FLUENCIA TRANSCULTURAL

Libertad de protesta.

Escrito por jesusricartmorera 19-03-2009 en General. Comentarios (0)

libertad de protesta y la protesta que la restringejesusricart@hotmail.com

Dentro de las libertades democráticas está incuestionablemente la de protesta. Esta se ejerce con distintos derechos (por lo  general con paros y huelgas en el trabajo y manifestaciones públicas en la calle, también con ocupaciones todo ello acompañado de cartelismos y eslóganes) que vienen formado parte del crecimiento maduro de una sociedad. La madurez social es la que admite las actitudes diferentes tratadas civilizadamente. Es así que los protestatarios por un tema a cambio de reconocérsele su protesta tendrán que admitir el derecho a otra, a su debido turno, con la que no se identifiquen en lo más mínimo.

La protesta ha  ido evolucionando -en los países que la permiten- hacia formas de espectáculo social que cumplen más una función de testimonio identitario que no de presión efectiva. Sí, sí, es verdad que grandes protestas han hecho dimitir gobiernos o jefazos políticos o los han hecho tambalear, también ha conseguido la readmisión de despedidos o la liberación de detenidos. Puntualmente las protestas más radicales han desencadenado tomas de poder y cuadros revolucionarios catapultado tomas de poder para reorientaciones históricas. Es posible que en el imaginario socio evolucionista se siga creyendo en que a base de sumar protestas la sociedad se va concienciando y participando de ellas hasta que un día una huelga nacional acabe con formas caducas de existencia social. Esto son palabras más que el sueño de la utopía. En primer lugar hay que distinguir entre los distintos de protestas y categorizar exactamente tanto lo caduco como lo nuevo por nacer.

Los movimientos de contestación social tienen más claro en contra de lo qué están que no a favor de lo que quieren conseguir. Las luchas reivindicativas siguen siendo fundamentalmente reactivas. Las preocupaciones –desde el estudiantado- por el plan Bolonia o por las pérdidas de puestos de trabajo –desde los asalariados- por la crisis financiera, son fundamentalmente reactivas. Lo que distingue una lucha de vanguardia de una reactiva es que aquella mantiene una regularidad de la reivindicación por un modelo alternativo a construir mientras que ésta cae en un berreo ante la paternidad estatal por no hacer lo que se cree que debiera. El principal problema que tiene la lucha reactiva es que si bien nace contra un estado contra quien se pelea es con sus lacayos, los cuales cambiarían de ideología y de bando en el supuesto de que este movimiento los sobornara con dobles  salarios y más pagas extras. Un contrasentido, desde luego, pero todo un gag.

La protesta en si misma tiene toda la lógica. El solo hecho de pensar es ya una forma de protestar si revisa postulados tomados por intocables y los desbanca. La más radical de las protestas no es la que ocupa una sede emblemática de una ciudad o se enfrenta con adoquines o cócteles molotov a la policía sino la que organiza una estrategia para la victoria y consolidar otras formas de hacer la vida. En no pocas luchas se pierde de vista lo que las original para seguir combatiendo por sus efectos, generalmente los represaliados o asesinados en las represalias. Cada vez que la  policía antidisturbios carga brutalmente contra manifestantes que se van de nada se estropea algo más en el panorama de la confiabilidad social. Cada vez que alguien golpea a alguien, sea en el caso de un uniforme con el que ejerce el abuso de autoridad, sea un humano contra otro es que está fallando algo más que la paciencia, es la capacidad de dialogo la que está rota y el raciocinio lo que está en crisis. No es nada nuevo, sabemos que llevado el ser humano a una situación extrema se comporta como lo que nunca ha dejado de ser, una fiera.

La valoración política de la función de la protesta reivindicativa no se puede separar de lo que lleva dentro. Tampoco se puede confundir el grito y la pelea con el  supuesto de un planteamiento maduro. El derecho a la protesta es indispensable para no permitir que la sociedad se duerma en sus imposiciones y en la mentira del discurso único de ellas, pero por otro lado los actos de protesta callejera  pueden imponer situaciones no consensuadas por otros. Si es difícil que llueva al gusto de todos también lo es que las formas de protestar lo sean. La protesta impone situaciones que son encadenadas a imperativos de otras fuerzas para socavarlas. Son lamentables los incides periódicos a lo largo de décadas que se van repitiendo con situaciones parecidas de peleas con daños más o menos severos e irreversibles. La lucha anticapitalista no es pelearse con el tipo uniformado y perder la energía con él, a fin de cuenta un asalariado que vende su comportamiento a quien se lo paga, sino la creación de formas alternativas de vida extraoficial (cooperativismo profesional, vida neo-rural, banca ética, educación, consumos de calidad, manufacturas éticas, supresión de los bienes herenciales…). Eso pasa por construir otros espacios y seguir otros criterios de adaptación y supervivencia más que por estar continuamente declarando el “no estoy de acuerdo”.

Ya hace tiempo que ha sido afirmadlo que no cuenten con nosotros para seguir estropeando este mundo, poblándolo de crecimientos productivos anti ecológicos y de capitales de ambición, pero por otra parte no se ve que nadie cree redes sociales en nuevos territorios en los que ejemplificar un mundo alternativo, probablemente porque ese “nosotros” no es tan compacto, ni unitario, ni seguro. Sí hay un nosotros univoco en la protesta: el de no querer imposiciones que nos une, pero no para construir propuestas. El salto de la protesta a la propuesta no es tan claro. Es más fácil pactar lo primero que lo segundo. La falta de su estrategia hace que las protestas se extingan por dos razones: por la represión que se recibe tan pronto use formas ilegales (el desalojo brutal  de los estudiantes del claustro universitario barcelonés después de 4 meses preanunciado por el rector si había violencia) y por la propia inconsistencia de la lucha que reivindica algo que espera le sea dado en lugar de instaurarlo, perspectiva nada segura si el grado de compromiso solo piensa en términos político-coyunturales y los psicológico-sociales para un diseño de relaciones de futuro más autenticas.

