FLUENCIA TRANSCULTURAL

El lenguaje sms

Escrito por jesusricartmorera 26-04-2009 en General. Comentarios (0)

 

El lenguaje sms es un fenómeno comunicativo que ha nacido de los más jóvenes que optan por sus contactos escritos por ser más baratos que los orales. Puede ser equiparado a un nuevo tipo de argot en el que predominan neologismos determinados por las abreviaturas. Lo importante es entenderse no la manera dirían los protagonistas de esa nueva gestualidad que consiste en ir andando por la calle o  estar sentado en alguna parte con el careto metido en la pantalla del celular  y con dedos de las dos manos apretando su teclado ajenos a todo cuánto pueda suceder en el entorno. Para los usuarios de este procedimiento, en edades púberes, se puede rastrear la consolidación de un lenguaje no ya sólo cargado de abreviaturas sino de palabras subalfabéticas con errores notorios y abreviadas lo cual las hace intraducibles para quien no esté entrenado en ese nuevo lenguaje de contacto. Tras algunos intercambios de mensajes con representates de este medio que deben estar entre los 11 y los 15 años me he dado por rendido. No tiene demasiado objeto corregir palabras mal escritas cuando parece que lo menos relevante en sus tentativas comunicativas es la comunicación en si misma sino la apariencia de hacerla.

Si el móvil se ha convertido en un aparato destacado de la actualidad y en uno de los iconos más característicos de ésta época, el móvil en manos de un púber o un adolescente es la prolongación de su otro yo con el que comunicarse, supuestamente, con el mundo entero desatendiendo los mensajes de la realidad más clásica y más cercana.

 

 

 

Estudio de la mirada

Escrito por jesusricartmorera 26-04-2009 en General. Comentarios (0)

 

Para un estudio observacional de la mirada.

La mirada es un indicador de atención observacional. Observar la observación es fascinante. Al observar esa parte de la conducta manifiesta según la cual se infiere la intencionalidad se sabe del otro lo que el otro no dice por otros gestos. Lo estudia la etología y la psicología humana. La mirada no es de competencia exclusiva de las prerrogativas humanas. Forma parte de la vida natural y de todas las especies con ojos. La mirada de las mascotas es uno de sus atributos más apreciados. Con todo su repertorio de miradas  hablan distintos significados: esperan, piden, se lamentan, miman, comprenden (al menos lo parece).La mirada tan apreciada en los perros es difícil encontrarla en intensidad y constancia en las personas.

Mirar la mirada es extraordinariamente potente. Mirar la mirada consigue tomar  no pocas muestras de la no mirada. Distinguiremos la obtención de registros distintos entre mirar y ver. Ambas funciones son proporcionadas por los órganos de la visión. Estos son terminales de captación de los cromatismos y figuras panorámicas pero la visión no se limita a ser una función mecánica de órgano sino que se completa como resultante psíquica de los procesos mentales que computan los detalles adquiridos. Lo que el órgano proporciona como apuntes de una forma, el cerebro los completa como una forma entera. La mirada humana viene determinada por la dotación de sus órganos de visión perceptiva  que proporcionan un campo visual con una profundidad de alcance. Inevitablemente muchas cosas pasan por el campo visual, basta tener los ojos abiertos pero  no todas las cosas que pasa por ese campo son computadas con precisión. Aún peor muchas ni siquiera son recordadas un rato después. Es así que pasan los nombres de las placas en carretera de las ciudades que se atraviesa que no se recuerdan al minuto salvo las más importantes. Para recuperar sus nombres hay que acudir al mapa si los proporciona o al apunte gráfico. Es así que se ven muchas cosas, gentes, gestos para inmediatamente pasar a ser una amalgama de detalles.  Es paradójica la capacidad fisiológica para la mirada y la escasa rapidez de reflejos o la reducción atencional notoria. En ese mirar pero no ver residen no pocos problemas del ser humano y de sus relaciones. La inteligencia de una persona se mide por su capacidad de retención y de relación de los detalles que contempla. A mayor capacidad de detección y retención de detalles mas propiedades subjetivas para el análisis y para reducir la injusticia interpretativa. Si bien todos los animales con órganos de visión pueden mirar no todos saben ver lo que miran. Del animal humano empezó a sorprenderme su forma de ir por el mundo sin enterarse de los sucesos. Luego estudié la metodología observacional como disciplina en la facultad de psicología en la que demostraba que dos o más observadores, incluso entrenados, mirando lo mismo da cuenta de observaciones ligeramente diferentes. Eso que dio lugar a la psicología diferencial no solo demostraba que los objetos observados son distintos según la posición del observante sino algo más relevante que cada observante  hace observaciones diferentes según sus pre concepciones, entrenamiento, condiciones o apriorismos.

