FLUENCIA TRANSCULTURAL

Autoafirmación e Imposición

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

Autoafirmacion e imposición. JesRICART Ripollet17dic2010

No hay autoafirmación sin imposición. La volición no es unánime ni consensuada sino desigual y conflictiva. Lo que uno quiere seguramente va a ser negado por otro que no lo quiere. De aquí la necesidad de parcelar espacios de poder y de dominio particular. La emancipación de alguien al irse de un espacio organizado suele ir en contra de los intereses de quien manda en ese espacio, llámese familia, centro académico, edificio residencial, centro de trabajo o empresa. Las formas de lucha de los asalariados de un sector, en particular vinculado directamente a servicios públicos, va en contra de las necesidades de la población que cuenta con el cumplimiento de aquel servicio. De hecho, todos los actos de suspensión de la producción y de los servicios crea un trastorno aunque sea indirectamente a la realidad que necesita de aquello. A nadie le gusta ir a la tienda a por pan y no poder comprar por que aquel día no se ha hecho o ir a tomar el autobús y estar fuera de servicio por un conflicto entre empleados y empresa pero las cosas andan tan tensas que se puede esperar cualquier cosa. El no trabajo de los controladores era una de esas cosas esperables. Inevitablemente su forma de protesta ha sido sobre un desagradable efecto colateral negativo -muy inteligentemente manipulada por altos mandos y prensa- para la población viajera. Comparativamente, es mucho mas grave que un estado (socialdemócrata por añadidura pero que nunca ha hablado de socialismo posible) militarice sectores de trabajo a que estos luchen, aunque no del modo mas acertado, por sus intereses. El consentimiento generalizado a esa militarización crea un precedente grave en formas de negociación futuras de las relaciones laborales. Como ventaja para el análisis el gobierno ha mostrado sus dientes y otra mas de sus verdades. Los controladores no han secuestrado a nadie. Secuestrar por ejemplo hubiera sido retener a Blanco en una torre de control o encerrar en un edificio sin dejarlos salir a un grupo de gente, pero esto no sucedió. La palabra “estampida” que usó un mando de AENA para referirse a su huelga salvaje no es baladí. Yo tenia entendido que las estampidas era eso que hacían los búfalos fuera de control no obedeciendo ordenes de los cowboys y arrasando con todo lo que hubiera a su paso. Mas bien los controladores aéreos se han distinguido por su silencio y en todo caso son los últimos alos que se les da la palabra sobre el asunto después de que la opinión publica fuera suficientemente condicionada. Hoy las controladores y controladores son soldados rasos, cualquiera que haya pasado por el ejército franquista en un llamado servicio militar obligatorio sabe lo que es eso. Si el perfil un autollamado estado de derecho pretende resolver las cosas y los problemas manu militari el futuro que les espera a nuestros nietos es mas bien triste. La opinión pública debe estar muy atenta al lenguaje usado por cada bando y a las palabras clave. Cuando este utiliza keywords prestadas de otros discursos cabe sospechar que la intención fundamental es la de confundir resignificando situaciones fuera de su contexto.

 

Percepción como representación mental

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

La percepción como una representación mental.JesRICARTCdv2diciembre2010

Si la palabra no es la cosa que la nombra tampoco la representación es el objeto al que representa. De hecho, el objeto representado es un objeto diferente al objeto que representa. Hay aún algo más. Al hablar y referir  representaciones se está introduciendo un tercer nivel de objetualidad: da  lugar a objetos de objetos de objetos, es decir a constructos basados en representaciones basados en los objetos primarios. La metalingüística ya es esto. El narrador que explica una historia en la cual hay un personaje que explica a otro esa misma historia u otra ya está posicionado de una manera metalingüística con el relato que se trae entre manos. Cuantos más niveles de referencia haya acerca de algo que se refiere  mas distancia representacional hay entre lo que se dice y ese algo. De ahí que en los juegos comunicativos el mismo mensaje (al menos el audio vocal) pasado de un mensajero a otro va sufriendo grados de distorsión cuantos más eslabones haya. Por eso, sea dicho de paso, la historia de la antigüedad mezcla los hechos con las leyendas, las mitificaciones con la historiografía, no quedando para todo establecido el relato de lo fantasead o del relato de lo sucedido pudiendo que la resultante final de una narración sea una mezcla de las dos cosas: una exageración a partir de hechos reales.

 En los usos lingüísticos, una misma palabra -de la que se le conoce y acepta  un mismo significado- tiene un impacto emocional desigual en sus hablantes. En cuanto a  las inercias perceptivas, un mismo objeto del que se conoce su función y las razones de su ubicación, impacta de manera diferente en el percibiente. Hay dos procesos implicados: 1. El estrictamente sensorial y 2. Su resonancia psicológica. Sensorialmente, en principio –salvo alteraciones en el mecanismo nervioso- el objeto advertido, sentido, tocado u oído se representa de maneras sino idénticas, sí semejantes en la caja craneana del percibiente; psicológicamente, en cambio, su valoración es diferente. Esa diferenciación es la que lleva a una continua diversidad de posiciones y a polémicas que pueden resultar muy sabrosas pero que siempre están abiertas a que se añadan nuevos matices y aspectos para la caracterización de la llamada objetividad percibida. La multiaspectalidad de la misma cosa percibida termina por llevar a cada sujeto a ser el único habitante de su perspectiva o lo que es lo mismo: a habitar una realidad diferente a la de un supuesto mundo único.

 La tesis que solo cabe una percepción y solo una de las cosas, pertenece más al campo de la robótica que a los  de la psicosociología o la etología y concuerda más  con las posiciones de pensamiento único que con las de pensamiento plural. La ciencia quiere y necesita, y, por ende, el racionalismo, racionalizarlo todo refrendándolo con un solo tipo de códigos y representaciones. Nos apetecen leyes unívocas y equivalencias inalterables que soporten el paso del tiempo y su adaptación a todas las coordenadas espaciales. La universalidad de la diversidad subjetiva indica que el arco de varianza es mayor del inicialmente sospechado. La discusión no pasa ya por reconocer esa diversidad sino por establecer la frontera entre los errores o sesgos de percepción que dan cuenta de otra realidad inasumible por las mentes normoceptivas y la demostración de la verdad real por esa normoceptividad. 

