FLUENCIA TRANSCULTURAL

De los terceros ausentes

Escrito por jesusricartmorera 23-07-2009 en General. Comentarios (0)

De los terceros ausentes. JesRICART

De los terceros ausentes es de lo que más se habla. No podemos evitarlo, el  mundo de los demás llena, de charlas y referencias, al mudo privado de cada uno. Sin panorama de lo ajeno de lo que hablar uno se queda en silencio. Como que al silencio se le teme se habla de esto y de aquello, de aquel y del de más allá, de quienes se ha conocido y de quienes se tiene por conocer. Y al hablar de todo eso, al hablarlos, inevitablemente se les evalúa, se les tasa, se les juzga, se les pone una equis o se les circula, se les tacha o se les subraya y recomienda. Después de primeras citas los amigos/as pregunta ¿qué, que tal es, cómo fue? El balance no se hace esperar. Una amiga que lleva unos diez años coleccionando telarañas me viene hablado los últimos contactos que tenemos de cómo progresa la relación con su flirt. Cuando conoces a alguien se le pregunta por cómo le va con sus relaciones, con sus hijos, con sus ex. Por activa o por pasiva participamos de las conversaciones sobre terceros que no están. Unas veces porque nos preguntan y otras porque preguntamos.

 De esos terceros ausentes no solo hablan quienes han tenido tanto directo con ellos, también lo hacen quienes no los conocen ni los conocerán nunca, quienes se nutren de comentarios intermediarios y chupan de informaciones no comprobadas. ¿De qué se iba a hablar si no de lo ausente? Por elegancia cultural hablar de quien no está presente para ponerlo a parir o pasarlo por la lavadora de la propia crítica no es lo exquisito. Quien elige tal exquisitez en el trato se queda haciendo el panoli mirando con cara intrigada las opiniones que vayan circulando de los demás sobre estos ausentes. Si a tu turno te abstienes de opinar sobre los ausentes argumentando que no es tu estilo o no te parece correcto participar en una merienda de negros zampándose los despojos triturados del que no se le da la opción a defenderse no solo  se van a sentir agredidos los demás que participan de esa comilona verbal sino que vas a ser inconsecuente ya que no hay nadie que deje de referir lo ausente y por tanto a los protagonistas ausentes de los actos que se les pase revista. O sea que mentirás. La cuestión está en la dosis y en la forma. La mayor parte de los análisis que tratan de personajes públicos están manejados por analistas que saben que nunca conocerán a aquellas que citan o examinan, ni falta que les hace, Un analista no es un fan que busca un autógrafo o se despierta en plena noche con un apnea sobresaltado por soñar con su ídolo; simplemente es alguien que analiza datos sea cual sea el mohín del sujeto del que se los analiza (aunque desde luego el rictus y otras puntas protuberantes de su figura no dejan de ser datos).

El tercero ausente remite a distintas categorías o grupos humanos: gente conocida, parentelas y familiares, ex amantes, vecinos, colegas y socios, flirts en curso, el chofer del último bus tomado, el tendero que te ha atendido en el ultimo súper que has entrado, las caras bonitas que has visto, el poli que te ha hecho parar el coche...también de gente conocida y que se ha esfumado, de autores leídos y citados. Casi es imposible hablar sin hablar de los que no están presentes en la conversación. Eso se puede entender y explicar porque el mismo hecho del habla ya convoca figuras ausentes en tanto que el mismo lenguaje es representacional de lo que no está físicamente presente en el lugar en el que se emplea. Ese poder de evocación de lo ausente es una de las grandes virtudes lingüísticas pero que deriva hacia el chismorreo y a las malas artes de hablar negativamente a espaldas de los demás. De lo ausente se puede hablar de destinas maneras siendo lo conceptual un recurso inevitable y la personalización totalmente evitable en particular si es lo contubérnico, la injuria y la destructividad lo que acalora el tema.  

Como medida profiláctica cuando alguien por exceso de pasión o de imprudencia quiere convertir un encuentro coloquial en su monotema basado en lo que le pasó con tal o cual persona que no está presente, se puede reconducir la conversación hacia temas más neutros para evitar aguantar la ducha fría de sapos o implicarse en opiniones que no se desean dar. Curiosamente los temas neutros tienen por canteras políticas y políticos o bien los personajes de la farándula artística o deportiva siendo estos tres campos los que están más a mano. Sus personajes ya cuentan con que se habla de ellos. Cuentan con eso. El farandulero más apto por su condición es el que prescinde totalmente de todos los dimes y diretes de la gente que comparte habladurías sobre su persona. Hablar de la farándula no deja de ser una  táctica de  evitación para no hablar de la gente conocida que no está presente, pero en ambos casos se habla de personas ausentes. Se dice que a nadie le disgustan cuando suenan campanas con sus nombres si son a su favor. Eso no es tan fácil. Puestos a hablar de alguien que sea por sus contenidos reales, esa es la justicia mínima exigible en el trato. Lo malo es que al referir los terceros ausentes se hace a menudo desde posiciones despectivas. Lo ideal sería la oportunidad de hablarlo todo con los implicados referidos pero eso deviene un imposible práctico. El individuo humano referido así como cualquier otro individuo o cosa es objetado al ser hablado y se le trae a colación sin necesidad de llamarlo para qué venga a la reunión. El procedimiento mental que explica este hecho no tiene porque ser reprimido a no ser que el uso de los terceros sea para evitar enfrentar a los presentes, de los cuales hablaran cada uno de ellos por separado cuando los otros estén devueltos a sus condiciones respectivas de ausentes.

La elusión del enfrentamiento directo es un epifenómeno determinado por las dificultades inherentes a la comunicación cuando esta no es aceptada por los comunicantes blindados. La cuestión es que la demanda de condiciones ideales de comunicación, la de poderlo hablar todo con todos, no se puede cumplir y no hay perspectivas de que se cumpla a ningún plazo a la vista. En consecuencia si la comunicación se desarrollo lo es o lo va a continuar siendo en condiciones no ideales, ahí donde sea posible, a pesar de sus detractores por un lado y los personajes citados en ella, por otro.

La tesis de hablar/no hablar de los terceros ausentes evoluciona y se adapta según quienes sean esos terceros. Es obvio que de los autores que se citan para vincularlos con sus citas a los textos propios se habla en su ausencia, estén vivos o muertos, sin pensar que haya otra posibilidad de hacerlo porque la elaboración sería interminable si pasara  por pedirles que reactualicen sus referencias publicadas que en sí mismas son autorizadas a ser redifundidas. En cuanto al grupo de la farándula, a menudo hablarlos pasa por proponerlos o no proponerlos para irlos a ver. El tercer grupo, el de la gente conocida y con la que se comparte experiencias, es el que más conflictos de interpretación genera cuando determinadas o emitidas circulan e inciden en los constelogramas modificándolos por indisposiciones o malentendidos. Como criterio salomónico lo mejor es no hablar de los terceros ausentes de asuntos delicados que se pueda tratar con ellos en directo. Hay excepciones del criterio  anterior por urgencias o por temas inevitables. Cada vez que se da paso a esas excepciones la conversación corre el riesgo de devaluarse en particularidades anecdóticas discriminando el tema central. J.M Terricabras dice que es necesario recuperar el nombre de cada cosa y volver a aprender hablar (y razonar) si es preciso, La palabra enraonar en catalán tiene los dos valores. Aprender a hablar además de hacerlo re aprendiendo el valor de las palabras pasa también por reaprender el valor de las situaciones y de los hablantes, de sus roles y de sus funciones. Ese aprendizaje está muy ligado a la educación en valores que tiene mucho cartel pero pocos resultados. La educación es un aprendizaje de las distancias e interconexiones en el mundo de los demás. Insistir en el valor del respeto sin traducirlo en las formas lingüísticas correspondientes ni aplicándolo a los ausentes por el solo hecho de no exigirlo con su presencia significa que fracasa como tal valor.

