FLUENCIA TRANSCULTURAL

La individualidad desprotegida

Escrito por jesusricartmorera 11-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

Las nuevas formas  internáuticas de imponer presencias no deseadas demuestran que la tecnología no tiene nada que ver con la evolución ética de las personas. Ya  teníamos suficientes advertencias. Desde tiempos remotos los personajes con los mejores autores o los mejores abrigos no tenían porque ser las mejores personas. Tener no era igual ni a saber ni a ser. Se sigue sufriendo de lo mismo. El ultraje ajeno es una constante diaria que alcanza tus rincones más privados. Siempre hay un agente comercial al acecho aguantándose de puntitas en la cornisa (no importa que haya veinte pisos de altura) para colarse en tu casa y meterte cualquier cosa que no necesitas. Últimamente ese tipo de figurante grotesco, al dejar de ser cubiertos por compañías de seguros, dada la frecuencia de sus caídas mortales, ha sido sustituido por algo peor. Tipos de despachos que se las ingenian para atacar tu ordenador no tanto con videos sino con ventanas de cosas que no pides y que no se dejan cerrar de ninguna manera. Todo eso se traduce en pérdidas de tiempo ya que te bloquean el aparato. ¿No habría modo de acabar con toda esta chusma de indeseables? La peor manera de apreciar un producto es con alguien que se te cuela hasta tu casa a la fuerza metiéndotelo por las narices. El agente comercial solo tiene un eslogan: o me lo compras o te toco los huevos todo lo que pueda y más. Por muy evolucionado que sea y por mucho que exista un colegio oficial de ese tipo de profesionales (¿es una profesión verdad?) jamás reconocerán que entre tú (es decir el público en general) y ellos hay una distancia brutal. A ver, no es que un agente comercial sea prescindible (sí la mayoría de veces) lo que no puede hacer es propasarse en sus funciones e insistir en aquello que no pides y que encima te viene a estorbar. Hay informáticos que son la última orla de los agentes comerciales dispuestos a imponer compras a base de presionarte colonizando tu escritorio digital con lo que no pides. ¡A la pira con ellos! Por favor, un poco de respeto. ¿Algún pariente de Torquemada que quiera hacerse cargo del control de los susodichos?

Tal vez mis atribulaciones disminuirían si fuera más ducho en los manejos informáticos y supiera cómo deshacerme de actualizaciones no solicitadas, intrusiones de páginas que se abren sin pedirlas y cosas semejantes, ¡me falta tanto por aprender! De momento paso parte de mis horas de maquinista de ordenata peleándome con todo eso y con los bloqueos del ordenador. Nada mas conectar a internet me sale una venta que me ocupa una cuarta parte del escritorio de Hoy, algo del MSN, noticias que no me interesan con botones para ir  a páginas que no me interesan tampoco. Hasta hace poco el iconito estaba en la barra de herramientas y podía quitarlo de en medio. Ahora hay que buscarlo en el botón del hombrecito del Messenger.  Es uno de esos rectángulos emergentes que no lleva el aspa clásica en la parte superior derecha para desactivarlo. Si eso no es actuar con malasaña y malaleche que venga alguien con vocación justiciera y que lo vea. Recuerdo esas irrupciones cuando entrabas en algunas páginas que en un plis-plas o pinchabas botones-trampa que te llevaban a páginas no deseadas, ahora el problema es que te las anclan en tu propio territorio. A la que te descuidas tu ordenador lo convierten en un abocadero de las paranoias múltiples del universo. Me gustaría una vida sosegada ¡lo juro! pero en este mundo de locos no puedes. Tienes que salir a la calle con tu sable recién afilado, pero ahora ya no hay afiladores con bicicleta que se presten a esos menesteres. El caso es que uno se queda indefenso. Cree tener la propiedad de sus objetos pero no es así, por la vía internáutica le llega lo peor de lo peor. No me refiero a los virus, con los que apenas he tenido trato, sino con los protectores antivirus, los firewall y demás custodios de bien estar que se lían a hostias entre ellos y que el uno por el otro no paran de interrumpirte en sus repasos de todo tu sistema detectando errores y fallos. He optado por deshacerme de los antivirus porque me vienen creando más problemas que ventajas. Pero que nadie siga mi ejemplo, no quisiera ser corresponsable por que a alguien se le introdujera un virus y le destrozara todos sus archivos. Solo declaro que vivimos en una época de conflictos entre drivers. El soft auxiliar se ha convertido en una pesadilla de rivalidad entre programas que si bien no ocupan tanto la memoria disponible, sus auto activaciones impiden mañanas placenteras de trabajo fértil. Si fuera un usuario adelantado no me quejaría pero mi categoría es la de usuario y punto. Mientras estoy escribiendo o manejando un programa de tratamiento fotográfico todo se ralentiza considerablemente si los buscadores de troyanos o las ventanitas que se abren sin pedírmelo me asaltan una y otra vez, especialmente las que no se dejan desactivar por falta de la maldita aspa de cierre.

