FLUENCIA TRANSCULTURAL

Gestionar la sinceridad

Escrito por jesusricartmorera 30-01-2010 en General. Comentarios (0)

Gestionar la sinceridad.

La verdad necesita de la sinceridad para ser dicha y ésta de una resolución de carácter y de una personalidad decidida para expresarla, independientemente de sus efectos colaterales. Pero ni toda verdad empuja a la sinceridad militante ni por mucha sinceridad que se tenga se pueden expresar todas las verdades. Ese no poder hacerlo es por dos tipos de razones: una, porque todas las verdades no son conocidas por sujeto alguno, y dos, porque parte de las verdades conocidos por deferencia y cuidados no son dichas para no dañar. La conducta sincera rotundamente sistemática es un anacronismo o una locura. Ese posicionamiento argumental (esa ambivalencia) lleva al conflicto consigo mismo de cada hablante viéndose emplazado a dosificar su decir ahí donde vaya y según donde y con quien esté. En el proceso intelectual las verdades a las que llega la investigación científica básica tarda tiempo, (a veces siglos, algunas siguen aguardando) antes de ser traspasado al grueso de la sociedad para que sea asumido como un valor cultural colectivo. De hecho, sabidurías de hace más de un par de milenios siguen sin ser asumidas por el conjunto de la sociedad ¿o acaso creemos en la ingenuidad de que por el hecho de que hayan pasado siglos el sapiens es mas culto ahora que en épocas pretéritas? Mas bien es lo contrario, en algunas cosas no ha evolucionado.

El otro factor psico-caracterial en la gestión de la verdad (de las verdades, dada su variabilidad y multitematicidad) es que el sujeto que es sincero ante los demás con ella(ellas) si bien lo dignifica por el lado de su honestidad lo hace vulnerable ante zarpas ajenas que aprovechen las informaciones dadas para utilizarlas con pretensiones fraudulentas. La ecuación aunque terrible es simple: sinceridad=vulnerabilidad aunque eso no se puede traducir en suponer lo contrario que insiceridad sea igual a fuerza. El más poder en los correlogramas de fuerzas personales lo proporciona actitudes manipulación y de tergiversación, pero también lo que hace crecer, intelectual y psicológicamente a un ser humano en su aventura sentimental en la vida, es su capacidad de ser él mismo, por tanto de expresarse en lo que siente y como es, aun corriendo el riesgo de ser tomado como diana por sus rarezas. Entonces, ciertamente un individuo ante su crecimiento se enfrenta al revival de un dilema permanente a lo largo de sus años de consciente en el planeta de los simios: ser o no ser en el formato escénico de hablar o no hablar, comunicando sus sensaciones y sentimientos. Metafísicamente lo que le da poder es su espiritualización maximizada, por tanto la honestidad consigo mismo, por tanto poder decir lo que cree. Poder decir es ya una forma de expresar poder -y carisma- personal. En la practica social no es así: se calla innumerables veces en innumerables situaciones, no porque no se tengan cosas a decir sino porque se descarta decirlas en esos contextos, o porque un imperativo mayor lo impide. En tanto que individuos protocolizados representamos roles. La sociedad ideal sería la de la libre espontaneidad que permitiera volver al sujeto a su seidad por encima de su rol. El mundo actual nos hace callar, no en el sentido de una orden expresa que te dice: “¡calla!” (que también, sucede, basta llevar una conversación mas allá de lo aceptable por otra, sea el policía de tráfico o sea el vecino, para que se inquiete y termine por imponer el silencio que es una forma de escapada del tema) sino de maneras sutiles que enseñan la inconveniencia de hablar. Es así que se opta por callar temas cuando hay ropa extendida (niños, pequeños u otros que no deban enterarse de lo que se dicen o que no están en la madurez suficiente para entenderlo), asuntos de negocios de los que no se puede enterar la competencia, o temas sentimentales que harían entrar en rivalidad a unas personas u otras. Mientras el sujeto humano no pueda ser íntegramente sincero (por mucho que ese sea su deseo íntimo) la filosofía de la existencia seguirá chocando con impedimentos prácticos para que su contribución de el espaldarazo total que necesita el sapiens para dejar de ser la criatura atemorizada que aún es. Desentrañar este mecanismo no significa que esté de acuerdo con él. El balance de la insinceridad contable demuestra que el mundo es tanto mas difícil de vivir cuanto mas engaño existente concurra. Pero dadas las relaciones comerciales e industriales, dados los intereses de lucro y dado el gran temor a la libertad reinante la mentira sigue prevaleciendo frente a la transparencia convirtiéndonos en aves raras a los que queremos seguir practicando la sinceridad como criterio regular por extempóreo que sea. Es una batalla en la que estamos derrotados. Antes o después se opta por callar o por no entrar en según que temáticas cuando se admite que el instrumento verbal de la expresión es insuficiente para la expresion de neustras totalidades íntimas. Por eso acudimos a otros lenguajes artísticas en los que afirmar secretos que desde la voz no pueden ser entendidos. Científicamente el debate sigue por su lado mientras la sociedad va por el suyo. El coraje científico pasa por sacar a la luz todos los descubrimientos por duros que sean. Las previsiones fatídicas del cambio climático se vienen haciendo desde hace medio siglo sin que hayan evitado cambios actitudinales tan contundentes, aún hoy, como para frenarlo radicalmente. Eso ilustra como no siempre las verdades por agoreras que sean ponen freno a las inercias autodestructivas. Las verdades e imputaciones delictivas tampoco han exterminado las acciones criminales. Y en lo particular la confesión de lo íntimo ante los más cercanos puede generar reacciones adversas. ¡Cuantas veces un partner le dice al otro: si intimas con otra persona, solo tienes que decírmelo, y en cuanto sucede el doble evento, el de ir con otra persona y decirlo, la artillería reactivo-lesiva esta preparada para castigar esa libertad que es tomada como sabotaje y de paso castigar la sinceridad misma!