Hablar de los demás como hablar de todo pasa por hacerlo con cuidado y prudencia. La diferencia entre los hablantes queda establecida por los detalles. El hablante que pontifica se auto desacredita y el que modula y modera su habla para emitirla cuando está totalmente seguro de lo que dice se le heteroacredita, o al menos esta es la presunción metodológica.

Del habla hay muchos temas con que llenarla sin necesidad de personalizaciones para objetar a uso o reírse de otros. Los estilos en boga de hacerlo (el periodístico es uno de ellos ya que con el pretexto del análisis coyuntural los articulistas también escrutan a nombres faranduleros) detallándose pierden de vista las marejadas de fondo.

Ante la ignorancia

Escrito por jesusricartmorera 14-07-2009 en General. Comentarios (0)

 Ante la ignorancia[1].

Nadie (ningún humano) nace sabio ni con todos los conocimientos en su haber, tampoco tiene la suerte de que sus procreadores lo sean o los tengan. Tiene una vida por delante para paliar ese déficit, Unos 3/ 4 de siglo después, o desde antes, la gente se pone a morir y cada cual concluye lo poco o mucho que aprendió. Hay de todo: quienes hacen de su vida un recorrido por la ignorancia y quienes lo han hecho por el estudio, la reflexión, la destilación de sus experiencias  y el saber. La verdad es que andamos escasos de sabios. O inferimos que una vida es un plazo demasiado breve para saberlo o que aún siendo suficiente la mayoría opta por divorciarse del conocimiento. Propongo la segunda idea. Si es así, el homo sapiens es la especie humana que menos individuos inteligentes produce.

 Cuando necesitamos enmarcar los orígenes de la mayoría de temas filosóficos seguimos acudiendo a una antigüedad lejana. Hace más de dos mil años ya se pensaron las cuestiones cruciales de las tesituras humanas, la de la ignorancia también. Podemos tratar de añadir algo más al respecto que no se limite a los estándares que recojan los deseos por combatirla y reducirla. De la ignorancia lo inmediato que hay que decir es que cada cual es responsable directo de la suya, lo mismo, sea dicho de paso, que de su higiene corporal o de ingerir su alimento. Nadie puede comer o evacuar por nadie. Tampoco puede aprender por nadie en el sentido de substituirle el aprendizaje que le toca hacer. Ante quien no quiere aprender toda la sociedad fracasa. Ante el caso individual del desconocedor el problema pasa a ser de todos. Basta que haya un solo individuo en la ciudad que no sepa interpretar las señales de tráfico, que no sepa comportarse en público, que no sepa manejar su auto, que no sepa beber, que no sepa hablar, que no entienda, que   no  haya aprendido los protocolos del respeto para que el resto de los ciudadanos estén en peligro. Uno o muchos van a topar con aquel fichaje y se va a encontrar con problemas. Esa suposición es un tanto benigna ya que parte de la idea de un no saber cómo (des)atributo del ignorante confeso cuando para todo lo dicho lo que predomina es un no querer. Lo diré pronto y rápido no aprende a vivir quien no quiere aprender. No aumenta sus conocimientos y saberes quien se niega en redondo a hacerlo. No hay ser más involuto que el que no quiere evolucionar. Algo de eso nos dejó un legado remoto: no hay más ciego que el que no quiere ver. Esa tesis no por ser tan popularizada fue más eficaz y es que las huestes de la ignorancia pueden aprender frases hechas pero no se enteran de la dimensión de sus contenidos.

La ignorancia no es un hecho consubstancial a la vida ni a la sociedad, es propio de la mediocridad de la que hacen ostentación los individuos  que confunden sus limitaciones de partida con sus características a perpetuidad.  Como otros déficits existenciales lo peor de la ignorancia es no ser concienciada por el ignorante. Es así que se puede pasar la vida con 4 verbos escasos un par de cientos de palabras y la reincidencia en hábitos existenciales que no lo van a sacar nunca del arroyo en el que vive como una ameba sin demasiadas ambiciones de superación. Desde los albores de la especie siempre hubo individuos indispuestos a aprender de las cosas y que convirtieron los acontecimientos en motivos de temor corriendo a esconderse ante los rayos o la llegada de la noche. Para contrarrestarlos siempre hubo tipos que se extasiaron ante el espectáculo de la naturaleza, sus transformaciones y colores, tomaron notas y aprendieron de ellas. Lo único que explica el nacimiento de la ciencia es la capacidad de observación primero y la de entendimiento después, de unos individuos que se preguntaron los por qué de las cosas. Fueron una minoría, pero gracias a esta minoría hoy disponemos de ordenadores, bibliotecas o teléfonos. Por esta minoría que se fue perpetuando e insistiendo a través de los siglos, hoy una mayoría se puede valer de sus hallazgos. La actualidad sigue siendo así; ante fenómenos que no entienden las huestes ignorantes siguen corriendo para esconderse bajo el felpudo o se parapetan con frases hechas o con insultos. Un articulo largo pero sencillo cortocircuita sus escasas entendederas, pero otras pautas aún más simples (las señales de tráfico antedichas o la lectura de los índices económicos) tampoco sabe interpretarlas, o solo eso, hacen de su no conocimiento un elogio a la estulticia, algo de lo que Erasmo ya nos previno.   Ya no importa si han tenido muchos o pocos años de escolarización, si han ido a una  escuela de pago o a otra de “caganers”[2], que se decía en catalán, refiriendo a la escuela primaria en la que no se pagaba. Tampoco es tan significativo si han terminado una licenciatura universitaria o han pasado por un programa de intercambio de cursos en el extranjero; o no lo es, desde que la masificación de títulos universitarios no es garantía de una extensión de la capacidad intelectual elevando el índice medio de intelectualidad de la población. El prototipo del ignorante es el que se hace a sí mismo, el que se empeña en seguir siendo un zoquete toda la vida sin aceptar las oportunidades que le son ofrecidas para aprender lo básico. Es quien se niega a estar abierto a la información, mucho más a relacionar críticamente los datos de los que dispone. Es el que se queda a dos velas ante conceptos manejados por otros, es el que se aburre en una conferencia o toma un asiento cercano a la puerta para escapar tan pronto el humo asoma por sus oídos.

El perfil del ignorante es el que lleva a conmiseración. En el fondo se siente agredido por no entender ni jota, por calentarse los cascos a la lectura de la tercera frase que le supera, el que sabe que lo escrito no es para su mentalidad, que su capacidad es débil y no puede interpretar los ímputs que recibe. El ignorante, digámoslo ya, es un deficiente intelectual, que o tiene la menor justificación de ser a no ser que tenga por substracción su debilidad mental.

