FLUENCIA TRANSCULTURAL

La élite ineludible

Escrito por jesusricartmorera 24-06-2012 en General. Comentarios (0)

 

 

La élite ineludible.JesRICART

El cántico contra los dioses, los reyes y los tribunos tuvo una importancia no solamente política sino también psicológica al centrar las energias y las confianzas en la potencialidad de la sociedad, en las gentes de las bases, en las personas corrientes, en el uno mismo en alianza con los demás. Hasta ese momento, para la historia y para los historiadores quiénes figuraban como personajes clave para los acontecimientos eran los insignes, los nobles, las figuras de abolengo, los nombres de la realea, los ministros religiosos, los jueces, los hombres del poder político; a partir de entender que la realidad se hacía con los brazos y colaboraciones de millones de personas y que cada paso de la historia no había sido autorizado sin su apoyo y consentimiento la perspectiva cambió, las noblezas empezaron a ser superadas y se concibió una noción revolucionaria: superar la necesidad de una clase dirigente y no tener que suplicarle nada para poder vivir bien y en paz.

 Desde entonces, el discurso a favor de una sociedad igualitaria y sin clases se va pasando de unas generaciones a otras y la revaloración del ser individual como origen y destino de la libertad maximizada complementa ese discurso a favor de la felicidad.   La lucha por la libertad por suprema que sea esa perspectiva no dejaria de ser un medio para alcanzar el aún mas supremo de los bienes: la felicidad algo que para conseguirla enteramente además de de tenerla como objetivo y voluntad individual requiere del concurso y aceptación de la sociedad para no restringirla. Es ese doble parámetro que une la felicidad individual a la perspectiva de la felicidad colectiva lo que regenta todo lo demás: la lucha por los derechos básicos, la lucha por la libertad maximizada y evidentemente la lucha por la justicia y la igualdad social de oportunidades.  

En ese macroproyecto en el que con más o menos ahíncos unos porcentajes más o menos significativos de cada generación pelean se pone en evidencia las distintas maneras de combatir por todo ello además de las distintas interpretaciones militantes, sociologísticas, parapolíticas y politizantes, radicales o reformistas. Nunca ha habido una sola manera de luchar ni es matemáticamente posible la unanimidad absoluta para decirla (otro asunto es consensuar la tesis considerada como mejor o la tecnica de presión aceptada tácticamente como la más apropiada a una coyuntura). En ese proceso común y heterogéneo de militancias y luchas (un multiproceso, pues) cada cual desde su puesto o puestito hace lo que puede o como puede aliándose a una voluntad  social difusa y a un clamor general para cambiar el estado de las cosas o la  situacion del país. En la diversa estela  de participaciones hay tantas y de tantos tipos que la metodología crítica no necesita empeñarse en liquidar las menos correctas (si alguien hace de perfectum para distinguir las que lo son de las que no lo son)  sino en encontrar la sinergias y maneras de cooperaciones mutuas tras unos ejes vertebrantes paa que nos den fuerza objetiva sin perder las energias en disensiones internas.

Ciertamente, los mismos movimientos sociales terminan por generar estructuras y modelos demasiado semejantes a aquellas realidades contra las que se levantan. La lucha contra el elitismo de las clases dominantes y de sus sectores más privilegiados no evita que a su turno ese movimiento acuda a nombres de marca o figuras-estrella para que sean los ponentes atrapagentes o busquen con ceño sus firmas de adhesión para que apunten al carro de la protesta a los indecisos. Eso no se desmarca, aunque los detalles del anuncio varíen, de lo que han hecho numerosas marcas comerciales para vender sus wiskies, perfumes, ropas, coches, joyas  o lo que sea contratando a famosos para que los publiciten.

