FLUENCIA TRANSCULTURAL

Lecciones de la muerte.

Escrito por jesusricartmorera 27-06-2009 en General. Comentarios (0)

Lecciones de la muerte (la de los demás).

Las lecciones del morir siempre son las que pasan por la muerte de los demás. Obvio. De la muerte propia el muriente no puede hacer uso de su aprendizaje. Un esoterismo ha querido encontrar en la reencarnación la continuidad del alma transmigrante y un caudal de identidad y saber trasegados a través de los siglos de cuerpo en cuerpo. Eso hubiera estado muy bien porque al nacer el individuo humano nacería sabio con una sabiduría acumulada a lo largo de sus vidas anteriores. No es así, el individuo humano nace con un máximo de indefensión y un máximo de interés en la exploración. Lo primero está en la base de la inseguridad y la ansiedad y lo segundo en la base de la inquietud y el descubrimiento. Luego al morir, deje o no un alma, en el supuesto de que esta vuelva a cometer la torpeza de seguir aferrada a la materialidad y a la tierra renacerá con la misma indefensión y falta de saber. Por su parte,  un humanismo filo-teosófico ha terminado hablando de un dios en singular, en mayúscula y en masculino; principio y fin de todo lo sabido y por tanto de la fusión de todas las almas en nómina. Si la lección es para alguien es para el que se queda no para el que se va ¿pero cómo el muriente puede decir lo que siente al viviente? Las experiencias más íntimas y personales son intransferibles y difícilmente comunicables. Cada cual tiene que tener su propia experiencia para saber de lo que se habla. Se puede hablar todo lo que se quiera de las experiencias pero cada hablante tiene que haber experimentado las suyas, de otro modo no sabrá de lo que habla. De muchas cosas preguntadas solo cabe decir: experiméntalo, hazlo por ti mismo. Eso desplaza todo eslogan que pide la credulidad o la fe en lo declarado. Parece que Calígula le preguntó  momentos antes de morir tras haberse cortado las venas a uno de la corte que se sentía. Ni siquiera en ese momento sagrado su voluntad de separarse de los vivos fue respetada y el tirano ni tuvo el menor respeto lo cual ya formaba parte de su conducta. Pero ni el muriente puede decir lo que significa realmente morir ni el observador puede atestiguar nada que no sea un relatorio de síntomas concretos.

Quien conoce su cuerpo sabe o debería saber cuándo va a morir. Quien es consciente de los riesgos sabe o debería saber cuando está en situaciones de peligro real en que la muerte deja de ser la hipótesis de un acto indeterminado para convertirse en uno que ve aumentadas sus probabilidades de suceso. Hay acontecimientos luctuosos a diario y en el mundo entero que son crónicas de muertes anunciadas. Las conductas de riesgo, que viven sin tomar medidas de seguridad, son más proclives al accidente, a la muerte prematura, a la muerte violenta. Por el contrario las conductas previsoras y organizadas que toman sus medidas de seguridad lo son menos. No es cierto eso que se decía que la muerte está al acecho y que os puede pillar en cualquier momento porque se desarma una pieza de una cornisa en el centro de la ciudad o porque se nos cae el edificio encima.  La práctica totalidad de los accidentes mortales son previsibles y los estudios de comportamiento demuestran que pueden ser reducidos desde las educaciones posturales, las de desplazamiento, las de conducción y las de contactos de riesgos. Se puede hablar de unos umbrales de relativa seguridad existencial y de márgenes de peligrosidad en un gradiente creciente. Según se viva una vida, la muerte es algo que puede ser más o menos buscado semiconscientemente.  Se haga lo que se haga siempre hay que contar con reveses inesperados que surjan por parte de factores peligro ligados al otro desconocido. Así como en la carretera no se puede descartar que alguien salte de su carril y venga en dirección opuesta por el del sentido de marcha de uno o se abalance encima, en el resto de las escenas existenciales siempre puede darse el caso de que algo o alguien choque frontalmente contra ti negándote el paso y a continuar en vida.

La vida contante es un margen de probabilidad entre la energía que se tiene y las limitaciones naturales mientras no haya interrupciones que la impidan. Sigue siendo demasiada gente la que sigue muriendo por razones artificiales y factores lesivos con muertes totalmente evitables. No se suele volver del otro lado de la muerte para explicar el significado del morir, aunque los estudios que se han hecho de muertes clínicas y retornos a la vida después de minutos de desconexión material refieren la placidez y un más allá. Lo que no está demostrado es que este más allá tenga algo que ver con la eternidad. Puede ser un dossier de imágenes latentes capturadas por el sistema nervioso.

Según uno va pasando su itinerario personal en la vida lo va llenando de referencias con las que nunca tendrá un contacto directo. La farándula es una proveeduría de esos referentes a los que se conoce por sus trabajos  artísticos o filantrópicos de los que ha habido un beneficio indirecto. Haberles dado entrada en el propio campo informativo es en parte como si formaran parte de la familia contemporánea. En la medida en que va pasando el tiempo, las noticias de sus muertes se reciben con un sentimiento de pérdida. Se comunica  públicamente su edad de fallecimiento  y suele hacerse también por lo que hace a la causa a la vez que se proporciona una reseña de su obra y biografía.

Según se va viviendo son más y más los nombres conocidos, sea de relaciones particulares directas o de referencias de personalidades célebres de los que se  van dando noticias de sus muertes. Si se vive lo suficiente son muchas las personas que mueren antes que uno. Sus muertes son una invitación implícita a reflexionar sobre la finitud.

El extraordinario potencial de  la mediática y del consumo de noticias ha llevado incluso a vender exclusivas de procesos agónicos pero para chasco de todos la muerte no es algo comunicable. Lo es el proceso previo que conduce a ella, la decrepitud, la pérdida de sentidos, el dolor, el trato con el cuerpo decadente, la convicción de desaparecer, el temor ante el después,…pero lo que no es transmitible en primera persona es ese acto del fallecer, la parada cardio respiratoria, la línea plana en el medidor de las constantes.

Hemos especulado mucho sobre la muerte. Llega a ser un tema recurrente sin tener porque ser obsesivo. Morir o no morir es el dilema complementario al de ser o no ser. No ser ya es una forma de morir en vida aunque se siga respirando, comiendo o andando. A diferencia del análisis clínico la concepción filosófica de la muerte es distinta. Hay muertos en vida y vivos que para lo que hacen o van a hacer más les valdría estar muertos o que no hubieran nacido. Dejémonos de remilgos no todo el mundo es un candidato idóneo para la vida, muchos vivientes vienen a estropear las vidas ajenas. Lamentablemente no hay modo de hacer predicciones a priori sobre esto.

