FLUENCIA TRANSCULTURAL

La continuidad como espejismo

Escrito por jesusricartmorera 29-05-2009 en General. Comentarios (0)

La continuidad como espejismo[1]. JesRICART

Cuando elaboré mi ateísmo no tuve la menor sensación de desamparo. Fue fácil llegar a semejante posición: bastó separar el hecho de este artefacto conceptual a sí mismo, el de dios,  alejándolo de toda la influencia cultural y de la ansiedad ajena producida por el temor a no tener una omnipotencia que lo explicara y justificara todo. Tan pronto me quedó claro que las explicaciones reveladas por la teología de ese dios obedecían a la necesidad  subjetivista del ser humano de la protección divina no admitir la existencia de este,  su, producto ideológico fue fácil.  Admito que esa pérdida  de referente  no desencadenó en mí ninguna crisis aunque sí fue uno de los efectos colaterales de otra crisis, la tópica de autoafirmación de la adolescencia. Un tiempo después, el reconocimiento  a una dimensión espiritual a la que nunca había renunciado y mis aproximaciones al misticismo y a la espiritualística  me ilusionaron con la tesis de la continuidad, es decir de la continuidad postmortem. Muy bien -me dije-  el cuerpo se extingue pero toda la acumulación energética que ha presidido a lo largo de su vida debe ir a alguna parte, aunque ese lugar  sea un estado de flotación inconcreto y en un marco interdimensional diferente al conocido. Esa hipótesis venía a tapar no sé muy bien qué que tenia a ver con el trascendentalismo del ser. Como que mis necesidades teóricas y la elaboración del crecimiento personal no precisaron de tomar postura sobre esto confieso que mi implicación en esta temática fue a menos. En la práctica relacional creer o no creer en un más allá no significaba nada. A escala mundial no es así, las hordas se siguen dividiendo entre los fieles y los infieles, no solo por lo que hace a la posición de los mahometanos también por lo que hace a la de los occidentales. Para los estados de los poderes despóticos la sociedad queda dividida entre quienes creen en sus políticas moralistas acerca del mal y quienes las rechazamos.

La experiencia cotidiana demuestra que se puede vivir toda una vida, la material y la intelectual, la social y relacional pero también la meditacional e intimista sin necesidad de  participar de la disertación teológica así como de la pertenecía a una congregación religiosa. El ritual de la oración en privado o compartido  es algo totalmente prescindible así como la invocación a cualquier otra instancia sobrenatural de fuerza para que venga a auxiliarnos en las necesidades presentes. En términos escénicos es una cuestión de leguaje, desde luego conceptual, pero con expresiones lingüísticas muy concretas. Seguimos usando expresiones lingüísticas o palabras cuyo origen se formaran con la mención del nombre de dios o de Alá y e mucha mayor cantidad otras que relacionan la mención de otros dioses particulares o menores. Cuando recibo una carta o un email de alguien que se despide con formas obsoletas deseado que me quede con dios o cosas parecidos solo veo una forma automatizada e impensada. Me pongo en el lugar de los creyentes que con su mención continuada  a su padre eterno dejan de reflexionar su actualidad y su materialidad, su ahora y aquí, su potencialidad como seres vivos por limitados y finitos que sean.

Todo eso es perfectamente superable, otro asunto es la continuidad de la dimensión espiritual. Durante tiempo las influencias de las tesis reencarnacioncitas y la necesidad (necesidad para el ego) de prevalecer ha avalado ese después con distintas versiones de cómo será. En cuanto me pude a pensar en hecho en sí mismo de la continuidad advertí que todo objeto deja una continuidad en el sentido más vulgar como fenómeno material cuando menos. Desde el momento en que la destrucción de algo nunca es absoluta y queda un resto para atestiguarlo la continuidad existe, evidentemente no en la misma forma. En varios lugares del mundo se conservan deliberadamente edificios en ruinas o maquinas destructoras como carros de combate para informar a las generaciones venideras de lo que sucedió. Una placa de mármol de alguien fallecido  hace de  memorándum que significa una continuidad.

La denominación de continuidad es banal. La continuidad es la permanencia de algo diferenciado tras el cambio de su estado presencial o material. La memoria histórica des una forma continuista de lo extinguido. La hipótesis del  alma viajera, buscado reencarnarse o donde meterse en la vastedad cósmica, es atractiva para la mentalidad humana que o acepta la posición filosófica de la vacuidad y del sin sentido. Un alma, aunque no pese ni sirva para gran cosa, aunque no recuerde su pasado ni su procedencia, aunque no pueda gozar de la sensorialidad ni ejercitar el pensamiento, es la coartada ideal para creer en un más allá perfecto donde haya desaparecido lo material, el deseo y el sufrimiento. Lo que no dice el cuento es la desaparición de todo lo demás: la voluntad, la consciencia, el placer, la comunicación. Dicho así lo de menos es la continuidad sino su consistencia. Un ser humano sabe que o pocas de las cosas más rudimentarias que se haya valido para vivir lo sobrevivirán. Quienes los conocieron lo recordarán también por estos objetos pero nadie se le ocurrirá confundirlos con su alma.