Los manifiestos de los intelectuales y académicos y artísticos que por una curiosa razón terminan teniendo por comun denominador no tanto sus trayectorias profesionales, ni siquiera sus ideas sino la condición de sus famas y sus apariciones intermitentes en los medios de comunicación cumplen una función a veces más decorativa que referencial para los hitos de los movimientos reinvindicativos. Lo vimos con el compromiso y el uso de u nescenario público de galas y fatos por lo de la oposición a la invasión de Irak, lo hemos visto en otras muchas ocasiones. Pero la cara-pública no sustituye en absoluto ni nunca los millones de rostros anónimos diluidos en las calles urbanas de cada día y que no tienen acceso a pantallas y paginas multireprografiadas. Eso irá cambiando y un día la condición del anonimato total ya no será sostenible por nadie porque poco o mucho a lo largo de su vida su imagen y sus opiniones serán o podrás ser conocidas por todos los demás acudiendo al archivo general de los recursos de conocimiento y memoria colectiva. Entretanto no llegue eso seguirá habiendo gente interesada en autopromocionarse como individuos-clave para las efemérides sociales o para las cúspides organizativas y otrs que necestarán encumbrarlos y promocionarlos. Los unos y los otros demuestran que la necesidad de tener figuras públicas quehagan de portavoces remite a una necesidad psicológica de reparentalización o lo que es casi lo mismo a una debilidad evidente por aceptar el valor de las cosas y de las ideas y de las demostraciones por si mismas sin necesidad de que uno nombre las apoye, las valide o las propague. Cuando se necesita un nombre de marca para hacer más creible una tesis en el fondo es que la demanda de eso sale de la postura obediente de la manada que necesita que un liderazgo le ilumine el camino. Ese solo hecho contradice la singularidad del pueblo en marcha y su hipotetica no necesidad de tribunos.

El ideal de sociedad autoorganizada en la perspectiva de una comunización cooperativa de recursos y bienestar no podrá caer como ha sucedido en todos los modelos historicos conocidos en una división entre los gobernantes y los gobernados, los que mandan y los que obedecen. La figura de poder pública tendrá que ser cuestionada en su condición prácticamente vitalicia haciendo de su rol ejecutivo algo parecido a un secretariado social transitorio y delimitado. Si eso puede tener rango de principio-eje para concebir la estructura política de un sistema de futuro en el que el ejercicio político no sea tomado como un oficio sino como una funcion representacional de temporada ¿cómo no empezar a resolverlo en el seno del asamblearismo y de los cientos de organizaciones cívicas y reinvindicativas que en sus senos reproducen roles de poder y de supeditación?

Las luchas sociales son diversas y van surgiendo y rugiendo con arreglo a las injusticias y agravios en multitud de sectores de una sociedad. Ni todas pretenden o conciben el futuro de manera igual ni existe una organización polarizadora de todas ellas. Según de qué movimiento se trate se tiene una perspectiva histórica de mayor alcance o se limita a resolver las problemáticas de un coyunturalismo circunstancial.  No confundiremos la escenografía de un movimiento por la cantidad de gente que sale a la calle y la ocupación continuada de los espacios neurálgicos publicos con su supuesta radicalidad, lo que determina si un movimiento es o no revolucionario no es la cantidad de manifestantes que se sumen a él sino los contenidos de radicalidad transformadora de los que se dote.

Desde la segunda década del 2000 aún concurriendo movimientos coincidentes de importancia crucial en países de distintos continentes  predominan los objetivos de reforma a los de la revolución. El dilema reforma-revolución es un hueso roído y raído, viejo conocido de la teoría política y recogido por los anales de la historia en diferentes contiendas. Ni siquiera los objetivos de persecución criminal contra los defraudadores y los responsables directos de una crisis económica de una envergadura importante es en si mismo un objetivo revolucionario como tampoco lo es el griterío pidiendo soluciones a los mismos que han formado parte co-causal de los problemas. Son actos de protesta importantes pero distan de formar parte de un proceso revolucionario que prevea unaestrategia hasta sus ultimas consecuencias. Ni siquiera la toma del poder de una manera violente en lo que se dio llamar revoluciones con fechas reconocidas de esas tomas reran revoluciones, estas no se dan por ciertas y acabadas cuando el cambio de poder de unas manos a otras sirve para inaugurar una nueva época de participaciones y recreación del humanismo delas gentes lo que las lleva a ponerse envalor de equivalencia al de utopía.

