FLUENCIA TRANSCULTURAL

Los ladrones en los que confiamos

Escrito por jesusricartmorera 13-01-2009 en General. Comentarios (0)

 

El peor de los ladrones no es el que te coge de improviso al voltear una esquina con el  “manos arriba, la bolsa o la vida”, a fin de cuentas un pobre caco y un mal poeta, sino aquel a quien confías tu dinero como agente bancario o a aquel otro que le pagas por sus mercancías o servicios, y te someten a una estafa sutil no por formalista menos lesiva para tus intereses. No son pocos los sustos bancarios que he tenido despues de toda una vida de cliente de diferentes entidades y es frecuente el sentimiento de haber sido engañado al comprar productos que no estaban a la altura de lo anunciado. Además de estas dos cosas está el tipo de hábitos ligados a una vida moderna de consumo no exenta de pequeñas irresponsabilidades y descuidos. Es así que los domicilios están equipados con ladrones silenciosos que a la larga pueden producir mas pérdidas que la posible banda de asaltadores que arramblan con lo que puedan (los dioses no lo quieran). Esos ladrones están en el mismo concepto de consumo dentro de la vida moderna. Es así que el análisis del frigorífico demuestra el enorme despilfarro que produce, en particular cuando está permanentemente conectado para mantener  solo la textura de la margarina y una lata de cerveza en su punto, o que el calefactor que se conecta automáticamente según el indicador del termostato  tiene que compensar las fugas de calor por las ranuras mala ajustadas de puertas y ventanas. El gasto extra suele ampararse en la negligencia del usuario y ésta en la inconsciencia del significado mismo de los consumos. Abrir el grifo de agua para llenar una olla es un consumo dejarlo abierto por olvido no tiene nada que ver con el consumo, es una práctica irresponsable. Lo que caracteriza un consumo es el uso de un bien para cubrir una necesidad. Condenar tal bien a una pérdida por equivocación o falta de control no es un uso ni un consumo, es un agujero en el casco del barco.

De todos los ladrones, los banqueros constituyen una saga especial. Entendámonos, son los ladrones que elegimos y con los que pactamos formas legales de robo en los que lo clientes hacemos de víctimas y ellos de beneficiarios. Para no herir sensibilidades redefino la palabra robo como la práctica por la cual una persona quita medios, bienes o dinero a otra sin el consentimiento de ésta. La forma específica de hacerlo es secundaria. tanto si pasa por la agresión del caco que amenaza con un revólver que se le caen las balas si encañona hacia arriba  o del timador que se aprovecha de la ambición latente en sus timados o del prestamista de créditos que los da a unos intereses altísimos. Los bancos (cajas de ahorro metidas dentro del pack también) se caracterizan por su habilidad para dar sorpresas. Cuentan –condición fundamental-con la confianza de sus clientes que no siempre verifican/mos las variaciones de sus cuentas o preanuncian decisiones de política interna que les/nos afecta cuando no hay tiempo de buscar una alternativa.

Despues de hablar con unos cuantos banqueros he llegado a la conclusión que no someten sus trabajos a dudas éticas. La psicología en la que se amparan es la de hacer un gran servicio a la sociedad custodiando su dinero y manipulándolo a entera libertad  para, como se suele decir, rentabilizarlo. Y es cierto, el dinero quieto, sea en el calcetín o dentro de un banco, no genera nada. Es la circulación de capitales la que produce más capital. Un euro que cambia de manos pasa a ser un euro más un plus.  Ese simple criterio iguala al pequeño rentista con el gran rentista en su condición de colaboradores con un sistema financiero basado fundamentalmente en la especulación. Definición de especulación, ahora para herir sensibilidades: especulación es el sometimiento a todo  objeto de transacción económica (solares, edificios, tierras, energía, una botella de agua o lo que sea) a las mejores condiciones de venta no en función de sus costes reales sino en función de lo que sea capaz de pagar el postor. Hay que decir a favor de los especuladores profesionales, y asi pueden estar seguros de que no irán a ningún infierno a que les quemen a perpetuidad por eso, que la especulación no es un invento de la esfera financiera moderna y que es algo intrínseco a la codicia humana. Si bien se ha convertido en una generalizada práctica socio mercantil y es el factor económico de primer orden para las grandes oscilaciones y bandazos de los beneficios no deja de ser la expresión de un factor psicológico subyacente en una me parece que aplastante mayoría poblacional. Cada  vez que alguien te ofrece un producto que lo ha multiplicado por cinco o por más de lo que es su precio de venta circulante está especulando, está sondeando, la opción de sacar mayor renta a su pieza, basta que haya un tonto que se la pague para que eso reafirme a su vendedor en intentarlo siguientes veces a la caza de nuevos tontos. Hay toda una zona fronteriza entre el comercio y la estafa en la que no pocos comerciantes se hacen estafadores y no pocos estafadores buscan el amparo legal del comercio para sus estafas.  Evidentemente no deja de ser una transacción clara y perfectamente legal vender cualquier objeto a un precio descaradamente superior a su precio razonable. Hay una justificación comercial para esto: lo que se pierde en unos artículos se compensan con el plus de beneficio de otros. En términos estrictos lo que determina la necesidad urgente de algo convierte a este algo en una pieza indispensable por la que se puede pagar el precio que sea si es cuestión de vida o muerte. Por lo que hace al dinero, esos anuncios de prestamistas que facilitan dinero en 24 horas sin interrogatorios y pesquisas pueden salvar  situaciones de emergencia a cambio de pagar los  préstamos a precios desorbitados. La banca solvente toma sus precauciones pero no deja de apoderarse de capitales de avalistas o de propiedades tan pronto se acumulan demoras de pagos de intereses. Me gustaría o ser convencido por los argumentos que lo niegan pero desgraciadamente la conexión entre la banca moderna y la usura tradicional sigue siendo evidente. Por su lado la banca está segura de que es un eslabón indispensable para el desarrollo. Sin organizaciones que arriesguen capitales prestándolos el mundo industrial no habría evolucionado tanto. Ciertamente cualquiera que tenga una buena idea, con viabilidad de mercado, le basta buscar un financiador para ponerla en marcha, no importa que tenga que pagarle altos intereses o incluso devolverle el doble con tal de haber conseguido poner en marcha su negocio. Los beneficios posteriores lo redimirán del sacrificio. Sin duda hay empresas que van sobe seguro. Basta conseguir los permisos y la ubicación para que determinadas empresas con nombres pre publicitados pasen a funcionar y a rendir beneficios directos desde el primer día. Si esto es así ¿donde está el fraude o el robo? en el coste elevado del dinero. Pagar por el uso del dinero significa que a la larga se devalúa indirectamente ya que obliga a un incesante incremento de precios. Cada vez que alguien enfrenta unos precios altos por adquirir elementos del proceso del producto que fabrica está obligado a incrementar los de sus ofertas, de tal manera que  la rueda de querer beneficios rápidos atrapa a todo el mundo en una imparable recrementación.

A pequeña escala el uso de las tarjetas de crédito sin conocimiento exacto del tipo de interés que se paga por ellas o las órdenes de pagos fraccionados con un tope máximo significa encadenarse a un gasto continuo de superfluos. El perfil del cliente ideal para los bancos es aquel que dedica una parte de su salario, por tanto de su vida laboral o de sus capitales a pagar descubiertos (saldos negativos) o a limitar las devoluciones de pagos de tal manera que siempre se halla en deuda con su banco. Eso convierte a clientes con entradas de dinero considerables en deudores crónicos. Harían mejor en pasar por la experiencia de ser atracados una  vez al año por cacos, seguramente ganarías mas dinero de esa forma.