Durante mi descubrimiento del mundo, es decir del mundo de los demás ya advertí que el andante estándar se desplaza de un punto a otro con escasas dotes telescópicas llevando puestas una especie de orejeras de caballo para solo mirar enfrente y no distraerse con bifurcaciones, panoramas colaterales o interferencias ajenas. El andante urbano ha adquirido gran destreza en moverse en medio de las multitudes sorteando a cientos de personas por día sin tropezarse con ninguno y también, lo que es más extraordinario, sin ver a nadie. Es así que o se recuerda caras, a lo más algunos gestos o vestidos. Aunque la vida urbana es un espectáculo continuo ponerse a mirar fijamente a alguien esta mal visto. Si por azar dos miradas se cruzan ambas tienden a apartarse. Vengo practicado la mirada observacional desde siempre. Eso me hizo llegar a una conclusión terrible: la gente no quiere ver. Sale a la calle para no ver, salvo lo indispensable para no tropezar con un árbol o caerse por una alcantarilla. Ha decidido que lo menos importante de una calle poblada son los demás. Se detiene ante escaparates a los que dedica minutos o se pasa un buen rato ante un mapa del suburbano si atreverse a preguntar o aparta la mirada de su guía de turismo. El otro desconocido lo trata como nadie. Eso se explica por inhibiciones resultado de fetiches culturales (“no hables con ningún desconocido”, una orden, mala, sin duda, para niños, que retumba en la caja craneal del adulto) pero también por algo peor: la saturación del otro, sea quien sea, de cualquier otro, no importa su color, su cultura o su idioma.

Observación mientras escribo este texto en una cafetería-restaurant marroquí en la costa atlántica. Llega una furgo  de turistas extranjeros dando un tour por la zona. Entran en  tropel al salón. No dicen nada a nadie. Piden cocacolas o refrescos (es media mañana y la temperatura es baja). Los observo detenidamente y por repetido a varios de ellos. Ninguna mirada se fija en mí. No me ven. No existo. Mejor lo digo en plural: no nos ven, no existimos, tampoco miran los detalles del entorno salvo los refrescos que piden. No se trata de ninguna prepotencia de los hijos colonialistas. Es una forma de ser: visitar el mundo sin querer tratarlo solo para reproducir formas conductuales que hacen en la demarcación de sus barrios antes de tomar el avión. El estudio de la mirada del turista da para  varios volúmenes por ella sola. Las miradas son distintas según los tipos psicológicos de personalidad. La mirada fija suele ser interpretada en una mayoría de sitios como una mirada provocativa. La insistencia incluso puede ser tomada como un despecho o una agresividad. Basta llegar a un sitio y ser rodeado por gente que te mire sin decir nada esperando un regalo o simplemente examinando los detalles del recién llegado (experiencia que tantas veces se repite en el África negra) para que este se sienta incómodo. Esa incomodación tiene que ver con un sentimiento de desnudez. La observación de cualquiera, la sola observación atenta, proporciona muchos más elementos de su personalidad de lo que se cree en un principio. Su sospecha es lo que le inquieta. Un observador neutral atento puede saber mucho de alguien por su forma de andar y por su esquema corporal además de por su forma de vestir.