En esa llamada a cambiar las cosas nadie queda fuera del auditorio y cada cual decide cómo, dónde, en que circunstancias y con quiénes participar.  Mientras se van dando los procesos de lucha la socialización del conocimiento, la praxis de las experiencias y las sintonías entre participantes van variando lo que da lugar a distintos grados de compromiso o entrega. Es lógico que quienes se impliquen más en una realidad determinada en la que se organiza la palabra crítica  (asociativa o asamblearista) destaquen y terminen siendo, a su manera, un nuevo registro elitista. La lucha  anticapitalista mas que levantarse contra las élites por tener puestos destacados lo hace contra una estructura que ha favorecido que la idiocia y la negligencia se alien para tomar los puestos del poder a cambio de beneficiarse de sus cuentas económicas (tampoco son tan tontos). La critica no es la diferencia cuando esa diferencia es legítima sino cuando alguien se aprovecha de ella desde su rol de fuerza para aplastar a la de quien  siendo distinto carece de la suya para defenderse.

En la lucha por un mundo mejor, igualitarista y justo, digno y habitable, equilibrado y ecologicamente seguro, el enfrentamiento no se limita a los que están “arriba” en los privilegios y dominios de sus respectivos paises sino contra toda clase de actitudes reproductoras del clasismo y de las injusticias, actitudes que también están “abajo” y paradójicamente en las mismas organizaciones de lucha. Uno de los caballos de batalla continuados, troncalmente regulares a lo largo de todas las épocas es el ejercicio de la libertad de expresión con todas sus consecuencias, algo que no acaba de ser encajado siempre ni siquiera por quienes la reclaman desde sus propagandismos y agitaciones. No en vano esa li bertad de expresión fue desesencializada al confundirla con la opinión pública y ésta con la libertad de prensa, a la cual también Corazón Aquino se  precipitaba conundiendo co,mo la participacion popular en las decisiones gubernamentales garantizando la democracia. Como sabemos  el elitismo periodistico junto a otros elitismos (los academicistas, los gremialistas y los de los oráculos financieros) no solo no garantiza la participación social sino que la amordaza cortando lasvías directas para que el gran opinatorio llegue a todas partes.

En las luchas generales, las habidas y las que nos esperan y les esperan a nuestros herederos (en parte de nuestras ideas pero con toda seguridad de la totalidad de los espacios y recursos que les dejemos) la imagen de millones de individuos tomando calles y manifestandose no puede ocultar el hecho de que tras cada una hay una persona que deberia constituirse en pensante y reflexionar por si misma más allá de cada eslógan del momento. El peso específico de la importancia  de un ser humano no es igual al del otro pero la capacidad así como el sufrimiento  ajeno nunca dejan de ser referentes comparativos para el propio. No hay nadie que quede fuera de la gran convocatoria para cambiar de verdad las cosas por la vía de una gran alianza social para hacerlo.El panorama de individualidades desiguales, aún perteneciendo a conjuntos o subconjuntos poblacionales marcados por el padecimiento, por la represión, por los límites y por la falta de perspectivas de futuro, da y seguirá dando nombres concretos y caras conocibles y reconocibles, cada una con su contribución específica diferencial. Cada una de esas colaboraciones a favor de un mundo limpio de antihumanismos va a contar si queremos creer en el realismo de tal perspectiva.

Por eso lo grave de la élite destacada no es que lo sea (siempre las ha habido y siempre las habrá) sino que lo sea a costa de impedir a otros su propia significatividad particular, su diferenciación, su eliticidad. No así con la clase social dominante y las castas privilegiadas que lo son a costa del expolio de las otras que tienenbloqueado el acceso a la decision de sus destinos. Evidentementeel concepto élite tal como lo manejo no incluye la propiedad de dominio político o económico, pero sí puede tener el de dominio de un conocimiento de cuyo acceso no priva a nadie.