No es extraño que la experiencia privada haya sido y siga siendo tan objetada. El mundo suele sernos presentado –cuando lo es y por quien lo presente- como un solo discurso (nunca ha faltado el discurso que ha sido presentado como regente describiendo una sola realidad) pero su interiorización es distinta haciéndolo cada cual a su manera. En un baremo de apreciaciones, el hecho de un umbral normotónico en el que quepa un 90%, incluso un 99%,de impresiones parecidas, no significa que las apreciaciones de la verdad les sean negadas al minúsculo porcentaje restante. De hecho, los cambios de paradigma y de visión del mundo han procedido en gran parte  de la genialidad, de esa porción asintótica, de esa transgresión evidente a la que la mayoría inicialmente se resiste e incluso puede seguir resistiéndose siglos después de sus hallazgos. 

La necesidad de una rigurosidad en la aprehensión del objeto sometido a una sola interpretación  está conectada a la necesidad de la seguridad conceptual y a la necesidad de establecer una realidad y solo una realidad objetiva. La pervivencia de ese criterio se relaciona con las secuelas del positivismo que creyó encontrar para cada efecto una causa clara y para cada hecho una sola explicación. Sucede que tanto en la inercia que tiende a percibir como aparentemente no hay duda de lo que es un objeto percibible. En la práctica la verbalidad da lugar a enjundias y particularidades en las formas de tratar las cosas. De los n observantes que hablan de un hecho (las típicas historietas chistosas de 3 tipos de 3 nacionalidades distintas hablando de una misma cosa) pueden haber n visiones. La que prevalecerá será la que acuda a un instrumento de evaluación que se toma como referente estable. Ante la altura de un objeto cualquiera  los distintos observadores pueden proponer diferentes estimaciones. Se demostrará quien la ha acertado o quien se ha aproximado mas a la verdad quien acuda a una cinta métrica que se la corrobore. El recurso a un instrumento ajeno (fuera del mecanismo perceptivo) es el que tiene la última palabra. Se puede decir incluso más severamente: un aparato no humano es el que pontifica un dato de certeza supliendo el déficit del aparato (perceptivo) humano. La discusión se acaba y todos se dan por satisfechos de la medida exacta dada por la cinta. Imaginemos la de cantidad de discusiones gratuitas que se construyeron antes de tener varas con las que medir distancias u otros aparatos con que pesar objetos o medirles otras propiedades. De todo lo que hay y lo que nos pasa: una tibia fracturada, la elevación de una temperatura corporal, el consumo de gasoil por el coche, la disrupción del fluido eléctrico, el exceso o el déficit de nutrientes,…hay instrumentos de medición con los que proporcionar los cálculos requeridos para explicar hechos y causas del comportamiento del organismo o de una máquina.

 La mayoría de disciplinas son válidas para describir situaciones pero no para explicarlas en sus causalidades. Las investigaciones no están terminadas y la aparatología de los instrumentos no ha proporcionado un instrumento para cada cosa. Las promesas de que algún día haya un aparato fiable de medición de absolutamente todo se hacen difíciles de creer por el momento. Habrá en el futuro aproximaciones más fiables que en la actualidad sin suprimir nunca del todo una cierta cancha de error ni superar la idea de certeza como, finalmente, una gigantesca hipótesis.

La necesidad de acudir a los instrumentos (desde la báscula a los tests de inteligencia y de personalidad, pasando por el telescopio o las pruebas de ADN) significa acudir a algo más fiable que el sistema perceptivo del que los humanos somos dotados por la naturaleza. Pero incluso estos instrumentos tienen sus propios problemas. Para que un metro, un simple y vulgar metro, sirva para medir ha de estar compuesto de un material y mantenido en unas condiciones de temperatura ambientales que no lo deformen. Todo instrumento de medición como toda máquina está sometido a injerencias climáticas externas y a presiones varias que lo alteran en su funcionamiento. A parte de básculas trucadas y otras enjundias de la picaresca humana la fiabilidad instrumental no puede ser tomada tampoco como un absoluto aunque sea un mejor referente que el ojo de buen cubero del humano más experto. Otras veces es al revés: la intuición supera el instrumento de medición y el sentido común suple los errores medicionales de instrumentos defectuosos.

Tenemos tres factoriales: el grupo de los objetos (todas las cosas que se quieran y pueda referir del afuera del sujeto el grupo de los percibientes (sujetos humanos y no humanos) y la aparatología de medir (desde el termómetro al microscopio electrónico). Tomado un objeto cualquiera, por evidente que pueda parecer (dado que el percibiente se acostumbró a hablar siempre del mismo creyendo que los demás lo sentían igual que él), una discusión en profundidad del mismo, da lugar  en principio a muchas lecturas y en el curso de la discusión pueden rugir posicionamientos hasta opuestos. A las supuestas propiedades estáticas del objeto hay que añadir las eventuales y las traídas por el sujeto. Un fotógrafo que quiera aprehenderlos en su esencia percibe los objetos desde su radiación y ángulos de luz recibida. El estudio de la imagen la hace pasar por sus baños de luz. ¿Se podría hablar de imágenes sin ella? El personaje, fotógrafo, de Robert James Waller en los puentes de Madison County, lo que hace es fotografiar la luz no los objetos, pero ¿acaso hay objeto visible sin luz? En todo caso habría que hablarse de otra clase de visión contando con otras vías perceptivas.