El latrocinio moderno es retitulado con distintas variedades de créditos e hipotecas. El perfil dominante es el de trabajar para el orbe financiero. Cuantos más créditos tenga que suportar una persona menos se ocupará de si misma, menos libertad de actuación tendrá, más sufrirá las consecuencias de la alienación y, por supuesto, más se arruinará por mucho que no deje de ganar dinero. Una pareja que se endeuda con un crédito hipotecario entre los 25 y los 30 años puede estar pagándolo hasta  casi los 70. Al coste de su vivienda que le costara en el 2008, por ejemplo, habrá que añadir todos los intereses pagados hasta el 2048. Al capital de ese espacio del año inicial habrá que sumarle el capital de intereses. Con todo junto depositado en un banco podría vivir de sus intereses sin tener que perder miserablemente toda su vida creativa en un marco laboral que la mayor parte de las veces no le habrá realizado. El problema, ya lo sabemos, es que no se dispone de ese capital inicial.  Ya existen anécdotas de quien ha dejado de vivir en su piso para librarse de hipotecas y gastos de mantenimiento y se ha ido a vivir a opciones más económicas como un autocaravanning instalado los 12 meses del año en un camping. Ciertamente no es una solución infraestructural fantásticas pero no deja de ser una solución. En el futuro mas gente se dará cuenta de que al comprometerse a hipotecas de vivienda no solo adquieren un compromiso económico sino que se auto hipotecan ellas mismas sin poder vivir sus vidas como desearan. Ganan el mundo (es decir 90metros cuadrados de ese mundo) pero pierden el alma (es decir el espíritu emprendedor para vivir vidas de fábula).

Cuando me han domiciliado pagos indebidos a mi banco, pasados unos días han quedado consolidados como tales sin poderlos anular al darme cuenta del gol que me habían metido. Cuando he avisado a priori de no pagar los de tal o cual empresa fraudulenta de servicios (en los servicios de telefonía móvil la lista es larga) han alegado que el sistema informatico automatiza los pagos y que hay que protestarlos para la devolución una vez realizados.  ¿En qué quedamos, el banco actúa de gestor de tus capitales en función de las órdenes que das o tú como cliente es quien te debes someter a su metodología de funcionamiento? Una mala noticia: es el segundo caso. A no ser que tengas mucho capital en un banco y les amenaces con retirarlo tus peticiones en ese sentido sirven de poco. En resumen, el cliente bancario es una victima propiciatoria que se presta a serlo potencialmente desde el momento en que abre una cuenta en la que mantener un movimiento mensual de entradas y salidas, sin duda la forma moderna de funcionar.  Antiguamente el mismo banco felicitaba los neonatos de criaturas abriendo uan cuenta bancaria a su nombre con un pequeño regalo económico para incentivar a los padres que fueran ahorristas de ella de tal modo que los críos al alcanzar la mayoría de edad pudieran disponer de ese capital. Otra forma de la picaresca bancaria para atrapar a los ciudadanos en el mundo del dinero, es decir para que el dinero sea el amo de todos y nos los depositarios quienes lo gestionen tal como realmente quieren.

Se nos previene que lo último que se puede hacer es dar los datos de una tarjeta bancaria o deposito bancario a alguien. Ciertamente al darlos a empresas de servicios (no siempre tan serviciales) uno se arriesga a pagar cantidades de dinero desorbitadas según lo contratado. Hay una solución técnica. Tener una cuenta, o incluso varias cuentas puente exclusivamente para recibir el domicilio de facturas y tarjetas y no dar nunca el numero de la cuenta principal salvo para los canales de ingresos. De tal manera que en el  caso de que una tarjeta (o su número) caiga en manos fraudulentas, o una factura de empresa sea abultada indebidamente, no encuentre fondos ilimitados. El problema de tener varias cuentas bancarias es su coste de mantenimiento. Tan pronto se encuentra un banco que no cobre por ellas vale la pena repartir la domiciliación bancaria de recibos y tarjetas en una, dos o varias de ellas.

 

La condición no-laboral

Escrito por jesusricartmorera 13-01-2009 en General. Comentarios (0)

 

 

Para una recualificación de la condición no-laboral.

La población parasitaria forma parte de la población pasiva. Esta es la mayoría social en cualquier economía mundial analizada. Valga decir de entrada que tanto un denominativo como otro forman parte del discurso lesivo. Al sujeto parasitario se le supone que se aprovecha y vive de los demás y al pasivo que no forma parte directamente de los procesos de trabajo colectivo organizados. Esos conceptos estarían sacados de un manual de economía reduccionista sino fuera porque forman parte del vocabulario popular o generalizado. La verdad es que la población pasiva está llena de personas que no paran de trabajar aunque no hayan sido contempladas como trabajadoras por el hecho de no formar parte de una nómina empresarial. De aquí que el concepto de ama de casa siga siendo vago y no sea considerado como un verdadero trabajo. Recuerdo una viñeta en la que un magistrado o un agente de control interrogaba a una mujer sobre su profesión. Ésta contestaba con una larga lista de oficios: limpiadora, cocinera, chacha, cuidadora, jardinera, abogada, masajista, electricista, costurera, lavadora, planchadora, maestra, consoladora, madre, peluquera, psicóloga, puta, fregadora, (todos estos gratis) y asalariada de lo que sale como trabajo extra doméstico. El interrogador le replicaba: ¡no puedo poner todo esto, diga una sola cosa para que me entre en la casilla!  Entonces ponga ama de casa, le contestaba.