Las dificultades para la sinceridad son analizadas en infinidad de situaciones interrelacionales. Tratar de encajonar la propia biografía en la sinceridad permanente en todo momento y lugar y ante todo personaje deviene en una convivencialidad imposible, en la práctica se hace inmanejable. Lo mas que podemos concienciar y advertir con auto critica en el momento actual, es aquello de lo que sí hay que ser y se debe continuar siendo sincero con radicalidad y de aquello que es menos importante no hacerlo. De alguna manera la sensibilidad (la deferencia de trato, el mimo en decir las cosas) se opone a la sinceridad continua. A mi pesar descubrí a una cierta edad que la gente del entorno, desde tus necesidades subjetivistas, se dividía en dos clases de personas, aquellas depositarias del máximo de ti (una minoría microscópica) y aquellas que no lo eran ni lo serían ni les interesabas en lo más mínimo. Obviamente esas categorías predeterminan la cantidad y profundidad del discurso dado. Margie Igoa refiere que hay dos clases de personas: aquellas que les pasan cosas y las que hacen que pasen. A .los perfiles de talante sincero están colocadas en el primer grupo, sin ignorar que en sus roles sumisos de existencialidad inercial sufren el mundo tal como viene dado soportándolo desde la herida de su sensibilidad.

Hablar o no hablar.

Escrito por jesusricartmorera 29-01-2010 en General. Comentarios (0)

Hablar o no hablar: ésta es la cuestión. El sujeto condicionado por el significante

El dilema hamletiano del ser o no ser tantas veces referido oculta un dilema mucho mas profano y simple: el de hablar o no hablar en las situaciones en las que el hablante se ve envuelto. Hablar significa crear el espacio sonoro de entendibilidad que permita un decir. No todo lo hablado sirve para decir algo ni todos los hablantes hablan con el propósito de entenderse o de conseguir unos resultados comunicacionales. A diferencia del escribir en que se elabora una posición de sujeto ante si mismo el hablar necesita de un interlocutor presente que a menudo falla como tal. Peter Handke desde la atalaya del escritor consumado dice que cuando se renuncia a escribir se renuncia a todo. No se puede comentar algo parecido por lo que se refiere a la renuncia del habla. Renunciar a ello no sólo no significa para nada perderlo todo sino que puede significar lo contrario, ganar mucho: paz, armonía interior, equidistancia de lo inútil, sosiego. Cuadro anecdótico: se reúne con nosotros a la entrada de un cine otos dos conocidos, uno de ellos es un sujeto atribulado que siempre carga bolsas de plástico con sus misterios, minibocatas, telas y colecciones de objetos inservibles; el otro, un tipo con sombrero de blanco impoluto, braga de lana tapándose la boca que nos suelta un speech sobre su condición de avatar o dios reencarnado en un mundo al que viene a salvar. Pronto y rápido interpreta los detalles concurrentes en el espacio. Habla y habla, enseguida en cuenta un mensaje del más allá en el título de la película que vamos a ver: Invictus, la de Eastwood. La palabra contiene la palabra Vic, una ciudad con la que tiene relación ese afortunado elegido por los dioses, y el pronombre tú, que por supuesto se refiere a él. Mas contento que unas pascuas habla y habla. Los que estábamos sentados hablando con sosiego de otro tema nos quedamos sin ninguna motivación para cambiar de tema ni hacerle caso al paranoico. Hablar o no hablar, ésta es la cuestión y si te pones a hablar de qué y para qué. Muchas de las conversaciones a las que el campo acústico te vincula un tanto por casualidad no tienen mayor interés que el del inventario de la anecdótica. Una vez coleccionados los retratos-tipo a uno, por científico y observador que sea, no le quedan tantas ganas de seguir tomando muestras de lo mismo. Muchas hablas que se convierten en contiendas verbales para hacer valer cada razonamiento particular pierden todo valor de excitación a pesar de su espectacularidad cuando es más de lo mismo y reproducen situaciones repetidas y repetidamente deplorables. Un rasgo de la sabiduría es distinguir lo principal de lo secundario, dice Catherine Rambert, esencializando lo que se dice tan pronto te ves enmarañado en conversaciones y disputas en las que se mezcla todo. De lo que se aprende en la multitud de interacciones verbales con los demás es a detectar lo superfluo de lo útil. Ese criterio que en principio se aplica al habla se extiende al hablante. El sujeto verbal tiene mas o menos valor según su decir, el valor de su referencialidad, la consistencia de su argumento y la versatilidad de su información. En cuanto se decide que habla por hablar y para ocupar el espacio sonoro, es decir para que su yo lo protagonice aunque sea sin la menor lógica ni naturalidad, lo más sensato es no tomarlo en cuenta. El problema es que a un hablante que no se le atiende cuando habla es que se le está excluyendo de la comunicación dado que no demuestra una habilidad comunicativa.

