, en las salas de espera, en las estaciones,…

El momento del día, para mí, más creativo para escribir es a primera hora de la mañana, despues del desayuno o, incluso, antes de él. Por la noche, antes de dormirme, alguna nueva idea me ha sido “soplada” para escribirla al día siguiente. A veces he de pergeñarla en un papel para no olvidarla. Sin mi ordenador acompañante seria la mitad de lo que soy, aunque al recordarme de mi época de habitante sin él, tampoco tengo la sensación de haber sido menos, hacer menos o escribir menos de lo que pude hacer y ser en aquellos años. Comparativamente desde que soy un hombre a un ordenador pegado he de reconocer(me) que escribo más que nunca. No creo tener una gran teoría alternativa  simplemente hago de alambique: destilo el mundo que veo, vivo y toco para dejar acto de fe como si fuera un notario descolegiado pero sincero no dispuesto a reproducir las mentiras oídas para repasar una a una, con la analiticidad implacable que supone repensar las cosas, los escenarios que me toca vivir y las experiencias que me toca pasar. Sin mi maquinita de tres kilos o poco menos no podria hacer todo eso. Objetivamente las cosas no variarían mucho. El mundo seguiría prescindiendo de textos como los míos sin que se naufragara mas de lo que se hace pero yo, yo me quedaría sin cumplir el destino que, una vez, hace ya mucho tiempo, en una edad prematura que ya no recuerdo, decidí: escribir para poder ser lo que los actos no siempre te permiten hacer. A mi ordenador no le pregunto lo que he de hacer cada día ni me da indicaciones de por donde deben ir los pasos de mi vida, simplemente hace de almacén de ella, es la prolongación de mi memoria biológica. Lo tomo como mi alter ego porque he comprobado por repetido durante años el tiempo y el valor que ocupa en mi plan de vida y en mi planning diario. Lo interpreto asi desde antes del boom internáutico y de las maravilla de la cobertura wifi. Con eso añade valor a sus prestaciones siendo un instrumento de comunicación formidable con otros, a pesar de todas las patologías informativas existentes, la intoxicación reinante en la ciberjungla y los antitéticos bombardeos publicitarios. Externamente, para quienes no conocen la pasión escritora ver a alguien que se pasa muchas horas del día con y en un ordenador puede parecerles una adicción. La vida de pareja puede resentirse dedicando horas a él haciéndose preciso regularlo. Por mi parte lo tomo como una constante diaria pero auto limitada en cantidad productiva. Un artículo o texto por día de unas mil palabras es más que suficiente para enfrentar reflexiones o hacer ejercicios de estilo, colgar un texto por día  para usufructo socializado en la red, también es mas que suficiente. En realidad suelo pasarme de esas dos cifras. Pido disculpas a quien canse esa confesión tecno-personal.

Ordenador, ordenador ¿dime quien escribe mas y mejor de todos los escritores? preguntaría en versión postmoderna la bruja del cuento y el ordenador simplemente agotaría su batería sin dar ninguna respuesta y es que el alter ego es solo tu ego que objetivizas y examinas en sus lagunas y déficits, que también los tiene.

 