Es la instalación del imput en la sede encefálica obtenido por una vía u otra lo que permite avanzar en el pensamiento. A una palabra referida le corresponde la imagen o imágenes con las que aquella está vinculada.  La afirmación de que es posible el pensamiento sin palabras es una tremenda temeridad imposible de sustentar. Las palabras no quedan demostradas con su sonoridad o su grafía, sino que existen en tanto que formas apresadas aunque sean calladas. Sin lenguaje no solo no hay pensamiento sino que queda en seria duda la identidad del pensante. La neurodegeneración por Alzheimer (patología considerada ya como una pandemia tanto más creciente por la mayor longevidad biográfica de promedio) es una progresiva pérdida de significación de las palabras y su disociación con los objetos, lo que es dramático por lo que hace a los nombres propios de las personas que van dejando de reconocerse. La persona afectada deja de reconocer el mundo en el que vive y a los demás, aunque lo peor es que los demás dejan de reconocerla ya que ha dejado de ser quien había sido.

Si las percepciones de lo mismo no son objetos diferentes a eso de lo que parten ¿qué son? Volvamos a la proyección de una sombra en una pantalla ¿su efimereidad la descategoriza como objeto sensorializado? claro que no, es otra clase de objeto del que la experiencia sensorial y analítica ya irá describiendo y entendiendo en su envergadura. Indagar esa ratio entre el objeto origen y sus distintas maneras representativas (las resultantes de la percepción) es competencia de toda disciplina y esfuerzo implicados en la comprensión del ser polimórfico y de las realidades con las que trasiega.

Abundando en la representación -como otra instancia de la objetualidad- una nota reflexiva más sobre las llamadas naturalezas muertas y/o los bodegones que una tradición pictórica ha llevado a los lienzos. Una composición de varios objetos sobre la mesa para trasladarlos a su proyección pictográfica se compone de elementos inanimados. En su trabajo expresivo el pintor hace el milagro. Lo que no se ve en la composición física sobre la mesa se ve en el cuadro, en su revaloración diferida. La ventaja para la mirada pintora de la composición es la fiabilidad del modelo a pintar por l oque hace a su extrema quietud y conseguir algo apuntado en la realidad por los objetos pero que solo con la obra artística consigue su plenitud. Es un tipo de representación que supera o trata de superar al objeto representado. He ahí una muestra de cómo la percepción puede estar por encima de lo percibido dándole un valor que otras percepciones no captaron. Lo mismo se puede decir del modelo humano. Aún siendo el mismo: el desnudo en la tarima posando en el centro de la sala de dibujo da lugar  a tantas versiones como dibujantes rodeándolo tratan de captarlo. No hay uno igual a otro y todos parten del mismo modelo. Hay una metodología que trata de diferencia modelo y teoría a partir de la descripción de una ratio parecida entre el mismo modelo y varios artistas. Si bien el modelo queda asegurado como uno solo (el objeto percibido) el modo de percibirlo no solo lo ve de manera diferente sino que lo transforma y lo recrea. El cuadro, la foto, la imagen y otros campos de expresión añaden al objeto algo que no tenia inicialmente y que viene incorporado (como plus de valor añadido) desde el lado de la percepción. Es así que la percepción no está limitada a una sensorialidad mecánica que siempre da los mismos resultados sino que convoca a una sensibilidad especial que va a sacar del modelo más de lo qué tiene.  Esa ratio también se encuentra en las artes escénicas: los diálogos y la expresión de actores y actrices en escena representando un dialogo o haciendo expresión corporal sacan de ellos mismos algo que en su posición de meros espectadores no expresaban ni sospechaban de que pudieran expresar.

Un sujeto es un objeto para otro sujeto. Lo puede ser de máxima importancia o de mínima importancia, pero en tanto trata de objetivarlo lo objetualiza. Por mal que suene la palabra concienciar esa objetualización es lo que permite crear una trama de independencias mutuas. La creatividad es un acto de emancipación de la ortodoxia de una mirada unidireccional de la realidad y de todo lo que contiene. Decir que la realidad es una y cada intérprete la traduce a su manera escurre el enfrentamiento a lo que es esa realidad supuestamente única. Al hablar los distintos interpretes de lo mismo se observa que parece que hablen de cosas distintas, y de hecho lo son. Esas miradas distintas son las que vuelven al mundo percibido tratándolo de modificar bajo el peso del deseo de quienes incorporan las novedades de las que otros se van a beneficiar. El surrealismo ya le levantó los faldones a una realidad a la que un realismo dominante solo miraba de una manera.

La multiproyectividad de cada objeto irá en aumento cuantas más miradas disidentes reciba. La mirada disidente es la que se plantea lo que siente antes de aplicar la categoría preestablecida con la que capturar aquello que le llega. Gracias a esta mirada disidente el mundo percibido es una cantera infinita de percepciones diferentes, algo sumamente valioso para la historia del arte pero también para la historia de los sentidos privados. Para que ese proceso siga y se enriquezca caca individuo tiene que convencerse de que es una sede especial no clónica e induplicable que interioriza la experiencia sensorial y la experiencia en general de manera diferente. Cada sujeto creativo libra dos batallas: contra los demás en el modo de percibir la realidad con el que no coincide y contra sí mismo asaltado por su propia inseguridad de si está percibiendo lo correcto. Tchaikovski dijo sobre sí mismo  que había necesitado mucho tiempo para convencerse de su pertenencia  a la categoría de hombres a quienes no les faltaba inteligencia, pero no a la de aquellos cuyo intelecto les permitía desarrollar cualidades extraordinarias. Reconoció su talento pero no su genialidad. Al mismo tiempo desvaloró consistentemente a otros compositores como Handel, Bach, Beethoven, Wagner y Bhrams. Posiblemente sus problemáticas de personalidad le llevaron arrastrar una noción de auto desconsideración  que por un sistema compensatorio llevó a ver en otros motivos de descalificación La metáfora de ello es que la historia posterior de la música y la espectacularidad de ello no ha entrado en cuestionar esa dimensión detallesca frente a la exquisitez de su música. Con todo, la valoración subjetiva de este compositor hace pensar que el entorno tiende a hipervalorar lo que lo individual puede desvalorar. Lo objetivo inflacciona lo subjetivo a pesar de que lo subjetivo se decrece frente a lo objetivo.

