FLUENCIA TRANSCULTURAL

Una revisión del campo literario

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

La necesidad taxonómica en dividirlo y clasificarlo todo parte de la necesidad humana de capturar su entorno. La metodología la uso para eso pasa por caracterizar comportamientos y ponerles nombre. Lo hacemos con todo, con las hormigas y los insectos en general, con los fenómenos metereológicos, con la hidrografía y con las arquitecturas; también ¿cómo no? Con la literatura. Y así es como se viene hablando de un montón de géneros. Quizás no sean tantos como los estilos musicales que a cada década sorprenden a los públicos adeptos y hacen los gozos en las salas estroboscópicas, pero sí suficientes como para que el común de las gentes culturales puedan pronunciarse ante un tipo de literatura u otro. Creo que cualquiera que sea el genero de expresión escrita, cada uno de ellos remite a la vastedad del campo literario. El campo literario es aquel que permite observaciones para hablar de ellas utilizando por herramientas la gramática y el ingenio. Un autor de obras magistrales, así como uno de artículos y relatos breves que no van a gozar del marchamo del éxito, no tiene más que meterse en las coordenadas tempoespaciales del cada día para sacar una buena tajada de sucesos. No es necesario ser un sabueso al más puro estilo periodístico corriendo tras la noticia caliente. Le irá sobrado tomar la realidad como un filón de eventos. Definición de evento para este artículo: un vecino que saca el perro a pasear, una vecino que agrede a otra tumbándola al suelo, un tendero que escatima decenas de gramos en el peso de la mercancía que le compran, el del quiosco que vende magazines sin saber lo que contienen,... todo eso son eventos. La realidad ordinaria es un campo de notas y observaciones. Basta salir al mundo con un miniblock y un grafo para regresar a casa con un montón de ideas. Aparentemente un día es igual al siguiente y un mes al anterior. No es cierto. Cada día es distinto. No hay dos iguales en toda la historia. Sin embargo es tanto más cierta esa aseveración cuanto más ágil sea la mirada  que escruta y más sagaz sea quien interprete las escenas. Lo que es más, las notas y observaciones de campo pueden encontrar personajes inverosímiles capaces de hacer cambiar la visión del mundo real. Con un abdomen absorbente se puede chupar casi todo y con una mente despierta se puede conectar con una riquísima gama de detalles urbanos o no que hagan las delicias de la imaginación. Lo observado es para el imaginario lo que el aire significa para las alas de una ave. La revisión del campo literario pasa por no sucumbir a la idea estructurante de los géneros. Entiendo que es secundario escribir prosa o poesía o teatro o guiones cinematográficos, hacerlo desde la ciencia-ficción o desde la narrativa histórica o desde la divulgación científica por encima del propósito de colocar ideas centrales. Un texto, sea escrito de una manera u otra, es el soporte de una idea. El ensayo se fundamenta con razonamientos y con fuentes algo que la novela no tiene porqué hacer. Al mismo tiempo la historiografía se valdrá de documentos primarios escritos en relaciones biográficas y en expresiones poéticas. El acto creativo de dar con un personaje, sacado de la calle o reinventado a partir de la propuesta intermedia de uno, permite diseñar un héroe que represente al autor en contra de todo lo que se vierte en la cultura pantanosa  en la que esté ubicado. Los héroes de papel tienen una deuda a saldar con los otros que les precedieron en la entelequia imaginaria y a los que no se hizo suficiente justicia, Andrés Trapiello[1] sostiene que podría escribirse un relato chestertoniano en el que Don Quijote se enfrentara a todo lo que se ha dicho sobre él o bien en el que Cervantes hiciera frente a la enormidad  de lo que sus biógrafos dieron por irrebatible o probables [2]. Se puede ser un diarista seducido o un indagador de las vidas privadas de autores y, por extensión, de la propia. Se puede ser creador de personajes para defenderse de los personajes de poder del mundo a los que no hay más remedio que tolerar aunque sean vomitivos. La literatura en todas sus variantes permite decir y dejar constancia de los acontecimientos dramáticos del mundo y a diferencia de la proclama o del texto de agitación pueden ir burlando las restricciones de cada tiempo. Todo poder en sus máximas cotas del absurdo tampoco sabe distinguir de  donde recibe el verdadero sabotaje. La literatura persuade lentamente sin necesidad de pedir tomas de partido y antagonizar las situaciones. Depende de cómo se hagan las indagaciones de los datos de campo si los relatos resultantes van a ser  creíbles o no. Fernando  Lázaro Carreter[3] declaró algo obvio que  “la gente admira más a quien habla y persuade mejor”. También saber escribir y saber poner cada palabra en su lugar se ha convertido en un motivo de admiración, aunque a veces de rencor y animadversión cuando lo escrito no es alcanzable y es tomado por retórica, metiendo dentro de ella un encadenamiento de frases mínimas con vocablos inusuales. Resulta recomendable salir al mundo con los ojos puestos en los sucesos, no en los que vienen noticiados en las paginas de unos periódicos sino en los inmediatos cuya sutilidad puede enmascararlos y cuya observación al detalle puede dar de sí textos magistrales además de hallazgos humanos importantes.

