Equívocos del plural.
El uso del plural siempre me ha parecido sospechoso. Cuando lo escucho, algo me hace poner en guardia, cuando lo utilizo no me saco de encima un cierto sabor a demagogia. El libro Del Plural. Del nosaltres lo tengo en marcha siguiendo el criterio pronominal de la primera persona del plural y, en algunas composiciones, pocas, de las formas segunda y tercera. Un esfuerzo poético para desmarcar el texto de la autoría de individuo. A veces el neutro representa la voz impersonal en off que recoge intereses –se supone- que históricos y comunitarios o verdades y valores eternos que podríamos decir tomando prestada la voz de Antígona. La poesía es fundamentalmente un resultado del alma privada. La alma de los pueblos es otra cosa. La construcción del alma grupal es una especie de entelequia inventada por la necesidad perentoria del agrupamiento. Necesitamos del otro como del aire que respiramos. Suponemos que ese Otro, en su magna presencia, podrá ayudarnos a vivir en el mundo que deseamos. Nos cuesta tiempo y sufrires advertir que el otro, en ese sentido del gran aliado, no existe, es una ficción. Cuando más lo necesitamos desaparece, cuanto más los precisamos más efímero se hace, cuánto más lo invocamos menos viene, cuánto más lo teorizamos más se esfuma, cuanto más lo poetizamos menos nos corresponde. La necesidad de pertenecer a una pluralidad es una prerrogativa de cada individuo que le cuesta auto asumirse en su individualidad o que toma aquella por montera para descubrirse en ésta.
Establecida una condición de pertenencia a algo, a una idea, a un cálculo historicista, a una ideología o a una confesión, nos complace encontrarnos con otros socios o devotos de lo mismo para sentirnos acompañados. La condición gregaria de cada cual predomina por encima de su condición de individualidad. El individuo no es nada, la sociedad lo es todo, es la idea que resuena en la caja craneana. Personajes pletóricos por su causa no concibieron su fervor creativo si no fuera por su proyección a los demás. Bob Marley. más místico que cantante. se declaraba prosocial. El individuo es la unidad limitada mientras que el conjunto complejo de los demás tiene trazas de infinito. La contradicción empieza inmediatamente en el punto de reconocimiento en el que el individuo en su egolatría inconmensurable solo se entiende socialmente con los demás como peldaños utilizables para sus propósitos.
La sociedad por su propia condición de multidiversidad encierra muchas pluralidades. El plural se refiere in extremis a muchas formas de agrupalidad. En cada texto que se hace mención del nosotros, habrá que advertir a qué grupo, qué idea o qué momento se está refiriendo. Los equívocos del uso del plural son continuos; tanto, que a cada momento hay que precisar el alcance o magnitud del pronombre en el momento en que se usa. Pero ese plural es un manto protector, un documento emocional que une pequeñeces, una historia precedente que marca los pasos a seguir. Ese plural es el baluarte de la conciencia de todos, es una perspectiva asociativa de apoyo mutuo, es la gran cofradía o la gran hermandad. Ese plural es prácticamente la garantía de seguir con vida, de tener con quien compartirla, de avanzar por una senda trazada. O al menos todo eso se destila con su presunción. El plural significa también tradición, historia de una cultura, formas y actitudes, folclore y acento, bandera y lengua, propósitos y sentimientos. Oponerse al nosotros es tanto como suicidarse. Y sin embargo la poesía ha acudido siempre al sentimiento individual, al yo íntimo, cuando no al yo oculto o al yo preso. Si el sujeto necesita de un yo para relacionarse con los demás y dejar su marca histórica, también necesita del nosotros para formar parte de los grandes acontecimientos y dejar su lugar en los procesos colectivos. Hay una duda razonable para eso. Cuando uno cree pertenecer al colectivo, bajo una idea y unas maneras de comportamiento, puede llevarse la terrible sorpresa de actuar según engaños por los que se ha sentido seducir. Cuando el líder de turno menciona la palabra nosotros, -o más modernamente acude a palabras neutras: el pueblo, la sociedad, la mayoría, el país, la historia... está jugado a entrampar los sentidos. Ahí donde uno pone el pronombre en unos términos el que lo escucha lo puede entender en otros. Poéticamente hay otras licencias para usarlo. Poetizar lo colectivo es darse permiso para organizar sentimientos contrastados y compartidos, pero no para imponer programas u objetivos. Ni siquiera la libertad es un buen slogan para todo momento y lugar cuando casuística concreta demuestra que no todo el mundo sabe vivir con ella respetando la ajena. Nos encontramos pues con la necesidad de pertenecer a algo más que a nosotros mismos. El sujeto necesita de un otro particularizado, cuando menos para conformar un tándem, un dúo, una elección particular, una especialización y de otro lado tiene que atreverse con la inmensidad del vacío global al que pertenece, la falta de referentes, la falta de destinos, la falta de incomprensión y la desnaturalización creciente de la especie en la que está clasificado.