La experiencia del morir es tan incomunicable como la del nacer. Para cuando el muerto es muerto ya no puede comunicarlo, ya no es, no puede ni tiene nada que decir. Su alma, si la tiene, estará en otros negocios. Por su lado, mientras los de los reality Shaw no exploten esa cantera, nadie va a preguntarle al neonato lo que siente al nacer y no se le recibe con un aro floreado hawaiano. Son experiencias demasiado intensas como para andar perdiendo minutos para satisfacer la curiosidad concurrente. El común denominador entre el que nace y el que muere en edad avanzada es el cambio de estado sin saber lo que le espera. Eso promueve una cierta ansiedad en el adulto, dependiendo de cómo haya sido sus tratos intelectuales con la metafísica y su evolución espirirtualística. El salto de un estado a otro, el del viviente al del muerto también es el que va de un estado de conciencia a la –sabemos mientras no esté demostrado lo contrario- a un estado de no conciencia. El cambio de estados no es explicado aunque tenga infinitud de especulaciones. Hay otros saltos de estado que no son tan fáciles de explicar. Los observadores de la clínica del sueño pueden establecer exactamente en qué momento un sujeto observado pasa de la vigilia al sueño y de este al sueño profundo, pero el propio sujeto sigue sin poder informar sobre eso. Uno sabe que se acuesta y conoce si le cuesta poco o mucho dormirse, así como si se despierta durante la noche, pero no se sabe exactamente en qué momento y que pasa en el salto de la vigilia a la inconsciencia total. Puede informar de cómo se acurruca, de la postura que más le gusta, de la hora en que se acuesta, de si se duerme inmediatamente después de hacer el amor o no. Pero el cambio concreto de estado en tanto que concurre una pérdida de conocimiento no puede ser informado. En cuanto al observador podrá informar de ese cambio de estado por la presentación de unos ritmos distintos en la respiración y en la frecuencia cardiaca.

Si entre el vivir y el morir hay un cambio de estado –para la consciencia- parecido al que va de la vigilia al sueño no hay porque preocuparse, irse a dormir cuando se está muy cansado es una de actividades, precisamente no actuando, más placenteras. Se ha informado que uno se pasa la tercera parte de su vida de durmiente.  Durmiente es también una palabra de despecho empleada para las personalidades inconscientes que se pasan la vida sin enterarse de gran cosa.

La gran lección de la muerte que cabe inferir es que libra al muerto de continuar viviendo, mezclándose con experiencias que ya le sobran, con gente a la que ya no aguanta, con la dependencia de los energetizantes materiales y ligado a la rueda supervivencial como si darle vueltas a una rueda de molino se tratara.

Los muertos nos llevan una gran ventaja con respecto a los que seguimos vivos. Tienen una acción adelantada y, lo que es más importante, no tienen ningún compromiso para continuar citándose con la materia y con los humanos. Admiro a los murientes que asumen su desenlace sin el patetismo de muchos hospitalarios de ucis/uvis que tienen ataques de miedo y regresiones infantiles no parando de llamar a las enfermeras dando espectáculos deplorables además de incordiar con esa papeleta. Me gustaría morir junto a alguien que amara o amara o con quienes experimentara, como recurso de última hora, un flujo de cariño y simpatía, cogiéndole la mano y notando la presión de la suya sobre la mía. Para nada me gustaría morir despanzurrado en la carretera porque un asesino al volante me tomara por su diana de aquel día o de un balazo o una esquirla de metralla. Me gustaría morir sereno y tranquilo y con la posibilidad de despedirme y no atiborrado de morfina para que no me enterara de la situación.

Si hay una elección a aprender ante el desenlace de la muerte es  la de la dignidad. La de aceptar el retorno a la tierra como el desagregado inminente en el que un cadáver en descomposición o incinerado se convierte. La vida es muy divertida, una invitación a la lujuria de los placeres y un proceso intelectual envidiable hacia metas comprensivas. Tan pronto los dividendos en lo uno y en lo otro ya no son los que eran y la fuerza corporal se va agotando el paso siguiente a dar toca razonablemente que sea el último. Daniel Penac dice que el humor permite ejercitar una forma superior de dignidad humana. Es una idea operativa que también se puede aplicar a la situación que nos ocupa. Todo el bombo y platillo que se aplica a los muertos ya en sus féretros tanatorialmete dejados a punto no está exento de curiosidades que rayan el ridículo. Las medallas al mérito por morir están llenas de falseamientos de los detalles. El responso para el muerto que no tiene nada que ver con el real de lo que hiciera en vida es para pasarlo por consulta (censura) previa. Un muriente con días de agonía suficientes debería contratar un bufón para que le acompañara en sus exequias y prohibir terminantemente que se aprovecharan los vivos –a menudo demasiado vivos- para reclutarlo para una causa u otra. Como el muerto sabe que tiene poco que decir en tal estado, si además se supo obediente de tradiciones y reglamentos cuando estaba vivo, no tiene tantas opciones.

Las efemérides para las despedidas de los muertos deberían ser invitaciones con listas cerradas y no convocatorias a la iglesia con esquelas en las que se puede colar cualquiera. Pongámonos en el lugar del alma flotante junto al cadáver viendo como acudían al evento enemigos, traidores incluso sus `propios asesinos `para disimular arrepentimientos que no sentían.

Lo interesante del muerto, lo mismo que del neonato, es que tiene garantizado su nombre para alguna clase de registro. En un canal pasan en el horario nocturno los nombres de los muertos de cada día de los servicios funerarios. No son pocos. Nombres y dos apellidos para que no haya confusión. Nada más, y nada menos.  Es la lista de los impresentes. Un par de segundos de gloria de su nombre publicado por televisión. Es la lista de los que aquella noche no tienen necesidad de saltar de la vigilia al sueño porque han saltado de la temporalidad al sueño perpetuo.

 

 

 

Vetllades de Lectures

Escrito por jesusricartmorera 26-06-2009 en General. Comentarios (0)

Vetllades de lectures.  JesRICART

Episòdicament he experimentat el gaudi de vetllades de lectures però en conjunt haig de dir que han resultat escasses i encara ara les experiències de fer lectures senceres compartides  amb algú altre de llibres han estat mínimes. Antigament la gent molt devota a la casa familiar feia actes de contrició i lectures conjuntes de la bíblia com text pràcticament únic. En altre ordre de la literatura oral s’explicaven contes o els pares i mares en llegien alguns a les seves mainades abans de que acluquessin els ulls al llit. Rarament, a les nostres contrades al voltant de la taula algú de la família feia lectura en veu alta. De fet,  llegir s’ha vist i es continua veient com una activitat solitària i silenciosa o bé vinculada a activitats escolars o a cenacles quasi sectaris. L’estri que conjunta a un grup en una activitat compartida és encara l’aparell de televisió i el llibre rau a la prestatgeria o a la tauleta de nit però serà tractat com un  foll el pare de família, el germà, l’amic al grup que proposi dedicar una estona de les trobades a  llegir un llibre duna manera continuada.