Hay un problema de vocabulario tanto público-.institucional como privado-personal para denominar la verdad de las cosas. A fuerza de utilizar etiquetas y sombre nombramientos de los fenómenos se ha terminado pro desvirtuar su esencia. Un neonato  lo mismo que un jubilado son parasitarios aplicando estrictamente su relación con la economía de un país en cuanto a que reciben cuidados y apoyos económicos sin hacer una contraprestación. Aplicar esa palabra es, desde luego, un absurdo, vale la ‘pena mencionarla bajo esta perspectiva para examinar el alcance de su ridículo. Obviamente, el niño necesita todos los apoyos a cambio de no dar nada, salvo sus balbuceos, sonrisas y proceso de identificación creciente de quienes le rodean y nadie considerará que sea un aprovechado. Otro asunto será a partir de sus 16a, 18 , 25 o 30 según su clase social de pertenencia y el país en el que viva. En otros, los niños acarrean agua de pozos haciendo largos recorridos en edades que sus cuerpos no están desarrollados y el exceso de peso no es lo más ideal. En cuanto a los ancianos jubilados o incluso no ancianos prejubilados en edades todavía laboralmente activas se supone que cobran sus pensiones a partir de las cotizaciones que adelantaron durante sus vidas asalariadas.   Nadie es tan malvado como para exigirle a un anciano apoyando sus manos y su barbilla en su cayato en una plaza pública viendo como la vida pasa caminando por la acera que se vaya a una fábrica a trabajar. ¿No lo es? Se habla de prolongar los periodos laborales hasta los 70 cumplidos, algunas profesiones lo hacían y lo hacen. La perspectiva matemática de longevidad biográfica tras la jubilación puede llegar a superar en algunos casos todos los años de vida profesional activa y asalariada o dedicada a los negocios. Dicho de otra manera, el perfil del sujeto longevo crea una contradicción para un sistema socio-económico basado en la superproducción y en la dinámica espirálica de los beneficios. Alguien que se ponga a trabajar alrededor de los 25 tras sus másteres terminados y tras conseguir un puesto remunerado y adecuado a sus condiciones y conocimientos puede abandonarlo si no es, económicamente ambiciosos 25 años despues, o bien 35. Con esta segunda cifra todavía podrá vivir, si tiene ganas y estímulos para seguir viviendo otros 35 años más. En conclusión 35 años de trabajo pueden servir para costear a parte de estos otros 65 de actividad vital. La aritmética contributiva a la energia colectiva demuestra por sí misma que trabajando un mínimo se puede vivir un máximo. De hecho no hace falta acudir a estos extremos tan absolutos. Desde los tres ochos reivindicados desde hace un par de siglos y, en todo caso, desde muy lejos de los modelos esclavistas en que no existía el concepto de tiempo personal para los esclavos, el trabajo asalariado viene demostrando dedicar una parte de la semana al trabajo para vivir, la otra, mucho más cuantiosa en la libertad –supuesta, al menos- pagada por el dinero generado por la anterior. Trabajar no es el objetivo sacro de nadie. Si se trabaja es para pagar el resto del tiempo personal en el que no se trabaja y en el que cada persona puede hacer lo que le realmente le apetece. Evidentemente hay trabajos gratificantes pero no son los más. Por principio, todo trabajo impuesto por razones supervivenciales y que se asume dentro de una jerarquía de obediencia va en contra de sus posibles placeres. Se hace difícil pensar que alguien que estudia una carrera de farmacología para convertirse en un tendero se pueda sentir muy feliz. Hay innumerables contradicciones en el campo profesional a pesar de lo cual pocos empleados cuestionan la función primera o ultima de lo que hacen, aunque lo que haga son componentes electrónicos para un misil o proyectiles para un mortero. Frente al supremo valor de tener un trabajo seguro los nuevos esclavos lo aceptan con tal de que esto les otorgue estatus, tranquilidad, seguridad y futuro aunque sea a costar de tener un futuro no personal, no libre, no auténtico y no consecuente. Evidentemente todo este enfoque no puede ser recogido por los recursos institucionales que tratan de combatir el incremento del paro o contener el alzamiento del presupuesto en concepto de subsidios. De hacerlo, la sociedad se auto deslegitimaría a si misma desde las mismas instituciones comprometidos en aguantarla tal como está montada. Sabemos  que el paro, origen de la crisis de poder adquisitivo en quien esta fuera del circuito del trabajo asalariado.  Tiene una solución fácil. Basta que una parte de la población asalariada comparta su puesto de trabajo rotatoriamente con quienes no tienen ninguno. ¿Quién está dispuesto a ser el primero en reducir su jornada pero también su salario? Evidentemente nadie, o casi nadie, alegando que ese no es su problema si no que es un problema del estado. Si existe el paro es porque no está organizada a nivel interno de un país suficientemente la solidaridad social. Existe la solidaridad económica en forma de subsidios para tapar la evidencia de la falta de esta otra. Por otro lado desde que hay economía de mercado hay paro. Lo ha habido y lo seguirá habiendo. Es una de las características inherentes del sistema basado en el lucro, la competencia, los beneficios egoístas y la prioridad del capital por encima de las necesidades humanas. Una curiosidad de las bolsas de paro y del conjunto de la pobreza, en los países también más ricos, es que genera indirectamente puestos de trabajo para ocuparse de ello. Una analogía con el tercer mundo: la pobreza de este ha generado todo un mercado de la solidaridad y de cientos de miles de personas dedicadas a abastecerlo. Han encontrado el leit motiv  de sus existencias a parte de sus experiencias y beneficios. La pobreza objetiva sigue básicamente siendo la misma o peor pero gracias a ella mucha gente vive del discurso de atajarlo. Algo parecido sucede a nivel interno en cada país con sus cuartos mundos y sus bolsas de inadaptados: desde discapacitados mentales a indigentes subsidiados. Toda la periestructura que se ha generado en torno a la población parasitaria  compuesta de individuos a los que se considera inútiles para salir de su exclusión económico-social es el efecto colateral del paro endémico. Con la excusa de la reinserción social se ha generado toda una gama de categoría y subcategorías de asistentes sociales, promotores sociales, educadores sociales, que a fuerza de su etiqueta (social, social, social) olvidan que tratan con personalidades específicos y con individuos que por mucho formen parte de un fenómeno colectivo cada uno se ve abocado o, incluso,  optar por elegir  la situación en la que se encuentra por su propio proceso. Para la perspectiva del canal asistencial (que no deja de ser un agente institucional de control) ocuparse de los expedientes de uno y de otro de sus pupilos es encontrarse con cuadros personales o familiares que lo desbordan.  Hay varias razones por las cuales un estado paga a sus subsidiados y muchas por las cuales un subsidiado prefiere continuar siéndolo para no volver a un mundo salarial repleto de explotación y de contrasentidos. Es difícil que un técnico del empleo con su salario más o menos importante y su nivel de vida personal distante de todo esto, lo pueda entender profesionalmente. El posicionamiento del técnico respecto al fenómeno del paro es el de poner el énfasis en las condiciones de sujeto y no hacerlo en cuanto a las condiciones objetivas del sistema. Bajo tal óptica, claro está, la culpa de no encontrar trabajo y de no promocionarse laboralmente siempre la va a tener el inútil del parado, una mezcla de vago, temprano-ocioso, desertor laboral, descalificado profesional. psicodepresivo, pre suicida conformando con todo esto un perfil molesto para la sociedad establecida. Sin darse cuenta el técnico toma al parado por un tipo  no dispuesto a ser productivo para la sociedad ignorando que en la condición de desalariado (palabra más afortunada que la anterior) proporciona una enorme cantidad de tiempo libre para hacer lo que como empleado no tiene tiempo nunca de hacer. Comparémoselo al jubilado que tras su jubilación entra realmente por primera vez en su vida en una época de júbilo en la que puede vivir ociosamente sin sentir vergüenza por ello o dedicarse a restaurar viejas aficiones o hobbies que tuvo que abandonar para cumplir con su contrato laboral a pesar de los disgustos que le ocasionara. Claro está que el estado no puede asumir toda esa bolsa creciente de subsidiados simplemente porque no quieren tomar los trabajos que el mercado laboral ofrece. Corregiré eso ultimo. El estado sí puede dedicar una parte de su pib a esa bolsa de nuevos indigentes que prefieren un subsidio de maintenance y vivir como les apetece que no multiplicarlo por 10 como empleados y vivir biografías frustrantes. El presupuesto lo puede soportar siempre y cuando sea una mayoría que siga prefiriendo ser población activa aunque dedique su actividad a profesiones que no andan tan bien tras zanahorias no tan hermosas. Desde el punto de vista del reinsertador el desalariado  es subjetivamente nefasto: o es un enfermo o es un perverso. Hay una tercera posibilidad, ser un disidente con las ideas claras según las cuales no quiere volver a pasar por las experiencias de empleado alienado. El desalariado crónico difícilmente es recuperable. Se ha acostumbrado a vivir bajo mínimos. Todo lo que puede hacer el técnico en reinserción es asistir a ese fenómeno y reinterpretarlo con otras pautas. No es con su rol que va a reeducar el del otro sino el otro con el que suyo que puede reeducar al de este. En última instancia los dos se deben mutuamente su función. El uno por estar fuera de la economía productiva ingresa la categoría de la sospecha que necesita ser supervisada por alguien. El otro como agente de control del anterior cuyo puesto de trabajo no existiría sin la marginalidad de aquel. Claro que esto mismo se puede decir de la dialéctica del policía y del delincuente, o del agente de tráfico y del conductor infractor.