La frontera entre debilidad intelectual y debilidad mental es conceptuada  correctamente pero imperfectamente definida. El débil intelectual es quien no usa su voluntad para dejarlo de ser, el débil mental es quien su substrato neuronal no está en forma como para permitirle intelectualizar la vida. Hay síndromes neurodeficitarios con más voluntad y más interés por la vida que otros que teniendo masas encefálicas en principio impolutas su comportamiento indica que son cerebros planos. Por esa expresión “cerebros planos” nos referimos a los que no piensan. Toma la imagen plástico del so encefalogramas planos. A diferencia de otro órgano corporal con problemas (un miembro amputado por ejemplo) el individuo humano con cerebro plano tiene algunas capacidades resueltas: puede conducir, llevar una máquina en su fábrica, manejar incluso el ordenador, chatear, pasar exámenes, cumplir un horario de oficina, seducir, comer y otros muchos detalles cotidianos aparentando ser un humano completo sin serlo en tanto su capacidad de interpretación de la existencia es nula o cercana a cero. En el ámbito del déficit sensorial y motor se dice que el concepto de minusvalía que se ha empleado abundantemente para una minoría de personas con problemas de locomoción, ha sido un empleo equívoco, ya que la más mayoritaria de las minusvalías (la intelectual) no es socialmente reconocida. Esa minusvalía, insisto, depende más de la voluntad, es decir de la no voluntad del sujeto afectado por superarla, que de causas exógenas como sí concurren en el caso de la polio o de parálisis cerebrales, espinas bífidas  o esclerosis múltiples.

Si el ignorante es un minusválido en la práctica hay que tratarlo en consecuencia, explicarle mejor las cosas, ayudarle con atenciones especiales, también reeducándolo, reforzándolo. Todo este sería el método si no fuera porque el ignorante lo es a rabiar por convicción y proclama. Lo es no porque tuviera las fuentes de información cerradas o porque se pasara toda la vida encerrado en una gruta (por cierto hay pastores rurales  y eremitas  aislados que tienen más saber y han desarrollado mas su inteligencia que urbanitas sobre estimulados que siguen clavados en sus agujeros metafóricos de no querer aprender) si no porque no acepta la enseñanza ajena, no aprende nunca un método de análisis y vive la vida lo más mecánicamente posible.  Tiene suficiente con vegetar y dejarse estimular por las cuatro tonterías espectaculares de cada día. A fuerza de tontear es más tonto que nadie y su cabeza poco a poco se va configurando como el balón que contiene aire (al menos un balón contiene aire, hay  descerebrados que no contienen nada) y que solo sirve para recibir patadas. La etiqueta nos obliga y no vamos a usar las cabezas de los ignorantes para los juegos de pelota (no porque no se lo merecieran sino porque olerían mal y su esfericidad tampoco es la adecuada) pero sí nos toca considerarlos en su función lastre en la sociedad que nos toca compartir con su abundante presencia.

Un ignorante es un enemigo social, un enemigo público declarado. En tanto prefiere no enterarse de nada, obliga, indirectamente, a que otros trabajen para él, le saquen las castañas del fuego, se preocupen por la planificación y por los análisis. Es un contra-evolucionista por definición. Su frecuencia pone en aprietos la teoría del humanismo incondicional y desalienta al filántropo más abnegado, es el arma secreta de los grandes poderes para desmotivar las militancias revolucionarias.  Es cierto que la mayoría de ignorantes acaban aceptando sus roles sociales de subalternos, de supervivientes y punto, de acríticos y de tullidos fácticos. Son los impostores que siempre hubo por no saber lo que por ética y obligaciones prácticas es exigible saber en cada momento. En la cotidianeidad presencial el ignorante trata de esconderse. En seguida queda expuesto como tal en los primeros minutos de conversación sobre temas de la llamada cultura general. El problema en los protocolos sociales es para que no se queden fuera de debate (pobrecitos) es no hacerles sentir mal. La vida diaria nos pone continuamente en contacto con ellos y lo peor de un ignorante es que ignora el daño o el prejuicio que ocasiona a los demás. Su tasa de comprensión es baja, no solo para lo científico o lo conceptual, también para asuntos concretos, incluso los relacionados con su propio oficio del que supuesta es especialista.

Quien quiere aprender aprende, parta de la situación que parta, sea cual sea su estatus social y sus medios. Ya ha sido calculado que todo el mundo puede formarse en más de una carrera universitaria solo utilizando los tiempos muertos de sus desplazamientos en buses/trenes. Si no lo hace es porque no quiere. Si no se lee es porque no se quiere no porque no se pueda. Ese no querer está en la base del drama existencial. La comedia humana se recrecenta cuando al amparo del anonimato el psicoperfil del ignorante es el de celebrar su ignorancia como lo mejor que le haya podido ocurrir, cuanto menos consciente es con más derechos a la brutalidad se siente, cuanto menos sabe más desprecia a quienes saben. Históricamente los incendiarios de bibliotecas y de libros eran esos pobres palurdos que se sentían afectados por no entender nada del saber tomándolo como un ultraje contra sus limitaciones. Su lema siempre ha sido “lo que no entiendo no existe”. A lo cual añadían “…y si insiste en existir yo acabaré con ello a la fuerza”. El ignorante no es pues solo el tontito, que también, que no se entera de la gramática, ni traduce el valor de las palabras, si tiene paciencia para seguir una historia que le cuentan, sino también el protofacha lesivo que puede ocasionar daños serios a una cultura y al patrimonio de una comunidad. Hay que acabar con su figura. Voto por tal conclusión contundente ¿cómo?

Durante siglos las propuestas educacionales han parecido las más inteligentes para enseñar al que no sabe. Tales propuestas no contaron que el que no sabe se convertiría en una figura instituida y pontificada en que ya la iría bien no saber. Aquellas propuestas no contaron con la involución de la raza humana, entiéndase de su capacidad intelectual. La especie humana, debido a su crecimiento demográfico, ve mucho mas aumentada su población infra intelectualizada que no la intelectualizada. Las nuevas culturas lejos de ser exquisitas pasan por los videojuegos y por la insistencia en argumentos de violencia. No es nada extraño que los cerebros planos sean multitud (un instrumento estadístico del futuro demostrará que es la mayoría). Las instancias de especulación de industrias de explotación interesadas e esclavos sumisos estarán de suerte porque estos ignorantes se limitaran a vender sus idas por dinero y nunca les discutirán su esclavitud. Para la ciencia ficción, esas huestes de ignorantes del ahora serán las huestes de soma del mañana, es decir que nacerán sin inteligencia pero con corpulencias preparados para el trabajo. Sería (sería)  la sociedad al fin perfecta: la activida por fuerza de trabajo absolutamente mecánica de las no-personas, es decir de los no preparados para el discurso racional, trabajando para que vivieran a sus anchas la sociedad selecta viviendo en el total hedonismo. Hummmm, la escena es suculenta, ni Assimov llegó con su imaginación a tanto. Antiguamente la sociedad griega del pensamiento ya tenía el sector de la producción al cargo de los esclavos y la filosofía al cargo de unas élites que sabían vivir bien. Ambas imágenes no nos sirven para la actualidad no por un principismo ético mal entendido (la crisis conceptual del humanismo es de si ha de defender incondicionalmente a todos los humanos incluyendo a los antihumanos) sino porque algo de la tesis anterior (el individuo como único responsable ante su ignorancia) está contradicho por los múltiples factores externos que lo condicionan. A fin de cuentas el individuo más deficitario intelectualmente puede acudir a la escusa de ser rencoroso ante una sociedad en la que ha nacido que lo ha condicionado totalmente para ser un ignorante. En efecto, incluso en los tiempos modernos que tanto elogio se ha hecho del libro y que tantas veces se presenta el estado paternalista como facilitador del saber popular, la ignorancia sigue siendo el principal aliado de las castas dominantes que han hecho creer al populacho desde que aquellos eran dioses encarnados a que estos tenían que obedecerlos en todo. La ignorancia es la que sigue siendo responsable de la sumisión de los unos a los otros en sus versiones modernas, la ignorancia está detrás del hacinamiento y las patologías en muchas partes del mundo, la ignorancia es la responsable de no saberse alimentar, de tener hábitos patologizantes o de no saber analizar el mundo. Lo que ocurre es quela ignorancia no se encuentra en estado puro metida en una probeta, la ignorancia se manifiesta ay vehiculiza a través de los ignorantes, de las masas ignorantes, cabe decir, con las que compartimos edificios, carreteras, playas, locales de música, autobuses, aceras. Aparentemente todo el mundo parece que sabe a dónde va y lo que es. Hagamos la siguiente prueba de campo: pregunta directa a los transeúntes que opinan de la ignorancia. Segunda pregunta: hasta donde creen que llega la segunda. Hipótesis: la mayoría situa(rá) la ignorancia como algo ajeno a su persona.

