´La subscripción a lo poético

Escrito por jesusricartmorera 01-12-2008 en General. Comentarios (0)

 

Cuando empiezas un proyecto creativo con escasos medios financieros e inscrito en el campo del altruismo cultural levantas miradas curiosas y pronto recibes algún impacto de mal de ojo aún dentro de un concierto de alabanzas y  caricias gramaticales. Si un proyecto de divulgación de las ideas constituye una empresa titánica hacerlo en forma literario-poética es tanto como querer agarrar la utopía sin manos.el confort de los elogios queda consolidado cuando la gente te cita un poema publicado o una frase colocada o una idea planteada,cuando todo ello al paso del tiempo ha quedado en la trastienda de la propia memoria.Obviamente cualquier empresa tiene futuro si se hace un hueco en sociedad, poco o mucho, es recordado y obtenido. Para eso hay que dedicar mucha insistencia y publicitar sloganes y la existencia del proyecto.algo absolutamente antagónico y dispar a los quehaceres  poéticos, más dedicados al feeling con las musas y a la  obtención de la palabra escondida dentro del laberinto de la lingüística que no al cierre de contrato con un cliente potencial. Me gustaría imaginarme ejecutivos sin corbata ni portafolios, con camisolas de lino o algodón,con o sin sonrisa pintada en los labios (look opcional) viajando por pueblos y municipios, consistorios y consulados vendiendo la subscripción a una revista de poesía bajo una de nuestras consignas: invierte en poesía es una arma cargada de futuro.Pero el sueño termina aquí.No acierto a pensar que representantes de un revista de poesía fueran aceptados en reuniones de high standing, o en plenos municipales o ni siquiera en coordinadoras culturales. En lugar de eso, s difusión se hace tanto más lenta cuanto menos cobertura oficial tenga. Y obviamente no basta coleccionar elogios y mimos a lo poético sino que son necesarios los terribles medios de la técnica y de lo que la paga, del tiempo de dedicación y lo que lo paga, de la difusión y de lo que la paga.Y así, sabiéndolo, el poeta puede quedar relegado a otro petitorio más de dividendos. ¿qué hacer? el poeta que pide la dádiva para su texto se suicida, y el que no la recibe se suicida también. Llegado a este punto construyo el criterio salomónico de admitir la subscripción a quien por sensibilidad y consciencia (ya que sabe que en este mundo,lamentablemente, se está pagando por todo)la propone, y seguir aceptando como público objetivo a quienes manteniendo un interés por los textos por negligencia u olvido no la proponen (la subscripción digo, que de ésto hablamos).

No es que todo el mundo desee leer poesía.De hecho el tiempo para una lectura poética da para un capitulo de novela o para un artículo o para hablar con los pájaros. Y no es que hayan faltado las objeciones desde un comienzo, de las que por cierto la más llamativa era la  del para qué o por qué hacer poesía ,desde la incompetencia  editorial frente a la poderosa maquinaria de los grandes medios de difusión.  Esa linea de interrogación debe extenderse a todas las cosas de la vida ya que hay un arquetípico del absurdo tras toda estandarización y estas empieza por una  recurrencia de regularidad:y una edición mensual lo es.

De otra parte quien tiene la oportunidad de coincidir con algo que le parece  interesante al apoyarlo económicamente lo está haciendo suyo, lo está co-creando, lo está ahijando. La subscripción  es tan solo la expresión simbólica de esta identificación, tanto más reforzada con otras colaboraciones:la de contribuir a la difusión y la de  contribuir con originales a su tabla de contenidos.

sin embargo en un mundo de incertezas y de lucha cruda y diaria por los consumos importantes la subscripción a lo poético es una navegación  por los sueños. Se tiende a desvalorar las palabras de lo bonito y a hipervalorar las formas  agramaticales de una existencialidad pétrea e insensible. contra esto no podemos hacer nada. Salvo  la de continuar editando pequeños textos de  consideraciones sentimentales y para  sosiegos de almas. entretanto cada nueva subscripción será recibida con  amo pero sin ojos desorbitados y cada  elogio sin  ella será encausada como el sino de los tiempos culturales que nos toca vivir.