 



[1] (Manzaneda de Torío, León 1953-) autor de Salón de los pasos perdidos.

[2] Tomado de MJosé de los Santos,La vang.

 

[3] drtor de la Real Academia Española.premio Don Juan de Borbón al Libro del Año.Otorgado por la fundación Conde de Barcelona. promovida por la Vanguardia

De la lectura a la Escena

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

Del Texto para leer  a la Escena  para escuchar y ver.

 

Si bien casi todas las escenas tienen por soporte un texto y  todas en un guión, el texto remite a un universo artístico completamente distinto a la performance. Esta se puede organizar a partir de la espontaneidad del gesto corporal, aquél necesita organizar las ideas y la expresión por escrito. Siempre he sabido que el texto es para reductos y contubernios: desde los más catacumbistas a los casinos de economía que no pueden perderse la lectura diaria del periódico. Lo he priorizado a cualquier otra cosa sabiendo que sus oportunidades para tener un seguimiento o un público son pocas. Un texto tiene que ser magistral para tener la audiencia de un pequeño fragmento de público, ya de por sí cansado de tantas propuestas que le quitan tiempo para darle pocos conocimientos o placeres. Tal vez la historia de la literatura ya ha terminado y yo no me he enterado habiendo tenido por punto final el final de la saga de los grandes creadores. Al mismo tiempo la noticia del premio nobel anual nos recuerda que la literatura sigue existiendo, que hay gente que sigue escribiendo y más importante que esto ¡milagro! gente que sigue leyendo. Exagero. Ya lo sé. Hay millones de lectores en el planeta de los humanos  (no tengo noticia de otros). Debe ser su instancia la que mueve a no pocos autores a probar suerte en el mundo de las letras y en ocasiones ¡zas! nuevos nombres con nuevos títulos asaltan el mercado y sus caras son reproducidas hasta la saciedad.

Comparativamente al resto del mundo artístico son los menos. Quien quiere probar suerte en el campo de las propuestas artísticas opta, generalmente, por cualquier otro formato expresivo que no sea el texto narrativo. Si ese es inicialmente el que elige es para que pueda fundar una escena teatral o cineasta. Siempre me ha sorprendido como impresionantes obras de teatro o películas destacables han tenido por texto escrito muy poca cantidad. No importa que la obra sea histórica o incluso sea un monólogo, lo que va a precisar para una o dos horas de tiempo no es demasiado. ¿Cuántas palabras hablamos por minuto en una conversación regular, tranquila? ¿200, 100, 60? Depende del quien, del qué y del como. Cada cual tiene su ritmo de producción verbal. De hecho cada palabra emitida  es un acto verbal constituido de uno o más sonidos. Además de las que se puedan decir por tiempo dado (el ritmo puede ser mayor en una lectura que en la fluidez espontánea) hay que restar los silencios necesarios. Las palabras redoblan su valor si están convenientemente emitidas entre silencios estratégicos. Tanto si son 200 palabras por minuto o 100 o incluso 300 dichas a una velocidad estresante  lo más que debería tener el texto para ser escenificado es 12mil, 6mil o 18mil respectivamente. Descartaremos la última posibilidad porque el texto seria demasiado rápido y todo actor escénico sabe que el cerebro humano, sobre todo el del público que llega por primera vez a ese texto, necesita un tiempo para asimilar lo que oye. Muy bien: un soporte escénico tiene de sobras con 10mil o 12mil palabras. Algo que se puede crear en un dia intenso de trabajo creativo. Si es así ¿Por qué sigue habiendo tan poca producción de textos para teatro en comparación a todos los que hay para narrativa? La pregunta se puede transpolar al cine. Las mejores películas o al menos algunas de las que tienen garantías de éxito son las que basan sus guiones en novelas reputadas que ya han sido probadas en el mercado y sus ventas han demostrado su difusión. Sigo sin responder a mi pregunta. El texto pensado para la escena es un texto distinto del que es concebido para la lectura. Lo he comprobado repetidamente con la poesía. Basta hacer la siguiente prueba: tras escribir un poema pasarlo por la prueba de su lectura en voz alta. Ese sencillo ejercicio significa hacerlo salto de su condición de escritura y su lectura en silencio, a su declamación convirtiendo la voz en escena. La experiencia de espectador a la de lector ante el mismo tipo de texto si es recibido en un formato u otro es completamente distinto. Hay intérpretes que tienen la gran habilidad –por eso lo son- de convertir no importa que texto en una gran declamación haciéndolo más interesante de lo que realmente es. Y al revés hay lecturas en voz alta que deforman de tal manera un texto escrito que lo descalifican por el valor que en sí mismos tienen.

El trabajo solitario del escritor que no para de encadenar frases pero que pasa de ubicar su creación en el espacio digital, en el foro, en el papel impreso o donde sea a una distancia sideral de su conexión con la escena, se puede pasar toda la vida proponiendo sus ideas, relatos, borradores o productos superdepurados  pasando su biografía sin pena ni gloria a no ser de que decida plataformar sus productos a las formas envasadas que la industria moderna necesite para llevar a las estanterías y a las cestas de compra de los consumidores.

