FLUENCIA TRANSCULTURAL

En el debate de la incompletud.

Escrito por jesusricartmorera 28-10-2009 en General. Comentarios (0)

El otro como auxiliar en el debate de la incompletud

El debate sobre el vacío, la nada y el deser ya nos está dando la opción de cargar las tintas para ser algo. La mirada observante aprende y crece ante la cosa observada aunque ésta sea un producto imaginado. La reflexión del ser y la nada se cortocircuita puesto que la reflexión al comparecer ya está siendo algo. El habitante del desierto no puede afirmar que está en medio de la nada aunque está pueda ser una frase poética -con una exageración literaria que se puede momentáneamente perdonar- y seguramente instruirá al visitante ocasional o perdido que no sepa orientarse en él. Podemos hablar de déficit de la realidad enfrentada, de la incompletud situacional o del otro, de la degradación circunstancial, de la extinción de unas formas u hechos; podemos hablar del desequilibrio de los entes, de la provisionalidad existencial como circunstantes, del sujeto transicional condenado a la finitud pero no es concebible la nada total. La diferenciación entre nada y vacío es crucial. Desde el mismo momento en que nos podemos permitir utilizar signos y manejas simbolizaciones,denominar y conceptualizar, estamos en medio de trasiegos. . La filosofía ya se separó de la physis as suficiente distancia para declarar que el universo contenia lo tangible y lo sensorialmente sentido junto a lo no tangible y lo intelectualmente asumible.

Eso no impidió la duda a la intelectualidad sobre si todo eso de lo que hablamos y tratamos es realmente existente o simplemente imaginado. A efectos prácticos de consumo elaborativo del sujeto perceptivo si la calle que ve, la planta que crece, el gato que le dice miau, la compañía con la que comparte la cama o su numero de cuenta bancario son ciertos o no, no es tan catastrófico. La divisoria entre ser y no ser, entre lo que existe y lo que no existe no es tan clara. Incluso actualmente una linea fronterizada históricamente aceptada entre vida/no-vida ha dejado de ser clara a partir de las distintas muertes del cuerpo. Lo real que es contrapuesto a lo imaginado no existe más que los productos de la imaginación. La existencia incluye tanto lo sido como el plan de algo por ser., tanto lo realizado que se toma por un hecho o construcción como lo que está por ser pero que de momento es solo su enunciado potencial en tanto que constructo o visión. Uno se pasa una parte de su vida hablando de lo que no existe (l discurso de la utopía en este registro) pero que a fuerza de darle cabida mental y darle escena en el espacio conversacional le confiere una entidad como si su posibilidad imaginada estuviera a la vuelta de la esquina como realidad efectiva.

La vida vivida y la que está por vivir siguen parámetros hipotéticos. Una hipótesis es que el ser humano es una entidad que tiene necesidades y que organiza su existencia para cubrirlas. Otra hipótesis es que cualquier cosa que pueda haber hecho o por hacer no existe porque en realidad no existe nada. Su aglomeración molecular es solo la ficción o la entelequia de algo que no se es. Si el ser humano es un espectro o es real no va a justificar el dejar de hacer de esta reflexión. Si se viene haciendo desde siglos es porque el reto existencial de la inteligencia es vivir sin tener todas las seguridades ni conclusiones. No es una cuestión de formación o de cultura sino de limites consubstanciales a la propia vida. Por lo que sé de los saberes en curso no creo que la humanidad del futuro (la de dentro de cien mil años, si para entonces existe alguien dispuesto a seguir hablando) pueda resolver el tema de la existencia condenada a la finitud individual dentro de un proceso plural de morir-revivir continuo. La antorcha del sol que esta alumbrando por una temporada de unos miles de millones de años al planeta tierra un día se apagará. Alguien habrá dejado de pagar la factura o la compañía eléctrica habrá entrado en quiebra. Antes de eso los planetas que orbitan a su alrededor como saprofitos habrán dejado de hacerlo, los vivientes dejaran de vivir.