Reconec el meu fracàs al respecte a pesar d’haver imaginat aquesta situació en grups. Es més senzill llegir fragments puntuals, un poema, un paràgraf d’un article o  una part d’un capítol que proposar una lectura, una estona cada dia o a cada trobada, d’un determinat llibre. La resistència a aquesta experiència es total. Sembla que la gent se sent intimidada per la prosa escrita convertida en sonoritat motora d’un espai. Potser es que posa en evidencia el poc que saben els contertulians? O és que no se li vol donar cabuda a un desconegut en el clan, en aquest cas l’autor de nom més o menys desconegut? Però el cert és que els texts en general no van de   perdonavides i tenen prou cura  estilística perque les seves llicències no siguin insultants per ningú. Es possible que algun mot altívol pugui enfadar però no tant com per pensar en una prosa agrest pensada per ferir. Els llibres , en tot cas, estrenen perspectives imaginàries, convoquen paratges i sensacions diferents, conjunt al grup que en fa una lectura compartida en un poti poti d’imatges gratificants i tot això al menor cost de materials possible. Cal posar l’orella, el temps i algú que posi la veu. Estic segur que si la gent i les famílies s’acostumessin  a dedicar cada dia del seu temps una part a la lectura i a prendre-la com ritus això les faria mes felices i sòlides internament. Una vetllada de lectura permet acabar un dia amb una completud excel·lent.

No falta el neula  que creu que la lectura és una manera de vagarejar i que per fer-la cal repantanar-se allunyat de tota urgència laboral. La lectura és una activitat que pren la postura física de la quietud i això fa creure que el lector és passiu. En realitat l’ activitat de la que participa no precisa de l’ aldarull i les imatges que li promouen no tenen que passar per les guspires incendiàries de la passió descoberta. Llegir és un plaer bàsicament intern que no necessita la demostració performántica i que foragita les ganes de tenir que fer declaracions radicals per demostrar res.

Un aplec de lectors i comentaristes compartint  una lectura acota un camp temàtic i d’ intervencions. Res a veure amb un seguici de fans entorn a ,un ponent, o el d’ una oïda silenciosa entorn al que se’ ls hi pugui dir. Si els deures estan fets (el de la lectura del text) el seu comentari es pot anar fent sense entrebancs. Certament, un llibre comentat podria donar lloc a la transcripció d`un altre que es fes al voltant del que es deriva d’ aquell.

El plaer de la lectura i els aprenentatges que conté alenteix a continuar-lo amb altres títols i altres autories. Han brollat a dojo tallers de literatura i presentacions de llibres de noms coneguts i reconeguts però no tant reunions auto dinamitzades pel plaer de llegir. Hi ha dues maneres de convocar-les: una donant per suposat que tothom té la lectura feta del text escollit a l’ hora de trobar_se per comentar-lo, Una, altra anar-lo llegint reunió rere reunió i comentar-lo per parts o capítols si amb una sessió no n’ hi ha prou. El primer procediment és el més habitual. La lectura atès que es bàsicament solitaria no li cal a ningú al costat per anar-la fent. El cas es que el dia de la trobada per col·legiar-ne l’ experiència no tothom l’ ha fet o pretexta que no li ha donant temps fer-la.

El concurs d’ aquesta circumstància fa coixa la reunió doncs qui pot parlar amb ple coneixement de causa es qui ha fet la lectura completa, ha pres les seves notes i apunts, fins i tot qui s’ ha documentat tot recorrent a informacions extres sobre aquells punts mencionats de passada en el llibre però no desenvolupats. Vet aquí que amb el sol exercici d’ una lectura es pot desentrellar tota una tecnologia per exprimir materials que ajudin a eixamplar el saber.

El lector empedernit pot dir: digue’ m com llegeixes i et diré qui ets. I por insistir amb aquest com, a part del què. En la manera de llegir hi ha una manera d’ estar al món. El relat representa a escala una novela de vida, la de qui sigui i de la que es tracti. Pot, ben bé, represetar qualsevol altra relat existencial. Si a un lector se li passen coses cabdals d’ una lectura, i no està a l’ alçada del comentari de texte que li pertoca, se li pot inferir que tampoc estarà a l’ alçada dels estímuls vivencials amb els que es vagi topant a la seva existencia. Hi ha lectors que ronsegen davant  textes voluminosos i fant esgarips davant el volum que els hi espera, d’altres que no tenen por a ronquejar amb la veu per acabar d’ enfilar o endrapar tota la trama fins la darrera paraula.

La segona manera de dotar de cos la vetllada literària es tot fent la lectura in situ que es pot fer de manera rotatòria a la mateixa reunió o anant canviant de veu a les successives reunions. Un llibre per voluminós que sigui té un temps de lectura, poden ser poques o moltes hores, però mai ho són tantes, si bé es cert que la seva lectura en veu alta requereix més temps que fer-la en silenci. Qui posa la veu, també pot posar la prosòdia, segons es vagi topant amb diàlegs, tot combinant entrades en off(o propiamet de realt)  i entrades protagonistes (les dels diàlegs en curs).

Aixì com es fant lectures teatrals dramatitzades que estalvien la memorítzació  dels textes per part dels actors també es poden fer lectures col.legiades del que sigui i als àmbits que s`escolleixin. Es una técnica que es pot iniciar des de les primerenques edats escolars i seguir-la fins qualsevol altra edat.

El monopoli d’altres formes d’ espectacularitat tant a l’ àmbit privat (la tele fonametalment) com a l`àmbit cultural de fora de casa (anar a l’ espectacle muntat per  un establiment: teatre, cinema o estadi) no dona lloc a que ni tan sols la gent pensi que l’ espectacle és quelcom a l’ abast de tothom des dels seus propis recursos personals. Una sola conversa ja genera espectacle. Una trobada de coneguts per compartir una lectura d’ un llibre triat encara més.

Com estri de la didáctica de la literatura és voluptuós i com eina de fusió interpersonal es inmillorable. Hi ha grups familiars que comparteixen (a part dels tiberis comuns) espais de fusió com fer música conjunta, llegir poesía, comentaris de notícies. Del llegir, tot i que es  fa  molta apología, no ha generat com una pràctica habitual grups de lectura. El potencial d’ aquest tipo d’ encontré permet la multiculturalitat, la integració de nouviguts a unes contrades linguïstiques i assegura lectures que sempre es van deixant de banda.