Autoría y Arte

Escrito por jesusricartmorera 23-06-2012 en General. Comentarios (0)

Autoría y Arte. Los derechos de propiedad ante los préstamos de la naturaleza JesRICART

 Mientras los humanos vienen dedicándose a los litigios desde que son humanos en relación a los recuros de los que disponen y las propiedades que amasan, las leyes de la naturaleza siguen ejerciendo imperceptibles su dominio del mundo de lo conocido y de lo desconocido. ¿Qué dirían los árboles y los animales, las piedras y los musgos, el agua y los metales si se les acercara un micro y se les preguntara sobre qué opinan de todas esas disputas de las gentes para otorgarse la propiedad de ellos? Por suerte para los humanos no hay nadie tan iluso como para hacer eso y para suerte de todos los animales no hacen protestas políticas (salvo en la granja orwelliana), la vegetación asume como puede los cambios climáticos, las migraciones animales han cambiado sus ritos tradicionales y las especies  biológicas van desapareciendo por el empuje antiecológico y criminal de la raza humana contra la casa que habita.

Dentro de quienes toman testimonio de la extraordinaria belleza de las especies y las llevan a la horizontalidad de las imágenes, a las fotos y a las pinturas, al cine y a las representaciones artísticas de distintas clases, la tendencia dominante a apoderarse de aquello que han tomado es notoria. Choca la sensibilidad artística en captar imágenes de la naturaleza o a sentirse inducido a crear su obra imaginativa con esa misma sensibilidad subordinada a su practicismo comercialista. Pronto y rápido cada autor pone su firma en aquello que ha hecho y advierte a los demás (por la vía de los protocolos de registro y de parentalismo de aquello que ha creado) que lo suyo no puede ser copiado. Al inicio de la exposición del fotógrafo Helgi Skúlason  que visité en el rúdhús de la capital islandesa  leí su advertencia de que no se fotografiaran sus fotografías. Bueno, son suyas, tiene derecho a pedirlo, ¿o no? Voy a tomar posición por el no, de paso que declaro deberle la siguiente reflexión que voy a  escribir va más allá del hecho expostivio de un autor de lo suyo para extenderlo a la relación conflictiva que existe entre autoría y arte según lo que inmediatamente trataré de demostrar. Si un autor, como en ese caso, de unas fotos tomadas de elementos de la naturaleza pide que no sean refotografiadas a su vez sin dar razones aunque presumiblemente para que nadie se las pueda llevar consigo en otros soportes que no sean el de su memoria biológica está optando por una prerrogativa un tanto contraria a la misma justificación artística de esa exposición. El fotógrafo está indicando que si quieres fotos  o se las adquieras o hagas tú las tuyas en los lugares de las que él sacara las suyas. Si no hay un trazo igual a otro tampoco hay una imagen igual a otra y las maneras de captarlas (incluso con la sofisticación de la aparatologia mas adelantada) son muy personales, por mucho que las herramientas informaticas permitan hacer milagros. ¡Concedámoslo! El autor toma de la realidad esperando las luces oportunas o los momentos más inspirados una multitud infinita de formas que sacan exlamaciones de ¡auh! a quienes las ven en tanto que expectadores. Hay formas llevadas al rectangulo de la foto o de la pintura que no son dadas conseguir para la mayoría de mortales que somos patosos y torpes. El autor se reclama dueño de aquella creación que ofrece, entendido. A su turno las alcas, los alcatraces, los petreles, los pájaros bobo o las golondrinas árticas se miran el asunto sin la menor perplejidad, no piden sus derechos de autoría por haber “posado” para quienes han tomado (copiado en definitiva) sus poses y trasladadas a una galería de exposición tras los convenientes retoques.

Aceptamos habitualmente que la condición autora es la de creante y que arte y creatividad son prácticamente sinónimos pero a la vez hemos de reconocer que no hay absolutamente ninguna creación de la mano humana que haya partido de cero y que todo arte está concatenado con un encadenamiento de procesos artísticos anteriores hechos por otras autorías.  Se decide demasiado a la ligera el creante o el artista se considera dueño y señor de aquello que aporta al cuadro o a la forma en la metodología y técnica que sea olvidando demasiado pronto que no es mucho más que un intermediario o un puentre entre la naturaleza y el público.

De los derechos de autor que cobra un autor creativo en principio en el género que sea un porcentaje de sus impuestos deberian destinarse a la compensación para reinvertir en el cuidado de aquellos lugares de los que se ha valido para ofrecernos imágenes o sensaciones sublimes.  La genialidad artística por elevada que sea está en deuda con la no menor genialidad del mismo hecho de la vida planetaria y de sus variadas e impresionantes formas de vida y de vida de las formas.