Todo eso es una gran conjetura, fantástica (el tema ideal para una película que quiera jugar con las angustias de la platea) pero con ello no te traes el plato diario a la mesa ni construyes una filosofía unitaria con la que vivir en concordia creativa con tus vecinos en tu planeta. El gran sentimiento de vacuidad tiene por contrapartida del de contigüidad sentimental al de tantos otros hablantes que pasan por lo mismo. La construcción del ser cuenta con la confrontación a su propio deser (una lucha intra-sujeto sin tregua) y la confrontación al deser de los demás, que en casos extremos caen en patologías mentales y en severas disfunciones de comportamiento.

En un mundo de incertezas y de crisis de referentes estables o modelos que seguir en los que no hay objetivos comprobados que funcionen, el otro, cuando menos, hace de auxiliar para las exploraciones conceptuales y los debates temáticos aunque estén condenados a la incompletud. Lo mismo que la cura psíquica pasa por dar paso a la voluntad para que tome el mando e lfin de la melancolía pasa por darle opción a la felicidad. La felicidad es una resultante en la que el sujeto se confiere un poder para hacerle espacio en su vida no poniéndola en función de la infelicidad ajena.

Lo ajeno nunca está tan lejos de uno en tanto que somos formas participativas en el conglomerado general del universo. Los átomos de los que etamos compuestos son sustancialmente los mismos de los que son compponen otros tejidos de vida y otros objetos inertes.

Si hay una clave para seguir participando en la discusión sobre el todo y la nada, sobre el ser y el no ser es que al hacerlo nos recargamos de partículas de energía para seguir siendo lo que seamos aunque sea una condenacion a la incompletud que no por eso deja de ser vivible en su divers ocolorido y sus ofertas degustantes. Mientras escribo esto la trompeta de Mile Davis en el álbum Ascenseur pour l' echaffaud llena mi espacio en un itnerludio entre un silencio y otro. El proceso hacia un final no quita el placer del viaje aunque no haya fin ni propósito. Mientras los unos nos sigamos haciendo de auxiliares de viaje de los otros, de apoyos tácticos para la discusión y el reto de comprendernos la suerte del vivir seguirá estando de nuestra parte.

Catarsis y cura

Escrito por jesusricartmorera 27-10-2009 en General. Comentarios (0)

Catarsis y Cura.

La discusión formalista sobre el modo de decir las cosas suele estar vinculada a una posición conservadora de la apariencia que coloca en un segundo plano lo más importante. En según qué ambientes aristocratizados era de mal gusto elevar el tono de voz y es conocida internacionalmente la postura flemática en la que se dicen las peores cosas sin perder la compostura del rictus cínico. De las múltiples observaciones de la vida cotidiana y de la empiria de los interactos con los demás, he desprendido una conclusión que para mí tiene categoría de axioma:quien prioriza la atención en la forma y no en el fondo es que quiere eludir la conexión con lo real impidiéndola implicitamente por la vía de la hipervaloración del semblante. Las interactuaciones que se llevan la mayor parte del tiempo hablando de la forma es que consciente o inconscientemente no desean llegar al fondo de la cuestión. Muchos procesos (también los judiciales ¡como no!) son abortados por cuestiones de forma, demorándolos o eternizádolos.

La catarsis no atiende tanto a la forma como a la pulsión expresiva y tampoco tanto a los protocolos del hablar como una necesidad inaguantable del decir. Teniendo en cuenta que el hablar se ha convertido en el arte del no decir, -algo absolutamente distante del arte de la conversación así como el de la oratoria que no perdían de vista la intencionalidad comunicativa- cuando hay una eclosión verbal todo lo que ha estado inhibido por autocensura o por deferencia al otro, cuando surge lo puede hacer abrupta y desconsideradamente.

En esa escena hay que preguntar ¿qué es lo más importante el decir a pesar de saltarse el protocolo y las llamadas buenas maneras o por deferencia a no herir con verdades irrefutables seguir tratando a los demás con algodones?. Las verdades se digan cuando se digan y en la modalidad que se emplee para decirlas dañan, pero si bien son un daño para quien las recibe parapetado en no quererlas saber puede ser un acto de liberación en quien, al fin, las saca de su escondite para con ellas poner en claro problemas incrustados.