Vivir con un Escritor

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

Vivir con un escritor no es nada fácil. Cuando está metido en su trabajo es intratable. No se le puede sacar de su concentración. Está en otro mundo. Su cuerpo se mantiene quieto o con los mínimos movimientos de brazos y dedos, parece que esta en el lugar que ocupa pero todos sus sentidos están metidos en lo que esta escribiendo. Puede estar hundiéndose la calle y no enterarse. Es como si estuviera metido en una meditación que lo blinda de todo lo que pueda suceder. Es imposible hablar con él o interrumpirlo. Para hacerlo hay que tomar precauciones y una aproximación cuidadosa. Lo mejor es no sacarle del imaginario que está habitando. Lo ves físicamente pero mental y anímicamente puede estar en cualquier otra parte muy lejos del lugar que esté habitando en ese momento. Su escritorio y su asiento no son más que muebles de pretexto desde los que catapultarse a donde sea: su ordenador es su panel de mandos con el que viajar por inextricables latitudes. La escritura es su elección pero también es su adicción, su afición, su excusa, su mundo. Me quedaré con las ganas de preguntar en profundidad en un formato de estudio riguroso a una muestra representativa de escritores porque escriben y como consiguen substraerse del mundo para hacerlo. Escribir es esto: una retirada mundana. Para hacerlo bien lleva cuantiosas horas. Lo que en un texto es un digito en un lienzo puede ser un trazo o un punto de color. Mientras las telas ocupan superficies respetables los libros no  pasan de ser objetos densos cuyo volumen no es tanto y su ocupación del espacio tampoco. La vida con un escritor es difícil porque es un tipo a menudo ausente. En lugar de estar de cháchara y metido en la comunicación ordinaria de la sobremesa se va a escribir. Eso solo lo hace un escritor. Un escritor escribe, generalmente escribe más de lo que habla. Su pareja convivencial puede resentirse con eso. Tiene que conectar muy bien con su personalidad para aceptárselo. Puede experimentar celos por dedicarse a un trabajo de comunicación en el género que sea en lugar de dedicarle el mismo tiempo a él/ella para hablar de los asuntos propios de los días o de los grandes temas de la humanidad. No, el escritor necesita dejar las cosas por escrito. No le basta participar de un relato oral escuchándolo o si sabe hacerlo explicándolo, necesita teorizarlo, reinventarlo, tramarlo, transcribirlo o crearlo en un soporte escrito. Cada vez que escribe hace algo más que redactar un artículo, implica su testamento existencial. Hay algo de místico en su vocación no exento de una militancia obsesiva. Cuando la escritura es tomada como un trabajo literario es difícil que un artículo colme todos los demás o un capitulo sea considerado como perfecto. Todos los capítulos y todos lso artículos vienen a completar los déficits de los anteriores. Vive inmerso en la experiencia artística en la que cada trabajo desea superar el o los anteriores. Desde el punto de vista de la persona convivencial pasan las horas y las poses del escritor volcado a su pantalla o teclado pero no se ven siempre los resultados. Si es un profesional de lo que escribe y cobra por ello su nombre aparecerá periódicamente en algún soporte público, si  es un vocacional y no cobra por ello, su nombre será una incógnita y su dedicación podrá ser incluso impugnada por quien no entiende tanto anhelo.

Un escritor es un nómada por el campo del pensamiento y de la cultura. Hay que tener en cuenta que además de vivir contigo vive con sus personajes y con sus tesis. Es posible que despues de su horario de trabajo te hable de algo absolutamente desconectado con la realidad del día y te plantee  vos temas o repase viejos temas como lo más natural del mundo. Sigue clavado en la inercia de lo que ha estado escribiendo antes. Paciencia, no está loco ni ha perdido el oremus, simplemente toma el mundo como un lugar fantástico y presupone que tú tienes que entendérselo. Si ha decidido que lo suyo es escribir es difícil que algo le pare, ni siquiera que esté condenado a ser inédito o a no ser reconocido. Vive por y para la palabra escrita sacando la energia inexplicablemente de no se sabe donde y tal vez fantaseando con que el futuro le servirá lo que deje aunque el presente no lo recoloque en su justo lugar de atención. En cierta manera el escritor es un masoquista privado que se oculta del publico para enfrentar en solitario los grandes dramas. Marco Valerio Marcial dijo que el verdadero dolor es el que se sufre sin testigos. El escritor se pone en cualquier rincón para tratar tanto con ideales fantásticos como con fantasmas desagradables  y también con demonios irascibles. También hay algo de una pretensión no confesa de ser reconocido en su potencial creativo y en su inagotable cantera imaginaria. Los escritores (los y las escritoras, claro, aunque creo que se puede conjeturar en una forma diferente de escribir del lado masculino y del lado femenino) que se dedican a serlo no les colma un libro. La prolijidad parece que forma parte del proyecto biográfico. Lo que no queda dicho en una parte deberá ser dicho en otra.  El conjunto de textos es un tablero interconectado. Palabra a palabra construye un supuesto entramado teórico, una filosofía en el mejor de los deseos, un modelo de vida y de pensamiento y no solo un relato transcrito de la vivida. Las palabras son como las gotas de agua que terminan por atravesar las piedras y los metales mas duros golpeando insistentemente al paso de los siglos. Es posible que sea el instrumento de lucha empleado por los menos fuertes desde el punto de vista físico pero sí los mas desde el punto de vista de la tenacidad. Con las palabras se pueden afinar y afilar las situaciones de las formas más impactantes. Reugesem dijo que en la venganza, el débil es siempre el más feroz. Puede aplicarse relativamente al escritor que no es nada en otra clase de asuntos mundanos y un inútil consumado en muchas cotidianeidades vulgares y se recrece creando libros como si de plataformas de credos que lanzar al viento se trataran.  El escritor no soporta el mundo y para eso ha inventando una forma privada de rehacerlo a la medida de sus necesidades. Claro que no se puede hablar ni de un escritor modélico ni citar a uno solo que pueda servir de referente del que tomar nota para que aprendan los demás. Cada uno cursa su vida con sus manías y sus sistemas productivos. Los hay que se olvidan de levantarse de la mesa para prepararse un café o un té o que se tienen que obligar a levantarse cada 60 minutos para no quedarse encarcarados en sus asientos y otros que no paran de dar vueltas por la habitación como fieras enjauladas para construir lo que consideren una página maestra.