Les proeses d’ aquesta pràctica no es limiten a les culturals. L’ exerci d’ oralitat té una gimnàstica de les cordes vocals extraordinari. Fa de teràpia foniàtrica reforçant la veu, pauta la rítmica respiratòria  i contribueix a les dots expressibes del lector en veu alta.

El sherpa

Escrito por jesusricartmorera 22-06-2009 en General. Comentarios (0)

El sherpa.JesRICART

El sherpa, éste del que voy a hablar un poco, soy yo. Los sherpas son un grupo que fue conocido por su colaboración con los escaladores de los picos del Himalaya.  Estos se llevaban la fama y su nombre circulaba por revistas especializada;  aquellos,  conocidos como montañeros natos  eran los encargados de portear los materiales y no  se atribuían meritos especiales por eso i por alcanzar alturas.  Empecé a usar la denominación para mí en mi doble condición de compañero y ayudante de Vic, mi compañera, que en su situación de minusvalía por secuelas de polio necesita/ba atenciones especiales. Al principio nos elogiábamos mutuamente por la relación delicada que teníamos. Yo cultivé mi paciencia por acomodar mis pasos a su ritmo y ella apreció mi colaboración. No sospechaba que con el tiempo mi rol derivado de esa situación me fuera cargando tanto en una pesadez de acciones y tempos más y más insoportables para mí. Vic sumaba años, los mismos que yo, y perdía agilidad física. Yo había sospechado siempre que un día u otro quedaría definitivamente postrada en una silla de ruedas y debería ocuparme de todo de ella. El salto de su verticalidad –se ha valido siempre de muletas a pesar de tener unas piernas descarnadas de musculación- a su –para ella- postración en una silla no le ha gustado en modo alguno. Por su parte lo que más amaba era su independencia y sus decisiones de compras de aparatos iban en esta dirección.: hasta 3 sillas de ruedas manuales, una moto eléctrica, más de media docena de parejas de  bastones, varios  bitutores para reforzar sus piernas que se quedaron infradesarrolladas y débiles, un triciclo manual  usado que no usó más de 3 veces y que le advertí de no adquirirlo por poco práctico y que le costó 2000euros. Muchas de nuestras discusiones venían  y siguen viniendo dadas  a propósito de compras inadecuadas, sin haber valorado sus ventajas técnicas.

Para ella cada aparato  -el peor del mercado  también- simboliza la independencia, aunque detrás haya un fabricante malévolo que la limite al slogan de propaganda pero no lo asegure en el diseño y en los materiales empleados. Por mi parte valoro las dos cosas su independencia y su eficacia para los dos. Mover una moto eléctrica en los trasiegos de cargarla y bajarla del vehículo,  para el sherpa  con un episodio ya severo de lumbalgia que lo tuvo inutilizado por 3 semanas o algo más es más complicado que usar una manual, pero mientras la manual coloca a la usuaria en el  sentimiento de ser un paquete de transporte porque yo la empujo, la eléctrica la hace sentirse  directiva.  No son pocos los enfrentamientos a propósito de los objetos domésticos. Según va pasando los años advierto, a mi pesar (jamás creí que pudiera estar escribiendo o confesando algo parecido), que cada vez que tropiezo con sus aparatos y su parafernalia me produce molestias. Cuando se lo digo y declaro que me siento maltratado por ella porque a costa de imponer su autonomía impone mi condicionjmiento acude a la opción de la separación. Esta idea es a menudo mencionada entre nosotros por ambas partes. Sabía que cuando una pareja acude a esa idea una vez le toma gusto y la va repitiendo hasta que un día u otro la ejecuta. Hablar de separación no es más que poner distancia a las causas de los problemas.  Me siento exhausto tanto físicamente por estar acarreando siempre cosas como psicológicamente por no poder compartir mi sentimiento. Sabía a lo que me exponía pues ahora me lo estoy encontrando en toda su crudeza. He estrenado este año con una deformación en mis manos, más exactamente e mis dedos, que atribuyo a mis portes repetidos y continuados y a mi forma de hacerlo, cargando más de lo que, evidentemente, puedo.  La epicondilitis que tuve unos años atrás en ambos codos también la atribuí al gesto de levantar -a modo de palanca- la silla con ella a bordo para sortear los bordillos. Eso se hace  haciendo la palanca con las manos ya que o una y pedal para hacerlo con el pie, mucho más práctico. Esa silla más ligera y bonita la impuso ella, pero es menos práctica para el que empuja, yo.

Vic es una persona de temperamento autoritario. Nada más levantarse por la mañana está dándote indicaciones de lo que  debes de hacer. Exagero, claro que exagero, pero hay muchos días que es así, lo vivo así. Mi psicología se ha rebelado desde siempre a la obediencia y no paro de vivir situaciones en la que experimento tensiones por un dominio ajeno. No está tan lejos la lucha por la libertad de la que me sentía orgulloso participar  como un objetivo macro a la lucha por poder ser tú en el marco privado de lo doméstico y personal. 

Siempre había creído en mi dedicación al otro, a los demás, como algo característico de mi naturaleza  que no necesitaba ser revisado. Era algo suficientemente pensado. En lo fundamental sigue siendo así. Abracé el altruismo como lo más lógico y el principio de solidaridad como la condición crucial con la que cambiar las cosas del mundo y este mundo. Llegué a creer que todos los males desaparecerían de un plumazo si cada persona dedicara un poco de tiempo, un minúsculo tiempo diario de su vida, adoptando una actitud deferencial pues, a la solidaridad. Ese era el nombre de la alterativa. Evidentemente me equivocaba, cuando tuve los números en mis manos vi que esa dedicación altruística no contrarrestaba en absoluto las supuestas minorías dedicadas con consciencia o no a hacer el mal. Posiblemente vivimos en la actualidad en el mundo más solidario en comparación a otras épocas anteriores, pero todo el voluntariado internacional y todas las inversiones millonarias, todas las campañas de ayuda no consiguen frenar el imperio de una tendencia autodestructiva de la fatalidad de la condición humana.

