FLUENCIA TRANSCULTURAL

La desventaja reencarnacionista

Escrito por jesusricartmorera 15-02-2010 en General. Comentarios (0)

El reencarnacionismo como sospecha de desventaja.

El debate sobre reencarnacionismo puede prescindir de la teología y la teosofía centrándolo en la dinámica de la materia. La premisa de que la vida animal pasa por el paisaje de los seres encarnados forma parte del consenso de todos los observatorios y observaciones. Somos cuerpos, es decir, materia molecular organizada. La afirmación se extiende a todos los animales por grandes o minúsculos que sean. Recordando que el cuerpo es un organismo que contiene órganos y sinergias la discusión no es tanto la prevalencia de éste con unos retoques tras un estado de finación como la perpetuación de su identidad.

La tecnología médica permite ya actualmente que un cuerpo humano viva con injertos, iomplantes y trasplantes procedentes de otros organismos (de animales, xenotrasplantes, de los porcinos por cierto; no en vano Fellini hizo un cuadro de semejanzas entre caras humanas y caras de cerdos). He oído decir que se ha llegado a investigar con zombies (aprovechándose de los cadáveres de soldados muertos para devolverles el movimiento y su capacidad de disparar. No hace falta decir que el ejercito que consiguiera esto tendría un poderoso recurso para sus victorias) que estrictamente no son/serían reencarnados sino resucitados.

Si comparamos la resucitación (desde los despojos por no decir cenizas), idea cristiana, y reencarnación, se hace más increíble la primera perspectiva que la segunda. Si en el mas allá se nos preguntara si quisiéramos ser resucitados tras habernos quedado sin cuerpo no nos encajaría la pregunta. ¿por que no nacer de nuevo en lugar de volver a tener el cuerpo anterior con todas sus tensiones, lacras y enfermedades corporeizadas? diría el alma más tonta al ángel más pusher que le preguntara. La propuesta reencarnacionista tiene mas atractivo porque proporciona una segunda oportunidad existencial. Valor la continuidad de la identidad más que la del cuerpo. El conflicto reflexivo con ello es esa supuesta disociación de la identidad con su cuerpo. ¿Qué hace la susodicha entre un cuerpo que fenece y el siguiente que nace? ¿está de vacaciones, está en el gran almacén de almas en espera a que el organigrama cósmico le dedique una nueva ubicación matérica?

Para el desarrollo filosófico, -para nuestro propio crecimiento humano- la identidad reencarnada o no, tantas vidas como la necesidad de su sabiduria requiera, no es tan crucial desde el momento en que la experiencia y el saber acumulados e n una vida anterior no queda consolidado en el nuevo naciente. La atractiva teoría de la capacidad extraperceptiva que tienen los niños durante unos años hasta que la cultura y el hiper-realismo se la frustra, no significa que recuerden lo esencial de sus vidas anteriores, en el supuesto de tenerlas, a pesar de los juegos de identificación de objetos que se habian tenido en esa otra vida y con los que el lamaísmo dictamina quien es reencarnado (como Osel1 -Luz Clara, en tibetano- supuesto reencarnado de Thubten Yeshe, que siguió, aquél, una vida programada hasta que se rebeló para querer vivir su propia vida) y quien no. La atractiva tesis de la reencarnación no lo es tanto cuando no garantiza la continuidad intergeneracional de las enseñanzas previas. ¿Para qué te sirve reencarnarte si lo que hiciste en la o las vida/s anterior/es no te sirve para gozarlo con tu propia memoria, ha dejado de pertenecer a tu recuerdo en vivo y además no lo has destilado como esencia. Se dice que forma parte de la rueda existencial pero resulta que la existencialidad tiende aumentar sus formas y el numero de habitantes de una especie, en particular la humana, pasa por un aumento poblacional tal que no habría almas para residir en todos los cuerpos. Ese desajuste de cantidades no es una objeción cualquiera. Si cada cuerpo naciente es habitado por un alma, y tiene que haber tantas almas disponibles como cuerpos nazcan, en alguna parte tiene que estar la factoría de su edición productiva.