Estrictamente la ignorancia es un fenómeno universal. Nadie lo sabe todo, somos sujetos atómicos, el renacentista ha desaparecida hace siglos. El orgullo de la especialidad de cada especialista ha ido en contra de su humanismo particular aparte de sabotear el humanismo de todos. Esa atomicidad reversiona continuamente el mito platoniano de la caverna. Pero no es de esta ignorancia de lo que está por conocer de lo que hay queja, sino de la ignorancia deliberada de lo conocido que convierte a los ignorantes en pesos pesados que impiden el progreso de los demás.

En términos cotidiano cuando un paseante tiene la mala suerte de pisar un excremento en la acera no pierde el tiempo discutiéndose con el producto. Si la mala suerte le lleva a tropezarse con un ignórate no puede dedicar su tiempo a ilustrarlo en particular si el ignorante hace elogio de su ignorancia, se le deja, es un subproducto con el que no tiene nada que ver.  ¿Eso es desprecio? Sí, es desprecio. Nos elogiamos y valoramos los unos a los otros por nuestros valores, quien no los tienes se le puede reciclar o abandonar en el charco dada su pasión de seguir haciendo de ameba.

Esa actitud no es más que autodefensiva, la inteligencia se tiene que auto defender de la imbecilidad, y la sabiduría prescinde de lo que se diga desde el desconocimiento. Dentro de las faltas humanas una muy crónica es la de de  ras tafari en su sentido denominacional originario ( head creator), admitámoslo: hay individuos que se nos parecen que nunca saldrán de su burbuja sensorial, nunca crecerán, nunca aceptarán entender la historia ni el mudo en el que están. Sin embargo ocuparán espacio, comerán, circularán y tendrán los mismos derechos que los demás (la democracia ya ha sido definida como el sistema de decisiones donde las justas e inteligentes en minoría se sacrifican por la injustas y estúpidas de la mayoría). Pero el ignorante convencido, el que le va bien serlo y continuará siéndolo, no es un cero absoluto, puede hacer unas cuantas cosas que sean útiles, puede tener unos chistes en su caudal que hagan reír, incluso pueden tener un cierto atractivo visual o sex apple. Mira, hagamos el amor pero no digas ni una palabra porque corremos el riesgo de que me deslibidinices y echemos al traste el polvo. El ignorante no significa que no pueda ser reconducido para un conjunto de hábitos sociales correctamente: parar su auto ante un paso cebra en el que están cruzando los peatones o usar el camarín del ascensor sin fumar dentro ni pintarrajear cruces gamadas, otro asunto es si puede servir algo más que para cumplir con los mínimos. Profesores y estudiantes avanzados de la vida vienen fracasando desde siempre con inútiles que no quieren enterarse de las cosas. No es extraño que en cada aula una experiencia prematura de la profesión educativa es la de dividir su atención (aunque eso sea mal de reconocer) entre quienes se interesan por la dinámica de clase y quienes van a ocupar fraudulentamente un asiento que otros podrían rentabilizar mejor. Ante el análisis y suma y sigue de los ignorantes, el analista está obligado a preguntarse si el movimiento reivindicativo a favor de una educación pública, gratuita y de calidad para todos acertó en sus objetivos. Unas décadas después de esa conquista nos encontramos que a la masificación universitaria no se le corresponde con un incremento de los niveles de inteligencia individual, tampoco los de conciencia social. El tema no se va a resolver con propuestas elitistas pero hay algo constatado: aprende, crece, progresa quien se dedica a eso y por el contrario desaprende, involuciona, se estanca y se auto inutiliza quien no está por la labor.

Puesto que la ignorancia en forma de sus representantes la encontramos continuamente en todas partes cuando hacen sus comentarios, por inadecuados que sean, cumplen con una función de tanda de enganche en el que  meter la cuchara.  El que dice una estupidez evidente mueve a una reacción de signo contrario para neutralizarla, pero eso genera una pérdida de tiempo considerable que va en contra de lo principal del evento: la tesis contra la que el estúpido se enfureció por no entenderla. Las colas de comentarios de los artículos se retroalimentan entre ellos separándose sin darse cuenta del núcleo o núcleos temáticos presentadas en un exposición, también pasa en foros de oralidad. El criterio observacional mas practico para evaluar la rentabilidad de un acto cultural es el índice de deriva acerca del tema planteado. Si los oyentes de una conferencia se convierten en un racimo desparramado asambleizando el acto por subpuntos secundarios en lugar de cuestionar las ideas principales planteadas además de hacerle un feo al conferenciante se lo hacen a sí mismos demostrándose no estar al nivel de la comprensión de lo conceptualmente propuesto, prefiriendo ejercitar la glotis con temas menores. Al ignorante ya se le tiene a caldo, no hace falta seguir perdiendo el tiempo con sus comentarios. Lo mismo que cualquier excremento pegado en la suela del zapato, cuanto antes se deshaga de él antes dejará de oler mal.

Alberto Manguel exagera al decir que todos los actos humanos son violetos y todas sus artes contradicen esa violencia. Dice que en el XXI se escenificara algo así como la última lucha moral universalista. Pero su exageración no lo es en absoluto aplicada a su idea  a esos actos de la ignorancia en la que con las neuronas mal agrupadas bajo el ala, hay quien tira la piedra sin decir quién es ni argumentar nada (el nick lo ampara en toda su irrespetuosidad) y, lo que es peor, cree que todo lo que no entiende no existe. Eso es una protoactiu para la violencia. La ignorancia ha sido históricamente la cuna de muchos desastres. Antes de la responsabilidad de un ejército tratando de exterminar a los judíos las masas alemanas votaron al partido inapropiado que llegó a urdir eso. Seguimos en las mismas, hay países en los que se vive que parte de sus ciudadanos experimentamos vergüenza por la pervivencia de paisanos en hábitos preconstitucionales y subculturas que alimentan espectáculos de la crueldad. Cada vez que uno se encuentra con un estúpido tiene dos opciones o quitarse de en medio o quitarlo de en medio, como el tierra trágame todavía no es operativo lo mejor que se puede hacer es eludir al ignorante. El problema es que la libertad de elección no da para tanto y si bien se puede hacer desaparecer al inútil cuyos comentarios no tienen la menor utilidad se corre el riesgo de sustituirlo por otro. Jean Genet dijo en una ocasión que la dificultad del autor es una cortesía con el lector. Entiendo por esto que es una forma de descartar lectores que no son aptos para su literatura y centrarse en otros que sí lo son, los cuales a su vez quedan a salvo de aquellos otros.