Quien vive con un/a escritor/a queda advertido que no  es tan fácil como parece. El romanticismo bohemio que acompañe a esa elección solo será posible de consolidar a largo plazo si el conviviente tiene su propio ensimismamiento personal, sea porque escriba también o porque dedica tiempo a lecturas maratonianas o porque puede soportar el aislamiento de su compañero/a aunque este a escasos metros o incluso en el asiento de al lado.

El escritor puede ser interpretado como un traidor al ser capaz de contarle a un libro lo que no cuenta con voz en directo a los que tiene al lado, en todo caso como un espécimen raro del zoo humano dedicado a la soledad gráfica, una curiosidad dentro del reino de los solitarios que suele dejar productos en conserva de literaturas para consumos diferidos.

Un escritor naturalista puede convertir cualquier anécdota, contacto humano, hecho intrascendental, minucia cotidiana en una reserva de material para su re-creación. Si es suficientemente imaginario nunca le faltará de qué escribir. Su capacidad creativa será también su locura privada al no sentirse nunca totalmente satisfecho con lo que hace. Escribirá y escribirá hasta morir. Hará de cualquier acontecimiento un pretexto para literaturizarlo. Cuando esté en la UCI si mantiene un mínimo de consciencia y un mínimo de movilidad en los dedos escribirá su experiencia y jamás faltará a su cita con el periódico y la zona de lectores que esperan su palabra mágica o su palabra docta o simplemente su palabra informada u ocurrente.

Saberse leído incrementa de alguna manera el ego. El escritor hace de sus análisis un eje al que vertebrar una atención. Todo lo que no fuera escuchado por su voz trata, indirecta e inconscientemente, de ser subsanado al ser leído por una cantidad de gente. El escritor abnegado creerá íntimamente tener una especie de misión especial a la que no puede fallar. El desierto mundano espera su palabra. Eso tiene prioridad, la relación privada está a un segundo plano, aunque en términos concretos el único que  realmente lo sostenga sea su pareja.

El escritor puede perdonar cualquier clase de barullo doméstico siempre que no le rompa las condiciones atencionales de trabajo mínimas, pero si es un escritor en realidad escribirá en cualquier parte: en los bares y pubs ruidosos, a bordo de ferrocarriles o metros, en bibliotecas y salas de espera, en plazas y calles, en cualquier lugar con cualesquiera clase de ruidos. Las ideas no pueden esperar y aunque haga comedia de ello, la inspiración tampoco. Lo que menos se le puede negar a un escritor es prestarle el rotulador, el papel, el ordenador o el aparato que sea cuando tenga urgencia de escribir. Es como el agua para el sediento. Conocida su psicología creativa la relación puede funcionar perfectamente. Basta aceptarle que cada día de la vida que vivas con él, o casi todos, se va a dedicar a eso y lo va a hacer en horas que suelen ser pertenecer a la familia o a los espacios ociosos.