No está claro nunca del todo dónde reside la verdad del objeto si en el objeto mismo o en el sujeto que propone una versión como su descubrimiento. Frederic Jameson recoge la ilusión de que la cámara es reproductora del evento con exactitud. La cámara es entendida  como presencia y verdad totales de tal manera que la estética de la representación neutraliza la densidad del acontecimiento histórico que queda evaporado convertido en ficción, o cuando menos en imágenes de consumo desgajadas de la realidad de la que fueron tomadas. Si la representación es un objeto de distinta categoría al objeto representado y si el instrumento que lo representa (el ojo de la cámara o el  pincel del pintor) imprime su propio sesgo perceptivo el resultado es el de una expectación de algo tomado de la realidad pretextado para su consumo en otra dimensión. Norman Fruchter define el espectáculo como seudorrealidad, predominantemente visual, continuamente producida y cambiante, con la que se encuentra cada individuo que acepta y en la  mora como realidad pública y oficial. Esto queda a un paso de que todo es espectáculo, es decir todo es representación, por tanto todo es percepción. La discusión de si lo percibido de una cosa no altera las propiedades de esta puede que no sea tan significativo si la reactividad depende no de esas propiedades demostradas sino de la percepción de ellas. Entre la conducta ante un estimulo y éste intermedia la percepción y por supuesto la reflexión –si hay tiempo y condiciones para ello- subjetivizando la respuesta.

Si todo es representación en tanto que todo pasa por ella y es en función de las representaciones que nos hacemos del mundo que actuamos de una manera u otra ¿cómo explicar que concurran representaciones no solo contradictorias sino totalmente opuestas de un mismo objeto? Eso se puede contestar recordando que salvo en unas condiciones de laboratorio en una investigación muy controlada que se estudia la reacción ante cada estimulo, la realidad funciona de una manera mucho más compleja relacionando asociaciones de estímulos; es decir, un objeto no viene o no suele venir solo siendo que el estudio de cada variable se ve envuelto cuando no confundido por la concurrencia de otras muchas variables. El objeto O tiene un valor y una interpretación distinta si está aislado a si está reunido con otra colección de objetos en un mismo contexto. Aunque no haya concurrido inalterabilidad alguna en el objeto en si mismo su inserción contextual lo varia como objeta para-relacional. Puede quedar alterado en todo incluso en su funcionalidad. Es fácil experimentar una sensación completamente distinta  ante un objeto en una sala vacía que en esta misma sala con muchos más objetos sin haber tocado para nada el anterior. Las salas de exposición y museos reducen al mínimo los objetos externos que puedan distorsionar el cometido de estos espacios por lo que hace a mostrar obras artísticas. La interdistancia entre los cuadros u obras está estudiada, las paredes como colores de fondo no pueden competir con los colores de la obra. De hecho, un solo cuadro que mantiene la distancia entre la forma que presenta y el marco que lo envuelve ya trata de respetar el realzamiento de aquella desde la subordinación de este. El impacto visual de una obra sin marco a estar enmarcada no es el mismo. El objeto contextual quiere reforzar al central. Otras voces un exceso de contextualidad sabotea indirectamente la atención centrada en lo principal. Eso sucede también con el lenguaje como parte del panorama estimulario. Posiblemente es con el lenguaje que más elementos secundarios hace jugar eludiendo, tergiversando o perturbando las centrales.  Con el criterio del minimalismo un objeto sencillo y sobrio es más que otros muchos objetos distorsionando la percepción lúdica de aquél.

Aceptar que el objeto en sí no es más importante que el objeto interpretado  confirma la idea que es más importante la experiencia dimanada del contacto establecido por la vía de su interpretación que no la fuerza de sus leyes y propiedades. Lo que Frieda Fromm–Reichmann sostuvo en el campo de la clínica: "el paciente necesita una experiencia, no una afirmación", puede servir para todos los campos interactivos de relación con las cosas, los eventos y los fenómenos. Cada observador además de lo que sabe con respecto al objeto que recibe o con el que se encuentra en su campo perceptivo va a tener más valor su experiencia interactiva concreta para poder juzgar de que se trata exactamente aquello y que resultante en su representación mental se va a llevar consigo. Eso no significa, por supuesto, que todas las representaciones mentales sean justas, pero sí que son a lo que se atienen los individuos para actuar en consecuencia. Eso lleva a un mundo en el que se actúa más por las influencias representacionales (a menudo prestadas por carecer de experiencia de contacto directo) que por el contacto analítico directo del objeto en sí.

 

La hipótesis como figura conceptual

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

 

La hipótesis como figura conceptual perpetuada.JesRICART CdV27nov2010

El método científico contempla la figura de la hipótesis candidata a su confirmación para convertirla en tesis. Eso no es un proceso  tan directo ni inmediato. Muchas hipótesis quedan sin confirmar –por tanto sin ser transformadas en leyes-  pero tampoco sin ser negadas, lo cual las perpetúa como tales hipótesis. A fuerza de ser usadas  o referidas son tomadas por tesis quienes creen incondicionalmente en ellas (por presunción o intuición). El resultado es una coexistencia entre distintas maneras de entender el conocimiento: la que le da una rotundidad científica y la que le da una categoría filo o paracientífico. De esas dos maneras no quedan libres la mayoría de las conversaciones cultas viendo como se combinan en los rings –o hablatorios- de las frases. Aplicar el método científico a la percepción no asegura sistemáticamente el rigor esperado (a la vista están en la bioinvestigacion la cantidad de fármacos propuestos que no han pasado por los protocolos científicos obligados y son presentados como definitivamente conclusos). Aplicarlo al campo de lo sensorial genera una buena cantidad de variables. W.Wundt al llevar la psicología al laboratorio estudiando los tiempos de reacción de los sujetos antes los estímulos empezó a darle una categoría científica al potencial de estudio humanista que hasta este momento había tenido el interés por la psique. La misma sensación de un individuo a otro variaba con arreglo a las 4 calidades de las sensaciones que estableció: la cualidad, la intensidad, la extensión  y la duración. A un siglo después de eso esos mimos aspectos sirven, aunque se estimen muy someros o rudimentarios, para dar cuenta de la intervariabilidad de las reacciones en unos mismos contextos. Hay otros factores, tal como venimos viendo, que tienen  una importancia crucial en la discriminación reactiva, especialmente la ideología, la cultura y la inteligencia.  Los valores (y con ellos los pre-conceptos) influyen en la manera de sentir y percibir las cosas. En las edades tempranas, en el neonato recién parido, su encéfalo no da un encefalograma plano: las conexiones ya se han empezado a hacer desde antes de nacer. El sistema nervioso periférico ha activado ya una parte de la sensorialidad. Los estímulos han sido recibidos desde la existencia intrauterina y el resto de su vida el cuerpo humano sigue haciendo de caja receptora de otros muchos desde distintos registros. Con Pavlov y su tesis del hombre mecánico (reactivo-estandarizado) la idolatrización del ser más inteligente recibió un revés. Ahora sabiéndose víctima propiciatoria de los reflejos condicionados todo lo que puede hacer es ganar su autonomía (como la facultad con la que gestionar su libertad) y no sucumbir a sus reacciones en una especie de auto servidumbre sensorial. 