Hay muchos errores en las formas de habla. Ahí donde se ve a dos hablantes hablando es posible que la escucha no sea asociada y se comparta una performance obligada por el rito. ¿y si escuchamos a los demas en lugar de acabar sus frases? pregunta Rambert. No siempre se puede aceptar la escucha hasta el final de todos los temas. La fenomenología demuestra como la gente llega tarde y se levanta antes para irse de multitud de actos públicos, de foros y espacios congresuales. También como se escapa de las conversaciones aprovechando para largarse cuando al otro que ha estado aguantado su rollo pacientemente toma su turno de palabra. El vocabulario y la gramática son instrumentos todavía demasiado defectuosos como para seguir sosteniendo una antigua tesis pía, a saber que hablando la gente se entiende. Durante una etapa de formación más otra de pasión militante el hablante cree en el poder la palabra y en la fuerza de su persuasión para demostrar que la razón es solo una y una la conclusión. En cuanto aprende que cada locura tiene su argumentística el hablar pasa en segundo termino frente al decir y este decir no siempre encuentra un auditorio público-oral para ser dicho. Por eso se intentan otros recursos comunicativos como el de los lenguajes artísticos y entre ellos el lenguaje escrito. Wiliam James se felicitó porque su generación había descubierto que con el cambio de las actitudes mentales se podía cambiar la vida. Algunas generaciones después toca recoger el hecho pandémico de que esa lección haya sido olvidada. La voluntad organizada está en franca crisis para la dirección autogestionaria del futuro. Impera el sentimiento de resignación y los panoramas inerciales en un mundo autodestructivo. Al mismo tiempo nunca ha habido tantos recursos de todo tipo para la autoconcienciación y por tanto para el auto reconocimiento de la fuerza intelectual. Conocemos el poder de la palabra que aunque limitado, como todos, podria rehacer el mundo resignificándolo todo y consiguiendo que las interpretaciones desde la verdad fueran las dominantes.

En los actos de habla cada hablante está condicionado por sus significantes particulares, aquellos que la tradición y su entorno le han inoculado como esenciales. La cortesía no basta para la comunicación ni cualquier habla le basta a un hablante para tener un lugar ganado en el espacio de la escucha. Cuanto mas repite el hablante en posiciones no argumentísticas, dogmáticas en exceso e imposicionistas más probabilidades tiene a la larga de ser excluido de la escucha por la via de su propia autodesacreditación. Esto pasa tanto en la galería de los dictums públicos con resonancia mediática como en los salones particulares con opiniones personales. Aquí se repasa el país como lo haría un consejo de ministros o un comité central de partido y según la información y capacidad analítica de cada cual puede decir cosas muy interesantes o frases patéticas.

Una traducción altruista del humanismo nos había llevado a prestar escucha a todo. Esto fue posible mientras las posiciones racionalistas eran lo expresado al menos desde la voluntad y dejó de serlo en cuanto el habla se genera a si misma dentro del caos estimulativo fuera de toda intencionalidad de crear tesis. En cuanto el hablante pierde todo derecho a su consideración y deja de prestársele escucha se convierte en un papanatas de relleno en el espacio relacional. El primer dilema de hablar o no hablar que la rebeldía lleva a optar por no silenciar los sentimientos y las críticas la sabiduría lleva a optar por discriminar donde y con quien hacerlo eligiendo el silencio oral como otra forma de autoafirmación. Hay muchas conversaciones que vienen dadas, en ambientes progratas, que no salen del circulo verbal del marujianismo. Hay temas repetidos sobre relaciones sentimentales y de intimidad, sostenibles unas cuatas veces para pasar a ser totalmente aborrecibles cuando no salen de su cerco vicioso.

El sujeto verbal personalista se distingue por sus temas -obsesivos- de habla en los que se instala tomándolos por el nicho de su fetidez expresiva si no alcanza a salir de lo concreto para volar hacia otras envergaduras conceptuales. El poder, limitado ,de la palabra (todos los poderes están limitados) debería cuando menos permitir la autogestión del hablante de sus recursos intelectuales y de los recursos que son aportados en la conversación misma por otros para co-elaborar un saber distinto al de partida. El habla manipulada y los hablantes tan condicionados no pueden contar ni con un lenguaje perfecto ni con una precisión lingüística impecable. Nos valemos del instrumento verbal para autoafirmarnos pero a la vez los límites impuestos al decir reduce a los hablantes a poco más que mimos protocolarios.

