El habla sentencial.
El predicado simple corre el riesgo de caer en las grandes afirmaciones o en las grandes negaciones universales, ambos obsoletos, para la existencia fluyente de contradicciones y de estados y situaciones de continua variabilidad. Dar espacio gramatical a las variables es dar permiso a sintaxis más complejas y a extender el espacio gráfico de las definiciones. La definición al completo -en el sentido de una conclusión constante- pasa por una elaboración y ésta por una cierta cantidad de afirmaciones intermedias y de insinuaciones hipotéticas. Toda elaboración honesta pasa por la reelaboración continua. Eso da lugar a una simulación de juicio categorial que nunca se puede sostener definitivamente para todo tiempo y para todo espacio.
El habla sentencial va en contra del mensaje criterial y axiomático. Adquiere una apariencia de impositividad por la totalidad incisiva que desea representar. Los oyentes, o la comunidad de habla, prefieren construcciones gramaticales que empiezan con conjugaciones en condicional: podría ser, deberíamos actuar, tendríamos la probabilidad,... que no con aseveraciones será, actuaremos, tendremos,...Prefieren las construcciones de estilos tentativos u opinativos que las afirmaciones sin equívocos: yo creo, nosotros pensamos, nuestra opinión es,...en lugar de las afirmaciones que no son edulcoradas como opiniones subjetivas sino expresadas a manera de contundencias objetivas. Evidentemente no hay una objetividad que se manifieste como tal de una manera neutral. Solo contamos con sus intérpretes. A mayor número de ellos consensuando algo es posible la sentencia exacta que es la expresión gramatical de una fórmula física o matemática: n=n y sólo a n. Fórmula cuya admisibilidad abstracta puede tener una traducción no consensuada. El sujeto A es igual a sí mismo y sólo a sí mismo. Juicio que discutiremos en su formulación, dado el conglomerado de variables que integra al sujeto en cuestión y una parte de éstas mimetizadas de otros sujetos que no son él. Claro que podemos decir que Johni es igual a Johni y a nadie más y el espacio volumétrico que ocupa Johni no puede ocuparlo nadie más en el mismo momento que él. Sin embargo, la ecuación de igualdad a sí mismo deberá precisar unas premisas de encuadre. Johni es igual a Johni en el mismo momento y lugar en el que sus constantes físicas y mentales no son alteradas. Pero Johni no es una unidad, no es un solo objeto invariable en su forma, es un sujeto que contiene varios objetos o artefactos en su mecanismo. Eso le quita la condición de ser uno en el sentido de indivisible para ser un pluricompuesto divisible. Un individuo es un compuesto lo cual significa un contrasentido. Habrá que acudir a otro rasgo teórico para reteorizar el sentido de la unidad y como éste en cada una de sus expresiones contiene esencialmente la pluralidad. El átomo contiene un conjunto de partículas que la forman y la indivisibilidad de éstas no indica que sean internamente homogéneas. Matemática 1=1 pero 1A no es igual ni puede ser igual a un 1B. Cada vez que junto a la expresión de la cifra numérica hay un sustantivo que hace referencia a una materia la igualdad se rompe, incluso en el caso de que tal referencia sea al mismo género o clasificación de objetos. Así 1 bicicleta no es igual a 1 coche y que 1 manzana noes igual a una manzana si se trata de distintas manzanas. La identidad solo podría existir en objetos artificiales claramente producidos con el mismo proceso pero no a los objetos naturales, que incluyen vida orgánica.
Así que la sentenecialidad tiene dificultades en las expresiones más básicas. ,el lenguaje vulgar está invadido de expresiones inexactas; peor que eso, expresiones estructuralmente imperfectas y con serias dificultades de modificarse. Esa carga es las minas activas que sabotean la transparencia y pervierten el significado real de las construcciones. Si se desea confundir y engañar a alguien no hay más que intoxicarlo con palabras cargadas de intención distinta a la que dicen aplicadas a hechos que no les corresponden. El resultado es catastrófico para la convivencia pudiendo ocasionar graves injurias a la salud mental de los engañados. Ordinariamente los hablantes no reconsideran las cargas erróneas que arrastran en su hablar. Cuando Seyle, descriptor de las enfermedades de la adaptación, estableció que La esencia del fenómeno patológico quedaba ubicado en el conjunto de reacciones neurovegetativas que constituyen la respuesta global del organismo al estrés provocado por el mundo exterior cabía extender estos factores estresantes al conjunto de palabras de presión y descalificación que rellenan los decorados situacionales.
Tampoco es habitual preguntarse por el por qué de las cosas. Se utiliza el hablar por razones instrumentales más que por elaboración del pensamiento. Si cumple la función de conseguir cosas incluyendo los estilos seductivos parece que ya es suficiente. El lenguaje analítico asusta y por ende quien lo usa en su hablar ordinario coge números para un autoaislamiento relacional. Análisis y conclusión categórica no se convierten en un tándem seguro. No todos los análisis conducen a conclusiones definitivas sino a otros análisis y el lenguaje vulgar no significa que esté exento de sentencias. El abuso de frases hechas es una de las formas sentenciales más extendidas y disculpadas y los decorados insinuativos pueden ocultar posiciones verdaderamente dogmáticas. Ni la sentencia implica un dogma inalterable ni la posición de negarla exime al hablante de su uso ya que una sentencia no es más que un criterio consolidado y perpetuado a situaciones diferentes de las que lo han generado.