Vale, la cesta de compra (ese objeto de plástico o de alambre que se localiza en las entradas de los supermercados) no es exclusiva de los establecimientos de alimentación, también las hay en almacenes con secciones de librerías o incluso en librerías-papelerías. En una ocasión batí mi propio récord, llenando una o dos de esas cestas comprando docenas de libros en un mismo establecimiento (pvps de ocasión, ¡por supuesto!). También compro latas de comida y sobres de sopa y espahettis y tarros de mayonesa o cartuchos de galletas. Como se suele decir, lo uno es para alimentar el cuerpo y lo otro para alimentar el espíritu.

Volvamos al texto en su fase de libro y solo libro (para las malas lenguas, ladrillos que –lo acepto- no distinguen de los ladrillos de las obras donde se levantan paredes) desde el lado de la autoría, confortablemente instalada en su torre de marfil, el mundo suyo deja de ser lo que pasa más allá de sus ventanas para ser por lo que pasa por su única ventana existencial: las palabras en la pantalla de su ordenador, una desviación de la forma pero ¿qué importa eso? si procura el goce creativo y la calma espiritual. En el fondo el escritor mas mediocre espero saltar algún dia a la tarima, que en Stockholmo se acuerden de él o que se literatura alcance a las multitudes. Daré la vuelta a eso último: posiblemente el escritor  mediocre tiene mas oportunidades para lo segundo, no tengo opinión con respecto a lo otro. El texto es algo fundamentalmente privado por muchas copias que se hagan. El indicador estadístico de lecturas de un artículo propio no lo hace más significativo cuando pasan de mil que cuando no han llegado a diez. Si pasan de cien mil, una cifra que ya puede ser considerable y que cualquier  video musical  puesto en la red alcanza con prontitud, no tiene porque variar la posición de autor con respecto a su trabajo a no ser que sea alguien necesitado de reconocimiento y seguimiento para seguir trabajando en lo suyo.

He intentado diversas tentativas para saltar del texto escrito al texto escénico: grabando poesía con mi propia voz o pasando por video alguna conferencia pero nunca he abundado en esa cantera porque me he enfrentado a resultados, que he considerado deplorables. Sinceramente, no me gusto en los videos, no me gusta mi voz átona y aun menos cuando la escucho en una grabación. Tengo muy claro que escribir aunque fue mi primera elección cuando no era consciente de la confesión anterior se ha convertido con los años en mi refugio porque no tengo fotogenia para la imagen ni dotes para  la declamación o al menos vivo con esa presunción. Por eso la lista de propuestas que implican ambos campos siempre han quedado en eso, en una lista.

Ahora que vuelvo a intentarlo de nuevo he empezado a sistematizar la constante, espero que siga siendo diaria,  de grabaciones musicales y poéticas. Me gustaría que mi poesía pudiera ser escuchada en voz (tengo la suerte de otras voces mejores que la mía), algo que refuerza poderosamente el significado del texto. El plan siguiente es grabarla en soportes de imagen en movimiento. Creo que el impedimento mayor del salto a la escena es uno mismo, sus inseguridades que son más obstaculizantes que sus propias incompetencias.

El salto del texto a la escena también significa algo en lo personal: salir del encierro dentro de un registro de creatividad. Pienso que cada campo de creatividad saca nuevos valores dentro de ti, te renueva, te convierte en otra persona. Pienso en Woody Allen[1] y su clarinete. En mi exageración personal por  el plan de mis cosas, relacionadas con la elaboración y la creación artística he llegado a hacer estimaciones de lo que puedo dar de mí los años fértiles de mi vida

 

 



[1] aunque ha triunfado como director cinematográfico y actor , es clarinetista y líder de un grapo jazístico.

 

Entre Figurantes y Personajes Literarios

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

Entre figurantes y personajes literarios

Vivir una vida fantástica o vivirla de acuerdo con el propio deseo lleva a configurarla como la de un personaje literario. Esto tiene riesgos de cálculo y además puede ocasionar algún desequilibrio cuando el individuo se confunde con su personaje y olvida que solo le ha dado cabida como juego. El loco se confunde con los personajes que cree ser, el autor literario en cambo los modela como barro y los va repintando. La diferencia entre la persona y sus personajes pasa por los roles que asume. La que hay entre la vida real y la producida en el campo de la imaginación creativa es que aquí la fertilidad de autor propone un diseño biográfico que a menudo es limitado o prohibido por la realidad. Pero de esa realidad no hay una sola forma interpretativa ni unos solos valores consensuados. Es así que la realidad discurre a distintos planos, por tanto son distintas realidades concurrentes las que se pueden vivir en paralelo. El hombre que tiene una esposa y una amante al mismo tiempo de la que no está al corriente la primera (o también, la mujer que tiene esposo y un amante) vive al menos dos realidades ya que tiene que sostener un doble discurso. El empleado de una fábrica que hace funciones y horarios de esclavo a pesar de su modernidad y que vive su contradicción entre lo  que desea y lo que hace  la recompensa  en otro plano de registro: el de su casa familiar o el del bar de las amistades donde despotricar contra todo por lo que está pasando. En un estadio más evolucionado se reunirá con otros disconformes para conspirar por otra realidad alternativa. Ese pluriplano de sus distintas expresiones es en sociología lo que en esoterismo sostiene que puede ser otra realidad austral u otro mundo con una cuarta dimensión. En la percepción de lo cotidiano los sentidos de distintos observadores se pueden poner de acuerdo por lo que respecta a formas, colores, orientación espacial y otros registros materiales pero es tan solo desde la psicología individual que se puede definir la realidad que se quiere vivir o se presume vivir.

