De lo alternativo a lo escatológico.

Escrito por jesusricartmorera 01-08-2009 en General. Comentarios (0)

De lo alternativo a lo escatológico.JesRICART

Aunque la noción de  alternativa total  ya ha tenido tiempo de ser desacreditada por alternativos que no han conseguido superar en sus coordenadas lo esencial del rabioso individualismo competitivo, no deja de ser comprobable un extenso fenómeno de personas que eligen otras formas de vida al margen de las ciudades y de los circuitos del consumismo a ultranza. En esas otras formas de vida concurren críticos del sistema económico y de los valores tradicionales y licitan una alternativa de facto a titulo de individuos que escapan de las servidumbres ordinarias de existencias de lujo. Desde la observación fenomenológica es necesario distinguir entre lo que es alternativo para individuos evadidos de los ritos urbanos librándose de pagos y robotizaciones a lo que trata de ser alterativo como propuestas de progreso.

La elección misma de vivir en regímenes utilitaristas, reciclando espacios que han quedado fuera del circuito de la especulación (las acciones squatter) o provisorios eligiendo instalaciones precarias en zonas periurbanas (el chabolismo) o la de buscar lugares no urbanizados (vivir en los bosques), pone en segundo lugar el discurso para encontrar un modelo trasportable socialmente. El antiguo esquema a favor de desconcentrar el alto índice de densidad urbana y de urbanizar las zonas rurales ha quedado obsoleto y la manera con que ha venido dándose el crecimiento desarrollista ya ha generado una inmensa extensión de las formas urbanas en los espacios rurales (ahí está la enorme cantidad de urbanizaciones enfilando laderas y destruyendo zonas boscosas) sin poner término al crecimiento urbanístico.  De hecho, las casas en las urbanizaciones son segundos domicilios en la inmensa mayoría de casos con lo que no obstaculizan el crecimiento urbanístico sino todo lo contrario.

Por lo que hace a exploradores de lugares en los que vivir mejor o al menos de una forma más natural sin pasar por los peajes de la vida urbana tópica (hipotecas, fundamentalmente) no significa que sus exploraciones sean de u orden tan crítico que ensayen modelos colectivos de convivencialidad distintos a aquellos de los que se separan o escapan. La primera década del tercer milenio no ha proporcionado experiencias innovacionistas en esta orientación y comparándola a los sesentas o setentas de finales del segundo milenio. Su balance arroja un saldo desfavorable a las iniciativas radicales para proponer modelos de vida, y de valores, que permitan crear nuevas ilusiones colectivistas.

Ahí donde hay espacios marginales (antiguos caserones, en playas o bosques) en los que se reúnen viajeros o posicionarios no necesariamente hay procesos colectivistas para dinamizar debates y mucho menos proyectos sólidos. Depende, claro está, de los protagonistas de cada lugar para hacer de ese la plataforma para experiencias estupendas o las coordenadas para ir tirando sin más proyecto que el de la continuidad supervivencial.  Si bien la escapada de esos imperativos de vida aceptados por una  mayoría social (aseveración contra la que tanto nos resistimos creer) no ha dejado de darse cubriendo una estela de comportamientos no todas las escapadas forman parte de un proceso tan consciente ni mínimamente revolucionarias.

La discusión que ya se hizo  a  los neo rurales como evadidos de los principales frentes colectivos donde se concretaban las contradicciones capitalistas (en los barrios y en las fábricas) ya es obsoleta y en su momento tampoco paró quien desde el hartazgo urbano se buscó mejores formas de vida en sitios más tranquilos. Hoy ya no hay quien pueda otorgarse el derecho a discutir a nadie si adopta posturas por la lucha social y la liberación de los demás de sus alienaciones. Todo está tan revuelto y es tan contradictorio que los vocacionales del activismo no son mejores que los del pasivismo y lo mismo se puede decir de ese saldo expuesto al revés. Pero las posturas son completamente opuestas por lo que hace a sus potenciales de energía dedicados al mundo aunque en la práctica sean reconciliables. Ya nadie puede decirle a nadie lo que debe hacer o no por lo que hace a dejar su contribución al mundo. ¿Oh sí? ¿Hasta qué nivel se puede intervenir en la conducta ajena? Respuesta: en todo aquello que esa conducta perjudique la libertad propia. Pero eso es por lo que hace al territorio de lo concreto, a la racionalización de la cotidianeidad, a la construcción de una ratio lógica entre la convergencia vecinal en un territorio pero ¿cómo objetar la filosofía existencial global de cada sujeto? ¿Cómo culpar a tantas personas que se han desentendido del mundo social, se han apartado de la lucha política, incluso de la ecologista o pacifista, por fracasar una y otra vez en proyectos o dejar de ser fénix tras ahogarse en sus balances de frustraciones y fracasos? De los submundos a los que han dado lugar se puede dar con escapadas en toda regla más que contraculturas de nuevo tipo aunque haya una cierta parafernalia de un innovacionismo.