Todo lo que puede hacer la cultura (entendida como el saber crítico, no la que pretende avalar toda tradición) es hacer proposiciones para aumentar. A priori se puede apostar en que hay personajes que nunca las seguirán ni querrán seguirlas, no pasa nada mientras no molesten, se esté quietecitos y no saboteen. Alain[3] publicó más de 5000 propos o charlas sobre los acontecimientos. Es un buen modelo de trabajo aunque su recibo fuera desigual y no siempre rentable. Toda propuesta ha de correr con ese doble riesgo: la incomprensión  y su consiguiente rechazo, pero basta que alguien la tome como su antorcha para que haya merecido la pena. Es por esta vía que la ignorancia va/irá perdiendo terreno aunque estoy de acuerdo en que el tiempo futuro no es ilimitado para este hacer y es posible que si en el siglo en curso la raza no mejora en lo que es, es posible que triunfe la ignorancia absoluta para los siguientes. 

Ante la ignorancia  no cabe ignorarla. Su presencia es tan aplastante que impregna cada actualidad de toda ella. No existe más alterativa que la de individuo a individuo que trabaje por vencerla dentro de sí mismo. Como eso es demasiado duro por los deficientes intelectuales cabe protegerse de sus negligencias para que circunscriban el daño a sí mismos tratando de eludirlo. Hablándolo fríamente la sociedad entera podría prescindir de sus huestes ignorantes sin pestañear, el resto superviviente seria más feliz. Pero eso no se puede articular de ningún manera y toda propuesta de pureza de la raza encierra un totalitarismo criminal. Nos queda aceptar la coexistencia lo más pacifica posible con los ignorantes lo cual lleva a una paradoja ya que para asegurar esa armonía no se puede hacer mucho más que ignorarlos, deshacerse de ellos, tenerlos en el panorama paisajístico y no contar con ellos para nada. Eso lleva a que la sociedad vaya a distintas velocidades y mientras hay gente que está habitando el tercer milenio con una filosofía de superación otra sigue anclada en comportamientos obsoletos.

No, no hay una solución práctica salvo el de ignorar en lo concreto al ignorante  por inútil y por experimentar vergüenza al tener contacto con su figura, pero lo que no se puede ignorar  es la ignorancia creciente como la peor de las pandemias sociales.



[1] inserto e inemdiatamente desalojado por la web en/de http://foros.emagister.com/mensaje-ante_la_ignoranci-12903-879333-1-3233812.htm

[2] Literalmente: cagadores. Los que se defecaba encima por no ir al cole en condiciones higienicas suficientes .

[3] Pseudónimo de Emile Auguste Chartier (1868-1951),que  rehuyó honores pero fue un trajador  ifatigalbe.profesor de filosofía que influyó en S.Weil.

Primeras (y únicas) citas.

Escrito por jesusricartmorera 10-07-2009 en General. Comentarios (0)

 

Primeras (y únicas) citas. 

Hay contactos humanos que no pasan de sus primeras citas (algo es algo, hay contactos que ni siquiera llegan a construir una primera cita). Las primeras citas condensan, concentran y presentan posiblemente todo lo que va a poder dar de sí el resto de la relación, como muchas no se repiten, la relación queda reducida a ese primer contacto.  Hay una especie de prisa en evaluarse pronto y rápido para concluir con urgencia lo que se puede esperar del otro.  Por una obviedad matemática todos los contactos no pueden pasar a permanentizarse ya que no habría tiempo ni espacio material para todos ellos. Empíricamente todo el mundo tiene interiorizada esa ley de redistribución relacional. Los contactos van de ser los más efímeros (la coincidencia en el ascensor, en la sala de espera, en los asientos de un medio de transporte, la carrera en taxi o compartir la carretera con los demás conductores) a los que son citas realmente establecidas. A la cita se la ha idealizado. Tener una es tener una especie de oportunidad a conocer a alguien, con suerte a compartir el placer de la comunicación con ese alguien. Los protocolos del saludo suelen empezar con una mentira: es un placer conocerte en un instante en que todavía no se sabe si esa cita va a ser placentera o no y no pocos de ellos acabar con otra mentira: ya nos veremos o ya nos llamaremos cuando no queda la más mínima gana de otra coincidencia.

Una primera cita es una especie de radiograma, es una entrevista también que trata de serlo en profundidad, cada detalle cuenta: desde lo que se habla a cómo se habla, desde cómo se viste a como es cada gesto, a cómo evoluciona la conversación y en qué temas se detiene y en qué preguntas se insiste. Si se acude a ella con suficiente dosis observacional se podrá intuir lo esperable del otro y lo que es descartable. Es de muy mal pronóstico que una persona vaya a su primera cita cambiando de inmediato los términos de lo acordado antes por teléfono o vía email o por sms. Lo es mucho mas llevarse una impresión ingrata del aspecto físico del otro, saber que la cita no va a llegar a cuotas sensuales y esperar a decírselo una o dos horas después. En una ocasión quedé con una psicóloga de Vilassar que se  había autopromocionado diciéndome que era muy guapa. Al verla su aspecto me desilusionó, además su plan de noche pasaba por una cena de restaurant que  había decidido por su cuenta  y que compartí. Yo también la decepcioné por mis cabellos, creo que me dijo, demasiado largos. Todavía me quedó un rato de energía para acompañarla hasta su casa después de perder varias horas de conversación con ella. En otra ocasión tuve una cita con una chica que conocí el mismo día y que fui a recoger a la estación a mi localidad para estar un rato después en mi litera de vuelos sexuales. Ella se había presentado como muy liberal (lo ideal para mi desde el punto de vista den o ser exigido en una exclusividad que no estaba dispuesto a conceder). Pocos días después de esa copula emergente, necesaria para ambas partes, me dijo que se lió con alguien que le exigía exclusividad a lo que ella se sometió. Añadió que podiamos seguir siendo amigos. Dije: vale, vale, absolutamente convencido de que no habría continuidad de contacto posterior como así fue.

Otras veces he quedado con chicas que vinieron de cientos de quilómetros de distancia para conocerme, que tras un primer intercambio de pareceres epidérmicos  mi libido no estaba para seguir trotando sobre anatomías no tan excitantes. No hubo contacto posterior. A los hablantes nos toca escuchar entre voces a si como leer entrelineas e inferir las verdades ocultas de las palabras, las que no se dicen. Una mujer casi nunca aceptará reciclar una relación sensual en la que se haya sentido rechazada por una relación de amistad o de comunicación intelectual, tampoco en el caso de que haya habido intercambios informativos exhaustivos de confidencialidad personal, transacciones literarias o debate. He tenido primeras y única citas con el guión totalmente preparado, con la conexión genital casi asegurada o con la apertura para una sintonía química y que en el momento de la cita presencial aún dándose la escena erótica quedaba claro intuitivamente que no iba a dar para nada más. Estas citas son invitaciones al ejercicio imaginario del placer y al desetelarañamiento de vaginas y resequedad de penes pero que no tienen que dar lugar a nada más que a esa tentativa tanto si se consume como si no. El hecho de que alguien sea físicamente atractivo no significa que tenga el menor interés comunicativo o intelectual o artístico, tampoco que tenga sensibilidad o ternura o habilidades verbales. Las ojeadas en los antros de relación social para el contacto sensorial (locales de baile y de droga básicamente) proporcionan una casuística de la superficialidad extrema. Muchos de los flirts o contactos ajenos son para una pronto cita y una pronto consumación de las necesidades mutuas: las de reducir los orgasmos pendientes y las de creer, como mucho, el simulacro de una ternura.