Llevo unos meses con el programa de reconocimiento de vez que en mala hora se me ocurrió activar. Ni funciona el activador de voz ni hay modo de desinstalarlo. Con lo cual cada mañana hay unos minutos extras, bastantes, para que el programita se dé cuenta que no lo uso y me diga que lo cierre. El aspa para hacerlo inmediatamente es falsa. En momentos de nerviosismo estoy por estrellar el ordenador contra la pared. No lo hago por encierra mi otro yo, el de mi memoria extensiva. El ordenador por supuesto se ríe de mí. Si fuera un robot ya me hubiera dado un par de hostias para que me callara. Puesto que tengo decidido deshacerme de este ordenador en breves para comprarme otro a pesar de que tiene poco más de un año de vida, no tengo la menor duda de que mi viacrucis continuará con el consiguiente, como ya me pasó con uno de los anteriores que nada más estrenarlo la barra espaciadora iba mal. Puesto que escribo con bastante rapidez todas mis palabras se enganchaban de tal modo que desengancharlas añadía el doble de trabajo para hacer un artículo. En fin soy un desgraciado. No puedo decir que mis dominios tecnológicos me permitan salir bien parado de todas esas adversidades y molestias, cuyo cúmulo me aplastan.

Es así que la gran metáfora del ordenador como símil del comportamiento cerebral, desde una visión conductual cognitivista que se estudiaba en la facultad de psicología de hace unos 20 años, tiene una proyección aun más extraordinaria de la sospechada. El ordenador personal es el tablero por el que circulan todas las grandezas y miserias de la condición humana. Lo de personal hay que revisarlo. No puedes olvidar que tu ordenador está conectado a una gran red de la que es un apéndice minúsculo irrigado por toda clase de llegadas. Basta que navegues para que te entre toda clase de cosas. Todavía no he aprendido lo suficiente para saber  dónde ir y deshacerme de programas e infos no invitadas. Lamentablemente no sé identificar todos el procesos en curso desde el cuadro de revisión de tareas en marcha que obtienes pulsando al mismo tiempo ctrl+alt+intro. Estoy por llorar pero seguiré manteniendo la pose firme para que no se diga que no lucho por mis intereses. Estos intereses son básicamente la protección de mi individualidad con la que yo y solo yo sea quien pueda disponer de ella. Bueno, fácil compadre: en un ordenador trabajas con tus diseños y tus literaturas o lo que sea, con otro navegas y te ocupas del correo electrónico. Sí, vale, lo entiendo, es como aquello de tener dos cuentas bancarias, una con fondos limitados vinculada a tu credit card (por si te la mangan o hacen abuso de ella) y otra para todo los demás y los remanentes. No es tan fácil compa: vivimos en el tiempo en que el tiempo es lo más valorado. Si a todos los contratiempos cotidianas tienes que añadir el de saltar de una butaca a otra para ir de un ordenador a otro, te pierdes actividad. Por otra parte siempre te gusta platicar un poco con alguien que te saluda pro el ms y te sale de una compleja reflexión filosófica para tu ensayo, de la que no encuentras salida. En fin, que lo quiero/queremos todo. La seguridad del trabajo digital y el placer de husmear por Digitilandia con otros digitantes como uno para vivir del goce de las palabras y de lo que sea.

La intervención educativa

Escrito por jesusricartmorera 09-03-2009 en General. Comentarios (0)

Más debate sobre la intervención educativa.