El seductor literario

Escrito por jesusricartmorera 28-01-2010 en General. Comentarios (0)

He afirmado y vuelvo a afirmar que las palabras son actos y ahora añado que los actos mas cruciales son aquellos que pasan por las palabras y que aclaran la intencionalidad de un hacer. No he caído en la trampa expositiva de contraponer los hechos a las palabras en ese tono que suele hacerse de que los unos son decisivos y los otros andan transportadas por los vientos como briznas de hierba. Al repasar los acontecimientos biográficos propios y ajenos lo que resulta llamativo de las coyunturas es los significantes que las caracterizó, lo que se dijo, el mensaje que transmitió. Hay frases que expresan toda una época histórica o/y toda una vida. Hay frases tan poderosas que son los emblemas de naciones enteras. La doble pregunta a hacerle a las palabras es a través de que agente verbal son dichos y en qué contextos son declaradas: el lugar y el quién. La misma clase de mensaje vehiculado por una persona u otra tiene impactos diferentes lo cual demuestra que el mismo texto viene con una categoría u otra según el hablante que lo comunica. Lo que lo hace importante, que es su contenido, queda deslucido en algunos seguimientos por quien lo dice. Al hablar el hablante se convierte en actor de su acto escénico. La verbalización en si misma es ya un acto verbal. Y ese acto según lo que diga, cómo se diga y a quién se diga está poblado de significaciones mucho mas allá del significado estricto de las frases expuestas. Hablantes orales negados para la escena y la dialéctica persuasiva en la dicción pueden ser los mas elocuentes genios literarios. Y al revés: verboextravertidos que crean las delicias de un auditorio en directo rayan el analfabetismo en la expresión escrita. En sus pruebas en un campo u otro cada hablante aprende pronto en qué destaca más. La ventaja de la comunicación escrita es que el comunicante presencial ocupa un lugar secundario, incluso oculto. He leído muchos libros y textos de autores de los que no supe nunca su imagen o cuando la vi años después no me llamo la atención por atractiva o por bella, tomándola solo como referencial a su discurso con el que había contactado. La sola imagen no es suficiente para intuir los atractivos intelectuales que encierra una persona. La mas fantástica de las bellezas puede ser la hablante más torpe y al revés: el mas negado en las cosas prácticas de la vida y el que mas torpezas comete en su vida social puede ser el más ilustrado. El genio tiene fama de ser un tipo problemático. Se le va el oremus de lo elemental mientras está pensando en los temas más cruciales de la existencialidad. Algunas actividades manuales permiten ser atendidas en paralelo, las intelectuales no, o es más difícil de hacerlo. Las dificultades en el hablar (no las fisiológicas sino las de inhibición personal y las restricciones sociales) llevan al recurso de la escritura. Si no me hubiera convertido en escritor no sería quien soy, no me habría constituido en lo que soy. Al decidir escribir me concedí una segunda oportunidad en la vida, una segunda oportunidad permanentemente reabierta como una segunda biografía en paralelo. Prácticamente nadie de quien me conoce en vivo y me trata solo como personaje secundario en las escenas sociales en las que participo (una parte de ellas un tanto a la fuerza o por convencionalismos) aceptaría que soy el que digo ser por escrito o me descartaría como autor válido para aquello de lo que escribo. No soy nadie y lo que soy (lo poco o mucho que sea) lo soy desde una latitud asocial.

Gradualmente, fui pasando mis textos socioideológicos de una etapa a una literatura más personalista, si bien nunca he renunciado a aquellos y desde el principio escribí textos y diarios sobre mí como objeto cercano para mi propia investigación en la vida. Al principio, me tomé el criterio de escribir como el de una forma instrumental para persuadir o convencer por las tesis en las que creía y argumentaba hasta donde sabía y podía; posteriormente fui viviendo el hecho de que escribir es una forma de vida, no es un trabajo de asalariado, no es el del antiguo escribano, es una elección de protagonizar la creatividad dándole la vuelta a todo, al mundo y al propio yo. Resulta que mientras se escribe un ose pone a salvo de las inclemencias ajenas y de las trampas del vivir. Escribir es tomar distancia de los hechos para vivir de ellos desde el puesto de un observatorio por no decir desde la huida del tránsfuga. No, no es una palabra que haya que tomar por lesiva por mucho que la evasión ha sido tradicionalmente mal vista. No se puede enfrentar todo y menos aquello que tras varios enfrentamientos sigue tan inamovible como siempre. En situaciones extremas, escribir es revivir la vida con arreglo a un parámetro paradisíaco con la que se pueda disfrutar. La literatura auxilia al ser humano de bastantes de sus males. Le permite capturar hechos representándolos de tal modo que los rehace con una interpretación diferente. Escribir es vivir las cosas como a uno le gustaría que fueran. Solo los artistas tienen el privilegio de saber que no es cierto que de realidades no haya más que una. Sin olvidar a los científicos que tambien saben de paso que la ciencia es otra variedad del arte y que no hay prodigio artístico mayor que conocer los entresijos de la materia en sus formas macro y microscópicas.