La solidaridad es de distintas tintas según sea dedicada a las grandes causas (las que hablan de millones de hambrientos, enfermos, represaliados, refugiados y explotados) o  las causas de tamaño menor, aunque en lo esencial es lo mismo: una forma de concretar el amor al prójimo. En cuanto a la primera versión son muchos los estudios –refiere Luis Rojas Marcos[1] citando a varios autores[2]- que demuestra que el voluntariado actúa como paliativo del dolor crónico y de la depresión, es decir de dos enfermedades universales y generalidades generadas desde causas físicas y psicológicas. Antes de ser estudiado científicamente la observación empírica ya indicaba que el rol de la intervención en la ayuda ajena tenia por correlato una autoafirmación del yo del altruista creándose una curiosa relación de retroacción mutua. En última instancia el pobre, el menesteroso, el enfermo, represaliado justificaba la razón de ser del misionero, del colaborador, del voluntario, del filántropo. ¿Qué hubiera sido del humanismo abnegado sin todos esos motivos para  las dedicaciones de ayuda? En muchos tipos de ayuda la dialéctica subyacente es la de un intercambio de necesidades: el que necesita ayuda material o comprensivo-psicológica y la recibe, a su vez ayuda con su cromo a que quien se la da, que necesita encontrar una razón existencial de su vida, encuentre la horma de su zapato en ese ayudado para, a su vez, ayudarse a sí mismo. Las imágenes que se convirtieron en leyenda de los misioneros colonizando las mentes de pueblos indígenas, significándolos con el bautismo en los ríos y cubriéndolos sus desnudeces son muy demostrativas de esa dialéctica. Unos venían a salvar a los otros a cambio de imponerles su cultura y su dios y con eso ganar su cielo ¿Quién ayudaba a quien? Se sabe que la ayuda en muchas latitudes ha convertido a los ayudados en indigentes a perpetuidad, contaminándolos y desnaturalizándolos, desproveyéndolos de su dignidad. Las empresas petroleras en la Amazonia (Repsol por ejemplo) pueden dar lección de psicología social práctica desde esas posiciones de la manipulación.

Volvamos a la relación de ayuda del tú a tú en el caso particular que nos ocupa. Cuento con la premisa de que las ayudas unidireccionales no son tan útiles como se podría pensar y que de hecho las relaciones humanas, todas, son transacciones e intercambios a un nivel u otro. Lo que está siempre en discusión es quién da más y qué da cada quien. La relación con una persona que requiere atenciones especiales debido a su movilidad reducida genera una gama de sutilidades por ambas partes. A quien empuja la silla porque puede tomar decisiones de control no consensuadas y a quien es empujado sobre ella por sentirse como un fardo que es trasladado de un sitio a otro sin ser consultado.

Generalmente las reflexiones que se hacen han sido desde el punto de vista del protagonista con necesidades evidentes pautando a la persona auxiliar (al sherpa) a que tenga en cuenta un prodigioso numero de detalles tanto por lo que hace a seguridad física como a deferencialidad, en cambio hay pocas reflexiones sobre el lugar que ocupa ese ayudante que a la que se descuide puede quedar a la sombra por el protagonismo o imperatividad del otro.

Mi condición de compañero de intimidades y de biografía de una persona con secuelas de polio ha marcado también mi rol así como las limitaciones físicas de ella ha marcado el suyo. Pasear con alguien que se vale de unas muletas para mantener el equilibrio determina el ritmo de desplazamiento, hacerlo cuando va con una silla de ruedas manual que necesita ser empujada marca una serie de diferencias. Cualquier pequeño detalle cuenta para crear una sensación de igualdad dentro de la diferencia. (explicaré un poco esto: todas las personas somos individuadas y por tanto distintas pero queremos ser tratadas desde la igualdad de oportunidades y derechos. Esto vale tanto para quien con todas las evidencias corporales padece una minusvalía o déficit funcional como para quien no tiene tales evidencias pero tiene sus propios déficits ocultos). 

La deferencia creciente por la persona con minusvalía en culturas que han cuidado esto a veces choca con la indiferencia total hacia la persona auxiliar que la acompaña. De hecho esa auxiliariedad ya la coloca en un segundo plano. Una vez hicimos el estudio rudimentario de campo de observar la mirada de todas las personas que nos cruzábamos por la calle  mientras mi compañera iba en la silla y yo empujando (algo que por cierto hago poniéndome a su lado manejando la silla desde una de sus empuñaduras con una sola mano siempre que sea posible, en aceras llanas y sin obstáculos) para determinar cuanta gente la miraba a ella y solo a ella, quienes pasaban sin mirar, quienes me miraban a mí y solo a mí, y quienes nos miraban a los dos, primero a uno y después a otro. Resultados: una minoría pasaba sin mirar, la mayoría solo la miraba a ella, casi nadie me miró solamente a mí, y una pequeña minoría nos miró a los dos. La calle es un laboratorio barato que proporciona muestras heterogéneas que permiten ser estudiadas para comportamientos elementales de este tipo. No tengo la menor duda que el mismo estudio, metodologizado y con el control riguroso de todas las variables, con muestras elegías por sectores y por culturas, confirmarían esas cuatro categorías  precisando, eso sí, los porcentajes exactos.

La imagen del sujeto imposibilitado -o que así la tiene retratada el inconsciente colectivo-  no deja de ser una imagen mas llamativa (a pesar de su generalización) que la del acompañante. La sensibilidad de este puede ser tocada por esa deferencialidad mayor para la persona que, en principio, mas la necesita no por las atenciones especificas que necesite sino por la discriminación atencional.

En la lucha por la supervivencia y adaptación de una persona con  déficit motriz severo, lo que no consiguió con el movimiento lo suplió con su fuerza de carácter. Ahí donde no llegaban sus manos para obtener cosas llegaba su voz para hacer que las manos de otros se las trajeran. Hubo también toda una configuración de personalidad carismática para ocupar el centro de la escena. Si alguien no puede  ir a los lugares hay que ingeniárselas para que los lugares vengan a uno. He tenido la suerte y el privilegio de conocer, amar y convivir con una de las personas más fuertes que he conocido y si lo pienso detenidamente he de decir: la más fuerte. Es una paradoja: alguien con la inestabilidad corporal que se ha caída varias veces por que le fallaron sus bitutores o sus piernas con fracturas de sus huesos frágiles tiene más fuerza que otras personas con una musculatura impresionante y una corporeidad indiscutiblemente sólida.

Eso que es un valor indiscutible pudo tener riesgo de convertirse en una amenaza para la convivencia por actitudes de imposiciones continuadas. La lucha interterritorial también es cuerpo a cuerpo y no hay una sola pareja convivencial que no pueda informar de sus pequeños (o no tan pequeños) problemas por el modo de tratarse entre si y el modo de tratarse con el espacio que comparten y lo que contiene.