El atractivo de esa teoría puede dejar de serlo en cuanto a todas las ventajas de esta hipotética continuidad de la identidad por lo que hace a su longevidad en la materialidad se demuestra la falta de conciencia de ser (del linaje del ser de lo que se ha sido). En la actualidad de reanimación artificial, de estados de coma prolongados, de anatomías reapedazadas con órganos procedentes de otros cuerpos o artefactos sofisticados producidos por la tecnología biótica. Morir para volver a empezar en el feto que es concebido en la casa del vecino o a 12mil kms de distancia nmo parece una buena inversión cósmica. Es como repetir la peli nada mas haber terminado su proyección, pero a diferencia del espectador de cine que en una segunda visión del mismo film puede aprender mas sutilidades que se le escaparan durante la proyección anterior, al reencarnado que no le queda memoria de su vida anterior es como si empezara de cero. Se pone un interés en el potencial del sujeto reencarnado como si ese fuera a tener la sabiduría garantizada por el hecho de tener un registro de vidas anteriores en alguna parte del caelus con ángeles muy atareados controlando todos el inventario de hechos de los pobres humanos. Comparando las posiciones en cuanto a educación incorporada de un reencarnado y de alguien que no lo sea, salvo en casos particulares en que el que lo es recibe honores y un rol previsto (como el caso del niño-lama, ahora hombre autoafirmado como tal) para la inmensa mayoría de los demas el dato es irrelevante. Es decir se podria ser reencarnado sin que esto afectara la dinámica fundamental de la vida histórico-circunstanciada que a uno le toca.

La gran paradoja de la transmisión de conocimiento (uno de los factores que explica el cambio y la evolución) es que todo lo que se alcanza a experimentar y saber y se está en condiciones de enseñar en vida a nuestros semejantes, a nuestros compañeros de movidas, a tus hijos, a nuestra época, a menudo choca con la incomprensión y el bloqueo. El principal reto pedagógico en profesores y tutores es pedir la atención de los criajos hiperquinéticos que con 5 años recién cumplidos pretenden saber que sus adultos próximos. Si entre nosotros los vivos, tenemos enormes dificultades en entrar en claves sintónicas para transmitirnos los unos a los otros el saber contemporáneo, el que acumulamos durante nuestras vidas, ¿que decir de la destilación de ese saber en cuerpos de estreno cuando las supuestas identidades que los habitan no saben quienes son? Si a lo largo de una misa vida (centenaria con facilidad para quien quiera extender su decrepitud más allá de la elegancia) hay etapas repetidas en las que se olvida lo aprendido no ya solo de los otros sino de la propia experiencia y se tienden a repetir errores y sesgos que se cometieron décadas atrás, ¿qué decir de un individuo que tiene que volver a reaprender lo mas elemental cada vez que nace, en el supuesto de que lo llevara aprendido en el adn fecundado?

El debate sobre reencarnación se escapa de la necesidad mística y de la espiritualización. No hay o no habría complacencia en ese renacer en el planeta humano. Seria venir a repetir fundamentalmente lo mismo a no ser de que la experiencia de la reencarnación fuera completamente distinta: nacer ameba, o medusa o plancton o hierba. El ser humano, el rey de la creación natural no ha conseguido, a pesar de todas sus literaturas e inteligencias, llevar su saber mas allá del morir, lo mas que ha conseguido es ser enterrado con sus riquezas. Eso no es lo peor también fracasa en llevarlo a casa del vecino. La crisis del existencialismo humano pasa por ese trasiego de saberes que choca con las puertas cerradas de la comprensión de los demás. Vivir mas allá de una vida, como tener mucho mas de lo que se necesita, no tiene tanto sentido, tampoco desde la posición materialista. ¿para que volver a vivir?¿para seguir repitiendo las dinámicas de error de la vida anterior? Y si algo enseña la vida en sociedad es que la sociedad es limitante y el individuo a menudo es tratado como una nulidad. Los grandes anhelos humanos no se pueden alcanzar en el cuerpo carcelario que prohíbe la expansión de un espíritu vivo. A lo que Elbert Hubbard decía por lo que hace a la tristeza en cuanto que ésta se lograba desde la soledad y que para estar alegre se necesitaba la compañía se debe objetar que ahí donde no haya un individuo autógeno de su placer y auto estimulado para aprender no hay marcos societarios que le saquen de su ostracismo ni reencarnaciones que le suplan su falta de autonomía y de placer.