De todas las artes en paralelo y con antecedentes en la historia de los humanos sublimes gestos, la que se dedica a las letras y a la invención escrita es la que tiene más de ocultista y propone los mayores viajes fantásticos. La palabra es el instrumento más ligero con el que se hacen las aventuras más potentes. La seducción literaria es una redundancia para describir la proyección artística de la palabra oral o escrita. Werner Herzog al referir su propio libro Conquista de lo inútil recogiendo los diarios que hizo durante el rodaje de Fitzcarraldo dijo que escribía mejor de lo que filmaba y que esos textos sobrevivirían a todas sus películas. Sea cual sea la actividad que se haga en la vida,incluida la actividad artística, el texto es el que más precisa la voluntad expresiva y en consecuencia el sentimiento y el deseo. Suelo decir que lo más significativo que deja un ser humano tras su provisionalidad existencial en el planetarium de los vivos es su texto. Unos dejamos millones de palabras escritas de ese texto vital, otros, tal vez más afortunados, dejan las que caben en una pagina de libreta reunidas desde el recuerdo de su oralidad prestado por otros que se la oyeron. Por encima de triunfos empresariales, acaudalamientos e imágenes, el texto es lo que mas distingue y significa a cada persona.

En las aproximaciones por vía escrita a la intimidad de las que he participado, el deseo del ideal y las ansias de conquista se mezclan con la valoración del hecho en si de una relación naciente. La vida social me ha enseñado que nada es tan estable ni consistente como para dar por segura ninguna promesa o compromiso. He dejado de pedir compromiso e implicación en nadie, tampoco lo espero ni cuento con que suceda. Abogo por la coincidencia. Navego en el río de la vida. La mejor forma de quedar con alguien es no quedando. No forzar a ningún acuerdo, he aquí la clave para vivir en concordia. Rehuyo de las reglas lo cual no me permite desequilibrar situaciones. Ese fundamento conceptual influye poderosamente en la manera de escribir. Si bien la literatura es el universo de las proposiciones, redactarla en términos de contractualidad es de mal gusto. El seductor literario corre el riesgo de ser mal interpretado. Allí donde le habla a la vida, allí donde escribe un poema para una determinada estética, allí dónde invita a ser auxiliado por musas y meigas cada depositaria de palabras las toma por unipersonalizadas copando todo su campo de proyección. Sucede que, con el poema que se escribe a una persona lo recibe otra que le impacta en otra intensidad y al hacerlo lo universaliza.

He sido calificado de seductor literario y objetado por mi gramática de la seducción por el espejismo que genera y los desengaños con los que se encuentran posibles seducidas, al averiguar que no estoy dispuesto a ir mas allá de las palabras ante anatomías que no me ponen y biografías que son una milonga. Lo siento, soy palabras. Lo siento, soy humo, estoy hecho de viento, no creo en mayor acción que en el decir y me consta que el decir no puede llevar al cumplimiento de todo lo deseado. La incumplibilidad coyuntural del deseo no impide que sea expresado. Confidenciarle a otro ese deseo no significa que pase siempre por el cuerpo depositario que encaja su confidencia. El seductor literario seduce con el texto lo que no seduce con su propio cuerpo. Se me ha dicho que enamoro por mi intelecto no por mi epidermis. Cualquiera tiene mas atractivos físicos que yo y a nadie envidio por eso. El seductor literario no elige la seducción como estrategia de conquista, todo su ser es ya seducción y su habla contiene el carisma que seduce. No puede dejar de ser lo que es a no ser que se aniquilara. Si el hablar en si mismo contiene en algo el mentir, la literatura de la seducción inevitable construye un paraíso escapando del mundo destruido. Las palabras son el pasaje a lo eterno mientras que la realidad recuerda la mortalidad.

Control o la vida organizada.

Escrito por jesusricartmorera 27-01-2010 en General. Comentarios (0)


Control o la vida organizada. Control de variables.