Escribir ante la represión informática.

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

Escribir y la represión informática. El trato con  los XX, YY y Doblezetas

 Tauli htal Sabadell 12 junio2009

No solo escribir sino también escribir junto a otras formas de expresión se ha convertido en un problema para los estados espantados ante las verdades dichas. Ni siquiera hace falta adoptar tonos críticos ni análisis severos de estructuras autoritaristas y represivas, solo basta con poner la mirada atentado en un fragmento de la realidad y dejar como telón de fondo escenas ordinarias de una sociedad para que quede al descubierto en toda su inmundicia. Así lo ha hecho el cineasta iraní Jafar Panahi ante quien la ha caído no el peso de la ley ni de la justicia sino la garra absolutista de un estado especialmente represor con quienes le ponen la cámara a su país para demostrar los trapos sucios de su régimen.  Es propio de las dictaduras por férreas  e implacables que se presenten, que sustenten su poderío dando cañonazos contra hormigas y con muy poca capacidad de entender lo que produce la oposición al sistema. Su paranoia llega a ser tan exagerada que retroalimentan sus miedos con los detalles más tontos. Pero el hecho de que el represor sea un tonto no le quita su ferocidad ni su espanto. Serian preferibles los represores inteligentes a los tontos porque con aquello se puede inferir de que van mientras que con estos pueden disparar y matar a bulto sin saber a quién apuntan ni siquiera para qué.

En la grandiosa y pujante sociedad informática los regímenes ya no se enfrentan a partidos políticos u organizaciones centralizadas como baluartes de su oposición sino a cada ciudadano con conciencia básica y con sensibilidad mínima que le empuje a la acción. Son los estados represivos los principales causantes de ese despliegue de la crítica generalizada a toda la sociedad. Desde que cualquiera - porque dispone de la tecnología- puede ser un informador –y un creante- ante el mundo de lo que sucede en el mundo, los estados por poderosos y blindados que sean son vulnerables y pueden ser expuestos en sus trolas y tretas.

Eso reza también para cualquiera. Nadie queda(rá)-o debería quedar-  a salvo de sus fechorías ni exonerado por la protección de sus datos o de sus imágenes tras cometer actos antisociales o antihumanos. La libertad de expresión y por tanto de denuncia es y debería seguir siendo -a su máxima potencia- el antídoto contra la impunidad y contra los actos terribles contra el prójimo.   Esta tesis es apoyada sabiendo a la vez que las estructuras del mundo descansan sobre mentiras y que la verdad sistemática como principio universal se ha degradado para ser impráctica. Puesto que la verdad se enfrenta permanentemente a la mentira y a su tergiversación su manera de gestionar nunca es en estado puro, en una sociedad donde todo el mundo la dice, eso lleva a que sea tratada de una manera u otra según las circunstancias eligiendo a quien concederle el favor de conocerla y a quién no. Javier Sádaba apunta su discurso también a la idea de decir la verdad a quien tiene derecho a conocerla y a nadie más[1]. Sin embargo no queda resuelta la naturaleza de ese “quien” ni tipificado exactamente ese “derecho”. Para cada situación concreta toca revalorar el sujeto acreedor de un conocimiento, su donante y las consecuencias derivadas tanto las de carácter ventajoso como las lesivas para terceros. Tipificar en un código lo que debe ser siempre dicho y aceptado y lo que no se hace difícil. En la época de la censura franquista había sido reclamado un código de censura especifico para que los creantes supieran a qué atenerse a la hora de proponer sus trabajos creativos y no andar siempre en ascuas y en la inseguridad sin acertar siempre en sus intuiciones sobre lo que complacería o no al régimen. La dictadura, ejemplo de la estulticia y la arbitrariedad, dejaba para cada caso concreto levantar la barrera o cerrarla. Por eso grandes trabajos, como los de García Berlanga, lograron burlar la censura porque los censuradores de turno no estimaron peligro alguno en cuanto revelar conspiraciones. Una dictadura todo lo qué desea es continuar permaneciendo en el poder sin que su hegemonía sea discutida por ningun súbdito. Funda su mandato en el desprecio total a las multitudes y se toma la historia como un juego de rivalidades sabedora de que es una minoría que tiene que impedir que otras minorías la saquen del puesto. Ignora que con su régimen no para de generar enemigos diariamente que esperan el momento para expresar insurreccionalmente o por otros medios su malestar.

La lucha por la dignificación social pasa por poner cada cosa en su lugar y a cada acto su nombre sin eufemismo alguno. Eso pone al descubierto a los peores secuaces y a los más tontos de los títeres. No es un criterio que se limita a los análisis contra el poder en su macro marco político sino que también se extiende a cada situación interrelacional. Lo que sostiene en el fondo las coyunturas y lo que explica que el mundo sea el estercolero en el que se ha convertido repleto de relaciones humanas degradadas es cada tipo individual que no se hace responsable de sí mismo que justifica sus miedos y sus engaños bajo el palio del amparo de las mediocridades generales.