La continuidad –lo demuestra la Física- es un hecho. La muere corpórea no significa la liquidación de todo lo que contiene el organismo, este se trasforma o se recicla. Puede tener distintas suertes, desde continuar viviendo en parte e cuerpos ajenos a pasar a integrar otros tejidos y variables de la naturaleza. Está claro que no es esa la continuidad por la que se entusiasma la credulidad en el más allá, sino el de la perpetuación de los signos de identidad. Para el reencarnacionismo las señales de identificación del alma habitando en un nuevo cuerpo (es el protocolo que siguen para que los tibetanos elijan un nuevo lama) no significa que el niñito venga con la sabiduría del anterior. O sea, que en el mejor de  los casos la continuidad de la misma entidad anímica viene con una merma considerable. Algo parecido se pude hipotetizar con respecto a los espectros de los fallecidos o las almas divinizadas que desde su nueva posición quedan separados de la anterior no quedando para nada claro si esas nuevas coordenadas espirituales son mas evolutivas que las anteriores en la dimensión corpórea.

La objeción a la continuidad ya está presente en otras latitudes de la reflexión que no tienen nada que ver con la espiritualística. Continuidad es todo proyecto de prevalecer. La pretensión de continuar con lo que sea: una empresa de negocios, un viaje, un matrimonio, la responsabilidad en el cargo. Continuidad es equivalente a futuro y físicamente remite al principio de persistencia de todo objeto inerte o vivo que ocupando un espacio desea prevalecer en el con o sin razones. En ese sentido un animal inteligente y una simple piedra comparten una misma dinámica que busca la permanencia. Querer continuar y querer que continúen las cosas (las relaciones, los estatus, las posesiones, el amor, la devoción, la lealtad, la estabilidad) es propio de la voluntad de poder personal y de la necesidad de la estabilidad subjetiva. El elogio de la continuidad es en el fondo uh auto apego al yo, una incapacidad psicológica para el desprendimiento definitivo de lo material y de todo lo que supone la corporeidad. Una de las razones por las cuales deseamos creer en la trascendencia es por no perder el sentimiento de control sobre nosotros mismos, lo que somos, lo que hemos sido, tal como podemos continuar influyendo en la vida. Pura entelequia ficciosa.  Por otra parte la continuidad más burda existe. Casi todo el mundo puede ser recordado después de muerto aunque sea por su imagen, por una frase o por un detalle anecdótico. La cuestión es que ese recuerdo puede ser tergiversado, nada que no suceda ya mientras se está vivo. Uno en memoria ajea no deja de ser un material susceptible de tergiversación. En el mejor de los casos de recuerdo respetuoso y objetivo. Ambas situaciones no dejan de representar la continuidad, la continuidad de uno que fue en otro que sigue siendo, del pasado que se extinguió en un futuro que integra unidades de su legado.

El Corán lo deja claro: 87/88y89. “Si el muerto es de los allegados de Dios, tendrá reposo, perfumes y un Paraíso de ensueño” pero  91/92-94 “si está entre los embusteros, los descarriados tendrá alojamiento en agua hirviente y luego fuego lento en el invierno”[2]. Espeluznante es para poner los pelos de punto. No pertenezco a la región de los embusteros pero sí de los descarriados aunque ese libro de amenazas coloque ambas conductas en el mismo lote, espero estar en lo cierto en lo del espejismo de la continuidad, de lo contrario voy a estar muy caliente.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730985#post730985

[2] Eñl Corán editorial Planeta Barcelona 1983 con una traducción de Juan Vernet.pag. 578

Dejar de comprar

Escrito por jesusricartmorera 29-05-2009 en General. Comentarios (0)

 

Dejar de comprar. JesRICART. Este articulo inicialmente inserto en el enlace abajo transcrito de Expansión no duró mas de 1 dia y fue eliminado sin contactar con su autor. [1].

La crisis económica más exactamente es una crisis de producción sin olvidar las prácticas especulativas. Y una crisis de producción más exactamente quiere decir una crisis de superproducción. De entrada parece un contrasentido ¿Cómo es posible que una mayor cantidad de algo pueda llevar a una crisis? Pues sí, los excesos llevan a crisis. Basta cenar el doble de cantidad o de la comida para tener problemas  todo el día y el resto de la noche. Basta doblar la velocidad en una  curva peligrosa para matarse y no contarlo. Los excesos llevan directamente a la crisis. Ni el más poderoso de los barcos mercantes puede cargar con el doble de su carga máxima, tampoco puede hacerlo el TIR más  reluciente. En resumen el exceso es peligroso incluso puede serlo más que el deceso. La ventaja del exceso es que los productos acumulados que no tengan salida inmediata puede/podrían tenerlos los siguientes años, claro está si no se deterioran. El problema del sistema es que fabrica cosas para el inmediatismo, su demora en la venta es igual ya a pérdidas, entiéndase:  a no conseguir las ganancias estimadas a priori. El sistema sobrecargado saltándose sus propias leyes de una lógica de desarrollo ha taponado las salidas, las producciones se han encallado, los inversores basados en curvas de crecimiento exponencial que no se van a cumplir fracasa, se arruinan o contraen una úlcera por estrés; muchos productores se quedan sin tener que producir, las empresas cierran o disminuye considerablemente su producción. Estructuralmente todo lo que está pasando es un gran toque de atención. Lo peor  sin embargo no es eso. El hecho de que se produzca menos, echando números, solo significa que la producción ofertada se ajuste, a la fuerza ya que no lo hizo por las buenas,  a la demanda real. Primera elección de economía práctica que la elemental organización domestica de una sola boca aprende empíricamente. Pero la producción disminuida no significa realmente un problema directo para el sistema, (al contrario la naturaleza y la salud ciudadana encontrarán mejorías) le problema mayor es que la expulsión de productores de sus puestos de trabajo se traduce por una disminución de sus niveles adquisitivos y esto por la reducción considerable de la adquisición de productos. Ecuación inferida: no ser productor es igual, a la larga, no ser consumidor, Y aquí, en esto, sí que duele al enfoque del capital. De ahí que las bolsas presupuestarias para estados de crisis prioricen la importancia de la recirculación de capital. Los bolsillos no pueden quedar vacíos, todo el mundo debe continuar haciendo vida “normal” como si no hubiera pasado nada, siguiendo con su tren de vida, no privándose de placeres, gustos, lujos y pagos, por superfluo que sea todo ello. Lo peor de la crisis sería que tomara el look más dramático: que cerraran los comercios de primera necesidad y que los consumidores no pudieran abastecerse de los servicios y los productos básicos. Mientras esto funcione la verdadera crisis queda limitada al discurso alarmista de la crisis.