¿Quién es quien para decirle a otro lo que debe hacer o cómo debe comportarse? Esa cuestión nos acompañará todavía algunos siglos. Con suerte, para el próximo cambio de milenio, las 4 o 5 generaciones que coexistan entonces podrán celebrar que nadie tenga que imponer a nadie formas gubernativas, ordenanzas o actitudes, porque el predomino ético de la raza humana habrá hecho superfluo todo control. Al margen de este pijosabelotodismo (una  parida profética, pido excusas) de  momento toca decir que esa pregunta viene de lejos y no ha parado de reversionarse en todos los espacios y lugares.

Las mentalidades se dividen según sea la respuesta. Las posiciones ideológicas se distinguen entre las de máxima liberalidad a las de máximo control. El abanico ha ido desde el sueño ácrata, el de conceder la máxima libertad; al sueño del estado totalitario, el de garantizar la máxima sumisión de sus súbditos. Según se estime la potencialidad creativa y autogestora de los individuos se toman posiciones más cercanas a una ideología u otra. Cuanto mas se desprecie el potencial de un pueblo  más se invocará la necesidad de su organización desde una intervención externa.

 Un  argumento tópico de las tiranías es que el pueblo no esta(ba) preparado para otro tipo de gobiernos electos.  Los movimientos prodemocráticos tuvieron que demostrar la madurez social para alcanzar los modelos sociales de los que la historia ha podido disponer. El ser humano es el que es y sus límites son los que son. Nadie tiene la varita mágica de la perfección pero sí la historiografía suficiente para no estar dispuesto a volver a pasados dolorosos por genocidas y descerebrados. Es así que se toman medidas severas para no volver a holocaustos y hecatombes. Esas medidas que  pasan por todas las denominaciones remiten a un parámetro crucial: el de la intervención.  La dedicación a la formación de las nuevas generaciones siempre fue parte del ideario de  las generaciones anteriores para que el mundo futuro fuera el mejor de los posibles. La educación ha sido y sigue siendo el gran proyecto reprevención para todos los males y daños, al menos para no repetir los que se sufrieran antes.

  Su proceso de desarrollo no es igual ni paralelo. Así como hay formas cuasi neolíticas  que han quedado aislados y que siguen prevaleciendo en rincones muy aislados   del planeta, también hay formas políticas completamente opuestas. Hay países dentro de la democracia y otros predemocráticos; pero no se trata de bloques opuestos (hay países cuyos tiranos en el poder son mantenidos por los baluartes de la civilización por razones de estrategia mundial). La democracia no ha renunciado a formas de control extremo aunque, eso sí, muy sofisticadas y los países no democráticos, en cuanto a que no tienen  un autentico parlamento  o sus sistemas electorales están muy amañados, desde luego tampoco. La diferencia entre los estados en todo el mundo no es la que hay medida por los accesos de participación al poder  como en lo que se refiere a formas de control ciudadano.

El siglo XX se ha nutrido de una falsa impresión sobre países libres (los resultantes de la victoria aliada desde 1949) y los países con la libertad prohibida. Todos, sin excepción, no han dejado de ejercer nunca en control sobre sus poblaciones. Eso sigue rigiendo así. El control es una categoría universal para el que, por ahora, no hay una solución alternativa.

El debate sobre educación puede ser realista al ser pautado sobre esta tesis. La educación no se limita a proporcionar información y saber,  trata de controlar variables del comportamiento humano  no dejándolas al azar. Una persona educada es aquella que se ajusta a un rol predeterminado. Los programas de educación social y las inversiones de estado en educar a la sociedad pasan por la necesidad de especialistas en tecnologías requeridas por el desarrollo material del sistema pero también para reducir, supuestamente, la alta tasa de problemas.

Ningún estado acepta el libre arbitrio de las culturas dejándolas todas a su desarrollo. Su apología de las tradiciones corre paralela a su neutralización de lo que no reconviene. Bajo este punto de vista la democracia estás condenada a ser una ficción en el fondo aunque pueda ser simulada en su apariencia.

Mientras la tesis del sujeto soberano –el que se construye a si mismo autocríticamente no dejándose manipular por intereses de pertenencia ni por roles para los que se le instruye- sea una quimera, los estados intervendrán para domeñarlo a su conveniencia. La argumentación de protegerse del individuo  consciente y disidente será la misma que la de proteger a la sociedad del destructivo. De ahí que toda transgresión, legal o ilegal, razonable o no, tiende a ser criminalizada.