La libertad de protesta tiene por efecto colateral no previsto un fenómeno contrario el de impedir el ejercicio de la libertad de quien no la subscribe. Algo tan simple como lo ocupación de la calle obliga a un itinerario distinto a quien no participa de ello. Los clásicos cortes de carreteras o de transportes públicos en horas punta evidenciaban un malestar pero creaban otro, el de los usuarios que llegaban tarde a sus distintas citas sin ser los responsables directos del malestar anterior.

La protesta no empieza ni acaba en los actos de reivindicación por formas sonoras y contundentes. Lo que hace la pancarta y el grito coreado es trasladar el texto expuesto moderada y discretamente en una prosa, en una revista, en un panfleto. La frase reivindicativa no incorpora mas teoría o argumentación por el hecho de ser coreada como eslogan de lo que hace al ser escrita como artículo. Lo mejor que puede hacer cada cual que cree en un ideario de vida, de relaciones, de sociedad, de saber, es aplicarlo en su ámbito en la medida de sus posibilidades subjetivas. Es importante la contestación social y anecdótica la experiencia de la pelea pero lo que cambia las cosas es también adoptar formas de vida personales consecuentes y trabajar por un mundo mejor por la vía de ser un individuo mejor.

Muchas de las manifestaciones alas que asiste una ciudad moderna es una secuencialidad de grandes individualismos colectivizados; es decir, cada sector, a su turno, protesta por su tema sectorial, siendo ignorado por los otros que a su vez lo serán cuando ejerzan su protesta. Lo que pretende una protesta masiva es presionar por la fuerza a los magnatarios que tienen los resortes para dar las órdenes. No siempre lo consiguen.  Hay tipos que llegan al poder pidiéndoles la dimisión y no lo abandonan hasta 50 años después sin que un solo año no haya protestas exigiendo que se vaya. Esos actos de constatación son tomados como lloriqueos escénicos.

 

La seducción verbal.

Escrito por jesusricartmorera 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

 

 El lenguaje sonoro como conquista de los sentidos.

ruta expositiva

Las palabras como instrumento de entrega desde la antigüedad.

La indeferenciación general dentro de la estandarización.

El lenguaje como lo privativo y lo personalizador.

Comunicación y seducción.

Autoventa personal y venta en marketing.

 

Sobre los distintos lenguajes corporales y su función atractiva se han corrido ríos de tinta. Ovidio[1]  en Ars Amandi[2]  ya habla de la importancia del ver y del ser visto. Ovidio en su libro clásico de psicología de las relaciones humanas se presenta como poeta del pobre y no del rico ya que aquél tiene suficientes caudales para conseguir lo que quiere mientras que éste necesita de palabras para conseguir sus conquistas[3] .No discutiré ahora su arrogancia de género en lo que no dejó de ser un manual para hombres sobre su conducta ante las mujeres y cuya relectura es perfectamente actual habida cuenta de los conflictos estadísticamente preocupantes entre ambos.

La cuestión es que el lenguaje estaba ya considerado como un instrumento de seducción y de contención en la cultura  del imperio romano. Podríamos rastrearlo en otras antiguas culturas.

 Las teorías que sostienen que se enamora con la imagen y con el gesto y que analizan la prerrogativa sensual de los actos comunicativos han dejado de ser tabúe.  Sabemos que el cuerpo y toda su versatilidad es el compendio de varios instrumentos para alcanzar o conquistar al otro. El tema es de una vastedad tal que interesa analizar capítulos de formas y de procedimientos comunicativos para ordenar una cantidad básica de ideas con las que trabajar y experimentar.

La seducción verbal de la que ahora vamos a ocuparnos es aquella parte de la seducción que utiliza el texto hablado (y escrito)para alcanzar una sintonía emocional con quien lo recibe. La seducción verbal opera tanto en soportes acústicos como escritos y silenciosos.En este momento me ocuparé solo de su campo audible.

En principio los humanos somos seres no diferenciados hasta que no tomamos la voz .Algo que  pasa tanto en el plano personal como colectivo[4] . No es que no estemos diferenciados a priori es que no caemos en la consciencia de tales diferencias. Pasamos por la vida como espectadores un tanto saturados y cada cual pasa por la de los demás formando parte de un paisaje que ha acabado por ser amorfo a  partir de la masificación de los estímulos. Ya nada llama la atención tan  poderosamente como unas décadas  atrás. Apenas nos fijamos en nadie debido al estrés y al gobierno del tiempo que marca nuestros ritmos. Nos mezclamos los unos a los otros en medio de lo que llamamos gente sin percibir la inmensa mayoría de detalles con los que nos cruzamos. Formamos parte del anonimato. Y todos sin excepción pertenecemos a una mayoría de algo que nos estandariza:el vestir, el sentarse, el andar y sobre todo en el callar. Debemos acudir a lugares muy lejanos y únicos para que aquel tal vez añorado trato humano de la deferencia entre desconocidos o el interés por lo nuevo se demuestre ampliamente como en el tiempo en que Arthur Miller fue a representar su teatro a Beijing[5] . Hoy, raramente, hagas lo que hagas, sea donde sea, se despierta un interés. Este concurre frente a la originalidad es decir la diferencia.,Y la indiferencia personal por lo que más proporcionada está es por el discurso privado y por la voz particular.

A partir de una cierta edad se alcanza una invisibilidad funcional. Nadie se da cuenta que has llegado o que estás allí. En contrapartida tú tampoco te das cuenta de muchas personas que comparten el espacio o el momento. Es estructural al hecho de vivir y de vivir en sociedad sin darnos cuenta del valor específico de lo ajeno. La percepción de los adolescentes es el de discriminar a los mayores y el de los mayores de discriminar a aquellos. En las mismas expresiones verbales el lenguaje puede ser tan discriminativo que en el os modos de hablar estamos ya segregando o incluyendo a partes de los demás. El uso del femenino o del masculino en el castellano en determinados contextos ya son maneras  segregantes.