Puede argüirse que la mirada glauca, (mirar sin ver como si las pupilas estuvieran fuera de órbita) viene determinada por la saturación de los parámetros estimulares. No se puede fijar la mirada en detalle de todo lo que se ve y se opta por el campo de visión genérica sin posarla en nada en particular (salvo los escaparates y los artículos de venta). Solo que excepcionalmente dos miradas que se cruzan se posan la una en la otra por un rato sostenido para pasar a otros gestos con los labios, la nariz, el conjunto facial o las manos. La conducta humana no es más que la expresión de un sistema nervioso que la lleva. Su capacidad observacional remite al algoritmo operacional de su psique en la que interviene la fisioneurología pero también la ideología. Si la gente viaja y se mueve por el mundo pero sin embargo no mira para ver sino que mira para no tropezarse y poder decir que estuvo en tal o cual lugar es porque hay un conjunto de valores  (o anti valores) detrás  que la determinan en esa perspectiva. Desde el momento en que el sistema `perceptivo humano es mediocre (el estudio de la escucha de los sonidos y de los significantes así como de los otros sentidos, en especial los del paladar,  olfato y el tacto, también pueden arrojar conclusiones de apoyo a lo que pasa con la mirada, con el tocar y no sentir, el comer pero no degustar, el oler pero no distinguir). En esa mirada distante y despersonalizada hay algo del sentido de autoprotección o autodefensa innata. No ver realmente a nadie para que no se sienta invitado a lo que no se le quiere invitar, no ver realmente las situaciones para no asumir con plena consciencia su realidad intrínseca.

En el no ver se le corresponde también la ausencia de interpretación. El ver se corresponde con el detallismo: la percepción del os colores, de las formas, de las presencias. Si bien proporciona fundamentalmente colecciones de semblantes y de panoramas, su compendio es importante para examinar mas detalles. La facultad del oído tampoco garantiza la escucha exacta como la de la lectura la comprensión total de lo leído. El debate tras la lectura de un libro o de un texto, incluso corto, pone  de relieve la atención prestada. En el fórum de una película otro tanto sobre lo visto. En el paseo por una calle emblemática o principal de una ciudad también la experiencia que se ha obtenido y así sucesivamente.

Un mundo repersonalizado, donde la gente se tuviera en cuenta como personas posibles y ejercitara de tales habría mas dedicación atencional perceptiva, mas baños mutuos de imagen sin pasar por las calles y por la vida por encima de todo o queriendo mezclarse con los detalles ajenos, en sus formas y en sus propias miradas.

Cuando se pasa al habla, la forma de mirarse o no a los ojos, o si se desvía la mirada a los labios o a otros puntos, ya es un poderoso indicador de lo que se puede esperar del otro. En alguna ocasión he renunciado a seguir hablando con una persona porque distrae su mirada en otros puntos externos sin fijarla en la mia o se dejaba interrumpir por estímulos continuos. No es que alguien con la mirada fija sea garantía de una total atención pero suele serlo más que quien la tiene constantemente desviada. Si además es huidiza es que tiene bastante a esconder.

En el (auto)inventario de incompletudes del sujeto humano el de no ver y observar atentamente sus entornos y a los demás lo coloca en una posición indiferente ante su mundo y su época donde lo prioritario pasa por la consolidación de su egoísmo y de su interés. En paralelo y contradictoriamente puede hacer muchas conductas supuestas de interés humano (visitar museos o visitar memorándums o recorrer miles de kms sin detenerse en los detalles ajenos). Recomendaría un rescate de la mirada para ver y no solo para no tropezar con el otro, sino para tenerlo en cuenta como fuente de experiencia y de enunciados, por tanto de mirada atencional y de escucha, pero está muy claro que esa recomendación llega tarde en una especie animal en la que hace del autismo su mayor sentido de la autodefensa.