En la relación particular de una pareja con ritmos físicos completamente distintos el uno del otro atendiendo a esas limitaciones crónicas a las desavenencias tópicas de las parejas hay que añadirle los pluses derivados de la condición limitativa. El único modo de vivir (que no sobrevivir) con una limitación tan dura, en el que cada día el solo hecho de levantarse, vestirse y ducharse es ya de un tamaño esfuerzo tal que la agotaría a la mayoría de los mortales y les haría tirar la toalla, es con una extraordinaria dosis de alegría y triunfalismo, saber que todo es posible. Si alguien ha conseguido vivir con una polio, moverse y no dejar de hacer nada en su vida (una carrera universitaria, postgrados,30 años de profesión como docente, deporte de élite, viajes por el mundo, tener parejas y gozar de la vida y del cuerpo) colocándose en esa privilegiada atalaya que proporciona tener más de medio siglo memorizado en cada rincón del cuerpo es porque por encima de la anatomía está el sentido del ser, por encima  del movimiento corporal restringido está la inquietud viajera de la mente, por encima de la noción dominante de los límites de los demás permanece el poder subjetivo de la extralimitación. Todo eso es un canto a la libertad que el sherpa no puede por menos que atestiguar un día tras otro y un año tras otro en el que apenas hay desfallecimiento y donde los peores momentos se salvan con una frase comprensión, una sonrisa o una mirada serena. El síntoma que no hace el sujeto limitado lo puede hacer ese otro, que por cansancio y trasiegos desfallezca.

Después de haber hecho muchos quilómetros por todos los paseos y avenidas marítimas de un impresionante número de ciudades, después de haber ido a todas partes, superando barreras arquitectónicas, subiendo a metros y aviones, con una furgo-camper por carreteras estropeadas; después de haber acarreado con fardos, arriba y abajo en todos los alojamientos, haciendo de brazos y piernas de la persona auxiliada, el sherpa se convierte en el brazo mecánico-articulado de aquella. Su elección en ese papel de apoyo se puede convertir en una losa. Es distinta la relación de una persona que se hace acompañar por otra a la que contrata, imagen que los últimos años se  está generalizando. Ahí hay un rol de mando claro y otro de asistente asalariado. En la relación de pareja hay dos poderes que concurren y que pueden tener chispas no por cuestionar el hecho de las ayudas  en sí mismas sino por  el margen de libertad de cada uno. Sin que lo advierta la persona con minusvalía, por paradójico que sea, puede quitarle el protagonismo a la otra (nos encontraría en el reverso de lo que sucedió en otra época en que la figura imposibilitada no se la tenía en cuenta y antes de dirigirse a ella, como si de una mema se tratara, se preguntaba a su acompañante).

El crecimiento de la tasa de minusvalía es un hecho. Los países subdesarrollados la siguen teniendo por patologías víricas o contagios o uso profesional negligente de la medicina (pinchazos equivocados en el sistema nervioso por intrusos o falsos expertos no formados) y los países desarrollados la tiene por el incremento de accidentados por irresponsabilidades en la conducción. En esos segundos se ha generado toda una industria de nuevas maquinas que vienen alternativizando con las clásicas sillas de ruedas manuales y también las eléctricas.  Concurre todo un abanico de iniciativas proponiendo formas de locomoción en las que la forma tópica del minus tiende a ser disimulada. Varios de esos ofertantes se aprovechan de la gran necesidad psicológica que tiene el minus para  conseguir su autonomía y aparentar una normalidad, que  lleva a colocar productos en el mercado no suficientemente comprobados, excesivamente caros y que no dan el resultado esperado. El sherpa vive consigo mismo el conflicto de su rol perpetuándose como un sujeto subsidiario pero también el de no ser requerido como tal por  otras formas de autonomía, las cuales, a pesar de sus defectos técnicos, contribuyen a cambiar la escenografía. Es incomparablemente mejor ir al lado de una persona con un triciclo eléctrico que se autopropulsiona que no tener que ocuparse de empujarla. Para ella también es lo mejor porque se detiene en cuanto quiere y para lo que quiere sin tener que pedírselo a nadie. Esa necesidad psicológica de la autonomía personal sin embargo lleva a querer hacer más de lo que realmente puede con percances concretos como consecuencia,  incluso en el incremento de su accidentabilidad.

La auto denominación de sherpa es, por supuesto, una exageración pero aclara los conceptos y los roles de cada cual. Hay personas que aceptan la relación con quienes ruedan en silla pero no es gusta empujarles lo que no significa que no sean deferentes con ellas y al revés, hay abutacado-rodantes  que no tienen problemas en relacionarse con otros andantes y no aceptan ser empujados por ellos. Como que para la posibilidad de esa segunda elección se necesitan espacios sin barreras y una buena forma física no siempre es posible ir a todas en partes. En realidad  todavía una mayoría de minus se ven limitados para ir a una mayoría de lugares. El sherpa es la figura puente que neutraliza barreras y ambos hacen de tándem para discutirlas a los responsables de las mismas ahí donde las haya que estén en su camino. Hacen de pareja combinada cuya entente depende siempre de la finura particular en la comprensión del otro. De hecho, el respeto estable y garantizado es posible cuando hay una comprensión de las necesidades y deseos reales del otro, sea cual sea su condición física o su rol concreto. En la particular y estrecha relación de pareja entre una persona con minusvalía y su compañero que termina por hacer de sherpa, (a no ser que contrate  a algo  que no solo pueda permitírsela sino también quiera para que se ocupe de esos menesteres) toda la deferencia al límite de uno no va a impedir la discusión al extralimite del otro por las necesidades extraordinarias del primero.



[1] En Corazón y Mente. Claves para el bienestar físico y emocional. Con Valetín Fuster como coautor.Planeta España Barcelona 2008 p.180

[2] Arnstein, Vidal, Wells-Federman, Musick,John Wilson,..

Taquisverbia

Escrito por jesusricartmorera 19-06-2009 en General. Comentarios (0)

Taquisvérbicos.De la oratoria  y elocuecia a la palabrería insulsa.

En una película que ensambla como cortos el trabajo de taxistas durante la madrugada en distintas ciudades del mundo, recoge a un cura al que trata de obispo desde el primer momento y que insiste en confesarse. El pasajero no se encuentra muy bien y su tímida protesta porque o es la forma apropiada no disuade al  chofer, que no puede ser otro que Roberto Benigni, un prosaorálico imparable que no para de sacar patatas calientes de su saca de pecados. De pronto se da cuenta que se ha quedado solo hablando, mira por el retrovisor y teme que el pasajero haya muerto, algo que efectivamente confirma después. El chofer no para de repetir: lo he matado, lo he matado. Al taxista no le queda la menor duda que su verborragia irrefrenable ha sido la causante del desenlace. Estaciona el coche para sentar el cadáver en un banco de una plazoleta donde lo deja recostado y con sus gafas de sol puestas para disimularlo. Luego se va. Los hablantes rápidos no dan respiro, ni siquiera para respirar, ese es el caso. No sé si hay casuística real de un hecho de este tipo pero su ideación permite suponerlo. Tal vez sufrir un infarto por una escucha forzada cuando todo lo que se desea es calma no quede noticiado pero sí que se muere por peleas verbales, en las que no intervienen las manos ni ningua arma agresiva. La tensión en las polémicas ha propiciado ataques cardiacos. El que habla todavía tiene la posibilidad de vehicular lo que desea decir pero el que calla tiene que aguantar el chubasco del otro aguantándolo a la intemperie. La estrategia es oír y no escuchar pero eso no siempre se sabe hacer.