Si damos la vuelta al razonamiento se puede inferir que la reducción de los consumos innecesarios puede llevar a un trabajador a pleno rendimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales a dividir por 2 o por 3 o por 4 o por 5 o incluso por 10 su tiempo de contribución diaria, semanal o anual al trabajo si con esta porción consigue cubrir sus necesidades reales. De eso ni se habla ni se quiere oír hablar porque trabajar menos significa ganar menos y si ganando lo que se gana ya se tienen problemas para llegar a fin de mes en muchas  familias, ¿qué decir de la entrada de menores ingresos?. Vindico tal discusión. Dejar de comprar como opción no es una castración por el lado de la privación sino una evolución por el lado de la prescindencia. La cuestión no es pasar hambre, aunque ya que lo menciono ninguna comida debería concluir sin que el comensal se quedara con un poco de hambre, sino pasar de un infinito número de cosas innecesarias. Cada cual sabe los artefactos de los que se rodea y de los que no puede prescindir (yo podría prescindir del coche  pero no del ordenador, otra persona dirá lo opuesto) pero todo el mundo carga con sobrantes, todo el mundo menos quienes vivan en condiciones de miseria.  El gran fantasma de quien pierde el trabajo es que le ve los colmillos al lobo (los acreedores) y que no va a poder asumir su anterior tren de vida. Sí, es un problema. Pagar al jardinero para que recorte el césped, las facturas de agua para renovar el volumen almacenado en la piscina, hacer el millar de kms al menos por semana en cada unos de los coches del garaje, pagar el club de tenis, el hipódromo, tomar el puente aéreo cada 3 días, ir al restaurante más caro de la ciudad, ir de copas todos los viernes a los lugares de lujos, ah, y no olvidarse de comprar el abrigo de pieles. Pesemos en otro perfil más mayoritario. No cobrar ni siquiera mil euros al mes significa no poder pagar los 600 de alquiler, privarse de restaurantes y todos los demás gastos, ir de compras al Lidl o Dia como almacenes baratos que ofrecen calidad y dejarse de otras exploraciones comerciales. No tener dinero significa no poderse pagar unas vacaciones en un hotel aunque sea de pocas estrellas y sin estela, o poder asumir cursos extraescolares para los niños o sudar para poder pagar sus cuentas de cada mes. En caso extremo o tener dinero es hacer cola en el despacho de asistencia social para  ver lo que pueden hacer por ti sin que nadie te vea, aunque en el momento de la despedida ya en la puerta de salida no del despacho sino de la oficina el capullo que te ha atendido te diga a la despedida: no te preocupes que todo se solucionará, con lo cual si un vecino te ha visto sabe a lo que has ido u no puedes decirle que hayas tenido una cita profesional.

Las cosas no están tan mal pibe dejar de comprar es recurrir a lo que ya tienes comprado. ¿Acaso no habías trabajado duramente durante muchos años pensando en el día de mañana por si te faltaba alguna cosa? Pues bien, ese día del mañana es hoy. Hoy necesitas acudir a tus silos, cocinar los granos que estuvieron esperando durante 7, 14 o 28 años  para ser comidos. Acabo de echar una ojeada a mi armario antes de escribir esto: tengo más ropa de la que voy a poder usar el resto de mi vida (puedo prescindir de la moda, otra chorrada más), tengo más portafolios y maletas de viaje de las que se me va a estropear, tengo más ordenadores de los que me dará tiempo de romper (aunque la tecnología anda tan rápida que antes de terminar el año compraré el tercero (el de este año) y el numero, ni se sabe, de lo que llevo de vida informática, estoy sobrado de muebles y a cubierto con los techos de los dos apartamentos de los que dispongo; tengo libros de sobras para leer un rato el resto de mi vida, tengo una lista interminable de ideas sobre las que escribir con lo cual no pararé de autogenerar mi propio trabajo mientras viva, tengo mil sitios a los que ir y otros cien mil que me faltan conocer (no me falta entretenimiento). En fin soy un privilegiado, aunque esté sin trabajo asalariado y mis ingresos sean escasos. No todos los casos son iguales. El mío es este porque ya inicié la andadura como residente de la sociedad capitalista prevenido de que era –sigue siendo- la sociedad  del engaño más gigantesco.  Sé de otra mucha gente que no se lo toma con tanto sentido del humor: las facturas los acosan, no puede pagar todos los enredos en los que se ha metido, ha tenido hijos sin poderles garantizar la estabilidad básica no se ha puesto en negocios sin garantía. Sus declaraciones son de otro signo distinto. Respeto profundamente el dolor generado por la miseria pero no justificaré la irresponsabilidad  de nadie metiéndose en ella. Por otra parte ser pobre no tiene porque significar ser miserable. Nunca he valorado a nadie por sus rentas anuales, ni las pregunto ni me interesan, cuando alguien por error táctico al elegirme a mí como su escucha me habla de lo que gana o de sus éxitos empresariales  no le escucho o cambio de tema. No me interesa en lo más mínimo. Para sobrevivir se necesita en primer lugar un gran saque para la ironía y en segundo lugar una pequeña cuenta económica con la que pagar lo básico. Se puede prescindir totalmente de todo aquello que se compra, se guarda y no se usa nunca o se usa una sola vez. La mayoría de compras están orientadas a la apariencia y a tener segurizantes, pero ningún objeto material proporciona la seguridad cuando uno psicológicamente no está autoafirmado.