La criticabilidad del crítico

Escrito por jesusricartmorera 23-04-2009 en General. Comentarios (0)

 

La condición de criticabilidad la tiene todo viviente que no se libra de la metáfora o del escarnio según le toque y del análisis denunciativo de sus incoherencias y gapazos. El crítico en relación a lo criticado y al agente portador de la conducta criticada no hace más que adelantarse a lo que éste hará en relación a aquel si tiene la oportunidad. De hecho todo crítico por su condición de actuante incurre en actuaciones objetables y, a la que se descuide, muy reprobables. No es cuestión de andarse con susceptibilidades por decirnos los unos a los otros  las fallas e inconsistencias aunque es cierto que hay medidas profilácticas para tampoco hacernos demasiado caso. Hay que filtrar muy fino para encontrar las pepitas de oro. Sé de escritores que no leen nunca las críticas de sus nuevas publicaciones, directores de teatro que viven de espaldas a lo que dicen de ellos, articulistas que prescinden de los comentarios formalistas que generan sus artículos y creadores en general que prescinden lo que dicen de ellos para no dejarse afectar. Se diría que los discursos coexisten sin tener porque congeniar. Cada uno va a lo suyo y se reconoce en lo que es pero no se interesa en detalle por lo que hace. La excepción a eso es la de la figura del crítico que estudia lo que objeta, lee lo que critica o acude al espectáculo que luego evalúa. Se sigue diciendo después de los estrenos aquello tan socorrido de “éxito de crítica y de público”. Está conectado. No está de más leer el comentario crítico (no confundir con los reclamos publicitarios) de una nueva performance antes de arriesgarse a desplazarse hasta ella para perder el tiempo. El crítico es alguien que habrá ido antes y dará sus opiniones. No deja de ser un informador. Si es un crítico independiente su análisis no tiene porque coincidir ni favorecer con la compañía, con la sala de distribución, con la claca o con los actores. Si es acertado puede resultar desagradable pero inexpugnable en lo que diga. Antes sospechaba que el crítico de teatro o de cine era alguien que se agazapaba en la última fila en el sitio más discreto para tomar sus notas para no perderse detalle. Luego aprendí que cualquiera que se interese por la calidad de los consumos evoluciona a crítico si antes no ha muerto en el intento de empachos indigestos de productos adulterados, tanto los que se introducen por la boca como cualesquiera otros asumidos por el sistema perceptivo.

El crítico lleva delantera. Su forma de captar, ver y gozar un espectáculo, una conferencia, una lectura es ya desde una posición analítica. Su modo de percibir es dual: de un lado hace de espectador y otra de observador, No se le pasan por alto algunos detalles y además de impregnarse de imágenes, escruta mensajes, se detiene en detalles, inventaría despistes y vacios o subraya lecciones y gestos magistrales. Luego, ante su ordenador, le saldrá a chorro lo que podía haber dicho de viva voz, si tras el foro, la película o lo que fuera se hubiera dado esa posibilidad. Como lo tiene por la mano presentará su análisis, lo  enviará el mismo día o lo publicará  en cuanto pueda y luego pasará a otra cosa. El crítico es el tipo que mete el dedo en la llaga o en  el recto para saber el estado de la cuestión. A fuerza de entreno enseguida descubrirá si está ante una obra de arte o algo que quiere parecérsele.

La crítica artística cumple una función indirecta: mantener el nivel de intelectualidad alto y lúcido ya que lo que es permitido hacer en arte hasta la demolición si es necesario no es permitido hacerlo en política. (glosa marginal: los políticos vocacionales deberían ser enviados una temporada al inicio de sus carreras a sesiones duras de psicodrama, teatro amateur, lecciones de oratoria y confesionarios de sinceridad para tener una buena dote con la que enfrentar sus carreras con más éxito). En política basta la menor crítica para que la gente abandone el foro con la típica reacción infantil de no aceptar que el otro –que por supuesto es criticable- se tome la arrogancia de criticarte. Véase el boicot de 9 paises (Usa y algunos de la UE sobre todo) a Ahmadineyad y de paso a toda la cumbre internacional sobre racismo por acusar a Israel de racista (la prensa se ha hecho eco de ello diciendo que ha sido por insultar a Israel). El premier iraní no puede presentarnos un país que sea el país terrenal y desde luego tiene mucho retraso histórico por lo que hace a las garantías de los derechos humanos pero eso no impide  su derecho a la crítica. BanKi-moon, el secretario general de la ONU, lamentó esa reacción pero no fue más allá haciendo su propia crítica al abandono. Por cierto “lamentar” es uno de los verbos diplomáticos más en alza.