Todo otro sería, es, en ese sentido, un aliado circunstancial. No deberíamos temer a tener solo aliados de temporada y aliados zonales, no tratando de convertir a cada uno de ellos en aliados para todo y para siempre. Es difícil dar con una solución globalista de este tipo. Cada aliado potencial deja de serlo cuando traiciona los términos de la alianza, o cuando se aparta de ellos aunque no haya tenido ninguna intención destructiva en cargársela. Uno tampoco puede responder por sí mismo en mantener una conducta inalterable para siempre en relación con los demás. Tan pronto sufra presiones irá modificando su carácter y tan pronto reinterprete el vínculo corrido hacia adversidades posiblemente se autojustificará para alejarse unilateralmente de los términos del vinculo contraído. Las relaciones derivadas del panorama social da lugar a encuentros sí, pero también a desencuentros, a complementariedades y a la gestación de nuevos déficits, a atractivos emocionales y sensuales por un lado y a desprecios o rechazos por otro. Por eso el nosotros como un todo seguro es una trampa ilusoria. Es más apropiado hablar de encuentros y desencuentros. Entre (des)encuentros y Reencuentros es un poemario de ruta que refiere el eterno gozo del ser humano en su viaje de exploración por el espíritu ajeno y también el eterno conflicto para alcanzar plenamente la fusión, el amor solidario o siquiera la reconciliación. De ahí el entreparentesiado del (des). Todo encuentro humano, espontáneo o preparado, es un balance al detalle de si está dando lugar a una comunión de ideas y secretos personales o de si eso es del todo descartable. Así todas las personas, poetas o no, nos la pasamos clasificando a los demás en muestras coincidencias de acuerdo con ese esquema binario, Encontrar a alguien con quien bucear las profundidades de la psique y de los sentimientos, hacer pues, la más compleja de las comunicaciones, es hallar un inestimable tesoro. Cuando la comunicación es posible el uso lingüístico deviene un lujo, las palabras son formas sensoriales que concretan caricias y los intercambios personales cimentan una construcción única escapando de la babelia del entorno. Por otra parte la potencialidad asintónica de todo nuevo encuentro no impide que de viejas relaciones que las engulló el tiempo y el olvido resurja el reencuentro. Es raro reencontrarse con gente del pasado en las nuevas coordenadas. Cada persona encierra un desconocido dentro de ella de lo que había sido en su ayer. Es así que todo reencuentro con otro hace coincidir en el espacio al menos cuatro personalidades diferentes. Hay diferentes maneras de repudiar el pasado, una es olvidándolo, no prestándose a vivir de la memoria de sus batallas, alejándose de él para dejar espacio libre a las novedades. Del ayer queda una cantinela etérea de sueños incumplidos o de sensación de pertenencia a una alternativa en movimiento. Así los textos del Entre (Des)Encuentros y Reencuentros tienen un trasfondo impreciso de nostalgia por una época que pudo engendrar un mundo nuevo y que no lo hizo. En ciertamaneraestelibro complementaelanterior. Ambos en proceso de construcción simultánea por la constitución bilingüe de autor que tan pronto hace composición es en catalán como en castellano según el momento mental concreto sin advertir al instante si está en un registro idiomático u otro. Ambos libros a diferencia de todos los demás escritos en clave poética hasta ahora anteponen una cierta representación del sentir grupal en lugar del sentir individual. Proponérmelos ha supuesto un ejercicio de humildad y de atrevimiento en la interpretación de lo más oculto de la condición humana. Cuando tratas de colocarte dentro de otro y de explicarte los comunes denominadores que unas veces nos asisten y otras nos atrapan hay que abandonar todo rol de liderazgo y ser sumamente respetuosa con cada idiosincrasia. Al hablar en nombre de todos o de muchos un poeta no deja de seguir hablando de sí mismo, de cómo se diluye pasionalmente en sus lugares de pertenencia y coincidencia con los demás y en sus mundos.