1Tenzin Osel Rimpoché, u Osel Hita Torres desde que ha recuperado su nombre legal.

La diferencia intergeneracional

Escrito por jesusricartmorera 07-02-2010 en General. Comentarios (0)

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La diferencia intergeneracional. (La antorcha cuando cambia de mano).

Una vez escribí sobre este tema desde la posición de la generación incomprendida por su generación precedente y por el conjunto de la sociedad. Las oriflamas de la rebeldía de 1968 ondeaban en el ambiente. Desde entonces lo habré referido de pasada en suficientes ocasiones como para concienciar el fenómeno de la diferenciación de ideas y de actitudes según las edades. Es un tópico decir que la gente mayor es mas acomodaticia buscando el sosiego y la gente joven es más inquieta buscando el cambio. Cada época hace coexistir distintas miradas generacionales sobre sí misma y en la gramática cotidiana la ubicación de los protagonistas de los contextos según sus edades es una constante. El sujeto lingüístico no se ha librado de estar haciendo comparaciones permanentes por lo que hace a la temporalización biográfica con una serie de duetos vocabularios que son presentados como contraposiciones: viejo-joven, antes-ahora, caduco-nuevo,..Ese reduccionismo performántico a quien antes sabotea es a la entendibilidad de quien lo emplea (por lo común todo el mundo) ya que toma los atributos en relación a la temporalidad como si de una bipolaridad positivo-negativa se tratara.

Por lo general, la biografía de cada cual aspira a ser lo suficientemente larga como para vivir todos los tiempos, vivir distintas épocas, tratar con el mundo y con el propio cuerpo desde distintos posicionamientos. Vivir es experimentar con la vida. Si por razones de edad se temen o eluden cierto tipo de contactos con individuos de otras edades lo que tal elusión indica es un temor a la amplitud de la experiencia. Hay factores ambientales y fisiológicas que la explican. Lo semejante tiende a buscar lo semejante. A un bebé tan pronto deja de serlo sosteniéndose sobre sus pies tiende a explorar a otros niños o figuras humanas de su tamaño. A los ancianos se les ve en grupos gregarios tomando el sol o mentidos en sus conversaciones en ratos de ocio. En el sociograma de un individuo durante etapas de su vida con quienes mas se relaciona es con individuos de su umbral de edad. La escolarización y el servicio militar obligatorio ahí donde todavía lo es, junta grupos con edades semejantes. La universidad y las discotecas tambien juntan edades muy próximas. Alguien que se matricula en la universidad tan solo 10 años después de la mayoría de sus compañeros de aula ya destaca por esa singularidad.