Los conflictos de comunicación son de un tipo o de otro según el posicionamiento subjetivo que se adopte ante el mensaje y según si el hablante cree de sí mismo ser mensajero autentificado o simplemente protocolario ritualizado. Lo dominante en las sociedades hipócritas es la subordinación del sujeto a su rol (obligado o autoelegido) lo cual le da una perspectiva de evolución filosófica personal escasa.

El radiograma de un sujeto, así como de su constelación, gira en torno a un eje de unos cuantos núcleos conflictivos, tampoco tantos. Su vida entera pivota o ha quedado estructurado en torno a unos temas céntricos. Por años que pasen no significa que se resuelvan. Antes bien, en el lugar de la solución lo que la neurofoisiología de la supervivencia impone es un olvido, una amnesia voluntaria fragmentalizada de aquellas cosas que se borran del consciente que no eran soportables. Pero el hecho que un acto sea olvidado, otro puede ser la referencia de permanente recuerdo mientras se viva. Eso distribuye el arco de hablantes con los que se trata. Hay interlocutores que dejan de serlo, es decir que se les descarta como válidos (ni útiles ni interesantes) a partir de un cierto momento en que su posicion psicologica o sus ideas les llevaron a actitudes tan conservadoras, tirmoratas y falsas que ya no dieron lugar a la hipótesis de encuentros posteriores. Esto viene pasando tanto con personalidades muy vinculadas al ámbito de la cultura como otras que prefieren no leer nunca ni participar de discusiones intelectuales; ambas están tocadas por sus bioquímicas emocionales con respuestas asombrosas cuando prefieren no saber a exponerse que ese saber les ponga en evidencia sus mentiras. Flaubert ,que retrató con equivalente mordacidad la idiocia conservadora con la idiocia revolucionaria, afirmó que hubo hombres de ingenio que se volvían cretinos de golpe y tal cretinismo les duraba el resto de sus vidas. Es difícil encontrar un intelectual que no objete la degradación de otros que le tocó soportar en confrontaciones en su misma época. En todo ámbito de la palabra (instrumento crucial para la comunicación más precisa) nunca faltan figuras detractoras de los decires que hacen a veces de peso contrarrevolucionario a la innovación y otras de rompedoras de moldes proponiendo mentalidades de puertas abiertas para abrazar nuevas formas de contacto. Cuando el mensaje es ofensivo -aunque sea cierto- y se produce una reacción represiva, este hecho se convierte en un factor de regulación para moderar posteriores intervenciones. Posiblemente el interlocutor que no quiere escuchar la verdad acaba recibiendo posiciones superficiales en quienes lo tratan en su delicadeza quebradiza.

Ante lesiones graves -así tomadas por informaciones dadas- y sus sutorias, sigue habiendo distintas posturas teóricas y formas prácticas de encajar las. Situaciones Una sostiene que lo mejor es olvidar lo ocurrido y eso permitirá pasar al perdón. Otra posición sostiene que sin un análisis del suceso es difícil que el sujeto obtenga la plena consciencia del daño ocurrido o que ha ocasionado. Una biografía se llena de muchas cosas, también de afrentas, descuidos y desconsideraciones, con las que se va cargando y aceptando como un flujo de normalidad. Efectivamente la norma de comportamiento dominante en sociedad no es la sinceridad o el contacto honesto sino las elusiones, las evitaciones, los micro rechazos cuando no los marcro-rechazos. Las situaciones de abandono y de engaño, incluso en aquellas situaciones biográficas duras pero que permiten un margen de elección, son difíciles de aceptar. El caso de las madres -o padres- que se deshacen de sus hijos/as en una edad prematura por no poder ocuparse de ellas por razones económicas, o por ejercer la prostitución, dejan una satisfacción pendiente difícil de explicar. 50 o 60 años después de este acontecimiento si la relación materno-filial existe porque los protagonistas siguen vivos y siguen con sus contactos, el conflicto que generó no ha terminado aunque haya una relación de cordialidad o su simulacro funcional. Las relaciones materno-filiales piden una atención especial en el universo de todas las relaciones sentimentales. El amor de madre puede ser una falacia tanto como el amor de hijo. Hay, un vinculo sentimental, eso sí. Amor es una palabra demasiado maximizadora para darla por validada para todos los vínculos sentimentales. La obligación o débito que siente una persona por haber dado a luz y haber traído a otro ser al mundo presiona psíquicamente para generar culpa cuando impone una separación porque se desprende de su criatura durante su infancia (otro caso particular era el de las madres que abandonaban los bebés a las puertas de conventos nada mas nacer). Este mundo en el que se cultiva la apariencia va dejando la suciedad sentimental debajo del felpudo sin llegar a barrerla del todo. Terricabras refiere que la sociedad que se ha montado esta basada en la simpatía pero no en la profundidad.