El  lenguaje inclusivo e integrativo no viene heredado siempre de la cultura, muy marcada por intereses de clase y de poder. Es una producción subjetiva y colectiva autoconstruida a lo largo del tiempo de vida. Objetivamente es posible estar modificando nuestras expresiones siempre aunque subjetivamente acabamos instalándonos en unas que repetimos una y otra vez de acuerdo a nuestras ideas y a los impactos que ejercen y que mejor resultado nos dan. De hecho un hablante podría llegar a contabilizar la cantidad de veces a lo largo de su vida que emite tanto una misma clase de expresiones o dejes o tics verbales así como la de veces que reproduce unos mismos relatos. De lo uno y de lo otro depende de la calificación de válido o no de cada interlocutor. Sucede con todo, también con las noticias telereproducidas, los libros editados, las conferencias dadas o cualquier clase de producción textual y verbal transmitida. Siempre se da una cierta cantidad de redundancia[6]  aunque hay porcentajes lógicos de ella y otros absolutamente desconsiderados que proporcionan motivos para prescindir o pasar de aquella fuente de información.

En el contexto de indeferenciación dominante de un mundo maquinado para conductas máquina saber hablar o hablar con propiedad es una condición supervivencial emergente y sobre todo una estrategia en si misma para alcanzar el alma ajena. El lenguaje es, por encima de cualquier otra propiedad instrumental lo que nos permite establecernos en el mundo y ordenarlo como un todo.

La capacidad verbal para hacernos entender no se limita a un hecho comunicativo. Las teorías de la comunicación y del valor mensajero de las palabras son insuficientes para explicar la red que teje cada palabra en las relaciones simpáticas y/o antipáticas de cada sonido con sentido. El lenguaje personal es lo que más representa la personalidad de cada hablante.Hasta un segundo antes de su pronunciación el sujeto humano es un interrogante, una hipótesis a lo sumo o un enigma.A partir de que toma la palabra se hace familiar, accesible, sociable y comprensible. El lenguaje es una entrada en momentos pétreos que  modifica la percepción del otro. Cuando el lenguaje es incomprensible, cuando el otro tiene otro idioma que no se entiende es tanto más fácil verlo como enemigo; en tanto usa determinadas expresiones crea un flujo energético de aquiescencia. Eleuterio Sánchez[7]  cuenta como para conseguir una cierta confiabilidad de sus guardianes al ser traslado esposado en un tren  se puso a hablar con ellos en su propio acento y de sus propias cosas. Eso le permitiría en un cierto momento  cambiar la llave de ubicación en su cuerpo con la que abriría sus esposas.  El reo estigmatizado con toda clase de acusaciones se convierte en persona cuando habla una voz identificable.El enemigo no lo es tal cuando habla en el idioma de su contrario preguntándole por cosas conocidas. En definitiva el lenguaje es la maravilla de acercamiento que tenemos las gentes entre nosotras para ser algo más que mensajeras de informaciones y ser entregadoras de emociones.

En el modo de comunicar las cosas ya hay seducción o todo lo contrario si no se entiende este atributo. Prematuramente el niño aprende los gestos seductivos y los sonidos que piden comida o mimos. Hay formas sonoras y fórmulas verbales que abren puertas (o corazones) y otras que los cierran con cerraduras definitivamente bloqueadas. El lenguaje es tan importante que sin el es difícil de concebir el mundo tal como ha sido y es. Es el responsable del progreso humano, de la industria, de la planificación y de los acuerdos, de los procesos intelectuales, de la pasión y el amor. Según una persona hable se acerca o se aleja de los demás. Y cada oyente  por una infinidad de datos sutiles en su mecanismo de percepción acepta o no a quienes forman parte de su campo hablado. Lo que llamamos sociedad o mundo de lo humano se refiere fundamentalmente al mundo de significantes, de traducciones racionales de lo qué decimos y pretendemos decir. El imperio de la irracionalidad en muchos campos se nutre siempre de dinámicas lógicas verbales.Dime cómo hablas y te diré lo que eres además de saber lo que podré esperar de ti.

El lenguaje es tan preciso que una entrevista verbal en profundidad da mas datos que la batería más completa de tests de evaluación de personalidad o de aptitudes o de rasgos caracteriales, que aún así son instrumentos que computan respuestas de decisiones. Tanto en selección de personal como en psicodiagnóstico la entrevista es indispensable para saber qué y quien es el otro a evaluar.

En la vida comercial el lenguaje es lo  primero que se vende; aún antes que el articulo que elogia  sobre el que un potencial comprador esté interesado. Las  técnicas de marketing sostienen que lo primero que vende el vendedor es a si mismo.Una vez conseguido esto puede vender cualquier otra cosa que se proponga. Las famosas cenas de negocios (también en las políticas) son procesos filocomerciales o prácticas paralelas a los espacios de negociación en si mismos para sintonizar anímicamente posturas encontradas y conseguir resultados de éxito. La cena es el espacio,por definición, de familiaridad, de intimidad. Es el lugar donde se puede hablar de todo un poco, permite la relajación y la lasitud y la consolación de los sentidos a través de la satisfacción del vacío estomacal y el embotamiento parcial de la percepción.El análisis y el razonamiento preventivo da a lugar a la empatía y a una confidencialidad o su simulacro.

 El protocolo estandarizado en las relaciones personales, especialmente las que están en grado de tentativa inicial pasan primero por una cena o un restaurante y después por una habitación o una cama. Raramente el proceso es a la inversa. La cena es el lugar que proporciona dos inapreciables fuentes de datos: el gesto y la palabra. Según las ocurrencias y dicencias del otro, uno se atreve a ir a más o por el contrario decide ir a menos. De hecho se ha llegado a este espacio cuando hay un interés por el discurso que pueda decirnos una persona.