La vida social funciona en círculos que adoptan relaciones entre ellos mismos de interseccionalidad o en posiciones concéntricas. Todo el mundo pertenece a más de un círculo pero nadie pertenece ni puede pertenecer a todos. Se debería ir a localidades numéricamente muy pequeñas y con pocas actividades para que tal acceso a la totalidad pudiera ser posible. La naturaleza está detrás de esa tendencia a la alianza de similitudes, es algo prehumano. Los humanos no haríamos otra cosa que seguir pautas naturales. Sin embargo el hecho de propender a que uno busque sus iguales, a que se entienda con los hablantes de su idioma, a que le complazca estar con los de su clase, a que hable con los que están a su altura, a que se vea con quienes tienen gustos parecidos y así sucesivamente va en contra del hecho mismo de la cultura pluriformal y de una visión tolerante a favor de la reconciliación de las civilizaciones. La cuestión es que la visión progresista de un mundo heterogéneo, plural, intracomplementario e internamente reconciliado choca con la tendencia al elitismo, a la selección, a la separación y, en definitiva, a la discriminación. Ideológicamente nos autodefinimos como no discriminativos, en la práctica vivencial la misma condición de ser vivo significa seguir criterios de discriminación. No hay sujeto totalizador que lo pueda admitir y abarcar todo, tampoco ningún individuo de ninguna especie del reino animal, mineral o vegetal. La grandeza de la pluralidad lleva implícita la limitación de cada singularidad. Discriminar es una necesidad del comportamiento inherente al elegir y en la vida uno se pasa eligiendo continuamente opciones. Elegir una es dejar fuera otra. Esa danza de discriminaciones sea por el lado de aceptar una situaciones, tambien individuo, y rechazar otras u otros es lo que está en la base de las alianzas y de las coincidencias o no en lo círculos de relaciones. Cuando se pregunta la edad para juzgar en función de la respuesta si es conveniente o no esa persona en el propio círculo ya hay algo de la discriminación potencialmente negativa en la misma pregunta. La quimera del joven es presumir de un estado provisional de su biología que no permanentizará y la ventaja del viejo es la de predecir el tipo de vida que le espera a ese otro pletórico por su lozanía. La diferencia intergeneracional mas importante no es la mas evidente: es que está en relación al aspecto físico y a las limitaciones corporales sino la forma de concebir la vida, la distinta metodología de pensamiento, la filosofía existencial, La metáfora del tiempo es que en una misma época coinciden distintas nociones de entenderlo. Si bien los calendarios y los relojes marcan unas mismas cifras las formas de interpretarlos son completamente distintas: desde las que hipervaloran la fecha a las que la toman como una convención para contar un proceso ilusorio. Sea cual sea la edad personal por la que se atraviese los retos ante la sociedad tan pendiente de cambios son fundamentalmente los mismos. Lo que cambia es la actitud personal ante ellos. A mas edad hay mayor dedicación a la reflexión y a la cautela lo que no hay que confundir con esas otras actitudes amórficas y de desentendimiento de todo que no mueven un dedo para no poner en peligro el estatus alcanzado. Se tenga la edad que se tenga “en un mundo injusto -tal como dijo León Felipe- el que clama por la justicia es tomado por loco”. Lo que une -debería unir- a las personas son las ideas y la coincidencia en las valoraciones y en la manera de vivir los hechos más que las similitudes (color de la piel, la misma edad o el mismo idioma). Tan pronto alguien pregunta por la edad sospechándose que según la respuesta elegirá continuar hablando o dejará de hacerlo, ya tienes un buen motivo para descartarlo como interlocutor válido, sucendiendo u nefecto boomerang para aquella pregunta que se vuelve contra el preguntante. Por lo general quien pregunta la edad, fuera de un contexto que requiera esa pregunta, ya debe sospechar que la hace fuera de lugar. Al hacerla destapa sus atributos de prejuiciosidad o miedo. Lo cierto es que el habla no tiene edades y es posible impulsarla reuniendo las condiciones básicas en inteligibilidad e interés temático. Lo que interesa del otro, de cada otro, es su potencial de discurso que incluye su capacidad de racionalización y de información, también su maestría pedagógica. Renunciar a hablar con alguien en razón a su edad o presuponer que por tenerla ya significa estar clasificado dentro de una etiqueta de inutilidad (los viejos por carcas y los mas jóvenes por ignorantes) se vuelve en contra del renunciante que a su vez queda clasificado como superficial y de escasas luces. La discriminación que excluye el potencial de discurso del otro por su edad va en contra además de la época misma por no reconpocer y reciclar el saber de las experiencias de la/s generación/es anterior/es. “El orgullo es el complemento de la ignorancia” precisó Fontenelle y la generación mas juvenilista que desestima las enseñanzas de la anterior acaba probando el sin sabor de su autosuficiencia apresurada en plena descomposición.

