La manipulación del ocio

Escrito por jesusricartmorera 20-11-2011 en General. Comentarios (0)

La manipulación del ocio y la preasignacion de los roles masculino-femenino.JesRICART Cáceres25abril2011

La industria del ocio es esto: una industria, un sector industrial con multitud de empresas que comparten el interés en copar un mercado floreciente: el de entretener al personal en sus horas tras las búsquedas de placeres sensoriales (desde visuales a táctiles, gastronómicos y olorosos).  Las discotecas y pubs para tomar copas y escuchar música generalmente a  niveles decibélicos que la hacen poco asimilable forman parte desde hace décadas de un boom floreciente de formas de explotación de la sensualidad.

Dentro de los muchos detalles de división y discriminación de roles está en este submundo de la noche por llamarlo de algún modo, el detalle de dejar entrar gratis a las chicas y hacer pagar la entrada a los chicos en esos locales para el flirt. El hecho  no es de ahora, viene de muy lejos. Las chicas claro están, aceptan su rol de objetos visuales de reclamo para que sean ellos los que pagan convirtiéndose asi en socios instrumentados por el managemet del local. De todas las reivindicaciones feministas no sé de ninguna en ninguna parte que reclame el derecho a ser tratada la mujer  igual que el hombre, es decir que pasen por el pago de taquilla. ¿No sería más razonable que en lugar de que ellos paguen el doble pagaran tanto ellas como ellos la mitad?  Por supuesto, pero las unas se aprovechan de la situación y los otros son demasiado machos (falsos adinerados) como para regatear cantidades. La anécdota nos retrotrae a un panorama de desigualdades evidentes o sutiles en las que la sociedad sigue invirtiendo a pesar de los discursos públicos sobre la igualdad.

La cosa no acaba en el pago/no-pago de taquilla según la anatomía que se tenga sino en la predisposición a ellas en competir por todo: desde la miss camiseta mojada a las chicas subastadas y la predisposición de todo el conjunto a participar de esas pamplinas.

Todo es una performance de bastante mal gusto a la que se sigue subscribiendo una multitud  juvenilesca que no encuentra otros lugares donde divertirse de una manera más natural y más barata. No han faltado tentativas de movidas alternativas fuera de los locales de pago pero las suciedades que han generado y el reproche social derivado no han terminado de ser consolidadas.

La cuestión es tan simple como ésta: durante una época de vida, la de los sondeos interpersonales y tanteos, las discotecas cumplen la función de grandes zoos humanos donde ir a mirar y ser mirados, donde tentar las primeras aproximaciones a la sensorialidad y a las conquistas. Lo de menos es la música. Las bebidas alcohólicas y algunos alucinógenos preparan las condiciones para el flirt. No siempre el conquistador termina por ser un sujeto enhiesto por exceso alcohólico en el caso de conseguir hacerse con una dama de la noche para írselo a montar en el parking de al lado o, si hay pasta, en el hotel más próximo, ni siempre la dama resulta apetecible después de toda una noche de espirituosidad alcohólica pasando por su gaznate y de ir muchas veces al lavabo, algunas para vomitar. Sea como fuere, los industriales del ocio hacen pasar a todo ese sector de edad durante unos cuantos años de su vida por esos espacios “de perdición” para malgastar una gran parte de su tiempo por no hablar de su pasta. Evidentemente pasan por ellos porque la muchachada se presta a ser cómplice de la contaminación acústica (el arte musical a menudo queda fuera). Es el management que administra el zoo humano en su etapa de aproximaciones relacionales cuando las primeras parejas se hacen o se prueban.

Las pautas de relación entre ellos y ellas en esos lugares (¿se pueden seguir llamando antros?) quedan prefijadas por un principio de discriminación que ya se viene perpetuando desde edades anteriores entre niños y niñas y se seguirá perpetuando en edades posteriores entre hombres y mujeres. Es llamativo que el feminologio reclamante cuando habla de igualdad de oportunidades sociales para hombres y mujeres no centre su mirada en esos espacios pidiendo un trato equivalente entre chicos y chicas. Claro que eso dejaría en la incógnita  lo del funcionamiento de  ideas como la  de chicos subastados, la de míster pene elegido por el de mayor longitud o la del eyaculador mas demostrativo siguiendo los concursos casanovanos de la Venecia liberal.