 Una enorme cantidad de empleos tampoco son directamente productivos. De hecho todas las funciones de control que unos humanos ejercen sobre los demás no lo son. No generan directamente riqueza sino que tratan de rescatar la fuerza de trabajo ausente de fábricas y puestos productivos para que la generen.

Los grandes ejes para resolver  las oscilaciones de una población activa y la falta de alternativas para la parte de ella que pasa a ser, ilegítimamente, pasiva; por tanto la no-senil, la no-infantil o no-juvenil de primer tramo; dependen de los grandes resortes del poder. Elecciones importantes por un lado como no sostener empresas deficitarias han enviado al paro y a la miseria a familias por no contar con perfiles profesionales autónomos o trabajadores mas evolucionados para adaptarse a las nuevas situaciones.

Pedro Ferreras[1], expresó la deseabilidad para que no el 2000 en España no hubiera sector público.  Afirmando que para entonces no habría empresas públicas deficitarias, salvo Hunosa. El mercado quedaría  liberalizado pero con una total falta costumbre sobre la libre competencia. No deja de ser curioso que en lo económico el sistema social promueva el máximo de libertad cuando en lo político e ideológico la restrinja todo lo que puede. Lo que viene demostrando el libre mercado es el intento repetidamente frustrado de la racionalización del caos. Trasladada su ideología a escala doméstica, seria no saber nunca quien va a guisar o qué se va a comer: el frigorífico seria inaccesible lo mismo que la despensa, habría mucho de unas cosas y nada de otras, unas veces se cenaría con agua y otras con vinho verde sin tener nunca la menor planificación de nada.

No todo el mundo tiene la suerte de ser John Naisbitt[2] para salir del paso y enfrentar su cartera de gastos claro que él conoce los entresijos de la economía y facilita las claves para moverse en el mercado. Eso es lo realmente sorprendente que a la suma de actos para vivir se les haya cargado de tanta complicación que el individuo libre no está contemplado sino paga su libertad convirtiéndose en asalariado en contra de su ética, convicciones e incluso curriculum profesional, si es preciso. La licenciada universitaria que trabaja de fregona o de taxista puede dar la imagen de alguien muy valiente que para sobrevivir es capaz de hacer lo que sea por tener un temperamento de luchadora nata, pero también es la imagen patética de una sociedad incapaz de organizar sus recursos. Si no lo viene haciendo con el medio natural desde hace siglos ¿por qué iba a hacerlo con las personas?

El territorio Euro  así como otros territorios multi-estados de moneda única como el  franco Cefa no han venido a resolver la cuestión del paro. Wolfgang Schäuble[3], sostuvo que solo con un banco emisor independiente el euro podía despertar confianza. Lo cierto es que no ha parado de consolidarse pero a la vez a costa de incrementar el nivel de vida y de condenar a una población que no ha sabido seguir el ritmo de los precios a una mayor exigüidad. Hoy en dia se puede ser mas pobre teniendo más dinero en el banco.

 El desalariado crónico que sobrevive a su condición puede hacerlo en cuanto se auto resignifique como contributor a la colectividad humana desde otros focos de creatividad aunque no estén contemplados por la economía ni estatal ni mundial. El objetivo es vivir con el máximo de placer y felicidad, no el de demostrar una obediencia personal para planes de trabajo del sistema carentes de coherencia, y, a menudo, de ética. El parásito, asi tratado, pero objetor laboral en resumen, que asi se considere, puede terminar, paradójicamente, haciendo mas cosas, viviendo más, disfrutando mas. Que el asalariado cuyo agotamiento físico y su falta de tiempo le impide todo eso, consolidando una pobreza de espíritu  inaceptable. Evidentemente el sujeto subsidiado vive tanto peor su subsidio cuanto menos comprenda las razones que le han abocado a él, sintiéndose en permanente deuda con el estado y –por extensión- con la sociedad. Basta que cambie de chip: todo dinero dedicado a los subsidios no será dedicado a las armas destructivas. En el fondo sin hacer nada, perdón, sin trabajar para nadie, está haciendo mucho por los demás.

La población pasiva no para de renovarse con distintas categorías y subcategorías. A menudo la prensa recoge las protestas por las pagas misérrimas de no pocos de sus sectores, en particular las pensiones de viudedad, pero también los estudiantes becarios pueden protestar por la poca cantidad de las suyas. Conviene no olvidar que el estado es el gran financiero a partir de los presupuestos que dispone a partir de los impuestos con los que se grava a la sociedad, es decir a su población activa y asalariada. Dentro de sus cálculos está el de neutralizar sectores potencialmente disturrbadores por quedar marginados del proceso de enriquecimiento. Un subsidio resignificado es la paga con la que se tapa la boca a un marginado que `puede constituirse en disidente y lo que es peor en un resentido activo en contra del sistema. La solidaridad entregada por este concepto no es más que un eufemismo, es una inversión humanista sí pero también política. La sociedad peligrosa vería aumentar sus peligros si la población exclusa no tuviera acceso a una cierta cantidad de servicios gratuitos y pudiera disponer de un poder adquisitivo por mínimo que siga siendo.

 



[1] presidente de la SEPI. Abogado del Estado.Responsable del proceso de extinción del grupo público.

[2] Nombrado doctor Honoris Causa en 12 ocasiones. Miembro invitado del cjo de dirección de la Uni de Harvard y Profesor invitado en la Universidad Pública de Moscú.Miembro distinguido del ISIS (instituto  de estudios estratégicos internacionales) en Malasia. Asesor de los principales jefes de estado, así como de las empresas líderes a nivel mundial.  Promocionado por  y ESIC (Esc.Sup.de Gestión  comercial y márketing) su nombre y prestigio era usado para una convocatoria pública con entrada (4,5h=95mil pts) (Madrid,junio 1998) ofreciendo alta tecnología y la atención personalizada para garantizar la prosperidad de la empresa de sus consultantes.

[3] presidente de la fracción parlamentaria Unión Democrata Cristiana CDU y la Unión Social Cristiana CSU.Estratega del partido que dirigente Helmut Kohl.