Lo interesante de ver como pasan los años y el paisaje se va llenando de nuevas caras y bríos y oleajes de neonatos que vienen a componer toda la sinfonía de señales humanas es que los hijos que desestimaron las enseñanzas de sus padres y abuelos, a su debido turno tambien son padres y abuelos que viven sus propios conflictos con las generaciones que siguen. Es sorprendente como cada generacion a partir de una cierta edad, la de los 30 con toda rotundidad, tienen motivos altos de diferencia con quienes les siguen que andan estrenando adolescencia.

Aunque hay edades que ambicionan ser pasadas rápido para llegar a ser mayores la cuestión es que cada edad trae sus propias experiencias desde atalayas diferentes y con todo lo que se dice, la de la persona mayor ve compensada su falta de energía física (acompañada incluso de discapacidad motora) por su saber sin necesidad de envidiar a las generaciones más jóvenes, al contrario sintiendo por ellas una cierta empatía de compasión al saber lo que les tocará pasar y que aún no sospechan.

Desde la posición de lucha quien va perdiendo brío en el combate por la justicia por razones de edad desde mucho atrás estaba dispuesto a pasar su antorcha a otras manos que la sostuvieran. La épica imagen de ese gesto choca con maneras no previstas de tomarla cuando las llamas no son las de antes ni corren en la misma dirección. Para fortuna de la historia, de cada generación se puede decir que siempre despuntan sus hijos más lucidos que han aprendido lo esencial del pasado a través de sus protagonistas, los que ya desaparecieron y los que están a punto de desaparecer, a la vez que reinventan sus vidas para vivirlas en la mejor plenitud posible.

Eso llamado suerte.

Escrito por jesusricartmorera 02-02-2010 en General. Comentarios (0)


Eso llamado suerte1.

Diciembre es el mes tradicional de la lotería. La institución que se ocupa de eso a escala de toda España sigue usando la cantinela infantil para gritar números premiados por un bombo del azar y asignar lo que toca a cada numero afortunado. El colegio St Idelfonso está fuera de toda sospecha, las niñitas y niñitos uniformados son los ángeles de esa efemérides. Cantan los premios de todas las cantidades y luego se averigua donde han sido vendidos esos números. Si son tantos los premios a repartir es porque millones de personas participan en ellos. ¿Es que hay alguien que no compre cada año uno u otro numero o participe de décimos? Yo no. Supongo que debe haber algunas excepciones como la mía pero son escasas. Como curiosidad estaría bien un sondeo periodístico alternativo de los que ponen la pera en la boca de los jugadores preguntando a quienes no gastar un duro en lotería ni participamos de ese juego. Para la mayoría, participar de la lotería en esta época del año (mucho mas que de otras lotos y quinielas el resto del año) es casi obligado hacerlo especialmente cuando se pertenece a un grupo que todos los demás lo compran. De no comprarlo “¿y si toca?” Se preguntan quienes terminan por pagar su parte o comprarla. La fama de la lotería es tanta que, incluso , los mas radicales que cuestionan las trampas de esta sociedad aceptan caer en ésta. Hay gente que se ha pasado toda la vida dedicando una cierta cantidad anual para eso, aunque nunca jamás les haya tocado nada y a lo sumo una tristísima devolución de lo invertido. Hay quien tambien le toca el equivalente a una mensualidad, que de todo hay, y hay por supuesto quien le tocan millones.

Esas caras de felicidad y contenterío que tienen a quienes les ha tocado un puñado de miles de euros ya vale la pena para reactivar toda esa industria de la apuesta y del juego. Son los reyes magos de los adultos que a su vez engañan “como siempre se ha hecho” a sus hijos con los juguetes de reyes que les esperan. Ganar dinero se convierte en signo de triunfo y de bienestar, en particular si por una poca inversión se puede multiplicar tanto. El fervor colectivo es de tal magnitud que no aparece nadie con una opinión valorativa de este fenómeno porque sería tratado como de aguafiestas. La lotería es una forma de extender a todo el público una relación de casino con el dinero. La banca nunca pierde porque una parte del dinero colectivo jugado (nunca la totalidad) es repartido a los que la suerte ha elegido. Pero hagamos un stop:¿es esto la suerte? Es cruel generalizar esa ecuación de dinero=suerte. Llevaría implícita la contraria: no tenerlo o no cobrarlo es igual a la disuerte. Y esto no es cierto, todos conocemos a solemnes desgraciados forrados de pasta y que se ahogan entre lujos.

