Envidia de la belleza.
Malena de Giuseppe Tornatore basada en una historia de Luciano Vincenzoni con Monica Bellucci como protagonista y la banda musical de Ennio Morricone. Trata de los recelos despertados por la mujer más bella en Castelcuto, un pueblo siciliano durante el ascenso del fascismo italiano y hasta la entrada de los soldados norteamericanos. Malena es una mujer de una belleza irresistible que concentra todas las miradas de los vecinos, tanto de los hombres como de las mujeres y de los niños. La película es contada desde la mirada todavía infantil de un niño que está en la edad de dejar de serlo y que sobrevive a su eclosión hormonal con las fantasías que imagina de l oque hace con aquella mujer estupenda, cuya edad debe estar entre los 25 y los 30. Quien lleva el peso de la palabra son las habladurías. Cada cual hace su interpretación de lo que hace Malena con su cuerpazo. La verdad es que nadie sabe exactamente nada de su vida privada. A lo mucho que su marido es un soldado que están en el frente. Cada vez que ella cruza la plaza del pueblo todo se detiene. No hay hombre que no cese por unos minutos lo que está haciendo para mirarla y para comentar sus deseos o lo que ha ría con ella. Malena es el único espectáculo. Ésta por su parte no hace nada especial salvo caminar con su gracia. Es una mujer que se tiene que quitar de encima a pretendientes indeseables y una buena hija que se ocupa de su padre yendo a diario a su casa para prepararle la comida.
En cierto momento llega la noticia de la muerte de su marido en combate. A propósito de eso en otras cosas se celebra un festín ideológico de palabras elocuentes por el fascio al que ella no acude, probablemente para no asistir a la depredación, por razones propagandistas, que los capos del fascismo hacen con la carnaza de los muertos. Las malas lenguas corren para desprestigiar a la viuda. Esta sigue haciendo su vida, ahora vestida de negro, levantando la misma expectación que antes. En su casa recibe a un militar con quien hace el amor y es visitada por la noche un par de veces por uno de los vecinos que pretende otro tanto sin éxito. La esposa de este denuncia a Malena. El encuentro judicial es un escarnecimiento total a la mínima decencia del concepto de justicia. La sala está a rebosar. Se la acusa de ser seductora y de destrozar una familia italiana.
La guerra sigue su curso. Malena no se esconde ni se avergüenza de su belleza. Cuando se sienta en una de las mesas de bar de la plaza le basta ponerse un pitillo en la boca para que una docena de mecheros le sean acercados ofreciendo lumbre. Ella se relaciona con algunos hombres. Sobrevive a la situación como puede. En un momento dado un grupo de mujeres que por años han estado conteniendo la rabia en su contra por las pasiones secretas que ha generado en sus maridos, la sacan de su propia casa, la golpean y prácticamente desnudan en la calle, le cortan el pelo (uno de los símbolos de castración femenina) y la echan del pueblo. Todo esa historia quien la sigue más de cerca es Renato, el muchacho que está secretamente enamorado de ella y que la espía continuamente, incluso dentro de su casa, pero sin que ella se entere nunca de la presencia de él. Renato ha hecho un pacto con uno de los santos de la iglesia: que la ponga a salvo de los hombres a cambio de irle a encender una vela cada día. Cuando Malena se entiende con un hombre Renato rompe uno de los brazos de escayola de la imagen de un manotazo por no haber cumplido el trato.
Malena se traslada a Messina y llegan noticias de ella de trabajar en un burdel. Por su parte Renato salta de la pubertad a la adolescencia con fantásticas masturbaciones imaginándola a ella. Su padre, autoritario y hasta violento, comprende las necesidades de su hijo y lo acompaña –como si de un colega se tratara- a una casa de puitas para que sea desvirgado e iniciado en la vida sexual completa. Él imagina estar con Malena.
La guerra ha terminado, los yanquees han llegado a Castelcuto y también el marido de Malena que llega manco pero vivo y resultó no estar muerto. En su antigua casa se encuentra refugiados ocupándola y nadie le da razón del paradero de Malena a excepción de Renato que le envía una carta anónima. Es la única intervención que hace el muchacho en toda la historia. Todo lo demás ha sido mirar y fantasear.
Al tiempo regresan Malena y su marido al pueblo con todo el orgullo. Al fin, en un día de mercado Malena además de ser mirada empieza a ser saludada en una especie de acto colectivo de culpa y demanda de perdón. Malena contesta a los saludos.
Renato cierra la historia diciendo que de todas las mujeres que llegó a conocer como adulto ninguna le dejó tanta huella como Malena y ésta fue la única que no se enteró de su existencia.
Tornatore crea una historia costumbrista. Vió en Bellucci todo lo que un hombre podría desear de una mujer: belleza, encanto, inocencia, sensualidad, originalidad, orgullo...Por su parte la actriz da una vida completa a un personaje con un mínimo de palabras. Ella anda sin ni siquiera mostrarse. Su mirada baja revela una timidez y sus escasas palabras indican que está por encima de lo que los demás puedan decir de ella. Ni siquiera hay un asomo de venganza a la vuelta al pueblo. No hay ninguna reparación salvo esta aceptación como otra vecina reconocible más que ninguna otra.
Vincenzoni cuenta la historia de una envidia, pero no de cualquier envidia, sino la envidia de la belleza, de la distinción. Cuando había sido juzgada, el propio padre dando más crédito a lo que decía la gente que a ella, sin preguntárselo cambió la cerradura de su casa para no volverla a ver. Los demás no paraban de mirarla tanto para admirar su belleza como para criticar no conseguirla.
El retorno al pueblo con su marido es la mayor escena de reparación. Este, que no es ningún calzonazos ni tonto, conoce que soldados como él han dado su vida y su suerte para proteger las vidas de ciudadanos bastardos como los que se quedaron en la retaguardia llenos de panfletismo ideológico, no objeta nada a Malena y rehace su vida con ella