Artistas o no, de la naturaleza los humanos estamos en calidad de usuarios viviendo de prestado de todos los recursos que ofrece siendo el placer de la vista al tomar nota de sus bellezas otra vía recursiva más.  Para una posición naturalista consecuentemente defendida, la vida en toda su multivariedad vive sin tener que preocuparse de los reconocimientos particulares de cada lugar y de cada  brizna de vida, un conjunto armónico de toda la biodiversidad proporciona un equilibrio natural dentro del aparente caos. Son los humanos los que necesitan poner por escrito y por ley lo que les pertenece y corresponde a cada cual discutiendo por territorios y elementos que antes de a ellos ya pertenecían al reino animal. 

El instinto de posesividad y de territorialidad es genetico y ancestral, el ser humano se ha sumado a ese principio no lo ha inventado en absoluto, ese es el caso que no ha marcado una diferencia con respecto al comportmamiento de los animales en relación a su hábitat. Lo que ha hecho además el ser humano a parte de clavar su estaca en el suelo marcando las lindes de su propiedad es marcarlas también para practicamente todo lo que hace. La autoria personalizada es esencial para que nadie se atribuya lo que haya sido creado por otro pero pretender con esta autoria impedir su divulgación o reproductividad es tanto como oponerse al placer del objeto artístico. De momento estamos de suerte,  aun nadie cobra por mirar en los estanques como las aves alzan sus vuelos o como los sauces imponen sus imágenes de relax en parques.

Dejarse ayudar ¿A qué precio?

Escrito por jesusricartmorera 23-06-2012 en General. Comentarios (0)

Dejarse ayudar ¿A qué precio? JesRICART

  Hay dos conjuntos de  posiciones completamente  opuestas  en relación al tema de  la ayuda; el uno, con toda una gama de subconductas,  que la busca y acepta  y el otro,  que  ni la pretende y, cuando la recibe, la rechaza. Ayudar, el hecho de ayudar,  ha formado y sigue formando parte de las acciones humanas indispensables para superar límites y conseguir resultados. (antes la gente se ayudaba a construir sus casas cumpliendo el vecindario una cooperacion fundamental en eso, hay poblados tribales que aún lo hacen). En una definición extremada de lo que es la ayuda se puede extender a toda clase de acciones humanas para beneficiar a otros congéneres que no pueden proporcionarselas a sí mismos. De esta manera estamos incluyendo la práctica totalidad de registros activos incluidos los del mundo laboral y productivo. En una definición factual más implícitamente consensuada por ayuda entendemos la acción desinteresada (no remunerada) de quien la da a favor de quien la recibe de la cual éste depende para salir de un impasse determinado. En realidad el aspecto económico no es lo que determina lo que sea ayuda o no. Hay gente que ni cobrando acepta hacer determinaas cosas para no extralimitarse dentro de su oficio o por los riesgos que le supone. Hay ayudas indispensables siendo secundario incluso si se tienen que pagar (los rescates de avengtureros que quedan atrapados en sus travesias mal preparadas o demasiado temerarias en algunos paises son facturadas por las autoridades de proteccion civil que han de hacer un so breesfuezo para ellos) cuando es la vida la que está en juego.

Comúnmente la ayuda es entendida como la ayuda desinteresada, el altruismo solidario y la entrega de una energia sin esperar nada a cambio. De hecho es prácticamente imposible que una acción de ayuda no desencadene alguna clase de expectativa de devolución aunque pueda ser en un diferente registro.Un tipo de  intervencion de ayuda en Africa durante siglos tuvo por contrapartida la extensión del catolicismo acabando con espiritualidades animistas locales.  Incluso en el caso mas puro de una ayuda totalmente desinteresada hace sentir bien, tal vez más, al que la da que al que le recibe. De acuerdo con el principio de que todo lo que sucede en la naturaleza pasa por la sinergia y todo son transacciones, las ayudas unilaterales se ajustarian también a esa ley de pronóstico.