Reconsideració de la propiedad privada

Escrito por jesusricartmorera 13-01-2009 en General. Comentarios (0)

 

Me eduqué (educaron o influyeron) con la tesis de compartir las propiedades y, por extensión, compartirlo todo. La propiedad privada era uno de los nombres de los grandes errores históricos. Los humanos se habían saqueado los unos a los otros para apropiarse de territorios y repartirse el botín de cada batalla vencedora. Aprendí que la historia de la humanidad era la de una sola guerra con innumerables e interminables batallas  para estar siempre re-empezando por las destrucciones acumuladas. Con la sociedad contemporánea, más conocida e historiada, la propiedad privada se convirtió en el objetivo codiciado de todo adulto. Alguna gente nacía heredando inmensas fortunas por obra y gracia de los derechos de transmisión patrimonial. La humanidad entera pasó a dividirse entre los poseedores de cosas y los no poseedores de nada. Esa división somera era más poética que real: los desposeídos de la tierra de unas décadas atrás son los flamantes nuevos propietarios de ahora. El plan existencial de la inmensa mayoría de europeos pasa por largas hipotecas con las que asegurar su presencia en cuchitriles que no alcanzan los 100 metros cuadrados. A fuerza de perseguir tener lo propio, desde el punto de vista de cada biografía la tesis de la socialización de los medios de producción quedaba un tanto desacreditada y en todo caso en contradicción con el modo de vivir particular. El socialismo teórico tiene un gran problema que no ha resuelto: pretender la sociedad sin clases en un tipo de ser humano que es instintualmente posesivo y biográficamente codicioso. Quien tiene remanentes de dinero no los emplea -no suele hacerlo-  para repartírselos con los pobres  sino que los acumula para incrementar su beneficio, su ámbito patrimonial y su mayor poder financiero. El dios-dinero es el único dios común  al que rinden culto las feligresías de todas las demás religiones.

La lucha por la materialidad de las cosas, tanto para su realización con las propias manos como por su adquisición mediante el trueque, la compra o la recuperación, proporciona un estatuto determinado de recursos. No todas las personas tienen las mismas necesidades ni las mismas capacidades para cubrir las que tengan, sean las que fueren. El principio de diversidad y no el de igualdad es el primero que se constata en la naturaleza y, obviamente, también en la humana. Nos encontramos con un panorama fundamental de factores: los recursos potenciales que proporciona el hábitat y las prestancias subjetivas para explotarlos o acondicionarlos. En cuanto a los recursos, estos se extienden a todas las posibilidades de negocios, tratos y trueques que permiten desarrollar el colectivo humano; en cuanto a los medios personales estos dependen de la autogestión, el esfuerzo o el trabajo empleado para modificar las circunstancias. En todos los grupos humanos compuestos de miembros que partan de unas condiciones iniciales similares a muy corto plazo se distinguen los perfiles de unos y de otros por lo que hace a la consecución de sus metas o a sus ritmos de rendimiento. La desigualación es un proceso vivo continuo más natural que el de al uniformización aunque otra cosa es que se pretenda que todo un grupo alcance unos mínimos comunes o que los grupos humanos consensuen formas de vida compartidas. Esos acuerdos o criterios de igualación no pueden ocultar el hecho mismo de la desigualación. Dicho así parece que el clasismo quedaría siempre justificado y que el poder de unos sobre los otros sería lo más legítimo. Nada de eso. Una observación es la desigualación continua, que es solo una manera de denominar la idiosincrasia y las diferencias interpersonales y otra distinta e convertirla en el pretexto para el sojuzgamiento de los más débiles o indefensos por los más fuertes y armados.

La propiedad privada es la denominación mas precisa del fenómeno resultante de la acumulación patrimonial a la que tiende, en principio todo ser humano, incluidos aquellos que hemos participado de una elaboración critica contra los apropiacionismos de cosas de todos por unos. La literatura filo socialista nos ha mantenido embobados durante más de un siglo planteando la socialización de los medios de producción social como la panacea contra el sistema capitalista sin entrar en el análisis psicosocial de la cuestión al no reelaborar el mismo concepto de posesión de las cosas y ni siquiera el sentido de la propiedad jurídica de las mismas. Poéticamente es muy encomiable plantearse el reparto de los excesos que tiene una persona, una familia, un colectivo, una aldea, con la falta de ellos que tiene otra. El asunto se complica cuando el que da lo que le sobra advierte que el que lo recibe no presta sus esfuerzos para vivir más cómodamente adquiriendo la fea costumbre de recibir pero no de dar. Podriamos diseñar un experimento en el que un grupo de n personas partiera de los mismos recursos de partida: el mismo talonario  o tarjeta de crédito con los mismos fondos y un periodo de tiempo preasignado para vivir con ello y tratar de garantizar su futuro subsiguiente. El diseño podria enriquecerse algo más acotando los objetivos. Uno, podría ser, doblar el capital inicial asegurando el auto mantenimiento de calidad en el proceso; otro, podría plantear minimizar los gastos subsistenciales sin reducir los goces y un tercero incluso podría medir conseguir el mayor numero de experiencias al menor coste. En esos tres bloques de la experiencia los sujetos experimentales se desmarcarían los unos de los otros en función de sus inquietudes personales y de sus ópticas personales ante la vida. Habría desde quien gastaría todo su capital sin reponerlo, (podria ser tratado dentro de la categoría de los dilapidadores) a quien se privaría de los goces mas elementales para multiplicar por 2, por 3 o por 10 el capital inicial, pasando por distintas formas de gestión de esos recursos. Para la óptica más capitalista malbaratar unos recursos sin reponerlos seria injustificable, para la óptica más existencialista quedarse a cero a cambio del disfrute sería lo único verdaderamente a contar. Detrás de esa doble óptica se encierran los distintos modelos personales de vida. Por mucho dinero que se tenga a uno no le crecen más piernas o alas para ir a más sitios. El don de ubicuidad no se pude comprar. Por muy poco dinero que uno tena no deja de gozar con las formas elementales de supervivencia o con sus relaciones copulares con los demás.