Sabemos que toda persona en cierra un discurso. Cualquier saturación que podamos tener del mundo y de los demás no ha destruido este axioma. El otro es una fuente de valor incalculable, ilimitado.Una cantera a descubrir. Ciertamente  las experiencias de profundización que han resultado frustrados blindan la actitud del querer conocer y nos sume en la indeferenciación predominante antes mencionada pero no es menos cierto que vivimos la vida sobre la hipótesis esperanzada de adquirir saber y experiencias únicas y divertidas y poderlas compartir con gente emocionalmente coincidente. Es así que cada experiencia o acto de vida por el que pasamos: excursiones, partys, comidas, encuentros congresuales, reuniones festivas o ejecutivas; estamos esperando instintualmente conseguir nuevas sintonías, otras prosas con las que vibrar.

Los actos lúdicos tienen su reverberación en los actos de habla. La hipervaloración del hecho y de la práctica realizada no impugna esta verdad. La palabra permite la re-lugarización del placer. El hecho verbal sobre el hecho físico lo reestima, lo juzga, lo apasiona de nuevo.

Para quienes siguen en la dicotomía confrontacionista entre hechos y palabras como si se tratara de dos entidades nosológicas distintas cabe contraponer la noción de que la palabra es un hecho físico en si mismo, en tanto que se reproduce a través de un aparato fónico en el caso de la verbalizada o sobre un soporte material en el caso de la escrita.El modo de emitirla, en su prosodia, su vibratilidad, sus armónicos ya está dando un boceto de la persona que está detrás.

Hay voces al teléfono que nos seducen y otras que nos resultan agresivas por estridentes o inarticuladas.

Las personalidades divas de todos los tiempos en la ópera han proporcionado elencos de héroes por su voz. Hay tonos sopranos y tenores que nos llaman la atención porque nos llevan al cielo. Hay bajos que nos envuelven y cautivan. Ya la sola posibilidad del grito antes de que tenga una articulación alfabetizada está creando un espacio de significado.

La seducción verbal es un tema que se enfrenta a una resistencia espontánea a su parcelación.Al igual que otros que se refieren a atributos inherentes, y en principio invariables, a la condición de ser;  la gente no quiere admitir que tiene unos sellos de por vida: su estética facial, la longitud de su cuerpo por su atractivo o falta de atractivo. Es fácil admitir atributos cuando aquellos favorecen a quien los tiene y muy difícil de hacerlo cuando carece de los mismos. La voz es un atributo que nos acompaña biográficamente mientras cambia nuestra edad. A menudo distinguimos a personas por su voz cuando no lo hemos hecho por su semblante que nos ha pasado inadvertido o con la transformación de los rasgos ha hecho que pasara por alto nuestra mirada. La voz tiene un tono más estático a través de distintas edades,y sobre todo el modo de administrar las palabras y la fuerza con que son puestas en ondas sonoras. Las familias genéticas uniformizan  las voces y un tipo  de expresiones más allá de lo que los mismos interesados puedan sospechar.Será a través de pruebas objetivas como grabaciones o registros en video que reconocerán tales semejanzas. La voz es así lo distintivo de cada uno pero también lo que nos inserta en unos grupos y acentos pre-clasificados. Hay voces  más melosas y atractivas que otras.  Desde el mediterráneo latino nos podemos sentir,acústicamente, más seducidos por el francés, el chino y el argentino que no por el alemán, el árabe o el castellano. Pero tal predisposición no deja de ser una trampa del mismo mecanismo de la percepción determinado por experiencias culturales y emocionales previas. Aquello que es seductivo en un tiempo y un tipo de personas puede pasar a ser incluso lo contrario para otras épocas y otras personas. Y al revés, aquello que instintualmente se ha rechazado por manejar haches i jotas  aspiradas o kas  rotundas  se puede retomar con interés y  permitirse gozarlo desde el sentido del oído. En principio no hay voces malas ni voces buenas. Todas tienen un poder de transmisión de sentido, incluso cuando no son traducidas o interpretables en su exactitud.Escuchamos canciones que no entendemos y que nos emocionan y admitimos que hay sonidos musicales relajantes o incluso curativos. La voz tiene una función sintónica por el campo vibrátil que mueve independientemente del mensaje que pueda transmitir.Claro está que hay un tipo de voces organizadas para cautivas con contenidos cretinos y nefastos. De ahí que su capacidad seductiva sea un motivo de alerta para que aquello que es dicho siempre sea puesto en las coordenadas de lo analizable. No basta un susurro para creer en un beso.No basta una frase cariñosa para creer en el cariño. No basta una dulzura acústica para creer en el artículo o la idea que desean vendernos.

Observamos que cuando hay relaciones de conflicto entre dos hablantes que guardan un vínculo sentimental, hay un momento cuando pretenden el acercamiento que atenuan las voces recurriendo a expresividad pseudoinfantil. También en una reyerta en ciernes con un desconocido la voz es aumentada o disminuida según la estimación intuitiva de probabilidades de salir bien parados de una posible pelea física.  Tales pautas no son exclusivas del género humano, también se dan entre animales y de aquél con estos: cuando queremos imponer una fuerza ante un perro que gruñe y  tal  vez vaya a atacarnos lo podemos neutralizar simulando una fuerza mayor aumentando nuestro grito; y cuando queremos hacernos amigos de un animal doméstico suavizamos nuestros tonos verbales.

La voz  y el aparato de fonación que la permite constituyen el resultado y el medio de producción con el que gestionamos la pasión y la emotividad además de nuestros puntos de vista y explicaciones. La apostación y campo vibracional de ella recoge sutilmente variantes de tonalidad y articulación que indican la seguridad o por el contrario la dubitación de lo que se está hablando. Todo esto hace que el mensaje dado sea elocuente y persuasivo o fallido y no tomado en consideración.