De cuando en cuando, el taquisvérbico (aquel que habla palabras a mayor velocidad de lo que las piensa) es el tipo de persona que te pasa la mano por la cara  y decide pronto y rápido quien eres y lo qué haces en la vida con su ojo de matadora. Gracias a su comportamiento verborrágico imparable el observador tiene la oportunidad de que la verbalización es ya una forma de poder entre hablantes y oyentes. Antes del lenguaje articulado se supone que las onomatopeyas y los sonidos cargados de furia eran lo suficientemente imponentes como para paralizar la acción del otro. La cultura verbal ha suavizado eso pero básicamente el monopolizador de la palabra verbal lo que hace con ese rol es colonizar o invadir el espacio sonoro con su discurso. No está de más preguntar como primera pregunta si el otro que está de oyente tiene tiempo o ganas para recibir todo el saco de patatas calientes con que el hablante compulsivo tiene ganas de repartir. Esa pregunta previa, respetuosa y correctamente protocolizada facilitará que la demanda de atención sea correspondida con una atención activa, con una escucha real.  He podido observar que las personas taquisvérbicas que llegan a escena y dicen muchas cosas, a veces con pseudobalbuceos y faltas de vocalización, consiguen que una buena  parte del auditorio retenga menos información.  A menudo he podido comprobar que de aquel que habla sin parar en una velada no te acuerdas apenas nada de lo qué dijo y en cambio de aquella otra persona que solo abrió la boca para decir una cosa y sólo una sí la recuerdas.

Hablar es bonito si eso facilita la comunicación, por tanto si permite la combinación de voces sin que se solapen. Cuando alguien habla tan rápido que no da tiempo con sus pausas para que el otro oyente pueda hacer de hablante suceden dos cosas; una que no averigüe nunca si realmente es escuchado y/o comprendido; dos, se pierde la oportunidad de enriquecerse con lo que el otro diga. Admitamos que hay personas que solo viven para su espejo y para sí mismas con una inconmensurable egolatría y lo que menos les interesa es aprender, tampoco enseñar, pero sí y mucho imponerse.

Los sujetos áfonos o con la voz debilitada están obligados a aprender estrategidas de supervivencia en unas coordenadas sonoras en las que se habla alto, demasiado alto, propiciando los alto hablantes por una cultura que sigue teniendo más de primitiva y poco de sofisticada.

Los espectáculos de las jaulas de grillos siguen siendo bochornosos. La calidez de la entrevista (entrevistador más invitado) permite una conversación en profundidad sobre el tema convocado, algo que los arcos de gentes citadas con cachés de pago para pelear sin reparar en gastos de saliva ni gritos  no lo hayan entendido todavía, Asistimos a un fenómeno de eclosión de la estupidez humana. La comedia de la raza sigue cursando igual de mal como en los peores tiempos solo que ahora como todo es mucho mas agigantado el error multiplicado por millones de plagios del mismo se convierte en  la tasa común de normalidad. Los más avispados saben que la guerra social se extiende al campo digital y por añadidura al imaginario. Todo el mundo anda construyéndose un personaje (o dos, o varios) sin el menor sonrojo y quienes se revelan con lo que realmente son, declaran a gritos sus burradas aceptando incluso con orgullo que sus cascos no dan para más. Asistimos a un nuevo fenómeno de la incultura, que no de la subcultura, que es la inculta en su fase tecno. Así como en grandes megápolis como la londinense hace décadas un pobre en la bancarrota absoluta tenía que ser lo suficientemente rico como para pagar si viaje en metro hasta el aeropuerto donde pasar la noche, ahora nos encontramos que un pobre cultural, empobrecido de palabras pero también de conceptos puede declarar sin el menor rubor que odia la poesía porque no la comprende o no la entiende o pe una paciencia que no tiene y a la vez reconoce que le falta romanticismo en su vida sin advertir que las razones que alega a su odio se le vuelven en contra de si mismo ya que un sujeto que odia lo que no comprende es potencialmente un cero a la izquierda porque ese odio lo puede extender a cualquier parámetro que le resulte intelectualmente inalcanzable. La cuestión observacional es el desparpajo con que se declara la poca cultura pero se oculta con abocamientos verbales a chorro de lo que sea y multitemáticos sin dar tiempo para hablar de todo tal como va viniendo y con calma.

Lo mas llamativo de todo es ese orgullo propio de descerebrados  por formar parte de una incultura creciente pero eso si tecnologizada al máximo. Hay otro orgullo impagable y no superado por nada, el de ser libre. Es el orgullo de una libertad que permite enfrentar al de la auto negación a ser y a aprender y a superarse diciendo a los candidatos a la ignorancia a perpetuidad en las filas en las que están y a lo que se arriesgan. El problema es que el resto de la población sufre y seguirá sufriendo por aquella otra parte más dada a su supervivencia fósil y poco más.

El mundo no se divide entre los que saben y los que no saben sino entre los que aprenden y los que no aprenden, los que quieren aprender y los que no quieren aprender. Detrás un proceso intelectual y en general creativo hay miles de horas y muchos años de duro trabajo de perseverancia en la indagación de la vida. Rosa Montero tiene razón al decir que el artista se parece más al perseverante picapedrero que no al iluminado. Si no trabajas cada día, si no insistes, si no te hurgas, rebuscas y recreas  entonces no es posible que crees.

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Libertad y Psicolingüística

Escrito por jesusricartmorera 10-06-2009 en General. Comentarios (0)

 

Libertad y Psicolinguïstica[1]. Jes RICART

Sigue y seguirá la libertad como tema  de referencias y ensueños (otro asunto es que lo sea como praxis con la que dar contenido a los días, los años y las biografías) y sigue  la psicolingüística como el teatro de fondo que permite ser hablada o por el contrario la confunde. Dime como hablas de la libertad en general y de la tuya en particular y averiguaré si puede comprometerme contigo para aventuras en globo, paseos por unos ochomiles o paseos en terreno llano de minutos o proyectos de relación profesional o íntima. Por hablarla, se puede hablar de cualquier manera y hacer todas las afirmaciones o negaciones posibles ¿todas? Veámoslo durante un rato si os apetece.