Dejar de comprar es una opción (la inmensa mayoría de cosas son prescindibles) que pide una previa, aprender a comprar mejor. Es decir, ser más críticos y exigentes con la calidad de las cosas, no aceptar artículos que vienen con envasados cuyo coste tiende a  igualar al de su contenido. Aprender a comprar es entrar con un alto sentido evaluativo de los objetos a un establecimiento. Por cierto la educación básica adolece de esta asignatura crucial: aprender a comprar, aprender a consumir. E lugar de eso toda la cultura con la que se carga al empleado, al productor, al asalariado, es el de ser  un consumidor. Consume, cuanto más consumas más estatus, más prestigio, más poder, más rango. Pero todo eso es una gran mentira. Si esperas ser reconocido por lo que tienes andas listo. Tener, el hecho de tener,  tener mucho, solo es una coartada, bastante mala por cierto, para no ser. Es mejor olvidar las acumulaciones y vivir la vida en sus contenidos fundamentales. Basta cambiar el chip y  reaprender a vivir desde el placer de la actualidad permanente de la vida sin tantas preocupaciones por el futuro, por los pagos, por el salario. Eso puede permitir cambiar la hegemónica mentalidad economicista por una lúdica.

Sege Latouche es otro objetor del crecimiento a ultranza que une su voz a la de tantos otros reclamando que cambiemos de modelo de vida a favor del planeta y –añado- de sus habitantes. Cambiar el modelo pasa por el cambio de las actitudes de los individuos, de los individuos humanos, el resto de animales y platas ya saben lo que tienen que hacer, el único que no se entera es el animal humano. Dejar de comprar o no ir de viaje a Transilvania o a Sídney e verano no es tan grave, se puede ir a recorrer las Alpujarras u otra comarca insuficientemente conocida. No tener suficiente para el combustible tampoco es terrible se puede volver al encanto de la bici (por cierto hay un modelo de triciclo con techo en el que cabe la familia) y los recuerdos de infancia estrenando la primera. No tener para comprar carne o pescado o cada día tampoco es relevante, la dieta vegetariana extensiva a gran escala evitará multitud de las enfermedades actuales. Un tiempo atrás se cantaba”… más de 100 pesetas cuesta la ternera, ni que el animal un hijo de Franco fuera”. No sé por dónde anda su precio, hace años que no la compro, tampoco clienteo en ninguna carnicería. Reducir el tren de vida es adoptar otra velocidad existencial, tal vez aprender el valor de la calma y de la simplificación. Hemos de aprender nuevos modelos, ¿Alternativa? Sí, practicar la simplificación, ganar tiempo libre para el sosiego, la filosofía y la poesía y no preocuparse por el futuro, no existe ni para el que tiene menos ni para el que tiene más. Esto no es un canto a la despreocupación sino una crítica a la preocupación inflacionada y falseada. Sí hay una sociedad por la que preocuparnos, la que se impide vivir en sus potencialidades metiéndola en callejones sin salida, la de los números y las bolsas financieras. Eso puede parecer un escarnecimiento de la crisis, ejem, bueno, no paso de ironizarla. Dejar de comprar está conectado con la tesis del poder de los consumidores. No consumir lo inadecuado, lo falto de calidad, lo supercaro y lo inútil no es más que una medida profiláctica para que el sistema se cualifique más. Al final las generaciones venideras podrán gozar una sociedad mejor que la actual con la actitud de la compra disminuida. Dejando de comprar o combinando drásticamente los criterios de compra y consumo, la sociedad mejorará ostensiblemente, también la salud  y el margen de maniobra individual crecerá considerablemente al soltar lastres.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730330#post730330

Evento y Noticia

Escrito por jesusricartmorera 26-05-2009 en General. Comentarios (0)

Evento y Noticia. JesRICART

No leo periódicos o tiendo a leerlos menos. Teniendo en cuenta que en una época los leía a diario y más de uno, debo haber sufrido una involución formativa  (prefiero llamarlo des-expectación). Fui aprendiendo que ningún evento tiene realmente la categoría de noticia urgente  que necesite ser consumida tras ser publicada. Casi todas pueden esperar. A veces se me han acumulado periódicos que no terminé de leer al comprarlos y años después de su fecha de edición, antes de lanzarlos a la basura de reciclaje de papel (para que sigan con ese interminable procesos de volver a hacer pasta y soportes para otras grafías y otras noticias) los leo, verificando que  el mundo no ha cambiado en absoluto.