La catarsis es una condición necesaria pero no suficiente para la cura, entendiendo la cura de una relación y de sus emociones enrarecidas. La catarsis es un decir voluptuoso en el que es secundario si aparecen los gritos (aunque lo recomendable es no hacerlo para poderlo decir todo con serenidad y seriedad) que permite poner en contacto con una verdad callada, a veces por décadas, al responsable de unas heridas. A menudo, a los ancianos se les disculpa de pasarlos por ese trato en deferencia a su avanzada edad, olvidando que el aparato psíquico que tenían una o dos generaciones antes cuando cometieron sus grandes errores en la tenencia y trato de sus hijos sigue siendo el mismo. La edad biológica no añade nada, absolutamente nada, a la evolución personal sino hay una voluntad ideológica en el cambio de valores y una honestidad en las formas de pensar. El paso del tiempo suma edad pero no saber si no se va con el registro despierto para su adquisición. En muchas relaciones con personajes confrontados que no entraron en el juego de verdades, si la relación ha de continuar por condicionantes ineludibles (si se trata pues de relaciones políticas o interesadas) lo que queda de ella es una leve sombra. Su substancialidad ha sido excluida. Eso lleva a tener un gran circulo de relaciones distantes -pero también sucede con algunas próximas- en las que todo va bien si no se aborda nada realmente importante. Ese circulo incluye parentela familiar y figuras significativas biográficamente pero a las que no se ha reescalado para un significante o una importancia mayor en su interiorización.

Si la catarsis directa no es posible (no poder decir lo que se siente ante quien produce ese sentir por ser una actitud temeraria) toca recurrir a la indirecta (diario terapéutico, letrapéutica, rol playing, desensibilización, alternativas sentimentales, intelectualización..). La cura pasa por esa proyección en un campo u otro o en los dos combinados en la medida que sea posible.

La violencia es una forma particular de catarsis con daños colaterales y el encadenamiento de su prolongación en terceros que requiere otra reflexión separada.


Meditaciones ante el fuego.

Escrito por jesusricartmorera 23-10-2009 en General. Comentarios (0)

Meditaciones ante el fuego.

Una chimenea fue la evolución del fuego concentrado en un a parte de la casa. Debió ser el paso siguiente de la organización domestica tras los fuegos en las cuevas o de campo u hogares. Si el fuego de chimenea no existiera debería inventarse. Las casas de campo todavía tienen la gran suerte de disponer al menos de uno. Las grandes mansiones contaban con fuegos en cada habitación. Como posibilidad domestica para escalfar las estancias tiene sus discusiones. En el mejor de los casos deja una enorme cantidad de cenizas que recoger con el consiguiente trabajo de limpieza. Aún así el urbanita que va de fin de semana a una casa rural lo reclama, le recuerda la infancia o remotos avatares metidos en los recónditos de su memoria.