A la primera cita por razones sensuales se va con la hipótesis de una conexión química. Eso pasa por la observación del cuerpo, de la voz, de la boca, de los ojos. Ir con posiciones tiquismiquis a ella lo más probable es que la aborte y que no haya una segunda oportunidad. Las mujeres –no todas- suelen esgrimir el alegato de que no se van a la cama a la primera de cambio con cualquiera, aunque aceptan que su potencial amante pase por el rol de que las conquiste, que las inviten, que presenten las insinuaciones, que se ocupen de la logística. Algunos hombres no están dispuestos a conceder una segunda cita si en la primera los blindajes ya no tuvieron razón de ser. No es que la intencionalidad de una cita sea exclusivamente la sexual pero el modo de posicionarse ante el contacto sexual es una forma comunicativa extraordinaria para conjeturar todo lo que va a darse después. El hecho de que haya primeras citas en las que se sabe seguro por ambas partes que va a haber sexo no quiere decir que vaya a haber una pauta posterior de reencuentros. Por razones distintas personas que se encuentran una primera vez deciden no hacerlo una segunda.  Una chica sospechó de mí porque en lugar de estacionar mi coche en la calle en que habíamos quedado lo hice en la de al lado. Hace muchos años  de adolescente me cité con un amigo en el centro de una ciudad en la que al parecer su padre consideraba que solo había citas de homosexuales, vinieron ambos con el ceño fruncido. Pasan las décadas pero los miedos humanos siguen siendo atávicos.

He saltado de una posición ideológico-humanista en la que creía que el otro era una reserva de experiencia y de saber  para los intercambios y por tanto de un potencial infinito a verlo como una figura de paso y efímera. No se puede conjeturar de nadie a priori que tenga el derecho a una continuidad en la atención o en el aprecio, eso, en todo caso, lo decidirá un primer encuentro. Los observadores más exigentes sostienen que una relacion queda determinada en el primer minuto de un encuentro. Actualmente, dado que los encuentros presenciales para la relacionabilidad so en gran parte preparados desde el campo digital, los primeros contactos que no son muy sintónicos son inmediatamente descartados.

Me he visto emplazado a ocultar mi curriculum para facilitar una conexión. Un vez una mujer me dijo de entrad que teníamos poco que hacer juntos porque yo era un intelectual y ella una palurda (empleó esa palabra o una parecida). Lo grave es que tenía razón. Tan pronto alguien en, una primera cita utiliza categóricos absolutos estoy ya mentalmente descartándola para posteriores visitas aunque esa primera pase por el éxtasis de un orgasmo. Acudir a la cantera de los contactos digitales es una forma no ideal pero sí practica de accésit a citas o encuentros con los que compartir la vida por un rato o tantear compartirla para los restos. Suponer que conocer gente en el ámbito de una discoteca o de un espacio de relación lúdica es más seguro es no entender la misma dinámica intérnautica. Por supuesto hay prototipos de internautas que se inventan personajes que o tienen nada que ver con sus verdades y entran en contradicción cuando han de tener citas presenciales que no podrán sostener y que incumplirán o en las que no se podrán sentir espontáneos. La inversión más eficaz es la de la autenticidad no solo por principios éticos sino porque es la que elimina todo rastro de tensión psicológica. Es cierto que hay primeras citas cuidadosamente preparadas en el protocolo, a veces de docenas de conversaciones de chat, que se vienen abajo en los primeros segundos. Algunas veces me han cogido ganas de irme y en todo caso mi comportamiento ha sido más hedónico o menos según las crispación, hilaridad, dogmatismos y prejuicios que encuentren en el otro.

Además de las citas para-eróticas hay otras muchas que quedan en únicas y solas que trataron de establecer una comunicación por algún asunto profesional o cultural. Si bien de toda la gama de contactos por coincidencias no se espera nada y como mucho el reconocimiento visual o el del saludo, el de los contactos establecidos como citas se espera intuitivamente cuando menos una respuesta (es el caso de los que acaba con el “ya te llamaré” o “ya te diré algo”). Craso error. Los protocolos verbales están plagados de mentiras no tan piadosas.

La ventaja de las primeras y únicas citas  tanto en lo personal como en lo profesional es que no se puede esperar nada de ellas cuando no concurren los mínimos deferenciales esperables. Eso es una ventaja porque los contactos que dan lugar a relaciones no seguras pueden arrastrar su inseguridad, incluso, por años, para terminar en la nada más gélida. Aparentemente quien tras un encuentro comunicacional intensivo (también erótico por supuesto) se despide deseándole suerte al otro pero no proponiendo ningún otro encuentro, porque sospecha la falta de sintonía por las razones que sean, es arisco cuando en realidad no hace más que cumplir con un acto de honestidad impecable, por brutal que pueda parecer. Muchas relaciones conflictivas y de mutuo embrutecimiento y dolor se evitarían si se pudieran prever en sus primeros contactos no dejándolas cursar a partir de no dar lugar a una segunda cita. El problema observacional es que las conclusiones de una primera vez pueden ser precipitadas y si no lo son, el deseo del otro por algo corre siempre el riesgo de ser entendido como un deseo global por todo. No, el otro puede tener un encanto para el sexo y un desencanto para todo proyecto a compartir, un interés para un acuerdo comercial y todo interés para una relación sostenida comunicacional. Se termina por no esperar nada de nadie, lo cual es un absoluto incapacitante y una reactancia lógica a esperarlo todo de los demás o creer en sus palabras y chocar con el incumplimiento por repetido. Por tanto ir al encuentro de alguien siempre con una hipótesis de reserva precondiciona ya la precipitación de una terminación. Lo juro de nuevo: hay citas de las que hubiera escapado en los primeros 10 minutos pero que las sostuve otros 50 sabiendo que estaban ya impugnadas y no darían nada de sí. Expuesto de esta forma parece que las citas se conceden o preparan desde el instrumentalismo. No exageremos. Todos/as nos andamos buscando sin encontrarnos aunque nos tengamos delante de las narices. En la cita de dos concurren un ejército de otros posicionamientos, preconceptos, memorias, ayeres, experiencias, ambivalencias y, lo más terrible, dobles personalidades o esquicias. El hecho de que te guste mucho parte del discurso del otro no significa que tenga que gustarte todo lo demás. Eso también pasa con respecto a su territorio anatómico. Hay elementos corporales que contribuyen al sex Apple y otros totalmente desactivantes que bajan la sangre a los pies  con la energía desgenitalizándose.

Lo más llamativo de las citas primeras que acaban con desencuentro o pérdida inequívoca de sintonía es que es difícil que perdonen los déficits que concurrieron en ellas. Todo eso funciona en el plano intuitivo y generalmente no se racionaliza, pero se constata y se sabe. Puesto que el mundo es una cantera de posibilidades y combinaciones prácticamente interminables lo que no se alcanza en una cita con alguien tratará de alcanzarse en otra primera cita con otra persona distinta aunque en ambas situaciones y todas las otras réplicas que se intenten con nuevos contactos el cortejo de aproximación será básicamente el mismo. Lo peor que puede suceder al acudir a una primera cita es ir con la idea preconcebida de que va a concurrir el éxtasis. Muchas veces el error escénico deja en el más absoluto ridículo a quien lo ha protagonizado y se avergüenza de volverse a encontrar con aquella persona que la vio comportarse de aquella manera. Los pre-juicios y esquemas estancos van en contra de quiénes más los tienen. Por otro lado que presenta su perfil de liberal, o todas sus cartas desde la transparencia se arriesga a ser tasado inmediatamente y descartado. Todavía hay multitudes que pretenden convertir primeros contactos en las inversiones de sus vidas y en la garantía de sus futuros. Dar con personalidades desamparadas que buscan protectores no es una perspectiva muy edificante. El desamparo precondiciona al otro a un rol proteccionista por el que no tiene porque estar dispuesto a bregar. Hay mujeres que vienen a primeras citas con sus hijos y que te ponen al cargo de la invitación como si os hubierais constituido en familia.