Su condición de atributo personal e intransferible (salvo en  el caso de expertos en el campo del humor especialmente: cómicos y ventrílocuos)lo define como una imposición biográfica que ha venido dado por la genética, el entorno fonal, la educación y la cultura.Eso aparentemente descartaría su reparación. No es así; la voz puede ser reeducada. Esto empieza por combinar adecuadamente dos prácticas simultáneas la de la respiración para la economía general del organismo y la de la emisión dosificada de aire para la sonoridad articulada  y comprensible de las palabras. Los cuadros clínicos de ansiedad originada por maltrato psicológico y personalidad discriminada tienes producciones verbales inarticuladas con una disincronía entre consumo de aire y longitud de frases dando una característica prosa entrecortada por la que sufre también el escuchante pero especialmente el hablante que cree que no va a ser oído hasta el final.

Pensar cada frase detenidamente y elegir cuidadosamente cada palabra es lo que convierte a un hablante en un comunicante sereno y seductivo que sabe prevenirse de las frases hechas y de los préstamos sacados de dictados ajenos por dominantes que sean. Pensar, en suma, lo que se va a decir antes de decirlo genera una sintonía con el espacio y con la escucha. El hablante que pauta su prosodia y se descarga de la parafernalia innecesaria acompañante de su dictum tiene más probabilidades de conectar y seducir que aquél otro que es impositivo, estridente y abusivo de la escucha ajena.  La guturalidad y la gravedad en las voces de Frank Sinatra y sobre todo Louis Armstrong o Yma Sumac generan una ilusión de confiabilidad por su, tal vez, resonancia de tonos de paternalidad introyectados. Los altos agudos como los de Gracita Morales o Fredy Mercury pueden  promover una cierta prevención, o en el caso de la primera, llevar a la hilaridad.

Admitir la prevalencia del criterio de la seducción verbal constituye en sí mismo un factor para verbalizarnos (expresarnos) de acuerdo con su potencialidad seductiva.



[1] Ovidio Nason nació en Sulmona en el 45 aC y  murió en el +17 o +18.Viajero de Sicilia y Asia. Formado en retórica  se dedicó a la política por un tiempo.Conocidop fiundamentalmente como poeta.  Finalmente fue deportado a  Tomis en el Mar Negro donde murió.

[2] Ovidio.Ars Amandi. ATE. Barcelona 1973 p.21.Considerada como su obra cumbre.

[3] “A falta de presentes, pagaba con palabras a mis amantes”   op. cit. p.57

[4] El movimieno nacionalista del pobo galego  contiene la noción de recuperar las propias voces para recuperar la identidad.

[5] Miller cuenta autobiográficamente en como cuando se detenía en la calle a escribir en su bloc de notas alguna ocurrencia u observación se veia inmediatamente rodeado de chinos curioseando lo s grafos que hacía.

[6] White,Caroline, periodista del BMJ La solidaridad profesional  en el campo de la investigación media es puesta por encima del interés público. En cuanto a lo publicado solo los textos redundantes ya constituyen un 13% del total de artículos publicados.

[7] Sanchez,Eleuterio El Lute. en Camina o revienta.

El neologismo vindicado

Escrito por jesusricartmorera 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

El tema del neologismo tiene dos aproximaciones diferenciadas pero complementarias; contrarias,incluso,pero simbióticas.

Es aceptado el neologismo como un indicador de psicoticidad, y ciertamente hay referencias que lo vinculan a las esquizofrenias[1] .Y de otro lado es aceptado el lenguaje como un cargamento de significantes y significaciones que más allá de su valor comunicacional,tienen un impacto simbólico con efectos instalacionistas del equívoco. La ambigüedad comunicativa es un epifenómeno inherente a las propias prácticas comunicacionales: desde las que se dan en el ámbito privado a las que se ejercen profesionalmente a través de los media.

Los malentendidos han alcanzado tales dimensiones que se han gestado cruzadas (lingüísticas o no)para ensalzar la precisión.Parece que la exactitud  tiene por feudos la lógica formal y las matemáticas, y fuera de ellos queda el imperio de la empiria es decir de la inexactitud .También los discursos orales y la espontaneidad hablada va creando nuevas palabras, que tardía  y resistentemente van incorporando las reales academias en sus archivos y consensos.el neologismo pues en lugar de ser un fenómeno aislado o una praxis del loco, es un actividad inherente a la propia habla.Tanto es así,que algunas  conversaciones metalingüísticas necesitan hacer uso in situ de determinadas nuevas palabras para avanzar en la comunicación,aunque luego no vuelvan a ser reutilizadas.

Es muy distinto el/la neologista que habla para él/ella(rasgo psicótico) sin importarle si es entendido/a o no en su habla al/a la teórico/a que propone nuevos componentes léxicos con los que ir dando su enseñanza o su comunicación. Es por esa vía que necesita ser interpretada cada nueva proposición o formulación expresiva según el contexto donde ha sido expresada. A menudo basta tener en cuenta el semantema o la parte radical de una palabra para hacer variaciones con ella.Cada familia de palabras puede tener su propio crecimiento:las hay más o menos numerosas según la necesidad en que la comunicación estimule la formación de nuevas  expresiones.Y cada innovación puede quedar establecida y puntualmente aceptado para el acto comunicacional sin necesidad de una parafernalia formal o de un consenso estricto.en cierta manera todo hablante es un neólogo en potencia. Si no se tiene la palabra adecuada en un contexto conversacional se trata de encontrar la palabra más aproximada y si no se tiene ninguna de las dos se puede optar por crear una a partir de una prerrogativa de lo híbrido, la semblanza, la homofonía o la voz que inspire lo que pretende ser comunicado. Obviamente una profusión  de neopalabras puede crear un espacio de confusión, pero una abstención de ellas,puede crear un simulacro de claridad que tapone las dudas no resueltas. Un paralelismo al acto neologista en tanto que acto inventivo,es el del recurso a otra lengua de  una expresión buscada en la que se está hablando.Tácitamente es reconocida la insuficiencia comunicacional al citar una frase hecha prestada de otro idioma.Si este empleo en exceso puede generar una cierta desazón en la parte interlocutora  u oidora que sigue la exposición, ¿porque no conectarlo a la sensación difícil producida también por nuevas palabras transportadas de otros idiomas? La comunicación en tanto que un proceso vivo que maneja  palabras como los instrumentos y los materiales (instrumento manipulador y objeto manipulado a la vez)no puede existir sin una neológica continuadamente renovada[2] .Ese proceso de innovación es una ley que se cumple en otros campos de la interacción. Bajo tal prisma el lenguaje propone,elige y establece modificaciones así como otros campos de manipulación van cambiando su comportamiento y uso de los elementos[3]  que los integran.