El fuego tiene una magia especial: el crepitar de la lecha y las llamas continuas propician la meditación sobre lo efímero de todo y la continua forma en movimiento aunque sea una forma condenada a extinguirse. La física dice que ese fenómeno de evidente destrucción no lo es mas que de transformación y que cada uno de los átomos en juego reaparecerá en otro objeto o cuerpo. Si es así el continuo juego de construcción-destrucción nen el que andamos metidos los humanos pero también la vida natural, solo que a escalas mas proporcionadas, no sería mas que una ficción. Nada puede desaparecer nunca del todo por el solo hecho de su indisolubilidad absoluta. Para la fidelidad a la continuidad, he aquí una: todo prevalece solo que de una forma tan distinta que se hace inidentificable en comparación a la forma anterior.

El fuego además de proporcionar calor en las noches tempranas a partir de otoño otorga la imagen de un movimiento continuo que conjunta la singularidad de cada llama. El crepitar de la leña es un ruido particular aunque cada madera quema de manera distinta según sus resinas, su corteza y su consistencia. Los inviernos que pasé viviendo como neorrural hubo periodos en que dedicaba una parte del día a preparar la leña para consumirla por la noche. La operación así calculada no resultaba muy económica. La justifiqué como parte del rito. Recuerdo las dos actividades: la de preparar la leña y verla consumirse como algo placentero. Se había dicho que el fuego de la chimenea era el televisor de los pobres. Ahora los mas pobres prefieren infectarse con programas fraudulentos que pasar buenos ratos de conversación o simplemente estar en silencio ante el fuego antes de irse a la cama.

Cuando tengo oportunidad de una chimenea encendida no me resisto a repetir la experiencia. Retozar ante un buen fuego echados en la alfombra junto a tu pareja o tumbados en el sofá en zigzag dedicados al masaje mutuo de pies y otros masajes es una de las razones por las cuales merece la pena haber nacido. La práctica se puede repetir cada noche. Mirar el fuego es incomparablemente más nutritivo que seguir la tele-basura. Es el acompañamiento visual y calórico ideal para el solitario falto de caricias pero también para quien las tiene aseguradas. Es el final del día, un momento para balances y reposos. Si se medita con honestidad uno reconoce que el día le pudo colmar pero las cosas pendientes serán muchas más que las hechas. La meditación tampoco es una agenda de planning, aunque la lista de las cosas concretas no parece de acechar. La meditación profunda es sobre el ser y la nada, es decir el ser abocada a su vaciedad. El fuego que calienta y llena de sombras fantasmagóricas la escena no para de recordar que todo es efímero y que el propio pensamiento también no lo es. ¿que decir de cualquiera de los objetivos cumplidos del día en el plano de lo material? Todavía es más extinguible.

Mi memoria sobre el fuego se pierde en mi niñez. Las llamas siempre me atrajeron poderosamente. Era la fascinación de su calor y esplendor lo que me atraía porque ambas cosas estaban basadas en un proceso de extinción, al menos en apariencia. Los troncos y ramas quemados convertidos en cenizas no podrían volver a ser quemados ni estas cenizas volver a ser encendidas aunque eso sí servirían para el compost o la huerta.

Toda combustión desprende anhídrido carbónico a la atmósfera y el fuego de chimenea no es una excepción pero no es una razón de peso para no encenderlo, en particular si se tiene en cuenta que en determinadas áreas boscosas los restos de los árboles caídos por temporales y las ramas muertas proporcionan material combustible suficiente para no tener que cortar expresamente arboles para convertirlos en leña. Eso si que no justifica ninguna meditación. Una casa bioclimática preparada en una zona de bosque tiene materias primas sobradas para su calentamiento y energetización. Una cocina de metal activada con leña puede proporcionar calor para toda ella y ademas tener permanentemente agua caliente. Como desventaja el fuego está encerrado y no se ve. Las chimeneas de metal con ventanas de cristal resistente al calor también encierra el fuego y disminuye el recibo directo del calor de las llamas pero al menos permite ser visto aunque tiene el inconveniente de la opacidad de los cristales por el humo pegado. Lo ideal es la chimenea clásica con buen tiro de aire y sin peligro a que rebufe el humo. Una gran chimenea también permite meter troncos de una cierta tallar sin andarse con remilgos para cortarla a medidas pequeñas.