Al margen de los intereses economicistas de un empresariado que viste los locales de la noche con contenidos de mal gusto la cuestión es que sí hay una desigualdad natural, fisiológica y química entre hombres y mujeres, según la cual la pulsión del deseo se experimenta de maneras diferentes. Todavía siguen siendo más ellos en lugar de ellas los que toman iniciativas de aproximación epidérmica y otras iniciativas como invitar a copas, al restaurant o a salir. Son más ellos que ellas las que compran antes sus primeros coches (aunque se hipotequen hasta las cejas) y las sacan a dar a vueltas. El rol de los chicos es el de demostrar muchas veces lo que no tienen y lo que no son capaces de alcanzar, pero que están obligados a simularlo si se quieren comer un rosco. Por su lado las chicas ponen las formas y se visten ad hoc aunque sea preparándose el look durante hora y media antes de salir a la calle. En definitivo se configuran como objetos de deseo más que como sujetos deseantes siendo ellos  deseantes manifiestos sin dejar de ser objetos de deseo por ellas.

A la desigualación natural de ambos hay que añadir la desigualación cultural. Ellos pueden ser muy ordinarios pero expresan su deseo, pronto y rápido piropean y tasan la esculturalidad circulante del momento, a ellas les cuesta más manifestar ese tipo de literatura sensualista aunque en el fondo deseen lo mismo. Puesto que los industriales del sector conocen esa realidad y la cultura de la igualdad (la de oportunidades, la de derechos) tiene más de demagógica que de real deciden que sean los hombres los que paguen y ellas las que se dejen pagar la parte correspondiente.

Estos años de tanteos de otros teniendo necesidad de buscar el ocio en su industrialización terminan por ser superados cortando radicalmente con estos espacios. Un dia, uno/a cambia ir a las discotecas por ir a salas de conciertos y los espacios de estruendos por los que permiten la comunicación relajada. De toda aquella tapa de boom sensorial quedan unas cuantas neuronas que siguen haciendo  chispas dentro de la caja craneana porque no se han recuperado del susto.  El ser adulto no necesita pasar por tantas tonterías especialmente cuando ha averiguado que el mayor placer entre dos o más se hace en espacios más relajados y tranquilos donde el ocio vuelve a ser recobrado como una elección privada y personalizada. Entretanto si uno/a no concibe sus ratos de placer fuera de estos locales levantados y pensados para la caza de presas sexuales y va a continuar acudiendo a ellos por el resto de su plazo biográfico dedicado a esos roles, puede luchar en contra de la discriminación de ellas y de ellos pero mucho me temo que esa campaña no se hará y está condenada al fracaso. Y lo está por dos cosas: porque la iniciativa no puede salir de ellos por temor a que se les presione con la crítica de rácanos y por parte de ellas aun saliendo la iniciativa de las mujeres chocaría con su predisposición al exhibicionismo en estos lugares, fenómeno pseudocultural poco reconocido pero no por eso sumamente importante en la formación de correlacionarios humanos.

La muchachada harta de pagar excesos tiende a buscar otros espacios de relación: los espacios abiertos y públicos o son. No se entiende que las autoridades locales no instrumenten algo tan sencillo como wc portátiles y públicos y garantice el vaciado así como containers para basuras ahí donde determinados días se produce mayor cantidad de ellos. Los esfuerzos en control social gastando en coches y en uniformados para ir a controlar esas áreas podrían ser complementarios en un gasto racional en la mejora de los espacios públicos y en la educación ciudadana. Se ha estigmatizado el botellón (otro término periodístico mas para gravar comportamientos humanos) como si todo el mundo que fuera a hacer picnic nocturno y bailar usando un cd en el equipo de música de su coche se dedicara a tirar cristales. ¿Por qué no acondicionar infraestructuras en desuso para permitir a la muchachada que se desfogue y se monte sus orgias acústicas (y/o sexuales llegado el caso)? Respuesta: porque todo lo que no sea facilitar negocios que esquilmen a los consumidores y de los que sacar tajada en forma de impuestos directos a los gobiernos locales no les interesa promocionar.

Posiblemente eso ya ha sido dicho y no es nada nuevo, lo que falta como novedad es la autogestión social en contra de la industrialización del ocio alienado tal como está y en contra de los conceptos de división que siguen imperando. Andre Gide decía que. “todo ha sido dicho, pero como nadie lo escucha, hace falta volverlo a repetir continuamente”. Espero que no sea tan exacta esa declaración y que los argumentos circulantes correctos encuentren ecos que los re expandan a su vez y así las ideas para mejorar la vida social se vayan extendiendo.