 

 



[1]  en cuya estructura el fenómeno no solo puede quedar limitado a una  adopción de unas cuantas palabras nuevas y sin sentido, sino a una verborragia íntegramente constituida por incomprensibles.Conocí cuando menos un caso  de máxima inteligencia que llegó a confeccionar un extenso vocabulario y su propio idioma.

[2] en ese sentido  los diccionarios y las enciclopedias vienen siendo los productos de colecciones,cuyas ediciones van quedándose periclitadas y necesitan renovaciones continuadas.ciertamente Las ediciones no son totalmente acumulativas, y nuevas incorporaciones lexicales vienen a desplazar a antiguos usos formales cuyo empleo se ha extinguido.

[3] El ebanista que trabaja con maderas y crea formas figurativas con ellas, mantiene en activo un proceso de creaciones.La misma relación con lo nuevo puede describirse en cualquier otra situación en la que pensemos a título comparativo;:el programador informático que crea nuevos operadores y nuevos nombres para ellos, el  taxonomista- indirectamente ya citado antes- que debe poner nombre a lo necesitado de clasificar o el lumpen que inventa nuevas formas de relación y expresiones lúdicas con un nuevo arsenal de palabras que lo acompañan, dentro de una infinita variedad de escenas evocables al respecto.

La expresividad sexista.

Escrito por jesusricartmorera 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

Lo femenino y lo masculino en el texto escrito.  jesusricart@hotmail.com

feminismo ha insistido en la toma de consciencia acerca de que el lenguaje ejerce una función discriminatoria debido a su sexismo dominante inherente. Lo masculino está por doquier en la expresión verbal y escrita tanto si se refiere a situaciones exclusivamente masculinas o al plural masculino femenino, o incluso a menudo en situaciones de exclusividad femenina.  Tanto es sí que las críticas adecuadas a las torpezas de esa herencia gramatical, ha llevado a las paradojas semánticas de las repeticiones substantivas, de tal manera, que  ni “los unos” ni “las unas” se sientan excluidos de las referencias verbales además de que se sientan específicamente aludidos/as. Para unas pocas frases orales, hacer las correcciones en todo lo pertinente a ellos-ellas, nosotros-nosotras- los y las, y demás precisiones necesarias,es lo recomendable y lo propio de una manera actualizadora para acabar con el lenguajes sexista dominante. Pero ese procedimiento tienen dificultades en cuanto a incorporarse en la totalidad de las escenas cotidianas semánticas, dado que choca frontalmente con el principio de economía del habla, que tiende a la abreviatura, a la simplificación y al uso reducido de palabras para decir lo mismo. en todo caso, el habla orálica permite cuantas rectificaciones y precisiones sean convocadas in situ y en función de las amonestaciones en el mismo momento de interlocutores/as indispuestos/as con el lenguaje dicente.A diferencia de la expresión escrita, en que puede quedar más instalada una hegemonía de un lenguaje de género. de hecho depende de quien sea quien escriba si va a haber una predominancia de construcciones sintácticas y semánticas y un adecuado manejo delos artículos, además de las terminaciones en masculino o femenino. Por mucho que el relato de un discurso científico  use neutros, siempre acabará siendo necesario por una parte el recurso a los plurales, cuya preferencia al plural masculino puede ser interpretado como un agravio a la pluralidad de pensantes y lectores/as y lesivo -por omisión- a la condición femenina. Esta visión es fundamental para construir una redacción ecuánime y comprensiva de todas las variables en cada afirmación. Aunque un exceso de cuidados terminológicos en este sentido puede ir en contra a la agilidad del propio texto, ya de por sí recargado si precisa de párrafos con continuas matizaciones. Y de otro lado puede acabar resultando cacofónica una preferencia a formalidades por encima de la teoría que se está defendiendo. Pero puesto que la narración teórica puede admitir baja a la terminología de lo singular para aquellos aspectos menos consensuables o no objetivos, depende de cada autor/a la lección particular de su género.

Por mi parte he uso y uso la función gráfica de la palabra expresada primero en masculina añadiéndole la barra (/) y después sin pausa su terminación en femenino.también puedo contrabalancear la modalidad, haciéndolo al revés, primero en femenino,barra,y finalmente la terminación en masculino. Quiérase o no esa especie de cortesía expresiva acaba cuantificando el número de caracteres e introduciendo una cierta repetitividad, además de una costumbre en contra del tiempo. Vale la pena  a falta de una lingüística que permita unos plurales neutros con unas fórmulas léxicas, lo que no impide que inconscientemente salga la terminología sexista clásica en los autores masculinos.

Mi criterio es el de tener en cuenta la colectividad divisa en sexos y mencionar a ambos cuando de ambos hablo, pero me consta algunos olvidos al respecto. en tanto que la mente está estructurada en lenguaje es difícil creer que basta una corrección semántica para que el pensamiento cambie y cada hablante pase a hablar en nombre de un nosotros y nosotras. en todo caso los cuidados terminológicos a este respecto ni quitan ni aumenta la belleza del texto (aunque m´ñas bien la puedan dañar por su recargamiento)y no sustituyen su validez científica o discursiva. En lo cual por encima de la manera de hablar sigue prevaleciendo  lo que se está diciendo.

 

 

 

De la perversión del lenguaje.