A fuerza de experimentar con las llamadas noticias he aprendido que una noticia es algo que se va trasladando de momento y lugar pero que viene a repetir versiones de unos mismos eventos que no cambian. Por otra parte ir a comprar el periódico, intercambiar dos palabras con el quiosquero y dedicar parte del sábado o domingo por la mañana al ritual de su lectura es sumergirse en un espectáculo. Ese mundo que no cambia y que insiste en sus epidemias, guerras, torturas, violaciones, malos tratos y mentiras proporciona caldo suficiente para pasar un rato entretenido tomando el vermú e irritándose contra los autores de los delitos, creando la sensación que con eso los culpables son los otros y uno tiene el ticket para ir al cielo de los justos. De todas las secciones periodísticas la que siempre me atrapó mas fue la de las cartas al director  (ahora correo del lector) pues era/es  lo que proporciona/ba una especie de sondeo espontáneo de la verdadera opinión pública de un país (extralimitando y enriqueciendo la opinión de los profesionales de redacciones). En la del País Semanal del 24 de mayo 2009 son interesantes las correcciones que los lectores hacen a esos profesionales cuyas veteranías no filtran errores de lenguaje y de información: A.Perez-Reverte, J.J.Millás, J.Marías. Me pregunto porque el periodismo profesional se reparte el plantel de las firmas conocidas de forma fija y no catapulta las verdaderas opiniones públicas, las de los sin nombre celebérrimo. La variedad favorecería el placer de la lectura y por supuesto el enriquecimiento de la literatura[1].

Se diría que el encumbramiento nominal de unos pocos va en detrimento del enorme potencial de la opinión pública extensiva, es decir de la legítima opinión pública. El periodismo nunca tuvo muy claro que era eso de la opinión público, el poder del estado tampoco. Se habló del poder de la presa pero al poco tiempo se descubrió que cada plataforma periodística tiene su plantilla, su línea, sus contratos privados y su forma de tratar con la verdad (y con la mentira). Desde la posición individual profesional del reportero, el corresponsal, el investigador se creó que lo que no hacia la mayoría silenciosa lo hacia él con su arte y capacidad de representación en nombre de todos. El periodista ponía las preguntas y hacia la indagación de aquello que la sociedad esperaba.  Como hipótesis no estaba nada mal. Ahora las cosas han cambiado, la gente no se chupa el dedo, ha aprendido a escribir, se expresa impecablemente, tiene capacidad de crítica y reconviene respetuosa y prudentemente los gazapos publicados de otros por muy notoria que sea la firma de éstos. En resumen la opinión pública existe pero los periódicos clásicos, los de la prensa escrita, siguen apostando por unos nombres de plantilla fija. Concurren dos fenómenos el de redactores a perpetuidad pagados por sus opiniones e informaciones y el de lectores a perpetuidad que compran los soportes para leerlas o seguirlas. Es posible que a unos ya les vaya bien esos contratados perpetuos y a los otros la posición lectoral-formativa y solo a los menos nos preocupe insistir en un entrecruzamiento de ambos para dar con un tercero: el del lector escritor del que poder gozar el nuevo estilo que tenga a bien proponer o el dato que ha pasado por alto a los más veteranos.

El oficio de escribir no es tan fácil por mucho que atrape al oficiante. Cada sílaba es una gota destilada que no siempre completa la botella. Pero la actitud de leer tampoco es tan fácil por mucho que atrape al lector, dejándose llevar por el proceso mental que propone un texto. Pensar es compensar y escribir es una forma de hacerlo poniéndose en el lugar de la lectura. Si todo lo que pretende la autoría de un texto es llenar un espacio físico dado, una página de semanario con recuadro para la foto o el dibujo incluido, con ideas más o menos ocurrentes es posible que el primer perjudicado sea el autor al saberse limitado y el segundo la propia literatura, incluida la periodística, al quedar cercada en un perímetro de mercado. La lectura en marcha no puede olvidar que lo que está leyendo está condicionado por las coordenadas tempo-espaciales a las que se rinde un redactor contratado. Mientras lee puede ocurrírsele una forma paralela de tratar el mismo tema y proponer una extensión del texto, una complementación a parte de una corrección de detalles y un aporte a sus insuficiencias. En definitiva el lector completa al escritor. Si eso es así, el lector debería tener un espacio más extenso que el  par de páginas escasas para sus opiniones cuya invitación para que sean dadas suele ser hecha pero que el periodo siempre se reserva la potestad de publicarlas o recortarlas por sus misteriosas razones técnicas.

Generalmente se pide y se esperan opiniones sobre la noticia prepublicaa o que tengan relación con la actualidad. El público es un gran coyunturalita, consumidor de momentos, pegado a las escenas de rabiosa actualidad cuanto más recalcitrantes y espectaculares mejor. Los periódicos han ido sufriendo una deriva desde sus posiciones iníciales de órganos de información veraz, al menos como principio e intención, a plataformas divulgativas de casuística, enredos, peleas, accidentes y dramas. La paz no vende ejemplares, los conflictos sí. Un mismo periódico puede estar publicando un artículo que lo honra denunciando la prostitución obligada o trata de esclavas como El País ha publicado recientemente y al mismo tiempo y en el mismo número publicar u tipo de anuncios de servicios sexuales que alimentan  los negocios de los proxenetas esclavistas. Desde el momento en que el periodismo es negocio e incide en una determinada línea de valoración hipoteca en parte la libertad expresiva de sus redactores.  No todo es tan monolítico y un mismo ejemplar puede ser plataforma de una pluralidad e incluso de una controversia pero en tanto que la política editorial se debe a un clientelismo la libertad de palabra es más que relativa.