Si todo es transaccion quien se acerca a ayudar al tipo desarrapado, sin cobijo, indocumentado, sin salud, sin amigos y tal vez en las últimas debe estar recibiendo algo a cambio. ¿qué? Por lo pronto recuperarlo como un igual en el sentido de devolverlo o integrarlo a la sociedad, homologarlo. Despues de siglos de intervencionismo de ayudas de los países ricos a los países pobres y la perpetuación de las desigualdades (aunque ultimas las economias emergentes han demostrado que hay otras formas de desarrollo distintas a las metodologizadas por las primeras potencias) el mismo concepto de ayuda es el que está en crisis. No es posible ayudar a nadie si no quiere ayuidarse a sí mismo y por otro lado, lo que para unos es considerado ayuda para otros puede ser no admitido por considerarlo como intrusionismo, paternalismo y manipulación.  Los estudios sobre las ayudas enviadas a paises necesitados tras catástrofes revelan detalles del trafico que se ha hecho para la venta de los productos donados. A escala individual hay tipos rescatados o intencionalmente rescatados de sus miserias y marginalidades que vuelven a ellas a pesar de despuntar un poco para remontar eso, sea por alcholismo u otras drogadicciones. La tesis de la conexión de la indigencia y de la falta de higiene mental es una posible causa, pero hay más.

El concepto de ayuda es manejado de una manera  u otra según si se ofrece o se recibe. Como criterio general, toda ayuda unilateral que no crea un pacto de compromiso para su devolución a la sociedad  por la persona ayudada termina por crear una bolsa parasitaria y un problema de conexión pero ¿con qué ética quien ayuda puede exigir de la persona ayudada  a que le devuelva a modo de inversion solidaria lo que le ha dado, especialmente cuando esta no pedia la ayuda? Hay un orgullo nato que rechaza la ayuda de todo tipo en quien asume voluntariamente su eleccion de pobreza o su cruz existencial.  A escala de grupos étnicos la dependencia de las ayudas extranjeras lejos de contribuir a la superacion de sus impasses momentáneos los cronificaron.