Nadie es tan autónomo como para substraerse de las circunstancias en las que vive. Habría que adoptar opciones muy extremas como la del eremita o la de persona completamente auto aislado por largos periodos biográficos para hablar de depuración de su ser y auto-autentificación. El ser humano  es un individuo  sujeto a  tantas variables que su autonomía tiene más de quimera que de garantía. La autonomía es tanto mayor cuanta mas independencia obtenga de los factores que lo presionan, condicionan, subordinan o alienan. Es el salto de la condición de sujeto a la condición de persona. Una persona es tanto más libre cuanto menos sujeta esté a los condicionantes circunstanciales y externos. Esa personificación  del yo líbero requiere una vida entera como aprendizaje y tal vez unos últimos años como propósito consumado. Una persona no nace se hace. Un sujeto se constituye como tal al autoconcienciarse que lo es. Un individuo es el neonato que empieza a tomar la conciencia fronteriza entre lo que pertenece a su yo y a distinguir su no-yo.

Aunque en su look y fisiología, un individuo es individuable y distinguible a lo largo de casi toda su vida, sus distintos estadios de personación y conciencia no son tan observables con una primera mirada sino que requiere de conversaciones en profundidad. El sujeto evolucionado no es el más interesado en proclamar a los 4vientos su nivel alcanzado, le basta haberlos interiorizado y conocer en qué punto se encuentra de su biografía. No es tanto cosa suya ser reconocido como alguien que ha aprendido a vivir como cosa de los demás. Ese proceso de cualificación personal es induplicable e intransferible y pasa por el autodescartamiento continuamente de sus  personajes superfluos.

Para vivir  en sociedad, es decir en la sociedad hipócrita, acrítica, degradada y subpotencial, es indispensable dotarse de, al menos, un personaje de intercambio. Cada sujeto utiliza el suyo sabiendo que los demás hacen otro tanto. Lo que hablan en un escenario son personajes, es decir actores interpretándolos, no los artistas esenciales que les dan sustento. Es de amplio consenso la explícita tesis de que la vida es una farándula y sus habitantes hacemos teatro, pero en cambio eso no autoriza a concretar ni mucho menos personalizar las falacias que hace cada persona con la que se traba un contacto. Lo cierto es que el sujeto humano vive una vida  tanto más afligida, o subsumida a sus ricas posibilidades de ser, cuanto menos pueda opinar en voz alta lo que piensa. Cada vez que alguien renuncia a ejercer sus potencialidades naturales de persona lo es un poco menos o, mejor dicho, se aparta un poco más de alcanzarlo a ser. Por eso quien toma distancia física y relacional del mundo de los otros físicos puede hacer una gestión con mayor dominio de las circunstancias de las que se envuelve manteniendo una relación mas sincera. El eremita que esta rodeado de vegetación o animales no se ve envuelta por las contradicciones de sumisión y de omisión que el sujeto social que está rodeado de tantos otros con tantas otras variables a las que obedecer en sus dictados. Eso lleva a un proceso anti tautológico: cuanto más desee ser un sujeto humano persona más debe dejar el trato con otros sujetos humanos que se lo impidan. Eso lleva a una conclusión de entrada absurda: una persona es la que no tiene tratos con los de su especie. Demencial. El problema metodológico es que por ahora no hay una solución que se pueda vislumbrar para la persona en su autenticidad en un mundo que hipervalora la mentira. Vivir con los demás es dotarse del personaje de intermediación y de los distintos roles que le toca ejercer para el contacto fructífero con los demás.

Cabe otra posibilidad. Tomar la conveniente distancia del otro, de todos los demás que son paisaje pero que no tienen más valor que el del relleno en los espacios públicos, e interiorizar la vida desde el arte. El escritor vive a través de sus personajes de ficción lo que no le permite su propio personaje de adopción  en las circunstancias que le toca vivir. Voy a permitirme comparar el escritor al eremita. Ambos toman distancia del mundo aunque uno es victima –o el feliz hallazgo- de su pulsión –u obsesión- creativa y de una u otra necesidad subjetiva de demostrarla y al otro le basta el aislamiento, la meditación, la esencialización de sus ideas, la frugalidad y la prescindencia absoluta del otro.

El escritor está muy lejos de eso. Reside en una fase intermedia en la que todavía no ha aprendido que su condición de pertenencia al colectivo de la raza humana es lo de menos. El eremita, o el sabio filosófico o el tipo meditacional que se conecta como parte del cosmos como todo, sabe o creo que puede estar sabiendo que su pertenencia es al holos, que circunstancialmente pasa por ser materia orgánica y que lo menso importancia es su pertenencia a la condición de la especie humana, podría ser perfectamente otra combinación celular siendo un animal diminuto o un arbusto, solo que el hecho de disponer de un sistema nervioso evolucionado le permite meditar sobre esto a diferencia de la planta o el animal que no pueden hacerlo.

