Trece Rosas

El documento histórico a escena.

13 rosas.Teatro del llamado de vanguardia o de sensibilización que se llamaba antes. Escena minimalista. Acompañamiento musical con un violín, una campana y un instrumento de teclas y aire, 5 actrices.  Es la historia de un grupo de mujeres jóvenes, casi niñas  que son encarceladas tras el asalto de las tropas franquistas en Madrid durante la guerra civil. Son finalmente juzgadas y todas ellas menos una que no es mayor de edad son condenadas a ser fusiladas por la acusación de rebelión militar. Es la historia de unas chicas que cometieron el delito de defender su ciudad y su pueblo contra las tropas golpistas y acusadas por el delito que éstas y solo éstas cometieron, el de alzarse contra la república legítimamente constituida.  La que no es asesinada contra la pared es la encargada de mantener la voz de las que le arrebataron. La historia gira en torno a la sensibilidad. Hay gente que aprende en la vida a matar y otra gente que aprende a morir. Un bello discurso sobre como seguiría siendo la vida después de ellas.

El tiempo de la escenificación es cadencioso al principio. Superávit de movimiento para tan poco texto. Recitado en clave poética. Esa lentitud deliberada crea una situación tensa en el espectador. La escena transfiere a la platea un estado de ánimos: el de la incertidumbre.

Teatro político en cada uno de sus minutos. Un documento histórico llevado a escena en el que aparece la idea general de los celadores, la cárcel, el tribunal militar, las cartas de los familiares de las presas y la carta final pidiendo clemencia al generalísimo. No hay más nombre histórico que ese y el de los nombres de las presas fusiladas. No hay nombres de los responsables, no hay solicitud de justicia, tan solo la exposición triste de un hecho imperdonable, entre otros muchos de aquél lamentable contexto histórico.

Un tipo de teatro que hiere la sensibilidad del espectador incluso 66 años después de los acontecimientos relatados. Ante esta obra y otras de este tipo cabe preguntarse por la función del producto cultural que cumple una función de concienciación. ¿De qué sirve la conciencia para activar al sujeto que la tiene? ¿Lo lleva a la acción? Tras la escenificación o paralelamente a ella, alguien mueve los hilos para reaveriguar los hechos. ¿Queda alguien en vida para pedir perdón? Sirve la memoria histórica para que los neófitos de aquella saga de asesinos reconsideren las implicaciones de sus visiones de la España fascista?

La acción teatral no responde a esto, tiene suficiente con exponerla y con trasladar el sentido de la impotencia de los protagonistas reales a la sociedad del espectáculo.

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