Si nos tomáramos la  molestia de buscar todas las citas, referencias, teorizaciones, retratos que de ella se hace por libros, periódicos, cancioneros, poesías, reclamaciones, instancias, protestas y demás actos performánticos de la tesitura existencial nos encontraríamos –hipotetizo- con que la mayoría de veces es mencionada como reivindicación o como lamento por no tenerla y las menos lo serían como celebración de su conquista o garantía de su consolidación. La libertad de lo particular necesita una buena dosis de voluntad personal, por tanto voluntad de poder intransferible, para vivir de acuerdo a su principio. Ser libre puede significar también caer en rarezas, ser asintótico, fuera de serie, estar fuera de lugar, deplorar los espectáculos sociales deplorables encerrados en la alienación. También significa dejar de pertenecer a los códigos normales, apartarse de los dictados y de los clichés. Pero eso no es todo, también significa trascenderse, auto superarse como el monigote que pegaron a una caseta de feria, dejar de cumplir con los roles obligados o auto obligados que no apetecen porque hay que vivirlos como impositivos. Interiorizar una noción de libertad de este tipo forma parte de la revolución de sujeto, con consecuencias mucho más radicales que la más eclosionada de las revoluciones políticas. Una persona libre se nota que lo es. No se deja victimizar por los demás, no solo por los látigos de otrora sino tampoco por los timos, los enredos ideologicistas, los dogmas,  las zanahorias del consumo o los curriculums vitae como objetivos para dar el pego.

Junto a la voluntad de poder, por tanto, de autoafirmación del ser en esa misma propiedad insustituible de ejercer la liberación soberana de prejuicios y morales obsoletas, la libertad como autoconstrucción existencial  requiere de un concurso psicolingüístico particular. El leguaje no solo la expresa, también la garantiza o puede obstruirla. Dime hasta dónde eres libre de hablar sobre la libertad para saber si no pasas de ser un sujeto lexo-libertino o eres una persona laxo-libre. El propósito de la libertad o esa fuerza de tu poder no te autoriza a la tergiversación, a un run-run de grafías que no dicen nada, a tener el pito en el pre frontal en el lugar de los genitales, a utilizar el debate o algo que creas que lo es como una forma  de flirteo enmascarado, a hablar sin dejarte entender, no por la altura de tus conceptos sino por la incorrección de tus expresiones.

Ordenar una polémica de este calado admite momentos de lasitud en los que nadie es culpable si se le va la olla por un rato. No lo es siempre que vuelva a la tarea de pensar y reflexionar sobre conclusiones ajeas y propias para no permitirles su rubricación con tintas dogmáticas.  Un estado de liberación tal que ningún condicionante de los conocidos ponga límites al pensamiento del ser y al ser pensado es difícil de imaginar como seres  vivos y terráqueos. Por eso la historia de las ideas ha inventado almas y cielos en los que estar la mar de bien y supuestamente la mar de libres (mentira, porque ahí done haya una amo al que obedecer el alma más pura seguiría teniendo algo de esclava). La poesía, más dramática, ha puesto la opción teórica de las realizaciones heroicas, las de las utopías, las de los sueños rebeldes, las de las mujeres fecundas de iniciativas y las de los hombres no castrados, e la terminación corporal-existencial. Después de ella lo que cabe conjeturar es el vacío, o mejor dicho el trueque del absurdo de una biografía vacía circunscrita en el cerco de tantos límites por el  vacío sin biografía. La muerte no es tanto la libertad como la liberación de un cuerpo-lastre que si bien da muchos placeres, también obliga a muchas conductas ritualísticas de repetición. Al final de una vida hay un balance numérico que puede ser calculado por los demás o por el propio candidato a ser un finado: ¿Cuántas toneladas han pasado por mis intestinos? ¿De cuantos orgasmos he gozado? ¿A cuántas historias de amor me he entregado? ¿A cuántos países he ido? ¿Cuántos libros habré escrito? ¿Cuántas de mis ideas ha circulado?¿Cuanto dinero he ganado?¿Cuantas casas he llegado a tener o en cuatas he vivido? Esas preguntas se pueden aplicar a todo y sea cual sea la cifra que arrojen es lo de menos. Pintores famosos estiman el precio de las cosas que tienen en relación a telas pintadas o esbozos hechos habiendo dejado de lado la precisión de la cifra económica. Tal vez estuvieran en buen camino. Lo que cuenta en una vida no es tanto el encastillamiento como saber recoger con serenidad, humor e ironía también, los naipes cuando se han caído de su entelequia. A fin de cuentas el sujeto que anhela su realización y su libertad no deja de estar sumido en su espectro a pesar de que tenga la total seguridad de hacer lo debido, o apartarse ni un pelo de la ética fundamental. Por eso la libertad es bastante más que una palabra y cada actor que, antes o después se le descubre como un impostor redomado, hace uso demagógico de ella se le reclasifica donde toca: el paquete de la degradación. Lo que Cristina Fallarás señala[2] con precisión de mira telescópica  la decadencia del cinismo[3] forma parte de los recuestionamientos en los que el vasto campo de lo libre está metido. No hay que olvidar que las grandes tragedias genocidas empezaron con discursos sobre la libertad bajo cuya nebulosa se justificaron los peores crímenes. A mucha distancia, -esperemos-, de nuevas oleadas de progroms, castigos y ataques de ,los poseedores de cualquier nueva fe  pura  de turno la libertad forma parte de las transacciones diarias. En cada relación comercial, en cada episodio conversacional, en cada acto de compra y de elección de lo que sea, se está a favor de ella o se está en contra. Los resultados de las últimas elecciones europeas (la derechización constatada por todos los observatorios sociales) son un indicativo de un deseo popular masiva de pérdida de grados de libertad. La elección de la no-libertad del prójimo influye en la pérdida de libertades concretas propias por mucho que se tenga interiorizar vivir mental y actitudinalmente como un ser libre.

La psicolingüística permite entender el mecanismo de la mente a partir de la inferencia de los usos del lenguaje. También sirve como estrategia, desde la PNL, la programación neurolingüística, para el uso de uso conceptos, unas formas sintácticas, una expansión vocabular no privada de neologismos para extender la libertad propia al campo de todo lo que se toque y haga. Mencionando los marcos de libertad con la palabra, conceptuándolos y teorizándolos con el pensamiento, imaginándolos con el deseo también se cristalizan como espacios físicos concretos donde gozar lo mencionado, lo hipotetizado y lo soñado.

 



[1] http://foros.emagister.com/mensaje-libertad_y_psicolinguistic-12903-865268-1-3166571.htm

[2] E la columna the End de ADN 6 noviembre de 2008 a propósito del espectáculo político del premier estadounidense sucesor de Busch junior.

[3] en una época de una población famélica de esperanzas dispuesta a aceptar a alguien con un discurso renovado tal como el nuevo titular negro de la casa que sigue siendo tan blanca, peo manchada por sus crímenes, como antes sin dejar el cinismo como la profesión aunque se ejerza desde la ingenuidad presidencial.