El trabajo más duro del periodismo es el de presentar a diario el último titular, la última referencia que salpica la realidad para que todoas, lectores, escritores, observadores, analistas, echemos la dentellada y sigamos retroalimentado la fábula de que esto de estar al día significa tener cultura. Debe ser tan aburrido ir a cubrir con la pera o la cámara o el micro del móvil lo que dice el último tarambana del último affaire como tener que ir a soportar una carrera de motos o de galgos cuando no te gusta ni lo uno ni lo otro para poder entregar la reseña antes del cierre de redacción. Los comentaristas son los afortunados. Basta con leer lo que otros han publicado de las secciones de noticias para hacer un refrito y buscarles los tres pies al gato. El comentarista olvida que no entra dentro de los bastiones de lo reactivo frente a lo estimulario. ¿De qué vamos a hablar hoy? ¡As, sí! De Trillo, el impresentable, justificando lo injustificable y apoyado a un tal Navarro condenado judicialmente por darse prisas y o identificar la mitad de los cadáveres del vuelo militar estrellado en Turkia. Sí, alguien tiene que hacer este trabajo, recordar que hay gente del poder y que tiene la jeta de  presentarse en público para justificar las actuaciones no éticas. Pero la mayor investigación no es la noticia del momento, esto o lo es, si no la perpetuación de una misma clase de eventos. Gestores y ex gestores del poder que siguen mintiendo sin que nada, en este sistema dado, les pare los pies, es decir no se haga eco de lo que sale por sus bocas.



[1] Hasta aquí, fragmento enviado al semanario elPais Semanal.

El discurso ausente

Escrito por jesusricartmorera 25-05-2009 en General. Comentarios (0)

De la presencialidad interrupta al discurso ausente. JesRICART

Un largo lamento desde la poesía y el romance recuerdan la partida, la pérdida de contacto, la idea o la persona lejana. La ausencia o presencia de alguien se refieren a sus formas físicas y a su contacto directo o a su falta. El discurso ausente se refiere a un fenómeno distinto que no tiene nada que ver con la escena formal, se refiere a la falta de contenido. El discurso ausente es el que no concurre a pesar de estarse hablando de otras cosas o de mantener un cierto estado comunicacional. Las cartas de un padre ausente venían a suplir su falta como figura  de proximidad y la no posibilidad de contacto directo por las distancias o las dificultades de planes para concretar convivencias o citas. Al iniciarlas no creí que un libro formado con  ellas supliera una relación pero sí que recogerían las emociones derivadas y lo que se vivía de lejos lo que no se podía vivir de cerca. Tampoco creí que un día llevaran a un cierto auto encierro sucumbiendo a los límites impuestos por la forma dominante que configuraba un no decir y continuaran siendo escritas pero no ya para ser enviadas. Fue en una época en que optar por el callar no era tanto una opción como una determinación influida por una deñada explicita de destinatarios y compañías verbales. El silencio no suele ser impuesto en modelos culturales progresistas o al menos no lo es como tal. En su lugar se suele pedir unas determinadas formas de habla tan encorsetadas y tan faltas de contenido que es mejor optar por callar. Escribir y no enviar un texto a la persona por el que ha sido escrita cumple –dentro de las producciones gramaticales- una función escénica que el pensamiento reprimido no ‘permite. Pensar lleva implícito el repensar lo que se puede decir de lo pesado. En todo discurso verbal existe algo de lo pensado que queda en la subvocalidad por estimar su inconveniencia o su impacto lesivo tanto como por temer a  su rebote. Los vericuetos comunicativos están llenos de subterfugios con los que se trata de decir cosas sin que sean dichas del todo, dejando una parte a los equívocos o jugando con las palabras para crear sensaciones distintos a lo largo de lo que se va diciendo o tratando de decir. El correo a lo largo de muchos años, el de toda una vida o casi, da tiempo para tentar distintas situaciones, referir propuestas que o se hicieron, sugerir otras que no se harán, relatar anécdotas y juegos de la vida. El escritor de cartas pone por escrito lo que habitualmente piensa pero no lo dice en su totalidad por no ser lo adecuado para un momento presencial, Si además escribe cartas que decide no enviar  se encuentra con la salsa de su propia escena sabiendo que lo que piensa tiene veto. El veto más duro de todos es el que se impone uno a sí mismo. Las cartas censuradas que entraban o salían de las cárceles con los reos o iban y venían de países tras el telón de acero no eran más graves -en términos psicológicos- en comparación a la autocensura estricta que una persona tiene que hacer para no herir la sensibilidad de alguien muy querido como es su propio hijo. El otro como destinatario confidencial puede cumplir la función de excitar una intencionalidad confidencial pero  también la de frenar la entrega de la confidencia. Se podría teorizar que cualquier otra forma existente (inerte o activa, vegetal o animal, en movimiento o quieta) comparte del parámetro estimulario que excita la reflexión pero también forma parte del parámetro disuasorio para no sincerársela. Desde que existe la sensibilidad los poetas han hecho de los parajes, los colores y las olas pretextos con los que hacer de sus sentimientos expeditos propuestas de recreación. Nada de todo eso se ha enterado del estar y del sentir de quienes han escrito sobre ello. Los humanos serian los únicos receptores de la naturaleza para interesarse en la misma igualdad de registro intelectual lo que dicen sus congéneres. Hablamos porque suponemos que nos entendemos, un humano habla a otro esperando que le entienda. Los discursos se levantan y pivotan en torno a este supuesto cuya confirmación no está tan demostrada como nos gustaría. Pero el discurso no solo se compone de declaraciones intencionales y de esfuerzos verbales para la transmisión de mensajes precisos, también queda expuesto desde el silencio, la evasión la elusión y la no correspondencia. El discurso no corresponsivo es su ausencia, por tanto la pérdida de fuerza de las hipótesis que sostengan la continuidad, el encuentro o la entente.