Según organice su tiempo una persona transformará su  espacio más inmediato. Sus medios son sus manos y su tiempo antes que el dinero o la financiación. Otra persona preferirá dejar pasar los días, los meses y los años mientras ve que la gotera de su techo se va engrandeciendo sin hacer nada para ello. Conocí una vez a un hombre en el Montenegro recién independizado con una bonita casa y una impresionante gotera en el centro de su comedor. Cocía patatas por todo alimento y era muy feliz. Comerlas era toda una proeza en medio de la cortina de agua. Estaba en su perfecto derecho de vivir así, otra persona no habría aguantado esta situación más de dos días y habría priorizado la reparación del edificio si quería continuar viviendo en él muchos más años. Hay quien tiene por objetivo una tienda de campaña, un tipi o una casita con una tejada de paja y hay quien tiene en su desiderátum poseer un castillo. El hecho de que uno se mantenga en un espacio y el otro en el otro no significa que el primero sea el desgraciado y el segundo el agraciado sino que uno ha auto limitado sus fuentes de inspiración y de energia y el otro las ha, tal vez, extralimitado. La dialéctica del rico y del pobre es más compleja que la del malo y la del bueno en una clasificación tan simplista que no merece ser reflexionada. La calidad de vida no la determina directamente las grandes posesiones. Sé de gente que ha cerrado varias de las habitaciones que disponía por no ser necesarias para su uso personal quedándose con la parte menor de su casa, otra que ha cambiado de domicilio dejando una casa por un pequeño apartamento más fácil de ordenar, mantener y pagar. Ni siquiera la excelencia personal se puede medir por el número de metros cuadrados de los que se dispone en régimen de propiedad.  La propiedad es el valor al que más importancia se le concede. Cualquiera que tenga algo de dinero sabe que lo vera incrementar más comprando una propiedad, por los factores especulativos concurrentes, que no teniendo el dinero congelado en cuentas bancarias. En cierta manera cada cual pone sus propios límites: hay habitantes de barracas y habitantes de palacios, aunque la pobreza y la riqueza se deben a procesos terriblemente injustos no se puede ignorar que hay algo de la elección personal en formar parte de un campo de juego o de otro. Me consta que hay gente muy rica que vive muy mal y muy poco en el sentido de la implicación intensiva. En las casas más ricas se puede comer también la comida más pobre.  Volvamos a nuestro grupo experimental. Se ha de pensar que en las condiciones de partida ningún sujeto es igual a otro por mucho que sus variables posibilistas sean controladas y todos dispongan delas misma opción con una cartera de gastos. Se pueden unificar muchos factores pero las distintas inteligencias y sensibilidades producirán conductas completamente distintas. Habrá quien se verá empujado por sus prisas y necesitará llegar antes que nadie al mejor de los récords, habrá quien priorizará el contacto humano y no dejará de pararse en cada paso cebra haciendo ostentación de ir tranquilamente por la vida. El bloque de tipo A no tiene porque concordar con todas las personalidades. No toda la gente está dispuesta a doblar continuamente su capital y encadenarse a ese propósito el resto de su vida olvidando que el dinero es solo un medio y no el fin. En el bloque B habrá quien demostrará que con el mínimo dinero conseguirá las mismas obtenciones que los del bloque anterior gastando el capital inicial. En el bloque C se demostrará haber conseguido el máximo de experiencias aunque alcanzando la bancarrota total. No es tan fácil demostrar que una forma sea mejor que las otras dos, ya que cada una responde a tipologías de personalidad distintas. Hay culturas acostumbradas a levantarse por la mañana y a mantener una vida parasitaria en torno a sus casas sin hacer algo útil tanto para la mejora de estas como para la calidad de la misma comunicación es sus tertulias. Puede ser la imagen de la desidia, pero ¡cuidado! también puede ser la del ocio y la de la felicidad filosófica, habría que acercarse mas de lo que permite la mirada distante para asegurarnos de que es lo uno o lo otro. Los mejores pensadores no han necesitado los mejores palacios para desarrollar sus líneas de reflexión. En cuanto al posesionario de máximos territorios, con harenes, con ejércitos, con palacios, con medios de todo tipo, su felicidad es mucho más discutible por el infinito número de tensiones que la autoprotección de su vida le genera. El objetivo de la vida no es el de entrar en un desarrollismo irrefrenable y ver incrementar el patrimonio anualmente lo mismo que los estados miden su progreso viendo el incremento del pib de un año para otro. Si hay algún objetivo es el de estar por encima de las posesiones materiales y poseerse al uno-mismo. Algo difícil de entender para quienes tienen un objetivo cardinal en sus vidas: triunfar en lo material, entendiendo por triunfo la acumulación de bienes y el ingreso continuo de beneficios. Las grandes fortunas se hicieron casi siempre de formas fraudulentas y sospechosas. La extensión del patrimonio privado mas allá de una o dos casas necesarias para vivir esconden especuladores y materialistas de la peor calaña aunque pasen por vecinos sensatos porque han comprado un bloque entero de apartamentos que van a poner en régimen de alquiler o venta. La sociedad capitalista es la que tiene la moral mas consolidada para disculpar las formas menos éticas de beneficio. Desde su misma estructura se alicientan, aunque sean ilegales, los negocios mas terribles como venta de armas o de drogas. En la perspectiva del posesionario de riquezas, el llanto de un heredero sería  una risa disfrazada según dijo Pablo Sanz. La propiedad privada tiene ese punto en el que institucionaliza el egoísmo maximizándolo, algo completamente distinto a la lucha concurrencia por una mejor vida de calidad. Ni siquiera el autor de el capital al que consagró su vida elaborativa como eje central (London 1849-83) pudo resolver una sociedad con una perspectiva de propiedad comunal para todos los habitantes. En zonas agrarias, como en Chiapas,  donde los medios de producción son de la colectividad: los caballos o los campos de maíz, la casa particular sigue siendo de uso  privado en un contexto cultural más individualista y reservado que no compartido y extrovertido.

Desde el punto de vista de las formaciones continuistas de un marxismo ya rancio la discusión fundamental en boga es en términos políticos, la consideración ideológica y aun menos psicosociológica es escasa por no decir nula. Antonio Elorza[1]  ha descrito a  España en un fenómeno justo a la inversa de la situación francesa: un centro izquierda –suponiendo que a la socialdemocracia se la pueda denominar así- sociológicamente mayoritario se traduce en una clara inferioridad en la distribución del poder político en España. No solo en esa distribución, también por lo que hace a grandes fortunas y a influencias en el cuerpo militar.

Mientras los profesionales de la política, también desde la oposición e incluso desde el ideologismo supuestamente más radical, hacen sus campañas sus vidas privadas ven incrementadas, tal vez a su pesar, sus patrimonios personales, nominalmente privatizadas. De tarde en tarde algún camarada que fallece deja su patrimonio a sus compañeros de partido, tal como hiciera un aristócrata de un partido izquierdista en Gran Bretaña, pero por lo general son las pautas patrimoniales de la sociedad burguesa las que rigen en todas partes, incluso en los ideológicamente más comunistas o que así se siguen reclamando de ese substantivo. En cada lugar del mundo cada persona se debería replantear su relación con la propiedad privada, repasando el concepto y enmarcándolo dentro de su relación con el espacio público y colectivo. Lo que explica la necesidad psicológica de la propiedad privada es la necesidad de tener un espacio soberano que se pueda gestionar y del que nadie te pueda echar o decir que hacer. Lo que explicar su necesidad patrimonial es el segurizante material para el futuro y en particular para las décadas físicamente más decadentes o menos útiles para la actividad laboral. Lo que explica su compra y su hipoteca es también la categoría a nivel de principal tenencia dentro de la ideología del consumismo.  De hecho se puede/se podría vivir toda una vida sin gozar de una propiedad privada y no verse sujeto a ella. Un ancla que mantiene el barco amarrado en el mismo puerto o en muy pocos puertos durante toda una existencia. En mi biografía he demorado el máximo posible entrar en esa dialéctica de comprador de una propiedad privada, si tengo alguna es porque fue el resultado de un regalo (una herencia). Me temo que en el futuro si compro alguna propiedad me creará dificultades para las que no sé si tengo toda la energia de enfrentarlas. ¿Por qué no vivir una vida saltando de un país a otro y de una residencia a otro sin tener que pasar por la compra? Evidentemente se puede hacer pero eso te tiene siempre en el déficit permanente que impide llevar a término un proyecto en toda su profundidad, la propiedad es, en cambio, lo que te permite desarrollarlo al máximo.  La propiedad privada y en la categoría especifica o clasista de no pocas queda justificada por dos razones: una, porque concreta los resultados de unos esfuerzos dedicados a su construcción u obtención y dos, es porque permite constituirse en el propio cuartel del reposo y de otras acumulaciones que se hacen en la vida, también el lugar donde crear un modelo de vida lo más paradisiaco posible. Claro que muchas pequeñas propiedades se estandarizan tanto vertebradas en torno a mínimos que no tienen nada que ver con una idea de paraíso.