En la sociedad de la información y de los datos a cada dia que pasa más y más  informatizados los agujeros donde esconderse irán escaseando. Tradicionalmente el represor se ha sentido seguro en su puesto por su impunidad, porque nadie se ha atrevido a toserle, a perseguirlo, a encausarlo a vengar en su figura neutralizándola o eliminándola de todas las victimas que ocasionara. Es así que en países tan distintos como Alemania, Ruanda, España, Camboya o Argentina  antiguos homicidas con el amparo oficial hayan podido o aun puedan creerse que no tienen ninguna culpa de los sucesos históricas y de las calamidades de la humanidad. Hay países como México o Guatemala donde el crimen ni siquiera es investigado. A las prostitutas sin nombre se les llama XX y su oficio se toma como pretexto para justificar sus asesinatos.

Vivimos en un tiempo de XX y de preguntas sin contestar que tampoco se traducen en interrogatorios de seguimientos específicos y personalizados  contra quienes pueden dar pistas de delitos y actuaciones criminales.

Escribir –uno de los recursos intelectuales connaturales al análisis y al pensamiento- es algo que ha estado y cada día está más al alcance de todos aquellos que tengan algo que decir. Las autorías de documentos y relatos cruciales han contribuido a cambiar la conciencia y a adoptar perspectivas más críticas ante el mundo, es decir, ante sus actores. Todavía ahora es necesario prescribir que los personajes de un determinado relato son mera ficción si no se quiere tener problemas porque alguien se pueda sentir identificado en lo que se denuncia en la trama. Lo cierto es que la realidad –tal como se suele decir-  supera a la ficción en calamidades y  que la ficción es un modo de tratarla para hacerla entendible. Desde el relato o desde el documento se tienen resonancias de la realidad. A cada autor compete arriesgarse más o menos en lo que va a decir. Para quien tiene que esconder su vena y vertiente criminales lo grave no es tanto el análisis como la evidencia de los hechos. La curiosidad de eso es que lo que un estado, como el iraní,  se permite hacer pública e impunemente: detener en la vida pública a personas indocumentadas o prohibir a mujeres su libertad de relación no puede tolerar que eso mismo sea conocido por la comunidad internacional en su salsa, tal como es. Cuando un estado se ve en la tesitura de prohibir la voz de los que hablan o la mirada de los que ven porque considera que están perjudicados sus intereses de dominio, en realidad está demostrando además de su estupidez su enorme inseguridad. Lo grave no sería tanto esta paranoia de los dominantes como el hecho de que hayan sido votados masivamente en el supuesto de que los resultados de  las elecciones  no fueran trucados, porque en este caso es una mayoría la que está por el anti progreso y da apoyo con su voto o su pasividad a un régimen corrupto e ideológicamente muy peligroso para la salud mental de la sociedad en su conjunto además de estar en contra de la libertad básica.

Lo que tiene que ser permitido y lo que no es lo que está en juego en cada momento polémico de un debate que nunca ha sido cortoplacista ni tiene visos de terminar.

El derecho a la libertad de expresión y a la libertad artístico-creativa choca con unos límites previos de la imposibilidad de la libertad total. Ni todo puede ser dicho ni todo lo decible es aceptable. Derivado de eso no todos están facultados para decirlo todo. Esas tres premisas colocan la gestión de la verdad en unas coordenadas delicadas. Un democratismo primario de primera hornada podía amparar toda clase de palabra para ser dicha en público, una conciencia democrática adulta no permite ya según qué cosas haciendo punible la mentira histórica y enviando inmediatamente al silencio errores inaceptables de desubicación.

En un espacio bilingüe en el que se homenajeaba a los cineastas iraníes reprimidos en un acto de solidaridad con ellos, alguien  de la sala absolutamente desubicado insultó al publico por hablar en uno de los dos idiomas en lugar del usado por los ponentes y insultó al acto considerándolo fuera de lugar por hablar de Irán en lugar de otros asuntos[2]. El abucheo general que sufrió el infortunado lo fulminó silenciándolo. Se puede considerar que este tipo de reacciones no son las más cívicas pero ¿Por qué aguantar a tipos desubicados o descolocados con opiniones obsoletas neutralizadas 3 o 4 décadas atrás y además con ideas de corte fascista? Esta misma referencia  anecdótica que acabo de citar no precisar de citar el nombre del tupo fuera de lugar, es seguro que él se encontrará reflejado en ese texto si llega a sus ojos y lo lee y cualquiera de los cientos de personas que participaron en el acto también lo recordará. Eso basta. Lo que importa es ilustrar una circunstancia en la que no todo lo opinable es decible cuando esta fuera de contexto, de tema y de momento aunque esa misma opinión bien pudiera ser presentada en otra geocultura.

Hay una saturación social enorme ante opiniones vencidas o superadas. No hay porque aguantar siempre el mismo discurso mucho menos cuando un nivel cultural lo juzga obsoleto y por si fuera poco insultante.

Lo importante de cada situación es el qué, conocer su contenido, su causalidad, su desenlace y su perspectiva y lo menos importante es el quién. No obstante cada contenido tiene un autor y cada acto social  es efecto causal de una autoría. Señalar el hecho y no su protagonista deja la información a medias. Si no hay otro remedio la colección de protagonistas referidos que aparecen pueden ser citados como XX, YY y ZZ y asi seguir con el resto del abecedario, y dejar para unas décadas después la publicación de sus nombres completos en el lugar de esas iniciales que dejan sus identidades en la incógnita. Ni darlos en el momento de la primera edición es garantía de que actores pillados in fraganti en sus errores se vean convocados para cambiar sus conductas incorrectas ni hacerlo en una reedición demorada deja a salvo su honor ya que la parentela descendiente que comparte sus apellidos podría recibir el impacto de esas informaciones. Así pues ¿Por qué proteger la identidad de los malos para luego perjudicar décadas después a  sus descendientes por haber tenido la mala suerte de serlo de aquellos tipos? La única razón es para evitarse problemas directamente con ellos y con un sistema judicial que se confabula para premiar a los erróneos y castigar a los justos. Lo cierto es que un XX aunque asi sea tratado si se reconoce en la descripción se va a sentir tan al desnudo como si es citado por su nombre y apellido, aunque le quedará el consuelo de que el público –a no ser de otros íntimos  que lo conozcan mucho- no lo reconocerán. Su propia vergüenza le impedirá contrarrestar la información que se dice si no hay modo de impugnarla por ser cierta.