El concepto de discurso más generalizado es el del sostenimiento de opiniones expresadas con palabras, hay quien lo reduce a una exposición verbal, sea la que sea o una charla. Hablar no significa siempre estar diciendo algo o saber lo que se dice, con lo cual el discurso no queda garantizado por el solo hecho de hablar. La necesidad psicológica de tener por referente estable la palabra es tan alta que los sonidos verbales así como las grafías tienen que convertirse en eso: articulaciones fónicas o icónicas con carga de sentido. Un sonido sin significado no es considerado como una palabra[1] y al revés raramente es admitido ese sonido que no tiene designada una palabra que lo haga compresible. La mayor cantidad de encuentros verbales son los dedicados al intercambio de información y descripción de noticias y situaciones. Dentro del intercambio de información también está el de la transmisión de lo que se siente y de lo que se piensa. Los sentimientos suelen ser domesticados por las formas de pensar para decirlos, cuando se atreven con el lujo libertario de expresarse tal cual son severamente castigados hasta el punto de que se puede producir y de hecho se produce una interrupción del discurso para siempre si el interlocutor receptivo no se siente cómodo con ese sentir expresado. Esa consecuencia tiene tanta amplitud que todo el proceso anterior de intercambio de otras informaciones, incluidos otros sentimientos, puede quedar completamente congelado. Los discursos y su intercambio forman parte de los procesos de existencialidad y sigue en su continuidad aunque los interlocutores vayan variándolo- Lo   que más importa de un discurso válido es su continuidad y no tanto la presunción de fiabilidad del depositario transicional. En cierta medida todos los interlocutores somos limitados y no estamos dispuestos a aguantarlo todo de los demás, somos, en consecuencia, transicionales. La discusión es los motivos por los cuales se renuncia a un discurso ajeno si por su falsación o por su inconveniencia. En el mudo cotidiano, el de las ordinarieces, los ciudadanos iniciados y espabilados en el teatro de la mentira social, no están dispuestos a vivir sus vidas desde la transparencia. Renunciando a este criterio son capaces de aceptar toda clase de sumisiones siempre que un palio de cuidados ideológicos intensivos los proteja de los análisis y de sus resultados, las críticas. Tomar distancia de las fuentes de enunciado es una forma de sobrevivir en el engaño. El discurso continuará, tal vez cambie de manos porque los protagonistas que estaban construyendo una relación de cooperación y sinceridad mutua dejan de serlo para devenir antagonistas implícitos aunque no se hayan estrenado en ese nuevo rol. Si la relación con alguien muy querido no puede ser desde la sinceridad total ¿hay algo tan poderoso que la pueda reactivar para participar sólo de efemérides superficiosas?

“Cuanto más horripilante resulta el mundo más abstracto es el arte, un mundo en paz da un arte realista” dijo Paul Klee. No creo que su tesis quedara en forma hecho o que un arte más realista se haya correspondido con el mundo desarrollado después de él. Como presunción estuvo bien, como facticidad segura, no. Algo parecido se puede decir en cuanto al discurso posible en relación a los interlocutores presentes. Cuanta más blindada sea la interlocución más complejo y conceptual se hace el lenguaje y para que haya un lenguaje absolutamente transparente y directo sería necesario un mundo transparente con habitantes sinceros y sin temor. Puesto que el mundo habitado pierde puntos en el campo de lo concreto sincero. El lenguaje resultante tiende a ser encriptado y distante. Por supuesto, en el lugar de los discursos activos basados en la maximización de la transparencia mutua cabe el de las carantoñas mutuas, se sientan o no. La técnica es sencilla: basta sonreír mucho y decir una cierta cantidad de piropos al otro por minuto. Lo de menos es sentirlos, forma parte de las técnicas seductivas.  Pero este no es el tema, el tema es el discurso basado en la sinceridad si es posible o no. El precio de un discurso crítico es la interrupción del contacto, por tanto la desaparición del mismo hecho físico de la interlocución. No deja de ser un modo de poner un fin a un proceso que no haya terminado pero que desaloja un tiempo  para otros que sigan abiertos. El hecho de que se interrumpa una presencialidad o una relación comunicativa y eso genere una ausencia del discurso personalizado tampoco significa la liquidación del discurso mismo. El texto prosigue en otros espacios de contacto, desde otras miradas y panorámicas aunque nada pueda substituir la perdida  de la persona querida con la que quedo congelado el discurso mantenido.

No poder hablar de unos temas con las personas que los desencadenaron tampoco significa tenerlos que silenciar, el texto busca donde ser dicho y la extroversión busca la diana de recibo que pueda entenderla.



[1] Laura M.Mirón Conciencia sin Fronteras num 5  1998

 

La literatura dentro del arte.