El problema del crítico es que puede decir la verdad. Eso asusta tanto que la diplomacia e bloque se ha convertido en un nuevo espectáculo para dar vidilla a la mediática y no resolver nada. todos los estados tienen cosas que esconder, por eso forman parte de la complicidad común en no decirse las verdades para no perder los favores. Si alguno lo hace puntualmente es que se equivoca y es inmediatamente proscrito por el resto de la comunidad de juego, se le echa del club por no respetar las normas de juego. Con el crítico que funciona de francotirador se hace lo mismo, se le aísla o se le ignora. En particular si no representa una posición de fuerza y no es miembro de un grupo que lo avale. Lo que menos importa, como suele suceder siempre es el qué, y lo que más, el cómo, el momento, el poder de divulgación, el impacto de resonancia.  El crítico más experto y ético no por eso deja de ser criticable, pero la criticabilidad del crítico no lo anula como tal. Eso es lo que está olvidando la industria de la información y de la imagen. Por su parte el crítico pillado in fraganti en su propia salsa de errores (nadie es tan inmaculado como para no tener sus propios déficits y agujeros) si no está preparado puede autoexcluirse por no poder soportar la presión. Todo seria mas sencillo si nos aceptáramos en la volubilidad humana y hubiera una disposición constructiva al aprendizaje mutua y a la superación colectiva de los traumas humanos.

En la libreta de los versos

Escrito por jesusricartmorera 21-04-2009 en General. Comentarios (0)

 

Un poemario de viajes no es otra cosa que la recopilación de textos versados motivados por experiencias interactivas por un recorrido geográfico. No habría otra diferencia con cualquier otro texto de poesía desde la quietud de un puesto de escritura. Un poema es un fijador de memoria que hace de radiografía de una emoción en un  momento dado en cualquier contexto atravesado. Su facilidad orgánica permite ser escrito en cualquier parte e incluso en cualquier momento. He llegado a utilizar el reverso de billetes de metro para escribir una ocurrencia o el dorso de un recibo o incluso una servilleta de papel esponjoso en un bar. Cualquier cosa sirve para atrapar a la musa que te ronda cuando quiere. Lo habitual cuando viajo es llevar un cuaderno o una libreta donde meter textos de pretensión poética, que si bien no logran siempre serlo sí cumplen con la función de un recuerdo vivencial. Muchos poemas son instantáneas  de momentos cruzados de los que se puede desdibujar el ambiente físico pero no la emoción que los engendró.

Los textos de In-quietudes han sido reunidos a lo largo de distintos años y de la suma de un cierto número de lugares.  Están reunidos bajo un título deliberadamente equívoco. La inquietud se refiere a lo no quieto, en este caso al sujeto móvil que va de una parte a otra mirando lo que no le es dado al sedentario; y también a las motivaciones para pensar. El sujeto inquieto es el que no permanece impasible ante las cosas de su mundo.

Dentro de los atuendos indispensables del viajero  que tiene curiosidad por las cosas, no podía faltar la libreta donde caligrafiar estrofas sin más lucro que su relectura inmediata.