Para que haya ayuda tiene que concurrir la demanda cuando menos implícita ya que no todo el mundo quiere ser ayudado ni todo el mundo puede ser ayudado. Con el camelo de que se necesita ayuda muchos usan lo recaudado para seguir pagando sus adicciones, por ejemplo o su tren de despilfarro(¿Es posible que haya homeless que puedan llegar a gastar y despilfarrar mas en cuanto tienen dinero en mano que quienes llevan una vida organizada y socialmente integrada? Pues por paradójico que sea, sí, es algo posible). Lo cierto es que la demanda desde la solidaridad de que la gente ayudada se compore de acuerdo a la previsión de unas expectativas sean las de comulgar con las creencias de los que ayudan o sea la de aceptar un pacto de ingtegracion social para comportarse como los demás, ocasiona no pocas consideraciones éticas. ¿es ético ayudar a cambio de que uno cambie su estilo de vida? ¿Hasta que punto uno puede intervenir en la vida de otra persona por mucho que aparentemente parezca necesitarla  por no comer, no lavarse,  no cuidarse, no hacer nada? Ese intervencionismo auxiliar tiene cobertura ética en tanto la intervención es determinada por la coexistencia social. El vecindario decidirá intervenir en el apartamento del vecino del cual salen ratas por su síndrome de diógenes o el pasajero se levantara sin un maloliente se sienta a su lado o el del bar no aceptará la entrada en el establecimiento de gentes de apariencia sucia que incomodorán a los demás. Las autoridades por su parte recogerán de las calles a la gente que no se sabe valer por si misma y ocupan espacios que imposibilitan la viabilidad de los demás transeúntes. En casos extremos estas ayudas e intervención emergente quedan mezcladas como autoayudas que la comunidad necesita hacerse consigo misma para ponerse a salvo de los peligros para la salubridad publica de los individuos infestos. ¿qué decir de los mismos individuos que optan por autoexcluirse de la sociedad y buscar sus retiros en zonas no habitadas? Sus elecciones siendo las mismas que los que lo hacen pero no renuncian a ser urbanitas no crean el impacto que estos, ni hieren las miradas las ajenas ni ocupan el espacio por el que puedan pasar cientos o miles de personas por hora. Si las condiciones de exclusion social son las que son como consecuencia del rechazo de los demás y eso produce un impacto de autodisiminucion psicológica considerable cayendo en la mas absoluta debilidad mental y de la voluntad, la intervencion de la ayuda es de un tipo y tiene que concurrir a pesar de no ser solicitada ya que no todo el mundo se atreve a pedirla porque equivale a explicitar el estado al que ha llegado; si lo que sucede es que no h ahbido esa heteroexclusión sino una autoexclusión, lo que para una mirada caritativa externa es una imagen que necesita ayuda para quien detenta tal imagen es una opcion libremente asumida de vida, siendo en este caso lo que para uno es un gesto de ayuda para otro puede serlo de insulto o de humillación. Como que los actos de humillación concretados en comprar a la gente o comparle sus sonrisas o favoritismos es algo tan generalizado en el sistema (la reminiscencia de la propina es un gesto que así l oconfirma) ayudar puede convertirse en una especie de deporte. Si la imagen del limosnero a las puertas de los templos o tirados en el suelo de algunas calles da el dato de  un visible índice de degradación  de una ciudad, la imagen de quien se acerca para darle una moneda o un billete de curso legal (no medio billete como se quejara un cómico circense a bordo de su escalera  en Reykiavick haciendo un gag a la hora de la colecta)  no es menos deplorable. Ambas imágenes se han convertido en tópicas en las grandes ciudades en las que además de expresar la furia de la sociedad competitiva y de un sistema social en el que se valora a la gente por lo que tiene y no por lo que es tambén habrá que convenir que la prototipicalidad del perfil de un limosnerismo o de una marginalidad es el resultado combinado y elocuente tanto de la marginación como de la automarginalidad. Es posible que haya un punto de no vuelta atrás en una fase de marginalidad adelantada en que el divorcio se ha consolidado no solo con las posibilidades materiales de una vida más ordenada y limpia sino también y sobre todo con la gente: ningun contacto con la familia de origen si se la conoce o ningun contacto amical. Posiblemente el propio autoexcluso pase por momentos biográficas de serias dudas de lo que es: si un poeta genial que no puede contaminar su pureza encontacto con los demás mortales viciosos y vendidos al sistema o un tipo que no sabe valerse por si mismo para vivir una vida más  creativa. La opción de la automarginalidad voluntaria como paradigma de la libertad no tiene porque pasar por la indigencia y desde la posición de los protocolos de reinsercion y los profesionales de la ayuda social (tambien la de los espontaneos solidarios y caritativos) para ayudar tiene que concurrir la voluntad expresa de la persona que necesita objetivamente ser ayudada y coherentemente su compromiso de no volverla a necesitar, de otro modo obligarla a recibirla atenta a ella como persona juridica y autónoma. Es por eso que para un tipo de intervencionismo en vidas ajenas en contra de sus voluntades antes es necesario declararlas legalmente incapacitadas. Desde la posicion marginal-excluso (mas que desde su punto de vista expresamente expuesto)  si la ayuda pasa por pagar el precio de la libertad (o de su interpretacion particular de lo que es la libertad) prefieren la calle, la inclemencia, el malestar y su adhesion a esa imagen tan prototipica y repetida en las grandes ciudades de esos individuos que han hecho de las calles bien puestas sus intervenciones contrapuntísticas para que no olvidemos que son excrecencias vivas de nuestro mundo. Desde la posicion humanista no siempre es posible la ayuda y en particular no lo es cuando lamejor ayuda no es de tipo material sino de carácter psicogterapéutico. Esta, de ser implementada, podría servir para reducir cuantitativamente el fenomeno pero no para liquidarlo ya que el combinado heteroexclusión-autoexclusión lleva siendo una constante desde hace siglos y bajo la etiqueta de muchas autoexclusiones tambien estan las de las personalidades que no quieren saber nada, absolutamente nada, con el colectivo humano y no tan solo con el sistema social de turno.