La meditación ante ella lleva a pensar por lo pronto a la finitud de todo y a la funcionalidad de esa terminación. Desaparecer es dar paso a otras circunstancias.

Las grandes catástrofes han ido unidas al fuego. La cinematografía de terror y de acción no se puede abstener de usarlo incluso atribuyéndole propiedades que no tiene. La perspectiva de morir quemado es una de las mas atroces. Por eso el catolicismo y otras terribles doctrinas lo usaron para imponer su dominio sobre los infieles a los que llamaron endemoniados. El fuego es el elemento crucial para con los otros tres (tierra, aire y agua) hacer de la tierra y de los espacios vivos una maravilla. El fuego es la luz,,la radiación, el nutriente reina que permite la configuración de los demás. El sol, la estrella reina, no es más que una gran bola de fuego. La vida es fotoinducida. Sin la luz es difícil propulsarse para una vida sumida en la oscuridad aunque toda luz proyecta sombras.

Frente al mundo holocáustico que intenta disminuir al individuo, el sujeto se recrece desde su soledad. Meditar es un ajuste de cuentas con una realidad excesiva de superfluidades y sobrada de proteccionismos para rescatarse del fondo del vacío personal no porque la plenitud sea un objetivo posible ni siquiera sea reto sino porque justamente es el vacío que nadie te puede quitar.

Ante las llamas devorando materia que fuera viva no hay posibilidad de decrepitud mayor. Pero toso deja un resto y tras las ascuas también lo hay. Las cenizas son las partículas apropiadas que convenientemente humedecidas sirven para pintar la figura nigromante. En la escena más apasionada los amantes del sofá podrían saltar a la mañana siguiente sobre el lecho de las cenizas tibias para copular consigo mismo y con la tierra. El fuego es la insondable continuidad que conduce a la extinción de lo que quema y con ello de si mismo. Es la actividad que se propone sin continuidad. La llamarada se apaga y el meditador se desdibuja en la misma oscuridad a la que da a lugar. No ha podido amar al fuego más que como transición a la nocturnidad definitiva en la que se diluirá en sus sueños -o pesadillas-. De haber amado la perpetuación del calor y el tintineo de las llamas habría torcido su funambulismo meditacional. Nada se puede pretender como objetivo a alcanzar ni siquiera el horizonte (una manera de nombrar el espejismo). Derek Walcott dijo “haber amado el horizonte es insularidad,/ciega la visión, limita la experiencia”. Podría sumarme a su poema añadiendo que quedarse con la conclusión de una noche para pretender la misma limita el pensamiento y hace prisionera la elaboración de una premisa propuesta para doctrina.


La no-juiciosidad del juicio precipitado

Escrito por jesusricartmorera 10-10-2009 en General. Comentarios (0)

La poca juiciosidad del juicio precipitado.

No es difícil cazar al hablante inválido para un habla substanciosa. Basta con prestar atención a la manera con que combina los datos y particularmente premisas y sus conclusiones. En cuanto  alguien emite un juicio precipitado (incluso enmascarándolo en forma de pregunta) el fracaso en haberlo elegido como interlocutor para la aventura intelectual –o la aventura relacional- es algo patente. Del hablar y de los hablares nunca faltan hablantes de todas las raleas y realezas que emitan sus opiniones. Si todo lo que se busca es un entretenimiento o distracción cualquier tema y cualquier ponente ya sirven. Si uno se muere de aburrimiento ante hablas estandarizadas y tópicos repetidos lo mejor que puede hacer es escapar hacia el territorio de la soledad a faltar de interlocutor sustituto que sea realmente un interlocutor. La constatación del aburrimiento refleja un déficit situacional pero tampoco es suficiente para tomar como el motivo definitivo para impugnar una opinión, falta que concurra la improcedencia de tal opinión. Al Pacino que declaró que ser actor es un sentimiento admitió que no se podía creer lo insufriblemente aburrido que era un rodaje de la época de sus inicios, algo que no impidió el resultado creativo y positivo de sus trabajos tras el montaje. El campo de la imagen tiene un valor multiinterpretativo mucho mayor que el campo lingüístico.