Me he encontrado una y otra vez a lo largo de mi vida en  folios a menudo y   en la libreta de los versos  con intención de convertirla en libro. Ahora que me atrevo en tal envergadura caigo en la cuenta de que los textos reunidos abarcan una década entera y fragmentos de otras dos. Tiempo suficiente para dar por cerrado este poemario aunque no el poema del viaje en sí que es lo que quintaesencio en la vida. Viajar no significa solo moverse de una ciudad a otra. Es también la evolución del pensamiento. Vivir es viajar por las reflexiones y por las ideas. El viaje poético es un atributo de la mirada esencial y no un producto de geografías. El poema de no importa que latitud exótica no es mejor por haber sido concebido en ella que el poema hecho en casa. En todo caso la poesía es una de las pocas cosas que acompaña al viajero cuando no tiene nadie a quien expresar su sentirse dice[1]  de Dámaso-Alonso[2]  que solo la poesía podía saciar su sed existencial. La poesía es quizás tanto más hipervalorada cuanto menos opciones artísticas y culturales alternativas se encuentren pero lo que es seguro es que una existencia sin ella resulta más atávica y difícil de gozar. La instancia poética permite el control de la realidad cuyo atributo principal es el de la imperfección e insuficiencia. El poeta se hace viajero del imaginario, marchando más allá de los límites sociales y políticos establecidos. Y el viajero se hace poeta cuando no hay nada en parte alguna que lo pueda colmar si no es con la reinvención del mundo desde sus palabras. En una época ultra-tecno como la actual hablar de poesía  parece que es estar fuera de onda y escribirla resulta sospechoso. Desde la entrada al mundo de la triple dobleuve  con Bervers-Lee[3] se diría que lo poético está fuera de lugar. No es así. Mientras haya alguien que se exprese en clave poética y alguien que se identifique con ello desde la lectura la poesía tendrá larga vida. Escribirla tiene bastante de riesgo y en todo caso no es posible hacerlo sin una vida arriesgada. El trovador de antes recorría  lugares el de ahora sigue recorriendo corazones. Mercè Rodoreda decía que ”hay que vivir peligrosamente”. Lo poético es la expresión de esta vida llevada al límite de sus posibilidades. Para Carmen Martín Gaite[4] cambiar de casa supone creer cambiar de vida. Para el poeta de los viajes cambiar de lugar es cambiar de poema y trucar los sentidos.

El poemario de viajes reunido en in-quietudes  gira en torno a la eterna demanda de un mundo en un planeta que no lo tiene, de una humanidad en una gente  que no la engendra, de una filosofía en un pensamiento que no la concibe, de un amor en unas circunstancias no siempre posibles. Es por eso que cada texto queda sin terminar. Todos quedan en suspenso como si tras su último vocablo hubiera  puntos suspensivos. No hay conclusión posible. Sólo hay formas que giran en torno a sí como el  torbellino de un tío vivo dando vueltas en toro al mismo eje. No importa cuantas vueltas se haya dado, el giro siempre gira en torno al mismo eje: lo poético gira una y otra vez en otro a sus mismos temas centrales y quien lo hace entretiene la vida y sus aventuras disimulando la vida clavada a la materia y la constancia de un espíritu preso en la condena de su destino. Lo importante es que en la libreta de los versos me encontrara y me encuentre y que siga formando parte de los útiles de viaje porque eso querrá decir que todavía hay motivos en los panoramas de los que hablar, miradas en los ojos de la gente que me cautiven, voces de cualesquiera partes de las que saque nota, verdades del mundo por las que afilar mi lápiz.

 



[1]  tomado de Victor García de la Concha, crítico.

[2] Ex director de la Real Academia. amigo de V.Aleixandre, de Lorca, y de Rafael Alberti.

[3] Bervers-Lee, Tim fue el creador de la World-Wide-Web

[4] (Salamanca 1925-) Irse de casa. Anagrama. Es su novela más ambiciosa y lograda en su momento de publicación. El título tiene que ver con la idea del cambio personal al hacer un cambio de morada.

Entre la distancia y la ausencia.