Control es una de esas palabras que se presta a confusión, esta emparentada con dominio, supervisión y poder (otras igualmente equívocas, en tanto nos han sido enseñadas desde posiciones a las que nos obligaban subordinarnos (la de la autoridad en cualquiera de sus versiones: la del padre, la del sacerdote, la del alguacil, la del sargento, la del marido....) pero control estrictamente quiere decir conocer los entresijos de un fenómeno o acto o conducta. De hecho no se limita a la interacción con los demás sino que forma parte de los procesos propios del vivir, por tanto de lo intra-activo, por tanto del contacto con todo. Una persona, en cualquiera de sus edades ,experimenta en distinta intensidad la necesidad de controlarse. Expresado asi parece un esfuerzo estoico o de automartirio. De hecho, su sentido se emplea en una versión más suave: la de equilibrio. El tipo descontrolado tiene una doble lectura, la del que esta fuera de ley y orden y de control del poder, y el que está fuera de si mismo haciendo no sabe qué, victima de sus alucionaciones y pulsiones. Ian Curtis cantó una canción crucial en su corta carrera: ella ha perdido el control. Perder el control desata furias internas, es la crisis de equilibrio, la ruptura de estabilidad en un momento dado. Pero control tiene otra acepción completamente distinta: la de conocer un mecanismo, las leyes que gobiernan un fenómeno determinado, significa también conocer a lo otro y, consiguientemente, al otro. A diferencia del objeto de laboratorio, inerte o sin posibilidades de reclamar daños y prejuicios (la asociación de defensa de animales todavía no ha conseguido un ministerio para que a las cobayas no les claven electrodos en el cerebro) el ser humano como objeto de curiosidad, contacto, intercambio y placer pasa a ser mas controlado (en el sentido de observado, advertido, tenido en cuenta, relacionado) según el interés que te despierta, también según la prevención o miedo que produce. De otro lado, cada cual que es preguntado hasta la saciedad (más allá de los protocolos de auto y heteropresentaciones como introducciones a la conversación o no a los que puedan dar) promueve frialdad y distancia, claro que eso es según el subcódigo implícito que opere en un encuentro. Cuando una persona quiere a otra tambien desea saber mucho, si no todo, de esa otra sin que esa indagación se convierta en un interrogatorio. Las relaciones fluidas ya traen espontáneamente la comunicación que va explicando el pasado mutuo. Eso tampoco es lo más relevante. No siempre un acto de amor pasa por dedicar a la confidencialidad de lo sucedido el máximo de atención y no deja de ser amor optar por hablar del presente desvinculándose de los lastres pasados. Unas mismas preguntas sobre el otro pueden ser tomadas como control o no según dos circunstancias: la psicología de personalidad del preguntado y según la intencionalidad en obtener esos datos del preguntador. Conversaciones que se consienten y desea hacer con unos interlocutores se descarta hacerlo de otros. La confidencialidad en tanto que una forma de transparencia que no se puede ejercer por sistema con todo el mundo es un comportamiento que suple la pulsión interrogadora para controlar en el otro. Si la disyuntiva es preguntar para conocer o dejarse llevar espontáneamente en una conversación, la elección es evidente. Las condiciones para una fluencia comunicativa terminan por proporcionar todo lo que se necesita saber del otro. Pero eso requiere una circunstancialidad madura y unos hablantes suficientemente adultos, no por edad sino por disposición. Cuando no concurre esa madurez es necesario preguntar. Con eso se pretende librar a una situacion colectiva de los posibles daños que la revelación de una información privada pueda evitar.

El control en las interacciones verbales sondea todo el espectro de intencionalidades, actos y pensamientos de un humano. Pero aquí ese substantivo se emplea como constancia de un conocimiento, de unos hechos. Tener controlado algo es saber de qué va, y controlado a alguien es conocer igualmente de qué va o donde está. No es la palabra mejor y emplearla es como tener una piedra caliente en las manos. El control es un fenómeno social creciente vinculado a la vertebración de una sociedad altamente jerarquizada que se concreta en una vigilancia permanente de todos con todos pero que pasa particularmente por especialistas uniformados y armados profesionalizados en ese control. Se nos controla en todo: desde los pagos fiscales al currículum. Pero a nuestro turno cada uno de nosotros no paramos de controlar la variables existenciales: desde que no se estrelle contra nuestro coche el conductor que viene por el carril de dirección contraria a que no nos roben el domicilio mientras dormimos.

Esa acepción más general de los gestos e instancias derivadas del controlar nos implica a todos los sujetos en multitud de nuestros actos existenciales. Para vivir se pasa por el doble papel de ser controlado y ser controlador. Las pautas educativas dadas en la escuela que quieren invertir en responsabilidad individual exigen de sus alumnandos que controlen las consecuencias de sus actos. No olvidamos que el salto del bebé al niño pasa por el autocontrol de sus esfínteres.

El sistema a través del estado y del aparato institucional ejerce un férreo control que va a más en toda la ciudadanía restringiéndole sus márgenes de maniobra libertaria por lo que hace a querer minimizar la disidencia. La industria y el comercio protegen sus intereses para que sean pagados sus productos a los precios mas altos. Las zonas residenciales ponen sus edificios tras vallas con equipos de vigilancia para garantizar su seguridad. Y en las constelaciones directas e interpersonales necesitamos saber quien es aquel con quien estamos hablando