Las soledades de ambos también son completamente distintas. El escritor puede pasarse , incluso, días seguidos en su gabinete de trabajo sin salir o sentirse perturbado con visitas o conversaciones ni previstas que lo saquen de las horas de su ordenador pero en esas  pasiones fervorosas contra lo que puede parecer no está solo. Está habitado por los personajes literarios con los que trabaja, se rodea voluntaria y conscientemente de un montón de gente que va creando y recreando en la medida de su dinámica elaborativa. Para experimentar esto basta escribir una carta confidencial a una persona conocida que se encuentre en la distancia temporal o geográfica que sea para experimentar una sensación de inmediatez y de contacto vívido con ella. Cada vez que escribo una carta a alguien tengo la sensación de haberme pasado este rato con esta persona como si hubiera estado físicamente juntos o hubiéramos hablado en directo. En la novelación sucede algo parecido. Es evidente que no el personaje inventado ni el destinatario real de una comunicación escrita están en el lugar donde se escribe pero el mecanismo psicológico se sentir su proximidad  existe con rotundidad.

Vivir en sociedad es muy complicado, toca hacerlo moviéndose entre figurantes y ser a la vez uno de ellos para no pocas escenas más o menso previsibles. La elección de la elaboración escrita permite la compensación de los personajes inventados desde los que discutir, ridiculizar, ironizar o combatir a los primeros, también a uno mismo. Si se escribe es para desbancar la figura propia que no gusta a uno mismo pero de la que sin embargo todos nos dotamos para sobrevivir.  Mientras lo predominante sean las representaciones, los procesos de autentificación de lo que es la vida más esencial se seguirán viendo bloqueados. No está tan claro ni es seguro que el futuro reserve para el ser humano una evolución tal que le permita autentificarse como tal separándose nítidamente de sus personajes de conveniencia y supervivencia. Quizás la alternativa este mas en el futuro tecnológico de creación de identidades que no en el psicológico de superación de viejas contradicciones. Robert Edwards, pionero de la fecundación in vitro dijo que “los niños clonados serán felices” aunque con respecto a los adultos las cosas cambian, sostuvo no conocer a ningún adulto que mereciera  la pena clonar. Tomando como ejemplo los gemelos se sabe que no se consideran desdichados por ser iguales, entre otras razones porque nunca alcanzan la identidad. La clonación en el sentido de una igualdad física no tiene porque implicar una igualdad conductual permitiendo sus rasgos distintivos individuo a individuo. La idea de la clonación es otra exageración hipotética pero  conviene no olvidar que la tecnología del clon tiene una larga trayectoria anterior en toda las propuestas de homologación facial, psicoestética y corporal que la industria de la imagen viene proponiendo y un grueso social siguiendo. Sea lo que fuere lo que le esté reservado a la especie humana los próximos 3 milenios los avances evolutivos de cada generación por lo que a libertad de pensamiento se refiere no son transferidos en su totalidad de una generación a otra. Cada generación cree de la anterior que no alcanzó sus metas aunque le haga algunos reconocimientos puntuales y cae en la ficción de que sus personajes de opereta temporales lo van a sacar de los atolladeros de ficciones en los que la condición humana está desde que se debate en sus tramas de poderes y contrapoderes, de mentiras y verdades, de ser o no ser.

No me extrañaría que lo que detentara los discursos legítimos del futuro fueran máquinas más que humanos biológicos. Bajo este punto de vista la robótica condensaría y archivaría todo el caudal de deseos y saberes de la historia del ser humano para los que cada generación se ha fracturado por no querer estar a la altura de ellos[1].

 



[1] Esta posibilidad es la que hipotetizo desde la imaginación en Cyborella.

La Crónica y sus personajes

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

La crónica se ocupa de los personajes reales de la vida. Se trata de personas perfectamente identificables por las descripciones que se hacen de ellas. A diferencia del personaje ficticio o no tan ficticio de una novela, pero convenientemente enmascarado, el personaje de crónica es nominalmente señalado y sus características son expuestas. No hay crónica justa sin ellos y no hay cronista que pueda evitar mencionarlos. Claro está que puede disfrazarlos todo lo que puede si esa es la demanda que hacen o tan solo señalar sus aspectos mejores si no quiere tener conflictos posteriores con ellos, pero no es de esa crónica sesgada de la que estamos hablando sino de una crónica completa en relación a un evento dado y a sus protagonistas.