Escrito por jesusricartmorera 21-04-2009 en General. Comentarios (0)

La distancia y la ausencia son palabras que han llegado a ser confundidas presuponiéndose que la una implicaba la  otra. Ambas nociones están variando sustancialmente en los últimos tiempos. Estar/no estar había sido siempre la doble característica binaria para describir la ubicabilidad ajena, la accesibilidad a otra persona. La disposición del otro pasaba por su presencialidad. Trabajar significaba acudir a un centro de trabajo (costó mucho tiempo admitir que había un trabajo doméstico, que también significa trabajar  y además uno de los más multifacéticos, también costó un cierto tiempo crear redes de colaboración sin la concentración de los colaboradores en el mismo espacio físico) y estar con los demás pasaba por salir y reunirse con ellos. Salir se convirtió en uno de los verbos que más se usaban en relación a la vida social y a las relaciones con los demás.

 El planeta digital  viene cambiado el concepto de coordenadas porque la noción de espacio está en profunda transformación. Ya no se refiere a un lugar únicamente físico, sino a un lugar de encuentro o una tecnología que lo facilite. La cita virtual  ya ha dejado su periodo infantil de pruebas y experimentación para pasar a una de perfeccionamiento y considerable importancia. No solo tiene pleno derecho a su reconocimiento en toda su entidad para el valor del contacto humano, sino que puede superar en eficacia a las relaciones presenciales. El potencial de esta verdad es tal que todo el discurso de la ansiedad (el de la queja contra el otro por no estar) se encuentra descolocado por no tener coartada. En una época en que la telefonía móvil todavía o había desarrollado los celulares de bolsillo, una amiga me cuestionaba que nunca estaba localizable. Le propuse que me comprara un móvil, por aquel entonces muy caro en comparación al abaratamiento  que  experimentó ese artículo. A partir del momento en que  se va disponiendo masivamente de  celular o de ordenador portátil cada persona es una terminal de una gran red, también una fuente de emisión, un generador de imágenes e infos, y sobre todo un interlocutor posible. Otro asunto es que se articulen las condiciones  para la conversación y el entendimiento.

Había heredado los conceptos de viejo cuño de la era predigital de tal manera que los correos personales con personas queridas estaban marcados por esa doble noción de la distancia (en el sentido geográfico literal) y de la ausencia (en el sentido de la no presencia). Los últimos tiempos están demostrando que la no presencia física no tiene porque comportar la ausencia. De hecho hay reencuentros con antiguas relaciones en el espacio digital, en alguno de sus recursos comunicativos, que restauran relaciones bloqueadas o distanciamientos emocionales  e incluso pueden adelantar a la intimidad que se consiguiera antes en la época del contacto presencial.

Mi experiencia de no estar en casa o estar en otra ubicación o país me costó ser interpretado en mi falta de interés o en mi ausencia permanente. Mi paradoja biográfica me ha indicado es que desde lejos (expresión de viejo cuño) podía estar tanto o más interesado que estando cerca. La verdad es que las cartas y con ellas un registro de comunicación mayor se suelen escribir desde la distancia. Una carta simbólicamente contiene un acercamiento mayor que la  oralidad permitida por la proximidad cercana.

Los viajes y las exploraciones por el mundo me demostrarían que la distancia ha dejado de tener el peso espectacular que tuvo en el pasado. Hoy día, prácticamente, todas las distancias son  fácilmente superables por la enorme red de transportes que existe pero  también lo son sin necesidad de desplazamientos ya que de las cuatro razones de ellos (transporte de mercancías, exploraciones geoculturales, contacto físico humano y comunicación) la comunicación se puede hacer en perfectas condiciones a distancia siendo además ésta la que  propicia, prepara o informa de las posibilidades de las  otras tres.

Quedar para verse las caras ya no es tan importante o lo es tanto más  si la comunicación escrita falla. Verse las caras también implica condicionar al otro para que dé la suya en el sentido metafórico de hablar, explicarse, decir, comunicar, destaparse. Pero todo eso no es nada que no se pueda hacer por webcam y por comunicación escrita con, evidentemente, las variables específicas de cada forma de contacto.