Querer saber lo que mueve o explica un fenómeno es en el fondo tener un poder de control sobre ello. Querer saber mas de los tornados, los seísmos o los estafilococos aureus es para controlar en la medida de lo posible su irrupción como daños lamentables. Trasladada la voluntad de saber del otro al trato interpersonal: quererlo saber todo del otro para el propio archivo es un actitud un tanto policíaca. Lo importante de cada sujeto no son tanto sus datos materiales (patrimonio, curriculum académico y profesional, nacionalidad, edad o figura) como sus vibraciones intelectuales, su onda sentimental y su potencial de discurso. La mayoría de semántica gira en torno al primer grupo de temas. Lo cierto es que priorizar la fluencia de inter-información y la espontaneidad de la declaración sentimental e intelectual dice mas de una persona que el relato de la novela de su vida. Los controladores en el sentido de evaluadores de lo superficial se pierden la oportunidad de sentimentalizar con esa otra parte personal mas íntima y auténtica. El valor de los protocolos está fuera de duda, pero la necesidad de la critica de las convenciones para no profundizar los contactos sigue siendo necesaria. Para que haya intercomunicación tiene que concurrir una sintonía en el discurso, no en la identidad de opiniones, sino en el amor al discurso como creatividad y hallazgo de ideas y maneras de concebir una vida mas feliz y plácida.

La intelección con el entorno y sus habitantes pasa por el control de sus variables, de sus contenidos y modificaciones,de su circunstancialidad en marcha. Controlarlas significa preverlas y entenderlas y con eso enfrentarlas y asumirlas. Lamentablemente, del control se hace dominio implacable contra la libertad de variabilidad. Es muy distinta la pregunta que se interesa por como se está, donde se vive y cual es el motivo de tu viaje o tu fuente de ingresos dentro de una conversación fluida de aproximación mutua al interrogatorio que va a usar todo esto en contra de quien informa de sí mismo. El problema no es la curiosidad sino el plan de imposición sobre el otro al conocer sus vulnerabilidades.

Co-Pensar en voz alta

Escrito por jesusricartmorera 19-01-2010 en General. Comentarios (0)

El Debate o Co-Pensar en voz alta.

Lo verdaderamente constitutivo de un debate es el aprendizaje mutuo de los/las polemistas en lo que se dice y/o va discurriendo. Se sabe cuando se forma parte de un debate por la importancia que tiene centrar el tema en sus ejes principales concatenando las distintas tesis que van saliendo y volviendo una y otra vez a ellas dentro de un proceso simbiótico en la medida de lo posible. El objetivo del debate no es el speech del conferenciante en persuadir sino el de revisar las propias posiciones teóricas y aprender de las que concurran. Si ese presupuesto inicial no es dado y la pretensión dominantes de unos o de todos es el de prevalecer a toda costa para imponer el criterio propio a toda costa, el escenario hablado más que ser el de la polémica dentro de una entente cordiale será el de una jaula de grillos en las que todos vocean y nadie se escucha (y pido excusas a los grillos como siempre que utilizo una frase hecha que implica un substantivo que nombra a alguna especie animal).

Que un debate sea fluido, correcto hasta la impecabilidad y fértil hasta la sabiduría, depende del conjunto de polemistas que participen, de la cantidad de erudición expositiva que concurra, del respeto a los turnos de habla y escucha, y, especialmente, de la finura y honestidad intelectual que se emplee. En el debate concurren distintos tipos de energías psíquicas: la emocional y la intelectual no están tan separadas aunque los protocolos implicados en el razonamiento no tendrían porque verse comprometidos por reactancias emocionales. Sabiéndolo, toca distinguir de cada hablante cuando habla (o escribe) dejándose llevar por la pasión generada por su herida o por su emocionalización repentina y cuando lo hace exponiendo desde la serenidad su saber.

En el debate con presencia oral las formas de conducta son distintas a cuando se hace impresencialmente en foros donde se escribe (aquí, inexplicablemente, aún se participa con pseudónimos, nicks enmascaradores y ausencias de fotos). El espacio presencial suele inhibir los comportamientos mas maleducados mientras que el impresencial los exacerba por el margen de clandestinidad que permite. En principio esconder la imagen y el nombre real no tienen porque ser determinantes para las malasartes. Se puede ser clandestino y ético, pero son factores que coadyuvan a un tipo de sujetos a participar de malos modos confundiendo un debate de conceptos y realidades con una discusión de lo personal.

Lo que hace a los debates (escritos u orales) fastidiosos es el encadenamiento de entradas escuetas que se van contestando las unas a las otras despegándose del tema central. Diríase que estas situaciones lo que predomina es la pulsión de intervenir más que el deseo de aclarar. Lo interesante de las aportaciones, cuando son realmente aportaciones y no regurgitaciones de fraseología hecha, es que vincula a quien la hace con lo que ha dejado escrito. No puede negar haber dicho de lo que escribiera una nota antes aunque si desdecirse y reconocer su error por un argumento superior que lo desenmascara.