Cada vez que geste algo será un poco como tener un hijo a medias y te hará participe de ello como si hubieras dedicado la mayor parte de la sabia en crearlo. La vida con futuro con un escritor es tanto más posible cuanto más dedicado esté el compañero o compañera a su propia actividad artística.

 

 

La persecución de la literatura

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

 

Pnop Penh vio en la gente ilustrada a verdaderos enemigos y traidores a su causa de terror. En la antigua china un emperador enterró en vida cientos de personas  tras concentrar a los sabios de todo el país.Los nazis se jactaban de sus piras públicas incinerando libros. El Vaticano ha tenido durante siglos libros colocados en el índice de los prohibidos. Durante el franquismo la policía nacional al registrar una casa, sabía que si había una biblioteca nutrida de libros, sus residentes eran sospechosos, ademas confiscaba libros de curso legal para unirlos a los materiales clandestinos y los tasaba como propaganda ilegal si sus títulos eran explícitamente sindicalistas o reivindicativos aunque hubieran sido editados por editoriales reconocidas.Ante una lista muy cuantificable de este tipo uno se puede preguntar cosas como ¿La biblioteca de Alejandría se quemó por accidente o por intención en contra de su concentración de saber? ¿Los documentos se pierden o se hacen desaparecer? ¿losa textos se eligen por evaluaciones de lo creativo o por intereses editoriales?

 Una buena parte de documentos centrales de las historias políticas recientes y no tan recientes siguen sin ser desclasificados  para entregarlos a la investigación historicista.

No han terminado los días en que nos asaltarán, atropellarán y atentarán por el hecho de tener bibliotecas o de andar con libros debajo del brazo. Los intelectuales aún no estamos a salvo de que nos detengan, nos expedienten y juzguen por el hecho de tener nuestras propias fuentes documentales e intelectuales. La bibliofobia de los estados es latente. Obviamente prefieren a la gente clavada a la televisión como palos de pasturaje de los que no poderse ir lejos con programas de entontecimiento que no leyendo en sus casas, en las bibliotecas o en los parques, a pesar de que por sus políticas de credibilidad inviertan en tales espacios de culturización.

Tener una biblioteca para mentalidades neonazis es ya un detalle que estigmatiza a su propietario. En Farhenheit 451 se  memorizaron los libros que habían sido quemados.. Poseer libros puede ser sinónimo de delincuencia para los poderes que temen a la inteligencia .A Salman Rushdie[1]   le fue puesto precio a su cabeza por decir cosas que no estaban de acuerdo con los fundamentalistas islámicos, a pesar de no contradecir  o no atacar al Corán. Los literatos han sido los espejos de sus culturas y a menudo el único baluarte sobreviviente y  el más explícito de ellas. Pramoedya Ananta Tor, novelista indonesio fue centro de las iras de los radicales islamistas. Candidato al Nobel de Literatura.Ha permanecido parte de su vida en prisión[2] . Nunca se hará suficiente justicia o reconocimiento de lo mucho oque una sociedad debe a sus hijos cultos que sacrifican sus vidas personales y sus opciones lucrativas para ser las voces de sus pueblos o los analistas heroicos de las sociedades que les ha tocado vivir.  En muchas épocas políticas y situaciones de países  se pueden encontrar verdades literarias que fueron apartadas. También aquí:  Gutiérrez Solana autor de La España negra. (reeditada 80 años después)  ha sido un libro más referido que  leído, censurado en su momento.