Lo ideal seria contar con ese tipo de persona soberana y encontrarla encarcelada dentro de cada individuo esperando salir, extrovertirse, crecer y cambiar el mundo; pero eso es más propio de una imaginación fecunda. Lo mejor seria poder culpar de las fechorías individuales a la estructura de sistema y al estado. El problema es que no hay individuo exento, en una dosis u otra, salvo casos muy graves de delirio, de responsabilidad de sus actos

  Ni todo es blanco ni todo es negro, ni todos los individuos de la sociedad remiten a ese  perfil imaginario-idealista de la persona que se supera constantemente a si misma para ser mejor ni tampoco son canteras de delincuencia criminal que necesiten programas de reeducación intensivos.  Para el equipo de los idealistas un hábito infalible pitaría el penalty de la ingenuidad y un entrenador recomendaría menos confusión entre el deseo de la persona ideal (un constructor utópico de momento) y el balance de la persona real (una constatación que figura defraudando a diario). Para el equipo de los elitistas que quieren salvaguardar la sociedad de chusmas y sabotajes  controlándolo todo, el mismo árbitro pediría flexibilidad y calma para dar tiempo a la evolución, su entrenador enseñaría hábitos de tolerancia y desrigidificación  mental.

Un teatro supuesto de debate entre el personaje más libertario y el personaje más fascista (una idea de squetch para una velada catártica) conduciría las posiciones de ambas partes a incurrir en severas contradicciones.  El problema de las posiciones más radicales es que se fanatizan para sostenerse y al hacerlo caer en reduccionismos simplistas, en máximas totalizadoras de síes y noes incondicionales. Una posición lógica resultante de ese desenlace polémico seria proponer una síntesis que no significa una reconciliación. La apología de la síntesis entre posiciones contrarias ha sonado a subterfugio. ¿Como estar a la vez de acuerdo y en contra a conceder la libertad evolutiva? ¿Hasta donde intervenir en la libertad ajena?

La misma empiria demuestra que la intervención en lo ajeno existe desde la misma situación de pluralidad. Basta que concurran dos individuos en unas mismas coordenadas para que  se influencien mutuamente.  En el seno familiar los roles ya vienen predeterminados por el  calendario biológico en su crecimiento. Desde la horda tribal a la ciudad más populosa el reparto de roles se ha configurado de acuerdo a atributos individuales distintos: es así que quien ha tenido fuerza física ha doblegado al débil para que trabajara para él.  

La educación como transmisión del saber es altamente valorado, como manipulación instructiva, por tanto transmisión de un saber sesgado en detrimento de su holismo, exactamente rechazable. Tanto para el educador que transmite subjetivismo (el creacionismo o cualquier otro proyecto basado en creencias) como para el educando que no tiene opción a discutírselo, la práctica instruccional es deplorable. Por otra parte el grupo necesita protegerse de aquellas conductas desviadas que atentan a su seguridad, por eso tiene que neutralizar antes de que den a lugar comportamientos antisociales o destructivos. La conclusión de este tipo de debates lleva a dilemas bastante prácticos: o se invierte en educaciones para corregir hábitos o prevenir los desastrados o la factura sale mas cara reparando, marquesinas, recogiendo cadáveres picadillo de asfalto o tratando cánceres en la ontología hospitalaria en medio de una inmensa lista de problemas actuales que son la consecuencia directa de la negligencia conductual.

De cómo dar clase.

Escrito por jesusricartmorera 07-03-2009 en General. Comentarios (0)

 

Alan Bennett con History boys da una clase magistral de cómo dar clase. Escenificación de un texto lúcido y rápido repleto de referencias culturales, citas literarias y escénicas, que gira en torno al aula de un centro escolar cuyo director quiere prestigiarlo preparando a sus alumnandos para acceder a Oxford. Héctor  (Josep maría Pou que hace de director de la puesta en escena en su versión catalana  como El nois d’ Història en el Teatre Goya) es el profesor un tato excéntrico que tiene un peculiar modo de dar sus clases, interactivo y colega que no duda en los gestos punitivos más simbólicos que dolorosos ante los errores (un bote en el que pagar una libra cada vez que alguien no adivina de que se trata un squetch representado espontáneamente, o zapapos con el periódico en la cabeza de los muchachos.

