Hacer de esposa.
La provinciale,1952, adaptación al cine de la novela de Moravia por Mario Soldati (1906-1999),Gemma es una mujer (Gina Lollogibrida) que está casada con un professóre que vive uno de sus momentos más amargos coincidiendo el momento en que a él le conceden una destino profesional en Roma. El y ella se casan tras el fracaso de su proyecto de relación y matrimonio que ella tiene con Paolo, el hijo de un conde . Ella lo pretende, eso representa cambio de clase social, otro estatus, otra vida. Ella corteja con él al ser una de las invitadas de veranos en la mansión de la familia pudiente. Todo se viene abajo cuando la madre le confiesa que ella había sido amante del conde y tuvo un hijo, con lo cual la relación con Paolo es imposible porque es su hermano El professóre es un hombre com el que las primeras coincidencias son ariscas. Se deja seducir por él como alternativa menor no sin despreciarle en secreto. Llegan pues las nupcias con el professóre, que a la postre es inquilino de su madre que alquila habitaciones, como una opción no deseada. Vive a su lado. Ambos metidos en mundos aparte: él en sus libros y sus lecturas, ella tratando de aparentar lo que no es. Tiene un flirt con uno de los amigos de Paolo que dura quince días con los auspicios de una auto llamada condesa rumana oportunista para ver que puede sacar de la situación. Esta mujer, muy relacionada y de prosa verborrágica, termina por manipularla haciéndole chantaje para que haga de prostituta para ella. Además se instala en casa de ellos con el pretexto de estar unos días. Ante el traslado inminente a Roma por un nuevo cargo concedido al professóre, estas intrusa pretende acompañarles. Durante las vísperas de ese viaje en la cena, ella se abalanza y la acuchilla en el hombro. Cuando vuelve en sí Gemma, decide contarle toda la historia al marido que hasta este momento ha sido un ignorante de todo lo que pasaba por la cabeza y la vida de ella. Inmediatamente el marido echa a la condesa a pesar de las amenazas de ésta en denunciarlos por la agresión del cuchillo. Gemma es un figurín que vive para su figura. Las tareas de su casa y del negocio de la pensión lo lleva su madre. Ella ha crecido para gustar y ve en los hombres lo que tienen de buen partido, si no uno que sea otro. Le puede más el valor aparente de ellos que no el real. Por su parte el professóre es un intelectual desexualizado o en el punto mínimo de sensualidad que no le perturbe sus trabajados académicos. Por su parte Gemma, en su relato, cuenta que no empezó a darse cuenta del valor de su marido hasta que no vio una foto de le saliendo en el periódico. La belleza de Gina es descomunal, su poder de atractivo incuestionable, justo lo que necesita su personaje. Lo interesante del marido a pesar de su permanente aire absorto es la radicalidad de actuación en poner las cosas en su lugar no mostrándose en ningún momento desconfiado y tomando partido por su esposa, creyéndola sin cuestionarle su infidelidad. Por otra parte ella nunca llega a hacer realmente de puta ya que ante el primer cliente, éste, caballerosamente, al advertir su falta de experiencia decide no seguir adelante exigiéndole una respuesta sexual.
Las historias fantásticas de conseguir príncipes azules o sus versiones más realistas de partners bien posicionados están llenas tanto en la vida real como en la literatura. Por cartas de deseos que no quede. Gemma acata su destino haciendo una vida anodina que no la hace feliz, mucho menos cuando era mujer de altos vuelos y presuponía alcanzar una posición que supuesta sí la hubiera hecho. La imposibilidad de seguir adelante con la relación con Paolo forma parte del tabú. El incesto entre hermanos niega toda posibilidad. Permitir que el argumento siguiera por este camino significaría explorar uno de los límites mejor trabados socialmente. Si bien, tradicionalmente, el incesto tenía cuantiosas razones para no ser practicado por las malformaciones reproductivas, su tratamiento conceptual no ha sido modificado en un tiempo en que la sexualidad y el amor tienen un valor en si mismos independientemente de toda pretensión de tener hijos.