Las conversaciones sirven para muchas cosas pero a través de ellas no siempre se exponen ni se expanden los juicios correctamente. ¿Qué decir de una maliense ayudada puntualmente por un persona, amante de hacer favores y que la ayudó con su pequeña criatura, que tras recibirla le aseguró que lo hacía porque se sentía culpable? ¿qué decir de una universitaria de filosofía que al ser informada de una relación de pareja en la que uno de los dos tenía una minusvalía física severa, conjeturó que la otra estaba con aquella para lavar sus culpas? ¿Qué decir de una amiga postal en un país desarrollado que a las pocas semanas de no recibir noticias tuyas desde un país africano y con dificultades de conexión internáutica ya supone que no quieres tener ninguna relación? ¿qué decir de tantos contactos electrónicos que a partir de la demora de una respuesta ya han juzgado que el otro no existe? ¿cómo entender esos pronto-juicios entre un tipo de portavoces de la farándula política que ates de que les dé tiempo de toda investigación y consulta ya tienen esa pronto-respuesta para dictaminar una situación?

El sujeto humano tiene un problema consigo mismo cuando le puede la prisa y antepone cualquier afirmación con tal de no quedar callado. Al igual que dos gallos de pelea que se reparten el turno de picoteos en cuerpo ajeno, en las peleas verbales el disco automático de afirmaciones no pensadas (un insulto suele ser  la expresión vulgar y simple de una afirmación no pensada para un momento dado). Si los juegos verbales no carecen de inteligencia antes de pasar a las descalificaciones o a los contrajuicios automáticos resulta más prudente elegir el silencio, es decir la no-respuesta.

Embrionariamente el juicio ya está contenido en el enunciado ordinario. En las formas de descripción y relato ya están contenidos una cierta cantidad de pre-juicios siendo así que el juicio precipitado es más usual de lo que se estima. De hecho algunos de los juicios precipitados son los que sirven para solventar situaciones de peligro. Sospechar de quien  tiene la intención inminente de matar te pone en fuga o te permite eludir su sable. Sospechar por sistema de quien te recuerda al anterior contribuye a un enorme síntoma paranoico que te pone en fuga de todo, incluido de las experiencias magníficas y de las ventajas soberbias para tu vida. De ningún acto se puede decir que sea indispensable para todos los actuantes. Las variables de circunstancialidad, temporalización y  plantilla de reparto de otros intervinientes son las que permite juzgar correctamente cada momento. Esas variables son bastantes más de las que se estiman a primera vista.

El umbral de efectividad de un contacto comunicativo sobre un tema dado o consultado es el que se pone en función de una exploración exhaustiva de todos los factores en juego. El criterio de corrección lo da una metodología aprendida por la misma existencialidad. La falta del tiempo y el urgentismo cargan  la artillería de las simplezas y de las conclusiones infundamentadas. Evidentemente todo el mundo puede opinar pero las opiniones de mayor valor son las que tienen una solida argumentación y documentabilidad. La libertad de expresión puede dar alas a las memeces pero la crítica racionalista no y será su cometido desbancarlas. La eficacia no tiene un consenso sobre su significado. No en economía i en psicología relacional. La economía clásica ya estaba dividida entre quienes sostenía el crecimiento de capital por el crecimiento de consumo (la tesis de Keynes) y quienes creían lo contrario (obviamente engañados por los datos sensoriales) de que había más capital a menor consumo. La actualidad y con la enseñanza de sucesivas crisis sabemos que el umbral de efectividad existencial no guarda una relación directa con el incremento de bienes sino con su calidad y su gestión. En psicología relacional la diversidad de contactos proporciona multiplicidad de recursos pero no necesariamente una mayor profundidad en cada contacto. El objetivo relacional (tanto para los asuntos productivo-materiales como para el mantenimiento de la amistad) tampoco es siempre la conquista de la efectividad. El entretenimiento existencial contra el aburrimiento o los bloqueos ya es razón suficiente para mover ficha o tomar iniciativas. Lo mejor para cada momento biográfico no tiene porque pasar por ideas o conductas en sí mismas eficaces. Los dislates y los errores también ayudan a experiencias vitales significativas aunque eso no signifique se las tenga que buscar pero en cuanto se tropieza con ellas tampoco hay que tomarlas como una debacle. En su campo David Chipperfield, arquitecto inglés, demuestra que las posibilidades constructivas no se limitan al high tech, dice que “no siempre lo más eficaz es lo mejor para la vida”.