La escena es veloz, los estudiantes aprenden divirtiéndose. Todos saben citar textos poéticos de clásicos británicos. La forma docente del profesor no gusta al director el cual le amonesta regularmente. Para asegurar el nivel de los estudiantes el centro contrata un nuevo profesor joven con una nueva técnica de enseñanza para preparar a los estudiantes para superar la prueba de acceso a la universidad. El objetivo académico es el de medir la productividad dentro de la enseñanza algo totalmente imposible con el método iconoclasta del profesor extravagante. Con el nuevo  aprenden que lo más importante no es la verdad o tomar el saber cómo verdad sino la provocación y la originalidad, cualquier material que descoloque a un examinador. Mientras Héctor es crítico con el sistema de enseñanza, el otro profesor es un manual de astucia para sobrevivir dentro de él. Se trata de dos discursos distintos pero no totalmente opuestos. Un docente enseña a como se debe aprender en la vida, es decir a pensar y a disfrutar con lo sabido; el otro, enseña a como triunfar.

Hay otro discurso interviniente: el de los deseos latentes de estudiantes y profesores, el de la homosexualidad como algo continuamente insinuado pero no del todo exhibido. Héctor, un hombre de unos 60 años que se desplaza en moto invita cada día llevar  a un estudiante distinto. Durante la carrera mientras conduce él explora los genitales de su pasajero, esto llega a oídos del director que lo utiliza como razón para deshacerse o al menos neutralizar al profesor del que ya está harto por sus métodos pedagógicos extraños e invaluables. El centro de enseñanza es fundamentalmente varonil, solo hay una profesora y los chicos están en la edad de la exploración de lo que sienten y de sus tendencias eróticas. El nuevo profesor también esta e eso.

Este ha conseguido que toda la promoción entre con éxito en la afamada universidad de Oxford, incluso consigue entrar uno de los estudiantes cuyo padre fuera conserje de la institución, la cual, interesada políticamente en demostrar su popularización, lo admite por aquello de demostrar un interclasismo y una mayor accesibilidad.

El centro está de fiesta por el exitazo de los estudiantes. Héctor está emplazado a abandonar el centro por su supuesto vicio, algo que la cultura británica, mantiene la doble posición de hablarlo y descubrirlo pero a la vez de demonizarlo y prohibirlo. En el proceso de su exclusión es obligado a que ambos profesores compartan el aula poniéndose en evidencia las diferentes concepciones de la enseñanza y en definitiva del ser humano y la vida.

Todas las contradicciones  y el seguimiento psicológico del profesor de literatura no quitan una cierta empatía con el otro profesor que es invitado a subir en la moto por aquel. Sufren un accidente, Héctor muere y este queda en una silla de ruedas. El director de la escuela, la viva representación del rol de las apariencias, hace un sentido panegírico de todos los valores de Héctor a pesar de haber sido uno de los factores que más lo saboteó.

Durante las clases uno de los mensajes más brillantes que lega es el valor del texto escrito que fuera pensado por autores y antecesores con los que nunca un lector puede tratar y que sin embargo recogieron ya con un visionismo excelso lo que este siete en otro tiempo y otra latitud. Este es el milagro del arte haciendo del arte escrito la patria de los sentimientos y de la gramática el país de la letralándia.

El texto es ágil, escrito para un público culto y atento que es convocado a que no se pierda ni una sola palabra durante la audición. Todo lo contrario al teatro fácil de gags simples para conseguir las risas rápidas.  Es un texto que recatapulta el amor por el teatro escenificado que clava al espectador en el asiento por 2 horas y media. Un texto indispensable para profesores y estudiantes, no importa en qué nivel de clase y materia se reúna. Su desenlace supera otros guiones que abordaron los diferentes intereses concurrentes en los espacios de didáctica. Temas como Rebelión en las aulas quedan obsoletos y ridículos frente a la sutilidad y el amor por un saber.

El plantel de todos los estudiantes evoluciona a personajes triunfadores en la sociedad, en la vida comercial, industrial y académica el recuerdo del loco profesor en inextinguible.