Después de una cierta cantidad de contactos que se quedan en ellos y que necesariamente toca calificar de efímeros se puede inferir que de seguir en las pautas aproximacionales el resto de la vida va a seguir siendo así. Lo grave no es tanto que una cita sea única y no vaya a dar lugar a una segunda sino saber el alcance de su entente o de las diferencias experimentadas.

Para el punto de vista femenino los hombres solo (atención a ese descripción de “solo”) quieren sexo y luego si te he visto no me acuerdo. No hay que tener un punto de vista masculino reactivo o vengativo para afirmar que las mujeres son tan o más utilitaristas que los hombres en sus primeas citas. Ciertamente cuando las primeras citas se quedan en lo aparente se pierden la posibilidad de una comunicación de fondo, un viaje de crucero por la intimidad. Carmen Alborch refiere la prevalencia de la existencia de la belleza y la juventud como una tiranía. Sin duda quien va buscando  prototipos físicos y comportamentales  se pierde la oportunidad de hacer otras exploraciones por otras hipótesis del éxtasis. Ante el otro negado que en lugar de poner la comprensión pone la exigencia cabe recoger los bártulos con caballerosidad y no dejarse afectar por sus despechos. Apelar a los roles supuestos antes de conocerse es ese error imperdonable que u sujeto con cultura, inteligencia, flexibilidad y mundo no se puede permitir. La deportividad de las relaciones humanas pasa por aceptar que la mayoría no llegan a ser nunca lo que se hubiera deseado que fueran desde el `punto de vista del ideal humano.

Un contrato como destino.

Escrito por jesusricartmorera 09-07-2009 en General. Comentarios (0)

 Un contrato como destino. JesRICART

En Vagas noticias de Klamm[1] de Sanchis Sinisterra  una solicitante de un empleo que se presenta en una oficina de personal de una gran empresa con un supercurrículo tan fantástico como increíble es puesta a prueba por un jefe de personal que la somete a determinadas pruebas evaluativas de carácter psicodramático para decir su seleccionabilidad. La chica causa buena impresión y hasta da casi por seguro que van a contratarla, por su parte los empleadores sabe que la política de contratación responde a una estrategia para deshacerse de personal sobrante ate situaciones de crisis para complacer a los accionistas. Los encargados de la selección obedecen órdenes del mando superior de la empresa. Klamm es el nombre de alguien de la jefatura jerárquica que no aparece en ningún momento y que está en una planta superior vigilándolo y controlándolo todo. La sensación de empresa es la de la indeterminación. Su definición organísmica mas considerada es la de aquella organización en la cual quienes mueven los hilos son los que están ausentes o que ni siquiera están. El encuentro entre una asalariada en paro y un profesional asalariado que ha de decidir si facilitarle el acceso a un puesto remunerado representa el encuentro de la mayoría de seres anónimos entre quienes tienen la posibilidad de facilitar el paso y quienes solicitan pasar. La microfísica del poder es la que permite que cada individuo social detente el suyo para vetar al otro o facilitarle la vida. Esa minúscula parte en su ejercicio no significa que a su turno el intermediario con una cuota de poder no sea un sumiso sometido a otro con una cuota mayor. Las estructuras jerárquicas (desde la empresa elemental al ejército más sofisticado) son organizadas en torno a  un reparto y una delegación de poderes en el que los intermediarios obedecen órdenes aunque no las comprendan a cambio de conservar sus pellejos y sus puestos de asalariados.

El esquema se puede transpolar a todos los niveles organizativos conocidos que conforman la sociedad estructurada, es decir el sistema económico-político con sus leyes de funcionamiento muy precisas al margen, y a veces en contra, de los códigos legales En una relación de un/a solicitante de un puesto con su performance para convencer que es la mejor opción, su capacidad para exagerar (es decir para mentir) y el que la tasa, la escruta, la investiga hay, de entrada, unas coordenadas difíciles para el feeling. En el ámbito de lo laboral y lo comercial es donde más en evidencia se pone la naturaleza transaccional de las relaciones humanas, aunque de hecho no hace más que sintomatizar esa verdad sin equívocos que se da en todos los demás tipos de relaciones. La seriedad de la transacción concreta es que se mueve con cálculos y  pautas no decididas por las partes. La cita profesional es para aparentar lo que no es ante alguien que lo que ofrece siempre está en función de su lugar en el mercado. Existen manuales de comportamiento para las entrevistas por parte del solicitante y también por parte del management, existen análisis psicológicos rigurosos que permiten interpretar la fiabilidad de cada quien a través de su gestualidad o comunicación no verbal. Un fisiognomista entrenado puede saber no solo cuando miente alguien sino más fácil cuando está inseguro con sus respuestas. Técnicamente sería imposible mentir a un polígrafo (aunque excepcionalmente otras respuestas interpretadas como mentiras por alteraciones fisionerviosas no lo sean) y profesionalmente tampoco a un experto en un campo de especialidad ante un solicitante que dice ser experto en él. Eso es un campo transaccional al más puro estilo de elegir al mejor postor u oferta. Otros campos transaccionales también pasan por la evaluación del otro como posible candidato a la accesibilidad a la sentimentalidad e intimidad.

Lo interesante de la psicología industrial para la psicología general de las relaciones es que en aquella nadie se engaña con respecto a priorizar conceptos como efectividad, capacidad, rentabilidad, formación de los sujetos por encima de su humanidad, ética, sensibilidad o crítica. Lo que interesa de un empleado no es tanto su capacidad de decisión como su capacidad de sumisión, aunque claro está, hay un tipo de cargos intermedios que son ofertados para perfiles que sean óptimos para tomar decisiones, saber trabajar en equipo y saber representar los estándares de la empresa. Sí, pero con las alas recortadas para otras cosas. No hay que olvidar nunca que en una empresa (grande o pequeña) la capacidad de intervención autónoma de los empleados termina justo en aquellas funciones directas reservadas para los que representan los intereses de fondo del organismo.

En la empresa capitalista y más concretamente en la sociedad anónima  el sentido de cada individuo contratada pasa por su funcionalidad. Los temibles reajustes periódicos de la fuerza de trabajo a los que tanto se enfrenta sin éxito el movimiento sindical son la expresión lógica y esencial de la evolución empresarial. Llamar a los empleados colaboradores no cambia esencialmente la cuestión. El empleado contratado que anda buscando un contrato con su destino o su puesto definitivo nunca deja de estar sometido bajo la espada damocliana que le puede cortar los hilos de su actividad en cuanto esta sobre a la empresa. Los directivos de empresa se distinguen por su absoluta habilidad en no sentimentalizar ni empatizar con sus subordinados sin en su fuerza para desprenderse de ellos cuando la política de empresa, es decir las órdenes de mando, lo exijan. No importa que ese individuo con una cuota de poder intermediario sea un palurdo o esté menos enterado de las cosas básicas de la vida o de la formación que su solicitante, como es en el caso de este libreto, lo que importa y así es valorado es su capacidad de cumplir órdenes y de aparentar un funcionamiento organizativo eficaz aunque detrás de su pantalla no haya nada consistente e incluso la empresa tenga bastante de fantasmática.