En Correo de un padre ausente/Correo desde la distancia fui reuniendo todas las cartas que envié a mi hijo de niño -del cual fui separado convivencialmente a una edad prematura- a las que también fui agregando las que le seguiría enviando de adulto. Si no estaba yo físicamente a su lado al menos que estuvieran mis palabras escritas.  Por supuesto las palabras escritas no iban a sustituir mi presencia convivencial pero al menos me representaban y demostraban mi pensamiento continuado para con él desde cualquier parte en que pudiera estar. Después de mucho  tiempo de corresponsal de no poca gente he llegado a la conclusión que casi nadie tiene tiempo para el correo escrito salvo una rara saga de amantes de la comunicación intimista expresamente volcada para que quede constancia. En esa  manera de información de lo personal queda al descubierto todo: lapsus, verdades dichas, deseos de todo tipo, los cumplidos y los que no, experiencias tenidas, las que han valido la pena y las que nos han hecho perder el tiempo… La comunicación escrita tiene entidad propia no quedando relegada solo a una información complementaria a la que pueda ser oral. De hecho hay relaciones en las que lo escrito tiene un peso más considerable que las oportunidades dadas a la oralidad.

La ausencia en la actualidad  es una construcción de la voluntad en lugar de una imposición por los limitantes materiales del contacto. Sea cual sea la distancia hay maneras para la relación virtual. Esta virtualidad permite rescatar el virtuosismo  comunicativo que ni siquiera la oralidad presencial lo proporciona.

Actualmente, mientras la distancia es un concepto objetivo determinado por imperativos externos la ausencia es algo que forma parte de las sensibilidades de cada cual. No está más ausente de tu vida aquel que está lejos sino aquel que elude la comunicación, la demora o no la corresponde debidamente. Personalmente no soy –no suelo ser- quien interrumpe la comunicación con los demás, (el mundo ya lo encontré muy disoluto e incomunicado cuando me estrené en él como para incrementar esa lacra) pero sí  he pasado –y continuaré pasando- por no pocos episodios de disrupción de la comunicación cuando el vertido crítico no ha gustado a la otra parte. A mi pesar  el mundo está muy bloqueado y a pesar de toda la tecnología todo termina por volver al silencio cuando a falta de palabras se opta por callar o a falta de argumentos se opta por insultar.

El correo de un padre a su hijo (seguramente la idea también me vino dada por  las noticias que recibí de otros escritores/as que lo hicieron con los suyos pero sobre todo por la determinante insalvable de la separación) no deja de seguir las pautas de todo correo o al menos de la mayoría de experiencias de correo postal (que luego sería digital), el de una parte más dedicada (la mía) y la otra menos interesada en las respuestas e incluso en hacer acuse de recibo de los envíos. De niño, de  mi hijo tan solo recibí una carta  en Alicante, que además había sido el resultado de  un trabajo de clase en su colegio. Si con los años saqué adelante mi correo hacia él fue para que lo recordara y para que quedara un testimonio de los avatares de nuestra distancia.

Escribir cartas a alguien supone hacer un libro que dura toda una vida. El correo personal es uno de los géneros más intimitas que existe. Quien las escribe no es totalmente consciente de su coherencia o no lo es  mientras no las relea todas de golpe como libro avanzado o terminado, algo que nunca he hecho con ningún libro mío, ni  los epistolarios ni  los otros. En ese sentido el escritor de cartas si ha sido sincero y espontaneo con ellas es una de las personas más trasparentes que existe porque no tiene temor a que sean usados como documento para revelarlo tal como es. Al revés al sospechar eso hay gente que no escribe nada para que eso no lo comprometa. Siempre hay el peligro de tropezar en el mundo con ultra legalistas que se acogen a la literalidad de una frase sin entender el contexto en el que ha sido escrita.

Después de vivir  distintas clases de distancias físico-geográficas con personas queridas y luchar contra la ausencia para superar  tanto mi sentimiento de soledad como  la no correspondencia de la otra parte  no pude por menos que reconocer sus ventajas. La ausencia del otro permite trabajar en lo propio desde el aislamiento. En cuanto a la distancia ya ni siquiera tiene sentido comentar, que tomar distancia de lugares permite entrar en otros capítulos biográficos, otros contactos y otras fuentes de saber.