Escrito por jesusricartmorera 14-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

De la perversión del leguaje y las complicaciones comunicativas.

El elogio y  la defensa de la radicalidad, en los términos que J, Antonio Martín Pallín opina[1], ha sido  una constante en la praxis y la teoría por llegar al fondo de las cosas y acercar la sociedad a la conquista de sus soluciones. Lo radical es la operación analítica por la cual se autentifican los hechos. La radicalidad es aquél tipo de práctica que no admite concesiones ante las estrategias ideológicas de engaño. No tiene nada que ver con los griteríos en los salones de las palabras ni  con las pedradas contra los contrarios. Tampoco con la inflexibilidad o la intolerancia. Sin embargo, por obra y gracia de la perversión lingüística, la idea general que se tiene del radical es la de que es una persona violenta e impositiva.   De hecho, la postura radical es la que jamás admite concesiones a cambio de renunciar  a lo que sabe y a los datos de la realidad de los que dispone. Es la que no acepta trampas ni  busca los negocios de las alianzas para callar o reubicar sus elaboraciones en función de los dictados de la conveniencia política.

Tras una larga historia de intoxicaciones lingüísticas el discurso que se abre paso con su verdad analítica y su radicalidad expresiva choca con la necesidad imperativa de encontrar nuevos vocabularios. El idioma es un organismo vivo en crecimiento en el que nuevas células (nuevas palabras) vienen a reemplazar las que ya cumplieron su función y son desechadas.  Así como la ciencia biológica no para de aportar léxico enriquecido con el que nombrar sus descubrimientos, las ciencias sociales y la filología, en cambio, arrastran un agotamiento de las palabras por la vía de su tergiversación. Desde que un hablante es usuario del lenguaje empieza a bregar con esa experiencia subjetiva de la fatiga de las palabras. Si bien es cierto que la polisemia crece de tal manera que las consecuencias confusionistas por cada palabra crecen con exageración no es a ella a donde  hay que buscar la causa del conflicto con las palabras. Las hay  que ya no podemos usar porqué su abuso y desnaturalización van en contra de su significado de partida, y además,  del que las emplea, al no conseguir hacer entender su mensaje. Utilizar palabras como socialismo, comunismo, revolución,  rebeldía, consejismo, izquierda, hippy, bohemia, artista...  pueden dañar la imagen de su usuario o contribuir a que sea malinterpretado aunque sus definiciones de diccionario sean perfectamente aceptables por quien esté o siga en la lucha social por cambiar las miserias del capitalismo.  Eso también sucede en otro campo semántico de lo cotidiano. Palabras superutilizadas como trabajo, justicia, conciencia, verdad, información, diversión, amor, solidaridad, inversión...  tienen valores de traducción distintos a sus significados primigenios.  Es así que al especulador se le llama inversor; al turista político, voluntario de una ONG; al robo, plusvalía y a la invasión militar, guerra de defensa preventiva.  También hay un impresionante caudal de palabras del día a día que  ocultan otras intenciones fuera de lo que  la palabra, por definición,  en sí misma dice.

Eso lleva a una situación compleja en la que el sujeto hablante es una mezcla constituida por sentidos contrarios de las palabras que lo llenan según quien y cómo las emplee. Lo cual, hace que una parte importante de una conversación o de una exposición suela estar dedicada a la interpretación de lo que se quiere decir en la otra parte. El lenguaje ,que es el atributo más representativo del ser humano, tiene fallas tan considerables que demasiadas veces llevan a  poner en duda aquel adagio que hizo fortuna y que ahora está en crisis y decía que “hablando se  entiende la gente”.

La cuestión es que en la  circulación lingüística a través de los diálogos, manejos y usos de sonidos verbales se van añadiendo un plus de significados o colecciones de adjetivos que originariamente no les pertenecían. Se ha atribuido al periodismo  y a la mediática la responsabilidad de la expansión de vocablos intencionalmente manipulados.  Algo debemos estar haciendo muy mal  a lo largo de la Historia para tener que continuar dedicando tanto tiempo a desmentidos y aclaraciones.  Cuando veo a alguien que describe  situaciones con palabras inflacionadas o cuando les da un valor de armas arrojadizas me pregunto cual es mi culpa por tener que merecer el castigo de ese alguien que viene a confundir una situación o a crear enfrentamientos artificiales y a sabotear nuestra felicidad o tratar de contaminarnos con su desgracia. Sin duda, no hemos hecho lo suficiente y los agentes y factores de la educación no han actuado con suficiente rigor como para tener que soportar  esos resultados. Confucio recomendaba que cuando vieras a un hombre bueno había que tratar de imitarlo y si dabas con uno malo te tocaba examinarte a ti mismo.  El confusionista es la expresión encarnada del síndrome de una época cultural y el confusionismo algo que cala mucho más allá de las sedes que tienen por empresa la mentira sistemática. 

Trasladándolo a los discursos hablados, ya no vivimos en los  tiempos  en los que la oratoria era una arte y saber hablar era tomado como uno de los grandes saberes.  Hoy, ese saber es repudiado. A quien habla se le quita del turno del hablar con artimañas y de todo lo que un hablante dice se entresaca aquello que permite adivinarlo como un amigo o como un enemigo. Las formas verbales están impregnadas de la culturización que las dinamiza y la cultura se mueve al son de los intereses político-económicos  de cada época.

En honor a la verdad, toca reconocer que la disposición a pervertir el lenguaje, es decir a utilizar palabras con un sentido  deliberadamente opuesto a su significado originario y etimológico, también forma parte de las tendencias espontáneas de las formas comunicativas ordinarias. Se recurre a vericuetos y sondeos estilísticos para   crear aproximaciones o preparar encuentros interpersonales, también  a sutilidades e insinuaciones para eludirlos cuando no convienen. El lenguaje es un combinado de voces o sonidos, grafías y signos, donde el habla –o el texto- no siempre pretende un decir, y en su lugar impone un entretenimiento, una diletancia o, incluso, una confusión deliberada.