[1] catedrático de pensamiento político en la UCM.

Trabajo manual y trabajo intelectual

Escrito por jesusricartmorera 13-01-2009 en General. Comentarios (0)

 

Hay una especie de enemistad latente entre el trabajo manual y el intelectual. En el marco de una fábrica el uno es el que está en las naves de las máquinas de producción y en los talleres, el otro es el que está en las oficinas o despachos de planificación y dirección. En la lucha sindicalista tradicional se había creído que el sector de oficinas era el más refractario a comprometerse con las reivindicaciones salariales y de otro tipo de la mano de obra. Desde el punto de vista de la patronal, tener a sus asalariados divididos a veces por puras cuestiones formales era una ventaja. La verdad económica es que no necesariamente todos los empleados de oficina cobraban  más que los obreros manuales  de fábrica, aunque unos pudieran parecer mejor pagados. A menudo el salario era mayor en los trabajadores de fábrica ya que estos se acogían a horarios más largos o a primas de producción algo que no permitía hacer tanto el horario de oficina. Lo cierto es que la tradición de separar los unos de los otros se ha repetido incesantemente. Los trabajadores de cuellos blancos, que así se les llamó con una denominación que no sé si hizo mucha fortuna pero sí fue bastante discriminatorio, parecían saber más. Al menos empleaban las calculadoras o hacían los planos de las piezas a ejecutar por los otros, los de taller. Una cierta tensión entre los unos y los otros se daba a partir de la mayor aproximación incluso física de las oficinas a la gerencia y de las funciones de control desde estas del trabajo de los otros. Finalmente el calculador de primas de producción, de las fichas horarias de entradas y salidas,  mucho más de los tiempos de trabajo por unidades de producción, cronómetro en mano, no se granjeaba demasiadas simpatías. El simple listero de obra era ya un personaje anexo a la situación, alguien fuera de ella, que controlaba asistencias sin participar directamente en el esfuerzo productivo. La clase obrera mas manualista fue desarrollando sus trabajos por un lado y los planificadores los suyos sin que tuvieran mucho contacto a pesar de la estrecha relación en un plan global de coordinación y realizaciones.

Fuera del estrecho recinto de una fábrica el mundo ha ido evolucionando de tal manera que el trabajador manual directamente productivo ha ido a menos numéricamente mientras que el trabajador especializado en el sector de servicios ha ido a más. Es decir con un menor volumen de personas se consigue un mayor volumen de producción con la que abastecer a la población general.

Para el obrero manual alguien que ocupa su tiempo en trabajos no directamente productivos puede ser igual a alguien que no trabaja. Esa presunción se extiende no solo al trabajo intelectual sino también a la actividad artística. Se puede inferir que quien no entiende otros trabajos distintos al propio puede creer que no son verdaderos trabajos. El trabajador intelectual que se pasa  todo un horario de empleo en internet o con el ordenador puede ser tomado como alguien cuyas tareas son sospechosas porque no trabaja en maquinas contundentes que produzcan cualquier clase de productos como churros.

Siempre hubo necesidad de personas dedicadas a la planificación y que estaban más tiempo al teléfono o reunidos (con ese famoso participio pasado de verbo ligado a los ejecutivos o directivos) que no revisando las cosas en las líneas de producción. Por tanto, la intervención intelectual es desde mucho antes de la era digital, en esta todo lo que ocurre es una mayor evidencia  de su necesidad y de su tecnología sofisticada.

Pero hay un tipo particular de intervención intelectual en el campo de la teoría que está muy lejos de ser la propiciatoria de planificaciones concretas de ejecución del trabajo físico. Se mantiene dentro de una disertación elaborativa desde la que se revisa todo, incluyendo las necesidades fabriles, los trabajos concretos tal como se realizan, las producciones que se hacen masivamente y la misma necesidad de una clase obrera así como de un consumismo multitudinario de todo lo que ofrecen los almacenes. Es el punto de mayor  disociación entre una actividad y otra. Cuando alguien trabaja siguiendo ritmos, horarios e inercias que no cuestiona, una generación tras otra por no decir un siglo tras otro no solo esta metido en una actividad distinta a la intelectual sino que puede ser antagónico con esta, cuando desde el plano de la reflexión se impugnan conductas productivas por ancestrales que sean. El problema del trabajo teórico es que puede impugnar la necesidad de otros trabajos prácticos. De hecho el trabajo teórico es el mas esencial de todos porque substancia todos los demás. Está por encima de ellos, relativizándolos dentro de un plan general de necesidades lógicas. Muchas formas de trabajar son incorrectas con efectos dañinos tanto para los trabajadores como para los consumidores porque no son revisadas. El sindicalismo más pactista  ha demostrado  ser un movimiento de mejoras salariales y laborales sin plantearse serlo en una proyecto de reculturización de la existencia social y colectiva. Es desde la teoría desde donde se pueden elaborar ideas que evitan hacer trabajos además de corregir las formas ejecutivas de otros y seguramente proponer otros por hacer que antes no se han pensado. El trabajo intelectual conecta con la inteligencia mientras que el físico conecta más con la urgencia para satisfacer necesidades. He leído una falsa definición de felicidad como la máxima satisfacción de necesidades. No creo en eso. La felicidad pasa por la comprensión de los registros de vida: desde las necesidades  y carencias a los excesos de consumos y experiencias.

Para e hinduismo el aire contiene cierta cantidad de fuerza esencial que es el prana. Para la mayoría de vivientes el aire siempre es el mismo y sea cual sea la posición al respirarlo se obtiene el mismo resultado. La teoría se puede comparar a ese prana: algo que está latente en el ambiente pero que no todo el mundo alcanza mientras este sumido en el acto mecánico de la inspiración-expiración.

No todos los trabajos intelectuales conducen a puertos seguros ni todas las proposiciones revestidas de altas argumentaciones son de aplicación práctica o sirven para cambiar conductas humanas. El trabajo intelectual tampoco precisa de un alto coeficiente o disposición subjetiva para la elaboración. Basta(ría) elegir esa opción de trabajo y ser consecuente con ella metodológicamente. Robert Plomin[1] localizó un gen en el brazo largo del cromosoma 6 que presentaba cierta versión  en el 50% en los niños con alto IQ. Parecía corroborar la tesis de que en la inteligencia están implicados varios genes. Eso no significa que el trabajo intelectual dependa de los genios tanto como de las personas esforzadas y metódicas y formadas dedicadas a ellos.

 



[1]Del  Inst.de Psiquiatría .London

En la esquizotimia

Escrito por jesusricartmorera 11-01-2009 en General. Comentarios (0)

 

En el mundo de la esquizotimia: ventrilocuidades, multinicks y otros altoparlantes.