De casi todo se puede levantar acta  y del escapismo de lo social también. Ninguna objeción a las escapadas siempre que no sean a costa del medio ambiente y sin dejar impactos desfavorables en los lugares ocupados. A diferencia de la época comunera en la que se sostenía un debate ideológico a favor de una pureza en los hábitos, el individualismo predominante en las opciones de escapada va en paralelo a mezclas supervivenciales que de hecho no tienen dada de alternativo sino de alternancia entre unas formas de consumo de las que se escapa y otras de simplificación que se abrazan. Antes de que se den cuenta los escapados pueden emular posiciones indigentes y, peor aún, antiecologistas en las nuevas zonas que ocupan.

Ya se vio en su momento que la evolución de los squatters y ocupas no creó redes sociales conscientes para hacer ofertas ideológicas o de crítica continuada a las ciudades. En una parte considerable han derivado a formas baratas de alojamiento con la pancartita, eso sí, de zona ocupada o el slogan a favor de la reutilización de los abandonos sin que haya un trabajo alternativo al completo por seguir cuestionando la propiedad privada. Esas formas usufructuarias, sea de infraestructuras o sea de espacios de la naturaleza,  podrían dar mucho de sí para una perspectiva revolucionaria siempre que sus habitantes no se limitaran a librarse de los pagos de facturas, las del consumismo dominante, sino que además el tiempo libre dejado por no someterse a trabajos esclavos se reciclara como tiempo dedicado a  la concienciación propia y ajena.

Cuando el discurso crítico que subyace en el escapismo de lo social, absolutamente justo y razonable, no supera en los mínimos su adaptación a lo concreto y los grandes discursos de la liberación humana se hacen entre porquerías formando parte de escenarios escatológicos, el alternativo supuesto termia por parecerse más al indigente que no al ser evolucionado que demuestre saber vivir fuera del dominio del sistema. La curiosidad de  un tipo de  alternativos biográficos que han aprendido a vivir sin la obligación del trabajo asalariado con el que no se identificaban es que todo su saber no consiguen concretarlo en formas solucionarias no ya para el mundo en general sino para su propio bienestar particular. Queda por ver si la simplicidad tiene que llevar a la indigencia o esta no es más que otra forma de complicarse la vida pero ¡eso sí! sin pagar por sus complicaciones.

En las propuestas que presenta Ingrid Mozetich dtora en cc biológicas,  a modo de respuesta a medio ambiente hay una[1] que habla del impacto medioambiental y de su evaluación. Es lo que sirve para medir las consecuencias de los actos  humanos por lo que hace a la transgresión de la naturaleza. Es una broma de mal gusto que en proyectos en marcha de vida en los bosques o reutilización de pueblos abandonados no se tenga resuelto temas tan básicos como el de los detritus que generan convirtiéndose en grandes potenciadores del parque faunístico de moscas y mosquitos. Ningún planteamiento revolucionario está reñido con la higiene y las escenificaciones escatológicas están mas emparentadas con hábitos de negligencia no autocorregidos y personalidades instaladas en la desidia.  El mismo tipo de personas al mando de puestos de poder en la sociedad con toda seguridad no lo harían mejor que la trayectoria de magnatarios abusivos del espacio comunitario. L diferencia esta en que estos se supone que no se formaron en ecologismo y respeto a la libertad y aquellos sí.



[1] La numero 82, p.124 100 Respuestas en Medio ambiente. Colección Libros ¨Çutiles. Ed. Olalla. Madrid 1996