Es verdad que el dinero, a partir de una importante cantidad de dinero, irrumpe proporcionando otras opciones que antes no se tenían. Sería una curiosidad comparar los distintos nuevos ricos por premios fabulosos que los sacaran del trabajo asalariado que ha pasado con ellos. Tengo mis dudas de que alguno demostrara poder ser mas con un capital regalado de lo que era antes de tenerlo. El dinero da oportunidades de compras y de tenencias pero lo que no compra es precisamente la suerte. La suerte tiene mas que ver con el destino que prioriza cada cual por su futuro. Si la voluntad no basta para construirlo, al menos neutraliza a que sean otras voluntades que lo dificulten. El dinero es un instrumento de cambio que permite ir al mercado y comprar no lo mejor de lo mejor sino lo más caro de lo caro. El individuo adinerado corre el riesgo de convertirse en un sujeto dinerario, en ser diana de oportunistas y cameladores que traten de llevarlo al huerto. Puede llegar a ser parte de una confabulación en el entorno para esquilmarlo. Se han contado casos espeluznantes de nuevos ricos que sus fortunas ganadas sin el menor esfuerzo (salvo el de entrar en una expenduria de boletos y comprar los suyos) se dieron a la vida despilfarradora y a su destrucción, otros que de tanta emoción alguno de sus vasos sanguíneos hizo crec y quedó para difunto con mueca estúpida. Esas imágenes con las que se complacen algunos programas cada año para ir a entrevistar a esos afortunados que saltan como potros salvajes cuando les ha tocado un premio dan que pensar. ¿por qué el dinero da tanta alegría al personal? A menudo personal con las vidas montadas y sus negocios en marcha, sin que les haga puñetera falta ese acontecimiento de ser elegidos -sus números- por el bombo de las probabilidades.

Lo que uno es a lo largo de su vida en su relación con sus fuentes de ingresos, la casualidad de ser un ganador de una cantidad suficiente que le permita cambiar de vida lo coge desprevenido, por mucho que toda la vida haya venido jugando sus décimos. Si esa cantidad lo convierte en tipo muy rico, muy, muy rico, entonces se le vienen un montón de factores a la cabeza con respecto a lo que debe hacer. ¿compartirá su tesoro con familiares y amigos? ¿de hacerlo, que porcentaje: la mitad, 1/10 parte, 1 centésima parte...? ¿desenvolverá los antiguos proyectos de juventud, sueños e iniciativas de vanguardia, que no hizo siempre pretextando porque le faltaban los medios? ¿financiará proyectos ajenos con los que simpatice? ¿hará donaciones extraordinarias a organizaciones que luchan contra la tortura y la injusticia o a las que hacen campañas contra la caza de la ballena? ¿Lo invertirá inmediatamente comprando edificios y tierras? ¿Se tomará un par de años sabáticos para dar esa vuelta al mundo que siempre dijo de hacer y nunca tuvo tiempo para ello? Un buen ejercicio de ensoñación en voz alta es el de responder a esta pregunta ¿Que harías si te tocaran 3 millones de euros? Es posible que tu economía después de media vida de esfuerzo no arroje de ahorro bancario mas allá de los 100mil euros (en las películas de ficción sobre el crimen organizado se matan o mataban por 10mil dolares o menos, lo cual esa otra cifra debe ser algo considerable) y hasta es posible que no sepas qué hacer con ellos porque ese remanente lo tienes congelado y se pudre en una cifra que tiende a la devaluación. No es una cantidad que permita grandes despegues (dado lo caro que es todo) en particular si tu tren de gastos para una vida de calidad no los necesita. Con 30 veces mas esa cantidad no te quedarían excusas para lanzarte a los altos vuelos financieros o a montar la empresa ideal que produjera productos faltantes pero...pero...¿por qué `ponerse las pilas para hacer algo que realmente no necesitas hacer en un momento en que ya no tienes la edad ni la energía para hacerlo, en una época biográfica en que tienes la vida más que resuelta? El dinero tiene sus trampas, en realidad el dinero es un espejismo tanto cuando no se tiene como cuando se tiene. Cuando no se tiene porque se le persigue como un sueño espirálico que te engulle en una persecución que nunca se alcanza del todo (el dinero se va tal como va viniendo en los asuntos de supervivencia material) y cuando se tiene porque no existe cantidad en el mundo para cambiar ese mismo mundo substrayéndolo de su perfil de fatalidad, ya que ese cambio no depende de la economía sino de la voluntad humanista en rehacer otro tipo de humano neuronal más consciente del sentido de la vida. Y lo que da sentido a la vida no es una cifra bancaria ni un plantel de propiedades.