El mundo empresarial, el de las páginas salmón, el de las entrevistas de alto nivel con terminología de club selecto, no deja de ser otro submundo más en el que unos infelices se relacionan con otros para ver si su contacto va a ser repetido o va a ser archivado, es decir archivado en la papelera. La máquina oficinesca donde sucede el encuentro tiene un aparato que parece cobrar vida propia, chirría y enciende sus luces pidiendo que los currículos de los solicitantes pasen por sus dientes para triturarlos. El gesto del jefe de personal dando de comer ese bicho mecano eléctrico concentra la verdad de toda la historia. De lo que hubo no queda rastro. Cruel como la vida misma: una inmensa mayoría de situaciones que chupan tiempos por ambas partes no dan lugar a segundos contactos de ningún tipo. La sociedad del libre mercado ha llevado a la categoría de normal las formas más despersonalizados de trato humano no haciendo acuse de recibo ni siquiera muchas veces a la solicitudes. Eso podría ser excusado en situaciones de avalancha de solicitudes pero no en entrevistas cuyo balance del resultado puede ser informado en realidad al final de las mismas en lugar de dejar creer al infeliz del candidato que tiene un puesto casi conseguido.

El sistema es esto: la vaguedad de sus responsables, la sombra de sus amos. Los cargos intermedios tienen la coartada por su falta de ética en el hecho de pertenecer al ámbito de dominio de esos poderosos a los que se doblegan. Hacen como ese profesor académico que negó su corresponsabilidad de lo sucedido en Alemania tras su participación como miembro del partido Nazi (Heidegger por supuesto, un caso único de pensamiento brillante conciliado con una falta absoluta de visión histórica y de ética personal).



[1] Representación vista en la Sala Beckett de Barcelona en juio del 2009

El ídolo y la fan

Escrito por jesusricartmorera 03-07-2009 en General. Comentarios (0)

El ídolo y la fan. JesRICART

La fan que vitorea y se contornea en la sala de conciertos frente a su ídolo que canta y se mueve en el escenario está dispuesta a todo: le lanza sus bragas y le dice que le haga un hijo. Todas sus reservas para con otros hombres desaparecen ante la figura de esa estrella. Forma parte de la histeria colectiva femenina de otras cientos o miles que harán o harían lo mismo que ella. Entre ellas apuestan por quien será la primera que conseguirá acostarse con el gran marajá de las sensaciones. Todo por un polvo. La fan es una perseguidora de la experiencia única. En el fondo de su psique no pretende ser la musa de su ídolo. Sabe que forma parte de la explanada anónima, le basta con conseguir un trofeo que demuestre haber estado con su becerro de oro: un mechón de su pelo, un poco de su esperma, algo con que traficar en sus conversaciones, algo con qué demostrar lo lejos que ha ido.

 El tigre sinfónico recrea una situación posible en la que el ídolo accede y concede su intimidad a una fan, una más en una interminable lista de cientos o miles de ellas. El encuentro es en una cama: único objeto de mobiliario del escenario, convenientemente inclinada para permitir la observación de los detalles del público y con espejos murales por los tres costados y uno encima para que no se pierda detalle de sus acciones corporales. Es una conversación entre el cantante famoso y una chica muy mona y sexy pero con cabeza de chorlito que se pirra por estar con él y poderles decir a sus amigas que lo ha hecho. La chica lo tiene claro: quiere follar con el mago de la escena del pop, y él también, tiene la condición privilegiada de ser solicitado por muchas mujeres con las que se acuesta una sola vez y nunca más volverá a ver. El disfruta del placer de la diversidad y ella de la conquista de un trofeo. Contra lo que pueda parecer él es el hombre objeto y la chica, aunque sea mas joven y menos experimentada, la utilitarista. A el ya le va bien poder elegir entre tantas chicas y a ella lo que menos le importa es el goce o lso detalles sexuales sino el hecho en si mismo de su conquista. Es como uno de esos chicos que cuenta la cantidad de ligues que tienen pero no si han disfrutado mucho o poco con ellos, porque eso se supone.

En el caso de la fan que el ídolo consiente en que sea su compañera de cama por una velada tras uno de sus conciertos se dan cita dos cuerpos y dos mentalidades distintas en un lugar tan real como la sexualidad real signifique. El cantante que brama con sus canciones y que es todo fuego en sus versos musicados no es mas que un hombre desnudo y limitado en la cama, la fan que es toda devoción al discurso de aquellas canciones como si de una nueva pócima religiosa se tratara resulta que en su desnudez en la cama no solo experimenta un tu a tu, de igual a igual, sino que pronto se da cuenta que es superior en muchos aspectos. La anatomía perfecta de la chica, su exuberancia, su espontaneidad, su energia derrochada superan con creces el cansancio del cantante, su aburrimiento existencial, su repetición en los escenarios, sus excesos y repeticionismos sexuales.

El diálogo entre ambos no tiene desperdicio. Entre  las palabras interludios para las caricias y las cópulas. No tantas, el héroe se da por vencido a la segunda intentona. Ella quiere más, él no se lo puede dar. El pasa de la media edad, ella no ha alcanzado los 20. Es una chica más que una mujer que cree que el tiempo es infinito, él es un hombre que sabe que no hay una finitud que no hay poder sobre la tierra que lo venza. Él tiene la experiencia del cantante que se nutre de la energia de un publico ávido de ritmos pero no de tanta energia como para que lo rejuvenezca. Ella solo quiere placer y la memoria de haberlo tenido. No se preocupa por el futuro, sabe que no existe para nadie. El también creía que no existía futuro hasta que forma parte de él. La relación de esta velada tiene algo de gerontofílica, él es mas viejo psicológicamente de lo que aparenta físicamente y ella aun mas joven de la juventud que irradia cada parte de su cuerpo.

La obra de teatro es una conversación en la intimidad ante un público pero también los actos sexuales no disimulados. Ambos se montan recíprocamente, paran y vuelven a empezar; se besan, se chupan, se mueven y entre tanto hablan. Ella no para de preguntarle por sus hazañas musicales, por los motivos y maneras con que ha compuesto sus canciones. Como sonido de fondo van sonando sus letras.

Un repaso de la actualidad del deseo y de su perversión por seguir un icono en lugar de una verdad preconocida. El ídolo hace de factor consumo de los caprichos de una sociedad que va tras los divos no por las personas que lso sustentan sino por su valor de cambio en la sociedad mercantil. Deja en ridículo tanto al perseguido como a la perseguidora. Ninguna objeción a la práctica sexual y al deseo de experiencia ávida de sensaciones y placeres.

Una obra que hace un canto a la belleza del encuentro entre desconocidos como si fuera una cita pendiente que únicamente esperaba el dia oportuno. Un canto a la belleza pero no sin reflexión en la que ambos protagonistas chocan contra sus propios roles, el uno por ser elegido como ídolo de una época y la otra por creer que un ídolo es lo máximo.  Aunque André Maurois dijo que lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión hay algo de la belleza que escapa a los sentidos y solo lo advierten tras una meditación prolongada.