Escrito por jesusricartmorera 12-05-2009 en General. Comentarios (0)

La literatura dentro del proceso artístico. JesRICART

Arte y literatura es una conjunción equivocada o cuando menos equívoca que se ha empleado y sigue empleando para enunciar dos universos diferenciados que a veces incluso se contraponen cuando son referidos como arte o literatura. Si arte es todo aquello que toma distancia de la realidad para reflexionarla desde la estética y la recreación desde la alegoría y la imaginación, la literatura también hace eso, por consiguiente el universo de lo literario es un subconjunto incluido dentro del gran conjunto de lo artístico. Las conjunciones y las disyunciones en la forma de juntar físicamente palabras son responsables de significaciones completamente distintas. La copulativa y que en principio parece que viene a sumar tiene una carga temporizada de mecanismo retardado que genera confusión haciendo de separadora. A la hora de escribir y hablar la práctica totalidad de hablantes no son/mos cuidadosos permanentemente con todas y cada una de las expresiones empleados y sin advertirlo -o  incluso advirtiéndolo poco- caemos en mimetismos y en formulas verbales prestadas que ayudan a la confusión colectiva.  Somos animales de costumbres, demasiado. La evolución (intelectual, cultural, social) es el resultado de una ecuación no tan compleja e laque interviene el factor de innovación y el de dominio de los que se hace en la otra parte de la misma. Cuanto más mimético y reproductor sea el ser humano menos crítico y autocrítico es y por tanto más se deja llevar por la corriente de las similitudes contribuyendo como un peso muerto a la inmovilidad de las cosas.

La literatura es una aportación crucial a la historia del lenguaje, Muchas expresiones hechas y nuevos vocablos han sido mencionadas por primera vez desde sus plataformas. Algo que pasa a ser del dominio público y de uso generalizado se le ocurrió a alguien por primera vez. El resultado de su contribución queda aunque el nombre de la autoría se olvide o incluso no se sepa. La literatura, o más exactamente, el autor de letras, no siempre es consciente de su papel en cuanto a poder de impacto en un escenario cultural. El tiempo lo dirá, evaluaciones posteriores lo podrán o lo reconocerán en su lugar. Eso no es lo más importante. Lo que lleva a escribir es lo vocacional, si el objetivo es de empresa como una empresa en la que invertir es posible que haya una colisión entre el sentido artístico de lo literario y el libro como producto.  Posiblemente los autores de letras así como los autores de otras expresiones artísticas se pasen la vida buscando una perfección que nunca conseguirán. Javier Cercas[1] titula uno de sus artículos con un arriesgado título para preguntarse sobre el mejor artículo que ha escrito para concluir que es el que no ha escrito precisamete por eso por no haberlo escrito. Se puede transpolar a cualquier otro elemento de creatividad. Incluso cuando el balance de una vida artística ha llegado a su fin para la posición de autor/creador lo mejor está siempre por hacer y de todo lo hecho ponerse a comparar cada unidad, cada parte, es más propio del observador objetivo especializado en arte que del  creador subjetivo especializado en su obra carente de otros referentes objetivos para las comparaciones a las que tampoco tiene porque prestarse. La vida es proceso y el arte también lo es como no puede ser de otro modo. Una propuesta literaria puede seguir un itinerario de proyecciones a otros campos: la escena teatral, la danza, la ópera, la puntura en el cuadro, el salto a otro género escrito. Se hace difícil entender la compartimentación de cada sector artístico como si fuera el único legítimamente representativo de todo el arte.

Está por averiguar hasta donde alcanzan los litigios antiartísticos y las adaptaciones de cada iniciativa a otros sectores. No siempre los autores de libros reconocen que su salto a las pantallas o a la escena plástica recoja lo esencial del texto escrito.

El acercamiento a la literatura desde posiciones pretendidamente creativas parece en principio más accesible que a otras artes que requieren técnicas de dominio soberbias. Es evidente por lo que hace a la voz operística  o al ballet. E cuanto al libro todo el mudo puede/podría escribir el suyo si lo pretendiera. La historia comercial de las ediciones (a no confundir con la historia de la literatura) ha catapultada a plumas noveles que apeas si habían tenido tiempo de terminar las lecturas de sus primeros libros descubiertos. Hay muchas razones que catapultan unos títulos y otros no. La fauna de autorías de lo escrito no para de crecer. Es lo natural, todo el mundo tiene cosas que decir, en particular cuando en su campo de intervención directo verbal no se siente reconocido o suficientemente escuchado.

S diferencia de otras obras artísticas, un libro aparentemente es igual a otro libro, lo ojeas y las páginas se parecen. No es hasta la entrada en la lectura que se puede diagnosticar si vale la pena continuar con ella. Hay otro tipo de propuestas mas directamente lanzada a la vista que pueden impactar o pasar del todo desapercibidas. Hay exposiciones de arte en galerías particulares que no necesitan más de un minuto en ser recorridas, otras que piden mucho más tiempo sin que haya variación en la cantidad de cuadros expuestos. La percepción es un veredicto implacable aunque pueda ser injusto. Hay cosas que entran por los ojos y otras que no te llegan por ninguna parte. Pero eso no es un motivo de desespero sino un detalle para reajustar las propuestas. Al fi y al cabo toda propuesta artística no es más que una unidad integrativa de una macropropuesta dispuesta a recibir más pinceladas en su camino a la genialidad.



[1] “El mejor artículo que he escrito.”El país semanal 3 de mayo de 2009