De la lotería y de loas juegos de azar se puede seguir diciendo que tienen a toda una sociedad enganchada en esta pamplina idiotizante en lugar de pautar en otras practicas. ¿Por que no institucionalizar una cuota solidaria regular, de semanal a anual, para dedicar sus premios no a particulares sino a proyectos que merezcan la pena? La solidaridad está en crisis y la bandeja de recogida de aportaciones para proyectos humanistas no está exenta de críticas. Bueno al personal le sobra dinero para gastarlo en papeletas por si su número es el seleccionado y gastar una pasta gansa. De tocarle una cantidad media:30 o 50mil euros, la mayoría lo empleará no para cambiar de vida sino para cambiar de coche, con lo cual devolverá ese dinero al sistema y contribuirá al hiperconsumismos (hiperconsumismo es consumir objetos o trastos en un momento en el que su adquisición no es en absoluto necesaria). Por lo que hace a cuando toca la gran cifra, una biografía acostumbrada a la sumisión por décadas de trabajo propio o por cuenta ajena, que lo ha mantenido no porque le gustara sino porque es su parte en el sistema económico, dejar de ser el que se es por la sola circunstancia de ser nuevo rico es algo en si mismo problemático. Uno puede estrenar coche y casa pero no personalidad. Eso no hay tarjeta de crédito por ilimitado que sea que la pueda comprar.

En un país farandulero lo de la lotería contribuye entre tantas otras cosas a la idiocia colectiva ante el negocio que hace de esa tradición las arcas del estado. Para la mayoría, los idiotas somos los que no compramos ninguno de esos numeritos, los que jamás vamos a un bingo o a un casino y si alguna vez entramos a ellos fue para levantar acta testimonial de los adictos a la puesta para los anales sociológicos de las verdades que prevalecen sobre la indignidad humana. En fin, esa tesitura es para quien se la busca. “El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste” dijo Honoré de Balzac, lo que da la elegancia no es poder comprar los altísimos precios sino saber quién eres y de qué vas y usar las cosas a tu servicio y no ponerte tú al servicio de las cosas. En realidad el dinero no es nunca el que da status sino eso l oda tener clase siendo tú en todo lugar y momento. Eso pasa por no hacer el memo prestándose a la farándula televisera porque te ha tocado un numero. Si antes de que tocara no eras nadie ni ninguna cámara te venia a preguntar por tu vida ¿por qué darle respuesta cuando lo hacen porque te ha tocado un premio? Las voces mas interesantes no son las preguntadas por el farandulismo y otra clase de apostadores por la vida y por la dignidad siguen en su absoluto anonimato. El día que uno de esas peñas de saltimbanquis festejando que les ha tocado el número afortunado conteste a uno de sus reporteros enviados al tajo: la noticia no soy yo ve a buscarla en los horrores de este mundo, diré chapeau. Entretanto prestaré oído a otros fondos de interés y seguiré aborreciendo esos programas navideños (una conocida decía que para ella no era navidad si no oía la cantinela de los niñatos del st Ildenfonso, vaya)y valorando otros discursos que afortunadamente los hay. “¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces?” Se preguntaba Juan Gelman.

1http://foros.periodistadigital.com/viewtopic.php?p=322485#322485