Apelar a la radicalidad es tanto como admitir intentar las respuestas a las últimas preguntas de cada tema. Es desvelar los datos ocultos. Es señalar con sus nombres y sus imágenes a los responsables de los actos nefastos y de los  crímenes. Es reivindicar la nominación de cada cosa para su aceptabilidad o  su rechazo.

Aplicada  como método de reflexión al  tema que nos ocupa, el uso perverso del lenguaje (o su tendencia a la pervertibilidad si fuera algo inevitable) nos vamos encontrando con un montón de eufemismos que son la manera cortés de denominar los engaños. Los actos más execrables del ser humano como los homicidios son atenuados con denominaciones light como daños colaterales o fuego amigo, como si las muertes fueran menos muertes. Lo cierto es que el agente de la destrucción (el que dispara, el que mata, el que contamina, el que bombardea) subjetiviza menos su función malévola si en lugar de ser tratado como un asesino por la sociedad lo es como alguien que tiene las medallas del patriota y por error táctico ha disparado a un objetivo civil o ha vertido al río un producto tóxico ¿No es eso a algo parecido cuando el destructor va atiborrado de alcohol o de drogas para no ser del todo consciente el daño que va a producir? Las palabras no son inocentes. La distinción cultural de un hablante pasa por la precisión con que las usa. No aceptar aquellas que ya llevan preinscrita una función apriorística de juicio es radicalizar la conversación y descolocar una posición contaminada ideológicamente. Si bien el lenguaje necesita renovarse reactulizándose con nuevas entradas y deshaciéndose de las antiguas que han perdido su valor originario, no lo es menos que hablar de la fatiga de la palabra sería una denominación eufemística más dentro de este caos de expresión, lo mismo que lo es hablar de la fatiga de los materiales, que ahora está en boga en el campo de la arquitectura y de la construcción inmobiliaria. ¿También llegarán  a hablar de la fatiga de las piedras y la fatiga del planeta? El problema no son las palabras sino el miedo que se tiene de ellas.  Theilard de Chardin dijoNosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.” Nos conviene no perder de vista esto. Hay demasiadas actitudes sueltas que no quieren favorecer la concordia y están permanentemente interesadas en sabotear la paz y el progreso.

Los seres humanos llevamos ya  miles de años hablando sin llegar a conclusiones consensuadas de lo que es la vida y de lo que debe de ser el mundo. Nos hemos metido en el siglo XXI con sellos marcados por el imperialismo que nos devuelve al oscurantismo medieval de cruzadas y polaridades de buenos-malos. Eso ha extendido la paranoia colectiva según la cual la gente teme al terrorismo (es decir, a un terrorismo sesgado) sin analizar el terror de los que urden ataques preventivos y siguen con las torturas en los centros de custodia (otro eufemismo para designar comisarías de tortura).

Si tomamos los  códigos legislados  y normativas  escritas para regular el comportamiento humano que tratan de regular o sancionar también las relaciones verbales y la caracterización de las que son lesivas para el honor y la integridad, vemos que  convierten a sus intérpretes (jueces incluidos, cabe compartir con el autor del articulo mencionado, en su calidad de miembro del Tribunal Superior) en serviles de textos y no en administradores de justicia; responsabilidad que, entiendo, queda diluída, habida cuenta de que el parámetro de la justicia se hace impractible en una sociedad con unas desigualdades tan extremas.

En la farándula general de las palabras ya no es tan claro que todo el mundo tenga derecho a expresar lo que sienta o lo que quiera. Antes tendrá que pasar por la autoselección de lo que es correcto (correcto es lo que se ajusta a verdad) y de no hacerlo por su cuenta, alguien tendrá que ponerle límites o bozales a sus bocas de llamaradas y odios. Esa perspectiva, nos dejarían sin la mayor parte de los actores de los escenarios de poder y prohibiría inmediatamente la continuidad de partidos que llevan muy mal su lugar en la oposición saboteando todo cuanto hace el ejecutivo de gobierno.

La lucha más compleja  con el otro pasa por la verbalidad y nos queda seguir acudiendo a ella para que se pongan de manifiesto las contradicciones y triquiñuelas de unos y las coherencias de otros, para que sean estas las que vayan teniendo éxito en las relaciones humanas y puedan ocupar el papel de ser la garantía de un futuro mejor de aquél otro al  que las predicciones están apuntando.

Entre tanto nos toca continuar sufriendo  las complicaciones comunicativas de la perversión del los instrumentos de significado y reconocer que no siempre es posible el acuerdo ni el consenso y cuando, aparentemente lo es, cabe siempre la presunción de que una cláusula escondida venga a deshacer lo pactado. En el lenguaje político se habla continuamente de ajustarse a los pactos que son el producto de las estrategias de alianzas. Al mismo tiempo, no hay profesional de la política que no sepa que todo acuerdo es  efímero frente a otro que proporcione más dividendos de poder. Por encima de la seguridad en el otro nos refugiamos en la autoconfianza personal como fuente de firmeza. Sí, nos queda  la confianza personal  de uno consigo mismo, que según  Ralph Waldo Emerson  es la primera condición para el secreto del éxito. Pero no abramos el cava todavía, la lucha por autentificar las palabras es decir el sentido de las cosas es tan vieja como la historia misma y más lejana que el futuro que  podamos prever.

Por delante, no hay otro remedio,  sigue, habrá de seguir, el proceso de recreación lingüística y de popularización de nuevas palabras que  permitan la expresión liberada de antiguos cuños y fanatismos, vinculando a los hablantes a mayores dosis de verdad y quitándoles de la artificiosidad y engaños ampulosos. Eso no evitará que no falten los intereses que no les guste eso, acudiendo a confundir  sus valores reales para tratar de que no prospere la verdad.

 



[1] El País, Opinión 26 sept 2006 transcirto en  http://alojamientos.us.es/foros/read.php?f=23&i=476&t=204#reply_476 donde lo he leído.