El autor de letras croniciales y en general todo sujeto creativo que se constituye en fuente de información tiene ante si el gran problema de decir todo lo que sabe y piensa creando con eso conflictos de relación con sus noticiados o callar sus opiniones si son desfavorables a estos. El periodista para hacer sus crónicas políticas o situacionales en zonas de peligro hizo famosa una frase: “según fuentes bien informadas” para no revelar las identidades de ellas que podían correr peligro por sus declaraciones. La noticia política es una variante de la crónica en general. La información se nutre de informadores que no quieren dar la cara. El reportaje televisivo se ha visto emplazado a entrevista a gente con las caras sombreados para no ser identificada. Reportajes sobre acontecimientos muchas décadas después de haber sucedido[1] han encontrado resistencia en sus entrevistados por padecer todavía secuelas de miedo. Pero  este tipo de trabajos no son propiamente sobre personajes. El personaje es aquel sobre el que se opina o se testimonia con impresiones o críticas que no tienen porque gustarle. El cronista es una fuente de información que hace un retrato situacional lo más objetivamente posible y que describe anécdotas e individuos que quedan expuestos en sus evidencias por esos retratos. La crónica es un análisis de circunstancias pero también de detalles que escapan a una primera mirada denominativa. Una crónica rigurosa y profunda lleva, inevitablemente, a un conflicto de intereses entre el cronista y el sujeto croniciado. Ese conflicto viene predeterminado desde antes que el cronista sepa que va a hacer la crónica y que el personaje tratado en ella sepa que va a formar parte del relato. Esto es así siempre que se cumplan dos condiciones: una, la honestidad del cronista sin silenciar sus observaciones y dos, la resistencia del personaje croniciado a que quede en evidencia la verdad de su retrato.

Esa relación conflictiva entre el discurso y el objeto temático se da en otros muchos ámbitos de la libertad expresiva: el argumento teatral puede poner en ridículo instituciones y figuras de la vida política que reaccionaran negativamente contra su representación, el ensayista puede citar casos de personas tratadas objetándoles sus ideas o maneras que al no gustarles pueden interrumpir su trato con aquel o el poeta puede describir un sentimiento generado por alguien que al enterarse lo botará de su campo de relaciones. La experiencia con ese esquema viene de antiguo. Prematuramente, se puede comprobar cuando  alguien se constituye en autor cronicial, sin darse cuenta, al escribir su primer diario y este es espiado por alguien que es referido en sus páginas y que no le gusta lo que lee. Perdí amistades por esta causa para mi sorpresa. Quise comprender el sentimiento de decepción con su retrato trascrito y admito que si lo leído no era de su gusto la reacción más automatizada fuera en contra del autor de la descripción no en contra de los descrito. Traslademos esta reacción en la relación que pueda establecerse entre el retrato fotográfico de un sujeto no muy favorecido o retratado en un rictus particularmente desagradable y el fotógrafo que toma esta instantánea. El personaje fotografiado no puede negarle que eso que aparece en la foto es realmente él, lo más que puede decirle es que no ha esperado a que sonriera para capturarle la imagen. No sé de modelos que se hayan enfadado con sus fotógrafos pero sí de personajes tratados como objetos literarios que sí lo han hecho con los escritores que los han tratado. Posiblemente la literatura es, de todas las artes, la más explícita la que menos se le perdona describir las cosas con descriptores reales. Todas las demás que pasan por la plástica o la imagen siempre pueden atenuar los fallos estéticos (volviendo al fotógrafo, usa filtros y hace fotos de estudio para realizar una belleza o simularla de quien realmente no la tiene), de la literatura se diría que se complace en mirar debajo delos felpudos, de las faldas y demorarse en lo peor de quien retrata. La verdad es que muchos sujetos que pasan por la crónica dejan de ellos mismos los detalles que los distinguen, por su étnica, por su manera de ser, por su acento, por su figura física, por su propuesta o por su discurso. El cronista que se autocensura para solo señalar los aspectos bonitos y no los otros para así no crearse problemas con sus croniciados hará lo que sea pero no crónica. Estará haciendo marketing e inversión en amistades de futuro. No es quela crónica haya que decirlo todo del personaje con el que trata, por otro lado imposible ya que su objetivo no es indagarlo en todo, sino lo suficiente del contexto en el que ha surgido un contacto.

Como sea que muchas crónicas no pasan a ser del conocimiento de los croniciados las relaciones no tienen porque verse alteradas pero tan pronto se escribe temiendo en que lo sean pueden ser desvirtuadas. Hay que admitir a priori que la independencia de autor pasa por no temer a su propio decir sincero aunque eso ocasione enemistad o incluso revanchismo con crónicas de sentido adverso sobre si mismo.