En el mundo de la esquizotimia la invitación a la  escisión de personalidad es lo menos que puede suceder. Las dobles respuestas no son el resultado de un desajuste del aparato psíquico por causas neurológicas sino por el mismo doble registro de los acontecimientos. No se puede decir siempre lo mismo o actuar siempre igual no importando las circunstancias, lugares o interlocutores. El discurso propio, como todo, es algo que se adapta a los momentos. Remite a tácticas de encuentro. Este criterio tiene mala prensa pero la honestidad exige reconocerlo como lo más extendido.  La inmutabilidad de la idea es la idea menos sensata que existe. Su adaptabilidad al medio sin embargo pone a prueba la firmeza referencial de quien la ostenta. La misma elaboración del discurso no pasa por una vía única. La adhesión a una posición no significa estar en contra de todo lo que los adeptos a esta posición acarrean. Elegir una acción, un país, un idioma, un espectáculo no implica oponerse a otras acciones, países o espectáculos. Comprometerse con una persona para uan convivencia binomial no impide el deseo de otros placeres e intimidades. El deseo por algo o por alguien no impide su extensión a otros campos. En un universo estimulario lo menos que puede surgir es la voluptuosidad. En cuanto a la personalidad, su firmeza no se mide por la rigidez de sus predicados sino por el cumplimiento con sus compromisos. Personalidad y discurso son campos distintos. La elaboración discursiva varía de acuerdo con el pensamiento. El análisis sobre un tema dado va enriqueciéndose conforme se va ampliando la información del mismo y con la aportación de otras lecturas ad hoc y fuentes de discusión. Técnicamente la autoría de un texto solo comprometería al autor para la duración de la coyuntura con la que está relacionado este texto. Si embargo el texto prevalece e su hornada inicial y el autor ha seguido evolucionando con sus ideas y ampliando sus miras. Un texto, como un hijo, tiene la marca de su paternidad y vincula a su autor. Pretender que lo vincule eternamente es otro asunto. Lo cierto es que los textos escritos dados por éditos en el momento de ser terminados pueden ser y son, de hecho, ampliados con otros textos reversionados sobre los mismos temas. Por eso cada vez que se afirma tal persona o autor sostiene tal cosa (tomando por referencia unos de sus textos escritos a una cierta distancia temporal, medible en años o décadas, pero también en meses) se está cometiendo una imprudencia descriptiva. Habría que decir que tal autor sostenía tal opinión sobre tal punto en tal momento. La ausencia de la precisión de esas coordenadas lleva a no pocas confusiones.

La autoría discursiva en si misma genera una dinámica de expresiones múltiples. Elaborar es en realidad auto preguntarse y auto responderse hasta donde es posible sobre muchos elementos. Metafóricamente el autor hace de ventrílocuo con su alter ego, ese muñeco que maneja con las manos, o hace de ese personaje de ficción que le brota una segunda cabeza al lado de la original que emite opiniones distintas a ésta.  La libertad expresiva pasa por auto discutirse en un umbral de dilación mientras no se tengan conclusiones teóricas o propuestas que enunciar.

El  leguaje periodístico con enunciados simplificados no entra en filosofías de la sutilidad y busca responsables de actos o autores de declaraciones rotundas (en las que los relativos y las frases compuestas no son esgrimidas). Tal personaje de la galería de la fama ha dicho tal cosa. Tal otro ha terminado tal película. La cultura se puebla de dimes y diretes sobre las proezas o bajezas que hacen los demás sin ir al trasfondo de las cosas.  Por ahora los cometarios envasados de la superficialidad es lo que se lleva más atención, más espacio y más dividendos. Para que un texto funcione e el sentido intelectual hay que preguntar segundos y terceros porqués a las preguntas de partida. Margarita Riviére[1] periodista renombrada con mucho caudal de entrevistas en su haber  con  personajes de todo el mundo. En tanto que  entrevistadora especializada había declarado que lo que más había  aprendido en su vida fue a partir de lo proporcionado en estas charlas con los demás. Lo que más destila  un saber no son lecturas de textos monocordes con debates tópicos llenos de premuras para alcanzar un sí o un no ante una cuestión dada, sino la profundidad que se mueve entre atenuantes y elementos discursivos. En el balance de una lectura o de un encuentro con alguien lo que más queda en cuanto a cómputo de saber es su dialéctica discursiva más que su posición a favor o en contra de lo que sea.

Me tocó vivir algunas actitudes maníacas por lo que hacia a formas verbales de palabras concretas. Un tipo de partidismo se distinguía de otro por el uso dominante de unas palabras más que por conceptos diametralmente diferentes. Todavía los clubes se diferencian entre sí por sus iconos y sus lenguajes muy concretos, también lo hacen las pandillas y los grupos de correligionarios.

Lo importante del discurso es la capacidad de enunciados de quien discursea y no tanto el encuadre desde el que lo hace, ni siquiera el nombre con el que se expresa. Tradicionalmente en la literatura el recurso al pseudónimo permitió que las cosas a decir fueran dichas, desde  la relativa calma de la seguridad que este ofrecía, aquello que no se hubiera dicho con el nombre real. Algunos pseudónimos pasaron a convertirse e verdaderos heterónimos desde los que decir con otros nombres referenciales y constantes lo que no se podía decir con el propio. Aún ahora, con todas las democracias en curso y sus supuestas garantías (la democracia total sigue siendo una ficción) se acude a segundos o múltiples nombres para discursear sobre lo que sea. En las plataformas escritas lo mismo que en las coincidencias orales lo prioritario no es quien dice algo sino el valor de ese algo. Bien es cierto que en algunos coloquios y espacios cuando alguien toma la palabra puede decir como se llama y hacer una breve auto presentación antes de hacer su intervención, lo mismo que el ponente hizo otro tato de si mismo. Pero tan pronto eso tiene una palabra de mas lo que es una diferencia puede ser tomado como un abuso de tiempo de consumo. Lo importante del dicente es su decir no si fue cumlaudeado por tal o cual universidad. Pronto este decir queda puesto a prueba como interesante o no interesante. En las formas del decir cada hablante se destaca o no en su saber. Según el espacio hará con su altoparlate una oratoria mitinesca o una reposada, una intervención breve o una larga. En los foros digitales no se hasta que punto el recurso a los multinicks es u fenómeno más o menos extendido. Intuyo que ningún internauta usa un solo nick y ha probado o prueba con varios lo mismo que usa o ha usado mas de un login para sus  distintos emails o puede tener más de un título para sus distintos blocks. Un nick, en principio es solo un referente vinculado a unos temas que le competen o en los que se especializa, también con unas formas de hablar. Eso es lo que vale y no tanto el nombre. La categoría nominal no garantiza gran cosa. Autores de categoría pública que se han podido distinguir con  unos títulos no están a la altura de ellos en los posteriores. También hay autores que han sido proyectados a la fama por algunos títulos con los que se identifican menos que con otros por los que no han sido tan considerados.

El castigo dentro de un mismo espacio a los usuarios de multinicks probablemente más que ayudar a la expresion ordenada puede ir en contra de su libertad. Por otra parte (preguntas para el/los administrador/es de Periodista Digital ¿Qué sentido tiene bloquear el nick antiguo si se encuentra su duplicidad con uno posterior? ¿No seria mas lógico hacerlo al revés?). Un nick no tiene más valor que el que tiene anunciar el tipo de temas a los que se dedica la persona que hay detrás usándolo. Pessoa y sus heterónimos podria hablar, tal vez, de la multipersonalidad elaborativa remitiendo a la diversidad de campos temáticos y de registros. Un autor con dos o más nicks no hace más que poner a prueba la lectura atenta. Sus redacciones incluirán detalles autoidentitarios además de los lapsus inherentes que lo descubrirán. No pasa nada. Un autor es solo un canal para un texto. El texto que necesita validarse por un nombre de autor es que no es un texto con valor propio.

 

 



[1] colaboradora de El periódico y de La Vanguardia.