Me pregunto si la emisión de opiniones precipitadas y por tanto irrazonadas cuando no irracionales y por ellas mismas lesivas por juicios cerrados sin fundamento pueden ser útiles para la vida. Su eficacia para la comprensión, el conocimiento y la verdad es prácticamente nula y su valor para la vida al menos relacional es igualmente inútil. Las conductas tienden a buscar el máximo de eficacia posible pero a costa de pelearse contra las que tienden a reiterarse por inútiles y peligrosas que puedan ser, como la del conducto cuya prisa la antepone al ritmo del pedestre cruzando un paso cebra.

En las formas de conversar nos averiguamos lo que somos por encima de lo que decimos ser. No hace falta esperar unos años después para saber qué se hizo de aquel proyecto y su proponente, de aquel modo de vivir y su viviente, para sospechar por su propia estructura mental lo que va a dar de sí.

Muchas relaciones personales quedan severamente condicionadas en el primer o primeros sondeos recíprocos de opinión. Lo que lleva a la distancia en el contacto con los demás es la verificación de maneras personales del hacer e ideas concretar del pensar.

La coexistencia pacífica y una propuesta de vida armónica nos lleva a tratar de compartir experiencias (la conversación es uno de los formatos de experiencias más reiterado)integrando todas las variables diferenciales sin tener que contar con la unanimidad ni el consenso en lo crucial. Para la mayoría de contactos bastante el consenso, incluso sólo tácito, con lo cotidiano para poder compartir espacios, temas, reuniones y placeres, aunque en lo esencial no haya coincidencia. No existen ni existirán dos personas que se entiendan absolutamente en todo y coincidan en las mismas ideas por mucho que se muestren como almas gemelas.  Lo que sí podemos encontrar y por lo que podemos luchar es por la coexistencia creativa desde las personalidades diferenciadas. En ese proyecto, la poca juiciosidad de los juicios precipitados es una razón sobrada para excluir a sus postulantes nada ponderados de temas cruciales, a la vez como aliados activos en los que confiar para investigaciones científicas.

Tras auditar a muchas personas se pasa del criterio magnánimos democrático de todas las opiniones tienen el derecho a ser consideradas por un igual a un criterio mucho más selectivo excluyendo de ese umbral las insensateces, los antiargumentismos, los dogmatismos y los conclusionismos infundamentados.

Lo peor que se le puede decir a alguien es que no se le puede hacer caso por su incapacidad argumental y por su precipitación en las conclusiones, víctima de sus dificultades en pensar y ponderar las cosas. La vida relacional lleva a tratar con muchos hablantes que están en esa categoría pero que se les perdona por los vínculos sentimentales que se tiene con ellos, lo cual no significa que en la práctica se les haga caso. Si bien todo el mundo tiene derecho a la palabra por amparo constitucional y por las dinámicas conversacionales de las que se participan no a todo el mundo se le hace ni se le puede hacer el mismo caso. No hay ley ni sistema de habla que garantice esto, ni siquiera en los espacios congresuales en que los repartos de tiempo para el habla son equitativamente garantizados. Lo que acredita a un hablante es la consistencia de su decir, si no la tiene antes o después su habla no será más que tomada como ruido ambiental.