El autor de crónica tiene que estar entrenado y dispuesto a recibir reacciones adversas e sus personajes o de aquellos que no han tenido el trato que esperaban y que incluso se pueden sentir traicionados por ser trasladadas sus confidencias a un ámbito público, el de la lectura del texto publicado. Hay otros muchos oficios en los que la dialéctica entre un profesional y su objeto temático no puede pasar por la amistad. El psicoanalista no puede plantearse la amistad del analizante, por mucha confidencialidad  que quede embolsada en su espacio de confidencialidad; el gerente no se la puede plantear con sus subordinados, el humorista con los figurantes de la vida política que  toma como personajes reiterados de burla, el encargado de una auditoria de una empresa fraudulenta con el empresario, el investigador criminal con el asesino o el marido con el amante de su esposa. De seguir explorando la dialéctica de las relaciones humanas y no solo en los ámbitos profesionales veríamos que los roles de los sujetos conflictúan entre sí o no admiten la hipótesis de una amistad dados los valores reinantes y las funciones distintivas de cada cual. El cronista o hace crónica y asume las consecuencias de no ser aceptado en su decir o no la hace y se dedica a otra cosa para no tener malas historias con nadie. Lo que sucede es que es imposible escribir sobre la realidad y no herir a nadie. En toda observación crítica siempre hay alguien que sale mal parado. A la hora de levantar acta testifical de un hecho, el atestado arroja datos en contra de un protagonista o a favor de otro. El cronista no hace más que una evaluación pericial de unos acontecimientos en los que no todos los protagonistas van a estar de acuerdo en lo que lean de sí mismos. Hay un tipo de literatura de color rosa en la que todo es bonito: ni una palabra malsonante, ni una mención discordante, ni una personalización fuera de tono, ni una alusión incorrecta, ni una frase indebida. Ante el texto crítico se experimenta una cierta disonancia si quien lo escribe no proporciona referentes segurizantes a su lector dejándolo un poco a la deriva o en crisis ante una exhibición argumentativa sin apostar por una conclusión acabada. El lector de crónica donde aparece espera verse favorecido, como el fotógrafo de estudio que le disimula sus arrugas o su palidez; en lugar de eso se encuentra feo y detallado en algo que no acepta que sea dicho. Yo no soy así –se auto defenderá- olvidando que no hay nadie que se vea a si mismo realmente como lo que es y es la colisión con una mirada externa que lo puede recolocar en una auto percepción distinta.

A menudo se confunde a quien señala una situación con la situación misma. El observador no es la cosa observada. Su observación puede disgustarle tanto o mas que a los actores de una observación pillados in fraganti en una conducta deplorable. Maquiavelo, uno de los nombres malditos  cuya mención ha sido demonizada, posiblemente porque el fiel retrato que hizo de la  codicia humana y de la condición real del gobernante (en el príncipe, conociendo el ejercicio del poder de uno de los Borgia) reveló una evidenciación demasiado cruda para ser admitida. Y es sabido que  el reconocimiento de la verdad halla resistencias y que quien la dice pasa a ser malinterpretado. A Maquiavelo se le discutió su libro por ser un manual de instrucción para gobernantes cuando solo pasó al texto escrito lo que teorizaba de una realidad de gobierno que conoció de cerca. Lo mismo se puede decir del analista psíquico que descubre una patología mental de la que no se puede hacer responsable o el analista social que trata con la fenomenología socio-patológica de la cual no se le puede responsabilizar. A pesar de eso, en lugar de entender que las observaciones son las que son y resultados de una metodología interpretativa se acusa al intérprete como el responsable del conocimiento o divulgación de  los hechos por quienes los protagonizan. Si un investigador en el laboratorio encuentra un foco de perturbación en un organismo analizado no es el responsable del evento patológico sino solo su observador, antes bien incurriría en una responsabilidad nefasta si no comunicara ese hallazgo al sujeto interesado. Algo parecido sucede con el análisis de personalidades que no deja de ser parte del trabajo de la crónica. De callar lo que observa y encuentra se le podria objetar no ser un verdadero testimonio de la zona observacional a la que se ha dedicado y convertirse en parte aliado de un fenómeno negativo que no se atreva a denunciar.

En todo soporte de texto comprometido habrá quien disfrutara con su lectura por reconocer el atrevimiento analítico hasta el que llega y habrá quien se sentirá escandalizado por mirar bajo las faldas o tras las cortinas. No pasa solamente con el texto cronicial sino con todo mensaje. A Manu Chao, por citar un ejemplo, cantante latino que recoge los gritos de los desamparados y hace de espejo grotesco de una sociedad  canalla no es de la complacencia de todo el mundo que se sabe responsable de las situaciones que desvela. Habrá quien no querrá oírlo nunca, por mi parte sus cintas me acompañaron durante muchos kms en el radiocasete del coche.

 Todo lo que puedo decir a favor de la crónica es que ésta seguirá sin que pida la autorización de sus croniciados  y el conflicto entre la una y la otra continuará mientras el trato con la verdad resulte tan complicada por una deseducación aún predominante en cuanto a las dificultades subjetivas que se tienen por admitir la critica. Esas dificultades son del todo hipócritas porque no hay nadie que se abstenga de hacerla a terceros ausentes, a sus espaldas pues, y sin enfrentarles a la cara. Pero algo que no admiten cuando les toca pasar por el turno de su revisión crítica.



[1] Como el  hecho sobre las tumbas  anónimas de asesinados por fusilamiento durante el alzamientofascista en España en la década de los 30.

Para Terminar un libro.

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

Un libro de ensayo tiene una cierta cantidad de material expositivo dividido en apartados, capítulos, subcapítulos y subpuntos. Hay una extensa variedad de maneras para hacerlo y una libertad relativa en cuanto vocabulario, referencias, críticas y licencias sintácticas.