Desde la óptica de quienes les persiguen y reprimen hacen mucho más que atacar al individuo, tratan de asesinar la palabra, destruir la idea. En el fondo de cada mente fascista hay un pirómano que pretende que no quede nada vivo como testimonio, para a partir de un escenario de cenizas y destrucción reorganizar  las cosas para sus intereses. El destructor del libro se autodesacredita a si mismo pero la lógica que tiene al hacerlo, si a eso se puede llamar lógica, es que destruye la metodología crítica y elimina posibles contradictores haciendo prevalece su discurso de omnipotencia como único. Tras lo cual podrá manipular a su antojo a toda una comunidad social de súbditos.

Basta que alguien piense por cuenta propia para que sea un delincuente. Basta que lo ponga por escrito para que sea tratado como un saboteador de la supuesta paz comunitaria. Basta  que alguien le de difusión para que sea tildado de subversivo. Durante las dictaduras una parte considerable de la literatura tiene circuitos clandestinos. Aún recuerdo como leí algunos textos maravillosos a ciclostil[3]   porque no había editoriales  cercanas donde buscarlos y otros que eran puestos en circulación porque la criba de la censura veía como inofensivos al tratar de temas de otras realidades lejanas[4]  sin vincularlos a la represión como tema en la realidad próxima.

Los libros  incluidos como obras literarios son la resultante de la creación imaginaria junto con las circunstancias en las que nacen y de las que el autor hace de representante o puente generacional. Eduardo Mendoza[5]  sostiene que las novelas son menos hijos del autor que de sus circunstancias.  Pero nunca se trata de mimetismos de lo social sino de sus abstracciones desde que interpretarla, atacarla o defenderse de ella. Su carga renovadora y sus mensajes idealistas no desprecian personajes del realismo cotidiano como el inmortal Sancho Panza el escudero de Don Quijote que en un segundo plano representa la voz supervivencial del pueblo llano. escribir para una sociedad encarcelada hay que hacerlo inteligentemente para superar el ojo censor de sus carceleros. Miret  Magdalena refiere que en los años de la penuria dictatorial sus artículos en Triunfo los conseguía filtrar citando textos de santos católicos, con lo cual el se cubría las espaldas. A cada autor le toca encontrar su estrategia personal de superviviente en un mundo de represores y lleno de represiones fundidas en la tradición de los hábitos.

Escribir tiene algo de visionario y futurista. Escribir para la inmediatez forma parte del mercado de los consumos.escribir para la posteridad, que es el caso de muchos desconocidos entre los que me cuento, forma parte de las hipótesis apocalípticas para,supuestamente, dar  elementos de consolación o ayudas intelectuales para sobrevivir a otros holocaustos por venir. La literatura y la poesía  en cualquiera  de sus soportes frágiles de difusión solo serán justificaciones con las que puentear ideas que irán pasando de boca en boca y alojándose en una mente tras otro para soportar los infortunios de existir bajo el imperio dominante de la estulticia.



[1] Rushdie,Salman, (Bombay 1947->) autor de Grimus, Hijos de la medianoche (premio Booker 1981 y del James Tait black Memorial) y Vergüenza (Prix du meilleur livre etranger), La sonrisa del jaguar .Miembro del consejo de producción del British film institut y del consejo asesor del Institute of Contemporary Arts, miembro de la Royal Society. Sus libros han sido traducidos al menos a 20 idiomas.

[2] El nunca  militó en el PKI y prefiere definirse como un individualista radical. La censura de sus libros se levantó tras lacaida de Suharto y se publicaron por primera vez en Indonesia a partir de entonces. Con sus libros las editoriales extranjeras hicieron sus negocios.Por deficiencias en los contratos para su traducción a 20 idiomas se quedó sin cobrar beneficios  ni drechos de autor. Estuvo en las campañas de Amnistia Internacional para conseguir el fin de su confinamiento.

[3] Como el de La revolución sexual  de W.Reich.

[4] La literatura rusa que consumí durante mi adolescencia.

[5] El mundo del ritmo, coautor con Carlos Pazos. Ganador en Francia de el premio al mejor libro extranjero (creado en 1948). por Una comedia ligera.