[1] En La vida buena.Como conquistar nuestra felicidad. Penisunal Barcelona 2009 p.164

[2] En la filmoteca de Catalunya 7 marzo del 2011 en el rato de micro repartido por la sala durante la segunda sesión.

El guardia de la porra

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

El guardia de la porra: principio de realidad.Néstor Estebenz Nogal CdV28mayo2011

¿Te acuerdas de cuando estabas en la edad de los muñecos y de los cuentos? Te decían que si no te portabas bien vendría el coco y te comería. Tus papás, seres increíblemente dotados para el cariño hacia ti, eran capaces de inocularte esta trola. Si te querían y te engañaban ¿qué decir de aquellos que tenían a sus hijos sin desearlos y no los querían tanto? Entre risas y bromas fuiste aprendiendo que aquella amenaza no tenía el menor sentido hasta que descubriste que no había que temer a nadie, que nadie se escondía detrás de las cortinas o debajo de las camas para asaltarte mientras dormías. Sin embargo la anécdota te caló y te quedó. Ahora como persona adulta también te dicen que si no te portas bien va a venir el guardia de la porra y te va a poner en tu sitio para que no desobedezcas las órdenes que el estado te da o el rol para el que se te tiene en cuenta: el de obediente social de las direcciones recibidas del sistema. Si quieres probar la verdad de esta amenaza no tienes más que permanecer unos cuantos días en un lugar con un cartel reclamando lo que consideres tus derechos, antes o después vendrá el susodicho y con su cinismo habitual te invitará a que despejes el lugar, en caso de incumplimiento te agredirá. El estado es el que contrata y manda a sus sicarios para golpear, herir y/o matar a la población. Todo estado sabe que tarde o temprano tiene que imponer su poder político por la fuerza. En unos países lo hacen manu militari con ejércitos en la calle y en otros con los llamados agentes antidisturbios. Estos son cuerpos especiales preparados para atacar a gente indefensa o en una clara desigualdad de medios. Los tipos que integran esos equipos de ataque tienen un lavado de cerebro, los entrenan en la tensión, tal vez anden drogados y en todo caso están psicológicamente lo suficientemente sucios como para abalanzarse contra gente desarmada, contra quienes van en sillas de ruedas, contra  mujeres embarazadas o contra niños. La filmografía documental sobre todo ello no deja la menor duda. A título de curiosidad estos superhéroes del sistema se llaman anti-hordas o anti-alboroto (en catalán anti-avalots) siendo curioso que sean los principales protagonistas los atacantes, ellos, de la violencia, la agresión y el alboroto.  Los regímenes pseudodemocráticos sacan a esos guardias de la porra a la calle contra el pueblo cuando presenta sus quejas, usan sus nuevos equipos de represión y ocultan sus números de identificación de las pecheras de sus uniformes. Comparativamente es mejor que saquen a esos tipos con cara de pocos amigos, es decir para hacer de enemigos contra la sociedad a que saquen los tanques y movilicen las tropas regulares del ejército, cosa que no han dejado de hacer ni dejan de hacer los regímenes totalitarios. La diferencia entre un soldado militar y un guardia de la porra es que aquel dispara fuego real y va con la bayoneta calada. La perspectiva de mortandad es distinta en un caso que en otro. (En el momento de escribir esto las protestas de la primavera árabe ya tienen por saldo un millar de manifestantes asesinados en Siria.).

Desde el punto de vista de la seguridad represiva el estado prefiere contener las protestas con las porras, las barras de goma y llegado el caso con los gases lacrimógenos  que no con las ametralladoras y las bombas, pero hay casuística sobrado en todas partes demostrando que puede optar por lo uno o por lo otro según el caso. Los golpes de estado suelen hacerse como golpes militares. Mientras el poder considera que es una minoría la que está en revuelta tratará primero de describirla como incivilizada, violenta e ilegítima y segundo tratará de eliminarla dando unos cuantos palos. Incluso podrá llegar a detener decenas de miles de personas (la marcha de la Sal en 1930 convocada por Gandhi tuvo por resultado una feroz represión con más  de 50mil detenidos, aunque el éxito fue de parte de los manifestantes acabando con el monopolio del imperio británico). El guardia de la porra aún con su pinta de malhechor y de tipo desnaturalizado capaz de –obedeciendo órdenes- atacar a gente totalmente indefensa es una figura representativa, aunque no lo sepa ni lo pretenda, de la realidad obsoleta y caduca, un perro guardián que protege los intereses de su amo, sea quien sea, por mafioso que sea, con tal de que le pague su sueldo de sicario. No hay tanta diferencia entre el tipo contratado por una banda de narcos encargado para dar una paliza a un extorsionado que no quiere pagar y el guardia de la porra que ha pasado por un proceso selectivo para ser contratado por un ayuntamiento o por un gobierno que no puede replicar las ordenes de mando. Ese solo hecho demuestra que un tipo contratado bajo estas condiciones es un anti demócrata puede que no se le deja actuar como pensante y solo admite una versión de los hechos, la de sus superiores sin reconocer la evidencia cuando se la encuentra. Si hay un tipo despreciable en todos los roles que hacen los humanos, el que se viste para agredir a otro injustificadamente es de la peor especie. Dentro del grupo están los torturadores. De vez en cuando los deseos violentos se filtran y uno de esos polis que se quejaba on line con su nombre de no poder haber dado ni siquiera una colleja a un manifestante fue expedientado. Eso sí, hay que guardar las apariencias e indicar que todo está bajo control, que los guardias de la porra solo obedecen órdenes cuando los hay que se extralimitan con ellas y los hay que escogen ese rol porque tienen las condiciones legales para hacer daño, mucho más daño del que nadie les hará nunca, y llegado el caso matar. Sí, matar. A un tipo armado cuanto más lejos se le tenga mejor y si no existiera en parte alguna seríamos superfelices.  Nos gustaría que los conflictos entre humanos y entre hermanos no tuvieran que resolverse por medio de la violencia. Todos los análisis sostienen que por ahora esto es un deseo infantil-idealista y que la violencia institucional oficializada (la de la asignación de presupuesto anual para mantener cuerpos de miles  o cientos de miles de uniformados) es una expresión de la violencia latente y también organizada de la sociedad (el crimen organizado de las mafias y el crimen individual). El caso es que a un segundo tipo de crímenes se añade el otro tipo no menos criminal por oficial que sea.