En la observación de las cadenas de textos fragmentados (algunos tan cortos que su falta de desarrollo se presta a numerosos equívocos, también por las ausencias de comas o su descolocación) toca distinguir si cada aporte es por un pequeño detalle de la entrada anterior o tiene relación con la o las tesi/s que se están barajando. Además hay que tener en cuenta que si el debate oral se presta a oratorias excelsas y retóricas artísticas el escrito también se presta a potenciar literaturas que además de informar y formar buscan compartir el placer de la lectura como extensión del placer de su escritura. Es así que todo debate además de lo que debate como nodo central tambien debate colateralmente sus formas y maneras, su metodología o no, su versatilidad o su falsación. Las maneras son siempre muy importantes. Cuando alguien antepone su visceralidad a su razonamiento es porque le sobra de aquello y le falta de esto. Determinados apeamientos del trato ayudan a la discusión pero tan pronto es reemplazada por el insulto a lo que se están enfrentando los demás polemistas es a una exhibición de ignorancia. Quien no tiene nada relevante que decir se descerraja con frases hechas y palabras hirientes o bien palabras elogiosas pero que en ambos casos no contribuyen a nada salvo al malgasto de espacio. Ante líos veredictos lapidarios todo lo que puede hacer un intelectual es centrar la atención en lo esencial y prescindir de las formas. Un debate prevalece si se discute lo esencial no la multitud de subtemas derivados a los que va dando a lugar. Un sesgo común en los foros con colas de comentarios es que el ultimo que comenta algo discute un aspecto del subúltimo y así sucesivamente alejándose del planteamiento de partida.

Entendemos que hay temáticas que se prestan más a la disertación indeterminada que potras. Cuanto mas opinativo sea un tema mas cancha para el participacionismo se da, sin embargo lo intreresante de la participación extensiva es que no caiga en una pérdida fatal de calidad. Ademas de aprender los unos de los otros discutiendo posiciones incorrectas, la misma discusión lleva a informarse mejor y a formarse con el recurso a otras fuentes para desatascar una polémica viciada.

Hay temáticas como la de la condición de mortalidad del ser humano y la hipótesis de su alma viajera que no suelen dejar a nadie indiferente. Dan lugar a hablas espirálicas interminables que se podrían prolongar todo lo que se quisiera si un imperativo no las cerrara. De hecho desde que la humanidad se autopiensa como especie privilegiada con su cultura y sus credos, los rituales, las creencias y las arquitecturas que giran en torno a la vida después de la vida no se han extinguido por acientíficas que sean sus defensas argumentísticas.

Una discusión estricta que quiera evitar los derrapajes es la que plantea sus puntos de un modo ordenado e implícitamente numerado. Discutir una o dos de las n cosas que un interviniente plantea, para que el siguiente haga otro tanto con esa intervención y así sucesivamente lleva a un arrastramiento penoso de déficit estructural de la discusión por mucho que se prolongue en el calendario y en la extensión gráfica. Lo interesante de un debate no es tanto persuadir como absorber, no es tanto vencer como convencer, no es tanto imponer el propio criterio como entender la lógica del criterio del otro. No hay nadie que pueda prescindir de la sinergia intelectiva por muy alto que sea su nivel formativo y su capacidad para la discusión. El debate, a diferencia de otros espacios de habla a los que las dinámicas de relaciones nos llevan, es donde mas se demuestra la advertencia de que un hablante es dueño de su silencio pero esclavo de su palabra, trocando este ultimo término por el de compromiso con ella. Cada sentencia que afirma o que niega hace algo mas que declarar a favor o en contra de algo, tambien posiciona alguien en una u otra lista de actitudes, según lo cual se va a acetar y esperar o no su cooperación. Determinadas frases colocan tanto a sus hablantes en lo que son que aun antes de conocerlos presencialmente ya se descarta la hipótesis de hacerlo. Uno de los deseos mas excelsos es el de encontrar en nuestros semejantes maestros de la vida y personas compañeras con las que vibrar en la comprensión mutua. Cuando las discusiones revelan actitudes de sabotaje o de rabiosidad dogmática o de afirmas que no dicen mas que el porqué sí o porque está escrito, nos encontramos ante planteamientos fundamentalistas y que empujan a hacer presunción de sus peligros por la via del dogmatismo y el imposicionismo.

Para evitar la aparición de las malas energías es mejor no morder el anzuelo de las personalizaciones en ningún caso y dejar que las afirmaciones por injuriosas o calumniantes y falsas que sean, sean desbancadas por la observación objetiva de los demás. Es necesario distinguir entre la circulación de un dato inexacto o de un bulo sin intencionalidad malévola dado el desconocimiento de quien lo divulga a quien pervierte la discusión sacándola de madre. En la peor de la situaciones de desmadre quien sale fuera de juego tambien forma parte de la cancha psicolingüística. Tanto quien calla como quien dice barbaridades son interpretables por su no compromiso con los caldos verbales en plena ebullición. Decir una barbaridad es una forma de escapada coyuntural, una suspensión del raciocinio, que puede ser mas o menos grave según lo mas o menos consciente que se sea de ella quien la haga ante un desenlace en curso. Lo que menos se aprende en escuelas y universidades es la metodología científica con su proyección aplicada a la controversia. Se carece de intencionalidad constructiva y suele andar sobrada de sobrados que no emplean el principio de humildad como un componente esencial para la sinergia.