Un libro se debe a su título que es quien promete un tema dado o anuncia un contenido. Puede ser más o menos genial o novedoso en lo que dice, pero por lo que dice contrae una responsabilidad enorme. En tanto que es un instrumento de difusión no puede propagar mentiras o injurias ni puede intoxicar la lectura con noticias manipuladas. Para ser entregado a la consideración pública debe haber sido revisado lo suficiente para depurarlo y dejarlo en estado de impecabilidad. Se le concede la honestidad intelectual  supuesta de su autor y su contribución a un fragmento del pensamiento o de la cultura. No se puede confundir un libro famoso o muy referido con un libro muy honesto o válido. El caso de Robert Wilson con su libro Femenine forever (1966) fue ideal para la industria farmacéutica de la menopausia al utilizar su tesis de que esta produce siempre e invariablemente la osteoporosis. Según Susan Love  hubo una relación directa entre la cuota de mercado de este libro como best seller y la cuota de demanda de la terapia hormonal. El objetivo de escribir no es la fama a cualquier precio sino decir y divulgar contenidos útiles para el género humano y, sobre todo,  verdades ciertas.

Hay quien escribe libros en función de sus sondeos previos de mercado y tener una conclusión establecida sobre lo que se espera. Un tipo de temáticas y de títulos encadena otros de la misma clase y estilo.

Fuera de las distintas asignaciones de campo de cada libro, un libro pasa por una técnica, una composición de texto y su revisión. Puesto que es un trabajo de proceso largo que dura  meses e incluso años, y raramente se ventila en pocas semanas, hay un salto temporal considerable entre el momento en que se empieza y el momento en que se termina. Debe haber una manera rápida y sencilla para poder revisar sus partes, diferenciarlas y reestructurarlas.

Despues de pasar el corrector ortográfico de un programa digital un libro construido a partir de un dossier de artículos necesita(rá) de una relectura total del conjunto para advertir de él estos factores. En realidad se tratará de una primera lectura global.

1.    Un repaso de la corrección ortográfica y tecnográfica.

2.    Una conexión lógica entre el capitulo o articulo anterior y el capitulo o artículo posterior.

3.    Una detección de ausencias o vacíos expositivos que deberán remediarse con el agregado de nuevo texto.

4.    Una detección de repeticiones o duplicidades que deberán amputarse.

5.    Una indexación con un localizador tal que hipervincule todos los puntos de los que se compone el texto para una mayor rapidez en encontrarlos.

6.    Una verificación y/o completación si es necesaria de las referencias y citas mencionadas,

7.    La entrega del libro a su lectura global a otras personas para que lo enriquezcan con sus críticas y hagan consciente de los errores que no advirtiera el autor.

8.    Prólogo o prólogos solicitados

9.    Un epílogo que recoja la misma experiencia de su elaboración.

Cuanto antes se hagan estos pasos ante habrá la oportunidad de dar el libro a su divulgación. Si por el contrario el libro está terminado en lo que es la elaboración de su original pero no completada en sus revisiones indispensables puede suceder que el texto quede en stand by y su contacto con el interés ajeno se demore considerablemente. Todo este tiempo irá en contra del libro ya que parte de sus contenidos envejecerán o el solo hecho de estar en espera significará un trabajo hecho sin rentabilización alguna a pesar de todo lo que haya aportado al autor en cuanto a saber en su proceso de creación.

Para evitar la demora en una fase de stand by o de espera su inserción por subpuntos o capítulos en el ciberespacio va a permitir que sus potenciales lectores lo aprovechen para su formación o información.

De todos los contenidos de libros podría decirse que pueden ser superados. Algunas obras maestras como el Quijote de Cervantes  tienen detectados, al menos por Nabukov, errores importantes que el autor no los filtró sea porque no los advirtió o porque no quiso. Libros excepcionalmente referidos y multitraducidos como la biblia tienen docenas de errores. No estoy hablando de los errores tipográficos o gráficos sino de fallas en las referencias.  En tanto que actividad humana escribir es propenso a introducir lapsus sin advertir datos arrojados por la ignorancia. Es difícil terminar un libro sin cometer equivocaciones. Antiguamente una fe de erratas corregía a posteriori los errores presentados en una edición precipitada antes de de rectificar en una posterior  lo que había dicho esta edición anterior, algo que usaba el periodismo con respecto a noticias publicadas con algún dato equivocado un número anterior puesto ya en circulación.

El trabajo mas duro de un libro es el que empieza cuando está terminado, en el sentido de todo el material reunido. Mientras dura su creación tiene mucho de excelso pero el repaso de todo él es algo que requiere una metódica diferente. Hasta ahora la lectura  por entero de los libros que he escrito y que ya he dado por terminados ha sido lo menos que he hecho. Eso me mantiene en la total inconsciencia de mi mismo, de mi producción, de mis equivocaciones. Sigo siendo fundamentalmente un escritor de borradores. Para compensar esa ausencia de función por mi parte doy a leer mis textos a alguien que se ocupa de la corrección y cuyas indicaciones me hacen volver a las partes, pero solo a éstas, que necesitan una revisión.

Lo ideal debe ser no escribir un nuevo libro hasta no terminar por entero uno anterior pero hay otras formas de escribir como la elaboración en paralelo de distintos temas, ya que finalmente todo un entramado teórico conecta sus partes.