Los estados pretenden criminalizar los movimientos sociales y las justas reivindicaciones de la sociedad civil confundiendo  voluntariamente los actos de disidencia con conductas de incivismo. He ahí que el guardia de la porra viene a poner el límite: hasta aquí el sistema te deja y a partir de aquí te lo impide. Lo interesante, psicoanalíticamente reflexionando, de ese guardia de la porra es que su no-actuación como pensante. No hay dialogo posible entre manifestantes y represores, aunque los unos puedan enviarles misivas a los otros on line o a través de recogidas de firmas con comentarios[1] o tratar de ofrecerles flores cuando están en posición de stand by a la espera de órdenes para golpear. Quienes nacieron bajo una dictadura no pueden por menos que comparar lo que hacían los represores de entonces con los represores de las pseudodemocracias: lo mismo, básicamente lo mismo. El poder cambia de nombre y así mismo las policías cambian de aspecto pero las funciones de eliminar toda crítica radical por la vía de la violencia son las mismas.

El guardia de la porra es el que convierte las aristas de la administración y la negación a utilizar el tesoro público y los presupuestos para hacerlo mejor. Los estados optan antes por reajustes de las ventajas sociales en campos tan sentidos como servicios públicos, sanidad y educación que en reducir el volumen de sus equipos de represión  en limitar las ganancias empresariales.  Los estados están al servicio de la plutocracia y se relacionan con la sociedad de maneras contradictorias dando el visto bueno a situaciones de explotación inaceptables.

El guardia de la porra viene a obligar a suspender una conducta crítica y una visibilización de la protesta que no gusta a las finuras de las clases pudientes. Es posible que el estado de orden de atacar al pueblo con el máximo de imprudencia añadiendo a la indignación inicial de la revuelta de esta mucha más indignación para continuar en lucha. A menudo la falta de sensibilidad del gobernante y su miedo a no seguir teniendo el oportunismo de sentar su culo en el trono del poder  le lleva a atacar a la sociedad o a esa parte de la sociedad más combativa para diezmarla o anularla, y al hacerlo demuestra dos cosas: su inseguridad dentro del poder y su vulnerabilidad. De todos modos, lo que más teme el estado no es la revuelta de la protesta que por lo general o es puntual de una sola manifestación o dura no muchos días o semanas sino la conversión de las protestas en propuestas organizadas que alcancen fuerza para crear un poder popular en paralelo que impugne legislaciones injustas y trate de implementar un modelo económico alternativo. Por lo general las protestas exigen cambios articulados desde la misma administración en lugar de reorganizar la sociedad desde la base. Cuando el estado se encuentra en aprietos  puede hacer algunas concesiones, incluso destituir alguno de sus altos cargos, amputando parte de su dominio para continuar conservando el resto del corpus del poder. Lo acabamos de ver en Siria, el dictador decreta una amplia amnistía para los presos políticos para ganar tiempo y contener la furia popular sin que eso signifique ninguna concesión real de las reclamaciones, que están pasando por la claudicación justamente de este dictador. Lo interesante del represor pagado por un estado es que hace de celoso guardián de una realidad que no quiere ser tocada por quienes mandan en ella, porque tocarla equivale a desmontar el sistema de expolio que tiene organizado la clase dominante. Como principio de realidad cumple una función impagable ya que baja automáticamente de los burros a los idealismos más ignorantes, aquellos que piensan que las policías están cargadas de buena gente capaces de dar la razón al pueblo cuando la tiene. También sirve para reconducir las estrategias de la oposición ya que la lucha no es contra el sicario, es una lucha mas ajedrecista que no se entretiene eliminado peones sino que trata de hacer jaque mate al rey. La lucha política o contrapolítica como quiera llamarse, contra una política vigente clasista y chantajista, n oes una lucha de dardos ni de venganzas ni mucho menos de violencias, sino una lucha de la inteligencia histórica contra la estupidez rancia del inmovilismo. No hay que caer nunca en la dinámica de devolver los golpes no porque los agresores no se merezcan la picota y la decapitación sino porque la civilización moderna ha apostado por su reeducación y su reciclaje como seres admisibles en sociedad. Por muchos motivos de rabia social que haya y de odio clase propugnado por un cierta afán de vengatividad, la construcción de una nueva realidad ha de ser el norte de inspiración por encima de la destrucción del presente, este no es el fin sino la consecuencia logica del deseo de superación histórica. Deon Meyer habla de que  “la venganza solo lleva al caos y a la confusión”. Ve como la razón común de la violencia en cualquier parte del mundo es la misma: la falta de educación. La cuestión es ésta: a menor inteligencia y menor pedagogía de autoorganización social más demora histórica hacia un mundo mejor.



[1] En uno de los vectores de recogida de firmas durante el movimiento º15-M uno de los pligos de firmas era dirigido a los gossos de quadra para aádir un comentario: ¿Has pensado las consecuencias de tu tol? ¡Cambia de oficio! Escribí cuyando firmñé olvidando añadir: eres la escoria social.